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jueves, 25 de julio de 2019

Elías Melópulos: "Declaración de Principios de la Unión Cívica Radical” (27 de diciembre de 1933)

En la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical celebrada en Santa Fe el 27 de diciembre de 1933, el doctor Elías Melópulos, delegado por la capital federal, presento un importante proyecto de declaración de principios, fundado en la trayectoria histórica del radicalismo, y adecuado al momento excepcional que vive la República. Entregada la riqueza nacional a empresas monopolísticas extranjeras, subvertida la moralidad de la masa popular que va en busca de una ficticia libertad prometida por el profesional de la política, subvertidas las más elementales verdades de la ciencia social, sólo el radicalismo honda y sinceramente sentido, puede crear la conciencia que salvará al país, y será luminosa guía en el continente americano. El Ateneo Radical 'Bernardino Rivadavia" cumple su deber procurando la difusión de este proyecto y señalando sus conceptos a la meditación de los ciudadanos argentinos.

La Honorable Convención Nacional de la Unión Cívica Radical reunida pará considerar entra otros puntos de la orden del día el estado institucional, político, económico social del país, se hace un deber declarar en esta hora solemnísima para la nación y los destinos de la civilización humana, los principios normativos de acción presento y futura, derivándolos de su principismo orgánico originario hacía formas objetivas y realistas de profunda transformación económica y social que aseguren más amplias bases de estabilidad a las instituciones democráticas, y por todo ello pone de:

MANIFIESTO

a) Que las formas simples de la democracia política, fundadas en el voto igual para todos los ciudadanos, no pueden coexistir con un régimen de violenta e injusta distribución de la riqueza

b) Que no puede haber ciudadanos políticamente libres si son hombres económicamente esclavos.

c) Que el proceso económico de concentración sustrae del libre juego de-la oferta y la demanda la propiedad monopolística o trustificada, que no puede servir la convivencia social mientras sea dirigida o gobernada por el interés y el egoísmo individuales.

d) Que el monopolio de la propiedad territorial constituye también un privilegio opuesto al desarrollo de la organización democrática, al progreso de una sana economía y a la justa armonía del capital y del trabajo.

e) Que la pauperización de las masas proletarias y la clase media, alcanzan a limites extremos que obligan a un reajuste de las relaciones sociales.

f) Que el estado de servidumbre económica se agrava extraordinariamente por ser en su mayor parte empresas extranjeras las que en su casi totalidad detentan los beneficios de monopolios, trusts, y obligaciones hipotecarias

Por' todo ello y

CONSIDERANDO

Que es urgente convocar a todas las clases populares a una vigorosa acción de redención nacionalista y social.

Que la acción anti-democrática de las clases conservadoras tiende a ejercitar un poder de fuerza en defensa de sus privilegios y del capitalismo extranjero que ampara.

Que todo ello pone en peligro la soberanía nacional y el progreso, la prosperidad y la integridad misma de la patria.
DECLARA

– De hoy en más la línea directriz de su acción se orientará hacia las formas de la democracia integral.

– Ella se realizará sumando a . los derechos político del ciudadano los derechos económicos del hombre.

– La democracia integral tendrá por fundamento esencial el trabajo libre de toda explotación, que siendo un deber moral del hombre será considerado también como un derecho inherente a la libre personalidad humana y una actividad amparada por el Estado y retribuida con justicia,

– La garantía de los derechos económicos y la liberación del trabajo tendrán por fundamento la evolución del concepto de propiedad hacia formas de justa coordinación y proporción entre la propiedad social y la propiedad individual.

- La medida de la justa incorporación al patrimonio nacional do, la riqueza y de la propiedad monopolista está definida por su propia naturaleza; y en tal carácter considera que deben nacionalizarse:

  • Los ferrocarriles.
  • Tranvías.
  • Empresas de servicios públicos.
  • Compañías de gas y electricidad.
  • Servicios telefónicos.
  • Yacimientos petrolíferos y mineros en general.

– La justa y progresiva igualdad de derechos a la tierra hará la redención d nuestras clases agrícolas y por ello es de urgencia expropiar los latifundios, nacionalizándolos para entregarlos en usufructo al trabajo libre mediante la percepción por el Estado de la renta de suelo, como justo reconocimiento del derecho social de propiedad.

– El seguro e el complemento de las garantías de estabilidad del trabajo, el comercio, la industria. la producción y la familia; y, por ello, y por haber experimentado la experiencia ruinosa del seguro privado, debe ser monopolio de Estado, con lo que se obtendrá una cuantiosa fuente de recursos y la confianza y efectiva garantía de los asegurados.

—Las perturbaciones del comercio trustificado alteran el justo precio de los productos, y por la tanto, debe llegar hasta él la intervención del Estado, señalando como de tal carácter el comercio de carnes, de cereales y de azúcar.

– El comercio no trustificado, la industria del mismo carácter y la producción regida por la libre iniciativa individual son las fuerzas creadoras de una sana economía y en consecuencia, deben ser totalmente liberados de gabelas, impuestos y reglamentaciones extorsivas.

10° – La pacificación internacional sólo se logrará por el libre comercio de los pueblos y estados autónomos y exige con urgencia suprimir las barreras aduaneras para todas aquellas producciones y manufacturas cuyo precio se regule por el libre juego de la oferta y la demanda.

11° – Los sindicatos y agremiaciones son la expresión real de la evolución orgánica y social y deben ser declarados personas de derecho público dándoles la participación que les corresponden en la estructuración del Estado moderno.

12° – Estas garantías constituyen el sólido fundamento positivo y moral de la familia, órgano celular de toda sociedad, y siendo firme y decidida voluntad de la U. C.
Radical incorporarlas al régimen constitucional del país confía su instrumentación jurídica al patriotismo, celo y capacidad de los cuerpos deliberativos y a sus futuros representantes legislativos o constituyentes, llamando al pueblo a concurrir con su esfuerzo en la obra redentora, para asegurar el porvenir de una Argentina libre, digna y tierra eterna de ventura para hombres igualmente dignos y libres.

ELÍAS MELÓPULOS
Delegado a la Convención Nacional por la Capital Federal










Fuente: “Declaración de Principios de la Unión Cívica Radical” proyecto de Elías Melópulos, delegado a la Convención Nacional por la Capital Federal, 27 de diciembre de 1933.

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lunes, 12 de febrero de 2018

El Orden: "La traición que hoy cae” (19 de febrero de 1943)

Es breve la historia del “concurrencismo”. La asamblea del radicalismo, allá en Santa Fe, acababa de decretar la abstención en toda la Republica. Al computar los votos de los delegados de Tucumán, que habían votado con la mayoría, acató la resolución con un comentario inolvidable: “ahora veremos quienes cumplen y quienes traicionan la decisión partidaria”. ¿Fue una voz de orden, una inspiración, un mandato instintivo? ¿Pensó en voz alta el delegado tucumano, revelando sin querer, lo que ya habían resuelto sus compañeros de representación? Fue del caso que cuando llegó la delegación a Tucumán ya habían resuelto la traición al partido, la traición “a la decisión partidaria”. Todos los líderes radicales, con Alvear a la cabeza fueron a dar Martín García, a la cárcel, al confinamiento de Ushuaia, al destierro. Los delegados del radicalismo fueron a la elección, al comicio, a las bancas, a las diputaciones de jugosa dieta, al gobierno y al enriquecimiento. Allá estaba entre los beneficiarios de la traición el doctor Critto, diputado al Congreso de la Nación, llevado luego a este gobierno que termina tristemente, pobremente, escandalosamente, como un rosario de la aurora.

Es la traición que hoy cae, un capitulo infamante de la historia política. El doctor Critto, gobernador, es una mala pesadilla que el destino le ha jugado a Tucumán. Un castigo supremo de las fuerzas superiores, una dura prueba para el sentimiento localista, para el sentido común de esta provincia donde un puñado de hombres explotan despiadadamente al trabajo y al hombre. Si el doctor Critto es medico ¿Cómo va a poder gobernar a su provincia? Eso era lo único cierto. El doctor Critto, medico del montón, analfabeto con credencial universitaria, estaba llamado a recetar purgas y apósitos en el barrio de sus andanas, cobrando tres pesos por consulta y receta. Y para el autentico valor de sus meritos y de su personalidad, esa situación era ya gloriosa. La gloria digna de sus merecimientos. Pero no quiso resignarse. Y así traicionó a su destino y de galeno de barrio y curandero de almanaque, se pasó a la acción política y a la acción democrática. ¿Para que? Para traicionar a la política y a la democracia, como antes había traicionado a la universidad en la insignificancia científica de sus diagnósticos, purgas y apósitos. No hay memoria, en realidad, de que haya curado ningún enfermo, ni mitigado un solo dolor físico…

Traicionó a su temperamento y a su persona. Más aun: traicionó a su fuero íntimo presentándose ante el presidente del partido, doctor Alvear, como hombre de alguna bondad. El perdón le fue otorgado ante el reiterado esfuerzo para dar las seguridades de su lealtad. “Leal hasta la muerte”, dijeron también algunos de sus correligionarios, amigos y cómplices. Y el doctor Alvear, bueno hasta el error, gran señor en todos los actos de su vida, publica o privada, le tendió la diestra, allanó dificultades, alfombró de flores su camino y lo dejó en la gobernación de Tucumán. Su primer decreto fue un nuevo certificado de traición. Traicionó, antes que a nadie, a su lealtad, a su defensor, a su sostenedor, a su verdadero fiador ante la conciencia publica y el país. Fue una befa impropia. El gobernador llevó a su traición hasta la osadía de pretender la justificación de sus delitos administrativos con la leyenda de que cumplía órdenes de su amigo el doctor Alvear. Traicionó a la amistad en la manera más absurda y mas incalificable, a tal punto, que en el afán de simular inocencia, fraguó cartas, fraguó firmas, fraguó documentos que fueron reducidos a su verdadero valor por los conocedores de la verdad. Traicionó todas las promesas de los días de lucha, todos los compromisos, todas las obligaciones políticas y partidarias. Burló la buena fe de los dirigentes de Buenos Aires, de los dirigentes de todas las provincias, de los dirigentes locales. Fue en el gobierno, como partidario, el símbolo de la traición, el personaje abominable que escala el poderío con un permanente dechado de mentiras.

-¿Critto? – había dicho un día, el doctor Alvear- ¡No me hable, no lo nombre!... ¡Es la traición misma! Las palabras de Critto y traición merecen ser sinónimos…

Y en el gobierno y en Tucumán, ¿Cuál es la síntesis de su labor de todo el periodo gubernativo? Lo sabe todo el mundo: la palabra traición define todos y cada uno de sus actos. Por encima de todo el panorama de la realidad política, social, administrativa, su diestra infamante ha diseñado, como dibujo esencial el término definitivo: traición. Traicionó al pueblo que lo eligió, al partido que proclamó su candidatura, a los compañeros que lo llevaron al éxito, a los legisladores que recibieron su juramento de gobernante, a los ministros que recibieron su nombramiento, a los jueces que debían cumplir leyes, en forma lógica, a los gobernados a quienes condenó, por incapacidad notoria, a la desdicha del desgobierno.

Traicionó a los líderes de su candidatura, a los compañeros de lucro, a todos y cada uno de los ciudadanos del concurrencismo, desde el más encumbrado al más humilde. Traicionó a los trabajadores al olvidar sus promesas de candidato, al pueblo entero al olvidar, deliberadamente, la solución de problemas notorios inmediatos. Traicionó a toda la provincia al olvidar su autoridad, su jerarquía, su carácter supuesto de gobernante. Y traicionó hasta el propio sistema de gobierno, ya que sin la menor noción del significado del federalismo argentino, hizo público escarnio de la autonomía del estado, reduciendo su rol de mandatario elegido por el pueblo a un impasible espectador del avasallamiento de la soberanía. ¿Qué ha hecho de su autoridad, de sus fueros, de su carácter? Nada, absolutamente todo ha traicionado en una manera tan inequívoca, que ha traicionado a la lógica, al sentido común, a la realidad misma: ¿Critto es un hombre, un gobernador, un ciudadano? Si se planteara la pregunta con la exigencia de la respuesta, desde el sentido mas hondo del alma popular surgiría un grito de protesta, compendiado en el referido juicio del doctor Alvear?

-¿Critto? – había dicho un día, el doctor Alvear- ¡No me hable, no lo nombre!... ¡Es la traición misma! “Critto y traición merecen ser sinónimos” Y agregaría aun: “Critto no existe”. Es la traición hecha hombre”…

Y ese será el juicio histórico, definitivo, sobre la traición que hoy cae. ¡Piedad para su ficción y sus escombros!












Fuente: “La traición que hoy cae” Editorial del Diario El Orden sobre el concurrencismo tucumano en la figura de Miguel Critto, ex gobernador de Tucumán, 19 de febrero de 1943.
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martes, 26 de julio de 2016

Fernando de Prat Gay: "Cuestión de Privilegio" (2 de julio de 1941)

CUESTIÓN DE PRIVILEGIO

Sr. Prat Gay. - Pido la palabra, para una cuestión de privilegio.

Me he informado de que ha llegado a la Presidencia de la Honorable Cámara un telegrama que subscribe un diputado provincial de Tucumán, en el que expresa su extrañeza, como argentino, de que el diputado Fernando de Prat Gay haya sido designado miembro de la Comisión Investigadora de las actividades antiargentinas, tratándose de un elemento y de un empleado a sueldo de empresas extranjeras.

No he querido dejar pasar un instante más: no he querido tampoco, traer un apunte, traer un argumento escrito, ni una palabra, que no sea el dictado leal de mi corazón al servicio de mi cerebro. La reacción exige de los hombres el dominio absoluto de todas sus facultades, máxime cuando la calumnia y la infamia se cruzan con arrogancia en el camino.

Mi vida, señor presidente, está acorazada contra la infamia. He vivido intensa y dolorosamente.

A nadie más que a mi esfuerzo, a mis sacrificios, a mis angustias de padre de familia de mis hermanos menores a los 14 años de edad, debo la poca o mucha situación que tengo en la vida. Y así he cruzado entre la miseria, e desasosiego y la angustia, sin que jamás me haya rozado en lo más mínimo, con argumentos de verdad, la falacia de la infamia. He luchado a pulmón lleno, con plenitud de visión, con honradez, y he vivido con honestidad. Puedo presentar mi vida, como la-he presentado durante veinticinco años de actuación pública, a la mordedura de la víbora o al tiro de la calumnia.

Perdóneme la Honorable Cámara que a veces no pueda dominar el impulso primario y dé a las palabras un contenido de virulencia que no es más que el trasunto fiel de una íntima indignación.

Comprendo, también, que eso no es una obra aislada; comprendo que no es ésa la simple manifestación de un ciudadano por odio personal, entregado como está a la difamación de las figuras más representativas de la sociedad de Tucumán; comprendo que no es sólo el respiro de un impulso o el deseo de hacer un ataque personal. Creo que va más allá. El hecho de haber elegido esta oportunidad, esta circunstancia para traer ese asunto a la Cámara de Diputados de la Nación y posiblemente a la opinión del país, tiende a pretender que se invalide un acto de la Cámara, como es la designación de uno de sus miembros para integrar una comisión de esa naturaleza, que exige de los hombres el máximo de dedicación y el máximo de autoridad para ejercerla. Me he sentido con la plenitud de la autoridad para ejercer esa investigación, y declaro a la Honorable Cámara que no me alcanza en lo más mínimo ni me puede alcanzar esa pretendida rozadura para abandonar los deberes que como argentino y como demócrata estoy imperiosamente obligado a seguir desempeñando en defensa de la patria de mis mayores y de la patria de mis hijos. (¡Muy bien! ¡Muy bien!)

Pido, señor presidente, que ese telegrama sea pasado a la Comisión de Negocios Constitucionales, la que ha de expedirse y dirá qué es lo que hay de verdad y hasta dónde se ha incurrido en la violación del privilegio parlamentario, que no lo invoco para escudar ningún acto de mi vida, sino para que resalte más prístino y claro el prestigio de la representación que por el voto libre de mis conciudadanos tengo el honor de desempeñar en este alto cuerpo.

Lo demás, lo que pueda dejar en mi espíritu el pretendido impedimento para perturbar mi desempeño en la función, declaro que no me llega y que continuaré ejerciendo el mandato popular que he recibido con igual serenidad de espíritu, con igual fe patriótica y con igual e inquebrantable energía. Eso no me llega; no me alcanza. Pero hay algo que está por encima de mí y que la Cámara debe defender: el prestigio de las instituciones y del Parlamento argentino que no pueden estar a merced de cualquier voz infame que desde un montón anónimo o con una firma puesta con simulada valentía al pie de un instrumento, pretende invalidar la firmeza y la conducta de un hombre público que está claramente evidenciada en su larga vida y en su actuación. (¡Muy bien! ¡Muy bien!
Aplausos.)

Sr. Presidente (Cantilo). - Se va a votar la moción del señor diputado por Tucumán.


—Se vota, y resulta afirmativa de 92 votos sobre 95 señores diputados.

Los diputados radicales concurrencistas Fernando de Prat Gay y Miguel Critto




Fuente: Honorable Cámara de Diputados de la Nación Argentina.


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viernes, 10 de junio de 2016

Raúl Damonte Taborda: "Declarese feriado el 26 de julio" (24 de julio de 1940)

CÁMARA DE DIPUTADOS DE LA NACIÓN

PROYECTO DE LEY

El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina, etc.

Art. 1: Declarese feriado el día 26 de julio, cincuenta aniversario de la revolución del 26 de julio de 1890.

Damonte Taborda

24 de julio de 1940.




Fuente: Taborda, Damonte - Declarese feriado el dia 26 de julio, Cincuenta aniversario de la Revolucion del 26 de julio de 1890.



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sábado, 4 de junio de 2016

Carlos Cisneros: "Renuncia a la Mesa Directiva de la Unión Cïvica Radical" (5 de junio de 1943)

Buenos Aires, 5 de junio de 1943

Al Dr. Gabriel Oddone
Presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical:

Por su intermedio elevo mi renuncia indeclinable en mi carácter de secretario y miembro de la mesa directiva del Comité Nacional. Mi posición política, en lo que atañe a los problemas fundamentales del partido, ha sido siempre clara y categórica. Fui de los primeros que en el Comité nacional planteo la política de la unión de los partidos democráticos con el objeto de luchar por la restauración de la legalidad en nuestro país y dignificar la conciencia de nuestro pueblo frente a la guerra mundial, colocándonos en forma decidida de parte de los aliados, que defienden los principios básicos de nuestra nacionalidad. A través de los últimos acontecimientos ocurridos en nuestro partido he podido apreciar a este respecto, discrepancia de criterio con el señor presidente y algunos miembros de la mesa directiva. En cuanto a las facultades de esta, sostengo que debo limitarse a tomar las medidas de conservación de los intereses partidarios o los que sean de imprescindible y urgente necesidad para la marcha del radicalismo. Creo que también sobre este punto, para mí de importancia, no existe uniformidad de criterio. La cuestión planteada en la convención nacional, en referencia a la constitución de una junta de personas espectable del partido, provocó también un rozamiento con la mesa directiva.

Puse todo mi empeño para solucionarlo sin menoscabo de la autoridad de ninguno de los organismos. Este asunto quedó pendiente, pero agudizado.

Se presenta ahora, por ultimo, la cuestión de Tucumán, en que ha sido necesario tomar una resolución conciliatoria frente a una anterior en la cual no intervine.

En ambas se ha revelado esta divergencia de criterio a que aludido anteriormente. En esta situación, mi permanencia en la mesa directiva no la creo necesaria ni conveniente, pues daría lugar en cada cuestión que se planteara a revelar la existencia de discrepancias que son fundamentales, lo que tratándose de una dirección que se reduce solo a seis miembros actuantes, importa una traba en su acción.

Cuando me ausenté del país para realizar el viaje por el continente, envié mi renuncia. A mi regreso insistí en ella, pero las situaciones que se presentaron me decidieron a dejar momentáneamente en suspenso dicha decisión, para mí ya de carácter definitivo.

Ahora, resuelta la última dificultad importante, cumplo mis propósitos dejando constancia de que respeto y apruebo las ideas y las convicciones que sobre el momento actual tiene el señor presidente y otros distinguidos colegas de la mesa directiva.

Al tomar esta actitud no intento rehuir responsabilidad porque siempre las he afrontado en cada caso, expresando con meridiana claridad mi opinión. Considero, en cambio que podrá continuar sus gestiones el señor presidente con criterio uniforme porque ello facilitaría hallar una alta solución partidaria. El partido esta pasando por un momento muy difícil, en el que no creo sea el propicio para crear dificultades sino para allanarlas y unirnos en nombre de nuestras tradiciones políticas alrededor de nuestras grandes figuras representativas. Discutamos con altura nuestros principios y nuestros procedimientos, pero salvemos conceptos morales y defendamos a lo que algo son en la marcha sufrida del partido.

No es posible frente al espectáculo de fraude y corrupción que dan al país quienes permanecen usufructuando las posiciones publicas, que en nuestras propias filas se procure introducir perturbaciones o disminuir valores. Hay que impedirlo. Entiendo que esa también la decisión del señor presidente, pero es menester fortalecer la orientación partidaria con la uniforme orientación de miras y en consonancia e interpretación permanente de la opinión correligionaria. Solo me resta agradecer al señor presidente y estimados colegas, las deferencias personales que han tenido para conmigo y expresar la seguridad que tengo de que nada afecta a nuestra cordial amistad.

Carlos Cisneros.









Fuente: Carta de renuncia al cargo de secretario de la Mesa Directiva del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical del ex Diputado Nacional por Buenos Aires Dr. Carlos E. Cisneros, 5 de junio de 1943.
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domingo, 17 de abril de 2016

La Nación: "Reportaje a Federico Pinedo y Marcelo T. de Alvear" (12 de enero de 1941)

Ninguna novedad ocurrió ayer en la gestión iniciada el jueves por el Ministro de Hacienda para buscar una solución a las dificultades políticas de esta hora, que el doctor Pinedo ve en su doble aspecto institucional y económico, vale decir en sus repercusiones sobre el espíritu público y en el ámbito de la vida económico-financiera de la Nación.

[…] Al cabo, la insistencia del cronista venció el silencio que voluntariamente se había impuesto el ministro, ante quien reiteramos el concepto de que la opinión deseaba y necesitaba su palabra. Así el diálogo se anudó sin esfuerzo.

––Esa “tregua”, señor ministro ––inquirimos––, ¿es solamente para permitir la resolución de algunos de los problemas económicos y financieros de palpitante actualidad?

––No es sólo para que el Congreso pueda dedicarse a esas tareas que he buscado un entendimiento entre los partidos. Esas tareas son, sin duda, no sólo importantes, sino urgentes. De algunas medidas pendientes de la resolución del Parlamento puede acaso decirse que son de imprescindible necesidad. Pero afirmo que no es un armisticio entre los partidos, para que pueda realizarse esa labor legislativa, lo único que debe procurarse.

Lo que hay que lograr no es una tregua, sino una paz. Paz definitiva, que ponga término a un tipo de contienda que puede y debe desaparecer para siempre, lo que en manera alguna presupone, naturalmente, la desaparición de la lucha de partidos y de tendencias que es inherente a nuestro régimen político.

–– ¿Se necesita para ello algo más que cumplir las leyes? ––nos animamos a sugerir.

––Para encontrar un remedio a los males de nuestra política ––observa el doctor Pinedo––, es inútil entretenerse en señalar cómo debieran ser las contiendas cívicas, en un plano de libertad y de seguridad, de recíproco respeto, porque en el momento actual esas condiciones no se presentan unidas, y es un hecho que la falta de una de ellas hace desaparecer totalmente la otra. Está visto y probado experimentalmente que es inútil esperar que el mal se corrija por medidas tendientes a crear una sola de las condiciones indicadas como necesarias para el desarrollo normal de las contiendas cívicas. Si se quiere evitar que el mal se acentúe, acarreando como consecuencia un envenena- miento progresivo de las relaciones entre hombres y partidos, habrá que procurar que, simultáneamente, se garantice una evolución tranquila al país en su conjunto y se afiance la posibilidad de la exteriorización libre de la voluntad nacional. […] Lo que se ha pensado como posible es algo que está en las mejores tradiciones de la República, es algo que hicieron en su hora sus varones más preclaros y que puede armonizarse con el juego normal de nuestras instituciones, aun durante el período de transición indispensable para pasar de la política enconada de la actualidad a otra que no presente los graves defectos que todos percibimos.

Nuestro interlocutor ha puesto en sus palabras el fervor que todos le conocen. Hay en su gesto y en su mirada un sentimiento de fuerte convicción que sólo sugiere una pregunta.

La que el cronista formula:
– ¿Y cuál sería el procedimiento, señor ministro?

––Hay muchos ––nos contestó sin vacilar––. Si los hombres dirigentes de los grandes partidos, trabados hoy en lucha agria y sin horizontes, se avienen a considerar como posible la idea de la conciliación, de la conciliación sin humillaciones, sin venganzas, sin renunciamientos vergonzosos que nadie está dispuesto a consentir y que por lo mismo no pueden exigirse al adversario; si las personalidades representativas se reúnen alrededor de una mesa para buscar la forma de llevar la conciliación a la práctica, se verá que son innumerables los procedimientos que pueden adoptarse. 

[…] Ha habido épocas en que partidos argentinos, profundamente distanciados por causas diversas, buscando servir el interés nacional, han convenido en que un tercio o la mitad de las listas de candidatos fueran confeccionadas de común acuerdo ––o por un tercero–– dejando a cada partido el derecho de completar las listas con sus propios candidatos. La elección popular tenía en ese caso por resultado consagrar las candidaturas de las personalidades cuyos nombres figuraban al mismo tiempo en las diversas listas, y daba también lugar a los candidatos propios del partido triunfante. ¿Qué inconveniente habría en que los grandes partidos de ahora concertaran un acuerdo de ese género para todas las primeras elecciones próximas de cada distrito o para las dos primeras? El resultado sería que podría incorporarse en esa forma al Congreso y legislaturas provinciales personalidades de primer orden, que harta falta hacen y que no tendrían probabilidad de llegar, sin ese procedimiento, a los cuerpos legislativos. Además, se habría creado dentro de cada legislatura y del Congreso un fuerte bloque imparcial, o por lo menos moderado, en las contiendas actuales, que tendría durante seis a ocho años el fiel de la balanza en la lucha entre las representaciones propiamente partidarias, elegidas libremente, con escrupuloso respeto del sufragio.

[…] Una pregunta más se le ocurre al cronista y la formula sin ambages:
–– ¿Qué perspectivas de realización al tal plan halló el señor ministro en sus gestiones?

––No podría decirlo ––es la respuesta––. De mis conversaciones con figuras prominentes de los diversos partidos he sacado la conclusión de que hombres cuyo espíritu partidario no es dudoso, amigos o adversarios del Gobierno, sienten las preocupaciones de la hora y admiten que ningún precio será excesivo para adquirir la normalización verdadera de nuestra vida pública. No puedo decir, sin embargo, que en este momento cuente con la conformidad de ningún partido, pues en todos los casos los “leaders” consultados han hecho expresa reserva de la decisión de las autoridades partidarias.

Y la entrevista ––ya harto prolongada–– se cierra con esta pregunta:

–– ¿Y cuál ha sido la intervención del Poder Ejecutivo en las gestiones?
A lo que el doctor Pinedo responde:

––El señor vicepresidente ha dicho:

“El doctor Pinedo no actúa con la representación del Poder Ejecutivo. Son gestiones de carácter particular animadas por el muy noble propósito de buscar soluciones estables”,

Y lo que el señor vicepresidente ha dicho es rigurosamente exacto. Las gestiones que he realizado ante hombres representativos de diversos partidos han sido hechas por mí a título de iniciativa personal y no como acto de gobierno. Pero, naturalmente, el señor vicepresidente ha sido en todo momento informado de mis actividades y he contado con su franco apoyo en el propósito de procurar la conciliación entre los argentinos. El señor Ministro del Interior fue igualmente informado y exteriorizó iguales sentimientos.

TAMBIÉN EL DOCTOR ALVEAR FORMULÓ DECLARACIONES

A su llegada de Mar del Plata, de donde regresó para conversar hoy con los principales dirigentes de su partido, el jefe del radicalismo, doctor Marcelo T. de Alvear, recibió anoche a cronistas políticos de los diarios metropolitanos, para formularles sus primeras declaraciones acerca del espíritu de lo tratado en su entrevista con el Ministro de Hacienda.

––Cuando se me dijo que el doctor Pinedo quería hablar conmigo y deseaba hacerlo porque entendía que esta situación por que atraviesa el país no puede seguir indefinidamente; que el país no puede continuar en el fraude y la violencia, ya que corremos todos, sin excepción, graves peligros, pues ese sistema acabaría con la ciudadanía, con el espíritu público, con todas las cosas, en fin, que constituyen la esencia de la nacionalidad, acepté entusiasmado, tanto más cuanto que yo vengo señalando desde hace mucho tiempo este grave peligro en lo cual coinciden ahora todos los sectores de la opinión.

Un sistema permanente para conservar situaciones de por sí tambaleantes, para afianzar en el poder a hombres sin prestigio y para impedir que los hombres de verdadera responsabilidad puedan llegar al Gobierno, alejando definitivamente al pueblo de las urnas, me parece una cosa baja y condenable. Lo he dicho en todos los tonos.

Aclaró enseguida que los propósitos de la visita que le hizo el doctor Pinedo han sido mal clasificados, pues no se considera la posibilidad de una tregua política.

––Si me hubieran venido a hablar de “tregua política”, no hubiera escuchado; porque se puede hacer una tregua momentánea, parar las hostilidades para llegar a un tratado de paz. Hubiera sido como el paréntesis en las hostilidades que querían hacer en Europa con motivo de Navidad. Entiendo que puede haber hombres de buena voluntad, bien intencionados, y no le niego a mis adversarios que puedan tener una inteligencia política lo bastante clara como para ver los peligros que acechan a mi país y que puedan sentir un fervor patriótico que los lleve a poner su empeño a fin de evitar esas situaciones extremas. […] En cuanto al Partido Radical, que ha olvidado agravios, que ha olvidado, en homenaje a la tranquilidad y a la concordia de la familia argentina, todos los recursos de violencia que contra él se han esgrimido, ¿cómo no ha de recibir con los brazos abiertos cualquier propósito en tal sentido, sobre todo viniendo de un hombre joven que, apartándose de las divergencias que con él se hayan podido tener, es evidente que su espíritu vibra ante los acontecimientos y percibe no sólo los peligros políticos internos y externos que se ciernen sobre el país, sino la repercusión financiera y económica de esos peligros? […] Creímos que la epidemia del fraude había terminado, pero de pronto aparecen dos focos: Santa Fe y Mendoza. Es como si hubiera habido una epidemia de fiebre amarilla, que se consideraba terminada, y de repente surgiesen nuevos focos de infección. 

Lógicamente, los que creíamos que el país se podía normalizar, nos alarmamos, y creo que el doctor Pinedo, aunque no lo diga, se ha alarmado y busca (en lo que hemos coincidido) el medio de terminar con el fraude y la violencia, y trata de hacer un paréntesis en la actividad política para establecer bases a fin de que los partidos, en una coincidencia, puedan solucionar los grandes problemas políticos […].

Los partidos políticos son una necesidad en una democracia ––expresó también el doctor Alvear––. 

Los partidos deben vivir y subsistir con todas sus características, con todas sus facultades. Las discusiones y las luchas de los partidos deben continuar, porque si no no habría democracia. La conciliación es la muerte de los partidos políticos; puede haber coincidencia de bien público, pero no acuerdo ni conciliación.

Podemos coincidir como en el Parlamento, donde se reúnen los diversos sectores para tratar los problemas que interesan al país. La política es la ciencia de las posibilidades.

Mi larga experiencia me demuestra que, muchas veces, lo que parece más difícil, que son los ideales, se logra admirablemente. Pero al buscar los medios para llegar a esos propósitos, es donde se tropieza con las dificultades. Quiero esperar que el patriotismo de los hombres que componen los partidos políticos, ha de sobreponerse a las situaciones personales en beneficio del interés superior del país. 

Yo, como viejo argentino, a quien, por la ley de la vida, queda ya poco tiempo para estar en su país, me permito llamar la atención a mis compatriotas y decirles:
                                                            
“Señores, mucho cuidado; estáis jugando el destino de la patria. En vuestras manos se halla la solución que requiere con urgencia y patriotismo la República. Haced de las luchas políticas una cuestión secundaria, para que prevalezcan los intereses permanentes de la Nación como cuestión primordial.”.










Fuente: Diario La Nación "Reportaje al Ministro de Hacienda Dr. Federico Pinedo y al titular del Radicalismo Dr. Macelo Torcuato de Alvear, 12 de enero de 1941.

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martes, 29 de diciembre de 2015

UCR - E.R.: "El levantamiento de la abstención" (13 de enero de 1935)

“EL RADICALISMO DEBE OPONERSE A QUE LOS CONSERVADORES SE PERPETUEN EN EL PODER”

Este primer paso para reintegrarse paulatinamente a la vida cívica y activa al amparo de las garantías que las leyes ofrecen a pesar de los factores que han perturbado y perturban aun el escenario político nacional, exterioriza una orientación altamente patriótica, que debe contribuir poderosamente a la normalización institucional del país.

El panorama político de la Republica revela que solo la Unión Cívica Radical, como partido nacional, por sus antecedentes democráticos que aparece renovada y fortalecida en la adversidad, puede oponerse a la perpetuidad y afianzamiento de las fuerzas conservadoras y reaccionarias, por los cuales es un deber sagrado engrosar sus filas y aunar voluntades y esfuerzos a su alrededor.

La Unión Cívica Radical de Entre Ríos, que por órgano de su Convención Provincial ha manifestado reiteradamente su anhelo y su propósito de secundar un movimiento nacional impersonal y principista, verdadera garantía de acción democrática y respeto de las instituciones fundamentales de la Republica, ha visto complacida la resolución de la Convención Nacional y confía que el Comité Nacional, interpretando las aspiraciones de electorado radical e independiente de Entre Ríos, levante la abstención en esta provincia cuyo Gobierno ofrece amplia garantía de respeto a la voluntad popular.

Esperamos el levantamiento de la abstención en Entre Ríos, único y ultimo factor que la mantenía alejada de la Unión Cívica Radical Nacional, con la cual reconocemos una amplia solidaridad de origen y actualmente una completa solidaridad de orientación.

Firman esta declaracion en nombre de la Convención, los señores Eduardo Laurencena, Eduardo Mousen, José Garayalde, Domingo Dorgogno y Miguel Aguirrezabala.









Fuente: Declaración de la Unión Cívica Radical de Entre Ríos con motivo del levantamiento de la abstención de la Unión Civica Radical Nacional, 13 de enero de 1935.

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martes, 11 de agosto de 2015

Félix Luna: "Una UCR descolorida" (1958)

Lo curioso es que el circulo dirigente del radicalismo —la "trenza" metropolitana, el boattismo bonaerense, la "oligarquía vasca" de Entre Ríos, los bodegueros mendocinos y los múltiples intereses creados que dirigían al partido en el plano nacional— no se sentía demasiado descontento con el estado de cosas que vivía el país.

Salvo algunas excepciones, los responsables de la conducción alvearista protestaban con estridencia ante cada fraude, expresaban una santa indignación por el proceso decadente de la Republica pero en el fondo se sentían seguros y cómodos. Cierto, hubiera sido mejor estar en el poder... Pero había diputaciones y senadurías, intendencias y concejalias; existían provincias que después de todo eran un refugio; se mantenían contactos que posibilitaban la alimentación de las clientelas electorales... No se estaba tan mal, pensaban.

Un íntimo entendimiento suavizaba la oposición formal del radicalismo. El héroe y el villano hacían emocionantes luchas para regocijo del respetable público; pero terminada la escena, salían juntos a tomar un café. Oficialismo y oposición estaban de acuerdo en vivir y dejar vivir. Por debajo de los gestos altivos y las palabras vibrantes, se esbozaba una morisqueta amistosa, risueña.

El pueblo radical advertía cada vez con mayor claridad la morisqueta. Y cada vez le iba gustando menos...













Fuente: Alvear de Félix Luna, Buenos Aires, Libros argentinos, 1958
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sábado, 9 de mayo de 2015

Diario Nuevo Orden: Carta a un joven radical sobre “Defensa de la democracia” (2 de julio de 1941)

Amigo mío:

No se sorprenda de que lo llame así. Ya verá usted cuán cerca estamos. Acaso sus mentores ocasionales le hayan dicho que debe ser usted mi enemigo. Le escribo para demostrarle que lo han engañado como de costumbre, porque usted y yo perseguimos las mismas cosas bajo distintas palabras; porque yo, como nacionalista, no pretendo sino la realización de los objetivos que proclamaba el radicalismo tradicional, el de Yrigoyen, mientras que usted, como radical, no es más que un nacionalista anacrónico y larvado, un nacionalista que ha extraviado el camino. Ahora lo veo empeñado en defender la democracia; y en defenderla contra “el fascismo”. Es decir, lo veo coincidiendo con el señor ministro del Interior y con las conclusiones de la conferencia de jefes de policías provinciales: los mismos que les hacen fraude y los apalean a usted y sus correligionarios en todos los comicios. ¿No lo lleva a sospechar nada esa coincidencia? ¿No adivina que hay en todo esto una enorme confusión, deliberadamente mantenida por quienes aprovechan de ella? ¿No ve en la actual alharaca de gobierno, prensa y demagogos, una siniestra confabulación del Régimen para dividir al país con problemas imaginarios y retardar la comprensión de los problemas reales, impidiendo así que el pueblo explotado se una al fin y arrase con su oprobiosa dominación? […]

Quiero demostrarle a usted lo que seguramente siente sin formulárselo y es el carácter artificial de esa solidaridad y de esa división. Su coincidencia actual con el personal del Régimen es puramente verbal, es cuestión de palabras, como es cuestión de palabras su disidencia con los nacionalistas. Usted coincide con los hombres de la situación al invocar la democracia: pero usted piensa en su ideal mientras ellos piensan en su negocio. La democracia es, para ellos, el lucro y la impunidad de que gozan, el usufructo de las posiciones, el cohecho y la entrega. Para usted es el gobierno del pueblo, la supresión de los privilegios inicuos y la libertad y el pan para todos: ideal que coincide exactamente con nuestro ideal, aunque le demos otro nombre. Usted concuerda con los hombres de la situación en oponerse al “fascismo”. Pero mientras ellos temen la liquidación catastrófica del susodicho negocio y odian en el nacionalismo lo que tiene de justiciero, usted sólo ve una agravación policíaca de los males que actualmente sufre. Para usted el fascismo significa la persecución policial de los ciudadanos, la injusticia social, el gobierno de una camarilla, la corrupción, la entrega al extranjero, la guerra. ¡Pero si es la definición del Régimen que combatimos! ¡Si estamos contra todo eso tan violentamente como usted mismo! Solo que lo llamamos de otra manera.

Es posible que usted crea que la oligarquía desaparecerá por el funcionamiento del mismo sistema que la originó, es decir, por un eventual triunfo nacional del radicalismo.
Es una ilusión de la que yo padecí alguna vez, pero de la que me he desengañado.
El cambio de las circunstancias sociales hace que el fenómeno de 1916 no pueda volver a repetirse. El aparato de la dominación oligárquica ––finanzas centralizadas, prensa venal, fraude y policía–– se ha perfeccionado hasta el extremo de hacer hoy imposible una manifestación de voluntad popular semejante a la que acaudilló Yrigoyen. Esto lo saben los dirigentes actuales del partido; por eso han optado, después del 30, por negociar el caudal electoral heredado ante las empresas que constituyen el verdadero poder y que controlan por la prensa la popularidad, en una verdadera puja de obsecuencia con los conservadores. El radicalismo se ha plegado al régimen, sacrificando al pueblo que, con el fraude, no cuenta ya para nada. ¿No lo hemos visto a Alvear patrocinando el escándalo de la Cade? ¿No lo vemos a Pueyrredón carteándose con Roosevelt, para obtener el apoyo de la finanza norteamericana?

[…] ¿Quiere esto decir que el ideal de Yrigoyen, que consistía esencialmente en devolver su soberanía al pueblo argentino y el goce de sus bienes, carece hoy de abanderados?

No, amigo mío, puede usted estar tranquilo; ese ideal está más vivo que nunca y esa bandera la levanta el nacionalismo. Combatimos al mismo Régimen contra el que Yrigoyen emplazó sus baterías y contamos con el mismo aliado para la empresa: el pueblo, que poco a poco va abandonando las filas de la traición y pasa a engrosar las nuestras.

[…] Espero sus noticias, amigo mío. Sería muy triste que, en las jornadas decisivas, usted se encontrara frente a nosotros y no a nuestro lado.











Fuente: BIBLIOTECA DEL PENSAMIENTO ARGENTINO / V Tulio Halperín Donghi La República imposible (1930-1945)

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lunes, 2 de junio de 2014

Arturo Frondizi: "¿Hacia dónde va España?" (1 de agosto de 1936)

El doctor Arturo Frondizi, autentico representante de la juventud radical que piensa y que crea, nos ha concedido ayer su valiosa opinión para nuestra encuesta, acerca de la trascendencia social que ha de tener este movimiento en España, dentro y fuera de sus fronteras.

El doctor Frondizi resalta en sus conclusiones generales, la fe que lo anima en el triunfo de la causa de izquierda. No podia ser de otra manera, conocida su vinculación con este ideal de hacer un Frente Popular en la Argentina, similar en sus propositos y en sus metodos, con el que encumbró Azaña en el poder. Y del cual quieren arrojarlo hoy los que conspiran contra la grandeza de patria y la paz del mundo.         

-¿Qué impresión tiene usted de la guerra civil en España?
-Nuestra madre España se debate en un dolor inmenso. Desde esta América, seguimos su lucha con un fervor tan hondo que no podemos llamarnos testigos, sino actores del drama que vive su pueblo.

-¿Cree en el triunfo del Frente Popular? En tal caso, ¿qué influencia ejercería la victoria del pueblo sobre los destinos políticos de la clase trabajadora argentina?
-No interesa pronosticar el triunfador. La lucha, en sí misma, tiene un significado trascendente para los que siguen los problemas sociales de la América con fervor de estudiosos y con pasión de militantes. No son dos fracciones políticas las que disputan. No son odios subalternos los que mueven a unos y a otros. Son dos sistemas los que se enfrentan para decidir el destino de una Nación. Ese destino que, seguramente, también será el nuestro. La libertad y la justicia, en manos del pueblo, frente a la violencia encarnada en las bayonetas de quienes jamás creyeron en la posibilidad de una república democrática.

-¿Qué objetivo persiguen los militares sublevados? ¿Acaso el restablecimiento de la monarquía en España?
-El objetivo central de la revuelta militar no es la monarquía. En su oportunidad la monarquía puede ser un medio, un instrumento para la finalidad que persiguen. Los jefes militares sublevados marchan directamente al establecimiento de una dictadura del privilegio, que anule no solo las libertad políticas, sino, especialmente, que arrase con la lenta tarea de liberación humana, que se estaba realizando bajo el signo de instituciones democráticas.

-¿Cree que esta revuelta ha retrasado la evolución social de España?
-La reacción puesta en armas ha sacado a España del cauce de la lenta transformación, para arrojarla al campo ardiente de una lucha, cuyas consecuencias no pueden preverse. Han sido rotos los muros que contenían el empuje revolucionario de las masas productoras. El pueblo en armas defiende en este momento al gobierno, porque el gobierno representa las exigencias de la hora. Hay que afrontar la revuelta. En eso están empeñados uno y otro.

 Pero si lo consiguen -yo espero que sí- todo no habrá terminado en eso. No se habrá cumplido una finalidad, sino que se iniciará una tarea. El pueblo español estaba construyendo, dentro de los resortes legales. No han querido que continuara haciéndolo. Sin embargo, si el triunfo de las masas populares lo permite, entonces sí, los españoles podrán entregarse a una grande tarea de dignificación humana. 

Del ejemplo heroico que nos están dando en estos momentos, pasarían a ser un guía luminoso, para fijar nuestro propio derrotero.

-Nosotros deberíamos extraer consecuencias de este movimiento...
- Indudablemente. El drama de España debe servirnos de ejemplo a todos nosotros. Que cada uno deduzca sus propias consecuencias. El mundo vive en pleno fervor revolucionario. Cada uno debe tomar su puesto en el combate. Si no, el combate barrerá con él.

El privilegio está librando una batalla definitiva en el mundo entero. Hay que enfrentarlo a cara descubierta. No existe posibilidad de transacción. Es una lucha que debe terminar por el aniquilamiento de unos o de otros. Por ese motivo, cualquiera sea el resultado de las acciones que se libran en España, yo estoy seguro del triunfo definitivo de la libertad y de la justicia, en cuanto una y otra son atributos substanciales del espíritu humano.


























Fuente: Entrevista del Diario La República Encuesta "¿Hacia dónde va España?" del 1 de agosto de 1936 al Dr. Arturo Frondizi.


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martes, 11 de marzo de 2014

Ahora: "Todavia hay en la UCR, honor y fuerza moral" (20 de enero de 1942)

Cuando hablamos de que el radicalismo guarda dentro de su propio seno las reservas morales necesarias para recuperar todo lo perdido, y para convertirse en la fuerza orgánica y doctrinaria que el país necesita, estábamos seguros de hablar con certidumbre. 

El radicalismo no tiene la culpa de que el profundo sentimiento cívico que lo anima, haya de ser expresado por malos intérpretes. No puede decirse que el radicalismo no tenga culpabilidad alguna de la conducta de sus comandos, pues el partido esta en condiciones de abatir a los falsos apóstoles de su credo, que le han despojado de las galas de viejos prestigios adquiridos en el esforzado ejercicio de altas virtudes cívicas y que luego le han entregado, inerme, a los mismos que le han inferido los mas penosos agravios de que haya recuerdo en la historia política de la Nación. El radicalismo tiene sus reservas morales. Frente a la conducta de las autoridades que ante el peligro de que el adversario les arrebate las menguadas posiciones que le dejara en los comicios del 7 de diciembre han revisto en forma premiosa sus propias resoluciones, se destaca la actitud viril del senador Crisologo Larralde, y de los diputados Ricardo Balbin, Daniel Mac Cormick y Manuel Ochoa, quienes dueños de bancas en la Legislatura bonaerense, las han renunciado con palabras sobrias para mantener intacto su decoro personal y para salvar ante el pueblo su prestigio político. La actitud de los mencionados legisladores, contra- puesta a las vacilantes resoluciones de las autoridades partidarias demuestra como es enteramente cierta la verdad de que el radicalismo no es una fuerza despreciable, aunque así parezcan entenderlo quienes lo agravian en forma reiterada, hasta el punto de olvidar que el radicalismo tiene, como fuerza cívica mayoritaria en el país derechos que no le dejan ejercer. El radicalismo vive el drama tristísimo de tener un comando que parece empeñado en ignorar adrede la fuerza popular que existe detrás de el. Por ello se satisface con las migajas del festín, y teniendo derecho a ocupar el sitio mas destacado, se sienta humildemente en la esquina de la mesa que le señala el poderoso, sin siquiera protestar por la humiliacion a que se le somete. Las leyes de la causalidad son eternas. Donde hay un efecto, existe una causa. ¿Por que será que el radicalismo, siendo la fuerza cívica mayoritaria del país, se encuentra permanentemente en una situación desmedrada? Es que no basta el numero, si no hay un comando capaz de aprovecharlo y de hacerlo valer. En las batallas del civismo como en las de la guerra, los ejércitos mas numerosos van al desastre, si quienes los conducen no tienen las condicionas indispensables para llevarlos al triunfo. El radicalismo necesita abatir a sus enemigos principales, si quiere rehabilitarse en el camino de su historia y cumplir con justicia su destino.


¿Donde están esos enemigos? 

Al frente del partido. Lo han dicho, sin decirlo en sus lacónicas renuncias, esos radicales de Buenos Aires que despojándose de sus investiduras, han dado al radicalismo el ejemplo que desde hace décadas le vienen negando al partido los que deben proporcionarles tales ejemplos estimulantes todos los días. El pueblo radical, advierte en la figura de los renunciantes, la personalidad moral de los radicales que tiene un concepto cabal de la dignidad partidaria y de la necesidad de salvar esa dignidad de asedio de la codicia. El radicalismo, pese a todo lo que hagan sus dirigentes, no es un partido de hombres urgidos por la conquista de posiciones espectable y tiene en sus filas, las fuerzas morales capaces de salvarlo del desastre.























Fuente: Declaración del senador Crisologo Larralde, y de los diputados Ricardo Balbin, Daniel Mac Cormick y Manuel Ochoa con motivo de la renuncia a sus bancas en la Legislatura bonaerense en Radicalismo "Un Siglo al Servicio de la Patria", de Carlos Giacabone y Edith Gallo, UCR 1991
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domingo, 31 de marzo de 2013

UCR: "Rechazo a la invitación del Partido Comunista" (5 de agosto de 1936)

El Comité Nacional de la U. C. R. declara:

Que no puede aceptar la muy atenta invitación que con atinadas y oportunas reflexiones le formula el Partido Comunista para coordinar esfuerzos populares en defensa de la democracia, por las siguientes consideraciones:

Primero: Porque la Unión Cívica Radical es un partido político que tiene una trayectoria inconfundible en la vida civil argentina a través de casi cincuenta años de actuación, lo que le crea el deber de mantenerla como un acervo ideológico intangible.

Segundo: Porque en ese acervo figura «ab-initio», como principio que ha informado su programa, el mantenimiento integral del régimen consagrado en la Constitución vigente cuyo contenido satisface ampliamente el sentimiento liberal argentino.

Tercero: Porque el régimen que nuestra Constitución contempla para la configuración jurídica del Estado, de la familia y de la propiedad, sin excluir la declaración de derechos y garantías individuales. es el mas saludable para la justa orientación democrática del pueblo argentino, dentro de cuya orientación se sitúa fervorosamente la Unión Cívica Radical.

Cuarto: Porque el Partido Comunista, según es obvio, no acepta el orden político, jurídico y social que establece la Constitución Argentina.

Quinto: Porque la Unión Cívica Radical no se ha desentendido nunca ni piensa desentenderse de las justas reivindicaciones del proletariado social; pero entiende que tales reivindicaciones proletarias son de alcance progresivo y no catastrófico, pudiendo conseguirlas por los medios que brinda la Constitución, sin la  necesidad de sustituirla o reformarla.

Sexto: Y finalmente, porque es obvio, también, que el Partido Comunista aspira a implantar en el mundo la dictadura del proletariado en la organización del Estado, y la Unión Cívica Radical, por sus antecedentes, por su tradición invariable » por su concepto de la Patria, repudia firmemente toda dictadura, sea burguesa o proletaria y refirma con serena inquietud en esta hora, sus convicciones democráticas, sin perjuicio de su acendrado respeto por la libre emisión de las opiniones, condición esencial del progreso político y social.






























Fuente: "Rechazo a la invitación del Partido Comunista", Manifiesto de la Mesa Directiva de la Unión Cívica Radical en "Centralismo y Federalismo" de Eduardo Laurencena, Editorial Gleyzer, 1938
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domingo, 17 de febrero de 2013

Juan Isaac Cooke: "Debate de la Renuncia del Presidente Ortiz" (24 de agosto de 1940)

Diputado Cooke: El doctor Ortiz no renuncia coaccionado por un clima o una situación revolucionaria; el doctor Ortiz no renuncia para impedir el estrago o la dinámica revolucionaria.
El doctor Ortiz renuncia obedeciendo a la amargura máxima que cabe experimentar a un hombre político y a un jefe del Estado, que jura cumplir fielmente con la Constitución y que procura cumplir con su juramento, y que siente salpicada su investidura por la resolución del Honorable Senado de la Nación.
Un escrúpulo ––vigor que nace como imperativo de la propia conducta–– lo lleva al planteamiento de una dimisión que es más, mucho más, que un gesto de delicadeza personal.
A ese estado espiritual tienen que obedecer, indudablemente, los términos de su renuncia, que han chocado a muchos de los miembros de esta Asamblea y que motivaron algunas de sus críticas, porque han olvidado que esa renuncia contiene la reacción de un ciudadano y de un magistrado dignos, y que esa renuncia, aunque materialmente ha sido traída a esta Asamblea, en realidad ha sido elevada al pueblo de la Nación, al que le ha hablado en lenguaje valiente y comprensible. (¡Muy bien! ¡Muy bien!)
La opinión pública, señor presidente, no se ha equivocado cuando ha intuido, apareada a la grandeza del gesto, la finalidad de una ratificación de su mandato, consagratorio de la voluntad del pueblo de la Nación, de la cual seremos fieles intérpretes si rechazamos esta renuncia.
Este proceso, señor presidente, ha dado oportunidad para que haga crisis la lucha entablada entre el señor presidente de la República, empeñado en la tarea de recuperación institucional y de restablecimiento de la verdad del sufragio, en cuyo afán lo acompañaban las fuerzas democráticas que constituyen la inmensa mayoría del pueblo de la Nación, y las fuerzas reaccionarias, en alianza circunstancial o inconsciente, tal vez, con los propugnadores de los sistemas totalitarios, que a favor de los acontecimientos europeos han recrudecido en sus actividades y esperanzas. Y para que esto no sea una mera conjetura me remito a la información telegráfica del día de hoy, que admite la posibilidad de que la renuncia del doctor Ortiz signifique un cambio de posición de la política institucional de nuestro país, que implicaría una política de acercamiento con el Eje.
Al lado de la investigación del Senado, a su margen, quizás en la mente de los que pusieron el explosivo con deleitación amorosa, comentándolo primero a hurtadillas, en los corrillos, “sotto voce”, y después desembozadamente, se fue dosando por los privilegiados que lograban enterarse de los detalles de la investigación, la magnitud del escándalo, en cuanto a su trascendencia relacionada con los hombres del Poder Ejecutivo de la Nación. Y así, muchos fueron esfumando la responsabilidad de los delincuentes, para magnificar la responsabilidad de los que cometieron reales o supuestas irregularidades administrativas.
Es ése el sentimiento a que responde la renuncia del señor presidente de la República, y es ése el sentimiento a que responde la opinión pública, que ha sentido el aldabonazo en el corazón, ante la perspectiva de que el señor presidente de la República pudiera resignar su mandato definitivamente.
Señor presidente: el pueblo de la Nación anhela volver a la normalidad institucional en cuyos carriles estábamos entrando lenta pero firmemente. Comprende sin desconfianzas ulteriores que el doctor Ortiz, mientras aliente, no defraudará sus esperanzas; y teme que su alejamiento del poder traiga, como consecuencia de las derivaciones políticas de este malhadado episodio, una situación de conmoción para la estabilidad de nuestras instituciones.



























Fuente: BIBLIOTECA DEL PENSAMIENTO ARGENTINO / V Tulio Halperín Donghi
La República imposible (1930-1945)

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