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domingo, 5 de febrero de 2023

Vicente Dante Lauria: "Himno radical en Homenaje al Dr. Alvear" (1939)

Homenaje al primer soldado de la democracia.

DR. MARCELO T. DE ALVEAR

con motivo de cumplir cincuenta años en las filas del radicalismo.

HIMNO RADICAL


Letra de VICENTE DANTE LAURIA

Música de MIGUEL M. PIERRE


Radicales, seguid en la lucha

esforzados sin claudicar

batallando por la democracia

como Alem, Yrigoyen y Alvear.

¡Otra vez la bandera del “Parque”

resplandece cual astro divino,

saludando al gran Pueblo Argentino

con Alem, Yrigoyen y Alvear.

Juventud, luz y esperanza

del Partido Radical

defended la democracia

avanzando sin cesar.

Evoquemos el Noventa

y a los viejos luchadores

que elevaron los colores

del partido radiacal.

Saludando al gran Pueblo Argentino

con Alem, Yrigoyen y Alvear!...








Fuente: “Himno radical” en homenaje al Dr. Marcelo T. de Alvear por cumplirse el 50° aniversario de su militancia en la Unión Cívica Radical, 1939. Letra de Vicente Dante Lauria y Musica de Miguel M. Pierre.


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lunes, 19 de diciembre de 2022

Fray Mocho: "Siluetas del Suburbio: Alpargata" (1913)

Es radical. Y cree en la Santísima Trinidad de un sector de su partido: el " general” Irigoyen, el senador José Camilo Crotto y el "coronel" Querejeta. También es de los del Parque, pero "pas" del Parque de artillería ( 1890) . Y él, suele rugir a este respecto, en rueda de creyentes, de regeneradores y de clientes:

- Soy del Parque, sí, señores ! ¡ Soy del Parque de Saavedra ! ¡ A un paso del boliche de “Alpargata"! ¡ El tranvía - loro de Lacrose, lo dejará a usted en la puerta del Parque!

Orador. Posee la arremetida estruendosa del diputado Rogelio Araya. ¡ Toda una bateria de fuegos artificiales! Si a “ Alpargata " le endosaran un yaqueteví de faldones kilométricos , el parecido con el leader rosarino resultaría muy aproximado, y quizá, como para alquilar balcones . A Delfor del Valle le ha copiado esas posturas del dedo enhiesto y “ catilinario ", con que el distinguido martillero mecha sus abundantes discursos. Con Saguier no tiene punto alguno de contacto ("Alpargata” no cultiva la linea elegante ).

"Nada les une y todo les separa ", si usted ubica a Celesia junto a " Alpargata ”: flaco éste y robusto aquél. Y cuando se apague la luz de la vida y se ruega no enviar coronas, "Alpargata " no experimentará la dicha de codearse con Vicentito Gallo en el cielo, porque no es católico y el otro es capaz de hacer picadillo con los hábitos religiosos y los sermones de monseñor D'Andrea.

--¿Sobre mi vida pública inquiere usted ? ... ; Allá toy, ciudadano ! Me inicié como hombre público bebiendo en el ánfora del anarquismo. ¡ Fui ácrata!

¡ Oh, Santa Madre Anarquía !... En el ejercicio libertario me resultaron familiares las salidas de Grave, de Malatesta, de Carlos Balsan, de “ Alma Roja" y de otras almas del purgatorio escarlata.¡Arrojé hombas!

-¡Horror, “Alpargata”! -( el repórter profundamente abatatado retrocede tres pasos)

--; Sí, arrojé bombas ! ¡ Muchas bombas ' ; Docenas de bombas ! ¡ Gruesas de bombas ! ; Y qué bombas!

-- Che, " Alpargata " : metieron bochinche tus bombas?

- ¡Formidable! ¡Oh, mis bombas! Arriba , se desmayaron celestialmnente los teros y tocaron seráficamente la polca del “ spiante " los patos.

Me maldijeron las golondrinas y los venteveos me gritaron bicho feo. ¡ Y yo, como si tal cosa , aquí, en la tierra , permaneci estatuario! ¡Meta bomba!

Mi infancia huele a pólvora.

Fui disparador de bombas de cierta fábrica de fuegos artificiales. Asistí a innumerables exteriorizaciones: públicas de credos políticos y de credos religiosos. ¡Oi predicar el verbo de la verdad y el anatema de la mentira ! Harto de palabras y de promesas, abracé la Acracia .¡ “Salud" R. S."!

Pero, después...

- ¿ Evolucionaste, " Alpargata?

¡Y, evolucioné ! El anarquismo no me daba ni medio . “Presenté mi renuncia indeclinable ” y ¡chau! Luego, me lancé de "sabeca” en el proceloso mar de la política.

-¿Con éxito?

-¡La pregunta ! ... La Plata fué campo de mis primeros ensayos políticos. Comencé a trabajar de republicano, con los Sanches Viamonte. Acaudillé masas populares y pronuncié fogosos discursos. Por que yo, sabe ? ... para el pico soy ; así! A Celesia, a Calvete y al "coronel Querejeta , los basureo en oratoria.

¿Por separado?

- Y a los tres juntos, si quieren ! Bueno : "sigo la banda" . Luché duro y parejo durante bastante tiempo. Como no me dieran corte ni siquiera me metieran " pour la galerie "en las listas de candidatos a diputados provinciales, " presenté mi renuncia indeclinable ” y ¡ chau ! Los Sánchez Viamonte preten dieron atajarme el pasmo, pero yo les contesté con gesto austero: “Me retiro a la vida privada, como el Chinato de la historia romana, para labrar el por venir de mi agitada existencia".

-¿Chinato ?... ¿No era Cincinato el tio ese de la historia romana, “ Alpargata "? ... -; ¡Chinato! Sí, Chinato ! ¡ Qué me va decir a mi. yo que soy almacenero...! ¡Chinato, nomás!

-¡Afirmativa , “Alpargata”! ¿ Y te enrolaste en el radicalismo?

-¡No, conciudadano ! ¡No! -( aqui, " Alpargata" meneó el dedo " enhiesto y catilinario" à " uso" Delfor del Valle) .- Al principio trabajé de independiente, pero, sin dejar de acaudillar elementos de comicio y de asamblea. Me establecí en las lomas de Saavedra. En vísperas electorales yo era muy solicitado para llenar con "elementos ' los locales adonde tenían lugar las asambleas.

¿De “ gorriti", " Alpargata"?

- Jamás he “operado” por amor al arte!

-¿Qué " inyección ” te suministraban?

- “ Un dies" o " un veinte " . ¡ De acuerdo con los antecedentes y los fondos del prohombre!

- ¿Reunías gente y en marcha con ella?

— “ Lo voy a poner en autos” , como dice el doctor Giuffra. Bueno. Yo tenía " tarifas diferenciales" lo mismo que el Central Argentino. El político que deseaba gente para relleno de las sillas del salón y uno que otro viva al " dotor " , tenía que oblarme " un dies".

¿Resultaba negocio?

- La pregunta! ... Con " cinco piastres de cope fines " yo acaudillaba arriba de cincuenta " reos" y me quedaban " cinco” para el bolsillo. Esta era la tarifa " número uno" o sea la tarifa fulera. Si el politico quería más gente para el relleno de las sillas del salón una punta de vivas al " dotor " , yo le aplicaba la tarifa " número dos" o sean veinte piastres. ¡ Y meta vivas el dotor Mengano ! ¡ Vivaaa !

Yo, de caudillo y bastonero. Cada sesión política en que funcionaba la tarifa " número dos”, dejábame " un dies" liquido. En una en que yo funcionaba con la tarifa " número dos" por poquito me matan . Resulta que yo había cerrado trato para vivar al doctor Lancelotti, no recuerdo con qué motivo. Salí con mi gente de Saavedra rumbo a Belgrano. En el camino le prendimos al " guindao con puchero". Llega el momento solemne de los vivas y me olvido el nombre del político recomendado. ¡ Qué batata ! Para salir del paso empecé avivar al doctor Chilotegui, como pude haber vivado al doctor Peixoto, y meta ¡Viva el doctor Chilotegui! durante la sesión nocturna. A la salida ... ¡mamita ! pretendieron que yo " lanzara el boletín " de los " veinte" que percibiera.

-¿Adelantado ?... - ¡La pregunta!...




"Después de 40 años de pudrición política el partido radical viene a purificar las conciencias corrompidas de la Republica Argentina". Antonio Serraino (a) Alpargata.





Fuente: Siluetas del Suburbio: Alpargatas. Semanario Fray Mocho N° 59, Año II, 13 de junio de 1913.




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jueves, 10 de noviembre de 2022

Cnel. Mariano Espina: "Exposición sobre la Revolucion del Parque" (1890)

EXPOSICION DEL CORONEL MARIANO ESPINA

Señor Doctor F. A. Barroetaveña. (1)

Estimado Doctor: Impuesto del contenido del reportaje que ud, se ha servido hacerme, debo declararle que expresa cuanto a ud he dicho en la conferencia que tuvimos.

Le saludo atentamente.

MARIANO ESPINA.


…………………....................................................................................................................................

(1) Con el propósito de ilustrar debidamente los sucesos de la revolución de Julio , el Dr. F. A. Barroetaveña , pidió una conferencia al coronel D. Mariano Espina, jefe de una brigada y que hizo una figura tan bizarra en los combates revolucionarios, para formularle algunas preguntas, que fueron contestadas sin ningún inconveniente.

Las cuatro líneas del coronel Espina, manifiestan la autenticidad del reportaje que pasamos á exponer.

REPORTAJE

¿Cuál fué su actitud, coronel, antes de que estallara la revolución, y cuáles las causas porque usted no se comprometió con la Junta revolucionaria?

--A esta pregunta debo contestar á usted que, dados los trabajos anteriores, y sobre los cuales no creo deber extendeme ahora, diferimos con los doctores Del Valle y Alem, en los detalles relativos al comando de la revolución.

¿Cómo supo la revolución, á qué horas fué al Parque, qué actitud asumió, y qué mando militar se le dió allí?

-Supe temprano que acababa de estallar el movimiento por un ayudante del batallón 9° de línea. Inmediatamente me dirigí al Estado Mayor, donde supe que uno de los batallones que debía estar con nosotros, se hallaba en la Plaza del Retiro, allí me dirigí con intenciones de ponerme al frente de este cuerpo, y operar con él, en favor de la revolución, pero desgraciadamente cuando llegué solo ví vigilantes y el 6° de caballería, fracasando así mi plan. Entonces me dirigí á la Plaza Lavalle siguiendo de cerca una columna de vigilantes declararle que expresa cuanto á Vd. he dicho en que marchaba á órdenes del Jefe de Policía, y aproveché la confusión producida por unas descargas que les hicieron en la calle de Santa Fe, para entrar á la referida plaza á las 8 de la mañana, por la esquina de Viamonte y Cerrito.

Aquí se encontraba la compañía de cazadores del 9º y parte de la de granaderos con los oficiales Sarmiento y Ramírez. Con esta fuerza libré el primer combate con tropas del gobierno, las que avanzaron por Viamonte y Artes, hasta cincuenta varas de donde nos hallábamos. Y á fin de tomar la ofensiva ordené al comandante García, que desprendiera al trote la 2ª compañía del 9° para ocupar la bocacalle de Artes y Viamonte, desde de donde podíamos enfilar la columna enemiga. Pero en ese momento el Jefe militar de la revolución me llamó por medio del capitán Espinosa, y me ordenó que tomase el mando de la brigada compuesta del 5º y 10° de infantería, pues aquella tropa tenía ya un jefe designado. Le observé que el 9º era de mi regimiento, y que en ese momento estaba comprometido en una acción ofensiva, cuyas probabilidades eran más que favorables para nosotros, pues , yo venía de la Plaza del Retiro, y conocía la situación del enemigo .

El general Campos insistió, y pasé á tomar el mando de la brigada que se me designaba. Dos horas despues el enemigo se había posesionado de la referida bocacalle, Cerrito y Viamonte hasta Tucumán.

Una vez al mando de su brigada el día 26 de Julio ¿qué medidas tomó y ¿qué operaciones llevó a cabo?

-Distribuí fuerzas del 5º y 10° de Infantería en diferentes acantonamientos. Hice penetrar grupos de pueblo á los cuales armé reforzando aquellos; y mandé se levantasen barricadas Al organizar el cantón en la Intendencia Municipal, y en la casa que da frente, el enemigo que se habia acantonado en Cerrito y Tucumán, y en Lavalle y Artes, rompió sus fuegos contra nosotros, pero después de un reñido combate, tuvo que desalojar su posición de Lavalle y Artes, la cual fué inmediatamente ocupada por fuerzas á mis órdenes Simultáneamente mandé avanzar cantones hasta Lavalle y Suipacha, y reforcé ese costado estableciendo una base de apoyo en la iglesia de San Nicolás. Establecí además los siguientes cantones : Tucumán y Libertad, Tucumán entre Libertad y Cerrito, Lavalle y Libertad, Lavalle entre Libertad y Cerrito, Libertad entre Lavalle y Corrientes, Libertad y Corrientes, Talcahuano entre Lavalle y Corrientes, Talcahuano y Corrientes, y Uruguay entre Lavalle y Corrientes. En estas posiciones libramos los combates que tuvieron lugar ese dia y esa noche.

-La primera cuestión que se promovio en la Junta el día 27, por la noche, fué la de la capitulación, á la cual me opuse decididamente, proponiendo dos planes: el ataque á la Plaza de la Libertad, en la madrugada del 28, ó el avance por acantonamientos hasta la Plaza de Mayo, para ponernos en comunicación con la Escuadra. Estos planes fueron aceptados por la mayoría de la Junta, pero se arguyó que faltaban municiones. Yo insistí en que se llevara el ataque á la bayoneta cuando se agotasen las municiones. Se resolvió, al fin no atacar. Lanzada la idea de la paz , por las comisiones mediadoras que fueron á la Plaza Lavalle, insisti en que teníamos medios de atacar; y en esta virtud, el general Campos declaró que por la ordenanza militar me correspondía el mando superior de las armas y que él se pondría á mis órdenes. Esto no se realizó porque el armisticio ya firmado, nos imposibilitaba para operar.

Sírvase explicarme, coronel, las operaciones militares que ejecutó Vd. el 27 y si es exacto que Vd. tomó este día la ofensiva contra las fuerzas de la Plaza Libertad, y por qué detuvo el ataque?

-Yo tomé la ofensiva el 27 por la mañana, con una operación de flanco sobre la Plaza Libertad, por las calles Paraguay y Uruguay. Acantoné convenientemente las tropas á mis órdenes, y tuve que replegarme por orden del general Campos. Le observé haciéndole ver lo ventajoso de nuestras posiciones, pero el general Campos insistió porque era condición del armisticio.

¿Qué actitud asumió Vd. ante la Junta de guerra reunida el 28 , y qué participación tuvo en los dos combates de este día?

-En la Junta de guerra del 28, manifesté que mi opinión conocida era contra la paz; y desagradado por la circunstancia de que se nos presentaba como perdidos, cuando según declaración del jefe de los depósitos del Parque existía una cantidad de cartuchos mucho mayor de la que se presentaba, me dirigí á la Plaza . En ese momento se rompió el fuego de ambas partes, lo que impidió que se pudiese firmar el convenio de paz, por cuanto los jefes tuvieron que ir á ponerse al frente de sus fuerzas. La comisión mediadora regresó por la tarde, y en momentos en que iba á firmarse el convenio, se rompió nuevamente el fuego.

¿Qué actitud asumió Vd . el 29 en presencia de la capitulación , qué medidas tomó para el desarme ó disolución de las fuerzas de su mando, y por qué hizo volver las fuerzas cívicas á sus cantones?

-Yo no tomé medida alguna para desarmar ó disolver la fuerza de mi mando . Hice volver las fuerzas cívicas que desalojaban los cantones, para avanzar los míos por Lavalle hasta Maipú, en prosecución de un plan que no pude realizar por la desorganización que el desaliento produjo en las tropas disueltas en la Plaza Lavalle.

Por último, coronel, ¿Cuál es su opinión sobre el fracaso de la revolución?

-La inacción en que estuvimos el día 26. Dividió en dos partes el movimiento revolucionario: la primera, que comprende los trabajos de conspiración y reconcentración de todas las fuerzas en el Parque, admirablemente realizadas, y la segunda, la que se refiere á la ejecución del plan revolucionario, lastimosamente frustrada por causa referida, por la inacción.





Fuente: "Exposición sobre la Revolucion del Parque" por el Coronel Mariano Espina en Unión Cívica, su orígen, organización y tendencias, Editores J.W. Landenberger y F.M. Conte, 1890.




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jueves, 3 de noviembre de 2022

Marcelo T. de Alvear: "Discurso de asunción como Presidente de la Nación" (12 de octubre de 1922)

Señores Senadores; Señores Diputados:

La voluntad de mis conciudadanos de la Unión Cívica Radical, fortalecida con las simpatías generales que han concitado sus altos principios de moral política , me han traído ante vosotros ungido con la investidura de Presidente de los argentinos. Creo necesario declarar bien definidos en mi conciencia el honor y las responsabilidades que esta consagración me depara y afirmar que he aceptado ese honor como una imposición ineludible para el ciudadano y esas responsabilidades como una derivación esencial de lo primero, conforme con la ley moral que ha regido mi vida y en virtud de la cual la confianza que se inspira es deuda que se contrae.

Las circunstancias que rodean mi advenimiento a tan alta magistratura refuerzan esos conceptos y mis convicciones. Mi constante dedicación al sostenimiento de las doctrinas de una agrupación política que las convirtió en aspiraciones colectivas y en fuerza determinante de su propia subsistencia como entidad nacional, me impone el deber de ajustar mi conducta a la tradición ideológica y moral que debe haber sido la fuente de la fe pública conquistada y la razón del éxito obtenido.

Más intensa me parece la gravitación de este raciocinio , cuando observo que se ha dado el primer paso, difícil pero indispensable, para el afianzamiento de aquellos principios. La democracia, como régimen de la actividad civica de la nación, es un hecho positivo. Se ha fortalecido con la experiencia, no obstante los obstáculos que encuentran siempre las transformaciones fundamentales de las costumbres y a pesar de las imperfecciones propias de todas las iniciaciones. Algunos de sus efectos, accidentalmente inquietantes, no han logrado aminorar los prestigios de la doctrina constitucional que la impone como fuente de las representaciones públicas. A la consolidación definitiva de esta conquista, al mejoramiento de sus resultados, ha de tender el esfuerzo de mi Gobierno. Así trataré de cumplir este aspecto de la labor de mi hora, para completar la obra, intensa y por eso mismo de lucha, realizarla con tesón por mi partido y por la personalidad eminente y vigorosa en cuyas manos están hasta este momento los destinos del país, estimulados por la adhesión de la gran mayoría de nuestro pueblo.

La evolución producida en este sentido tiene importancia descollante. Debemos reconocer que en nuestro país el desarrollo de la riqueza y la multiplicación de sus fuentes habían alcanzado exteriorizaciones que siguen sorprendiendo a quienes nos contemplan sin percibir nuestras inquietudes internas. Pero, el vértigo de nuestra prosperidad nos hizo vivir mucho tiempo en cierto modo desatentos para con las prescripciones incumplidas de nuestra Constitución, que debieron regir en todo momento la vida cívica y el perfeccionamiento espiritual de la Nación.

Hemos reaccionado , felizmente, contra esas infracciones generalizadas de nuestra Carta Fundamental. La base de nuestra organización republicana impera. Está asegurada para los argentinos la vía legal para la expresión de las ideas , para la prestación del concurso que reclama el engrandecimiento del país y para la determinación de las aspiraciones generales auténticas. Bastará escucharlas para estar seguros de interpretar, 'en cada caso, la voluntad del pueblo.

Tengo la esperanza de que no habrán de presentarse para la Patria momentos de tan dura prueba como los que plantearon los acontecimientos que han conmovido al mundo en los últimos años pasados. Sus consecuencias absorbieron la atención de los hombres de Estado y complicaron de manera extraordinaria la inmensa tarea de orientar la evolución económica, política y social de los pueblos jóvenes. El cuadro de las dificultades vencidas en esas circunstancias es de los más graves de la historia; y así como su contemplación impone el justiciero reconocimiento del esfuerzo hecho por el Gobierno que termina , la esperanza de que hemos de vivir horas de relativa calma despierta el anhelo de aprovecharlas en bien del país, dedicándolas a una labor proficua en cuyo desarrollo espero rivalizar cordialmente con vuestra inspiración patriótica, Señores Legisladores.

Consecuencia de este pensamiento es el propósito de que mi Gobierno inicie en seguida, y realice en todos los momentos, la acción administrativa más intensa que esté al alcance de sus facultades propias y ofrezca a vuestra ilustrada consideración las iniciativas que necesiten vuestra sanción. Nuestro anhelo será asegurar la prosperidad de la República por la ampliación de sus fuentes de riqueza y la distribución cada vez más equitativa de sus frutos entre los elementos que concurren a su desenvolvimiento. A eso se llegará fomentando la aplicación de sistemas racionales en la explotación industrial y esforzándonos por proveerla de todos los elementos básicos de su mantenimiento y prosperidad. Lograríamos, de este modo, acrecentar su emancipación, mejorar los saldos favorables de nuestras exportaciones y crear, así , la posibilidad de un mejoramiento real de los salarios у la implantación consecuente de un tipo medio de vida superior.

La obra se habrá de completar afirmando la fe pública en la acción directiva del Gobierno dentro del juego normal de los intereses , a veces contrapuestos, que luchan por el mejoramiento propio, alejando las violencias, que a todos perjudican, y a las cuales nadie tendrá razón de recurrir una vez consolidada la confianza de todos en la justicia de las determinaciones que resuelven las dificultades emergentes. Si nos empeñamos en desenvolver de esta manera la acción impulsora educativa, única posible para el Estado, la Nación misma habrá labrado su propia grandeza y los responsables de su dirección habremos cumplido el deber que nos imponen las circunstancias, contribuyendo a la formación de un ambiente de paz propicio a la intensificación de las actividades superiores del espíritu que dignifican y embellecen la vida.

Consideraré un deber de mi Gobierno dedicar atención preferente a las necesidades de las regiones del país donde la carencia de medios propios mantiene relativamente estancado el progreso o donde la salud pública, deficientemente atendida, aminora la energía de las poblaciones. La colaboración de todos será indispensable para conseguir que estas regiones asciendan hasta nivelarse con las más prósperas de la República. Representamos, unidos, al país entero, y esto nos obliga a entregar con ahínco nuestras energías a esta obra le solidaridad nacional .

Las preocupaciones de orden interno no nos harán olvidar la vigilante atención de las relaciones internacionales. La República ocupa, en el concepto de las naciones, una situación privilegiada que le comprobado en actos públicos que todo el país conoce En ellos, mi presencia significó solamente la ocasión que los Gobiernos y los pueblos aprovecharon para demostrar las simpatías que sienten por nuestra Patria, y las manifestaciones tuvieron tan visible y espontánea cordialidad que permiten afirmar será fácil estrechar cada día más nuestra armonía con todos los países del mundo, respondiendo , de este modo, a nuestras tradiciones y al espíritu de nuestro pueblo у de nuestras leyes .

Con la enunciación de estas ideas no he pretendido exponer un programa de Gobierno. Indico las orientaciones generales, el criterio que regirá nuestra conducta de gobernantes. Los conceptos expresados bastan para señalar nuestras comunes responsabilidades y para destacar la necesidad de una acción conjunta, de colaboración reciproca, de los poderes del Estado. A procurarla me comprometo y os invito solemnemente en este instante en que siento la convicción de que, si una alta inspiración y una intención generosa fueran suficientes para asegurar una obra benéfica, nada malo podría esperarse de mi. Todo lo que me falte vendrá de vosotros, de todos mis conciudadanos, bajo la protección de Dios.







Fuente: "Trasmision del mando presidencial al Excmo. Sr. Dr. Marcelo Torcuato de Alvear" - Discurso de asuncion como Presidente de la Nacion, 12 de octubre de 1922. En Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto presentada por el Dr. Ángel Gallardo al H. Congreso Nacional, 1924.



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sábado, 29 de octubre de 2022

Carlos Perette: "Repatriacion de los restos de Eva Perón" (11 de diciembre de 1974)

Sr. Perette. - Pido la palabra.

Sr. Presidente ( Allende ) . – Tiene la palabra el señor senador por Entre Rios .

Sr. Perette.- Señor presidente, señores legisladores: en nombre del bloque de la Unión Civica Radical , que es una fuerza opositora , pero no una fuerza destructora en el país , quiero señalar que sostenemos concreta y claramente que el reintegro o la repatriación de los restos de la señora Eva Perón al pais constituye un acto positivo que debe contribuir a la paz espiritual de todos los argentinos. Debe servir a la paz: ése es nuestro anhelo.

Debemos destacar que en la forma como se ha realizado esta repatriación se han cubierto los rasgos de austeridad republicana y de sencillez con que debía dotarse a un acto trascendente como el que consideramos.

Creemos que hace mucho tiempo que los restos de Eva Perón debían reposar en el país. En ese sentido, tenemos una posición humana, cristiana e invariable. Consideramos que el cadaver o las cenizas de ningún argentino deben descansar fuera de la República por causas políticas. Ello va dicho con independencia de las ideas, de las actuaciones y de las luchas que hemos sostenido en el país, porque entendemos que esos actos deberán servir precisamente para vindicar a quienes lucharon y sirven también como una especie de apoyo moral a los que debemos luchar en esta hora para que la República consiga el ámbito de la felicidad que se merece.

Considero que el reintegro y la repatriación de los restos de Eva Perón han constituido una profunda aspiración del sector mayoritario de la Republica y que hoy ha culminado sin una expresión que afecte el sentido de unidad nacional que debe ser la suprema prioridad que anime nuestros actos .

Nadie puede negar la intensa lucha cumplida por Eva Peron y su apasionada defensa de los desposeidos.

Hemos tenido en su tiempo nuestras luchas y nuestras discrepancias. No renegamos del camino que hemos andado, pero sí sabemos que no hemos de ir a buscar en el pasado los motivos del desencuentro del presente argentino. Este es un acto de justicia nacional que sirve para superar y sepultar el odio y sirve para que las jovenes generaciones reciban tambien una lección: los hombres y mujeres que se enfrentaron durante tanto tiempo hoy quieren que la República marche bajo el signo de la comprension de la fraternidad humana.

El país necesita actos que lo unan, ya que la unidad nacional es una prioridad básica.

Considero que la repatriación de los restos de Eva Perón no sólo ha de servir para cohesionar al movimiento justicialista , sino también para superar una etapa de desencuentro y para unir al país , como sostengo que la restitución de los restos del general Pedro Eugenio Aramburu -hecha simultáneamente , ha servido y sirve para afirmar ese sentido de unidad y de fraternidad nacional.

Nosotros queremos, señor presidente y señores senadores, valorar en un todo esta decision. Estamos seguros que no ha habido profanación de este cadáver y existe documentación que asi lo prueba. Pero esto no es cuestión de historia antigua . Los oradores que me han precedido en el uso de la palabra --el doctor Martiarena y la señora Barbora de Nasif- han ubicado su homenaje con un sentido no sólo de pasado, sino también de presente y de porvenir. Así lo valoramos nosotros.

Entendemos que ésta es una hora en que debemos exaltar más que nunca la unidad nacional; en que debemos revitalizar el patriotismo argentino; en que debemos decir a los de adentro y a los de afuera que estamos unidos dentro de nuestras fronteras y fuera del territorio del país; que queremos defender un estilo de vida, que queremos defender los derechos del pueblo; que deseamos una sociedad mejor, y que aspiramos a vencer las trincheras del atraso.

Para eso, esta repatriación de los restos de Eva Perón y la restitución del cadáver del general Pedro Eugenio Aramburu constituyen para mí y para nuestro bloqué un punto de partida que demuestra que no hay razones para que se levanten de nuevo trincheras de odio o nuevas antinomias que están superadas.

Nos adherimos, señor presidente y señores legisladores, con ese alcance, al homenaje propuesto . Comprendemos las inquietudes, los sentimientos y los anhelos de quienes han seguido y han reclamado siempre la repatriación de los restos de Eva Perón .

Como adversarios, como hombres de la oposición, señalamos este acto como expresión de unidad nacional . Celebramos la forma como se ha realizado esta repatriación. Queremos que estos actos y todos los que tengan vinculación con estos caracteres sirvan para la fraternidad argentina.

Con un país unido, con un frente interno unido, soy inmensamente optimista del futuro de la República, que no solamente salvará sus obstáculos, sino que podrá ser vanguardia en América latina.





Fuente: “Homenaje por la repatriacion de los restos de Eva Perón” Discurso del Sr. Carlos Perette, Senador Nacional por Entre Rios, página 2990, Reunión 28°, Diario de Sesiones de la H. Cámara de Senadores de la Nacion Argentina, 11 de diciembre de 1974.


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viernes, 21 de octubre de 2022

Revista Crisis: "Las razones de Strassera" (abril de 1987)

Entrevista al fiscal Julio César Strassera en los meses previos a la aprobación parlamentaria de la ley de Obediencia Debida y ya bajo vigencia de la ley de Punto Final. Carlos Aznarez y Vicente Zito Lema van al hueso y le plantean las sospechas de la sociedad sobre los privilegios de ciertas clases sociales en materia judicial.

¿Qué tipo de justicia existe hoy en la Argentina? ¿Una justicia de clase? ¿Una justicia sobre la que hay que apelar al voluntarismo para seguir creyendo en ella?

-Al contrario de algunos escépticos, creo que se puede creer en la justicia. Sin embargo, éste es un concepto muy difícil de redondear y que ya le ha dado muchos problemas a los filósofos. Desde Santo Tomás de Aquino que definía a la justicia como dar a cada uno lo suyo, hasta los positivistas que respondían: ¿Quién es el que dice qué es lo suyo de cada uno? Desde ese punto de vista yo estoy de acuerdo con Kelsen y creo que la única forma de medir la justicia es en valores de legalidad. Esto significa aplicar las leyes en forma equitativa y de igual manera para todos, y a veces hasta con prescindencia de la moral de la ley, teniendo en cuenta que moral y derecho no siempre coinciden. Aquí por ejemplo, todos estamos de acuerdo en que el homicidio es algo moral y jurídicamente reprobable, pero si se habla del aborto, hay gente que dice que lo reprueba desde el punto de vista moral. Sin embargo hay países que lo admiten jurídicamente.

La mayoría de la gente cree que la cuestión económica o la posición que cada uno tiene en la sociedad inciden en la determinación de un procesamiento o de una condena. ¿Hasta qué punto en su criterio eso es cierto?

-La mejor prueba de que esto no es así son los recientes juicios. Aquí se ha sometido a tres ex presidentes de la Nación y a gente que ha sido muy poderosa.

Pero hay otros casos, por ejemplo Martínez de Hoz, que se halla en libertad a pesar de que sobre él pesan cuatro prisiones preventivas...

-Ello ha sido así en todos los tiempos tratándose de delitos económicos. Son causas difíciles de probar. En general, los jueces tienen bastante mano suelta con el delincuente económico, pero además existe la posibilidad legal de que esté en libertad pese a los pedidos de prisión preventiva. Si Martínez de Hoz tuviera una prisión preventiva por homicidio, seguramente ya estaría en la cárcel.

¿No se refuerza así el descreimiento general, porque nadie -salvo algunos "capitanes de la industria"- puede creer que al señor Martínez de Hoz no le cabe tanta responsabilidad como a los comandantes militares en las aberraciones del proceso?

-No hay que confundir los temas jurídicos con los de tipo emotivo o con lo que piense mayoritariamente la gente. Les doy un ejemplo bastante ilustrativo: si yo digo que a un señor le encuentran una valija con veinte mil dólares falsos en la casa, y pregunto: ¿qué ocurre con él?; seguramente me responderán que lo han de meter preso. Y no es así, porque lo suyo no es delito. El único delito es hacer circular la moneda falsa o falsificarla. Este señor puede defenderse diciendo: soy coleccionista de moneda falsa y se salva. Por eso, insisto, una cosa es el sentimiento general y otra, muy distinta, el ordenamiento jurídico. Si esto último no nos gusta, hay que cambiarlo.

Las denuncias de los organismos de derechos humanos hablan de miles de casos de desaparecidos. Usted presentó pruebas sobre cientos de causas y aun as/ hay sólo una docena de condenados. ¿Hasta qué punto se puede explicar que sea tan grande la brecha entre ambas cifras?

-Esto no quiere decir nada. Nüremberg, por seis millones de víctimas se conformó con doce cabezas. ¿Por qué la proporción ha sido así? Porque las pruebas son muy difíciles de reunir y además porque en hechos tan graves y conmovedores de la opinión pública, no es posible procesar a la mitad del país o a las tres cuartas partes del mismo. ¿Cuántos procesados hubo por el genocidio armenio? Creo que seis y eso que liquidaron a todo un pueblo. Esto no es una particularidad de la Justicia argentina, sino que es así desde que el mundo es mundo.

¿Quiere decir que para juzgar las matanzas colectivas, los crímenes de lesa humanidad, habría otras normas?

-No, sino que las normas se aplican en cuanto se puede, porque finalmente estos juicios apuntan a utilizar otro sistema del que practican los gobiernos dictatoriales. Bonita gracia serla, condenarlos sin pruebas o fusilarlos porque total ellos lo hacían. El auténtico derecho penal liberal de lo único que se debe ocupar es de probar cabalmente la responsabilidad. Si hay alguien sobre el que estamos plenamente convencidos para ser condenado, pero no existen pruebas suficientes, es preferible que siga en libertad.

¿Desde el punto de vista práctico y yendo directamente a su trabajo como fiscal, influyó en la no acumulación de pruebas que las causas hayan pasado primero por el Tribunal supremo de las Fuerzas Armadas?

-No, porque ya antes tuvimos un gobierno dictatorial que se preocupó precisamente de hacer desaparecer las pruebas. Influyó, si, en la demora de la tramitación de los juicios, porque el Consejo Supremo no estaba decidido a dictar sentencias en esta clase de causas.

¿Los jueces han recibido presiones desde la administración radical sobre el número de condenas y las penas a aplicar a los militares procesados?

-Eso es falso. Yo, que soy decididamente administrativista, no tuve la más mínima instrucción ni escrita ni telefónica. Si conmigo ha sido así, me imagino que el resto del Poder Judicial tampoco recibió presiones.

Diversos diarios europeos e incluso el New York Times han calificado a la ley de "punto final" como una amnistía encubierta y una abdicación en la defensa de los derechos humanos por parte del Gobierno. ¿Cuál es su opinión sobre el tema?

-Yo no opino sobre la ley de "punto final". Es una decisión política y si a mí no me gusta una determinada ley, no tengo más remedio que renunciar. Una de mis funciones como fiscal es vigilar el fiel cumplimiento de las leyes y esta ley ha sido aprobada por el Parlamento que votamos todos nosotros.

¿Cuáles son sus ideas políticas? ¿Cuál es su ideología? ¿También existen en el Poder Judicial?

-Esta es una pregunta un tanto irritativa. Ya que puede ser interpretada como parte de una militancia política. que tengo prohibida reglamentariamente. Sin embargo no tengo problema en decir que creo en el sistema democrático y pluralista de gobierno. No creo en ninguna clase de autoritarismo, ya sean de derecha como de izquierda.








Fuente: “Las razones de Strassera” por Carlos Aznárez - Vicente Zito Lema en Revista Crisis N° 53, abril de 1987.

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lunes, 5 de septiembre de 2022

Félix Laiño: "El atentado contra Yrigoyen” (22 de noviembre de 1985)

LAIÑO RECUERDA

Todavía no entró en máquina 1930-1983: relato de un testigo presencial del drama político argentino (o las memorias de Félix Laiño). Pero SOMOS anticipa uno de sus capítulos más apasionantes: el atentado contra Yrigoyen.

Comencemos por tener en cuenta que Hipólito Yrigoyen llegaba a su segunda presidencia, viejo, enfermo y mal atendido por sus médicos, íntimos amigos y correligionarios, cuya subordinación llegaba al extremo de estar más atentos a la aversión del paciente por los medicamentos que a la verdadera naturaleza de sus males. Hubo una excepción: el doctor José W. Tobías, reputado facultativo, profesor de Clínica Médica, quien trazó un cuadro verdaderamente alarmante del estado de salud del presidente de la República. La arteriosclerosis estaba haciendo estragos en su organismo y sufría serios problemas en el árbol urinario, además de severos trastornos cardiopulmonares. Pero Yrigoyen no era hombre de someterse a tratamientos medicamentosos, confiando, como durante toda su vida, en los remedios caseros y en las virtudes curativas de toda clase de hierbas que le acercaban y sugerían amigos complacientes.

A su edad y con tan precaria salud no fue extraño que se refugiara, cada vez más, en el seno de un grupo de correligionarios, quienes con funciones no muy claras en la Casa de Gobierno terminaron por aislarlo de la realidad bullente del país y de los arduos problemas políticos, y sociales que se fueron presentando cada vez con mayor intensidad a favor de la inanidad gubernamental.

Por lo demás, una mayoría complaciente en la Cámara de Diputados (genuflexos era el calificativo humillante de la oposición) no se atrevía, a pesar de algunos intentos aislados, a perturbar la paz palaciega del anciano caudillo, quien terminó siendo prisionero del entorno. (...)

EL HOMBRE QUE CORRÍA

De pronto, el ambiente público se agitó con la noticia de un atentado del que había salido milagrosamente ileso el presidente de la República. Pero a pesar de la trascendencia periodística que alcanzó el episodio, y cuando aún hoy integra la agitada historia política de aquellos años, la casualidad me convirtió en testigo del suceso y pude comprobar entonces que no hubo tal atentado.

Era el mediodía de una jornada calurosa de fines de año (24 de diciembre de 1929) y el secretario de redacción del diario, junto con otros compañeros, también momentáneamente apartados de sus tareas habituales, me había destinado a localizar a los favorecidos por el premio mayor de la lotería de Navidad que se había sorteado esa mañana. Uno de los billetes premiados se había vendido en una agencia de lotería de la calle Brasil, frente a la residencia presidencial, y hasta allí llegó mi indagación periodística. En cierto momento la custodia del presidente de la Nación despejó el lugar de curiosos y yo fui a dar a la cuadra siguiente, interrumpida por una cortada de 100 metros entre Bernardo de Irigoyen y Tacuarí, en momentos en que avanzaba por la calle Brasil, en dirección al Este, rumbo a la Casa Rosada, el automóvil que conducía a Hipólito Yrigoyen. De pronto vi salir a un hombre, modestamente vestido, desde la cortada donde se hallaba oculto corriendo hacia el auto presidencial con un sobre en la mano. La custodia del Presidente abrió fuego contra el desconocido antes de que pudiera acercarse al automóvil, con el presumible propósito de arrojar la carta al paso del vehículo. El hombre, alcanzado por numerosos disparos, quedó tendido en el suelo, muerto instantáneamente. El coche presidencial se detuvo en medio de la confusión provocada por los estampidos, pero de inmediato volvió sobre el breve camino recorrido regresando con el Presidente a su domicilio, mientras gran cantidad de público se congregaba en el lugar. Pasado el estupor del primer momento, yo abandoné la tarea de localizar a los agraciados de la lotería de Navidad y corrí hasta el local de la Comisaría 16 en la calle Lima y Brasil, a doscientos metros de distancia, a donde había sido llevado el cadáver del desconocido, que resultó ser Guillermo Marinelli, un inmigrante italiano desocupado de 41 años de edad. Había gran agitación en la comisaría cuando inesperadamente apareció Hipólito Yrigoyen, quien sin cambiar una palabra con nadie y rodeado por los funcionarios policiales se detuvo a observar el cadáver que yacía en una camilla en el patio del local. Tras breves instantes, despaciosamente y en silencio como había llegado, se retiró Yrigoyen, para ascender al coche que lo llevaría a la Casa de Gobierno, dejando tras de sí la conmoción que había causado el suceso.

La versión oficial de lo ocurrido no se hizo esperar: se había frustrado un atentado contra el presidente de la República. Habían querido matar a Yrigoyen.

Por entonces no se conocían los informativos radiotelefónicos, pero el suceso, como es natural, mereció amplio despliegue periodístico y fue el comentario obligado en las tertulias de aquel fin de año, aunque el fino instinto popular desconfió de inmediato de la versión policial. Yo, por mi parte, testigo presencial, tenía motivos no sólo para dudar sino para afirmar que no había existido tal atentado y que, en el mejor de los casos, la custodia presidencial había actuado con precipitación, confundiendo las intenciones del desconocido. Como yo estaba seguro de que sólo había querido hacer llegar una carta al presidente de la Nación, así lo informé en la crónica (...) periodística que escribí sobre el suceso.

Me llamó el director del diario para preguntarme de dónde había sacado la versión del suceso que publicaba, aclarándome que era motivo de gran disgusto en las esferas oficiales. Fue inútil que explicara que había sido testigo: el diario rectificó lo publicado.

Pasaron las fiestas de fin de año y me había olvidado del episodio, cuando una mañana me volvió a llamar el director del diario, Camilo Villagra, quien me recibió acompañado del doctor José A. Tamborini, a quien conocía como ministro del Interior del doctor Alvear. A su pedido hice un relato verbal pormenorizado de lo que había ocurrido con el supuesto atentado; el doctor Tamborini me escuchó atentamente sin hacer comentarios y me despidió con una cariñosa palmada en el rostro. Pero, al parecer, las cosas no iban a quedar allí. Ciertamente, días más tarde, me volvió a llamar el director del diario y al llegar al despacho lo vi acompañado por el doctor Leopoldo Bard, quien me conocía por mi actuación como cronista parlamentario. Sin preámbulos, el doctor Bard me aclara que venía a buscarme para llevarme ante el presidente de la República. Me quedé petrificado ante la inesperada novedad y casi ni repuesto de la sorpresa salí acompañado por el doctor Bard, quien en su automóvil me condujo no a la Casa de Gobierno sino a la residencia presidencial de la calle Brasil. Yo iba en el trayecto sumido en lúgubres cavilaciones, meditando sobre la imprudencia de mi audacia periodística, cuando mi acompañante, viéndome tan nervioso y seguramente para tranquilizarme, me dijo que no me preocupara, que el Presidente quería saber lo que yo había visto el día del atentado. Me tranquilicé a medias, pero al llegar me había ganado la convicción de que el Presidente dudaba de las explicaciones de su propia custodia y quería tener una versión objetiva del suceso.

Tras la larga espera nos recibió Hipólito Yrigoyen, no en su escritorio sino en la sala que daba a la calle, de pie, apoyando su mano derecha en una mesa vulgar. Sin preámbulos y dirigiéndose al doctor Bard, con quien parecía tener trato frecuente, hizo una larga exposición sobre un tema que al parecer le preocupaba.

-Me han venido a ver los hombres del Ejército para hacerme partícipe de sus preocupaciones sobre ciertas actividades de las Fuerzas Armadas de Chile en la frontera con nuestro país. Les pregunté si lo que ellos temían era una invasión, pero no me supieron precisar circunstancias que justificaran sus aprensiones. No tardé en percibir que se trataba de una nueva tentativa de los mandos del Ejército que, desde tiempo atrás, pugnaban por mejorar y acrecentar sus armamentos sin parar mientes en que ni la situación de las finanzas públicas, ni las posibilidades del crédito, nos permiten erogaciones extraordinarias. No teman, les dije, ningún conflicto con Chile. Y para probar lo infundado de sus especulaciones pedí una comunicación telefónica con mi amigo Alessandri —prosiguió— preguntándole si se había suscitado algún problema. El líder chileno se mostró extrañado por mi pregunta, aunque admitió que también sus jefes militares le habían trasmitido alguna inquietud sobre las actividades fronterizas del Ejército argentino. En suma, quedamos de acuerdo en el fraternal diálogo telefónico de zanjar personalmente entre ambos cualquier dificultad que se presentara. Los hombres del Ejército presentes en mi despacho, tras haber oído la conversación de los dos hombres de Estado, celosos de mantener la paz, no tuvieron otra alternativa que postergar su inquietud armamentista.

De pronto entró en la sala uno de sus secretarios, quien, hablándole al oído puso fin a la entrevista.

-Espero verlos mañana —nos dijo.

Pero ese mañana no llegó nunca.

Todavía hoy me pregunto ¿qué quería saber de aquel joven periodista el presidente de la República? (…)


Buenos Aires. Reconstrucción del atentado contra el presidente Hipólito Yrigoyen, 1929.
Documento fotográfico. Inventario 32211.





Fuente: “Laiño recuerda, el atentado contra Yrigoyen” en Revista Somos N° 478, 22 de noviembre de 1985. Digitalizado por Mágicas Ruinas, aporte de Riqui de Ituzaingó.

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jueves, 18 de agosto de 2022

Guillermo Tello Rosas: “Exceso de formalismo” (1986)

Dentro del radicalismo hay una autocrítica implícita que es la constitución de prácticamente un nuevo partido. Me refiero al arribo a la conducción partidaria de una nueva generación política que no surge espontáneamente, sino como consecuencia de discusiones que arrancaron a finales de los 60 con los primeros grupos juveniles. En esos años se constituyó el Movimiento de Agitación y Lucha, y posteriormente el de la Juventud Radical. Luego, en Córdoba, surgió el Movimiento de Avanzada Revolucionaria, antecedente de Renovación y Cambio, con el objetivo de practicar una autocrítica superadora.

La militancia de la época se criticaba el exceso de formalismo en que nos movíamos. Tal es así que le llamábamos "la craneoteca” al lugar donde solía reunirse un equipo de profesionales -Grinspun, Concepción Elizalde- acaudillados por el doctor Arturo Illia.

Respecto de mi apoyo de la interna radical a la Línea Nacional que respaldaba a Ricardo Balbín frente al alfonsinismo, no me autocritico ya que la revalorización de Perón y el peronismo que nosotros proponíamos fue incorporada luego al cúmulo de elementos progresistas que introdujo Alfonsín

En los años que llevamos como gobierno, me resulta difícil encontrar algo que sea criticable en sí. Si bien ha habido fallas, las mismas se dieron por factores ajenos a nuestra política. Un ejemplo es el plano económico donde, agobiados por la herencia maldita de la dictadura, no contamos con el apoyo del sector privado, que era el que debía liderar el proceso de crecimiento y producir inversiones. Todos miraban al Estado, pero éste estaba agotado.

Un error importante, que si debemos admitir, tiene que ver con la política encarada para con el Poder Judicial, porque entiendo que los nombramientos y elecciones de jueces pudieron haberse realizado de otro modo. El funcionamiento actual del Poder Judicial es, sin duda, retardatario, por lo que necesita (hay conciencia de esto en el partido) ser remozado para hacer efectiva en el país la idea de justicia.






Fuente: “Exceso de formalismo” por el Diputado Nacional, Guillermo Tello Rosas, en Revista Crisis N° 42, 1986.

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viernes, 5 de agosto de 2022

Marcelo T. de Alvear: "Adhesión al Homenaje a Batlle y Ordoñez" (1937)

 LA ADHESION DEL DR. MARCELO T. DE ALVEAR

En respuesta a la invitación que el Comité de Homenaje a Batlle en Montevideo hizo llegar al doctor Alvear, el jefe de la U. C. R. envió el siguiente mensaje al presidente de aquél, señor Edmundo Castillo:

“De mi alta consideración :

He sido honrado por la invitación que Vd. me formula en su nota de fecha 13 del corriente en nombre del Comité de su digna presidencia , para concurrir y hacer uso de la palabra en el acto de homenaje popular al ilustre repúblico desaparecido, Batlle y Ordóñez, que va a celebrarse el próximo día 24.

Hubiera sido mi mayor deseo estar presente en esa celebración, cuyas proporciones y cuya repercursión en el alma del pueblo uruguayo descuento desde ahora. Pero las accidentadas circunstancias del movimiento político argentino actual, me privan de poder realizar ese propósito, y me apresuro a expresar el sentimiento de no poder llevarlo a cabo.

Quiero, sin embargo, aprovechar esta oportunidad, para hacer llegar a ese Comité la impresión que guardo en mi espíritu de la actuación de Batlle y Ordóñez, en favor de las instituciones democráticas de su país y toda América.

La figura de Batlle, cuya consagración ya se ha producido por la gravitación de su talento de estadista y de mentor espiritual de un pueblo, anticipándose así al juicio indudable de la historia, ha trascendido en mucho los límites de su patria, para extenderse a todos los países de habla hispana. Sus decisivas campañas por la liberación civil y política de su pueblo; sus iniciativas realizadas en gran parte gracias a su esfuerzo personal, en favor de una legislación avanzada y conforme con las exigencias y aspiraciones de los pueblos más civilizados; la rectitud y clarividencia de su juicio ; la firmeza de sus convicciones democráticas y la leal observación de los altos principios y normas de moral cívica que inspiraron su acción de líder político y de gobernante, han colocado a Batlle en la vanguardia de los estadistas más capacitados del continente.

Y fué tan segura y tan acertada su visión del porvenir , que aún hoy, en gran parte de América y hasta del viejo mundo, las naciones se de baten angustiosamente en procura de conquistas políticas y sociales que Batlle concibió y realizó en su fecunda acción de muchos años. El juicio de sus contemporáneos ha rodeado de respeto y consideración su severa figura de hombre público.

Tengo la absoluta certidumbre que la posteridad, no sólo confirmará ese juicio, sino que contribuirá a que los perfiles del eminente estadista uruguayo lo destaquen ante la opinión de las democracias americanas como uno de sus hijos más preclaros y uno de los más eficaces y gloriosos paladines de un alto ideal.

Ruego a Vd. interpretar mis sentimientos más cordiales ante los señores miembros de ese H. Comité, y acepte las seguridades de mi alta consideración y estima.

( Firmado ) : M. T. DE ALVEAR.”






Fuente: “Mensaje del Dr. Marcelo Torcuato de Alvear al homenaje a Batlle y Ordoñez” Revista Claridad, Año XVI, N° 319, Noviembre de 1937.

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lunes, 1 de agosto de 2022

Ricardo Balbin: "A mis amigos Doctores Mercader y Frondizi" (25 de mayo de 1950)

Doctores Mercader y Frondizi:

Mis amigos:

El dia que Argentina recobre su sentido moral -cuando en ella luzca el hombre y su personalidad; se inspiren sus gobernantes en sanas doctrinas civilizadoras; en el momento en que el Estado, la Escuela, la Universidad y las organizaciones del trabajo, merezcan tales titulos y cumplan con decoro su destino-, estas paginas volverán a leerse.

Entonces se valorarán los hombres que, como ustedes, sobreponiendose al miedo y a la época, supieron ser superiores, entregando con coraje y sin cálculo, la vida, la inteligencia y el saber, al servicio de las más nobles y levantadas causas argentinas.

Hay una generación que viene y para la cual trabajamos; yo prefiero que sea ella quien dicte para ustedes la palabra de reconocimiento; soy más feliz así, porque entre ella, vienen mis propios hijos.


Ricardo Balbín

Cárcel de Olmos.

25 de mayo de 1950

año del Libertador San Martín








Fuente: Dedicatoria escrita y firmada por el Dr. Ricardo Balbin al folleto “El proceso Balbin: ante la Cámara Federal: Alegatos de los doctores Arturo Frondizi y Amilcar Mercader., Editado por U.C.R.. Buenos Aires, 1950. En “Para ser una mujer” de Martha Mercader, Planeta, 1992.

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jueves, 28 de julio de 2022

Félix Luna: "A 50 años de un discurso histórico" (27 de julio de 2005)

Hace medio siglo, el 27 de julio de 1955, a las 21.30, Radio Belgrano irradió por primera vez en diez años una voz opositora. Quien hablaba era el presidente del comité nacional de la Unión Cívica Radical, doctor Arturo Frondizi. Fue un discurso de gran significación histórica por su contenido y repercusión, y sacudió tanto a la opinión pública como al gobierno de Perón.

La manera como Perón demolió su propio poder es un proceso digno de análisis. A fines de 1954 la hegemonía del líder justicialista era incontrastable. Contaba con un masivo apoyo popular, el respaldo del movimiento obrero organizado, el sostén de las Fuerzas Armadas. El aparato de información y propaganda que había montado era perfecto: sólo un par de diarios nacionales podía considerarse independiente y todas las radios del país formaban parte de una cadena abrumadora.

El deporte, la educación, los industriales, los distintos cuerpos sociales se alineaban en esa "comunidad organizada" con la que Perón había soñado desde sus comienzos políticos.

La oposición, asfixiada y sensible a las hostilidades que recibía, con escasísima representación parlamentaria en virtud de una mañosa ley electoral y sin acceso a ningún medio de difusión, se encontraba inerme. A fines de 1954, Perón podía mirar con satisfacción la realidad que había prolijamente repujado. La economía, aunque ahora crecía con la pujanza de los años de posguerra, todavía no presentaba motivos de alarma y Perón propiciaba una concesión a la Standard Oil sobre la mitad del territorio de Santa Cruz a fin de paliar la escasez de combustible líquido.

Fue precisamente en ese momento de triunfo total, en noviembre de 1954, cuando Perón lanzó un inesperado ataque contra la Iglesia Católica. Después del primer desconcierto, quedó claro que el líder justicialista había entregado a sus opositores una formidable trinchera de combate. La Iglesia, un cuerpo tan jerárquico, tan organizado y por momentos tan eficaz operativamente como el Ejército, animado además por la fuerza de su fe, se había convertido en el catalizador de todo el arco opositor, desde los partidos políticos hasta el estudiantado, desde la clase media y los pequeños productores rurales hasta los intelectuales.

En el contexto de este enfrentamiento, el 16 de junio se había perpetrado un brutal ataque aéreo contra la Casa Rosada y una sublevación de marinos y aeronáuticos que estuvo mal planeada y fue mal ejecutada. Se frustró rápidamente, pero los centenares de muertos de la Plaza de Mayo impusieron en la ciudad una atmósfera luctuosa. Esa misma noche, grupos que actuaron con total impunidad atacaron e incendiaron la Curia y las iglesias de San Francisco, Santo Domingo, San Ignacio, la Merced y otras menos céntricas. ¡Dios mío, qué enferma estaría mi patria para llegar a estos extremos de violencia!

Por qué Perón, en la cumbre de su poder, inició esta lucha demencial, nadie lo sabrá. Tampoco sabrá nadie por qué Perón, después de las llamaradas del 16 de junio, en vez de aprovechar su triunfo optó por ofrecer inesperadamente un ramo de olivo a sus enemigos y al país entero.

Una pacificación imposible

En efecto, el 5 y el 15 de julio, en sendos discursos, Perón habló de pacificación.

Reconoció que durante su gobierno se habían restringido "algunas libertades", anunció que dejaba de ser el jefe de una revolución "para pasar a ser el presidente de todos los argentinos, amigos o adversarios". Absolvió a los partidos opositores de toda participación en el golpe aeronaval. Al mismo tiempo cesó en los diarios oficialistas la campaña anticlerical, muchos presos políticos fueron liberados y se desprendió de sus colaboradores más detestados, Raúl Apold (secretario de Prensa), Angel Borlenghi (ministro del Interior), Armando Méndez de San Martín (ministro de Educación) y el consejo superior del partido peronista presidido por el almirante Alberto Tesaire.

Parecía que soplaba sobre el país un vientito fresco de conciliación porque, ¡oh, milagro!, trascendió que algunos dirigentes podrían hablar por radio, un hecho absolutamente insólito en el régimen peronista. El primero que usaría el micrófono sería, como era lógico, el presidente de la principal fuerza opositora, la Unión Cívica Radical.

Arturo Frondizi pasaba por su mejor momento. A los 47 años, estaba en la plenitud de sus facultades. Había sido un brillante diputado, el más importante del legendario "Bloque de los 44", y desde el año anterior presidía el Comité Nacional de su partido, no sin la resistencia de algunos correligionarios que lo acusaban de frío, maquiavelista y cripto-marxista, pero reconocían su inteligencia y capacidad política. Para quienes lo frecuentaban, Frondizi era un paradigma raramente visto en el escenario de la política argentina: un intelectual con aire de académico, pero, a la vez, un dirigente que disponía de toda la información posible y conocía a fondo los entresijos de la política partidaria y nacional.

La posibilidad de dirigirse al país entero por la radio, ese instrumento que Perón usaba admirablemente, fue cazada al vuelo por Frondizi. Días antes había dado indicaciones a su cercano colaborador Nicolás Babini para redactar un borrador cuyo texto hizo pasar, en el mayor de los secretos, a algunos de sus íntimos; entre ellos, Héctor Noblía y Julio Oyhanarte: este último fue quien agregó al borrador esa frase que restallaría como un latigazo cuando, refiriéndose a la proyectada concesión a la Standard Oil, la definió como "una ancha franja colonial cuya sola presencia sería como la marca física del vasallaje".

El 26 de julio se rindió homenaje a Evita en el tercer aniversario de su fallecimiento. Fue un recuerdo muy sobrio: ningún acto multitudinario, sólo una ofrenda floral depositada por su viudo en el hall de la CGT. La módica recordación fue indudablemente superada por la noticia que trajeron los diarios de esa fecha: al día siguiente hablaría Frondizi por Radio Belgrano.

Sería el primer hecho concreto de la proclamada pacificación. Pero la tragedia era que nadie creía en ella. Para Perón era sólo un intervalo para reacomodar sus fuerzas antes de asestar el golpe definitivo a sus enemigos. Para la oposición, que no creía en nada de lo que dijera el líder justicialista, la pacificación era sólo una oportunidad que habría de aprovechar para demostrar al país que estaba viva. No tenían motivos para guardarle la menor piedad puesto que no habían recibido de Perón más que hostilidades y persecuciones...

Ese día, poco antes de las 21.30, Frondizi, acompañado por unos pocos amigos, llegó al estudio de Radio Belgrano, que en ese entonces se encontraba en Ayacucho y Posadas.

En Buenos Aires se notaba una disminución del tránsito y había poca gente en la calle, como suele ocurrir cuando se va a transmitir un gran partido. Pero el fenómeno también sucedía en el resto del país. En Posadas, por ejemplo, la paralización de las actividades fue total. Es que la "Red Azul y Blanca de Emisoras Argentinas" llegaba a los puntos más remotos del país.

Hubo un momento de tensión minutos antes de que el orador comenzara, porque apareció en el estudio un coronel del SIDE (el aborrecido Servicio de Informaciones del Estado) anunciando que se encargaría de fiscalizar que lo que se dijera se correspondía con el texto escrito del discurso. En realidad, las palabras de Frondizi se grabarían y luego se retransmitirían con diez segundos de retraso.

Señalemos que, posteriormente, Alfredo Palacios habría de rechazar esta novedosa forma de censura y, en consecuencia, no pudo irradiar su mensaje. El dirigente radical, en cambio, hizo caso omiso de la interferencia porque era demasiado apetecible la oportunidad para perderla por una formalidad molesta pero irrelevante.

Y Frondizi habló. Los que lo escucharon aquella noche seguramente no habrán olvidado la voz abaritonada del dirigente radical, su impecable dicción, el fraseo redondo y neto de sus períodos. De por sí, el mensaje de Frondizi marcaba una diferencia abismal con el rutinario discurso del oficialismo, de vuelo bajo, escaso en ideas y monótono en la reiteración de consignas cada vez más vacías de contenido.

Pero no fue solamente una pieza oratoria excepcional por su forma. El mensaje planteaba serenamente las condiciones que requería una auténtica pacificación, negaba cualquier sospecha de odio o revancha, pedía una amnistía amplia y la derogación del "estado de guerra interno". Rechazaba la concesión de la Standard Oil y esbozaba líneas de política económica, social e internacional. Todo esto, sin agravios ni acusaciones, en un tono levantado, superior. En la errática locura de esos meses, el discurso de Frondizi aportaba un elemento de racionalidad, de cordura política.

Duró sólo media hora. Cuando Frondizi salió del estudio, hubo pañuelos saludando, desde los balcones, una multitud se había congregado a lo largo de la calle Posadas y bocinas triunfales sonaban en todo el país.

Fue el discurso de un estadista exponiendo su plan de gobierno. Esa noche quedaron en claro varias cosas. La primera, implícita: la pacificación era imposible mientras estuviera Perón. Otra: un gran partido estaba aguaitando el relevo, como un cazador que ha olido sangre y tiene a la presa en su mira. Una gran alternativa se abría ahora. Pocas veces el verbo tuvo una repercusión tan honda en la vida argentina.

Lo que vino después es sabido. La farsa de la renuncia de Perón el 31 de agosto siguiente, su desmelenado discurso de "cuando caiga uno de los nuestros caerán cinco de ellos", el ofrecimiento de armar la CGT que en la imaginación colectiva remitió a las milicias obreras de la Guerra Civil española.

Antes que pasaran dos meses del discurso de Frondizi, Perón se asilaba en la embajada del Paraguay y otro ciclo se abría en la Argentina. 










Fuente: “A 50 años de un discurso histórico” Por Félix Luna Para LA NACION, 27 de julio de 2005.

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lunes, 25 de julio de 2022

Benjamín Carranza: "La ética política era la diferencia" (24 de febrero de 2008)

Pocos dirigentes contemporáneos a Celestino Gelsi guardan un mal recuerdo del mandatario y de su gestión. Inclusive, dentro del espectro político no oficialista de la época, los referentes de la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP) reivindican el gobierno de Gelsi, de la UCR Intransigente (UCRI), aunque no dudan al marcar sus discrepancias con el partido gobernante.

"La diferencia entre la UCRI y la UCRP no era muy sustancial: era una diferencia de hombres, que explica un poco el mal que la política argentina, en general, sufre en la actualidad. Nosotros nos alineamos tras (Ricardo) Balbín, porque entendíamos que él encabezaba la línea de la ética y de los ideales radicales, mejor expresados que Frondizi. Este ya había sido candidato a vice con Balbín. Por eso, entendíamos que teníamos que irnos con Balbín. El debía haber sido nuestro candidato", aseveró Benjamín Carranza, abogado tucumano y referente de la UCRP que después, con poco más de 30 años, fue ministro de Gobierno de Lázaro Barbieri.

"Considerábamos que era espuria su llegada al poder (la UCRI había pactado el apoyo de los votos justicialistas con Juan Domingo Perón). La diferencia era una cuestión de ética política. Nosotros pertenecemos a la UCR, que siempre hizo bandera de la ética", aseveró Carranza. No obstante, elogió el gobierno de Gelsi. "Fue excelente, al igual que el de Frondizi, al que no lo dejaron gobernar. A Frondizi le decían long play, porque le hacían 33 revoluciones por minuto", rememoró con humor.

Se refirió también al rol que durante los gobiernos intransigentes cumplió la UCRP. "Por supuesto, éramos opositores; teníamos muchos representantes en la Cámara de Diputados. El peronismo estaba proscripto; por eso, teníamos que ejercer ese rol necesariamente. A partir de la ruptura, uno gobernaba y el otro era opositor", aseveró Carranza.

El dirigente radical también reivindicó el gobierno de Barbieri, cuya gestión, recordó, se inscribió en un contexto de severos problemas económicos y de un clima político cada vez más convulsionado, en todo el país.






Fuente: La Gaceta: "La ética política era la diferencia" Un ex funcionario de Lázaro Barbieri explica el rol de la UCRP por Juan Pablo Sanchez Noli – 24 de febrero de 2008.

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viernes, 15 de julio de 2022

José Claudio Escribano: "La memoria de un modelo" (15 de julio de 1999)

Aún cuando éstos no hayan sido los mejores años, hoy es un día para decir que en todo tiempo hubo políticos honestos, con sentido del desprendimiento personal y voluntad de servir. Y, si llevado por la corriente general, que nada distingue, alguien afirmara que el país carece de modelos de conducta política, bastaría, para señalar lo contrario, un nombre que prolonga otros nombres: Arturo Mor Roig.

Hoy se cumplen 25 años del asesinato de ese denodado luchador por la pacificación y el diálogo democrático entre los argentinos.

Los hechos ocurrieron pasado el mediodía, en un restaurante de Pichincha y la avenida Provincias Unidas, en San Justo. Lo mataron por la espalda. Fueron seis hombres, declararon los testigos. La acción engrosó el historial de Montoneros, la organización terrorista más importante de la época. Después, cantarían: "Hoy, hoy, qué contento estoy/ vivan los Montoneros/ que mataron a Mor Roig".

* * *

Una tarde de marzo de 1971 Mor Roig invitó a este cronista a charlar en un bar de la calle Florida. Estaba cayendo el presidente Roberto Levingston y de eso quería hablar. El general Alejandro Lanusse, comandante en jefe del Ejército, iba a hacerse cargo del gobierno. En sus planes Mor Roig figuraba como ministro del Interior. ¿Qué hacer?

No percibí vacilaciones. Mor Roig ignoraba, por cierto, que en esto le iría la vida, pero sabía que el precio político por aceptar sería alto. Lo recompensaba la ilusión de contribuir a institucionalizar el país tras cinco años de régimen militar.

El primer conflicto -vago, difuso- se produjo con su propio partido, la UCR, a cuya afiliación renunció. El doctor Ricardo Balbín había puesto sus mayores esfuerzos en la constitución de La Hora del Pueblo, un agrupamiento en el que convivían y daban batalla por una pronta salida electoral la UCR, el PJ, la democracia progresista, el socialismo argentino, los conservadores populares, el bloquismo de San Juan y un independiente, Manuel Rawson Paz.

Balbín, líder del radicalismo, temía que la aceptación de Mor Roig perturbara la armonía de esa confluencia multipartidaria y, más que nada, los incipientes acuerdos con el caudillo exiliado en Madrid. Fue, sin embargo, el peronismo, por boca del delegado personal de Perón, Jorge Daniel Paladino, el que más enfáticamente sostuvo que debía confiarse en Mor Roig.

* * *

¿Quién era este político perspicaz, de voz baja y vestimenta invariablemente oscura, estudioso, dotado de paciencia infinita para escuchar y forjar consensos, justo él que venía de un núcleo partidario que había levantado las banderas de la intransigencia? Era español, naturalizado argentino, padre de cuatro hijos. Hoy tendría 84 años. Había nacido el 14 de diciembre de 1914 en Lérida, Cataluña.

Había sido dos veces concejal en San Nicolás, diputado y senador provincial. Después del derrocamiento del presidente Frondizi, en 1962, sus aptitudes conciliadoras se habían manifestado en la Asamblea de la Civilidad, primer entendimiento posterior a la revolución de 1955 que procuró superar el largo ostracismo del partido fundado por Perón e incorporar al funcionamiento de las instituciones, por medio de la representación proporcional, a las fuerzas minoritarias.

Mor Roig condujo la Cámara de Diputados durante la presidencia del Dr. Arturo H. Illia. El espíritu con que atendió esa función quedó patentizado en la Comisión de Labor Parlamentaria, destinada a dar tratamiento ecuánime a los intereses y sensibilidades de todos los bloques del cuerpo. Al cerrarse el Congreso, en 1966, pudo decir, sin que nadie lo desmintiera, que era un hombre pobre; más precisamente: un hombre empobrecido por la política.

Era procurador. Se anotó como alumno en la Universidad Católica y aprovechó así los años del general Juan Carlos Onganía, de silenciamiento partidario, para estudiar ciencias políticas. Se doctoró con una tesis sobre el Parlamento.

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El hecho disparador de la reforma constitucional de 1994 fue la reelección del presidente en ejercicio. Pero más de veinte años atrás una comisión de once juristas, animada por otros propósitos, propuso, con los estímulos del doctor Mor Roig, una reforma con muchos puntos de contacto con la que se derivó del Pacto de Olivos: elección directa del presidente y vicepresidente de la Nación y posibilidad de reelección; ballottage, sólo para el caso de que ninguna fórmula hubiera obtenido la mayoría absoluta; jurado de enjuiciamiento para tribunales inferiores a la Corte, tercer senador... Tal reforma rigió para las elecciones nacionales de marzo, abril y septiembre de 1973, y para la instalación del gobierno del doctor Héctor J. Cámpora. Perdió la legalidad al vencer el tiempo establecido por la cláusula resolutoria que exigía su ratificación por una convención constituyente.

Mor Roig llevó consigo al Ministerio del Interior, como subsecretarios, a un maestro del derecho procesal, Augusto Mario Morello, de filiación demócrata progresista, y Guillermo Belgrano Rawson, del Partido Demócrata Liberal de San Luis. En los otros cargos se turnaron figuras de diversa procedencia cívica. Su primer candidato para ocupar la Dirección de Provincias, que no aceptó, había sido un joven poco conocido hasta que, dos años más tarde, venció al peronismo y sus aliados, quedándose con la banca de senador por la minoría de la Capital Federal: Fernando de la Rúa.

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Es difícil saber cuántas frustraciones padeció Mor Roig como ministro. Sirvió lealmente a un presidente que nunca ocultó la admiración por sus atributos morales. Pero que en algunas situaciones, como aquella de agosto de 1972,cuando dijo que "a Perón no le da el cuero para volver al país", expresaba un tono exasperado, de crispación, ajeno al temperamento de su ministro.

Perón volvió, sin embargo, tres meses después, al cabo de 17 años. Recuerdo que ya con el peronismo en el gobierno, en el departamento modesto que ocupaba en la calle Arenales, Mor Roig me refirió que fue por esos días tormentosos, de noviembre de 1972, que Lanusse le confió algo que en aquellas circunstancias estaba fuera de la imaginación de sus conciudadanos: que hasta ese momento había alentado íntimamente la ilusión de ser candidato a presidente, que ahora consideraba, como todos, mucho antes que él, de realización imposible. Con un carácter más fuerte que la inteligencia política, Lanusse terminó empujando al brigadier Ezequiel Martínez a encarnar esa candidatura sin destino.

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El crimen se cometió en San Justo porque los asesinos sabían que Mor Roig concurría periódicamente a almorzar a un restaurante próximo al establecimiento fabril de cuya dirección era asesor. Lo que no tenían por qué saber era que su magra remuneración no sólo era el único sustento, sino el medio para completar los aportes jubilatorios.

Ante su crimen, este diario lo despidió editorialmente como un ciudadano ejemplar. El Congreso de la Nación le rindió honores. Faltó decir que murió en el aislamiento político, con excepción de algunos fieles amigos. Se había cumplido la palabra de entregar el gobierno a quien triunfara en elecciones libres, pero el país prolongaba sus desdichas entre el desasosiego de la violencia y el caos de las facciones en el nuevo poder, hundiéndose irremediablemente en lo peor.

Sólo a fines de 1973, siete meses después de haber dejado el ministerio, por una intercesión amistosa del ex ministro de Defensa José Luis Cantilo, volvió a encontrarse, ya en el llano, con Balbín.

Muchos de los actores de ese tiempo han muerto. Si ese tiempo fuera recuperable, podría recabarse de alguno de ellos, del ex diputado Enrique Vanoli, un hombre de la intimidad del doctor Balbín, por ejemplo, el relato de la conversación furtiva sostenida días después del asesinato de Mor Roig con Roberto Quieto, líder de la subversión desaparecido a fines de 1975. No tanto para conocer la magnitud, que fue mucha, del desprecio de Balbín por los asesinos; en especial, para repetir lo que Quieto manifestó sobre los hechos de San Justo. Quiero decir, el relato de que en realidad a Mor Roig no lo mataron por haber sido ministro de Lanusse, sino como aviso de que los Montoneros debían ser tan tenidos en cuenta por el flamante gobierno de Isabel Perón como lo habían sido en esos días -principios de julio de 1974- los dirigentes de la oposición invitados a dialogar con la presidenta y sus ministros.

En verdad, la vida valía entonces tan poco como eso.








Fuente: "La memoria de un modelo" por José Claudio Escribano para La Nación del día 15 de julio de 1999.

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