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martes, 1 de septiembre de 2015

Francisco Barroetaveña: "Despues de la lucha electoral" (20 de abril de 1918)

Me pregunta mi impresión sobre el resultado y regularidad de las elecciones del 3 de marzo; y debo decirle que lo que he observado personalmente del gran acto comicial, es plenamente satisfactorio por su legalidad, civismo e imparcialidad de mesas y autoridades, como estoy alejado del trabajo eleccionario de barrio y de comité, ignoro si se han puesto en juego resortes oficiales vedados para influir en el elector.

La Capital ha presentado un plausible espectáculo, votando en libertad y orden completo, como 150.000 ciudadanos; pero ello no es obra exclusiva del pueblo y del gobierno en este momento, pues se observó lo mismo bajo los gobiernos de Sáenz Peña y de Plaza, con la gran ley electoral vigente.

En cuanto al resultado victorioso del partido radical, se explica por tres circunstancias favorables: Todos los ciudadanos dependientes del gobierno y de la municipalidad, desde altos empleados a modestos asalariados, carteros, etc., en su gran mayoría de 05 %, votan casi siempre por el partido que gobierna en la Casa Rosada, y son como 10.000, Los centros de obreros católicos y el núcleo de constitucionales, ídem, en odio a los socialistas, han votado por los radicales, y serán también ocho o diez mil hombres. Muchos socialistas obreros, en especial de ferrocarriles, habrán votado también por los radicales, en agradecimiento al Jefe del Estado, cuyo gobierno ha conseguido el aumento de sus salarios, disminución de horas de trabajo, reglamentación favorable del mismo e impunidad para sus desmanes y tropelías.

Estos tres factores han inflado grandemente al partido radical, que sin ellos, equivale al partido socialista, como lo probaron dos elecciones libres, sin abono de gobierno, donde el triunfo favoreció a cada uno alternativamente. Esto no significa que el partido radical no sea fuerte, disciplinado aquí y con hábil dirección; pero si el Presidente fuera socialista, se invertirían a su favor las cifras del comicio actual.

En fin, ha triunfado la libertad dentro del orden, y todos debemos felicitarnos de ello.

Hay que dar ejemplo de tolerancia, de nobleza y de respeto al derecho ajeno, como lo aconseja una elevada moral, — como lo proclamó Roque Sáenz Peña al triunfar loa radicales en Santa Fe: «Bienvenidos los vencedores, quienesquiera que sean»; como lo proclamó Urquiza en Caseros: «No hay vencedores ni vencidos, sino argentinos de la misma patria»; como lo practicó Mitre después de Pavón, llamando a colaborar en su gobierno a conspicuos personajes de la Confederación, Esta grandeza de alma es infinitamente superior al orgullo y a la intolerancia del vencedor, a la chocante y vulgar presunción de considerarse superhombres, inventores de la moral, de la dignidad cívica y del patriotismo. Por cultura y por buen gusto, hacemos la venia a los vencedores, sin reconocerlos semidioses.












Fuente: Entrevista a Francisco Barroetaveña en  "Despues de la lucha electoral", Caras y Caretas del 20 de abril de 1918.



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sábado, 29 de agosto de 2015

Emilio Dupuy de Lome: "Don Hipólito Yrigoyen no es doctor, pero es abogado" (7 de octubre de 1916)

Es indudable que don Hipólito Yrigoyen, es, hoy por hoy, el ser que goza de mayor popularidad en toda la República.

Pocas serán sin duda las personas, que al cabo del día se acuesten sin haberle nombrado dos o tres veces o haber escuchado su nombre otras tantas, en la calle, en el café, o en el tranvía.

Don Hipólito, ha resuelto, no decir, sobre su gobierno «oste ni moste»  antes del 12 de octubre, y su silencio ha dado lugar a que medio mundo se crea en el secreto de sus pensamientos y así vemos, que unos afirman que no prestara juramento; que otros sostienen que jurará la trasmisión del mando; que otros, dicen que su Ministerio será compuesto solo de provincianos desconocidos en el ambiente político porteño, y otros, en cambio, le dan al doctor Lobos, la cartera de Hacienda; al doctor Saguier, la de Relaciones Exteriores, o a don Manuel Lainez, la Dirección General de Escuelas… todo ello como cosa resuelta. Lo cierto es que nadie sabe nada y que, cansado de sondear el futuro indescifrable, el reporter tiene que volver los ojos al pasado buscando las notas de interés que haya en la vida del que regirá los destinos de la patria dentro de pocos días.

Como algunas personas y diarios, llaman a don Hipólito «Doctor» y otros solo le dicen «Señor Yrigoyen o Don Hipólito», creí de interés para el lector, averiguar, si era o no «Doctor» el futuro mandatario.

Lego en materias de abogacía y no sabiendo como encontrar en los archivos de la Facultad las pruebas que deseaba, le pedí a un estudiante de Derecho que me guiase.

Este estudiante es radical empedernido, acababa de ser nombrado secretario de un comité seccional, se llama Lucio Manuel Moreno Quintana, y es nieto del ex presidente don Manuel Quintana y ¡buena coincidencia! Como su abuelo, se inicia a los 18 años en la política activa.

El me llevo a los archivos y enseñándome los viejos y destartalados libros de la antigua Universidad de Buenos Aires, me demostró que don Hipólito había estudiado el curso completo de derecho, de cuatro años, por aquel entonces, no como hoy que exige la Facultad un curso de seis años para otorgar el titulo de doctor en Leyes.

En el folio 55 del libro de Matriculas del 4° año de jurisprudencia correspondiente al año 1877, dice en el 4° renglón: «68, Hipólito Yrigoyen, 22 años, de Buenos Aires, domiciliado Cangallo, 1069, - Derecho Civil, Constitucional, Canónico y Económicos».

Según dicho libro y entresacando nombres de la larga lista de compañeros que don Hipólito tuvo en los años 76 y 77, encontramos a Marcelino Ugarte, Julio Botel, Melitón R. Zeballos, Conrado Chávez, Manuel J. Gonnet, Mariano J. Paunero, Daniel M. Escalada, Ramón Victorica, Alberto Navarro Viola, Alberto Posse, Isaías Mendiburo, José Antonio del Pino, Benjamin Leguizamon, Roberto Levingston, Arturo Gramajo, Alejandro Sorondo, Luis María Drago, Rodolfo Rivarola, Ernesto Quesada, José María Malbran, Alberto Blancas, y varios otros cuyos nombres figuran hoy en nuestro mundo intelectual, financiero y político.

Fueron sus examinadores los doctores Leopoldo Basavilbaso, José María Moreno y Pedro Goyena.

A mas de los cuatros exámenes que con brillantes notas dio don Hipólito al terminar cada uno de los años de estudio, debió rendir el final o de conjunto «Examen de Tesis» que se llamaba entonces, pero no llego a darlo, pues por aquella época, don Leandro Alem, su tío y decidido protector, le llevo de practicante a su estudio.

Tenia el estudio el doctor Alem en sociedad con el notable abogado don Bernardo Solveyra y estaba este situadote esto hace cerca de 34 años, en un edificio que hoy ya no existe en la calle Rivadavia, entre Florida y San Martín, donde actualmente esta la armería de Rassetti.

Los doctores Alem y Solveyra eran diputados nacionales y ambos mas dedicados a la política que a su estudio, dejaron el «bufete» en manos, casi puede decirse, del hoy electo presidente; tal era la fe que su pericia en leyes les inspiraba y tal confianza que en su saber tenían.

Yrigoyen, entregado en cuerpo y alma al «estudio» de los doctores Solveyra y Alem, descuidó sus asuntos propios y fue dejando un año para otro el examen de tesis, resumen de los cuatro ya dados, que le hacia falta para obtener su titulo de Doctor, pero escribió su tesis sobre Federalismo argentino, tesis que después no quiso presentar, pues decidido a no seguir leyes, se ve que no se interesó mas por el titulo.

Pasaron así algunos años, en que se dedico al trabajo de estanciero, hasta que envuelto también en la política, dejo en el mas absoluto olvido la consagración de sus derechos bien adquiridos al titulo de Doctor en Leyes ya que había rendido los cuatro exámenes parciales, y había practicado la abogacía en un estudio de la importancia del de Alem y Solveyra.

Don Hipólito Yrigoyen, no es, pues, «Doctor» de hecho, según reza en los viejos libros de la Facultad, pero es abogado de derecho.














Fuente: Emilio Dupuy de Lome: "Don Hipólito Yrigoyen no es doctor, pero es abogado" en Caras y Caretas del 7 de octubre de 1916.




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viernes, 28 de agosto de 2015

Raúl Alfonsín: "Mensaje al Congreso de la Internacional Liberal" (3 de octubre de 1985)

Agradezco esta honrosa distinción con la sincera humildad que brota de reconocer, tanto la importancia del premio, como que su destinatario es un pueblo que desde sus orígenes lucha por la libertad.

Expreso mi agradecimiento, pues, en nombre del pueblo argentino, artífice y protagonista de una marcha iniciada hace más de dos años para la recuperación definitiva de la libertad y la consiguiente restauración de la dignidad de los hombres.
Pensamos que es esta una inmejorable oportunidad para proponer algunas reflexiones sobre el método de la libertad a partir del pensamiento, de las actitudes y de las enseñanzas de otros hombres que hicieron de ese método la razón misma de su existencia.

El autor de los ideales de la humanidad, Karl Christian Friedrich Krause, tuvo una gran influencia en España durante el final del período tradicionalista, el desarrollo y crisis del romanticismo y los primeros cuestionamientos al positivismo. La humanidad, para Krause, es el conjunto de seres que se influyen recíprocamente en forma incesante y se vinculan con Dios en la búsqueda de la unidad suprema.

Un momento culminante en el desarrollo de las formas temporales de la búsqueda de esa  unidad es, para él, cuando la historia comienza a buscar su propia racionalidad. Krause sostenía que el ideal de la humanidad no podía ser ni el dominio del estado sobre los individuos ni el dominio de un estado sobre los otros, sino las federaciones, que permitían en cada una de sus gradaciones, el libre despliegue de todas las peculiaridades. Krause definía al derecho como un sistema de condiciones temporales dependientes de la libertad, necesario para el cumplimiento del destino nacional.

Ustedes conocen perfectamente la gran influencia que el krausismo tuvo en la política española, a través de Castelar, de Salmerón, de Pi y Margall, de Francisco Giner de los Ríos, de Julián Sanz del Río, de Julián Besteiro, de Gumersindo de Azcárate, el mismo Miguel de Unamuno y de Fernando de los Ríos.

En el Colegio Internacional, fundado por los krausistas en 1866, asistieron a los cursos
Fernando de los Ríos y Julián Besteiro. Contemporáneamente, en las clases para impresores se formaba un muchacho gallego al que sus amigos llamaban Paulino: era Pablo Iglesias, el futuro fundador del socialismo español.

Fue Azcárate, precisamente, quien habló del liberalismo señalando que los liberales habían hecho una formidable crítica a la intervención del Estado, pero de allí supusieron que, eliminada esa intervención, todo lo que sobrevendría sería de por sí justo y conveniente.

Azcárate recogía la idea de Krause sobre la armonía natural, pero decía que la libre competencia no llevaba automáticamente a la armonía de todos los intereses por la simple abstención del Estado.

Es que había que imaginar la armonía quizás menos como un dato de la realidad que como objetivo a concretar partiendo de esa realidad que la reclamaba y, en cierta forma, la presuponía.

Frente a un liberalismo muy individualista, Azcárate interpretaba al krausismo diciendo que era necesaria cierta intervención, pero más que intervención estatal, hablaba de intervención social, o sea, participación activa de todos los grupos y organismos autónomos que componen la sociedad.

Mientras que el estatismo cercena la personalidad y considera al individuo como un puro accidente, la sociedad puede intervenir a través de los organismos sociales manteniendo a la intervención estatal propiamente dicha en un papel subsidiario. “Este es el buen camino — decía—porque es el único modo de conciliar las dos tendencias del individualismo y del socialismo en lo que tienen de sanas: la libertad que aquel sostiene y la organización a que éste aspira”.

El gran krausista español, Sanz del Río, fue quien enseñó que “en política, el filósofo respeta y obedece la Constitución positiva de su pueblo, acepta leal y libremente sus consecuencias con puro sentido del bien público.” “Condena la violencia, venga de donde quiera, porque toda reforma sólida y durable debe concertar con el Estado contemporáneo social y debe prepararse mediante la educación del pueblo y no por otros medios.”

Krause había antepuesto la idea de armonía a la de contradicción, lo que tuvo importancia política y social. La filosofía de Hegel, que ha inspirado, no por casualidad, a esquemas autoritarios de distinto signo, sostenía que la síntesis era el resultado de la contradicción. Su camino era afirmación-negación-síntesis y en ese esquema se sustentó toda su dialéctica, dialéctica que justamente quiere decir lucha. Para Krause, era al revés: la unidad era anterior a la contradicción. Sanz del Río dijo que en el idealismo krausista la unidad era el ideal de la razón humana.

El racionalismo armónico de Krause es la unidad fundando la diversidad “conteniéndola, determinándola, como forma de su interioridad”.

Por eso es coherente Sanz del Río cuando dice: “La sociedad no debe pesar sobre el hombre, sino facilitar su cultura humana. Todo hombre tiene derechos absolutos, imprescriptibles, que derivan de su propia naturaleza y no de la voluntad, el interés o la convicción de sus semejantes: los derechos a vivir, a educarse, a trabajar, a la libertad, a la igualdad, a la propiedad, a la sociabilidad. La sociedad puede y debe organizar estos derechos en el interés de todos, en favor de su coexistencia y de su cumplimiento; puede y debe castigar su infracción o violación para restablecer el derecho y la ley y corregir la voluntad del culpable, pero no puede privar de estos derechos a nadie. Deberán, pues, ser abolidas las penas irreparables y toda Institución o Estatuto contrario a la razón. La persona humana es sagrada y debe ser respetada como tal”.

La transformación humana en un sentido ético era el objetivo fundamental de esa filosofía, con antecedentes kantianos. Ese requerimiento ético acompañó la idea progresiva de modernidad, ya que la modernidad era impensable sin una actitud pedagógica que se transmitiera, tanto a través de la instrucción como del ejemplo. La incorporación a la política de inmensos sectores campesinos, pero también urbanos, iba inseparablemente unida a una nueva relación con estos sectores y al establecimiento coherente e integral de nuevas reglas de juego.

El pensamiento krausista llegó al Río de la Plata a mediados del siglo XIX, pero enseguida adquirió entre nosotros un florecimiento extraordinario, como si el formidable esfuerzo de la construcción material del Nuevo Mundo requiriese una propuesta moral que le diera sentido.

Aquel liberalismo armonioso del pensador alemán y que tan ricamente desarrollaron sus discípulos españoles habría de tener entre nosotros un destino singular. Se transformó en nutriente filosófica de un vasto movimiento popular. Que nacido de la revolución de 1890, devino en la Unión Cívica Radical, este partido hoy casi centenario al cual la ciudadanía argentina le ha confiado especialmente la tarea de reparar, reconstruir y modernizar la Nación.

La historia por momentos sorprendente del radicalismo argentino, que ha sobrevivido lozano y fecundo durante tanto tiempo en una tierra de contrastes fuertes y cambios súbitos, no puede sino explicarse por la naturaleza de su estructura conceptual y la capacidad de sus ideas para expresar el sentimiento profundo de nuestro pueblo.

Hipólito Yrigoyen dio al movimiento radical un sentido de liberalismo solidario cuyas resultantes políticas cubren toda la historia de la Argentina moderna y se reflejan en la vida del continente, desde movimientos esencialmente liberales y modernizantes como la reforma universitaria del 18 hasta las expresiones más generosas de la solidaridad que se expresan hoy entre nosotros con el nombre de justicia social.

No es poca virtud que la claridad del pensamiento filosófico nos haya permitido a los radicales argentinos mantener nuestra originalidad política en un ámbito de enfrentamientos crueles entre posiciones políticas extremas.

Nuestra independencia ideológica se ha preservado por la sola afirmación de nuestros principios sin que tuviéramos que buscar definiciones en contraposición con los demás. No hemos sido anti-nada. Somos una afirmación de ese liberalismo solidario de Yrigoyen que hace de los hombres políticos servidores de una ética y despeja el camino del progreso con el sencillo arbitrio de pensar siempre hacia adelante despreciando las oportunidades de victorias subalternas.

Podría decirse, en ese sentido, que los radicales argentinos somos, en definitiva, viejos liberales y viejos socialistas. Y es en la armonía práctica de estos dos principios donde hemos encontrado la fertilidad y la permanencia de nuestro mensaje político.

La armonía de las dos propuestas evoca con naturalidad al gran pensador italiano Carlos
Rosselli quien ya en 1930 había dicho: “El liberalismo se ha familiarizado con el problema social. Difícilmente, es verdad, pero claramente, el socialismo se libera de sus visiones utópicas. Una sensibilidad nueva se estremece en él para los problemas de la libertad y de la autonomía”.

Esto lo había escrito Rosselli hace 55 años y había agregado: “¿Se ha vuelto liberal el socialismo? ¿Se vuelve socialista el liberalismo? Lo uno y lo otro. Dos visiones muy elevadas pero unilaterales de la humanidad, tienen tendencia a compenetrarse recíprocamente, a completarse una sobre otra”.

Un argentino ilustre de la primera mitad del siglo XIX, Esteban Echeverría, planteó esa síntesis de libertad y justicia que guió a Rosselli. Echeverría decía que la asociación es la condición forzosa de toda civilización y de todo progreso, y agregaba: “Para que la asociación corresponda ampliamente a sus fines, es necesario organizaría y constituirla de modo que no se choque ni se dañen mutuamente los intereses sociales y los intereses individuales. En la alianza y en la armonía de estos dos principios estriba todo el problema de la ciencia social: la sociedad no debe absorber al ciudadano, ni exigirle el sacrificio de su individualidad, el interés social tampoco permite el predominio exclusivo de los intereses individuales, porque entonces la sociedad se disolvería, al no estar sus miembros ligados entre sí por vínculo alguno común”.

Es que existen infinitos puntos de acuerdo y de solidaridad entre las grandes tendencias democráticas de nuestro tiempo. Hoy en día es imposible pensar que nuestro deber sea algo distinto al de asegurar simultáneamente la paz y la libertad; la paz y la libertad basadas en la verdad; la paz y la libertad en la búsqueda de una justicia que otorgue contenidos concretos a la convivencia humana.

La Internacional Liberal ha definido esos contenidos como principales desafíos que enfrenta la sociedad contemporánea, en su congreso de 1981: las dos terceras partes de la humanidad está sujeta a regímenes que no respetan los derechos humanos.

La desigualdad entre los países desarrollados ricos y los países en vías de desarrollo o subdesarrollados, pobres, es creciente.

El deterioro de la relación de intercambio es creciente.

La amenaza que pesa sobre el medio ambiente y la calidad de vida es también creciente.

No cesan las graves tensiones entre Estados y grupos de Estados.

La carrera armamentista pone en peligro la existencia misma de la raza humana.

Existen discordias e insatisfacción en el seno mismo de las democracias industriales.

Esta interpretación tan certera de los problemas contemporáneos ha sido realizada por hombres del liberalismo, pero pensamos que no les pertenece solamente a ellos, sino que es patrimonio común de las mentes sanas y lúcidas de nuestro tiempo.

Señores: aunque la vida cotidiana y la tarea política de nuestros tiempos parecen estar marcadas por los problemas del progreso material y en particular por hechos económicos, quiero afirmar aquí mi convicción de que la herencia histórica del siglo XX recordará menos nuestros importantes progresos materiales que la profunda revolución de la libertad de que somos protagonistas.

Es manifiesto el impulso del progreso material que, aunque mal distribuido, está marcando nuevas categorías y posibilidades para todos. Es maravilloso y por momentos sobrecogedor el ritmo del progreso técnico y científico que está modificando los valores tradicionales de tiempo y espacio, ofreciendo a la civilización no sólo nuevos medios sino también una mayor confianza en la capacidad de los hombres para cumplir el destino vital de una superación continúa.

Pero los hombres comprometidos en la acción política sabemos que los progresos realizados en la conquista de la libertad son la verdadera maravilla de este siglo. La humanidad ha dejado atrás la esclavitud, ha dado pasos sustanciales hacia la igualdad sexual, ha revisado y fulminado viejos mitos sobre las diferencias raciales y ha condenado la antiquísima práctica del colonialismo.

Los anacronismos que perduran, y que tanto nos duelen a españoles y argentinos en Gibraltar y Malvinas habrán de dejar lugar prontamente a soluciones de razón. Lo esperamos con la fuerza y el ánimo tranquilo de quienes caminan en el sentido de la historia.

Nuestro siglo ha roto cadenas milenarias y para ello han dado su vida millones de seres humanos y cientos de millones han aprendido a vivir en un estado de permanente vigilancia democrática. Afirmo que ninguno de los progresos técnicos del siglo XX, es más importante ni será más duradero que estos progresos políticos y morales de la civilización y declaro que para mí el siglo XX es el siglo de la libertad. Tengo la esperanza de que en el siglo XXI, que ha de empezar pasado mañana,

La libertad sea la regla de las relaciones humanas, de modo que su sola ausencia acarree para los culpables vergüenza, marginación y condena.

Porque los progresos de la libertad han sido más importantes que los progresos de la técnica, es que tenemos una visión optimista del porvenir. El aspecto diabólico y aterrorizador de algunos progresos científicos de las últimas décadas está contenido en esta más acelerada revolución de la libertad. El progreso técnico y científico puede y debe seguir siendo impulsado, sin miedo a sus consecuencias, mientras los progresos morales, sociales y políticos tengan el vigor de que hemos sido protagonistas o testigos.

Pero es condición necesaria de la seguridad común que el progreso moral siga estando por delante del progreso técnico y material. O sea, que sigamos realizando en el presente y en el futuro el equilibró de que los cambios morales, sociales y políticos, encabecen el progreso de la humanidad.

Ese y no otro es el sentido de la prédica que los dirigentes democráticos de América Latina venimos realizando con perseverancia en todos los toros internacionales.

El progreso técnico y material del mundo no puede hacerse con agravio de las naciones menos desarrolladas y necesitamos, por lo tanto, urgentes reformas políticas a escala internacional, para que la fórmula de armonía a que me he referido no resulte invertida y desvirtuada en nuestras tierras.

Si el progreso técnico y material no alcanza en una proporción razonable a todos los hombres, la maravilla de unos se convertirá en la vergüenza de otros. Debemos procurar, por lo tanto, que el siglo XXI sea el siglo de la justicia, como lo habría querido el liberalismo solidario de Hipólito Yrigoyen y como lo quiere el liberalismo moderno que ustedes enarbolan.

De este modo se abre ante nosotros el espectáculo promisorio de una nueva fundación política. Echeverría, Krause, Yrigoyen, Iglesias y Rosselli nos van señalando el sendero de una convergencia definitiva entre el arquetipo liberal y el arquetipo socialista, de modo que al siglo XX de la libertad lo suceda el siglo XXI de la justicia.

Tengo la esperanza de que la rica labor de los pensadores y la experiencia cotidiana de los dirigentes políticos produzcan un fruto capaz de acercar algunas expresiones que hoy parecen contrapuestas y que pueden ser no más que los puntos de partida diversos hacia un destino común.

Esta esperanza implica una fecundación. Porque aunque no podemos adelantamos a la tarea difícil de repensar los grandes principios políticos, podemos esperar que de esa convergencia que hoy intuimos surja un nuevo arquetipo capaz de dar respuesta a los nuevos sueños de la humanidad.













Fuente: Mensaje por el embajador de Argentina en España, Hugo Gobi, del Sr. Presidente de la Nación, Dr. Raúl R. Alfonsín, dirigido al Congreso de la Internacional Liberal que le confirió el premio a La Libertad, en Madrid, España, el día 3 de octubre de 1985. Reproducido en la Compilacion de Mensajes y Discursos de Eduardo Rivas.
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jueves, 27 de agosto de 2015

Fernando de la Rúa: "La Fe en el Derecho" (7 de abril de 2015)

Señor Rector, Señor Presidente Fundador de la Universidad, Señor Decano; señor Presidente y miembros de la Academia Peruana de Derecho; señor Embajador argentino; catedráticos, estudiantes; señoras y señores:

La Academia Peruana de Derecho sesiona. Es un acto de fe en el derecho. Agradezco el honor de incorporarme como miembro honorario. Agradezco también  a esta prestigiosa Universidad la designación de profesor honorario. Quiero hablar de la fe en el derecho. El Derecho como orden fundante de la vida colectiva sólo puede entenderse como unidad. La unidad del orden jurídico significa que hay normas integradoras que consagran los derechos y normas realizadoras para aplicarlas en lo concreto  si fuesen violados. Lo explicaba Salvatore Satta cuando se refería a lo abstracto de la norma que se hace concreto en la decisión del juez. Kelsen describía las normas generales y que el juez dictaba una norma individual en la sentencia. De esto provino el error de la teoría egológica de Carlos Cossio quien sostuvo la capacidad del juez para crear el derecho lo que le permitía apartarse de la norma. Fue Calamandrei quien rechazando ignorar la norma habló de “la garantía de justicia de la legalidad”. Sólo el legislador dicta normas y el juez las aplica pero tiene vedado apartarse de aquellas o crear otras nuevas. Esta es la expresión de la unidad del orden jurídico. Es el sistema de derechos que debemos defender. Sólo él brinda seguridad y protege la libertad. Lo establece el poder legislativo por la voluntad popular y lo resguarda  la garantía de justicia que brindan los jueces. Fin del derecho es la paz y la justicia. Resume la  experiencia de la vida fundada en la equidad, la solidaridad y el respeto al otro. El conjunto normativo constituye el Estado de derecho por oposición a la arbitrariedad y la violencia.

He vivido esa experiencia. Naturalmente, como miembro de la sociedad; luego como abogado. Legislador, promoví leyes nuevas sobre situaciones no previstas. Como Presidente apliqué la Constitución e hice cumplir la ley. Y cuando dejé de serlo conocí la peor cara del abuso del derecho y afronté la persecución de gobernantes y de jueces. Actué según la ley, sometiéndome a ella. Luché por mi dignidad y acá vengo limpio ante ustedes, cerradas  las inicuas causas. Actué ante la adversidad con fe en el derecho, vencí al abuso e hice triunfar la ley. El derecho significa la lucha cotidiana por su vigencia. La humanidad registra enormes progresos a lo largo de su historia. Cito el 1500 como año paradigmático. Las naos de Colón llegan a América y dan una nueva comprensión del mar y de la tierra. Se crearon las universidades extendiendo el conocimiento. Y Gutenberg inventa la imprenta diseminando el libro base de la nueva cultura. Eran tiempos de cambio y empezaba una grave conflictividad religiosa. Saltemos el tiempo.

En el siglo XX hubo increíbles si asistiéramos a una inmensa biblioteca, y surgen las redes sociales y una revolución educativa que, aunque todavía en ciernes y atrasada, transforma el mundo de las ideas. No es justo dejar el derecho al margen de ese formidable crecimiento, anclado en las viejas fórmulas del Digesto, en los textos de los glosadores o  el genio de los codificadores napoleónicos.  El derecho creció y se transformó, absorbió nuevos conceptos, se preparó para un mundo mejor. Es reciente la globalización y el acercamiento de los sistemas anglosajones y latinos bajo un ideal común de justicia y hasta de fórmulas parecidas. Hubo importantes innovaciones, es cierto. Pero también crisis y abuso. Hubo progreso pero al mismo tiempo regresión. El derecho, destinado a servir a la vida, fue la herramienta falsa de los peores excesos. Las teorías del derecho libre, la jurisprudencia de los intereses y la fórmula marxista del interés del pueblo, son ejemplos de las peores deformaciones que llevaron a los peores crímenes. La extensión moderna del derecho es tangible y se encuentra en el reconocimiento del derecho del hombre a la protección del ambiente; su defensa como consumidor; el derecho a la información;  la no discriminación; la defensa de la familia y la niñez. La globalización origina la regulación de los grandes movimientos financieros y controles bancarios contra la corrupción y el terrorismo. Se incorporan los delitos de lesa humanidad como el genocidio, el narcotráfico, el terrorismo y la trata de personas. El derecho internacional, a partir de una concepción de vecinos en vez de enemigos en la Carta de las Naciones Unidas y en la OEA y la Unión Europea, crea o alienta el Tribunal de la Haya, la Corte Europea, la Corte de San José de Costa Rica, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Corte de Roma. Se firman tratados de protección de los derechos del hombre con vigencia efectiva en el derecho interno de los países signatarios; y se defiende la democracia republicana como el sistema que garantiza la libertad y la vida, en la Carta Democrática de Lima de 2001 a partir de lo ocurrido en Perú. Cuando ese año hablé como Presidente en la OEA proclamé el principio de “no indiferencia” como complemento de la “no intervención”. 

Es válido y aun debido denunciar y opinar contra las desviaciones que burlando la democracia cometen algunas dictaduras electivas. Porque aparece también el rostro sombrío de las regresiones. Se ocasionan grandes males. El derecho al medio ambiente no evitó los desastres del cambio climático, la tala de bosques, la contaminación, el enrarecimiento del aire y  la falta de agua. Un ejemplo: la mafia de la basura descripta en “Gomorra”, con la disposición abusiva de material sensible, informático o radiactivo, hace perversos negocios. La igualdad sufre formas de odio racial o religioso.El terrorismo intensifica su violencia. Aumenta el lavado de dinero producto del delito. Crece la trata de mujeres sometidas a explotación y violencia. La pobreza aumenta. Hay hambre y falta de agua potable y explotación de la atención de la salud. Es una negación de la dignidad del hombre, de la libertad y los derechos humanos. Crece la corrupción estatal perjudicando a los que menos tienen mientras se enriquecen los que burlan la ley. El mundo asiste una crisis moral y al extravío de los valores éticos. Ay!,  herida América Latina!

Asistimos con dolor a graves situaciones de abuso del derecho. Se desvirtúa la democracia cuando invocando sólo el origen electivo de un gobierno se impone la fuerza y se olvida la ley. Gobernantes inescrupulosos se creen autorizados por su sola elección a negar la República. Esta garantiza la libertad por la separación de los poderes; su negación mata la libertad por la concentración del poder en uno solo. Con la apariencia de la democracia vale la fuerza y no el derecho. 

¿Qué diferencia hay entre cerrar un Congreso y dispersar a los legisladores, con el acto autoritario de expulsarlos y encerrar a los opositores? ¿Acaso se puede silenciar a la prensa y negar el acceso a la información? ¿Qué diferencia hay entre la dictadura y la manipulación de los jueces? Si esto sucede la pregunta es una admonición: ¿qué hacen los jueces? El orden jurídico se vive, es la vida de las sociedades, que  sólo se garantiza mediante jueces independientes, con libertad y sin miedo. Dijo Couture: “El día que los jueces tengan miedo ningún ciudadano podrá reposar tranquilo”. 

Se quiere imponer una escena de impunidad o de extorsión, que es lo contrario al Estado de Derecho, al sistema constitucional, al régimen republicano y a la genuina democracia. Estamos ante el deber de rescatar el valor del derecho y la garantía de justicia. Obremos con la fe del molinero de Sainssouci que cuando el emperador quiso demoler su molino porque afeaba la vista de su palacio de Postdam se defendió diciendo “aun hay jueces en Berlín” capaces de amparar su derecho.  La Academia Peruana de Derecho sesiona. Que sea un acto de fe en el derecho y el reclamo de una efectiva garantía de justicia.

Muchas gracias.











Fuente: Clase “La Fe en el Derecho” del Profesor Doctor Fernando De La Rúa que fue designado Miembro Honorario de La Academia Peruana de Derecho en la sesión extraordinaria del día 7 de abril del 2015.









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martes, 25 de agosto de 2015

La Época: "Las autonomias provinciales son de los pueblos y para los pueblos" (10 de enero de 1917)

El ministro del Interior, contestando a la insólita nota que le presentara ayer el gobernador de la provincia de Buenos Aires, le ha dirigido el siguiente telegrama, tan claro, firme y sereno que huelga a su respecto toda explicación o comentario.

Dice así el telegrama del ministro del Interior:

A S. E. el señor Gobernador de la provincia de Buenos Aires:

He recibido la nota de vuestra excelencia contestando a mi telegrama, que vuestra excelencia llama 'preventivo', dirigido con motivo de un atentado criminal ocurrido en Tres Arroyos. Parece que la imaginaria prevención ha tenido todos los efectos deseables, puesto que ha dado oportunidad para que vuestra excelencia asuma una actitud de apología propia y de defensa contra supuestas amenazas con lo cual resultaría acreditada la irregularidad de una situación que necesita excusarse con tanta urgencia y anticipación.

La nota de vuestra excelencia requiere una respuesta, que doy con carácter de final, ya que no es oportuno, ni regular, tratar estos asuntos en forma de polémica epistolar.

Cuando, en uso de atribuciones constitucionales evidentes y siguiendo precedentes numerosos y conocidos, llame la atención de vuestra excelencia sobre una agresión realizada por individuos maleantes contra un ciudadano respetable y por razones políticas, no supuse que habría vuestra excelencia de acudir a las grandes y sonoras frases, mil veces reeditadas de la autonomía provincial, y de la independencia de la acción judicial. No escapara al criterio de vuestra excelencia ni de nadie que esos conceptos fundamentales son malgastados en vano, y hasta empequeñecidos cuando se los trae a colación para eludir la consideración directa de un vulgar atentado. Sabe muy bien vuestra excelencia que el asesinato consumado o intentado, de ciudadanos opositores al gobierno de vuestra excelencia ha sido un hecho frecuentísimo durante los dos últimos años y que en ningún caso los autores han logrado ser habidos, o identificados, o condenados por la justicia provincial, esta, por otra parte, goza de una reputación que me excuso de puntualizar, pero que me permite negar importancia y sinceridad a las declamaciones sobre la independencia del Poder Judicial, precepto rudimentario y esencial, altamente respetable, sin duda, pero que puede convertirse en una burla, es el caso de decir sangrienta, a los derechos primordiales de la vida social civilizada.

Aquí esta, señor gobernador, el 'estado de cosas' mencionado en mi telegrama y que a fuer de bien conocido por vuestra excelencia v por el país entero, no ha podido provocar la injustificada 'sorpresa' ni las inexplicables interrogaciones que vuestra excelencia ha tenido a bien escribir. La reiteración inveterada de casos análogos ha creado una situación de profunda perturbación que por ello mismo escapa a las definiciones ordinarias de las instituciones, y al régimen normal de su funcionamiento, a la vez independiente y armónico. Cierto es que vuestra excelencia halla argumentos para apartar toda responsabilidad propia y acentuar la presunta autonomía del Poder Judicial, en circunstancias personales y de familia, que leo con el respeto que tales expansiones privadas merecen siempre. Pero no hay duda de que el problema requería otra clase de razones mas positivas y actuales; y aun reconociendo la integridad moral hereditaria y cultivada en la universidad. que vuestra excelencia acertadamente afirma pertenecerle, hubiera preferido ver a vuestra excelencia afrontando el 'estado d cosas' con otra clase de raciocinios y de probanzas. De ese modo la opinión pública podría discernir con claridad como es posible que, a pesar de las virtudes personales de vuestra excelencia se sigan asaltando impunemente a los opositores al gobierno de la provincia de Buenos Aires.

Bueno es, además, recordar que la falta de argumentos de orden publico y jurídico se complica en la nota de vuestra excelencia como una visible equivocación, o confusión realmente extraña, dadas las circunstancias intimas que vuestra excelencia mucho invoca. La independencia del Poder Judicial es una simple abstracción cuya eficacia practica no puede ser mayor que el valor moral individual de las personas que desempeñan sus magistraturas; baste este enunciado para dejar en descubierto la verdadera 'independencia' de funcionarios judiciales, que bien podrían resultar elegidos o ascendidos por razones de orden político, y a trueque de complacencias que no es menester recordar. Rehúso, pues, señor gobernador, acompañar a vuestra excelencia en la invocación de esa autonomía judicial, cuando los hechos demuestran que es una simple falacia. Asimismo no dudara vuestra excelencia que la totalidad de la acción judicial, en los casos de fuero criminal, descansa principalmente sobre la policía, y esta, como no lo ignora vuestra excelencia, es una institución administrativa, que depende del Poder Ejecutivo y sirve sus fines, sin que sea posible invocar para ella los beneficios de la 'independencia' mas o menos inverosímil.

Si después de lo dicho cree buenamente vuestra excelencia que la autonomía provincial esta amenazada por mi telegrama y que por consiguiente siguen siendo necesarias las defensas que en su salvaguardia ha puesto vuestra excelencia confesaría por mi parte que me habrían resultado inútiles todos los preceptos de la lógica y de la dialéctica. El Poder Ejecutivo nacional ha querido, sencillamente, recordar a vuestra excelencia que el asesinato político, parte integrante de un viejo régimen de decadencia y corrupción institucional, es hoy absolutamente intolerable para la conciencia publica: ha dicho también que esta dispuesto a reprimir toda complacencia hacia esa clase de delitos, dentro de sus facultades constitucionales. Eso es todo, en realidad, a pesar de lo cual vuestra excelencia ha creído que una simple invocación a las autonomías provinciales bastaría para desvirtuar la expresión de un propósito tan concreto y fundamental como el manifestado. Protesto, sin reticencias, contra el sofisma en que ha incurrido vuestra excelencia y afirmo que no ha tenido razón al mezclar un caso policial con los preceptos fundamentales de nuestro régimen político nacional, para darse la fácil ventaja de refutar conceptos que el Poder Ejecutivo no ha expresado, y de defender autonomías que no ha pensado en trasgredir, y por las cuales siente mas y mejor respeto que el demostrado por ningún otro gobierno en toda la historia de nuestra nacionalidad.

Es lamentable que vuestra excelencia no haya logrado dar a su panegírico de las autonomías provinciales, ni en su fondo, ni en su forma, alguna calidad que le singularice entre las numerosas exposiciones rudimentarias de sus preceptos, perfectamente conocidos, me permitirá vuestra excelencia que lo diga por el Poder Ejecutivo nacional. Acaso me resultaría fácil completar la exposición de vuestra excelencia definiendo mejor el fundamento de ese fenómeno primordial de nuestro régimen político. Las autonomías provinciales, señor gobernador, son de los pueblos y para los pueblos y no para los gobiernos. Estos pueden ser o no ser representantes legítimos de ese derecho, y por consiguiente, su invocación debe que ser sometida al análisis de la verdad institucional, porque bien podría resultar esa autonomía un mero instrumento para afianzar aun mas ciertas situaciones arraigadas en la opresión o en el fraude, malogrando de este modo las legitimas aspiración del pueblo y del ejercicio normal de sus atribuciones electorales. La primera autonomía provincial es de orden interno también provincial, y consiste en el respeto a los derechos primarios del ciudadano, para que logre contribuir a la creación y mantenimiento legal de las autoridades de su provincia. Respecto del Poder Federal, esa autonomía tiene las necesarias condiciones establecidas no solo por la constitución, sino por la moral política, y desaparece en cuanto la perturbación del ejercicio de los derechos del pueblo requiere las reparaciones que para tales cases prescribe nuestra ley fundamental. No basta pronunciar la palabra autonomía; es menester además saber si ella existe en realidad, o si, al contrario, se pretende disimular detrás de ese concepto un falseamiento del sistema prescripto por la ley, para dejarlo impune o perpetuarlo.

Hemos vivido durante largos años en absoluto desconocimiento de las autonomías provinciales, envueltas ellas también en el profundo desquicio de nuestras instituciones republicanas. No necesito puntualizar el caso, harto conocido pero aseguro a vuestra excelencia que ha llegado la hora histórica en la cual esa, y las demás trasgresiones que han caracterizado a nuestra vida política, han pasado a ser recuerdos, por cierto infaustos. El Presidente de la República ha llegado a su alto cargo para cumplir puntualmente la misión de regeneración que le han confiado los pueblos, y así lo hará, respetando lo legitimo, pero llevando sin miramiento la acción correctiva y moralizadora del Poder Federal allí donde según la Constitución y la voluntad nacional resulte necesaria.

Era, pues, ocioso hablar de esos preceptos legales a un gobierno que tiene de ellos un concepto tan claro y tan elevado, y que ha demostrado hasta ahora su voluntad de no perturbar inútilmente la vida ordenada y laboriosa de la Nación. Vuestra excelencia parece haber desconocido, u olvidado la templanza, la ecuanimidad, y la altísima moral política que han caracterizado los actos del gobierno. Ha cometido vuestra excelencia una notoria injusticia contra la verdad y pureza de sus intenciones, y contra la serenidad de sus procederes, al invocar inútilmente autonomías que el Poder Ejecutivo mantiene voluntariamente intactas. Esa lección de serenidad y de capacidad para el ejercicio del gobierno, de la cual vuestra excelencia mismo ha beneficiado, parece resultar perdida para vuestra excelencia y para los que aparentan ignorarla. Tenga vuestra excelencia la seguridad y la tranquilidad que resultan de las condiciones personales del Presidente y de la fuerza indudable que le da la voluntad popular que lo ha elegido. Y sepa vuestra excelencia que los sembradores de errores, los fautores de falacias y sofismas destinados a inquietar a los espíritus, serán los verdaderos culpables de la alteración de la tranquilidad que sus incitaciones puedan producir: respeten los gobernadores provinciales la vida, y el derecho de los ciudadanos, que con ello aseguraran la autonomía resultante de ese mismo respeto, que es su fundamento y su condición.

Por fin, el Poder Ejecutivo considera llegada la oportunidad de declarar que los ciudadanos que hoy lo constituyen han aceptado tan grave responsabilidad con el propósito irrevocable de cumplir y hacer cumplir la ley fundamental de la Nación que antes de crear inmunidades y privilegios para los poderes públicos, ha querido garantizar los derechos inalienables de sus habitantes.

Dentro de este concepto el Poder Ejecutivo tiene el convencimiento de que no es admisible a los gobiernos de provincias escudarse en la Constitución, invocando el principio de autonomía, sin que antes cumplan con el deber primordial que esa misma constitución les impone de hacer efectivas las garantías que ella ha consagrado y que son la base sobre la cual descansa la existencia misma de la Nación.

El país reclama la implantación de una nueva política de franqueza y de lealtad, y el gobierno que ha surgido como la consagración de tan legítimos anhelos, considera como su primer deber el cumplimiento de esa voluntad intergiversable de la soberanía nacional. Saludo a vuestra excelencia con toda consideración.     


Ramón Gómez.















Fuente: Hipolito Yrigoyen "Pueblo y Gobierno" Tomo III "La Repación Institucional", Vólumen II La República Federal, Editorial Raigal 1954.
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lunes, 24 de agosto de 2015

Ricardo Balbín: "Acto público celebrado en Plaza Miserere" (23 de enero de 1957)

Amigos de la Capital:

La grandeza de esta asamblea da tono al episodio; es más elocuente que el más acertado verbo: ante su grandeza deposito la sencillez de mis palabras mansamente en el seno de cada uno de ustedes para aplaudir este encuentro de la comprensión argentina; nosotros reclamamos la serenidad del país para las grandes decisiones: no jugamos a la aventura electoral; quere­mos serenidad para encontrar el camino cierto y claro del acierto. Cuando nadie creía que la pacificación era el secreto del país, nosotros anduvimos recorriéndolo con esa siembra.

Coincide nuestra alegría con el llanto de alegría de otro pueblo liberado; yo no me acuerdo de los personajes de los que allí se van, ni de los que allí llegan. Yo voy en una carrera de ilusiones a depositar mi emoción en el más humilde hombre de Venezuela, aunque allí, como acá, sé que aparecerán los pescadores de río revuelto.

Vengo a señalar la responsabilidad de Argentina, porque si ella se frustra en la democracia, podría convertirse en un nuevo almácigo de desórdenes. Fe­brero marcará una etapa en el reencuentro de todo el continente.

Muchacho argentino: cuando tú tenías 10 años te decíamos que la lucha era aquí, y que así servirías la causa de América. Ahora yo quisiera llevarte, mucha­cho joven, de la mano y en silencio, para que veas tu República.

El país está derrumbado, está derrumbado el hombre en la Argentina. Hay en tu país hombres desvestidos, hay niños que comen cada tres días y gente que cree que el techo es el cielo, frente a una riqueza desarrollada sin control.

Mientras tú tienes la posibilidad de encontrar la solidaridad en tu ambiente, allá hay niños que mueren en la soledad, levantando una estadística de vergüen­za en la Argentina.

Hay en tu país frustración de hombres con hijos, que creen haberlos tenido como castigo.

Esta es la Argentina, esta es nuestra Argentina, la de los dolores anchos y la de las jactancias estúpidas. Esta es la Argentina que no muestran los jactanciosos; es calamitosa la República, la conocen muchos apóstoles que no fueron capaces de ir allí a levantar el pensamiento de una ilusión nueva. La conocen las fuerzas armadas. Y se ocultó, y está la derrota y el castigo. Pueden mostrarse los artificios de la falsificación, pero yo quiero ir y decir que hay que andar caminos sin engaños. No se trata de encerrarse en definiciones, ni de decir que estamos por la libertad sindical. Está de más; es obligación de éste y todos los partidos de la democracia.

Nosotros no tenemos mucha culpa en este fracaso del hombre porque fui­mos extraños a la responsabilidad de los últimos veinticinco años- Cuando hablamos de descentralización, queremos ir al encuentro de esa juventud del interior que vino a frustrarse. Vaya tranquilo, amigo, no se lo va a llamar más; aquí se quedaron atraídos por la luz. Nosotros no mostraremos la luz para la muerte; la llevaremos a las distancias grandes. Fracasará la revolución si el pueblo no comprende que ella se hizo para la democracia, y nosotros tenemos el instrumento de la democracia.

Todo se hará; el pueblo comprenderá que tiene que trabajar, pero produci­rá más en la medida que, esté seguro. Los que supusieron que habían perdido sus derechos, queremos que sepan definitivamente que somos una garantía en el ejercicio de aquéllos.

Sepa la empresa privada que tendrá asegurado su trabajo; esté tranquilo todo el que quiera trabajar.

Hombre que está pensando poner un blanco sin definición en la urna, no merece tener hijos, porque está faltando al deber que tiene contraído con ellos. Estas no son aventuras de una hora, sino definiciones para un largo tiempo.

¡Arriba todos! ¡Fuerte para adelante! Ya verán cuando el país tenga vein­tidós gobernadores representantes del federalismo que superen la jerarquía del presidente. Entonces el país trascenderá. Desde aquí exhorto a los partidos políticos de la democracia a la realización grande. Partidos políticos, la tribuna de la Unión Cívica Radical del Pueblo los saluda con la cordialidad de los años mansos.
















Fuente: Discurso en el acto publico de inicio de la campaña electoral presidencial, celebrado en Plaza Miserere, 23 de enero de 1957.
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domingo, 23 de agosto de 2015

Raúl Prebisch: "La relación con el Dr. Tomas Le Breton" (9 de julio de 1983)

Pero volviendo a esos años, entre 1921 y 1922, ¿qué otros elementos de la realidad del país te inducían a estudiar los fenómenos del país, en lugar de dedicarte a la exégesis de libros, a la revista de libros?

Bueno. Es que comencé por allí. Es el caso del libro del Dr. Norberto Piñero, que yo creía que era un gran libro y cuando comencé a leerlo me di cuenta que era un desastre, un desastre intelectual por el modo formalista de tomar los problemas monetarios y empecé una crítica y al escribir la crítica fueron surgiendo varios interrogantes que me decidieron a hacer mi primera investigación, que es la que está allí, en “Anotaciones sobre nuestro Medio Circulante”. Fui a buscar información en libros que me permitieron empezar a comprender la realidad de la moneda argentina.

A esto debe también haberte inducido la traducción que hiciste del libro de John H. Williams.

RP. Si, también. Pero no un efecto teórico profundo porque no llega a teoría. El estaba desconcertado en ese libro, pero tiene muchas observaciones muy penetrantes.

El escepticismo de Williams ya se manifiesta.

RP. Ya se manifiesta.

Ahora, ¿cuál era la realidad económica del país, en esos años, qué problemas preocupaban más?

RP. Yo creo que el problema monetario era el que más preocupaba y el que más discusiones originó en la Cámara. El problema del comercio exterior, porque durante la guerra hubo una protección natural y entonces se alentaron y desarrollaron industrias en el país y cuando se fue normalizando el mundo y volvieron a crecer las exportaciones, vino un gran ataque contra el proteccionismo, un debate muy sostenido en el Congreso en el cual los socialistas tuvieron una actuación muy destacada. Yo seguí atentamente esos debates que coincidían perfectamente con mi formación doctrinaria. En cambio, Alejandro Bunge estaba en la posición contraria. El explicó la necesidad de protección con argumentos muy sólidos. No digo que hubiera tenido más éxito si hubiera profundizado en la teoría, porque no la conocía bien. El era ingeniero; yo no se cómo entró en la economía. El me trató muy bien. Me llevó, siendo yo estudiante, a la Dirección de Estadística como supernumerario de su secretaría. Tenía yo bastante respeto por él, pero no me produjo la impresión de un hombre sólido, como Justo y como los otros que siguiendo la teoría de la división internacional del trabajo atacaron la industrialización en la Argentina. Con todo, los hechos le dieron la razón a Bunge. Fue él el primer apóstol de la industrialización en la Argentina. Y allí yo empecé a separarme de él porque consideraba que estaba en una posición errada, completamente errada.

Ahora después de...

RP. Después el problema ganadero. Pero el problema monetario y el del comercio eran los problemas dominantes en la Argentina. Claro que el Partido Socialista abogaba también por la Reforma Agraria, por el fraccionamiento de las grandes propiedades. Eso provocó grandes debates. Yo también estaba absolutamente en favor de ellos, pero lo que más me atraía era lo del comercio internacional y la moneda. Yo comulgaba con las ideas clásicas bajo la vigilancia de un hombre brillante, como era el Doctor Justo. Brillante, pero que no admitía discusiones. Se molestaba. Y cuando hice esas pequeñas investigaciones sobre el medio circulante llegué a la conclusión de que el Balance de Pagos, las fluctuaciones del Balance de Pagos, tenían una influencia dominante sobre la moneda. Entonces empecé a ver la vulnerabilidad del Patrón Oro, significativa pero sin darme cuenta cómo podía corregirse. Tomaba eso como un fenómeno natural, inevitable: que el exceso en la expansión crediticia en los años de prosperidad agravaba el problema y, por lo tanto, acentuaba la caída. Pero no se reconocía la influencia del Balance de Pagos como un fenómeno que había que moderar de alguna forma. Porque la tesis dominante, tanto antes como después, era que el dinero y la tasa de interés resolvían espontáneamente el problema. Se exportaba oro, subía la tasa de interés, eso contenía la hemorragia, se atraían fondos a corto plazo y el problema terminaba. Y no era así, porque en este país cuando las cosechas fracasaban o bajaban los precios, era cuando la gente tendía a invertir afuera por temor a las consecuencias. En lugar de atraer el oro, el oro salía. Era contraproducente.

Eso seguramente lo comprobaste después del año 1928, cuando la apertura de la Caja de Conversión y el cierre en el 29.

RP. Bueno, en 1929 yo estaba todavía muy atenido a la teoría del Patrón Oro y se había producido el cambio de Gobierno con don Hipólito Yrigoyen y don Carlos Botto era Presidente del Banco de la Nación, y se hablaba de cerrar la Oficina de Investigaciones Económicas que se había creado anteriormente. Un buen día, el Subsecretario del Banco me dice: “Don Carlos Botto necesita su opinión urgente para hoy, antes de las cuatro de la tarde (eran las diez de la mañana) sobre si habría que cerrar o no, la Caja de Conversión”. Entonces escribí una tesis contraria al cierre de la Caja, lo que iba a tener una repercusión sobre la moneda y aduciendo que el oro estaba justamente para cumplir su papel. A las seis de la tarde me hablan que vaya a su oficina y le dile a Ernesto Malaccorto “aquí nos cortan la cabeza”. Bueno, se abre la puerta, se aproxima don Carlos Botto y me dice: “Discúlpeme señor por haber ignorado que un joven de esta calidad no me haya sido presentado. Su informe es excelente y lo he llevado al Dr. Yrigoyen que le ha gustado mucho”. Vuelvo. El joven Ernesto me dice “y, ya estamos afuera”. No, le digo, ¡quedamos! La consolidación de nuestra posición se manifestaba en las ordenanzas, porque como todo lo saben y todo lo oyen, cuando yo pasaba ni se inmutaban. Después de ese día se paraban y me hacían grandes reverencias.

Vamos un poquito más atrás. Después de tu regreso de Australia y Europa, dónde te cortaron los víveres por iniciativa del Dr. Oria, llegas a Buenos Aires y entras como supernumerario a la Dirección Nacional de Estadística

RP. No, no, no. Eso fue mucho antes del viaje al exterior. En el barco de regreso viajaba el Dr. Tomas Le Breton, a quien yo había conocido porque una vez invitó a todos los que se ocupaban de estadísticas a su despacho para tratar algunos problemas. En Cherburgo tomamos el barco y lo veo, a cierta distancia y le hago un saludo muy respetuoso. Se acordaba de mí. Después del primer o segundo día, como a él le gustaba caminar en la cubierta y a mí también, me dice: “¿qué anduvo haciendo usted?”, porque era así, duro en la conversación. Y le conté. “Qué error”, dijo, “mandar a un joven sin experiencia a que estudie esos temas”. Bueno. Ante ese dulce recibimiento yo lo eludí; procuré no caminar en las mismas horas. Y un día estaba yo leyendo (me había llevado la Sociología de Pareto, que me la devoré en ese viaje desde Australia) y se acerca, se sienta a mi lado y empieza a conversar. “¿Dígame usted: pudo ver el régimen agrario en Australia?” Sí señor y le expliqué lo que había visto. Le expliqué que el primer día hábil, el 2 de enero de 1924, fui a una librería en Sydney a pedir todo lo que tuvieran sobre la Reforma Agraria. No había un solo libro ni sabían lo que era, porque como la habían hecho inmediatamente después que empiezan a llegar inmigrantes desde Inglaterra, tienen la visión de que no hay que acaparar la tierra. Y habiendo hecho la Reforma Agraria, nadie teorizó sobre la Reforma Agraria. En cambio, aquí había bibliotecas sobre la Reforma Agraria. Bueno. Empezó a interesarse, a preguntar y me invitaba a caminar con él. Hubo ya una amistad de mayor a menor, pero muy cordial y respetuosa de­ mi parte, por supuesto, y esa conversación se hizo prácticamente todas las noches o todos los días, todos los días. Después de comer me invitaba a caminar con él. Tuve que ir a buscar cajones que había traído con libros para buscar los que tenía sobre Australia, y el día antes de llegar, después de salir de Montevideo, o antes de llegar, la noche que llegábamos aquí, me dice “véngase a trabajar conmigo. Yo quisiera mandarlo a usted, ante todo, de Cónsul General en Ottawa, porque hay tantas cosas que ver en ese país, elevadores de granos, etc.”. Y entonces yo, montando sobre mi primer resentimiento, le dije: Doctor. ¿No cree usted que es un error mandar un joven sin experiencia?

¿Le Breton era Ministro de Relaciones Exteriores?

RP. No. De agricultura. Gran Ministro. Un gran Ministro... Bueno. Me dijo “Véngame a ver mañana”. Voy a verlo. Me lleva a una pieza contigua a su despacho. “Aquí va a trabajar usted”. Yo no le había dicho ni que sí, ni que no. “Usted va a ser mi asesor en una serie de problemas, comenzando por los expedientes de tierras fiscales, en los que hay un atraso enorme”, me dijo, “yo quiero que usted estudie estos expedientes y si usted está de acuerdo y si me dice que sí, yo voy a firmar”. Y así empecé y estuve meses con casos interesantísimos. Recuerdo el de un viejito Newbery dentista, tío de Jorge Newbery, al que le habían dado una concesión fiscal en unas tierras que el trabajó durante cuarenta años, pero que como se superponían en parte a otras tierras, había ese pleito. Entonces yo estudié el caso y aconsejé, en equidad, dar las tierras al que las había trabajado allí, salvando el error. Vino a verme el viejito norteamericano. El expediente ya está firmado favorablemente, le dije, y me dice: “Mire, hace muchos años que estuve en esto. No quise dar dinero porque mis principios lo impiden. Yo tuve fe en que algún día se me resolvería el problema. Adiós”.

Otro caso fue el de un pobre español, que también demoró años. Estaba en la antesala del Ministro cuando se firma lo que yo había propuesto. Entonces el hombre, conmovido, me extiende la mano y siento unos billetes. Me dio tal fastidio que, delante de toda la gente, lo insulté a ese pobre infeliz. Lo insulté. Cuánta gente le habría pedido dinero y el pobre, como manifestación de agradecimiento, me daba esa recompensa. Yo jamás me olvidé y nunca me arrepentí lo suficiente de haber humillado a ese pobre hombre.

Cuéntame cómo llegaste a Profesor de la Facultad siendo alumno.

RP. Siendo yo alumno, Mauricio Nirenstein y Luis Roque Gondra,con el cual quedamos muy amigos después, y cuando pasó a ser Profesor de Economía, decidieron mandar una nota al Consejo Directivo de la Facultad proponiendo mi nombramiento de Profesor Titular,y citaron un precedente del año 1860 del Doctor Pirovano, que fue nombrado profesor de la Facultad de Medicina sin concurso. ¿Qué pasó entonces? Me exigieron que yo terminara mis estudios y me darían la Cátedra. Luego me llamaron al Servicio Militar con dos años de atraso, porque estuve fuera del país, y al terminar de cumplirlo hicieron efectivo el nombramiento, sin exigir que yo tuviera que ser seguir estudiando.

¿Eso fue en el año 1925?

RP. O 1924.

¿Y que dictabas? ¿Economía política, que era la cátedra que conservaste hasta tu salida de la Facultad?

RP. Que se llamó dinámica económica y mi primera clase la escribí y me embrolle con el escrito. Entonces decidí aprender a exponer vivamente.

RP. Estuve meses con el Dr. Le Breton, hasta que se anunció la intención del Ministro de Hacienda de llamar a concurso para ocupar la Subdirección de la Dirección de Estadística. Yo gané el concurso y el Dr. Alvear, sabiendo que yo trabajaba con Le Breton, fue informado y le preguntó “aquí me proponen el nombramiento de este joven”. Yo ya le había dicho a Le Breton que quería ir a ese cargo. Y me dijo: “ya que usted tiene la chifladura de la estadística, yo le di mi consentimiento”.

Dentro de la Dirección de Estadística de la Nación, independientemente de la mecanización en la compilación de datos, creo que hubo dos o tres problemas que te preocuparon fundamentalmente. Primero, las estadísticas sobre comercio exterior, luego los problemas de población y también algunas estadísticas sobre desarrollo económico interno, que se empezaron a compilar y que luego sirvieron para el análisis de El Estado Económico, que era una sección permanente de la Revista Económica del Banco de la Nación Argentina. ¿Qué otros problemas te atraían dentro de la Dirección de Estadística? ¿Que huellas dejó en tu espíritu tu paso por la Dirección de Estadística?

RP. En realidad, la Dirección de Estadística se había concentrado en el comercio exterior. El Director, (Alfredo) Lucadamo, era un hombre de carrera que me brindó en forma constante toda su amistad. Al principio se opuso, pero después se dio cuenta y se plegó con gran entusiasmo. Yo trataba de ampliar la órbita de la Dirección. La estadística demográfica estaba en el Departamento Nacional de Higiene y era muy rudimentaria. Me voy acordando que una vez una Doctora Sachelo escribió un comentario increíble diciendo: los datos de población demuestran que la proporción de gente que muere entre 65 y 70 años es menor que la que muere entre los 40 y 50 años. No se puede relacionar la tasa de mortalidad con la población de ese sector. Esto te da una idea de la pobreza que reinaba enlas estadísticas de población. Yo fui a ver al Doctor Araoz Alfaro,Director General de Higiene, proponiéndole que traslade todo eso a la Dirección de Estadística. El se inclinaba favorablemente, pero por una resistencia burocrática ahí quedaron las cosas. Con todo, yo tenía la idea de que aún cuando no estuviera esa estadística bajo nuestra dirección, porque era necesaria una dirección técnica, que en la Dirección de Estadística hicieran una proyección global de las estadísticas de población. No se logró. No se logró













Fuente: Conversaciones con Raúl Prebisch de Julio González del Solar, 9 de julio de 1983.
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José Camilo Crotto: "Diploma de Enrique del Valle Iberlucea" (29 de abril de 1913)

Sr. Crotto: Pido la palabra.

No voy a seguir al señor Senador electo en toda su brillante y extensa exposición; que por ambos caracteres se acercaría más a él á Cicerón que yo.

La elocuencia del señor Senador electo es, á no dudarlo, ciceroniana; después de oírlo, no me cabe duda que en las catilinarias y otras producciones de este gran orador, él ha bebido sus inspiraciones; pero yo, más modesto que todo eso, me concretaré á decir cuatro palabras, porque es indudable, que á esta altura del debate, la Cámara se encontrará fatigada por lo extenso de la sesión, aunque no por cierto por las palabras del señor contrincante.

No lo voy á seguir, pues, en toda su disertación sobre los hombres del partido Socialista ni sobre los del partido Radical, porque no es éste el momento oportuno para discutir hombres, programas y principios, pues en esta ocasión solamente se trata de saber si el candidato electo reúne o no las condiciones necesarias para ser Senador Argentino.

Empero, como el señor candidato se ha referido a un manifiesto por mi firmado, que es la expresión del partido Radical, debo indudablemente contestar alguna de sus apreciaciones.

He dicho al principio, y vuelvo a repetirlo ahora que no versa la cuestión sobre si el señor candidato es el resultado de la mayoría. Más aun, en cierto modo y en cierta forma, el partido Radical reputa que esta elección de la Capital es un triunfo también para él.

Sr. Del Valle Iberlucea: Muy bien.

Sr. Crotto: Si, señor, porque esta elección de la Capital, libre, lo ha sido en mucho por los esfuerzos, por los trabajos, por la abnegación sin limites, por la sangre, por la mucha sangre de argentinos derramada durante 25 años por el pueblo Radical, buscando la libertad del sufragio en toda la Republica.

-Prolongados aplausos

Si no fuera por nuestros esfuerzos, si no fuera por nuestros cruentos sacrificios, por nuestras conspiraciones y revoluciones, que tanto indignan al señor candidato electo…

Sr. Del Valle Iberlucea: No la revolución del 90, ni la del 93.

Sr. Crotto: Todas las revoluciones que se han hecho buscando la regeneración constitucional de la Republica, y en las cuales han confraternizado el ejercito con el pueblo argentino, ese ejercito que se comportó brillante y honradamente en Santa Fe, y cuya presencia en los atrios pudo, efectivamente, hacer que fuera una verdad la libertad de sufragio y tuviera aquella provincia heroica el gobierno que allí existe y que representa la aspiración de la voluntad popular.

Si no fuera por todas esas revoluciones y conspiraciones, nos encontraríamos aun en la penumbra de la libertad, y no estaríamos ni el señor candidato ni yo sentados en estos momentos en estas bancas.

-Prolongados aplausos

Ahora volviendo al manifiesto del partido Radical, considerado por el señor candidato como una vergüenza nacional, cuando ninguna es mayor que los hechos que allí se denuncian, la dirección nacional del partido dijo que los comicios del 30 de marzo eran el resultado de una siniestra conjuración tramada por el régimen imperante en el país. Y es así, señor Presidente.

Sr. del Valle Iberlucea: Pruébelo.

Sr. Crotto: Permítame. El Ministro del Interior no es hombre que larga papelitos así no más; seria muy candido.

Pero voy a darle las pruebas que se pueden dar en estos casos: presunciones graves, precisas y concordantes.

Sí, señor; se han volcado todos los elementos a favor del partido Socialista. ¿Acaso no es público que el señor Ministro del Interior, doctor Gómez, desde Mar del Plata y en un reportaje publicado en uno de los diarios de la Capital, dijo que el partido Socialista triunfaría en los futuros comicios de Marzo? ¿Acaso no sabia el señor Ministro, director de todo el Gobierno, que sólo le era dado poder manifestar que había libertad general para todos y que le estaba vedado insinuaciones sobre triunfos futuros de tal o cual fracción? ¿No veía que eso era política fina, estilo Padre Feijóo?

Acaso ello no significaba extender el dedo, cual otro Moisés, señalando a los judíos el paso del Mar Rojo, y decirles a los empleados subalternos, etc.. por aquí va la ruta?...

¿Acaso esta actitud del Ministro del Interior no era concordante con las que en diversas ocasiones ha seguido el régimen imperante para contrarrestar la marcha triunfal del partido Radical?

¿No lo hicieron en Buenos Aires en 1893 después del primer triunfo del partido Radical entregando todos los votos al Mitrismo para impedir nuevos y legítimos triunfos?

Y en Córdoba, cuando se vio amenazado ¿No se confabularon todos los elementos mas distintos en ideas y creencias y hasta los mismos católicos, que tenían una vieja cuenta con el doctor Cárcano desde su sonada tesis sobre el divorcio, no se confabularon para tratar de vencer al partido Radical, aunque al otro día se pelearan?

Aquí lo que ha sucedido es que en la Capital Federal el régimen imperante se encontraba imposibilitado de hacer lo que ha hecho en Salta, en Tucumán, Córdoba y en La Rioja los otros días no mas y de ahí que tratara de volcar y volcara sus votos por la secta socialista.

Sr. del Valle Iberlucea: Res non verba

Sr. Crotto: Res, res, res. Allá van.

Y sino, señor Presidente: ¿Donde votaron todos los empleados públicos? ¿Dónde fueron las masas numerosas de empleados de la Aduana y de todas las reparticiones nacionales, que son los principales factores con que contaba en otro tiempo la Unión Nacional?

¿Y donde han votado las huestes numerosas que ciudadanizara el vil comerciante electoral acaparador de libretas cívicas en administraciones pasadas de ingrata memoria?

¿Dónde fueron las legiones aquéllas del famoso hebreo comendador Nahon que lanzaba un manifiesto diciendo que contaba con dos mil quinientas libretas y esperaba otras dos mil quinientas más?

Sr. del Valle Iberlucea: ¿Tiene ese manifiesto el señor Senador?

Sr. Crotto: Si, señor; aquí lo tengo.

-Aplausos.
-Como demora el orador un momento, dice él.

Sr. del Valle Iberlucea: ¿Tiene el documento en español o en israelita?

-Risas.

Sr. Crotto: No quería leerlo por no fatigar a la Cámara, porque me parece un abuso eso de estar leyendo sin medida. El manifiesto dice: «Mis queridos hermanos…

Sr. del Valle Iberlucea: ¿Pero traduce del hebreo el señor Senador?

-Risas

Sr. Crotto: Si, señor, traduzco al español, y francamente me cuesta trabajo.

-Risas.

Dice el señor Nahón: «Mis queridos hermanos. Nos encontramos en la víspera de una gran lucha electoral para el futuro candidato presidencial y nuestro deber es de prepararnos.
Actualmente el comité que tengo el honor de presidir cuenta con dos mil doscientas libretas cívicas.
«Les aconsejo apresurarse para sacar carta de ciudadanía a fin de que pronto podamos disponer de 4500 a 5000 votos para elegir dos diputados israelitas, etc., etc.,

Firmado – A. M. Nahón »

¡Esto ocurre en la patria de Rivadavia, de Sarmiento, de Mitre, Alem y Aristóbulo del Valle!

Sr. del Valle Iberlucea: ¿Dos diputados socialistas?

Sr. Crotto: No, señor, israelitas; no sé si ustedes lo serán porque pueden ser israelitas y socialistas también.

Sr. del Valle Iberlucea: ¡Ah! Entonces eso iba por cuenta de la imaginación diabólica del señor Senador.

Ese caudillo israelita pertenecía a la Unión Nacional y estuvo siempre al servicio del presidente Figueroa Alcorta.

Sr. Presidente: Si siguen las interrupciones, consultaré a la Cámara si llamo al orden a los señores senadores.

Sr. Crotto: Salvo algunos miembros de las direcciones del partido Nacional, los demás han seguido la dirección de la aguja imantada: el índice del Ministro del Interior!

Yo no creo, como el señor Senador, que todos, por arte de magia o encantamiento, se hayan convertido en socialistas y que este partido, que en la elección pasada tuvo 16562 votos, haya obtenido poco después 42000. Estos son el producto de sus 16000 votos: mas 15732 votos de la Unión Nacional y seis mil doscientos y pico de la Unión Comunal.

-Aplausos.

Sr. del Valle Iberlucea: ¡Las pruebas, las pruebas!

Sr. Crotto: ¿Me pide pruebas? Se las voy a dar. Voy a tomar la sección primera, Vélez Sarsfield. En la elección de 1912 los votos radicales son 1080 y en 1913 1375, es decir, 295 mas. Los socialistas tuvieron en 1912, 660; y en este año 1884; es decir. 1224 votos más, que, como se ve, es un notable aumento.

La Unión Cívica, en el año anterior, 690 y ahora 782. La Unión Nacional, 1312; y la Unión Comunal, 462. Entonces, señor Presidente, como los radicales han obtenido el mismo numero y los cívicos también, resulta que estos votos de la Unión Comunal y de la Unión Nacional les han sido dados a los socialistas y son los 1224 votos que hoy tienen demás; vale decir, que siendo el total de votos en esta sección 4204 en 1912 y 4041 en esta (mas o menos iguales), los señores de la Unión Nacional y de la Unión Comunal en masa se han ido a votar la lista socialista.

Y tomando al acaso las secciones, me encuentro con la 6°, en donde en las elecciones del año pasado los radicales obtuvieron 1417 y este año 1350; los socialistas el año anterior 945 y este año 2334; es decir, 1384 mas; los cívicos han tenido el mismo numero de votantes que el anterior y la Unión Nacional y la Unión Comunal obtuvieron respectivamente, el año pasado, 872 y 564, o sea 1436, que es, mas o menos, el aumento socialista en esta sección, habiendo votado en 1912 un total de 4556 y 4465 en la presente elección.

Pasare a la 9°, y no voy a seguir mas adelante porque seria cuestión de no acabar nunca. En esta sección el partido Socialista ha aumentado este año 1614 votos, que viene a ser la suma, mas o menos, exacta de los votos que en esta sección obtuvieron el año pasado la Unión Nacional y de la Unión Comunal: 962 mas 589, siendo el total de votantes 5400 en 1912 y 5539 en 1913.

Con esto, señor Presidente, queda patentizado que todos los elementos que sostenían al oficialismo anteriormente se han volcado por el partido Socialista, y seguramente nadie va a creer que voluntariamente esas legiones de empleados de aduana, de peones y demás hayan votado en esa forma. No, señor; ahí esta el dedo malo del Ministro del Interior, que ordenaba votar por el socialismo para, de esa manera, impedir el avance del partido Radical en la Capital de la Republica.

-Aplausos en la barra.

Al mismo doctor Zeballos, según versiones que tengo, se le hizo creer que todos aquellos elementos votaron por él, pero en el ultimo momento, cuando ya no podía retirar su candidatura, supo con disgusto que los elementos de la Unión Nacional y la Unión Comunal acompañaría a los socialistas y fue así como de los 19000 y 6000 votos que respectivamente obtuvieron el año pasado los partidos a que me he referido, y que junto con algunos independientes dieron 29000 votos al doctor Zeballos, en la elección del 7 de abril pasado, en la elección del 7 de abril pasado, solo han sufragado este año por el mismo 9000; los que también votaron los candidatos a diputados socialistas; y de ahí la diferencia de los totales entre los candidatos a diputados y Senador de ese partido, habida en los comicios de este año.

Esa es la razón por que en el manifiesto se ha dicho que a nuestro entender era esta una siniestra conjuración del régimen imperante.

El señor candidato a hecho diversas reflexiones tendientes a sostener que nosotros nos habíamos referido a todos los extranjeros, y esto no es exacto, pues ya dije al principio, que nosotros hacíamos una distinción perfecta entre el extranjero que debe ser mirado con todo aprecio por los argentinos y aquellos otros elementos adventicios que habían sido nacionalizados de mal modo y en mala forma y que es, en realidad, a los que se ha referido el manifiesto en los párrafos que el señor candidato ha leído y que son los elementos de que se sirven los oficialismos proporcionándoles cartas de ciudadanía a granel; los mismos que han votado en masa por el partido Socialista.

Bien, señor Presidente: Cuando me he referido al señor candidato, a la verdad confieso que no conocía esa vasta recopilación de discursos que nos ha leído, los que prueban su internacionalismo, y lo único que había encontrado es lo que he ofrecido a la consideración de los señores senadores y que constaba en La Vanguardia; quedando siempre subsistente en mi espíritu el hecho de que el señor candidato haya editado y circulado ideas antipatrióticas. Ahora no ocultare que, en cierto modo, me alegrar el verlo encauzado en el nacionalismo en esta hora de su ingreso al Congreso Argentino; socialistas a los que yo he visto producir una huelga cuando el Centenario…

Sr. del Valle Iberlucea: Es inexacto, señor Senador.

Sr. Crotto: Así lo tenía entendido.

Sr. del Valle Iberlucea: El partido Socialista no ha declarado jamás una huelga general para el Centenario; por el contrario, condeno esa huelga en todos los momentos. Yo le recomiendo que lea un articulo de La Nación de esa época en el que se encomiaba el discurso de un inteligisimo obrero, Francisco Cúneo, criticando y combatiendo el proyecto de huelga general en ese momento, en la Confederación General del Trabajo.

Sr. Crotto: Será un error mío.

Sr. del Valle Iberlucea: Es un error evidentemente.

Sr. Crotto: El señor Senador decía que se formaron escuelas, que se educó al pueblo. Si, es verdad, pero los resultados que se palpan están manifiestos y en esas escuelas se le enseña a no quitarse el sombrero cuando se toca el Himno Argentino.

Sr. del Valle Iberlucea: Es inexacto.

Sr. Crotto: Sin embargo, cada vez que se toca el Himno Nacional en las plazas hay que librar verdaderas batallas con este elemento socialista. En lugar de sacarse el sombrero, se lo meten en las orejas.

-Aplausos.

Sr. del Valle Iberlucea: ¿Me permite una interrupción?

Sr. Crotto: Si señor.

Sr. del Valle Iberlucea: Los radicales, señor Presidente, consideran que la canción patria es patrimonio particular del partido Radical y aunque dos o tres entonen el Himno quieren obligar a todo el mundo a que los acompañe. El partido Socialista no condena, porque seria suicidarse, la canción que guió a las huestes libertadoras en defensa de la independencia de la patria.

-Aplausos.

Sr. Crotto: Continuo, señor Presidente.

Quiero recoger también la aseveración que se ha hecho de que el partido Radical estaba en plena bancarrota.

Eso si que es un ilusionismo. El partido Radical, por lo pronto, en la Capital, ha obtenido cuatro mil votos mas que en las elecciones pasadas.

Sr. del Valle Iberlucea: Otro error, porque el señor Senador no toma en cuenta el aumento de los inscriptos en el padrón; saque la cuenta y vera que no hay aumento, sino estancamiento.

Sr. Crotto: El partido Radical ha obtenido mas votos que en la vez pasada, no esta por lo tanto en la bancarrota ni en la Capital ni en la Republica y el día que el Ministro del Interior no le preste mano fuerte al partido Socialista, ya vera el señor candidato si va a triunfar.

-Aplausos en la barra.

Así que yo por mi parte he cumplido con mi deber de conciencia como argentino, oponiéndome a este diploma, dadas las manifestaciones que hacia La Vanguardia, que no he encontrado rectificaciones en parte alguna.

De ahí que pensé que aquí se nos presentaba un ciudadano completamente antiargentino en sentimientos y creí de mi deber hacer estas observaciones; pero es indudable, por lo que se me alcanza, después de las manifestaciones patrióticas del electo, que el partido Socialista esta dividido en dos bandos antagónicos, y si bien en ciertos momentos habrán crecido los que opinan de una manera, en otros habrán disminuido, y tal vez se encuentre la explicación de esta suba y baja de patriotismo en los socialistas, en estas palabras de Guillermo Ferrero que hace cinco o seis días aparecieron en La Nación:

«Hoy que el alfabeto, el diario, el derecho electoral, han bajado a las masas, estas se han vuelto en toda Europa ferozmente nacionalistas; se odian y se desprecian de una a otra frontera y hasta los socialistas envainan, a toda furia, las teorías cosmopolitas e internacionalistas de que se hacían gala por temor a los silbidos»

Así es que es muy posible que los señores socialistas, por temor a los silbidos, envainen las teorías que tenían hasta ayer.

-Aplausos.

De todas maneras, yo me congratulo, y tengo la satisfacción de haber obtenido que el señor Senador electo haya hecho profesión de fe patriótica, manifestando que tiene mucho amor por la Patria, por nuestro himno nacional y por nuestro ejercito nacional.

-Aplausos.

Sr. del Valle Iberlucea: Una sola palabra, señor Presidente.

Sr. Presidente: Si es para rectificar, puede hacer uso de la palabra señor Senador electo.

Sr. del Valle Iberlucea: Dado lo avanzado de la hora no quiero fatigar la atención del honorable Senado replicando al señor Senador por la Capital.

Ha repetido la inexacta argumentación de su original proclama, que juzgada esta por la opinión publica. Quiero decir simplemente que todo lo que acaba de afirmar el señor Senador esta rectificado en el manifiesto que dirigió al pueblo de la Republica el partido Socialista en respuesta a la circular del partido Radical. Y no quiero decir una palabra más porque tengo la intima convicción de que el señor Senador por la Capital no ha levantado un solo de los cargos que he formulado en mi anterior oración, y porque en otra parte, señor Presidente, como el ridículo mata, yo creo que el señor Senador ha trazado con su discurso la inscripción de la lapida que cubre al Partido Radical.

-Aplausos.

Sr. Crotto: Estamos muy lejos de eso. Ya verá lo que es el partido Radical. Eso de vaticinar nuestra muerte y convertirse usted en sepulturero.

-Aplausos y risas.

Sr. del Valle Iberlucea: ¡Los muertos mandan!

Sr. Crotto: ¡Los muertos que vos matáis gozan de buena salud!

-Risas.

Sr. del Valle Iberlucea: ¡En el otro mundo!

-Risas.

Sr. Presidente: Se va a votar en general el despacho de la Comisión.

-Se vota y aprueba en general y en particular contra dos votos.

Sr. Presidente: Se va invitar a prestar juramento a los señores senadores electos.

Sr. del Valle Iberlucea: ¿Me permite una palabra el señor Presidente? Yo desearía, de acuerdo con mis convicciones filosóficas presta juramento, conforme con lo que prescribe el Art. 59 de la Constitución: por la Patria y por mi honor.

Sr. Presidente: Como el señor Senador propone separarse de la formula consagrada por el Reglamento, la honorable Cámara decidirá si se acepta o no el juramento en la forma que el lo propone.

Sr. Crotto: Pido la palabra.

Yo creo que no puede haber inconveniente alguno en que el señor Senador jure como lo ha expuesto; creo que, a pesar de lo que dice el Reglamento, por tales y cuales cosas, lo único que puede exigirse es que se vote de conformidad con el articulo de la Constitución, y como manifiesta que esta dispuesto a jurar por la Patria y su honor, no puede haber inconveniente en que así lo haga.

Sr. Presidente: Si no hay oposición por parte de la Cámara, se tomará el juramento en la forma manifestada.

-Prestan juramento en la forma reglamentaria y se incorporan los señores senadores Ugarte, Villanueva, Esteves, Albarracín y Castañeda Vega.

-Aplausos.

-Los señores senadores Iturraspe y del Valle Iberlucea juran en la forma manifestada por este ultimo: «Por la Patria y mi honor»
.

-Aplausos.















Fuente: Honorable Cámara de Senadores de la Nación Argentina.
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