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martes, 24 de mayo de 2016

Emilio Ravignani: "Designase Hipolito Yrigoyen a la capital de las Islas Malvinas" (1952)

EL SENADO Y CAMARA DE DIPUTADOS DE LA NACION ARGENTINA:

Art. 1: Designase a la Capital de la Islas Malvinas con el nombre de Hipólito Yrigoyen.

Art. 2: En toda la cartografía argentina  se fijará en la denominación de la capital de las Islas Malvinas el nombre de Hipólito Yrigoyen.

Art. 3: Además en las ediciones cartográficas de dichas islas se repondrán los nombres hispánicos y argentinos existentes en el momento de la usurpación de 1833.

FUNDAMENTOS

Señor Presidente:

Tanto por el significado del homenaje, en sí, referente al recuerdo de un primer magistrado profunda y auténticamente argentino, Hipólito Yrigoyen, como por la raíz histórica de reivindicación, en toda forma, mientras exista una usurpación del suelo argentino, estamos en el deber de afirmarlo de un modo categórico y permanente. Funda este proyecto solo en la faz histórica, se necesitaría un volumen, razón por la cual daremos las líneas esenciales.

Se trata de establecer una toponomia argentina en una región usurpada por la fuerza, que siempre repudio el presidente radical recordado y aun mas, hasta por cierta índole espiritual que se funda en el origen hispánico de nuestro pro-hombre, encontramos razones en esta ley justiciera; pues no debe olvidarse que fue Yrigoyen quien instituyó el día de la raza echado a olvido, en forma inconsulta, en los tiempos actuales tan propicios a los mas variados homenajes. Los argentinos como herederos de la soberanía hispánica, estamos en la obligación de complementar el proyecto con la restauración en la cartografía argentina existente en 1833, época en que fue violada nuestra soberanía.

Varias veces se ha discutido en el Parlamento Argentino la raíz histórica de nuestro derecho. Bastemos decir en estas breves líneas que fue la nave Santanton de la expedición de Magallanes la que descubrió el Archipiélago. Siglos mas tarde después de las negociaciones entre Francia y España esta última reconoció 1a entrega del puerto fundado por Bouganville. El Puerto Saint Louis se transformo en el Puerto Soledad y la expulsión del establecimiento ingles Puerto Egmont mediante la extensión de Madariaga, integrada por hombres del Río de la Plata afirmo definitivamente la soberanía.

Fundamos nuestra afirmación histórica en una irrebatible documentación que tuvimos el honor de reunir durante el ejercicio de la dirección del Instituto de Investigaciones Históricas y comenzamos a imprimir cuando tuvimos que retirarnos en el año 1916. Hasta ahora la Facultad de Filosofía y Letras no ha publicado una sola línea de una amplia y metódica investigación que permitió reunir fuentes indubitables en los archivos españoles (General de Indias y de Simancas, en el de Relaciones Exteriores de Francia, en el de Foreig Office de Londres ( de donde surge nuestro incuestionable derecho), de Montevideo, de nuestros archivos de Relaciones Exteriores y, por ultimo del descubrimiento del Archivo del ultimo gobernante argentino Luis Vernet que ha permitido a uno de nuestros distinguidos colaboradores Ricardo R. Caillet Bois publicar un libro fundamental intitulado "Una tierra argentina","Las Islas Malvinas". En este ultimo libro esta definitivamente probada la soberanía nacional desde 1820 a 1833 y el abuso de fuerza cometido por la Gran Bretaña.

Con esto dejamos esbozado el lineamiento general de un asunto que será discutido, como lo esperamos, en la Cámara con argumentos de derecho definitivos y que conmoverán la opinión británica.

Emilio Ravignani












Fuente: Ravignani y otros - Proyecto de Ley designandose a la capital de las Islas Malvinas con el nombre de Hipolito Yrigoyen, 1952. 
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viernes, 20 de mayo de 2016

Pedro Bonifacio Palacios: "La Sombra de la Patria" (1913)

"La sombra de la patria", que voy a leer, después de la "Evangélica" de la tarde y antes de "Serenata", es un canto que ha palpitado en mi espíritu desde mi remota juventud como una obsesión.

Dos o tres veces -ocasionado por las circunstancias- tomó forma real, pero bosquejada apenas, hasta que surgió, hasta que definitivamente culminó el siglo pasado durante los sangrientos civismos del año 1893.

Sin embargo, no es a propósito, no es un trabajo precisamente originado, absolutamente sugerido por aquel hecho histórico; pero se revistió, se saturó de la enorme amargura, de la pesimista congoja cívica que le caracteriza, al son de aquellos días tumultuosos, y tuvo, a la fuerza, que asumir algo del movimiento, del color, de la luz, del sabor propio de los días esos: no hay obra humana -por más abstracto, por más excelsa, o por más relativa y por más contingente que ella sea- que no se tiña de las tonalidades del sitio y de la hora en que ella fue realizada; no hay hecho que no denuncie al hombre que lo produjo ni hombre que no revele de alguna manera los lodos que pisa.

Pero el cómplice verdadero, el instigador responsable de la consumación de esta obra mía, es otro más antiguo, más grave y voy a denunciarle:

Hubo siempre en mí una angustia, una zozobra, una desazón constantes, perpetuas, que ya no me molestan, porque me he habituado a ellas, como nos acostumbramos al silbar de los oídos, o a otra dolencia parecida, como se amoldan los presidiarios a su grillete, como se adapta, se somete todo el mundo a lo irremediable.

Siento, sospecho que no hemos cumplido enteramente punto por punto el testamento histórico de nuestros antepasados de la Revolución, los héroes de la Independencia, los sabios fundadores de nuestra racionalidad.

Más aún, me parece a mí -me ha parecido siempre- que los destinos humanos, que las civilizaciones humanas, que el progreso humano, no se han conmovido de un modo apreciable, no han tomado mejores direcciones, no han recibido todos los beneficios que, tal vez, imaginó la Providencia al decretar la aparición de un continente sobre la faz de las aguas y al producir la emancipación política de tantos pueblos.

Ese amargor, esa desazón, ese silbar de los oídos, que me han venido mortificando desde mi primera ya lejana juventud, han sido los verdaderos, los reales originadores de "La sombra de la patria".

Pedro Bonifacio Palacios, Teatro Odeón 1913. 

I
Sueltos van sus cabellos. En guedejas
Por su busto encorvado se derraman
Como velo de angustias o sombría
Melena de león. Adusta, pálida,
Desencajado el rostro; la vergüenza
no tiene la pupila más opaca,
Ni la faz de Jesús, al beso infame,
Se contrajo más rígida. Adelanta
Con medroso ademán... !Oh! ¡la ignominia
Con paso triunfador nunca se arrastra!
La voraz invasión de lo pequeño
No hiere como el rayo; pero amansa!
¡Cuando el alma inmortal cae de rodillas
La materia mortal cae deshojada!
La caída, más honda es la caída
Que nos pone a merced de la canalla,
De lo ruin, de lo innoble, de lo fofo
Que flota sobre el mar como resaca,
Corno fétido gas en el vacío,
Cual chusma vil sobre la especie humana.

II
Yo la siento gemir, y sus gemidos
Resonante, recóndita cascada
En mi cerebro entumecido se hunden,
Y allí, en mitad de las tinieblas, cantan,
Con el santo fervor de los que piensan
Ablandar a su dios con sus plegarias,
Con el grave compás de los que lloran
Y al son de los sollozos se acompañan,
Con el hondo plañir de los que yacen
Más allá de la luz y la esperanza!
Yo la siento gemir, y sus gemidos,
Saetas del pesar, me despedazan,
Reproches del deber me paralizan,
Pregones de vergüenza, me anonadan!
Yo la siento gemir, y sus gemidos
Sobre mi frágil corazón, estallan
Como todos los vientos de la tierra
Soplando, sin cesar, sobre una rama.
Como toda la fuerza de los orbes
Gravitando, a la vez, sobre una espalda;
Como todo el dolor del universo
Que en una sola vida se agolpara;
Como toda la sombra de los siglos
En una sola mente refugiada.

III
Yo la siento gemir, y me parece
Que la bóveda azul se desencaja,
Cual si fuera una ruina miserable
Que Saturno esparciese con sus alas.
Cual si fuera una cúpula proterva
Que derrumbase Dios, bajo sus plantas!
Yo la siento gemir, y el océano
Y la selva, y las cumbres y la pampa,
Y la nube y el viento y las estrellas
Y todo lo insensible y sin entrañas,
Me parece que sienten, me parece
Que asumen voz y proporción humana!
Me parece que vienen y se postran
Sobre la regia púrpura de mi alma,
Y la súplica ardiente de las cosas
En miserere trágico levantan.

IV
Yo la siento cruzar ante mis ojos
Y es una estrella muerta la que pasa.
Dejando en pos de su fulgor, la sombra,
Porque en pos de su luz, reina la nada!
Yo la siento cruzar ante mis ojos
Y la pupila tras de sí me arranca,
Cual si su imagen desgreñada y torva,
En vez de su visión, fuese una garra
Yo la siento cruzar ante mis ojos
En aterrante procesión fantástica,
De biblias del deber que ya no enseñan,
De apóstoles del bien que ya no hablan,
De laureles de honor que ya no honran,
De inspirados de Dios que ya no cantan,
De púdicas estolas que envilecen,
De patenas limpísimas que manchan,
De eucarísticos panes que envenenan,
De banderas celestes que se arrastran!
Yo la siento cruzar.. Seres felices
Que carecéis de luz en la mirada,
¡Ah! yo no puedo soportar la mía
Bajo la horrible sombra de mi patria!

V
¿Dónde estás, Jehová? ¿Dónde te ocultas?
¿Qué? ¿No vuelves tus ojos y la salvas?
¿Qué? ¿No giras tu rostro y la contemplas?
¿Qué? ¿No extiendes tu mano y la levantas?
Miras echar sobre su casto seno,
Que fue pulcro, Señor, como la nácar.
Antes de que su rastro en él dejase
La vil caricia de la gran canalla!
Miras echar sobre sus nobles hombros,-
Hombros que fueran los de Juno y Diana,-
Si el azote brutal del infortunio
Su pulido marfil no flagelara!
Miras echar sobre su cuerpo sacro,-
¡Tan sacro, sí, como tus hostias santas,
Porque también tus hostias se mancillan
Porque también tus hostias se profanan
Miras echar sobre la patria nuestra,
Digo por fin, vibrante de arrogancia,
El hediondo capote del soldado
Que ha de ser su señor, si no le matas,
¿Y el rayo de tu enojo no descuelgas?
¿Tu flamígero brazo, no descargas?
¿Tu cielo fulgurante, no oscureces?
¿Y tus mundos atónitos no paras?

VI
¿Dónde estás, Jehová? ¿Desde que cumbre,
Circundada de monstruos y de llamas.
Desde qué abismo negro, impenetrable,
Desde qué estrella errante y solitaria
Ves su profanación y no fulminas?
¿Oyes la voz de tu poeta y callas?
La voz de tu poeta que te siente,
La voz de tu poeta que te aclama,
La voz de tu poeta que te adora,
En la noche en el día y en el alba,
En el secreto foro de su pecho
Y en el público altar de su palabra.
¿Dónde estás, Jehová, que así me dejas
Buscarte ansioso por doquier, y callas?
¿Y callas como un ídolo sin lengua,
Como un muñeco rígido sin alma,
A quien supuso vida el fanatismo
Y atribuyó justicia la ignorancia!

VII
¡Sí! La virtud, las leyes, el derecho
La religión, la libertad, la patria,
La tradición gloriosa de los pueblos,
La consigna inviolable de las razas,
Y todo lo que da calor y vida
Y ese artefacto rígido que llaman
El universo tuyo, son apenas
Un sueño, una mentira, una palabra,
Una cosa que suena como un disco
Chocando sobre el mármol de una escala,
Una cosa que está como una piedra
Descendiendo veloz de una montaña;
Una mancha que brilla y que no alumbra
Una boca que grita y que no habla!

VIII
Y la doblez, la astucia, la codicia;
La vileza del sable que amenaza;
La insidia ruin que a la virtud deshonra
Y a las turbas conturba y maniata;
La evidencia del mal, su negro imperio
Sojuzgando las cosas y las almas,
Cual si fuera la torpe levadura
Que lleva la creación en sus entrañas,
La genésica fuerza incontrastable,
El fiat inicial del protoplasma,-
Esas son la verdad, Dios de los pueblos,
A cuyos pies la humanidad se arrastra
Como van los rebaños trashumantes
Hacia donde su instinto les señala,
La pintoresca flota de las nubes
Hacia donde los vientos la arrebatan,
Los pluviales arroyos a los ríos,
Y a las aguas del mar todas las aguas!

IX
Esos son la verdad. Dios providente,
Que todo lo precaves y lo mandas,
Arquitecto invisible, que dispones
La orientación del pórtico y tu fábrica,
Poderoso caudillo que presides
La instrucción del soldado y la batalla,
Tragediante inmortal que verificas
La negra intriga de tus propios dramas!
Esos son la verdad Dios de justicia,
A cuyo tribunal siempre me llama,
Que has hecho del placer el ancho cauce
Que conduce a la muerte o la nostalgia;
Que has dejado indefensa a la gacela
Armando al lobo de potentes garras;
Que has dividido el mundo de los hombres.
En los más, que padecen y trabajan,
Y en los menos, que gozan y que cumplen
La misión de guiar la recua humana,
Que más grandes son cuando más mienten,
Que más nobles son cuando más matan!..
¿Dónde estás Jehová? ¿Dónde te ocultas
Que así me dejas blasfemar y callas,
Mi rebelión airada no sofrenas,
Mi pequeñez pomposa no anonadas,
Mi razón deleznable no enloqueces.
Y esta lengua de arpía no me arrancas?

X
Los que sabéis de amor, -de amor excelso,
Que recorre la arteria y la dilata,
Que reside en el pecho y lo ennoblece,
Que palpita en el ser y lo agiganta;
Los que sabéis de amor, nobles mancebos,
Fuertes, briosos, púdicos, sin mancha,
Que recién penetráis en el santuario
De la fecunda pubertad sagrada;
Vosotros, -Sí, vosotros ¡oh! mancebos
De talante gentil y alma entusiasta,
Que todavía honráis a vuestras madres,
Circuyendo de besos y de lágrimas
El augusto recinto de sus frentes,
La espléndida corona de sus canas!
Volved los rostros a la reina ilustre
Que prostituída por los viejos, pasa,
Y si al poner los ojos en los suyos,
Ojos de diosa que del polvo no alza,
No sentís el dolor que a los varones
Ante el dolor de la mujer ataca;
Si al contemplar su seno desceñido,
Seno de virgen que el rubor abrasa,
No sentís el torrente de la sangre
Que inunda el rostro en borbollón de grana
Si al escuchar sus ayes angustiosos,
Ayes de leona que en su jaula brama,
No sentís una fuerza prodigiosa
Que os impele a la lucha y la venganza;
¡Arrancaos a puñados, de los rostros,
Las mal nacidas juveniles barbas,
Y dejad escoltar a vuestras novias
La Sombra de la Patria!






Fuente: La Sombra de la Patria recitado en el Teatro Odeón en 1913, Obras de Almafuerte Ediciones Peuser, 1954.

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lunes, 16 de mayo de 2016

Edmundo F. Catalano: "Frondizi y la Nacionalizacion del Petróleo" (1999)

El 1 de mayo de 1958, el nuevo gobierno constitucional presidido por Arturo Frondizi, anuncio el comienzo de una nueva política petrolera con el fin de poner término al peligro que se cernía sobre nuestra economía. El objetivo anunciado era librar "la batalla del petróleo" en nombre de la soberanía nacional. Puntualizo, a esté respecto, que esa lucha se libraría a través de YPF y con la cooperación del capital privado, sin dar lugar a concesiones ni a renuncias del dominio del Estado sobre los yacimientos.

El proyecto de ley remitido al Congreso con ese objeto fue sancionado con el voto favorable de la mayoría radical intransigente. La minoría no participo en la votación.

Esta ley, que lleva el número 14.773, declaro los yacimientos de hidrocarburos propiedad absoluta, inalienable e imprescriptible del Estado nacional y dispuso que las actividades referidas al estudio, explotación, industrialización y transporte de los hidrocarburos se realizara a través de YPF y Gas del Estado. Los derechos preexistentes serian respetados. La ley, por otra parte, prohibió el otorgamiento de nuevas concesiones pero no impidió que se celebraran otros tipos de contratos mientras no contuvieran cláusulas lesivas a nuestra independencia económica o que de otro modo pudieran gravitar en la autodeterminación de la Nación, según expresaba.

Ya antes de la sanción de la ley 14.773 y en uso de las facultades que le otorgaba el nuevo estatuto de YPF, reformado en días anteriores a la asunción de las nuevas autoridades por el Gobierno Provisional, el delegado presidencial designado como interventor de YPF, celebro una serie de contratos con empresas nacionales y extranjeras, que en el fondo importaban verdaderas concesiones por su extensión territorial y el conjunto de facultades que otorgaban a los adjudicatarios. Estos contratos se presentaron bajo la forma de locación de obra y servicio v su efecto fue favorable a la expansión de la actividad petrolera, al punto de que en el curso de cuatro años la producción se triplico y se logro el autoabastecimiento. Al asumir en 1963, el gobierno constitucional siguiente, presidido por Arturo Illia, dicho contratos, en número de 13, fue anulado por el gobierno y más tarde renegociados en 1966 por el gobierno de la Revolución Argentina, que le sucedió.













Fuente: Curso de Derecho Minero Quinta Edicion de Edmundo F. Catalano. Editorial Zavalia. 1999.
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domingo, 15 de mayo de 2016

Rogelio Frigerio: "Los comicios del 18 de marzo" (21 de marzo de 1962)

El comicio demostró:

-          Que la UCRI aumentó substancialmente su caudal de votos superando a los demás partidos en San Luis, Catamarca, Santa Fe, Formosa, Corrientes y la Capital Federal.

-          Que el Justicialismo directamente o a través de alianzas circunstanciales, alcanzó el triunfo en la provincia de Buenos Aires y otros nueves distritos.

-          Que los partidos que se limitan a una política declamatoria pierden gravitación y adherentes.

-          Que la Unión Cívica Radical del Pueblo ha visto disminuido su fuerza electoral, al punto de que resulta solo precaria vencedora en Córdoba.

-          Que la inmensa mayoría del pueblo quiere una política de paz y respeto por el orden legal y que por lo tanto repudia toda tentativa de avasallamiento de la soberanía popular.

En esta elección se vio divididas y enfrentadas a las fuerzas triunfantes el 23 de febrero. Un sector pone la nota en el desarrollo (UCRI) y otro en la justicia social (peronista), pero que ambos conceptos habrán de marchar en el futuro paralelamente. El hecho objetivo evidenciado por el escrutinio será el pronunciamiento masivo del electorado por el desarrollo económico y la distribución equitativa, términos que se acercarían ahora a una síntesis.

Esta vez las fuerzas marcharon divididas, por la presión conjunta de la reacción interna y de la reacción internacional.

Pasado el momento terrorista de 1959, podría haberse reeditado la unión contra la reacción de 1946 y 1958 en vez de la fragmentación presente.

Producto del hecho de la división entre la UCRI y el peronismo, y consecuentemente el dilema “violencia contra violencia” o respuesta a la violencia con la unión indestructible de nuestras fuerzas. Me pronuncio por esta última elección, porque ello permitirá elegir el terreno de nuestra lucha ya que ahora eligen ellos.

La relación de fuerzas en el campo de la violencia es favorable a los enemigos del pueblo, pero nada podrá construirse a espaldas de lo popular. Reconozco el poder del antiperonismo que aquí es necesario encontrar un punto de coincidencia con los demás sectores para desenvolver el proceso nacional.

No predico el olvido del pasado, sino su incorporación responsable a la conciencia de todos los argentinos de modo que solo nosotros, los argentinos podamos intervenir en la discusión y solución de los problemas que nos afectan y hacerlo por la vía pacifica sin enfrentamientos violentos. Si este objetivo no fuera alcanzado estaríamos a merced del enemigo exterior y destruiríamos en la lucha intestina toda posibilidad de engrandecimiento nacional y de bienestar popular.











Fuente: Declaración del Sr. Rogelio Frigerio ex Secretario de Asuntos Económicos y Sociales de la Presidencia y autodefinido inspirador del movimiento de integración nacional sobre los resultados del comicio, 21 de marzo de 1962.


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sábado, 14 de mayo de 2016

Guillermo Acuña Anzorena: "Acto de entrega de la CGT" (16 de marzo de 1961)

La ceremonia que se acaba de realizar como el comienzo de la etapa final de normalización de la vida sindical argentina, que representa el logro de ese común anhelo que le es propio al gobierno, a los trabajadores y a todos los que en la Argentina realizan su acción con sentido constructivo y con sentido auténticamente nacional.

El Poder Ejecutivo confía con responsabilidad en la labor de los dirigentes gremiales no solo porque ellos traducen el sentir de la clase obrera, sino también porque encauzan sus problemas en inquietudes. No le cabe duda sabrán desarrollar la preocupación política del quehacer sindical, porque si bien es loable la primera, no podemos olvidar que cuando se manifiesta fuera de sus ámbito especifico índice negativamente sobre el vigor y sobre la cohesión que debe tener un movimiento que nuclear y nunca divide a los trabajadores argentinos. El Ministerio de Trabajo seguirá abierto a las inquietudes de la clase trabajadora, quien desde hoy en más tendrá una nueva y autentica voz, la de vosotros, señores miembros de la comisión provisional de la Confederación General del Trabajo.

Cierto está que es necesario el imperio pleno de la ley. Cierto está que contribuiréis al logro de un objetivo que nace y tiene vigencia desde los orígenes mismos de nuestra Nación: lograr un pueblo fuerte, unido en permanente superación, pero que lo quiere hacer en paz, con dignidad, sin tutelajes, como lo exige, porque no decirlo su orgullo nacional y su profundo amor a la libertad.

No es esta hora ni de rendir ni de exigir cuentas.

El pasado quedó atrás, cualquiera sea ese pasado nuestro.

En este presente no puede juzgarse un pasado sin construir un futuro. Es hora ya de que abandonemos lo que nos separa y breguemos por un mañana que nos reconcilie definitivamente.







Fuente: Palabras del señor Ministro de Trabajo y Seguridad Social Dr. Guillermo Acuña Anzorena en el acto de traspaso de la Confederación General del Trabajo a la Comisión de los 20, 16 de marzo de 1961.
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viernes, 13 de mayo de 2016

Arturo Frondizi: "Kennedy y la Alianza para el Progreso" (3 de abril de 1961)

Buenos Aires, 3 de abril de 1961.

Mí estimado Presidente:

He estudiado con profunda atención el discurso pronunciado por Vuestra Excelencia el 13 de marzo último, ante los embajadores latinoamericanos en Washington.

Deseo expresar a Vuestra Excelencia que el anuncio de la "'Alianza para el Progreso" en el formulado abre una nueva perspectiva histórica a la tarea común de las repúblicas americanas.

Nuestros países constituyen una comunidad ligada por lazos geográficos, históricos y sobre todo espirituales, de carácter indisoluble.

Somos un brote dentro del Mundo Occidental. El Mundo Occidental se irradio desde las épocas de los grandes descubrimientos hacia todos los rumbos del globo. Hacia todos ellos transmitió la vitalidad de su cultura y de su espíritu de progreso. Tomó así contacto con otras antiguas culturas y con pueblos primitivos. En algunos de ellos penetro y conjugo los viejos y los nuevos valores. En otros tuvo presencia activa pero no logro una fusión permanente.

America creció como parte del mundo occidental. Nuestros pueblos aborígenes se incorporaron a su religión y a su cultura. Los pueblos europeos que llegaron a nuestras playas se incorporaron para siempre a nuestra geografía.

Nuestra independencia política, que alcanzamos casi contemporáneamente, fue la primera expresión de la vitalidad y madurez de la cultura recibida, que así adquiría ya su existencia autónoma.

Desde entonces iniciamos el largo esfuerzo para desarrollar nuestras nacionalidades, para institucionalizar una vida democrática basada en el respeto a la dignidad humana y para promover el progreso y el bienestar de nuestros pueblos.

La evolución de nuestras republicas tuvo la variedad y la diversidad propia de los destinos humanos aunque nuestros ideales y nuestros objetivos fueran semejantes.

Todas sufrimos problemas y conflictos en nuestra evolución hacia la democracia y la libertad: luchas intestinas, conflictos locales, tiranías. En Europa, en plena madurez, esos conflictos alcanzaron las proporciones catastróficas que llevaron al mundo a la última guerra.

En esa ocasión los Estados Unidos fueron la reserva moral y material a la que cupo la acción decisiva para salvar los valores permanentes en su coyuntura definitiva.

Luego, en una decisión sin precedentes, volcaron un gran esfuerzo económico y técnico en el Plan Marshall para hacer posible la rápida reconstrucción de un mundo económicamente paralizado por la devastación y al borde de una grave crisis de desintegración, cuyo estallido habría sido fatal para nuestra civilización.

Hoy America Latina atraviesa también una etapa en la que están en juego valores fundamentales.

Muchos de nuestros pueblos han logrado restablecer las instituciones democráticas esenciales para el respeto de nuestros valores tradicionales, de la libertad humana y de un régimen económico basado en la justicia social, la: iniciativa individual y el respeto a la propiedad privada.

Sin embargo, los pueblos latinoamericanos estamos afectados por un grave factor perturbador, que obstaculiza nuestro progreso, hace difícil a los gobernantes satisfacer las aspiraciones cada vez mas vigorosas de los pueblos y en tales condiciones, amenaza nuestra estabilidad social frente a la acción deletérea de la demagogia y la predica disolvente: ese factor negativo, como muy bien lo ha percibido Vuestra Excelencia es el subdesarrollo.

Las condiciones de subdesarrollo imperantes en América Latina perturban e interfieren todo el esfuerzo nacional para promover el mejoramiento de las condiciones de vida de nuestros pueblos.

El producto nacional de los países de América Latina en muy pocos casos crece a un ritmo equivalente o superior al del aumento de su población; las exportaciones, compuestas principalmente de productos básicos, han aumentado menos que la población y proporcionan por lo tanto recursos muy inferiores a los necesarios para adquirir los equipos y manufacturas indispensables para el desarrollo.
Como depositarios de una concepción de la vida fundada en el cristianismo y la tradición occidental, sostenemos la categoría suprema de los valores espirituales que hacen a la dignidad del hombre. En horas criticas para el mundo y para nuestros países, no vacilamos en abandonar todo apego a los bienes materiales en defensa de lo que es esencial para el hombre.

Pero, en la crisis actual de America Latina, esos valores estará amenazados por las perturbaciones y frustraciones causadas en nuestros pueblos por sus ingresos insuficientes, que determinan la inseguridad económica y para muchas comunidades la desnutrición, la enfermedad v la ignorancia.

En reiteradas ocasiones tuve oportunidad de destacar que el círculo vicioso de la pobreza y el subdesarrollo requiere soluciones vigorosas. En las condiciones actuales del mundo, tanto políticas como económicas, ningún pueblo subdesarrollado puede concretar esas soluciones, dentro de un régimen democrático, sin la cooperación de los países desarrollados.

Además, desearía destacar a Vuestra Excelencia que el problema del subdesarrollo no es solamente una cuestión grave en las situaciones extremas de miseria. No se trata solamente de superar los problemas del hambre, las enfermedades contagiosas o el analfabetismo.

Los pueblos en la mitad del siglo XX aspiran a niveles de bienestar propios de esta época y no simplemente a superar la subsistencia física. Las aspiraciones no se limitan a las necesidades biológicas sino a lo que -en este momento de la civilización y el progreso mundial es una vida digna en el orden material y cultural, en el orden físico y espiritual: el campesino aspira a poder informarse y a ser escuchado, democráticamente, en la adopción de las decisiones nacionales cuyos efectos le alcanzaran: ello significa facilidades educativas, de transportes y comunicaciones, electrificación y saneamiento rural, trato comercial equitativo; los trabajadores industriales que han adquirido destreza para manejar las complejas maquinarias en las plantas productoras, aspiran a mayores niveles culturales, a una mas alta consideración social, a un bienestar relacionado con el nivel de productividad que permite la tecnología moderna.

También los profesionales y los técnicos y los intelectuales aspiran a ser respetados en sus actividades, y a lograr una responsabilidad en las comunidades a que pertenecen conmensurada con su capacidad. Esto implica no solo niveles adecuados de ingresos sino facilidades de laboratorios, de estudio y sobre todo reconocimiento de sus aptitudes y posibilidades en la vida colectiva.

La historia de este siglo indica que este tipo de tensiones ofrece un campo tal vez mas fértil aun que las que crea la miseria extrema, para la germinación de movimiento nihilistas que pueden abrir las compuertas a la irrupción del totalitarismo comunista.

En el mensaje al Congreso relativo a los programas de cooperación internacional de los Estados Unidos, Vuestra Excelencia señalo con gran lucidez que el objetivo de dichos programas no tiene la limitación de una lucha pasiva de mera oposición al comunismo, sino el sentido dinámico de demostrar históricamente que en el siglo XX puede lograrse un rápido crecimiento economico dentro de nuestras instituciones democráticas.

Fuera del Plan Marshall para Europa, en los años posteriores a la última guerra mundial se ha venido cumpliendo una vasta tarea de cooperación internacional en los campos económicos y técnicos, en la cual ha correspondido a los Estados Unidos la actividad más importante e incluso un verdadero liderazgo. Sin embargo, pese al notable volumen absoluto del esfuerzo y a los positivos resultados obtenidos, si ese esfuerzo se mide en relación a la magnitud de las necesidades de los países subdesarrollados, su significación es insuficiente frente a la urgencia de los problemas y tensiones existentes.

En un excepcional gesto de estadista, inmediatamente después de haber asumido la alta responsabilidad nacional y mundial de la Presidencia de los Estados Unidos, Vuestra Excelencia ha revivido las mejores tradiciones de una gran nación al tomar una iniciativa proporcionada a la significación y la urgencia del problema.

Por eso no he podido limitarme a la sola expresion de congratulación por calurosa que esta pueda ser.

En esta cuestión se juega nuestro destino de naciones libres y nuestra responsabilidad de gobernantes.

En nombre de esa responsabilidad quiero decir hoy a Vuestra Excelencia que mi gobierno se compromete sin reservas al común esfuerzo de la 'Alianza para el Progreso" que habéis abierto a la cooperación de todos los pueblos americanos.

Es esta una decisión dictada por el camino irreversible que elegí para mi país al hacerme cargo del gobierno hace tres años.

Sin vacilaciones encaramos entonces la difícil tarea de consolidar la vida institucional, el libre ejercicio de los derechos garantizados por nuestra Constitución y la paz social, a la vez que iniciábamos una política económica tendiente a sanear y estabilizar nuestras finanzas y a impulsar sobre esas bases un proceso de rápido desarrollo nacional.

En las condiciones mas difíciles, nuestra fe en los ideales tradicionales de Occidente nos llevó a dar con el apoyo del pueblo un testimonio decisivo de que dentro de la democracia y la libertad se puede construir el camino mas digno y directo hacia el bienestar y el progreso económico, para afirmar el ejercicio de las mas altas cualidades espirituales del hombre.

Fueron removidos los instrumentos de intervención estatal que hasta ese momento habían interferido en la vida económica nacional; dimos solución amplia y definitiva a los múltiples problemas que en el orden nacional e internacional nuestro país arrastraba desde hacia varios lustros; reclamamos al pueblo un fuerte sacrificio de austeridad para contener el disgregante proceso inflacionario y rehabilitar nuestra situación financiera y pusimos en marcha un programa de sólido desarrollo.

Por cierto que este esfuerzo hubiera sido de imposible realización si no hubiese contado con la valiosa cooperación de las naciones de Europa Occidental a las que nos unen vínculos tradicionales y sobre todo de los Estados Unidos, vuestro gran país, que mostró una gran comprensión desde un primer momento para la importancia critica de la tarea que iniciábamos.

Esta cooperación ha estrechado los vínculos que unen nuestros dos países en una forma práctica y concreta sin precedentes en nuestra historia.

La tarea llevada a cabo por mi gobierno ha dado importantes frutos favorables, pero ha encontrado también fuertes obstáculos que han determinado igualmente resultados negativos. Pero seguimos en ella porque sabemos que es un esfuerzo de largo aliento que deberá prolongarse en quienes nos sucedan.

Por eso, señor Presidente, os manifiesto hoy que como Presidente de los argentinos me siento irrevocablemente participe de la "Alianza para el Progreso", consciente de los nuevos esfuerzos que ella demandara de vuestro país, del mío y de todos los restantes miembros de la comunidad americana, pero seguro también de que solo mediante ese esfuerzo podremos realizar el destino histórico de America en este siglo cargado de ansiedades y de promesas.

La "Alianza para el Progreso" es una empresa conjunta que implica responsabilidades para todos como condición para el logro de objetivos que a todos habrán de beneficiar.
Como Vuestra Excelencia lo ha señalado, se trata de promover en esta década un esfuerzo decisivo que encamine a los pueblos americanos a un rápido desarrollo económico, que permita elevar sus niveles de vida y superar las tensiones sociales que ellos determinan.

Este programa ha de requerir su adecuado ordenamiento y orientación a fin de que los recursos forzosamente limitados, puedan utilizarse de la manera mas eficiente; sumada la gran capacidad de cooperación anticipada por Vuestra Excelencia y la magnitud de la contribución concretada por el propio esfuerzo de toaos nuestros países, siempre será limitado frente a la vastedad de los objetivos a alcanzar.

Por ello creo que es necesario concentrar el impulso inicial en el establecimiento y expansión estratégica de las industrias y servicios básicos que permitirán, a su vez, acelerar la industrialización, tecnificar la agricultura y de este modo elevar rápidamente la productividad de nuestras economías.'

La magnitud de esta empresa actualiza además una cuestión que mi gobierno planteara desde hace más de un año en reiteradas ocasiones y que es también objeto de la atención de Vuestra Excelencia: se trata de la participación de los países de Europa Occidental, ligados por estrechos vínculos tradicionales. America Latina, en este esfuerzo de cooperación para su desarrollo.

El desarrollo del programa planteado por Vuestra Excelencia requerirá un estrecho contacto e intercambio de ideas e iniciativas entre todos los países participantes. Será necesario igualmente utilizar en todas sus posibilidades a las instituciones existentes, especialmente al flamante Banco Interamericano de Desarrollo. Asimismo, resultaran de gran utilidad los estudios que ha venido llevando a cabo la CEPAL y las tareas cumplidas por la OEA que culminaron en la Conferencia que sanciono el Acta de Bogota.

Sin embargo, deseo manifestar a Vuestra Excelencia que creo que la magnitud de la empresa implícita en la "Alianza para el Progreso", requerirá un mecanismo de cooperación que a la vez que permita la mas eficiente utilización de las instituciones antes citadas tenga la flexibilidad y eficiencia que permita, por ejemplo, una activa participación en el programa de los países de Europa Occidental y que asegure la canalización eficiente del esfuerzo de cooperación hacia los sectores básicos antes señalados. Esta cuestión planteada por mi Gobierno mucho antes del anuncio del programa formulado por Vuestra Excelencia adquiere ahora, a nuestro juicio, una actualidad y una trascendencia mucho mayor.

Mis asesores y yo mismo estamos dispuestos para mantener y desarrollar consultas con Vuestra Excelencia y todos los gobiernos americanos, para arbitrar los medios necesarios para darle realidad dinámica a la "Alianza para el Progreso".

Señor Presidente: reciba estas extensas apreciaciones que me he permitido formular como mi homenaje mas directo al alto espíritu que ha inspirado su trascendente gesto de estadista.

A través de ellas habrá podido constatar que ya considero a la "Alianza para el Progreso" como una realidad en marcha, y estoy seguro que esta es la misma apreciación en todos los gobiernos de America.

En esta marcha, al avanzar hacia la conquista de nuestro futuro, se alejaran de America las sombras de todo intento de perturbation exterior, y se afirmara definitivamente una prosperidad alcanzada dentro del respeto a la libertad y al ejercicio de la justicia.

Salúdalo cordialmente,

Arturo Frondizi





Fuente: Carta al Presidente Kennedy, sobre la "Alianza para el Progreso" publicado en el libro La Politica Exterior Argentina de Arturo Frondizi con ordenacion y prólogo de Dardo Cúneo, 1962.



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miércoles, 11 de mayo de 2016

Arturo Illia: "Veto a la Ley de Despedidos" (19 de mayo de 1966)

El Presidente de la Nación Argentina.

Decreta:

Art. 1: Observase los artículos 1° y 38° y 41° a 61° del adjunto proyecto de Ley número 16881.

Art. 2: Con la salvedad establecida en el artículo anterior, promulgase y téngase por ley de la Nación el proyecto de ley registrado bajo el número 16881.

Art. 3: El presente decreto será refrendado por el señor Ministro Secretario en el Departamento de Trabajo y Seguridad Social.

Art. 4: Comuníquese, publíquese, dese a la Dirección Nacional del Registro Oficial y archívese.

ILLIA – FERNANDO SOLÁ

MENSAJE AL HONORABLE CONGRESO DE LA NACION:
(FRAGMENTO)

“El Poder Ejecutivo ha procedido a un detenido análisis de la Ley 16881 sancionada por Vuestra Honorabilidad, ponderando con la debida atención su alto propósito y atendiendo a la trascendencia indudable del asunto.

“Valora, así el encomiable esfuerzo realizado por Vuestra Honorabilidad para ordenar y actualizar las disposiciones legales que regían los contratos de trabajo, recogiendo los aportes de la jurisprudencia en unos casos y unificando la interpretación en otros cuando ella no aparecía como uniforme.

“No ha sido otra la inquietud que ha guiado al Gobierno Nacional al encomendar a conocidos tratadistas la elaboración de un anteproyecto del Libro del Trabajo del Código de Trabajo y Seguridad Social como base para la discusión publica sobre un tema que tanto interesa a uno de los aspectos fundamentales del quehacer nacional”

“El Poder Ejecutivo advierte así la coincidencia de intenciones y propósitos con los que guían a Vuestra Honorabilidad en la sanción de la Ley N° 16881. Pero señala que esta, partiendo de la base de promover la actualización de la Ley N° 11729 ha establecido en definitiva una serie de normas de mayor trascendencia y contenido que desbordan el primitivo propósito para representar un intento de regulación general del contrato de trabajo, con carácter amplio.

“Que a criterio de este Poder Ejecutivo debe armonizarse con los demás factores que concurren a integrar el proceso socio-económico para que la ley resulte realmente encauzadora y oportuna”

ILLIA – FERNANDO SOLÁ



Fuente: Veto parcial a la Ley 18881 que actualiza a la Ley 11729 de 1934 sobre despidos y Mensaje al Honorable Congreso de la Nacion al Anteproyecto del Codigo del Trabajo (fragmento) por el señor Presidente de la Nacion Dr. Arturo U. Illia y el señor ministro de Trabajo Fernando Solá del 19 de mayo de 1966.




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viernes, 6 de mayo de 2016

UCR de CBA.: "En conmemoracion de la revolucion del 4 de febrero de 1905" (febrero de 1909)

En la historia política de los pueblos, los partidos orgánicos tienen su rol y misión que cumplir como factores activos en la nobilísima labor de conquistar la posible felicidad común en el presente, que es lo que pudiéramos llamar la parte egoísta de la obra de cada generación y preparar el camino para que las generaciones posteriores continúen la lucha en el sentido de alcanzar el máximo grado de perfectibilidad social, por el esfuerzo proporcional y equitativo de cada individuo, venciendo los obstáculos que por lo general, opone la tendencia avasalladora y absorbente de aquellos que por una u otra causa llegan a tener en sus manos medios superiores de dominación. Este concepto que se desprende de la observación de los acontecimientos humanos a través de los siglos, ha determinado la necesidad del regular y constante funcionamiento de partidos de oposición que ejerzan una acción controladora y enérgica, capaces de ir hasta el sacrificio en la defensa de la libertad, de la justicia, y de los derechos individuales y colectivos, siempre que el egoísmo de los gobernantes arrastra a estos a la violación de las leyes y a la desnaturalización de las instituciones para satisfacer apetitos familiares o de círculos, pues cuando los pueblos descuidan la custodia de sus propios intereses, se exponen a soportar las consecuencias de la tiranía y del despotismo, es decir, el imperio de la fuerza bruta sobre los dictados de la sana razón.

El decaimiento del carácter y de la altivez cívica de los argentinos, la timidez conservadora de los partidos tradicionales y su total descomposición determinada por la sensualidad de una época triste en la historia de nuestra patria, nos arrastraron a la tiranía de 1889, tiranía del desquicio y de la impudicia que puso en la picota el nombre de la Republica en el extranjero e hizo ludibrio de todas nuestras instituciones; pero esa misma tiranía sirvió para prevenir al pueblo de sus errores; lo congrego en un anhelo común de hacer efectiva la soberanía, armo su brazo para poner fin a tanta vergüenza y lo impelió a la revolución para el derrocamiento de la presidencia del doctor Juárez y de la formación del partido radical, que desde aquel momento,- ha sido el baluarte de la causa popular y la pesadilla de las oligarquías que se han sustituido al gobierno de la constitución.

Con la severidad de su intransigencia el partido ha evitado grandes males al país y sus sacrificios en pro de la restauración del gobierno libre aunque no hayan alcanzado el triunfo material le han dado un ascendiente moral que hoy nadie discute y que le coloca en el primer rango entre los partidos que mas se han distinguido por su patriótica situación en la lucha, que día mas, día menos nos hará palpar los inapreciables beneficios de la libertad y de la justicia, suprema aspiración del individuo y de las colectividades humanas.

El día que por cualquier evento, llegara a descartarse de la política del país, el Radicalismo como fuerza de oposición intransigente al régimen feudal que representan las actuales oligarquías, ese día la vida se hará insoportable para las clases obreras, para el pueblo contribuyente, indefenso, cuyo trabajo no será suficiente a satisfacer las exigencias del funcionarismo elevado a la categoría de una casta privilegiada de insaciable voracidad, pero que se contiene en sus apetitos porque tiene' esa fuerza fiscalizadora que observa y esta siempre dispuesta a ejecutar el fallo de la opinión publica.

El partido radical esta de pie, sirviendo de ultimo reducto a la resistencia, firme en sus propósitos, fiel a su programa principista, aprestando sus elementos como lo requieran las circunstancia en las luchas próximas de la democracia y para ello el Comité Central de Córdoba exhorta a sus correligionarios y a todos los ciudadanos que simpaticen con la causa, a concurrir a los actos cívicos que se iniciaran el domingo con la conmemoración de la gloriosa jornada del 4 de febrero de 1905, en homenaje a los valerosos compañeros caídos al pie de la inmaculada bandera del Parque y en cumplimiento del testamento político del gran patriarca de la democracia argentina.















Fuente: Manifiesto en conmemoracion del 4° aniversario de la Revolucion Radical de 1905 por el Comite Central de la Unión Cívica Radical de Córdoba, febrero de 1909.


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miércoles, 4 de mayo de 2016

Arturo Frondizi: "Carta al Ingeniero Gabriel del Mazo" (23 de octubre de 1958)

Buenos Aires, 23 de octubre de 1958

Querido ministro y amigo:

Recibí su carta. Deseo fervorosamente verlo pronto y totalmente restablecido. El antiguo e inalterable afecto que le profeso se une en este caso al gran honor que significa para el Poder Ejecutivo el contar con la presencia de su eminente personalidad en uno de los cargos de mayor responsabilidad

Le agradezco sus expresiones de solidaridad y saludo en Ud. al consejero de todas las horas y al intérprete lucido de la empresa de realización nacional y popular de la Argentina, en la que todos nos hallamos empeñados.











Fuente: Mensaje del Dr. Arturo Frondizi Presidente de la Nacion al Ing. Gabriel del Mazo Ministro de Defensa Nacional, alejado de la cartera por razones de salud, 23 de octubre de 1958.
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domingo, 1 de mayo de 2016

Victor Juan Guillot: "El derecho obrero y el presidente Yrigoyen" (1928)

He podido afirmar alguna vez que la legislación obrera argentina es la obra de la nueva democracia, es decir, de la sociedad política elaborada en la práctica de la ley electoral de 1912.

Esto no implica negar que con anterioridad a esa fecha aparecen en nuestro derecho positivo las primeras manifestaciones de un pensamiento jurídico que ensaya dar respuesta a las aspiraciones de mejoramiento que flotaban, con derivaciones hacia la violencia, en la masa trabajadora del país; la creación del Departamento Nacional de Trabajo, la vieja ley de descanso hebdomadario y la que condicionaba el trabajo de mujeres y menores, preceden a la ley de elecciones de 1912 y se anticipan a la aparición de la nueva clase gobernante habilitada por el sufragio libre y secreto implantado desde aquella fecha en la Republica. Pero esas tentativas aisladas, fragmentarias, habían de paralizarse, como se paralizaron, avenas el régimen político imperante, curado de su "dilettantismo" social, advirtiese los riesgos que el progreso de esa legislación aparejaba para el sistema económico representado por los hombres del gobierno e inspirador de las concepciones aceptadas como directivas del Estado. Era menester transformar la composición de los elencos gubernativos para renovar el pensamiento del Estado en orden a los conflictos de economía social que por entonces estallaban con áspera intolerancia en el vivir colectivo. Ello solo se obtuvo mediante el ejercicio de la libertad política arrancada a las oligarquías gobernantes por un partido político, la Unión Cívica Radical, y entregada al pueblo como instrumento de su Liberation.

El radicalismo en el gobierno significo la victoria pacifica de un pensamiento revolucionario. Empleando la ley como arma, había hecho, — usando una expresión de Gide, — la economía de una revolución; de las formas de una revolución, para ser exactos. He ahí algo que no fue comprendido en el primer momento y que hasta ahora aparece enigmático para quienes se obstinan en deletrear solamente las leyendas externas de ciertos fenómenos político- sociales que se han desarrollado ante su miopía mental. La conquista de la libertad política solo fue para el radicalismo un fin provisional. Se apodero de ella y la transformo en medio ejecutivo de un ideario de justicia social en constante e infatigable superación. El primer presidente radical arranca al Estado de su posición indiferente u hostil frente a las colisiones entre capital y trabajo y practica un intervencionismo orgánico y sistemático conducido por elevadas inspiraciones de humana equidad. Así afirma en la realidad el derecho de intervención del estado en el proceso interno del organismo social, abrogándose enérgicamente los viejos lugares comunes del liberalismo que todavía se invocaba como explicación de la indiferencia o de la hostilidad estatal. No seria difícil identificar los fundamentos y postulados de esa política nueva con los principios de la escuela solidariza que ha tenido por precursor a Berthelot a por expositor y "leader" a León Bourgeois. Pero desechemos inmediatamente toda hipótesis de imitación o aplicación calculada de un doctrinarismo teórico. Absolutamente. Bajo el impulso del pensamiento del presidente Yrigoyen el Estado argentino elabora en la realidad de su política obrera una construcción solidarista empírica, espontánea, original y vigorosa que se da sus fundamentos filosóficos y jurídicos propios. Llega por la vía recta de un camino suyo y orientada por la iluminación de sus exclusivos conceptos, al centro mismo de  la vida real, dejando muy atrás la pesada impedimenta de los principios de escuela todavía detenidos en la morosa elucidación de sus conflictos y controversias. Pero la coincidencia es admirable y se acentúa hasta la identidad cuando se coteja la formula en que la escuela de la solidaridad social compendia sus finalidades — la unión de todos para la vida — con las sustanciales expresiones con que el presidente Yrigoyen, en párrafos de sus mensajes y considerandos de sus decretos, ha definido la política social de su gobierno como una conciliación armoniosa e inteligente entre el capital y trabajo para realizar de consuno el bienestar individual y la prosperidad colectiva.

No puedo resistir a la tentación de una alegoría:

En la aridez de un yermo, agotabase penosamente el esfuerzo de algunos hombres obstinados en arrancar al terrón ingrato los frutos que este negaba avaramente a su labor. Hasta que alguien observo: es menester transformar la tierra misma para que en ella no muerda en vano el hierro de la herramienta que la rotura. Transformemos su composición química, traigamos aguas frescos y fecundantes a sus senos esterilizados por el secano. Así lo hizo en largo y laborioso trabajo. Y en adelante, la tarea de los labradores se hizo fácil y la verdura ondulante de los cultivos cubrió próvidamente la tierra que fuera erial.

Esa es la obra del radicalismo en la sociedad civil argentina. El derecho nuevo, equitativo y humano, cunde con lozanía sobre esa tierra fertilizada secretamente por los recónditos manantiales que nacen en su propio seno como una nueva y enérgica aspiración de sus masas populares, hechas al hábito de pensar, de querer y de ejecutar.

Admiramos el bosque que se alza y espera para dar sombra y frutos a los hombres, asilo a las aves del cielo. Justo es recordar que ese bosque magnifico del derecho obrero argentino ha prendido y se arraiga en el suelo social transformado y fecundado por la acción clarividente y tenaz de un gran partido.

El libro a que estas páginas sirven de introducción no es una obra apologética, aunque haya sido escrita con sincero fervor admirativo, sino una contribución al conocimiento de la labor realizada en la materia de derecho obrero bajo la presidencia del Dr. Hipólito Yrigoyen. Esta escrita para quienes aspiran lealmente a informarse en fuentes insospechables sobre asuntos que les interesa como ciudadanos y trabajadores. Ha sido destinado al pueblo. Su autor es uno de esos jóvenes universitarios que trabajan con inteligencia y modestia en las filas del radicalismo. Sin pretensiones, con la sencilla decisión con que se practica un voluntario enrolamiento, la juventud argentina acude a los rangos de la Unión Cívica Radical para iniciar su civiles con sus energías mentales y físicas, dando al partido la asombrosa vitalidad que es una de sus mas destacadas características y organizando para lo futuro las reservas de hombres aptos y moralmente honestos que habrán de gobernar una democracia. Entre esa juventud figura el Dr. Alfredo N. Morrone. Su nombre no es extraño a la opinión partidaria, que lo conoce como encargado del Consultorio Jurídico de "La Época", donde realiza una asesoría gratuita tan sabia como eficaz. Inteligencia bien dotada por la naturaleza y adiestrada en el estudio, Morrone la ampara y consolida en una firme probidad espiritual igualmente desdeñosa de los incentivos del éxito inmediato como apta para someterse a las austeras disciplinas del deber.

"El derecho obrero" acusa su predilección por los estudios sociales. Es su obra primigenia y no quedará, sin duda, como única en su acervo intelectual. Trazada conforme a, un plan practico y sencillo, este volumen no pretende ostentar las apariencias petulantes de un texto científico. En sus páginas se puede contemplar en conjunto, y expuesta con metódica claridad, la obra realizada en materia de derecho obrero bajo la presidencia de Yrigoyen. En una exposición sobria y muy adecuada a sus fines, el autor sigue, tramo a tramo, la incorporación al derecho positivo del pensamiento de justicia social que el gran presidente introdujo en las inspiraciones y actos del Estado argentino. Como lo expresa el mismo Morrone, esta obra comprende solo aquella labor que aparece documentada en memorias, mensajes, crónicas, etc., es decir, de la que ha sido vertida al texto de las leyes o esta inserta en documentos públicos como testimonio de nobles tentativas que la incomprensión, la negligencia o la mala voluntad hicieron frustrar en su momento. Dentro de su sobria arquitectura de libro destinado a ilustrar la conciencia social del pueblo, "El derecho obrero" ofrece a los estudiosos una contribución no superada entre nosotros, por su método, buenas fuentes de información y sinceridad. Su autor le asigna la función modesta de una contribución; lo es, en realidad; pero contribución rica en valores, que aparece oportunamente, cuando el pueblo trabajador de la Republica, se siente convocado a elecciones que pondrán a prueba las direcciones del sufragio con la valoración exacta de la in- fluencia de los hombres y los partidos sobre el bienestar popular.

El autor de este somero volumen no es pasible de aquella irónica censura recordada por Montaigne en un capitulo sobre la vanidad de las palabras; no abulta las cosas haciendo ver grandes las que son pequeñas. Por el contrario ha sabido tomar con nobleza y decoro una materia grande para ponerla al alcance de los humildes y de los pequeños a fin de que en esa fuente de justicia abreven la sed de esperanza que hace aguardar con impaciencia los albores del día de mañana.

Víctor Juan Guillot








Fuente: El derecho obrero y el presidente Yrigoyen: contribución al estudio y divulgación de los progresos alcanzados en materia de legislación social y del trabajo, durante el gobierno del presidente Yrigoyen, 1916-1922 de Alfredo N. Morrone con prólogo del diputado nacional Dr. Victor Juan Guillot, 1928.
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sábado, 30 de abril de 2016

Oscar M. Blando: "Una auténtica Constitución progresista y laica" (27 de abril de 2014)

La Constitución santafesina de 1921 fue invisibilizada: no se encuentra en los anaqueles de las bibliotecas ni en las librerías, tampoco está accesible en los modernos formatos comunicacionales ni figura -como asegura Miguel A. De Marco (h)- en la Historia de las Instituciones de la Provincia de Santa Fe en el tomo relacionado con Documentos, Tratados, Convenciones y Constituciones.
Quizá por ello pocos recuerdan que esa Constitución no pudo ponerse en vigencia en 1921 pese a la unánime sanción de los constituyentes electos por el voto popular porque fue desconocida por un simple decreto de un Gobernador; y también tal vez pocos se acuerden que el honesto y progresista gobierno de Luciano Molinas, entre 1932 y 1935, la puso en vigencia y, como señala Felipe Pigna, comenzó a aplicar, bajo ese marco constitucional, políticas keynesianas un año antes que Roosvelt lo hiciera a través del New Deal en Estados Unidos.
En efecto, la Constitución de 1921 es reconocida como una de las reformas más progresistas de su época en la Argentina, avanzada en Latinoamérica y adscripta al constitucionalismo social como lo fueron la Constitución de México de 1917 y la de Weimar de 1919. Consagró, antes que en la Nación, los derechos de los trabajadores y de los más necesitados y garantizó la estabilidad del empleado público. Estableció las Bases de un Régimen Económico y del Trabajo de vanguardia: fijaba la jornada máxima de labor y el salario mínimo; destinaba una parte de la renta fiscal para la construcción de casas para obreros.
Por primera vez en la historia de la Provincia esa Constitución propuso un estado laico con neutralidad religiosa del Estado pero con garantía y respeto por la libre profesión de todos los cultos. Como diría Lisandro de la Torre, el gran impulsor de ese texto: esa Constitución seguiría la tradición de reformas laicas introducidas en la Nación: la secularización de los cementerios, el registro civil, el matrimonio civil, la enseñanza laica.
Ese Carta constitucional consagró, lo que para afrenta de los santafesinos, aún no hemos logrado: la autonomía municipal, y en 1933, Santa Fe y Rosario dictaron sus propias cartas orgánicas, y reconoció más de 70 años antes que en la Nación.
Porque es parte de la mejor tradición institucional santafesina de raigambre democrática y progresista, deberá tenerse presente cuando más temprano que tarde reformemos y actualicemos nuestra actual Constitución de 1962.







Fuente: Oscar M. Blando: "Una auténtica Constitución progresista y laica" en el diario P/12
el 27 de abril de 2014.
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