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viernes, 17 de mayo de 2019

Victor Martínez: "Mejores jueces" (26 de junio de 2003)

En un sistema republicano es esencial la división de poderes, como también lo es la independencia del Poder Judicial, que tiene como pilar la forma de designación, estabilidad y remoción de los jueces.

Ya Alberdi, en sus "Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina", decía:

"La propiedad, la vida, el honor, son bienes nominales cuando la justicia es mala. La ley, la Constitución, el gobierno, son palabras vacías si no se reducen a hechos por las manos del juez, que, en último resultado, es quien los hace ser realidad o mentira".

En su anteproyecto constitucional, disponía que los jueces sólo podrían ser destituidos por sentencia (artículo 94). Para el caso de la Corte, que ahora es objeto de controversia, no hace falta reformar la Constitución para remover a uno o a varios de sus integrantes, ni para asegurar la mejor transparencia en futuros nombramientos.

Sostenía también Alberdi:

"Las leyes determinan el modo de hacer efectiva esta responsabilidad, el número y calidad de los miembros de los tribunales federales, el valor de sus sueldos, el lugar de su establecimiento, la extensión de sus atribuciones y la manera de proceder en sus juicios" (artículo 96).

La única manera de remover a un juez es, por lo tanto, mediante el juicio político instituido por ley, que no admite globalizaciones ni presiones mediáticas que vulneran la institución, en este caso la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y sí el enjuiciamiento individual.

Deseamos señalar, como precedentes de la actuación del Poder Ejecutivo con relación a la Corte Suprema, que Hipólito Yrigoyen en su primera defensa personal ante la Corte decía:

"Es un principio consagrado en las constituciones de todos los Estados, casi se puede decir, que hemos admitido como regla fundamental de gobierno que los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial deberán estar separados y ser ejercidos independientemente uno del otro"; en el caso de que los poderes deban ser juzgados, el Congreso es el exclusivo y único juez establecido por nuestra Constitución.

Y añadía, recordando a Story:

"Las cualidades más importantes que se deben buscar en la formación del tribunal para el juicio político son la imparcialidad, la integridad, el saber y la independencia".

Por otra parte, al asumir el presidente Arturo Illia, cuando miembros del más alto tribunal ofrecieron sus renuncias, les fueron rechazadas: "No quiero una Corte amiga, sino un tribunal independiente". Sólo por vacante posterior se integró el cuerpo con el doctor Alfredo Orgaz, profesor universitario, jurista de renombre y de gran estatura moral.

En el gobierno de Raúl Alfonsín, le sugerí el nombre del doctor José Severo Caballero, igualmente figura prestigiosa del foro cordobés, penalista, académico, publicista y ex miembro del Superior Tribunal de esta provincia. Alfonsín, casi sin conocerlo, lo saludó por mi intermedio en una velada del Teatro Colón, después de haber enviado al Senado el pliego correspondiente. Jamás formulamos ante el juez nombrado sugerencia alguna durante los años en que se desempeñó como presidente de la Corte.

Análogamente, la Corte de la provincia de Buenos Aires fue integrada con Antonino Vivanco, profesor universitario, ex ministro de Educación de Santa Fe y escritor. Como el doctor Vivanco era colega en la misma cátedra -él en La Plata y yo en Córdoba- me permití dar su nombre al gobernador Alejandro Armendáriz, quien, después de una sola entrevista personal, promovió su designación.

Hay, pues, antecedentes dignos de tener en cuenta para el presente y hacia el futuro. Posibilidades de adoptar, mediante la iniciativa del Poder Ejecutivo o del Legislativo, precisiones para garantizar de modo mejor la selección de los magistrados.

Concluyo con otra cita de Alberdi:

"La administración de la justicia debe ser siempre el objetivo primario de un gobierno sabio".









Fuente: "Mejores jueces" por el ex Vicepresidente de la Nación, Dr. Victor Hipólito Martínez, para el Diario La Nación del 26 de junio de 2003.


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viernes, 10 de mayo de 2019

José Genoud: "El PJ quiere extorsionar a la Alianza" (15 de noviembre de 1998)

Está convencido de que la designación irregular de los senadores peronistas por Corrientes y el Chaco responde a una estrategia del PJ por "extorsionar" a un eventual gobierno de la Alianza. Asegura que una mayoría justicialista en la Cámara alta podrá resultar un "espacio para la impunidad menemista" y advierte que desde 1999 el oficialismo utilizará al Senado para "imponer graves condicionamientos".

Por todo ello, el jefe de la bancada de senadores del radicalismo, José Genoud (Mendoza), está convencido que "hay que agotar todas las vías posibles" para revertir la decisión del PJ de "usurpar" dos bancas. En diálogo con La Nación , el senador admitió que en estos días en el Senado entre oficialistas y opositores "se hará muy difícil el funcionamiento".

-¿La decisión de la Alianza de recurrir a la Corte para destrabar la designación de senadores no se interpreta como una intromisión de un poder sobre otro?

-La Corte en este caso está habilitada para intervenir. Esperamos que sus miembros se reivindiquen ante la opinión pública y actúen correctamente devolviendo a quienes corresponden las bancas que se han usurpado. Pero la Corte Suprema no debe intervenir en la elección de los senadores.

-El justicialismo sostiene que en la designación del radical Meneghini (Santiago del Estero) la Legislatura tampoco lo votó y el Senado la convalidó...

-El PJ busca igualar el caso de Meneghini con su vocación de ilegalidad. El Senado decidió tomar el pliego de Meneghini que le otorgó la minoría de la Legislatura porque el PJ ya tenía dos bancas por la mayoría de Santiago del Estero y no podía quedarse con otra.

-¿Qué ocurriría si la Corte no acepta el reclamo de la Alianza?

-Recurriremos a la Corte Interamericana de Derechos Humanos o a la Unión Interparlamentaria Mundial.

-¿Y en el plano legislativo, qué harán?

-Ya le pedimos la renuncia al presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales (el menemista Jorge Yoma) porque ha sido el bastonero de toda la operación. No vamos a participar más en esa comisión. El PJ le ha dado un golpe de gracia a la convivencia parlamentaria mínima para el funcionamiento de una Cámara.

-¿Esto significaría una parálisis parlamentaria?

-En este contexto será muy difícil que el Senado funcione. Nosotros no trabaremos la votación de las leyes, pero no vamos a aceptar la incorporación de dos senadores sin títulos.

-¿Qué ocurrirá con las leyes que se sancionen con los votos o la simple presencia de los senadores Sager y Pruyas?

-Toda ley que se apruebe con el voto decisivo de estos dos señores no va a tener validez. Eso lo va a definir la Justicia. Pero desde ya le digo que cualquier ciudadano podrá exigir un reclamo judicial ante una ley que fue aprobada con el voto decisivo de los señores usurpadores de bancas.

-Pero esto puede acarrear serias consecuencias...

-A nosotros no nos corresponde medir las consecuencias. Eso le corresponde al menemismo.

"MAYORÍA ARTIFICIAL"

- ¿Qué objetivo cree que persigue el justicialismo con esta conducta?

-Con una mayoría artificial en el Senado, el peronismo pretende impedir, condicionar, limitar u obstruir un gobierno de la Alianza en 1999. No se olvide que la Cámara alta otorga los acuerdos para la designación de embajadores, de jueces, del procurador general de la Nación, etc.

-Esto significaría que...

-En este contexto el PJ puede llegar a trabar el nombramiento de embajadores. Esto significará graves condicionamientos. Esta claro que la pretensión del peronismo servirá también para encubrir en el Senado a los hombres que eventualmente sean investigados por la Justicia. Este sería un mecanismo extorsivo. El Senado puede llegar a convertirse en un verdadero murallón para los actos de gobierno de la Alianza.











Fuente: Genoud: "El PJ quiere extorsionar a la Alianza" por Martín Dinatale para el Diario La Nación del 15 de noviembre de 1998.

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sábado, 27 de abril de 2019

Prof. César Arredondo: "La expulsión de Fernando de la Rúa de la UCR" (18 de febrero de 2002)


La Unión Cívica Radical, partido más que centenario, se encuentra hoy ante la alternativa de renovarse o desaparecer, y renovarse significa cambiar, y cambiar en consecuencia es mostrar, y presentar a la sociedad otros dirigentes diferentes a los conocidos, muchos de ellos gastados, y fracasados en su actuación de los últimos 20 años. Además es necesario debatir ideas y propuestas para entender y dar solución a los problemas de la Argentina actual.

Un partido moderno debe capacitar a sus militantes, y democratizar su funcionamiento interno, y no esperar que los "popes" se reúnan como en el caso de la provincia de Buenos Aires para ver como siguen consolidando un radicalismo perdedor.

Hoy se trata de tapar esta realidad promoviendo la expulsión del Dr. Fernando de la Rúa, y la pregunta es si los que promueven este acto no deberían irse ellos del radicalismo, muchos de los cuales en vez de servir, se han servido.

La separación del Dr. De la Rúa no debe convertirse en la coartada de un grupo de mediocres que en 20 años no han aportado nada en beneficio del pueblo argentino. Al menos De la Rúa, y no soy simpatizante de su figura, fue a partir de 1995 el único que arrimaba la posibilidad de triunfo al radicalismo, y muchos de los que hoy piden su expulsión se ubicaron bajo sus paraguas protector y formaron parte de su gobierno.










Fuente: "La expulsión de Fernando de la Rúa de la UCR" por el Prof. César Arredondo en Cartas de Lectores del Diario El Día de La Plata, 18 de Febrero de 2002.

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jueves, 25 de abril de 2019

Ricardo Balbín: “El Radicalismo no entrará en alianzas” (6 de diciembre de 1972)

En la madrugada del lunes 27 el centro de computación de votos de los alfonsinistas en Corrientes al 1900 había quedado desierto; en la casa Radical, en cambio, los partidarios de Ricardo Balbín festejaban el triunfo del veterano caudillo aun cuando todavía la diferencia "entre ambos candidatos no era suficientemente amplia como para garantizar el triunfo. Después la euforia fue desplazada por unas horas. A la tarde del mismo lunes, ya asegurada la victoria, los balbinistas retornaron al local de la calle Tucumán con la esperanza de poder saludar al elegido. Balbín, mientras tanto, refugiado en su estudio de Rivadavia al 800" analizaba con sus colaboradores los primeros pasos de su campaña electoral. También por allí desfilaban sus amigos para saludarlo: Arturo Illia, Antonio Tróccoli y Anselmo Marini abrazaron calurosamente al "Chino" sin que éste diera muestras de alegría. Inescrutable, parsimonioso, el candidato de la Unión Cívica Radical concedió su primer reportaje a Panorama. "Soy el mismo de siempre, claro que ser candidato impone mayores responsabilidades", murmuró a manera de introducción. Después hundido en un mullido sillón siguió contestando con la misma cautela y firmeza de siempre.

Lanusse dijo en la conferencia de prensa y ante los oficiales del I Cuerpo de Ejército que la solución constitucional pasa por el acuerdo previo a las elecciones. ¿Las coincidencias alcanzadas por los partidos políticos en la Mesa de Trabajo multipartidaria implica que dichos partidos están dispuestos a aceptar el criterio formulado por el presidente y, en consecuencia, a concertar ese acuerdo previo con las Fuerzas Armadas.

En la Mesa de Trabajo, que integra la Unión Cívica Radical en cumplimiento de lo dispuesto por la Convención Nacional al asegurar que buscamos la unión de los argentinos mediante el logro de coincidencias mínimas que afirmen el proceso de institucionalización y su futuro, se verá si es posible alcanzar ese propósito esencial. Si así fuere, surgirá el criterio que habrá de sostenerse frente al planteo de la pregunta.

-Usted afirmó en varias ocasiones que Perón estaría dispuesto al gran renunciamiento histórico. En algunos sectores, inclusive militares, se sostiene que usted también debería resignar su candidatura. ¿Cuál es su opinión al respecto?

-Es un error sostener que yo he dicho que el señor Perón estaría dispuesto al gran renunciamiento histórico. Lo que he afirmado, y lo reitero, es que a través de sus expresiones, su retorno está dirigido a lograr la institucionalización del país afianzando la pacificación de la República. Con respecto a mi candidatura, no me pertenece; es del partido, que sabe cómo pienso y de todo lo que soy capaz de hacer a su servicio. De modo tal que nada puedo responder concretamente. Sólo agregaré que para el futuro hablarán los acontecimientos, que serán considerados por la Convención Nacional si fuera necesario.

-¿Considera un éxito del radicalismo haber eliminado la mención del doctor Mor Roig en las exigencias peronistas para un cambio del titular del Ministerio del Interior? ¿Considera que la presencia de Mor Roig en el ministerio no altera las garantías de imparcialidad en el proceso electoral?

-Según noticias que tengo, en la Mesa de Trabajo, que busca las coincidencias, no se ha considerado la situación del ministro. En cuanto a las garantías que el proceso reclama, debemos comprender que atento a la forma de conducción del gobierno militar, las mayores responsabilidades están en otra parte.

-¿Cuáles serán sus primeras actividades como candidato a presidente de la Nación?

-Pregonizar con el conjunto de los radicales la campaña electoral en toda la dimensión de la República, exhibiendo como estandarte la plataforma electoral. Puedo agregarle que lo haré con la convicción de que el proceso electoral se cumplirá inexorablemente. Pienso que en el proceso de marzo intervendrán distintas fuerzas políticas y el pueblo optará por quien interprete mejor sus aspiraciones. De lo que estoy seguro es que a nosotros nos van a mirar.

-¿Qué posibilidades hay de que el radicalismo participe en alguna de las alianzas político-electorales que pueden gestarse?

-La ley lo autoriza y es posible que puedan formarse frentes o alianzas electorales. De cualquier modo la respuesta debe concretarse para el 11 de diciembre. En este momento ya tenemos nuestra propia fórmula; y ahí no estará el radicalismo.





Los candidatos presidenciales Francisco Guillermo Manrique, Vicente Solano Lima, Héctor José Campora, Ricardo Balbín, 11 de marzo de 1973.








Fuente: “El Radicalismo no entrará en alianzas” Reportaje al Dr. Ricardo Balbín tras ganar la eleccion interna para candidato a Presidente de la Nación por la Unión Cívica Radical en Revista Panorama, 6 de diciembre de 1972.

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lunes, 15 de abril de 2019

Francisco Delich: "Discurso al asumir el cargo de Rector Normalizador de la Universidad Nacional de Buenos Aires" (26 de diciembre de 1983)

La nuestra no fue ni es una sociedad enferma, como se reiteró años atrás para justificar intervenciones despiadadas en su desarrollo; tampoco una sociedad en crisis, como se afirma superficialmente. Crisis y enfermedad no son conceptos apropiados, acaso tampoco metáforas adecuadas para el análisis riguroso de una sociedad como la nuestra. Si crisis hay, si enfermedad hubo, ambas no serían sino expresión y componente de un fenómeno más importante y decisivo, aquel que se define por la permanente mutación de las relaciones sociales, por la aceleración del tiempo histórico que esta mutación produce e implica a la vez, por la conformación de una sociedad planetaria, no conocida hasta ahora en la historia de la humanidad.

Tenemos un espejo próximo e inmediato para verificarlo.

Podemos afirmar sin vacilaciones y del modo mejor fundado empíricamente, que las transformaciones de las estructuras socioeconómicas de América Latina cambiaron más intensamente en los cuarenta años de la segunda posguerra, que en los tres siglos anteriores. La Argentina no fue una excepción, aunque como ocurre siempre que se pasa de la sociología a la historia, tuvo múltiples y expresas particularidades. Las sociedades se fueron constituyendo en la periferia de la innovación y del poder, creciendo, adaptando, desgarrando a un ritmo que ninguna experiencia propia o ajena podía ayudar a comprender y controlar. Así vivimos este cuarto de siglo que está al alcance de cualquier memoria adulta, y extraña comprobar que todavía reclamemos por cambios que ya ocurrieron y que no reconocemos, en una situación que Borges anticipó así:

"Dos personas esperan en la calle un acontecimiento y la aparición de los  principales actores. El acontecimiento ya está ocurriendo y ellos son los actores".

Una terrible fijación, lindera con el estereotipo, una cierta obcecación parecen alejar las proposiciones habituales que formulamos, de la sociedad que supuestamente describen. Ideas que se miran a sí mismas, ideas atrapadas en todo lo que nos cuesta reconocer.

Esto ha sido la más dramática y a la vez fascinante revelación de la Argentina, por mi generación: Que teníamos una sociedad que descubrir, una identidad social y política por construir, una identidad nacional por realizar.

No siempre nos es permitido comprender lo que ocurre en la sociedad, porque la comprensión es un acto de la razón, pero también un acto de fe en la razón y en nosotros mismos, también porque requiere del encuentro nada fácil entre la pasión de todos y la libertad de cada uno. No es fácil comprender cuando se abate sobre nosotros uno de esos periodos sombríos en los cuales todo horizonte se oculta; la confusión, el horror y el hastío se disputan alternativamente todos los espacios posibles de la sociedad. Eso es el infierno, el lugar, como creía Dante, donde no existe ninguna esperanza. De al prendemos que nada reemplaza la participación de los ciudadanos en la elaboración del destino común, que ningún iluminismo reemplaza a la voluntad popular.

En esta tarea de recuperar los vínculos de la sociedad y el Estado, la Universidad tiene una doble responsabilidad: Mostrar cómo ella misma es capaz de reunir la comunidad académica con la institución académica; mostrar también que la democracia de las instituciones no solamente es compatible con el avance científico, sino que constituye un requisito. Así lo hemos aprendido en la mejor tradición de nuestro país y de esta Universidad de Buenos Aires. Así lo quiso Rivadavia; fue propósito de Juan María Gutiérrez, rector de la Universidad durante las presidencias de Mitre y de Sarmiento, quien defendió y alentó la autonomía universitaria y la libertad de cátedra como pilares de la Universidad moderna, preanunciado la decisión del presidente Avellaneda, cuya lucidez podemos comprobar un siglo después, cuando reclamamos la vigencia de la ley que lleva su nombre.

Fue esa la tradición de los estudiantes que en Córdoba se insurgieron en 1918, para darnos a los argentinos y demás latinoamericanos esa utopía renovadora que conocemos como reforma universitaria, y que es la reivindicación simultánea del espíritu libre y de la responsabildad ciudadana.

Es también la enseñanza del rector Ricardo Rojas, quien mostró que la universidad no es sólo institución del Estado y comunidad del saber, sino sobre todo una práctica de la moral.

Es la tradición de libertad y rigor científico que recuperó el inolvidable José Luis Romero y que luego continuaron los rectores constitucionales Frondizi, Olivera y Fernández Long.

La gestión de normalización de la Universidad que ahora comienza se inserta en esa tradición que respetaremos, replantearemos y enriqueceremos.

La normalización pretende devolver a la Universidad, en el menor tiempo posible, su autonomía; restablecer las reglas  de la democracia interna, constituir los claustros docentes, invitar a los graduados universitarios a sumarse al esfuerzo de la comunidad y a los estudiantes a expresar y realizar libremente su vocación.

Pero del mismo modo que no tendremos democracia política en el Estado nacional sin reforzar las condiciones de solidaridad y convivencia social, no tendremos democracia universitaria sin recreación de la convivencia y formas de solidaridad en los claustros.

Venimos entonces a proponer el tránsito de antiguos caminos, a mostrar que la revolución como siempre está en la mejor tradición, que como a veces ocurre en la historia, volver es una de las formas más originales de comenzar otra vez.

No exista más discriminación en la Universidad de Buenos Aires. No existan docentes separados de la cátedra por razones ideológicas, raciales o religiosas. No existan docentes exiliados de su país por miedo, pobres condiciones de trabajo o injusta apreciación de méritos. No existan las tres clases de docentes que de esas situaciones se derivan, sino una sola clase, la de aquellos que por méritos y calidad probada en concursos legítimos, unidos a una vida ejemplar, sean simplemente maestros de la universidad y ciudadanos de la democracia.

No existan la repetición vacía de contenido, la investigación anodina, la paz de la inercia, sino cátedras creativas y audaces, el debate y los conflictos que están en el centro mismo de la vida y el progreso. Devolvamos la investigación a la Universidad para terminar con la rutina, pero sobre todo para devolver a la sociedad aquello que nos entrega.

No exista el silencio, ese silencio opresor que puede enloquecer, aun a riesgo de que las voces se crucen hasta lo ininteligible; no importa un poco de confusión, no importa si algún tiempo se nos escapa irremediablemente en el esfuerzo de oír, decir y entender: Nada es peor que el silencio, antesala de la indiferencia.

La Universidad recuperará no sólo la autonomía, sino también su voz. Hace muchos años que, condenada sin causa, marginada, también temida, desnudada impúdicamente por mandones irresponsables, la Universidad nada dice de su tiempo y de la historia.

La Universidad volverá a hablar con la voz de alguno de sus viejos eminentes, o de alguno o de todos, de los ciento cincuenta mil muchachos y muchachas que nunca terminan de aprender la primera y básica lección de todo estudiante al ingresar, esto es que la Universidad son ellos mismos; tal vez si tenemos suerte, por esas curiosas síntesis que de vez en cuando alcanzamos a conocer, se exprese por una voz única, por la palabra que se desprende de los protagonistas para acercarse a la verdad.

He vivido la mutación de la sociedad, también los innecesarios y duros escarmientos que caracterizaron los últimos treinta años, como estudiante, como joven docente, como hombre de investigación. También nosotros sufrimos el péndulo político del país, también la Universidad pareció como el país, por momentos, un espacio vacío. Tengo la sensación (es apenas eso), la intuición de una etapa que podemos y debemos clausurar, etapa de desencanto, castigos y olvido. Tengo también la ilusión de otro momento, de la ciencia recuperada, de la democracia vivida, de la justicia reconocida. Cierto, con una intuición y una ilusión no se construirá la nueva Universidad, pero nosotros tenemos ahora un poco más que eso: Tenemos un gobierno democrático que nada nos exige como no sea nuestra propia democratización. Que no pide más que ponernos al servicio de la Nación y del pueblo. Tenemos docentes listos para el esfuerzo, capaces de darle otro rostro a nuestra casa. Tenemos, sobre todo, una abrumadora mayoría de estudiantes que no necesitaron ver para creer y que contribuyeron, como pocos, a esta milagrosa recuperación de las condiciones de convivencia civilizada que los argentinos ofrecemos ahora al mundo.

Esto es lo que tenemos y con esto y sin otras referencias que nuestra comunidad académica, la responsabilidad ante la sociedad y los deberes ante la Nación, asumimos la tarea de normalizar la Universidad de Buenos Aires.













Fuente: Palabras Dr. Franciso J. Delich al asumir el cargo de Rector Normalizador de la Universidad Nacional de Buenos Aires, 26 de diciembre de 1983, Ministerio de Educación y Justicia, Buenos Aires, Republica Argentina, 1984.

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viernes, 12 de abril de 2019

Alfredo Vitolo: "Acta con los secretarios militares" (29 de enero de 1962)

ACTA ENTRE EL MINISTRO VITOLO Y LOS SECRETARIOS MILITARES

En Buenos Aires, a los 29 días del mes de enero de 1962, la invitación del señor Ministro de Defensa Nacional, en S.D. y con su asistencia, se reunieron los señores secretario de Guerra, general de División Dn. ROSENDO MARIA FRAGA; de Marina, contraalmirante (R.A.) Dn. GASTÓN CARLOS CLEMENT y de Aeronáutica, brigadier (R) Dn. JORGE ROJAS SILVEYRA, respectivamente y el ministro del Interior, doctor Dn. ALFREDO ROQUE VITOLO.

El objeto de la reunión fue considerar la situación creada a raíz de las candidaturas a diputado nacional, por la Capital Federal y vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires de Juan Domingo Perón.

EI ministro del Interior informo acerca de las candidaturas de Juan Domingo Perón, señalando que había doble motivo que hada imposible toda candidatura del ex presidente depuesto par la Revolución Libertadora. Una primera causa jurídica, en razón de que pesa sobre el mismo inhabilitaciones para el ejercicio de los derechos electorales. La ley establece que los rebeldes en causa penal serán eliminados del padrón respectivo. Con respecto a Perón fue declarado rebelde en distintas causas penales y por su condición de prófugo ha sido eliminado del Registro de Electores de la Capital Federal. En consecuencia no puede ser elegido quien no puede elegir.

La segunda razón es de carácter político e histórico. La Revolución Libertadora puso fin a un régimen negatorio de las libertades fundamentales y por un decreto ley vigente esta proscripto el partido peronista y cualquier otro que se le identifique y, naturalmente, la persona responsable directa del régimen abatido por la Revolución. El gobierno, tal como lo expresara el excmo. Señor presidente de la Nación y el ministro que habla, esta firmemente dispuesto a impedir cualquier forma de retorno al sistema derrocado el 16 de septiembre de 1955. El régimen de legalidad que vive el país es consecuencia del hecho revolucionario Y el gobierno va a defender esa legalidad en todas circunstancias y sin hesitar. Ello sin perjuicio de que quienes fueron partidarios del ex dictador puedan organizarse en la legalidad, sumándose a la  convivencia nacional con objetivos pacíficos y democráticos. Lo que esta inhabilitado es Perón y su régimen.

Los señores secretarios militares coincidieron en señalar que las Fuerzas Armadas no intervienen en el campo político ni esta en su misión interferir la acción política del gobierno. Pero ello no significa en manera alguna que estén dispuestas a permitir la restauración del régimen de oprobio derrocado por la Revolución Libertadora ni el retorno de Juan Domingo Perón ni de los responsables, conjuntamente con el, de agravios inferidos ala Nación, a la libertad y a la humanidad, delincuentes que no pueden ocupar cargos electivos ni de otra naturaleza sin desmedro de la dignidad nacional. En ese sentido, los señores secretarios militares señalaron que están inquebrantablemente decididos a impedir con todos los medios a su alcance el retorno al poder o a la vida política del prófugo depuesto o a la restauración del régimen oprobioso por el creado y que padeció el país. Expresaron asimismo, que las Fuerzas Armadas ampararan y defenderán el proceso argentino de reconstrucción democrática que ha costado tantas victimas y tantos sacrificios. Dejaron aclarado que en ningún caso su actitud estaba referida a la masa engañada y desviada sino al régimen totalitario instaurado por el ex-dictador y aquellos que con él son los responsables directos del agravio inferido a la Nación, a la libertad, a la religión y a los derechos humanos.

Los señores secretarios militares, por ultimo, manifestaron que esta decisión debía quedar expresada en acta y ser rubricada por todos los presentes, como asimismo, ser puesta en conocimiento del Excmo. Señor presidente de la Nación y comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.














Fuente: “Acta entre el ministro Vitolo y los secretarios militares”, 29 de enero de 1962 en Crisis sin Salvataje: La crisis politico-militar de 1962-63 de Eugenio Kvaternik, Ediciones del Ides, Buenos Aires, 1987.

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viernes, 5 de abril de 2019

Ricardo Balbín: "Cierre de campaña en Plaza Miserere" (21 de febrero de 1958)

Amigos de la Capital:

Es difícil organizar las palabras cuando hay que estar reteniendo con tanta fuerza el corazón. Amigos de toda la República, de lucha: podemos estar conformes, hemos realizado una buena obra para el país.

Es asombroso el espectáculo luchadores del interior; está tapado el recinto de Rivadavia, está lleno de hombres que parecen puestos allí para dar su sangre al prócer.

Se rompen los edificios de las inmediaciones. Han venido para el país y no -para la Unión Civica Radical del Pueblo, porque estamos haciendo para la democracia.

Nosotros no negamos que resistimos la conducción totalitaria. Ese es nues­tro honor; no lo hicimos para derrocar a nadie, sino para la República. Yo qui­siera que los luchadores del 16 de septiembre se asomaran esta noche a la plaza de la democracia; aquí está por lo que ustedes lucharon. El país vivió la especu­lación del proceso revolucionario; algunos lo negaron, nosotros no, y allí está el pueblo, aquí está la respuesta; otras tribunas se han silenciado, aquí está la res­puesta del pueblo.

En política yo no sé sumar, pero con Yrigoyen aprendí a sembrar. Nosotros luchamos por ese potencial moral y hemos triunfado, no me interesa la cuenta de la urna; hemos logrado una esperanza en la juventud; hemos clavado el po­tencial moral en la Argentina. Nadie se vuelva atrás, ya ha triunfado la fe y el esfuerzo.

Mañana será el día del silencio y la meditación, y al otro día: todos sabemos que con su voluntad marcarán un rumbo al país. Nosotros estamos tranquilos en la escena, hemos dicho la verdad y al hombre de trabajo no lo buscamos en pa­quete, ni lo utilizamos con ademán de dar, sino que lo lanzamos a la responsabi­lidad.

A los hombres del trabajo no los nombramos mucho, porque nos acostum­bramos a verlos en la plaza de la democracia de la República, y ahora saben to­dos los trabajadores que tienen en la Constitución los derechos sociales que la Unión Civica Radical del Pueblo reglamentará en la legislación. Esos derechos ya no se moverán de la Constitución de los argentinos.

En doce años se habló mucho de ellos, pero el radicalismo los puso en la Constitución en poco tiempo; sacarlos ya es un imposible.

Luchamos por un salario bueno que es más que justo, ya que éste alcanza para el alimento y aquél para realizar a la familia. Vamos a conseguir un salario en el que usted no tenga que estar contando para ver si al pan le puede poner manteca.

El campo salvará de nuevo a la República. Pondremos alegría en los jóve­nes campesinos, para que dejen de ser los entristecidos de la distancia; vamos a mejorar su técnica, a mecanizarlos.

Necesitamos llevar industrias a todos los rin­cones de la República. Nosotros no esperamos al comicio para ir a hablarle a la familia; hace doce años que la estamos buscando. Vimos cómo se había roto el diálogo entre los hermanos y por eso luchamos contra la dictadura.

Juventud de veinte y veinticinco años: ¿por qué está acá? ¿por qué se aprie­ta y llora? ¡Es que estos muchachos fueron los que durante doce años estuvieron oyendo que eran los privilegiados y ahora comprenden que debe ser el joven de la libertad, para que su hermano menor no sufra lo que él! Es más suave el futu­ro con trabajo; hagan balance de sus vidas. ¿Quién se atreve a volver? ¿Quién puede desearlo? ¿Regreso para qué? ¿Para encontrar qué cosa? ¿O no es ver­dad que había mucho miedo en la República? ¿Quieren el 23 la urna que mira hacia adelante o quieren volver a los viejos comicios donde por terror se votaba la esclavitud?

Señora ¿quiere que a su hijo le suceda lo mismo que a ustedes? ¡le estoy preguntando a los que sintieron fracasar sus ilusiones y ahora les aprieta el cora­zón! Desde aquí les digo ¡trabajemos para realizarnos!

¡Levanten los partidos su personalidad!; hay que ser mejores que nunca; no imputen, no ofendan; está cansada la juventud de oír las malas palabras del ci­vismo, hablemos bien fuerte de libertad y democracia. Nadie se coloque en si­tuación de mandado, ya obedecieron bastante tiempo.

Nosotros no hicimos el trabajo de la resistencia para alcanzar la Casa de Gobierno, sino para esto; Para la paz.


Mujer: apriete a su niño. Hombre: piense para adelante. Muchacho joven: no te pido nada; únicamente una sola cosa: que realices la democracia; no la ma­tes sin verla. Si no eres feliz maldice al hombre que te engañó. Por lo demás mu­chacho, no trabajarás para nosotros; exhibimos la modestia de nuestras perso­nas, pero también la grandeza de nuestra conducta. El gobierno de la Unión Civica Radical del Pueblo será manso, sin jactancia, austero. No sé si tendrá sabi­duría, pero sé que tendrá mucha comprensión.



Cierre de campaña en Plaza Once de la Unión Cívica Radical del Pueblo para escuchar la palabra del candidato a Presidente de la Nación, Dr. Ricardo Balbín, 21 de febrero de 1958.






Fuente: “Acto público cierre de campaña en Plaza Miserere” por el Dr. Ricardo Balbin, candidato a Presidente de la Nación por la Unión Cívica Radical del Pueblo en “Discursos parlamentarios-políticos” Ricardo Balbín, Carlos Alberto Giacobone, 1982.

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lunes, 1 de abril de 2019

Lauro Lagos: "Proclamación de la fórmula Hipólito Yrigoyen-Pelagio Luna" (20 de julio de 1916)

Sr. Presidente. -(Poniéndose de pie)

Constando del escrutinio verificado por el soberano Congreso de la Nación, de la elección para Presidente y Vicepresidente de la Nación el 12 de junio, que el ciudadano doctor don Hipólito Yrigoyen ha obtenido 152 votos; es decir, más de la mayoría absoluta establecida por la Constitución Nacional, proclamó, en nombre del soberano Congreso, elegido Presidente de la Nación Argentina, por seis años, contar desde el 12 de octubre de 1916, al ciudadano doctor don Hipólito Yrigoyen.

-Estruendoso y prolongados aplausos en las bancas y las galerías.

Sr. Presidente. – Y constando: que el ciudadano doctor don Pelagio B. Luna ha obtenido para la Vicepresidente de la Nación 152 votos, que importa más de la mayoría absoluta establecida por la Constitución Nacional, proclamó, en nombre del soberano Congreso de la Nación, electo Vicepresidente de la misma, por el término de seis años, a contar desde el 12 de octubre de 1916, al ciudadano doctor Pelagio B. Luna.

-Grandes y ruidosos aplausos.

Sr. Presidente. –Con sujeción al reglamento establecido para este acto y a los precedentes que se han observado siempre, se procederá a dar lectura por secretaría del respectivo proyecto de resolución.

Sr. Diputado Lagos. –Pido la palabra.

Voy a proponer a la asamblea, no como partidario, sino como argentino, y tomando en cuenta la trascendencia de este acto heroico que realizamos, que se ponga de pie, en homenaje a la primera sanción de la conciencia cívica argentina.

-Aplausos en la barra.

Sr. Diputado Demaría. –Pido la palabra.

Señor Presidente: como legislador y como hombre de partido he cumplido con mi deber constitucional, dando mi voto por la aprobación de las elecciones de que ha resultado electo Presidente de la Republica el ciudadano Hipólito Yrigoyen; pero como legislador y como hombre de partido, me resisto a ponerme de pie en esta asamblea, ni hacer, en forma alguna ningún homenaje a ese triunfo.

-Protestas y silbidos en la barra y aplausos en las bancas de la derecha.

-Hablan a la vez muchos señores  diputados.

Sr. Presidente. –Ruego a la barra que guarden orden y moderación, sino será desalojada.

Sr. Diputado Agote. –Que se desaloje la barra.

-Así lo hace y con él varios señores diputados.


Sr. Diputado Demaría. –Como Presidente de la Cámara de Diputados y como acto de protesta por las faltas de respeto de que somos objeto, me retiro del recinto.

-Así lo hace y con él varios señores diputados.

Sr. Presidente. –(Agitando la campanilla). Ruego a los señores legisladores ocupen sus bancas.

Sr. Diputado Agote. –Cuando se desaloje la barra lo haremos.

Sr. Diputado Lagos. –Voy a decir dos palabras…

Sr. Diputado Arce. –Que se desaloje la barra.

Sr. Diputado Lagos. –La moción que ha dado motivo a este momento de excitación en este recinto, no ha sido comprendida, y debo aclarar el concepto en que me he inspirado al formularla.

He empezado, señor presidente, por declinar todas mis condiciones de adhesión de partidario, para reclamar a esta Cámara, en nombre de un sentimiento argentino, un homenaje al pueblo en este momento de transición histórica; y muy lejos estaba de mi espíritu el pretender obligar a los adversarios y enemigos de mi partido, a que compartieron con él, este júbilo en la hora de nuestra victoria, obligándolos a formular una manifestación que seguramente no les es grata.

Propuse como argentino, repito, que en consideración a este trascendental acontecimiento, en nuestro carácter de representantes del pueblo, en un espontáneo impulso de solidaridad patriótica, realizáramos un homenaje al pueblo soberano que ha sido el verdadero triunfador de esta histórica jornada.


 
El Diputado Nacional por la Capital Federal Tte.de Fragata Lauro Lagos










Fuente: “Asamblea legislativa de proclamación de la primera fórmula radical para el gobierno de la república” 20 de julio de 1916 en Doctrina y Acción Radical de Lauro Lagos, 1930.


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sábado, 30 de marzo de 2019

Redacción: Raúl Alfonsín: “El líder de la civilidad” (octubre de 1983)

“Jamás voy a arriar las banderas de la democratizacion sindical –dice Alfonsín-, porque estoy convencido de que sindicatos fuertes y democraticos no podran funcionar la democracia integral en nuestro país”. Esta es una de sus definiciones mas contundentes, para apuntalar sus severas criticas hacia algunos jerarcas sindicales que se sienten dueños absolutos del movimiento gremial y que luego se convirtieron tambien en encumbrados dirigentes politicos, a pesar de las silbatinas y las manifestaciones de repulsa que provocan esas mismas filas.

Las criticas de Alfonsín hacia ellos son tan duras como las que efectuara contra los responsables de la conducción militar desde que volvieran a instalarse en el poder. Nadie ignora que cuando la mayor parte de los hombres politicos se llamaban a silencio, Alfonsín era una de las pocas excepciones, una de las escasas voces que se levantaban para señalar lo que ocurría en el país. Esto le valió, como es lógico, toda clase de falsas acusaciones de parte de los gobernadores militares, quienes empezaron a verlo como un peligroso adversario. Tan peligroso como lo seria luego para los dirigentes gremiales autoritarios, apenas Alfonsín hizo publica su denuncia de la existencia de un pacto sindical-militar, poniendo en descubierto las evidencias de una relacion que viene de lejos y que han servido para respaldar los regimenes dictatoriales a cambio de prebendas para un grupo de aprovechados.

El grado de corrupción –que Alfonsín se propone a erradicar de inmediato desde el gobierno- no pasa solamente por los militares y los sindicalistas, sino tambien por otros sectores de la sociedad. Entre ellos hay muchos empresarios poderosos que siempre han preferido la instalacion de gobiernos corruptos, con funcionarios inmorales, para poder comprarlos fácilmente y hacer así buenos negocios. No son ajenos a la corrupción los representantes de algunas empresas multinacionales de capital norteamericanos, quienes han informado a sus casas matrices que “prefieren el peronismo al radicalismo, porque los peronistas son más flexibles que los radicales, más accesibles para negociar”. Así consta por lo menos en un informe distribuido por la agencia norteamericana de noticias United Press (publicado en el diario La Razón del 4/8/83) y que demuestra hasta que punto se piensa corromper a nuestros futuros funcionarios con absoluto desprecio por la dignidad de los dirigentes políticos de nuestros partidos más populares. Sin poner en duda la honestidad de los candidatos justicialistas –tan respetables como los de los otros partidos- resulta sorprendente que se hagan estas calificaciones en vísperas electorales, y a través de informes elaborados en Washington, mientras simultáneamente se mandaban a imprimir carteles deformando la imagen del candidato radical y haciéndolo aparecer como ligado a una empresa multinacional de gaseosas, con el burdo propósito de difamarlo y de detener sus marcha ascendente.

La guerra contra Alfonsín no tuvo, sin embargo, el resultado que sus propiciadores pretendían. Convertido en el adalid de la democracia, su figura fue creciendo hasta proyectarse como la única gran esperanza de recuperación de los valores éticos y republicano de la Argentina. Con él nacido un nuevo liderazgo político, gestado en las entrañas de la civilidad, y que hoy recibe la respuesta masiva tanto de los sectores juveniles que miran hacia el futuro con una gran fe militante, como de los hombres y mujeres ya maduros que añoran a los gobiernos de sólidas convicciones democráticas. Alfonsín es algo más que el candidato del radicalismo: su convocatoria cívica lo proyecta como la única esperanza seria de cambiar el curso de lo histórico de nuestro gran país.








Fuente: Raúl Alfonsín: “El líder de la civilidad” Edición Extra de Editorial Redacción, Buenos Aires, octubre de 1983.

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viernes, 29 de marzo de 2019

Raúl Alfonsín: "Discurso durante la cena ofrecida por el Rey Juan Carlos I de España" (11 de junio de 1984)

Una soleada mañana de abril, en mil novecientos ocho, donde Miguel de Unamuno salía a recibir, en la plazuela ce la Universidad de Salamanca, a un talentoso escritor de veinticinco años, mi compatriota Ricardo Rojas.

Nacido en Tucumán, había pasado la infancia en Santiago del Estero, extremo Norte de la Argentina Adolescente, marchó a Buenos Aires a estudiar jurisprudencia, pero los versos y el periodismo lo alejaron de las leyes. Para analizar la enseñanza de humanidades en las escuelas europeas, anduvo por Francia, Inglaterra y Rumanía antes de cruzarse a España la meta anhelada de su viaje, y encontrarse con el fabuloso bilbaíno, su ídolo. Porque Ricardo Rojas vino aquí, según sus palabras, a observar “algunas claves de nuestra propia historia, rasgando el velo de la España esotérica”.

Sí, el adolescente que descendiera de los recios quebrachales santiagueños a la vanidosa ciudad portuaria, quería sondear a la Argentina en España, y no se equivocaba. Lo incitaban a hacerlo las obras de Ángel Ganivet y Francisco Giner de los Ríos y, sobre todo, un libro de Unamuno, “En torno al casticismo”, con sus ardientes solicitaciones por la recuperación y la defensa del espíritu español, de las tradiciones culturales de¡ pueblo español.

Es que Ricardo Rojas y otros intelectuales de su edad también se habían lanzado a la recuperación y la defensa del espíritu argentino, de las tradiciones culturales del pueblo argentino, ricos cimientos que ellos veían olvidados, demolidos por la gula mercantilista y el frío positivismo de un régimen políticamente autoritario y socialmente inicuo. Esa búsqueda de identidad, ese rastreo del alma colectiva empezaban por el conocimiento del país de uno, de sus paisajes y de sus hombres, de sus creaciones y de sus anhelos. Así lo entendieron los españoles, así lo desearon los argentinos. Y así pegó el talentoso escritor de veinticinco años, en su peregrinación a las fuentes, hasta la plazuela de la Universidad de Salamanca, donde lo recibió don Miguel de Unamuno, aquella mañana soleada de abril de mil novecientos ocho. A través de ese argentino, América descubría a España.

O, quizá, la redescubría. Es obvio decirlo, pero nuestros próceres, embarcados en la guerra de la Independencia, tiñeron de negros colores a la España que combatían. Esa leyenda persistió aun después de afianzada la emancipación de los virreinatos en el campo de Ayacucho. Una inteligencia tan señera como Juan María Gutiérrez, afirmaba en 1837 que España “nunca ha salido de un puesto humilde e ignorado en la escala de la civilización europea”; y cuatro décadas más tarde, devolvía el diploma de miembro correspondiente de la Real Academia de Madrid. Sin embargo, este explorador de los tesoros poéticos de América, a cuya sensibilidad y visión políticas debemos los argentinos el luminoso Preámbulo de nuestra Constitución, sabía del Poema del Mío Cid y de Berceo, del Libro de Buen Amor y el Infante Don Juan Manuel, del Amadís de Gaula y el Quijote, de El Greco y de Velázquez, de Zurbarán y Murillo, de Góngora y Quevedo, de San Juan de la Cruz y Gracián, de Quintana y Bécquer, de Valdés Leal y Goya.

Se sorprende uno al leer los desdenes de Alberdi y de Sarmiento para con España. Aunque del gran sanjuanino dijera el mismo Unamuno que era “más español que ninguno de los españoles, a pesar de lo mucho que habló mal de España. Pero habló de España muy bien”.

Pero no son Alberdi y Sarmiento —esos dos genios— los únicos, en la América y la Europa de entonces; entusiasmados con Francia e Inglaterra, y aun con los Estados Unidos, aquellos iberoamericanos, salvo excepciones, se desligaron de España.

No advirtieron, sin duda, que era una empresa inútil e irrealizable, porque, entre tantas cosas, ahí estaba el idioma —”ese lingote de oro disperso bajo el sol”, como le llamara nuestro Baldomero Fernández Moreno— para impedirlo, para frustrarlos y vencerlos. Y muchos de ellos, Alberdi y Sarmiento incluidos, terminaron vindicando a España, a la Madre España.

¿Cómo no reverenciarla, Majestad? ¿Acaso no surgieron en España dos de las grandes conquistas del mundo moderno, la libertad política y la libertad de conciencia? Los fueros de Aragón antecedieron en dos siglos a la Carta Magna, y en el distingo de los teólogos jesuitas yace el principio de la independencia del pensamiento contra la interpretación unilateral y dogmática.

¿Es exagerado sostener que la primera expresión de lo que iba a ser el constitucionalismo democrático se da en la rebelión de los “comuneros” de Castilla, sofocada en 1521? ¿Y dónde si no en España, y a partir de fray Francisco de Vitoria, nace el derecho internacional que hoy apoyamos, basado sobre la sociabilidad y la solidaridad entre Estados, simple correlato de la indispensable unidad del género humano? ¿Quién sino este insigne dominico idea el pacifismo al aconsejar el sometimiento de la guerra —y toda guerra, naturalmente, era para él una guerra civil, una guerra entre hermanos— el sometimiento de la guerra, digo, a los marcos limitativos del derecho, con el fin de reducir sus calamidades y su número y hasta de suprimirla? Tras lo cual, Vitoria afirmaba, ¡nada menos que en 1539!, que el súbdito convocado a la guerra debía abstenerse de tomar las armas si estimaba que tal guerra era injusta, pues de lo contrario habría de atacar a inocentes.

Es otro español, el jesuita Francisco Suárez, quien, avanzando sobre el terreno sembrado por Vitoria y sus discípulos, y anticipándose a Bodino, Montesquieu y Rousseau, a veces con argumentos más lúcidos, señala al pueblo como único dueño de la autoridad política, y establece la sujeción del mandatario a la ley que dictan los representantes del pueblo.

Por lo demás, es Suárez el que profundiza, llevando sus tesis al Nuevo Mundo, lo que Vitoria había esbozado, al desconocer la dominación española de los países de América, a los cuales juzgaba soberanos, en igualdad con la metrópoli.

Todavía hoy, cuando hace ya varias décadas que ha desaparecido la injusta animosidad contra España, se escucha destacar la incidencia de Rousseau y Volney, y hasta de Madison y Jefferson, sobre los argentinos que en 1810 iniciaron el proceso de independencia. Sin embargo, ese proceso se vació en el molde de las Juntas que brotaron por toda España, en 1808, para resistir la tiranía napoleónica. Mariano Moreno, el ideólogo de Mayo, había frecuentado, es cierto, el Contrato social y Las ruinas de Palmira, y admiraba la Constitución norteamericana y El Federalista. Pero también se guiaba, y en la misma medida, por las enseñanzas de Vitoria y Suárez, de Jovellanos y Campomanes.

Nuestra Asamblea de 1813, en última instancia, abrevó para sus leyes en la Constitución de Cádiz.

Después, el huracán de la leyenda negra arrasó la imagen de España entre nuestros intelectuales y gobernantes. Desde luego, ese vendaval no redujo ni desnaturalizó el formidable legado de España, ni amainó un ápice la mutua devoción de ambos pueblos.
Centenares de miles de españoles, como es notorio, llegaron al Plata en las décadas finales del siglo diecinueve y en las primeras de esta centuria, uniendo su abnegado esfuerzo al de otras nacionalidades inmigrantes y al de los argentinos, para levantar un gran país que también fue de ellos por derecho propio, y que seguirá siéndolo en sus hijos y en los hijos de sus hijos. Que lo diga, si no, mi abuelo Serafín Alfonsín, el joven labrador que nunca volvió a los castaños y los nogales de su dulce y gallega Ribadumia.

Pero faltaba el retorno, el abrazo, la definitiva conjugación, alentados, al filo del 900, por el mensaje común de escritores y poetas, filósofos y músicos. Pienso en el nicaragüense Rubén Darío, encendiendo desde Buenos Aires, hacia nuevas fronteras, el idioma y el verso de España. Pienso en Antonio Machado, en viaje de Andalucía a Castilla, del limonero maduro a la meseta árida, del poema que se exalta al poema que se interroga. Pienso en el sainete argentino, oriundo de la zarzuela, que iba a convertirse en el espejo teatral de nuestra vida.

Pienso en lo que adeuda el tango a la habanera, y en el aporte de Florencio Sánchez, de Gregorio de Laferrere, de Roberto Payró, a la dramaturgia española. Y pienso en Benito Pérez Galdós, mostrando el camino de la pintura social y la novela histórica a nuestro Manuel Gálvez.

Hasta que el retorno, el abrazo, la conjugación definitiva se producen, simbólicamente —y Vuestra Majestad me permitirá que así lo crea— en el encuentro de Ricardo Rojas y don Miguel de Unamuno frente a la gloriosa Universidad de Salamanca, donde habían profesado Vitoria y Suárez.

Encuentro que nuestro Presidente Hipólito Yrigoyen honrara en mil novecientos diecisiete al declarar fiesta nacional el Día de la Raza, sosteniendo que “el descubrimiento de América es el acontecimiento de más trascendencia que haya realizado la humanidad a través de los tiempos”, y, además, que “la España descubridora y conquistadora volcó sobre el continente enigmático y magnífico el valor de sus guerreros, el denuedo de sus exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios, las labores de sus menestrales; y con la aleación de todos estos factores obró el milagro de conquistar para la civilización la inmensa heredad en que hoy florecen las nacionales a las cuales ha dado, con la levadura de su sangre y con la armonía de su lengua, una herencia inmortal que debemos afirmar y mantener con jubiloso reconocimiento”.

Hemos afirmado y mantenido esa herencia. Majestad, a lo largo de los años. No todos los argentinos, sin embargo, miraron a la España recobrada con los mismos ojos. Hubo algunos que, por disipar la ya enterrada leyenda negra, ardieron en el elogio del oscurantismo y el fanatismo, equivocando las raíces y malversando los frutos, porque, en verdad, buscaban imponernos esas abyecciones. Padeció España una guerra, y la Argentina fue el hogar de tantos exiliados. Cuarenta años más tarde, cuando aquí se echaban las bases de la restauración democrática, padeció la Argentina el delirio de dos violencias de signo contrario y estragos similares, y fue España, entonces, el hogar de tantos desterrados. Pero también nosotros triunfamos del horror y de la muerte. También nosotros, el 30 de octubre de 1983, recuperamos la democracia.

Una vez más podemos aprender de España. Una vez más venimos a descifrar algunas claves de nuestra propia historia. Claves que están en las tradiciones culturales del pueblo de España, en la austera hombría del Cid y en la gozosa ternura del Arcipreste, en el fino color de Velázquez y en el hondo misticismo de San Juan de la Cruz, en el rebelde trazo de Goya y en el amargo lirismo de Bécquer.

Sobre todo, en la inmensa humanidad del Caballero Manchego, ese español por antonomasia.

Claves que están en las libertades y los derechos, en la inalienable soberanía del pueblo que preconizó Suárez; en el respeto y la paz entre naciones, en la causa del género humano por la que abogara Vitoria, en la justicia y en los planes educativos que la Constitución de Cádiz instauró.

Claves que sustentan, expandidas las disposiciones de vuestra avanzada Constitución de 1978, un ejemplo para nosotros.

Claves, en fin, que Vuestra Majestad encarna como símbolo de la unidad y permanencia de España.

De nuestra España.

Esa España cuya realidad fue, es y será la de “vivir desviviéndose”, según la certera definición de don Américo Castro.

Queremos afianzar y robustecer la democracia, y vamos a lograrlo. Queremos guardar y acrecer las libertades y los derechos.

Lo estamos haciendo.

Queremos asentar la justicia social y poner la economía al servicio de todos. Y hemos de conseguirlo. Queremos acabar con el armamentismo y luchamos por ello.

Queremos respetar al mundo y que el mundo nos respete, y en esa dirección trabajamos.

Queremos aventar las hegemonías y las desigualdades que esa hegemonía provoca, traducidas en miseria y atraso, y detrás de estos objetivos nos encolumnamos.

Queremos la concordia y el entendimiento internacionales, y nos empeñamos por obtenerlos.

Queremos una tierra mejor y más digna para el ser humano, y a esta aspiración dedicamos nuestras energías y nuestra voluntad.

Queremos materializar el apotegma de nuestro Presidente Yrigoyen, tan imbuido del krausismo español, que Cervantes hubiese puesto, sin duda, en boca de Alonso Quijano: los hombres deben ser sagrados para los hombres, y los pueblos deben ser sagrados para los pueblos.

Sabemos, con júbilo, que España y los españoles nos acompañan y acompañarán en esta senda.

Los pueblos hispanoamericanos, los herederos de quienes fueron llamados en un tiempo los españoles de los dos mundos, españoles a los que se sumó la generosa sangre indígena y los diversos componentes inmigratorios, debemos y podemos articular cursos de acción comunes frente a problemas que nos son comunes.

Cuando el viaje de Su Majestad a América del Sur, en 1978, luego de que España reasumiera su inmenso prestigio y volviera a ser el punto de convergencia de una civilización maravillosa, algunos imaginaron una secuencia geopolítica: primero, la visita a Nueva Granada (Bogotá); después, a las tres ex capitales virreinales restantes, o sea, México, Lima y Buenos Aires. Pero antes de hablar de geopolítica y geohistoria, cuando nos referimos a España y a los países latinoamericanos, preferimos hablar de una geografía de les sentimientos, aunque es difícil dejar de pensar que a través de España nuestra América ingresa a Europa y que podría ser también puente con los países africanos, algunos de ellos tan cerca al corazón y a la historia de
España.

Los argentinos miramos siempre a la España que existe dentro de nosotros y a la España que ha desplegado su nueva democracia, como dos modelos auténticos y vivenciales de la forma de vida que estamos buscando.

La España que hoy visitamos no es solamente la España que surge de nuestra sangre y de nuestra historia, sino también la España que bajo el reinado de Su Majestad se ha abierto nuevamente al mundo y a sus hijos iberoamericanos, completando el apostolado iniciado hace 500 años por los reyes Fernando e Isabel.

Así como miramos a España, sabemos que España mantiene su mirada puesta en el océano.

Nada es más natural que busquemos al renovado destino común español-latinoamericano para encontrar la forma de sobrevivir en un difícil mundo tecnológico en el que cada vez se internacionalizan más los problemas. España reasumió su inmenso prestigio histórico y volvió a ser punto de encuentro, a través de la continuidad y el cambio de una civilización maravillosa.

Españoles y latinoamericanos enfrentaremos momentos cada vez más difíciles y los deberemos enfrentar juntos. Hace pocas semanas Su Majestad señaló que en el mundo se ha comenzado a vivir un clima prebélico y sin futuro, en el cual la juventud debe moverse ante la terrible amenaza de extinción de la vida civilizada y el grave peligro de una crisis económico-financiera descontrolada. Es una situación en que está en juego la vida de cada uno de nosotros, pero en que están al mismo tiempo en juego nuestras razones de vivir.

“Los pueblos del mundo —agregó Su Majestad— reclaman a sus gobiernos una mejora en la situación económica y despejar las negras perspectivas bélicas que envuelven al orbe.”

Otra cuestión fue constantemente planteada por España: la defensa infatigable e inclaudicable de los derechos humanos.

Nuestro propósito común, pensamos, es convertir a la democracia en instrumento de la paz, en instrumento de la justicia social y en instrumento para la salvaguarda de principios jurídicos intangibles.

Nosotros hemos comenzado a trabajar en los tres terrenos recomendados por Su Majestad.

Desde la perspectiva de nuestra situación concreta, pensamos estar contribuyendo a la paz del mundo con nuestro aporte a la paz regional.

La democracia que estamos empezando a vivir en nuestra Patria, mira con ojos atentos y esperanzados el afianzamiento de vuestra democracia.

La joven experiencia democrática española no sólo nos saluda sino que nos guía y nos fortalece en el convencimiento de que el sistema democrático es el que más acerca a los pueblos al difícil logro de su felicidad. Porque su acción descansa fundamentalmente, en el respeto por el hombre. Debemos rescatar el concepto que encierra esta palabra, tanto y tan bien usada por los antiguos incas: respeto. Y pensar que si, decimos “respeto” tal vez estemos diciendo casi todo. Porque… ¿qué es la democracia para el hombre sino respeto al prójimo y, en última instancia, respeto a sí mismo?

Alzo mí copa, entonces, para brindar por el nuevo encuentro de España y la Argentina, y por la ventura personal de Su Majestad y de sus conciudadanos.














Fuente: Discurso del Sr. Presidente de la Nación, Dr. Raúl R. Alfonsín, durante la cena ofrecida por el Rey Juan Carlos I, el día 11 de junio de 1984.

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lunes, 25 de marzo de 2019

Ricardo Balbín: "Hay que cuidar el partido, el radicalismo es una necesidad" (1958)

Alvear no se engañaba con respecto al proceso, por el contrario tenia seguridad con relación a lo que habría de acontecer. Durante la campana actúo con firmeza y sin descanso. Por momentos sentía la necesidad de escapar un poco, como para poder pensar en alta voz.

Una vez me tocó a mi participar de esos especiales estados de animo. Ocurrió en Paraná, Entre Ríos. Estaban todos sus acompañantes en el hotel. En determinado momento salió de su habitación y al encontrarse en un pasillo me dijo:

“Venga, vamos a salir”

Alguien que lo atendía permanentemente quiso acompañarlo. Se lo impidió. Salimos a la calle y se hizo conducir al parque cargado de belleza y placidez.

Sentados en uno de sus bancos, luego de un breve silencio que aprovecho para contemplar el panorama, comenzó una conversación que mas que eso parecía un monologo;

"Hago esta campana sabiendo muy bien lo que va a pasar. El pueblo una vez más será burlado. El comicio será una trampa mas, igual o peor que las que hemos visto. Conozco mejor que nadie a los responsables. Si hago este esfuerzo es para ustedes, los que seguirán. Yrigoyen tenía razón, lo importante es cuidar esta fuerza, el radicalismo es una necesidad, por eso asumo esta responsabilidad. Nos van a robar la elección, pero lo importante es seguir. Ausente Yrigoyen yo tengo la responsabilidad, por eso hago lo que hago, como el hizo lo que hizo; ¿me entiende?"

Me dijo como gritando, como queriendo que lo supiera y lo guardara para que nadie bajara los brazos. Se levanto. Volvimos al hotel. Aquella conversación la guarde.

Aquella mañana no pasó ni por asomo por mi imaginación, que alguna vez habría de ser candidato a presidente y menos aun que veintiún años después se repitiera la circunstancia. Durante la tarea electoral de 1958 conocí antes que nadie, el pacto de Frondizi con Perón, pero nada dije y seguí, sabiendo o presumiendo el lógico resultado.

Cuando se clausuró la campaña en Plaza Once, mientras hablaba frente a la muchedumbre, mi mente estaba en el parque de Paraná recordando aquello de que "hay que cuidar el partido, el radicalismo es una necesidad para la democracia de los argentinos". La circunstancia se repetía, pero Alvear lo hizo mejor. Creo que sin desearlo ni advertirlo algo interior traiciono mis palabras, o su tono, porque tiempo después supe que un amigo del interior, luego de escuchar por radio el acto de Once, le dijo a quien lo acompañaba en el auto: "La elección esta perdida, yo lo conozco bien a Ricardo". Y así fue.

Pero Alvear tenía razón. Hay que cuidar al partido y en eso estamos, como si nada hubiera pasado, porque el país esta y el radicalismo vive, la democracia no muere, pese a sus reiterados eclipses.









Fuente: "Hay que cuidar el partido, el radicalismo es una necesidad" en Ricardo Balbín: "El libro que no escribió" de Oscar Omar Ferrer, 1997.

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