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jueves, 17 de mayo de 2018

Ernesto Laclau (h): "Mi padre era radical yrigoyenista” (21 de julio de 2013)


Mi padre era radical yrigoyenista –relató Ernesto Laclau sobre Ernesto Laclau–. Fue el jefe civil de la sublevación radical frustrada contra (el presidente de facto) José Félix Uriburu en 1931 y tuvo que exiliarse en Uruguay. Volvió a ingresar al país para participar del levantamiento de (el ex edecán de Yrigoyen, Gregorio) Pomar en Corrientes, que también fracasó. Volvió a escapar. Los periódicos lo llamaban Doctor Polvorosa. Regresó al país en el ’32 cuando volvió el régimen constitucional. Estuvo muy cerca del forjismo y mantuvo una gran amistad con varias de sus figuras. Fue íntimo amigo hasta el final de su vida de Arturo Jauretche.

Nunca se hizo peronista. Pero mi padre tampoco era un gorila al que se le salieran los pelos por las orejas. Siguió manteniendo sus relaciones con muchos del forjismo que entraron al peronismo. Para mí eso resultó muy formativo.

Mi padre era un hombre de una gran cultura. Podía hablar sobre muchísimos temas y tenía una gran amplitud de espíritu para hablar con personas de orientaciones diferentes. Y eso en loa años formativos de uno es muy importante. Recuerdo haberlo acompañado a Jorge Abelardo Ramos a conversar con él y se llevaron muy bien. No había ya, evidentemente, afinidades ideológicas. Pero se dio una continua relación intelectual y de intercambio de ideas.

Me acuerdo siempre de una historia. Cuando éramos adolescentes, un día durante un almuerzo mis hermanos y yo discutíamos con mi padre sobre todo lo humano y lo divino. Y se escucha la voz de mi madre: “En esta casa las ideas sobran. Lo que falta es plata”

Mi padre era abogado. Durante el gobierno de Arturo Illia fue embajador en Dinamarca. Militante en el radicalismo toda su vida.





Ernesto Laclau rememora a su padre que fue integrante del Comite de Intelectuales Jóvenes Pro Candidatura de Hipólito Yrigoyen en 1928, amigo de Manuel Gálvez y Enrique Larreta, y ferviente militante radical contra la dictadura de Uriburu.




Fuente: “Mi padre era radical yrigoyenista” en Página/12 Entrevista de Martín Granovsky con Ernesto Laclau sobre El Populismo, El Institucionalismo, La Argentina y America Latina, 21 de julio de 2013.

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martes, 8 de mayo de 2018

Leopoldo Lugones: "La Hora de la Espada" (9 de diciembre de 1924)


Señoras, Excelentísimo Señor Presidente de la República, Señores:

Tras el huracán de bronce en que acaban de prorrumpir los clarines de la epopeya, precedidos todavía por la noble trompa de plata con que anticipó la aclamación el más alto espíritu de Colombia, el Poeta ha dispuesto, dueño y señor de su noche de gloria, que yo cierre, por decirlo así, la marcha, batiendo en el viejo tambor de Maipo, a sincero golpe de corazón, mi ronca retreta.

Válgame eso por disculpa en la inmensa desventaja de semejante comisión, ya que siempre hay algo de marchito en el laurel de la retirada.

Dejadme deciros solamente, señores, que trataré de poner mi tambor al ritmo viril de vuestro entusiasmo; y vosotras, señoras, puesto que estáis aquí para mi consuelo, en la nunca desmentida caridad de vuestros ojos hermosos, permitidme que como quien le pasa una cinta argentina por adorno distintivo, solicite, en amable símbolo blanco y azul, el amparo de la gracia y la belleza.

Ilustre Capitán del Verbo y Señor del Ritmo.

Habéis dado de prólogo al Magno Canto lo único que sin duda correspondía: la voz de la tierra en el estruendo del volcán; la voz del aire en el viento de la selva; la rumorosa voz del agua en el borbollón de la catarata.

Así os haré a mi vez el comentario que habéis querido. Os diré el Ayacucho que vemos desde allá, en el fuego que enciende sobre las cumbres cuya palabra habéis sacado a martillazo de oro y hierro, el sol de los Andes; y como tengo por el mejor fruto de una áspera vida el horror de las palabras vanas, procuraré dilucidar el beneficio posible que comporta para los hombres de hoy esa lección de la espada.

Tal cual en tiempo del Inca, cuando por justo homenaje al Hijo del Sol traíanle lo mejor de cada elemento natural las ofrendas de los países, la República Argentina ha enviado al glorioso Perú de Ayacucho todo cuando abarca el señorío de su progreso y de su fuerza.

Y fue, primero, la inolvidable emoción de aquel día, cuando vimos aparecer sobre la perla matinal del cielo limeño al fuerte mozo que llegaba, trayéndose de pasada un jirón de cielo argentino prendido a las alas revibrantes de su avión.

Y fue el cañón argentino del acorazado que entraba, al saludo de los tiros profundos en que parece venir batiendo el corazón de la patria: lento, sombrío, formidable, rayado el casco por la mordedura verde del mar, pero tremolando el saludo del Plata inmenso en la sonreída ondulación del gallardete.

Y fueron los militares que llegaban, luciendo el uniforme de los granaderos de San Martín, y encabezados -permiso mi general- por la más competente, limpia y joven espada del comando argentino, por supuesto que sin mengua de ninguna, para traer en homenaje la montaña de los cóndores y la pampa de los jinetes.

Y es la inteligencia argentina que va llegando en la persona de sus más eminentes cultores, y que me inviste por encargo de anticipo, que no por mérito, con la representación de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba, la Universidad de La Plata, el Círculo Argentino de Inventores, el Círculo de la Prensa, el Conservatorio Nacional de Música, la Asociación de Amigos del Arte, y el Consejo Nacional de Educación que adelanta, así, al Perú el saludo de cuarenta mil maestros.

Y por último, que es mi derecho y el más precioso, porque constituye mi único bien personal, aquel jilguero argentino que en el corazón me canta la canción eternamente joven del entusiasmo y del amor.

Por él me tengo yo sabida como si hubiese estado allá la belleza heroica de Ayacucho. El embajador argentino general Justo, ministro de Guerra.

Al son de cuarenta dianas despierta el campo insurgente bajo la claridad de oro y la viva frescura de una mañana de combate. Deslumbra en el campo realista el lujo multicolor de los arreos de parada. En el patriota, el paño azul obscuro uniforma con pobreza monacal la austeridad de la república. Apenas pueden, allá, lucir al sol tal cual par de charreteras; y con su mancha escarlata, provocante el peligro, la esclavina impar de Laurencio Silva, el tremendo lancero negro de Colombia.

Mas he aquí que restableciendo por noble inclinación las costumbres de la guerra caballeresca, los oficiales de ambos ejércitos desatan sus espadas y vienen al terreno intermedio para conversar y despedirse antes de dar la batalla. Con que, amigos de otro tiempo y hermanos carnales, que también los hay, abrázanse allá a la vista de los ejércitos, sin disimular sus lágrimas de ternura. Y baja de la montaña Monet, el español arrogante y lujoso, peinada como a tornasol la barba castaña, para prevenir a Córdova el insurrecto que va a empezar el combate.

Aquel choque foral es un modelo de hidalguía y de bravura. Concertado como un torneo, dirigida la victoria con precisión estética por el joven mariscal, elegante y fino a su vez como un estoque, nada hubo más sangriento en toda la guerra: como que, en dos horas, cayó la cuarta parte de los combatientes. Mientras la división de Córdova acomete al son sentimental del bambuco, el batallón Caracas, esperando su turno, que será terrible, juega bajo las balas los dados de la muerte.

Desprovistos de artillería los patriotas y perdida pronto la realista cuyos cañones del centro domina al salto, como a verdaderos potros de bronce, el sargento Pontón, la batalla no es más que una cuádruple carga de sable, lanza y bayoneta.

Carga de Córdova, el de la célebre voz de mando, que, alta la espada, lánzase a cabeza descubierta, encrespándosele en oro la prosapia de Aquiles al encenderle el sol su pelo bermejo. Carga de Laurencio Silva que harta su lanza en el estrago de ocho escuadrones realistas. Carga de Lara que cierra el cerco de muerte, plantando en el corazón del ejército enemigo el hierro de sus moharras.

Cuando he aquí que la última carga va a decidir la victoria. Son los Húsares Peruanos de Junín, al mando del coronel argentino Suárez. Y entre ellos, a las órdenes de Bruix, los ochenta últimos Granaderos a Caballo. De los cuatro mil hombres que pasaron los Andes con San Martín, sólo esos quedan. Pintan ya en canas los más: sus sables hállanse reducidos por mitad al rigor de la amoladura que saca filo hasta la guarda Y en ese instante, desde la reserva que así les da la corona del postrer episodio, meten espuela y se vienen. Véanlos cruzar el campo, ganando la punta de su propio torbellino. Ya llegaron, ya están encima. Una rayada, un relámpago, un grito: ¡Viva la Patria!...― y al tajo, volcada en rosas de gloria la última sangre de los soldados del rey.

Esas lágrimas de Ayacucho van a justificar el recuerdo de otras que me atrevo a mencionar, animado por la cordialidad de vuestra acogida.

Y fue que una noche de mis años, allá en mi sierra natal, el adolescente que palidecía sobre el libro donde se narraba el crucero de Grau, veía engrandecérsele el alma con las hazañas del pequeño monitor, embellecidas todavía por la bruma de la desgracia. Y sintiendo venírsele a la garganta un llanto en cuya salumbre parecía rezumar la amargura del mar lejano, derramaba en el seno de las montañas argentinas, sólo ante la noche y las estrellas de la eternidad, lágrimas obscuras lloradas por el Huáscar.

Señores: Dejadme procurar que esta hora de emoción no sea inútil. Yo quiero arriesgar también algo que cuesta mucho decir en estos tiempos de paradoja libertaria y de fracasada, bien que audaz ideología.

Ha sonado otra vez, para bien del mundo, la hora de la espada.

Así como ésta hizo lo único enteramente logrado que tenemos hasta ahora, y es la independencia, hará el orden necesario, implantará la jerarquía indispensable que la democracia ha malogrado hasta hoy, fatalmente derivada, porque ésa es su consecuencia natural, hacia la demagogia o el socialismo. Pero sabemos demasiado lo que hicieron el colectivismo y la paz, del Perú de los Incas y la China de los mandarines.

Pacifismo, colectivismo, democracia, son sinónimos de la misma vacante que el destino ofrece al jefe predestinado, es decir al hombre que manda por su derecho de mejor, con o sin la ley, porque ésta, como expresión de potencia, confúndese con su voluntad.

El pacifismo no es más que el culto del miedo, o una añagaza de la conquista roja, que a su vez lo define como un prejuicio burgués. La gloria y la dignidad son hijas gemelas del riesgo; y en el propio descanso del verdadero varón yergue su oreja el león dormido.

La vida completa se define por cuatro verbos de acción: amar, combatir, mandar, enseñar. Pero observad que los tres primeros son otras tantas expresiones de conquista y de fuerza. La vida misma es un estado de fuerza. Y desde 1914 debemos otra vez a la espada esta viril confrontación con la realidad.

En el conflicto de la autoridad con la ley, cada vez más frecuente, porque es un desenlace, el hombre de espada tiene que estar con aquélla. En esto consisten su deber y su sacrificio. El sistema constitucional del siglo XIX está caduco. El ejército es la última aristocracia, vale decir la última posibilidad de organización jerárquica que nos resta entre la disolución demagógica. Sólo la virtud militar realiza en este momento histórico la vida superior que es belleza, esperanza y fuerza.

Habría traicionado, si no lo dijera así, el mandato de las espadas de Ayacucho. Puesto que este centenario, señores míos, celebra la guerra libertadora; la fundación de la patria por el triunfo; la imposición de nuestra voluntad por la fuerza de las armas; la muerte embellecida por aquel arrebato ya divino, que bajo la propia angustia final siente abrirse el alma a la gloria en la heroica desgarradura de un alarido de clarín.

Poeta, hermano de armas en la esperanza y la belleza: ahí está lo que puede hacer.
Gracias, dulce ciudad de las sonrisas y de las rosas. Laureles rindo a tu fama, que así fueran de oro fino en el parangón de homenaje, y palmas a tu belleza que hizo flaquear ― dichoso de él en su propia dimensión ― al Hombre de los Andes con su estoicismo. ¿Pues quién no sabía por su bien ― y por su mal ― que ojos de limeña eran para jugarles, no ya el infierno, puesto que en penas lo daban, sino la misma seguridad del Paraíso? En el blanco de tus nubes veo embanderarse el cielo con los colores de mi Patria, y dilatarse en el tierno azul la caricia de una mirada argentina. Y generosas me ofrecen la perla de la intimidad y el rubí de la constancia, tus sonrisas de amistad y tus rosas de gentileza.

Y tú, nación de Ayacucho, tierra tan argentina por lo franca y por lo hermosa; patria donde no puedo ya sentirme extranjero, Patria mía del Perú: vive tu dicha en la inmortalidad, vive tu esperanza, vive tu gloria.

Leopoldo Lugones








Fuente: “La Hora de la Espada” discurso de Leopoldo Lugones en el Centenario de la Batalla de Ayacucho, en Lima, Perú; 9 de diciembre de 1924.

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miércoles, 25 de abril de 2018

Jacinto Oddone: "La Revuelta del 4 de febrero de 1905” (1934)


LA REVUELTA DEL 4 DE FEBRERO. EL SEGUNDO ESTADO DE SITIO

El día 4 de febrero de 1905, la facción política llamada radical ofrecía otra vez el deplorable espectáculo de un nuevo motín, preparado con el apoyo -de algunos militares, sin mas objeto que dar asalto a las posiciones del gobierno, desalojando a quienes las usufructuaban.

Con ese motivo el Comité Ejecutivo del Partido Socialista dio el siguiente manifiesto:

La política criolla y el motín militar

En presencia de la insurrección de los elementos militares que ha distraído la atención publica y estado a punto de provocar un trastorno casi general en el país.

El Comité Ejecutivo del Partido Socialista Argentino considera:

1. Que el episodio sangriento corresponde a la inveterada práctica que hasta ahora han consagrado los partidos políticos de esta nación apelando a los recursos extremos para obtener una ingerencia en la gestión de la cosa pública, cuando por medios democráticos o no, ven desterrados de ella.

2. Que el hecho corrobora, una vez más, la grande inmoralidad que caracteriza los procederes de los partidos políticos en que está dividida la burguesía argentina, y el profundo desprecio que estos tienen cuando luchan por la obtención de sus objetivos, de la paz y de los intereses sociales.

3. Que en tanto que los partidos pertenecientes a la clase dominante califican de violento el ejercicio de nuestros derechos de huelga, reprimiéndolo ilegalmente y coartándolo con los procedimientos más arbitrarios, ellos practican como lo prueban los recientes sucesos, para dirimir sus bajas rencillas, los más reprobables sistemas de violencia.

4. Que hechos de esta naturaleza son dignos del régimen imperante por cuanto ellos son sencillamente el fruto de los procedimientos antidemocráticos de que se han servido hasta ahora las camarillas de políticos que desde hace cerca de treinta años vienen legando entre sus miembros la administración de la cosa pública.

5. Que estos atentados a la tranquilidad nacional no desaparecerán por una saludable elevación de la conciencia política del pueblo, capaz ya de condenarlos y de hacer posible su realización.

6. Que la obra de regeneración política, dificultada por estos partidos sin doctrina y sin moral, corresponde por entero el pueblo trabajador, organizado a este objeto en partido político de clase, único capaz de llevarla a buen término en su propio beneficio.

Por estas consideraciones, el Comité Ejecutivo, del Partido Socialista acuerda: 

Invitar a la clase trabajadora a mantenerse alejada de estas rencillas provocadas por la desmedida sed de mando y de mezquinas ambiciones, y a negar su contingente moral y personal a la obra desmoralizadora que ellos realizan, fortificando y consolidando su organización económica y política con el objeto de obtener más pronta liberación.

La revuelta había sido sofocada. Los principales directores se hallaban presos o prófugos. El país había vuelto a su calma habitual y todo hacia suponer que, tranquilizados los ánimos, el gobierno volverla a sus ocupaciones propias y tratarla de evitar, si podía, la repetición de los hechos. Pero lo que nadie sospechaba era que lo ocurrido tendría serias derivaciones hacia el movimiento obrero y socialista, que no solo no había tenido la menor intervención en la revuelta, sino que la había condenado públicamente.

En efecto: decretado el estado de sitio el día mismo del motín, lo primero, y lo único, que hizo la policía fue clausurar los locales obreros y los centros socialistas, prohibir toda reunión, secuestrar "La Vanguardia" y demás publicaciones obreras y gremiales, arrestar a centenares de trabajadores, deportar a los mas conocidos, violar domicilios, en una furiosa campaña de persecución realmente inaudita. Todo aquello parecía una gran comedia preparada para dar un golpe al movimiento socialista, que comenzaba a ser una fuerza, so pretexto de la revolución radical.

El Comité Ejecutivo del Partido, que días antes había dado el manifiesto explicando su posición frente a los suecos, se creyó obligado a protestar por la actitud injustificada y brutal de la policía y del gobierno que hacían derivar hacia la clase trabajadora organizada las consecuencias del motín. Al efecto dio el manifiesto siguiente:

“El Comité Ejecutivo del Partido Socialista Argentino, en presencia del recrudecimiento de la actitud hostil del gobierno hacia el movimiento obrero, ha resuelto dirigir la palabra al pueblo trabajador de la republica para explicarle el significado de esta hostilidad y para aconsejarle el único medio de neutralizarla.

Sofocada la torpe y criminal revuelta que acaba -de conmover al país, y en momentos en que el gobierno parecía preocupado en solucionar las múltiples dificultades que le creara el reciente motín, le vemos iniciar de súbito, al amparo del estado de sitio, una persecución furiosa y despiadada en contra da nuestra floreciente y ya robusta organización obrera.

Cuando no se había extinguido afín el eco de los cañonazos descargados por la bárbara soldadesca, cuando el gobierno no había arrestado aun a los pocos cómplices del motín que "han sido habidos", la policía clausura violentamente todos los locales obreros, cierra sus imprentas, viola domicilios de obreros a toda hora del día y de la noche y da una formidable batida en todo el país, arrestando y encarcelando a una infinidad de valientes y abnegado campeones del movimiento obrero. Y mientras esto sucedía, la prensa burguesa, sin excepción, pedía clemencia para los revolucionarios extraviados, pero no tenia una sola palabra de defensa para este buen pueblo, -que aumenta con su labor la grandeza del país y sufre, sin embargo, los errores y los excesos de aquellos que lo mandan.

¿Qué significa esta violenta persecución obrera a raíz de una revuelta genuinamente burguesa? ¿Qué significa esta unánime actitud -de la prensa burguesa, que pide clemencia para los que arruinan y abochornan el país y no pide ni dice nada en favor de aquellos que lo enriquecen y lo honran? Estos hechos significan que la 'burguesía argentina ha llegado a formarse una clara conciencia económica de clase, y que orienta su política en un sentido concordante. Las bajas rencillas y hasta las torpes y criminales revueltas de las camarillas políticas burguesas son prácticas convencionales que se desestiman cuando se trata de explotar o amordazar a la victima común: la clase trabajadora.

En ningún momento de nuestra vida política ha habido, como en éste, en el gobierno y en la clase dirigente, tanta decisión y tanta unanimidad para hostilizar y perseguir la organización y el movimiento obrero.

A raíz de un grave bochorno, cuya responsabilidad cabe por entero a la clase dirigente, vemos a las distintas facciones de la burguesía argentina despreocupada de los recientes sucesos y atentas únicamente a arbitrar los medios de contrarrestar u obstaculizar el movimiento obrero. El gobierno clausura los locales obreros y arresta a los propagandistas; la prensa burguesa entona himnos de alabanza a algunos capitalistas que se proponen introducir muchas maquinas para dejar sin trabajo a machos obreros levantiscos; los industriales se retinen para oponerse a la sanción de algunas leyes proyectadas en favor de la clase obrera; el ministro de hacienda, entrevistado por una comisión de comerciantes que pedía la disminución de los derechos de aduana, responde que no hay que afligirse porque en definitiva todo eso lo paga el pueblo consumidor. Y para caracterizar el espíritu de hostilidad que anima a la burguesía en la hora presente, basta citar el hecho de un revoltoso oficial de línea que se capta la simpatía de los burgueses y la clemencia del Consejo de Guerra aduciendo, el desvergonzado, que se había movido con su compañía para reprimir un movimiento huelguista.

En ciertos periodos de la evolución, las reacciones de la burguesía son el índice de la fuerza obrera; tanto mis fuerte es la reacción burguesa, tanto mis fuerte es el movimiento obrero. El proletariado de la Argentina, consciente de su fuerza, de su derecho y de su misión civilizadora, sabrá imponerse en esta emergencia, como se impusieron en situación es análoga los proletariados de otros países.

Las leyes de excepción en Alemania, la persecución tradeunionista en Inglaterra; la del domicilio forzoso en Italia, no consiguieron detener el empuje incontrastable del movimiento obrero, y sir- vieron, en cambio, para infundirle nuevo vigor y nuevas energías. El proletariado de la Argentina, siguiendo el ejemplo de sus hermanos mayores de edad y experiencia, sabrá conservar toda su entereza y redoblar sus energías en la hora presente para burlar las persecuciones burguesas a fin de mantener la cohesión de las organizaciones obreras y no interrumpir la propaganda de sus grandiosos y nobles ideales”

El mismo sentido de estupor produjo el hecho entre las filas de la organización gremial, cuando algunos diarios pretendieron envolver, sin el menor fundamento y con propósito avieso, al movimiento obrero en los sucesos de referencia.

Ante esas afirmaciones infundadas, el Consejo Nacional de la Unión General de Trabajadores, central obrera que agrupaba en aquellos momentos a unos ochenta mil obreros, hizo la siguiente declaración, que ponía las cosas en su lugar:

“La Unión General de Trabajadores, en su sesión del Consejo Nacional realizada el miércoles (11 de febrero de 1905) ha votado, en presencia del movimiento insurreccional ocurrido últimamente, la siguiente declaración:

Visto que algunos diarios metropolitanos ;han afirmado que en el movimiento demagógico que se produjo el día 4 tomaron parte agrupaciones gremiales,  y considerando que si el Consejo Nacional de la Unión General de 'Trabajadores guarda silencio ante esa afirmación podría llegar a creerse o a sospechar que alguna de las sociedades federadas en la Unión General de Trabajadores ha podido convertirse en elemento de desorden al servicio de una de las fracciones burguesas que procuran el ejercicio del gobierno; el Comité Nacional declara que la Unión General de Trabajadores nada tiene de común ni con los hombres que administran el país, ni con los que aspiran a reemplazarlos; deplora que el estado de sitio, decretado como consecuencia de aquel movimiento faccioso, haya influido en el fracaso de las huelgas que venían sosteniendo algunos gremios; y formula votos por que cada día mayor conciencia obrera, informada en la lucha de clases, vaya alejando a los trabajadores argentinos de las facciones políticas que se disputan el poder, haciéndolos y manteniéndolos sus victimas”

El giro que habían tornado los acontecimientos, descargando el gobierno todo el rigor del estado de sitio sobre el movimiento obrero y socialista, no se debía ciertamente a la casualidad ni a un error, sino, evidentemente, al propósito deliberado de hacer fracasar numerosas huelgas que en esos momentos sostenían varios gremios, entre los que se encontraban los ferroviarios.

En efecto, la Confederación de Ferrocarrileros sostenía un conflicto con el Ferrocarril del Sud, que se extendía a muchas secciones de la provincia de Buenos Aires, paralizando en buena parte el tráfico. Hallábanse en huelga, además, los obreros de la fábrica de alpargatas "La Argentina", de la capital federal, además de los gremios de metalúrgicos, aserradores, tapiceros, mimbreros y otros.

El estado de sitio y la reacción antiobrera que le siguió, terminaron con todos esos movimientos, siendo encarcelados centenares de obreros, muchos de los cuales fueron llevados a bordo de los buques de guerra.

Como las arbitrariedades y las violencias policiales au- mentaran a medida que transcurrían los días, la Unión General de Trabajadores decidió ampliar la declaración del día 11 de febrero, y quince días después daba el siguiente manifiesto:

“La Unión General de Trabajadores, a todos los trabajadores de la republica. — Hace afín pocos días fuimos sorprendidos por un movimiento insurreccional en el que el pueblo trabajador no ha tornado participación alguna, comprendiendo perfectamente que ese movimiento revoltoso no abrigaba ningún principio de justicia y bienestar social, sino que pura y simplemente lo motivaban ambiciones personales mezquinas de los que excluidos del poder anhelaban reemplazar al actual gobierno, recurriendo para ello a medios violentos y brutales, indignos de hombree que anhelan el bienestar del país, pero que encuadran perfectamente en los móviles y propósitos de los que actuaron en esta insurrección, que tenia por objeto el cambio de hombres, mas no de ideas.

Con motivo de ese movimiento, en el que exclusivamente participaron elementos militares y politicastros pertenecientes a una fracción de la burguesía que desprovista de las delicias "del presupuesto, ha recurrido para saciar sus ambiciones de mando a medios ilícitos y bárbaros que constituyen una practica arraigada en la historia política de este país, el gobierno, con el difícil pretexto de que los trabajadores organizados en agrupaciones gremiales podían estar comprometida también en la revuelta, y amparado con la declaración de estado de sitio, clausura nuestros locales, encarcela arbitrariamente a nuestros más activos y conscientes compañeros, prohíbe la aparición de nuestras publicaciones, hace fracasar las huelgas que venían sosteniendo algunos gremios, e intenta criminalmente con el pretexto de mentidas y calumniosas confabulaciones destruir nuestras asociaciones de resistencia contra el capital, que tantos sacrificios y desvelos nos ha costado consolidar.

La clase trabajadora consciente y organizada, nada tiene de común con los hombres del actual gobierno, ni tampoco con los que intentan reemplazarlos. EI proletariado argentino, en su constante marcha hacia su emancipación económica y política, ha llegado a ser, por el creciente desarrollo de su conciencia de clase y por la cada día mas completa organización de sus sindicatos gremiales, una fuerza temible y poderosa que .con un criterio de clase tiende gradualmente a contrarrestar la explotación de que es objeto por parte de la clase parasitaria. Y es por eso quo el gobierno, dándose cuenta cabal de ello, y aprovechando de las circunstancias que le proporcionan los momentos actuales, procura suprimir esa fuerza que transforma a la clase productora en enemiga franca y leal frente a sus detractores, dispuesta a luchar hasta conseguir su completa liberación del yugo capitalista opresor.

Obreros:

La actitud agresiva y "brutal de la clase capitalista, fielmente representada en el actual gobierno, nos obliga a que adoptemos una en6rgica resistencia imprimiendo a nuestra acción un carácter eminentemente revolucionario, puesto que la burguesía, incapaz de combatirnos dentro de la legalidad que ella misma ha creado, de ella se extralimita recurriendo para la defensa de sus privilegios a medidas coercitivas y violentas que demuestran cuan grandes con sus deseos de ahogar el saludable espíritu de rebeldía contra la sociedad actual, que se acrecienta en nuestros pechos proletarios.

Anhelan destruir nuestra organización con un pretexto de Ley Nacional del Trabajo intentando en estos momentos preparar el terreno para transformar, sin resistencia de parte nuestra, ese proyecto de ley.

Esa mal titulada Ley (Nacional del Trabajo, que cuan mordaza en nuestros labios nos impedirá hablar a nuestros compañeros de infortunio para inculcarles en sus mentes y sus corazones rayos fecundantes del ideal emancipador que guíe nuestros actos, merece nuestra mas enérgica condenación, y determina la necesidad imperiosa de combatirla con todas las fuerzas de que seamos capaces.

La Unión General de Trabajadores, velando por los intereses del proletariado argentino, os invita a que os deis perfecta y exacta cuenta de los malignas propósitos que el actual gobierno persigue en estos momentos anormales por los cuales el país atraviesa. Es necesario que el proletariado argentino redoble sus energías, disponiéndonos a defendernos de la agresión con los medios que nos sea posible y que las circunstancias determinen. Estrechemos nuestras filas, no permitamos que nos atropellen, seamos conscientes y fuertes y retemplando nuestros espíritus hagamos ver a la burguesía gobernante que nos hallamos dispuestos, cueste lo que cueste, a afrontar la batalla por ellos provocada.

A la obra, compañeros. Redoblemos nuestra actividad y defendámonos. — Buenos Aires, febrero de 1905. — La Junta Ejecutiva.









Fuente: “La Revuelta del 4 de febrero” en Historia del Socialismo Argentino Tomo II de Jacinto Oddone, Talleres Gráficos de “La Vanguardia”, 1934.

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miércoles, 18 de abril de 2018

Juventud Radical: "La Posición frente al Colonialismo" Carta a J.J. Hernández Arregui (septiembre de 1970)


LA POSICIÓN DE LA JUVENTUD RADICAL FRENTE AL COLONIALISMO

Buenos Aires, septiembre de 1970


Estimado doctor Hernández Arregui:

Sus actos y sus obras son un factor fundamental en el esclarecimiento de las mentes argentinas colonizadas. En este duro y prodigioso alumbramiento histórico en el que descubrimos, al fin, nuestra personalidad individual y colectiva, hemos despertado como hombres y soldados de la Argentina avasallada, dentro de la Patria Grande iberoamericana y de este Tercer Mundo inédito que hoy marca, ya, una presencia definitiva en el mapa universal, sacudiendo siglos de sometimiento y humillación.

El respeto y admiración personal y política que usted se ha granjeado por ello entre nosotros, motiva estas líneas, como expresión de la actitud de un sector de la juventud radical que desde sus orígenes se enfrentó constantemente con el cipayaje entronizado en los cuadros de una UCR que terminó traicionando sus raíces históricas y, hoy, culmina en un difícil pero no estéril proceso en nosotros los jóvenes, de avance hacia una concepción nacional y revolucionaria.

De estas actitudes-doctor Hernández Arregui-, su influencia ha sido un factor determinante.

Toda nuestra experiencia en el radicalismo se resume en la definición de una línea nacional, popular y antiimperialista.

Rescatando los contenidos históricos del yrigoyenismo y de la intransigencia, cuya expresión superior fue FORJA, se elaboró en nuestra militancia una concepción revolucionaria nacida bajo las limitaciones naturales de una estructura perimida.
Muy pronto advertimos la estrechez del horizonte histórico del partido que alguna vez fuera aceptado por las mayorías nativas como la expresión de la Causa Nacional contra el Régimen.

Es que no en vano la irrupción de la clase obrera como tal en al política nacional bajo el signo del 17 de octubre de 1945, había deteriorado y quebrado definitivamente el esquema jurídico-político del liberalismo. . Esquema al cual ya pertenecía el radicalismo desde el levantamiento de la abstención en 1935, con el copamiento alvearista de la conducción partidaria. Esta circunstancia la advertiríamos en nuestra práctica y en el desarrollo del nivel de conciencia individual y colectivo, que se da en nuestro país en general y en cada uno de nosotros en particular, a partir de la recolonización iniciada en 1955 por la contrarrevolución en marcha. Es decir, en la última y mas rica etapa de la formación de la conciencia nacional de los argentinos. Así surgimos a una nueva y vasta realidad que se daba en nuestra patria a partir de la caída del peronismo y de las frustraciones liberales para construir una democracia sin el pueblo. Y fue justamente la incomprensión de este proceso por parte de la UCRP como consecuencia de las limitaciones de clase y el consiguiente aferrarse a formas caducadas, lo que nos diferencio con claridad de ella en su con- junto y de su significado real en la sociedad argentina, como importante masa de maniobras dentro del juego que el sistema elaboró para escamotear al pueblo su poder político

Las contradicciones habrían de acentuarse durante el gobierno de Illia que, huérfano de apoyo popular y despreciado por la oligarquía, fue la expresión de la incapacidad de los sectores medios para encarar una salida autónoma en un país dependiente. Así, nuestra conciencia liberada fue cada vez más antagónica con la realidad que nos demostraba hasta qué punto se insertaba el radicalismo en el sistema.

Nuestras reiteradas actitudes críticas hicieron eclosión definitiva en mayo de 1965 en ocasión de la invasión imperialista a Santo Domingo. Entonces nos mantuvimos junto al pueblo, y desde la tribuna levantada en Plaza Congreso, nuestro orador Carlos Suárez denunció la traición a la postura yrigoyenista por parte del canciller Zavala Ortiz, quien rematando su definitiva colonización mental habría de abrazarse más tarde en Saigón con el títere Cao Ky. El movimiento de la Juventud Radical surgió entonces como expresión de un sector del radicalismo que rescataba sus esencias nacionales ligándolas históricamente a las luchas actuales del pueblo, que se expresaban en la clase obrera peronista. En setiembre de 1965 el "primer encuentro nacional de la Juventud Radical" que concitó numerosas representaciones del interior y Buenos Aires decía:

"la opción peronismo-antiperonismo en la que insiste el gobierno es la pieza clave del juego oligárquico que tiende a acentuar el divorcio entre las capas medias y otros sectores de la población y la clase obrera" (...) "Pueblo y anti-pueblo, patria o colonia, independencia o vasallaje, son los ejes reales de la lucha popular y el radicalismo debe insertarse en ella positivamente o sucumbirá."

Los hechos hablarían más tarde, y en su elocuencia habrían de demostrar cómo la incomprensión de esta disyuntiva abrió el camino al recrudecimiento de la recolonización económica y la represión popular a través de la dictadura de los monopolios. Frente a esta nueva circunstancia, carta desesperada del sistema, señalábamos en julio de 1966 “… la acción no pasa por oponer a la dictadura pro-imperialista como la que impera hoy en el país el retorno al formalismo institucional del liberalismo (...) La lucha ha de estar dirigida a vertebrar definitivamente el movimiento nacional que reconquiste el poder para el pueblo. En una permanente labor orientada en tal objetivo, la acción común con los sectores nacionales que desarrollamos constantemente nos llevo a un dialogo con el General Perón en Madrid, a quien valoramos en su importancia histórica como símbolo que sintetiza las aspiraciones colectivas del pueblo y como conductor y bandera de unidad de la clase obrera.

En "Colonialismo o liberación" documento conjunto con la Juventud Peronista dado en 1967 se afirmaba:

"Durante este siglo dos grandes movimientos populares, Radicalismo Yrigoyenista y Movimiento Peronista, enfrentaron el contubernio oligárquico-imperialista; cada uno de ellos es prueba palpable del avance histórico del espíritu de la tierra y de los "métodos" de que se ha valido su enemigo para reconquistar un poder que pertenece al pueblo. De allí es que a los que hoy como ayer quieren negociar el futuro y la grandeza argentinos pretextando hipotéticas salidas institucionales, les decimos que la Revolución Nacional y Social exigida por el país no tiene cabida en un aparato jurídico-político construido precisamente para impedir esa solución".

El surgimiento de la CGT de los Argentinos obraría como un verdadero polo de confluencia popular. Convertida en eje central de la lucha contra la dictadura en una perspectiva nacional y revolucionaria, formamos parte de sus filas. Había llegado para nosotros, como para vastos sectores de la juventud, desde distintos ángulos y procedencias, el momento de encuadrar nuestra militancia concreta en el movimiento mayoritario, que aun en sus contradicciones es la expresión vital y vigente de la liberación de todos los argentinos.

Saludamos a usted con profundo afecto.

Carlos Suárez; Guillermo Tello Rosas; Arturo C. Goldstraj; Mario Battiti; Jorge Vargas; Carlos Arballo.




El Presidente Illia recibe a una delegación de la Juventud Radical del Pueblo, entre ellos se encuentra el Presidente de la agrupacion, Sr. Guillermo Tello Rosas.










Fuente: “La Posición de la Juventud Radical frente al Colonialismo”, septiembre de 1970 en Hernández Arregui, Juan José, La Formación de la Conciencia Nacional, 2da. Edición, Buenos Aires, Plus Ultra, pp. 545-547, 1973.

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domingo, 15 de abril de 2018

Caras y Caretas: "El Movimiento Feminista con la Doctora Rawson Dellepiane” (2 de agosto de 1919)


EL MOVIMIENTO FEMINISTA
CON LA DOCTORA RAWSON DE DELLEPIANE


— ¿Está la doctora?

La doméstica nos responde afirmativamente y nos guía hasta el salón, donde nos recibe una de las secretarias de la «Asociación Pro-Derechos de la Mujer»; digo una porque el Consejo Directivo de la misma cuenta con tres.

Cambiamos algunas frases con la señorita secretaria, quien en esos momentos daba los últimos toques al petitorio que dicha asociación elevaría al Congreso, solicitando la pronta sanción de los proyectos de ley sobre derechos civiles y políticos.

Tras cortos instantes, se presenta la doctora Elvira Rawson de Dellepiane, sonriendo como siempre. Un apretón de manos y después de breves palabras explicativas, comienza nuestro diálogo:

— ¿Cuáles son los propósitos de la asociación que usted preside?

— Los he manifestado en diversas ocasiones: Derechos civiles, políticos, y económicos; solicitar se dé cabida a la mujer en los cargos públicos y especialmente en el Consejo Nacional y seccionales de Educación; pedir la creación de tribunales especiales para causas de menores delincuentes y abandonados, así come en las cárceles y correccionales de mujeres, debiendo tener derecho de juzgar y de defender a unos y a otros; trabajar porque se dicten leyes do protección al niño, leyes que permitan la investigación de la paternidad y de la maternidad, es decir, la filiación natural amplia; pedir que a igual trabajo sea concedido igual salario, pues hasta hoy la mujer trabaja tanto o más que el hombre y gana menos. Para conseguir estas reformas se emplearán todos los medios que la razón aconseje. El primer paso en ese sentido ya se ha dado. El diputado nacional, doctor Rogelio Araya, vocal de la junta directiva de nuestra asociación, ha presentado recientemente a la Cámara, el proyecto de reformas al código civil, basado en uno que tuve el honor de presentar al Congreso de las Universitarias, en 1910.

— ¿Ha encontrado muchos partidarios el movimiento feminista iniciado entre nosotros?

- Los hombres dignos y de amplio criterio no vacilan, y cada día sumamos adeptos y más adeptos. En cuanto a la mujer, se ha dado cuenta de que se debaten cuestiones trascendentales para ella y que en la obra que realice actualmente está su porvenir. Ha respondido al llamado y figura en crecido número en las filas de las luchadoras.

— ¿No teme a la oposición que ha de hacerle el elemento conservador, cuando se intensifique la campaña?

— Ya he pensado en ese asunto, pero no me intimida. Habrá disparidad de pareceres, porque hay disparidad de vida. ¿Por qué quiere usted que piense lo mismo que nosotras la dama que vive en suntuosa morada, que duerme en lecho espléndido, que tiene una comida apetitosa, que viste sedas y que sus hijos sanos y bien trajeados gastan juguetes costosos, con cuyo valor se podrían vestir a varios niños indigentes? Frente a ella tenemos el espectáculo de una pobre mujer que habita en miserable cuarto sin ventanas, respirando un aire viciado, que duerme con sus hijos en una promiscuidad que aterra. Esta nos acompaña porque sufre y lucha, como también está con nosotras la mujer intelectual que piensa y so afana por conquistar un puesto digno en la vida. Entre el primer elemento contamos, no obstante, con algunas señoras sensatas que simpatizan con nuestro movimiento. Claro está que la falange de egoístas y de frívolas se ha retraído. Nuestros ideales no son extemporáneos, nuestro movimiento es sano y bien equilibrado y todos nuestros propósitos están en concordancia con el ambiente que se respira en el mundo entero.

—¿Cree usted que se le otorgarán a la mujer los derechos que solicitan?

— Se me informa que, con respecto a la emancipación civil de la mujer, hay en la Cámara de Diputados un ambiente favorable. El proyecto de los derechos políticos también será tratado en el actual periodo legislativo.

Será preciso suponer que el hombre se coloca de intento la mano sobre los ojos para no ver. ¿Acaso hay uno que se atreva a negarnos que la mujer ha jugado un rol importantísimo en todas las épocas y en todas las difíciles circunstancias porque han atravesado los pueblos? En la misma guerra europea, la mujer, ¿no ha demostrado todo su valor, toda su capacidad para el dolor, para el trabajo, para el sacrificio? ¿Quién nos desmiente también de que los hombres gozan actualmente de acentuados privilegios? Es justo, pues, que llegue la igualdad de derechos. Ya se ha repetido de que la mujer debe ser la compañera del hombre y no la sierva, pero para que esto sea verdad hay que romper con el pasado.

— Muchos pretenden que en posesión de esos derechos, disminuirá el número de buenas madres y esposas.

— Es un error; la que sepa ser madre de familia y mujer de su casa, sabrá también cumplir con otros y difíciles deberes, en los momentos que aquellos sagrados e ineludibles compromisos le dejen libre.

Seremos ante todo madres y esposas las que el destino nos depare esa misión, porque tendremos en cuenta la influencia bienhechora que ejercemos en el hogar, sobro todo cuando el hombre ama profundamente ese hogar.

¿Acaso es posible negar la influencia social? ¡Sería como negar la luz del sol! ¿No fueron austeras y virtuosas madres las que formaron el carácter de hombres eminentes como Washington, Goethe, Canning, Cromwell, Schiller, Scott y otros muchos? ¿No es la mujer la que forma el carácter y dieta las costumbres y maneras de un pueblo? Si la mujer es buena, ilustrada, moralmente pura, más noble y más digna será la sociedad. Luego, elevar a la mujer es elevar al hombre; ampliar su radio de acción es beneficiar al país que realice tal propósito. Nosotras trabajaremos para que se dicten nuevas leyes, teniendo en cuenta no sólo la balanza de la justicia, sino la del amor y del altruismo. Y así—terminó diciendo la amable señora — al tejer coronas de amor, de acercamiento entre las diversas clases sociales, podremos mejorar en algo esta vida de suyo triste y penosa.






La Presidenta Dra. Dellepiane, con sus dos secretarias de Acta y la de Interior









Fuente: “El Movimiento Feminista con la Doctora Rawson Dellepiane” en Caras y Caretas del 2 de agosto de 1919.

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lunes, 9 de abril de 2018

Horacio Guido: "Alvear y Regina, dos amigos" (mayo de 1997)


Mis primeros recuerdos de ellos fueron cuando me exiliaron. Entonces tenía poquísimos años, y fue cuando a los viejos radicales los deporto al Brasil la dictadura de Uriburu.

Yo nos los seguí: a mi me llevaron porque mi padre estaba también en la lista. Del viaje en el Cap de Ancona a Río de Janeiro tengo recuerdos vagos. Algo de la travesía-en especial el cruce del golfo de Santa Catalina con el clásico resultado: un comedor muy raleado, un ambiente saturado de olor a comida, y a mi hermano y a mi que nos sacaron con una servilleta en la boca vomitando por los cuatro costados y algo de las corridas en cubierta y la seducción de mirar por el ojo de buey. Los Alvear estaban en el Hotel Copacabana, y nosotros junto a los Tamborini y los Siri en unos departamentos frente al mar. Éramos los mas chicos del pelotón, y de nuestra edad no había compañía: las hijas de Siri, como las de Pueyrredón, eran señoritas, y los hijos de Andrés Ferreyra ya muchachones. Jugábamos solos, y parece que con bastante escándalo y travesura, tanto que un día don Pascual le dijo a nuestra madre: María Esther, nos van a desalojar y tendremos que ir a vivir en una carpa en la playa…. Por favor, Tamborini, no lo diga fuerte, porque ese seria el sueño de ellos, y harían cualquier cosa por lograrlo.

A Copacabana íbamos seguido, a veces de pasada y otras anunciadas, y generalmente con nuestra madre a visitar a Regina. Poroto Botana, quien aseguraba haber sido testigo de muchas de nuestras andanzas, hacia reír contando las formas de nuestro desparpajo y hablar confianzudo, nada menos que con el matrimonio Alvear, a quien se trataba con mucho respeto y distancia. Nosotros no. Parece ser que todo lo contrario, y es que, evidentemente, sentíamos que no hablábamos ni estábamos en presencia del ex presidente y su esposa, sino con amigos que nos trataban como tales. Después fuimos todos juntos hasta Montevideo, y volvimos a Buenos Aires. Luego de Martín García los Alvear se fueron a Europa; mi padre, a Ushuaia, con los amigos radicales confinados, y nosotros, con nuestra madre a Sierra de la Ventana a esperar que aclarara.

De ahí en más, mis recuerdos de los Alvear saltan a Mar del Plata. Yo tenía más años, pero seguía borrego.

Nuestro chalet estaba en la cúspide de la loma de Playa Grande, y Villa Regina en la base, hacia el puerto. Todavía están. Aunque entonces descampado, y ahora ciudad, lo recuerdo a don Marcelo manejando su “topolino” (nunca supimos como hacia para entrar y salir de el),y, subiendo la cuesta, llegar a casa a conversar con mi padre, cosa que para nosotros no tenia otra trascendencia que un saludo cordial, su respuesta cariñosa, y algunas bromas que nos dejaban siempre satisfechos. Otras veces los veíamos en Playa Grande, donde tenían su carpa permanente como cualquier veraneante.

Más de una vez, de pasada al mar, le pedíamos permiso para dejar alguna ropa que nos molestaba. Lo encontrábamos sentado en aquellas sillas de mimbre, tan cómodas en la arena, leyendo un diario y sin ningún preámbulo daba su conformidad mezclada con preguntas sobre la familia. Generalmente cuando volvíamos, casi al mediodía, los Alvear ya no estaban, pero no era nada difícil volverlos a ver a la tarde caminando por la Rambla como simples ciudadanos. Era cierto: éramos unos confianzudos. Es verdad que los historiadores tienen bastante de que ocuparse como para acordarse de los chicos y de sus impresiones ante los hombres importantes, pero lo que a esa edad pudimos estar con ellos sintiéndonos cómodos, tenemos una visión particular, tal vez intrascendente, con infinidad de posibilidades de no pasar a un libro, pero de un valor muy importante para nosotros.

Mientras hacia falta un discurso de Alvear para que un politólogo entendiera algún recoveco de su pensamiento, una simple mirada, unas palabras y algún gesto cariñoso, a nosotros nos convertía en cómplices de otra historia, de trastienda, insisto, pero tan real y verdadera como la otra. La tradición lo pinta a Alvear con gesto adusto y solemne, encumbrado y autoritario, casi con toga romana conduciendo a la patria a la grandeza. Pero para mi fue todo lo contrario. Mi verdadero Alvear fue una expresión sonriente, una mirada clara y abierta, y un hablar de compinche. Y algo más, tan importante para un chico como para que nunca lo olvide: siempre tenía buen humor. El resto son problemas de otros, de gente grande y seria. En esta actualidad tan desvaída y pobre en que vive el país, el recuerdo de Alvear, mi Alvear, caminando en la explanada del Cristo Redentor o en Pocitos o en Playa Grande o en la Rambla de Mar del Plata, con doña Regina del brazo, saludando tranquilo y amable… hasta a un chico como era yo, es algo que me reconforta. Los tiempos de la Republica naufragaron en el 30, pero los de los republicanos todavía flotan.

Si bien Marcelo T. de Alvear no desplegaba lujos durante sus vacaciones en la costa, si gustaba de la comodidad. En Alvear, de Félix Luna, se lo describe como a un gran nadador, que no se perdía ninguna temporada veraniega. Fue de los primeros en descubrir Playa Grande, y durante muchos años su carpa fue de las contadas que allí se levantaban, mientras el grueso de los turistas se apiñaba frente a la Rambla. Hacia la mitad de su periodo presidencial (1922-1928) empezó a construir en Mar del Plata, precisamente cerca de Playa Grande, un hermosa chalet bautizado Villa Regina en honor de su mujer, Regina Pacini; disgustada frecuentemente con la omnipresencia del ministro de Guerra de Alvear, Agustín P. Justo, que lo seguía a todas partes y gustaba de practicar golf y trasladar las intrigas del poder a la arena marplatense. Alvear además gustaba de la pesca y caminando en soledad, sin escolta, hasta la escollera norte, con su sombrero blanco, la valijita de aparejos en mano y la caña en la otra. Tampoco llevaba custodia a sus partidos de golf con su amigo Ricardo Cranwell, presidente del Golf Club Mar del Plata, donde tenía prioridad cuando se le ocurría jugar.











Fuente: “Alvear y Regina, dos amigos” por el Dr. Horacio Guido en Todo es Historia N° 358, mayo de 1997.






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sábado, 31 de marzo de 2018

Carlos Sylvestre Begnis: “El quebrantamiento de la ley” (4 de abril de 1962)


Ciudad de Santa Fe, 4 de abril de 1962

Señores legisladores:

He tenido que hacer referencias tal vez inusitadas para la circunstancia, porque de alguna manera tengo que ubicar a Santa Fe y a su gobierno en el proceso que agobia hoy a todo el país y conmueve los cimientos de la estructura misma de la Nación.

El Presidente constitucional de la Republica, Dr. Arturo Frondizi, ha sido obligado a abandonar la presidencia de la nación al margen de la ley, esta detenido en una isla de jurisdicción castrense y ha sido reemplazado en sus funciones con fundamentos que repugnan al sentido legalista y republicano de nuestras instituciones y a la vocación democrática de nuestro pueblo.

Los ojos de todos los demócratas del mundo, miran con pena la nueva e inesperada frustración de esta Argentina que en pocos años había recuperado el prestigio de sus mejores épocas.

Era el pilar sólido, sobre el que se estaban apoyando las esperanzas de los que siempre tuvieron confianza en nuestro destino afirmado sobre tan claros y limpios impulsos históricos.

Ellos conocen tan bien como nosotros los factores que vienen trabajando para malograr la vocación democrática de nuestro pueblo.

Por una lado el extremismo comunista, tenaz y bien dotado que libra su batalla sin tregua en su afán de conquistar las masas desorientadas que solo se defienden con los restos de su fanatismo de reciente data y su ingénito sentido nacionalista, un tanto inmaduras para comprender que su mejor defensa es defender al país y sus instituciones.

Por el otro, la vieja fuerzas proteiforme de los que saben superada su mentalidad y sus posibilidades, los políticos sin pueblo, los falsos políticos y los aficionados que creen que es fácil manejar esta ciencia que procura el bien de la comunidad, mercaderes disfrazados todos, que buscan la solución de sus problemas y no los del pueblo.

Los que representan legítimamente al pueblo tienen autoridad y poder.

El gobierno de Santa Fe, que esta a punto de terminar su gestión tuvo a la ley por compañera excelsa en todo su camino, la respetó y la hizo respetar, y la respeta hasta el último instante.

Todos los sectores, sin exclusiones de ninguna clase, integran el pueblo. La ley, que establece deberes y derechos crea el medio ambiente dentro del cual, sin comprometer jamás la vida y los destinos del todo, accionan y se mueven las ideas, las inquietudes, los sentimientos y las emociones del pueblo.

El quebrantamiento de la ley abre la posibilidad a todas las acciones capaces de comprometer la paz, el destino y de la vida misma de la Nación.

Quizás haya muchos culpables. Resultaría difícil e inoperante descubrirlos y asignarles la correspondiente responsabilidad, porque nada podrá salvar a la única victima segura que es la Nación.

El gobierno de Santa Fe proclama enfáticamente su vocación de patria basada en el respeto religioso de la ley.

Hoy se esta creando una nueva jurisprudencia en Argentina: el Golpe de Estado con visos de legalidad.

La ley y los juramentos han sido superados por los hechos.

Puede quedar sentado el precedente de que en este país ningún futuro presidente estaría exento de la contingencia de que un día, algunas personas que invocan una representación no conferida por la ley, lo obliguen a que se vaya para que pase el que sigue.

Estamos en una peligrosa pendiente.

Que Dios se apiade de nosotros e ilumines a los equivocados.











Fuente: “El quebrantamiento de la ley” fragmento del discurso del Sr. Gobernador de la Provincia de Santa Fe, Dr. Carlos Sylvestre Begnis, al inaugurar el 93° periodo de sesiones de la H. Legislatura de la Provincia de Santa Fe, 4 de abril de 1962.

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martes, 27 de marzo de 2018

Adolfo Bioy Casares: "Mi padre y la revolucion radical de febrero de 1905" (18 de agosto de 1956)


Pepe Bianco obliga a mi padre a contar de nuevo toda su actuación en la revolución de 1905, « ¡Qué linda época!», comenta. «Igual a la de ahora», le digo.

Yo propongo otros temas, para que mi padre no tenga que repetir algo que ya contó ante todos (y quede como un viejo repetidor) y, principalmente, porque pienso que no disimulará su odio por los radicales, que en cualquier momento se traslucirá, y que esto puede resultar desagradable a Borges y a Pepe, ambos radicales.

En tres momentos se acerca esta incómoda posibilidad.

Primero, al preguntar Pepe quién era el jefe, cuando mi padre fue al cuartel.

«El coronel, futuro general, José Félix Uriburu», dice mi padre con una sonrisa de simpatía (Borges aborrece a Uriburu). Segundo, cuando Pepe pregunta en qué libro puede leer referencias a esa época y mi padre responde:

«Hombre, en las memorias de Ibarguren» (decididamente, se creería que mi padre quiere ponerse de un lado horrible; no aclara —no tenía por qué aclararlo— que él desaprueba totalmente la política de Ibarguren); tampoco por aquí se llega a nada malo: una impresión, no más, inexacta y leve.

Por fin, cuando se refiere mi padre a la revolución de 1905, «única que dirigió personalmente Hipólito Yrigoyen», y agrega:

«No se portó muy bien, según parece. Huyó por una azotea y se rompió el pantalón».

Lamento que Borges vea así maltratado, por mi padre, a Yrigoyen (superstición suya no muy arraigada, pero...).



Adolfo Bioy Domecq, padre del escritor Adolfo Bioy Casares, luego fue Ministro de Relaciones Exteriores de la dictadura del Gral. José Félix Uriburu.








Fuente: “18 de agosto de 1956” en “Borges” de Adolfo Bioy Casares a cargo de Daniel Martino, Editorial Destino, 2006.

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sábado, 17 de marzo de 2018

Fernando de la Rúa: " "Debate de la Ley de Reordenamiento Sindical" (14 y 15 de marzo de 1984)


Sr. Presidente. —Tiene la palabra el señor senador por la Capital Federal.
Sr. de la Rua. — Señor presidente: a esta altura del debate me parece que conviene hacer algunas precisiones, porque si es cierto que desde este recinto hablamos al país, seguramente muchos no comprenderán cual es la naturaleza del asunto, de lo que aquí se discute. Digo esto porque se han deslizado muchos equívocos y lanzado muchos epítetos, y es necesario referirse también en forma concreta al proyecto de que se trata, a la materia en cuestión.

Comprendo las invocaciones al pasado y las exhortaciones al futuro, y hasta las recomendaciones a deponer soberbias, lo que supone empezar por exponer la propia humildad, como la humildad republicana con que nosotros queremos tratar estas cuestiones que hacen al futuro del país. Ocurre que aquí se plantea todo como si hubiese un abismo que dividiera a las dos bancadas mayoritarias. Y si el señor senador Menem hubiese tenido la amabilidad de permitirme la interrupción que le solicito, tal vez la aclaración habría servido para comprenderlo mejor...

Sr. Menem. —Usted no se la permitió al señor Saadi.
Sr. de la Rua. — Porque ha hecho una enumeración tan larga de discrepancias, que el encuentra sustanciales, con respecto al proyecto que se analiza, que resulta incomprensible a la opinión publica que transcurrieran mas de sesenta días durante los cuales justicialistas y radicales, con funcionarios del Ministerio de Trabajo, dirigentes gremiales y legisladores de una y otra bancada, hayamos estado procurando las aproximaciones en busca de un texto único, que aun hoy se estaba intentando lograr
No había un abismo, señor presidente; apenas una tablita faltaba para cruzar el puente de la unanimidad. La única diferencia subsistente era sobre el modo de integrar las conducciones actuales de los organismos sindicales. El justicialismo sostenía que debían estar a cargo de quienes actualmente detentan las funciones de conducción, sea en virtud de haber sido designados como comisiones transitorias o por la prorroga de los mandatos dispuesta por el régimen militar, la Unión Cívica Radical sostenía, en cambio, que había que dar igualdad de posibilidades, manteniendo en sus funciones a quienes estaban en ellas e incorporar a los que habían sido desplazados, colocándolos en condiciones igualitarias, para que nadie corriera con ventajas.

¡Esta era la sola gran diferencia y no la larga lista que ha enunciado el señor senador Menem!

No se justifica que exhibamos ante el país la apariencia de una discrepancia tan profunda, como si la Unión Cívica Radical quisiera meter mano en los sindicatos argentinos y estos fueran exclusivamente peronistas, y solo la bancada justicialista tuviera en cuenta a los obreros y a los sindicatos.

Este gobierno radical no viene a mandar con prepotencia sino a rescatar la dignidad de los argentinos. Este gobierno quiere que, a si como se logro la democratización en el plano nacional y de los partidos políticos, ese fenómeno alcance también a los sindicatos de nuestro país. Así como salimos del "facto" en el aspecto institucional, es necesario salir de la situación de facto en los sindicatos de la Republica.

Si así no se entiende lo que acabo de señalar, no se comprenderá el sentido superior con que el Poder Ejecutivo envío este proyecto de ley. En los sindicatos argentinos subsisten los efectos de la intervención y de la intromisión del régimen militar que, a partir de 1982, designo comisiones transitorias con el pretexto de iniciar un proceso de normalización. Y en los que no intervino, prorrogo los mandatos.

La opinión publica debe saber que desde hace anos no se realizan elecciones en ellos, porque la veda impuesta por el proceso lo impidió.

El propósito del actual gobierno es posibilitar elecciones indiscutidas, limpias y transparentes, sin ventajas ni postergaciones. Coincidíamos con el justicialismo en que era una ley electoral, un código electoral, cuyas normas se referian exclusivamente a la cuestión electoral, con el fin de que pudieran realizarse estos comicios necesarios para legitimar las representaciones sindicales, y no para excluir o favorecer a alguien. Todo esto, con el objetivo de que existiese un pronunciamiento genuino de las bases que han estado marginadas durante todo este tiempo en el que no han podido votar.

De esto se trataba. Pero hoy hemos tenido que escuchar una serie de calificativos que rozan el agravio o que constituyen un ataque que no condice con la serenidad con que este debate debió haber sido llevado, teniendo en cuenta la superioridad de miras, proyectos y planteos que aquí se tratan y los diálogos, estudios y análisis que hemos realizado en las comisiones respectivas.

Se ha hablado aquí de un intervencionismo que atentaria contra una supuesta libertad sindical, de manera tal que si se aplicara, significaría la atomización del movimiento obrero argentino. Nosotros no queremos que esta se produzca sino que deseamos mantener y preservar la posibilidad de un sindicato único para la representación gremial.

Precisamente, por este carácter de unicidad debe tener especialmente afianzada la democracia interna a fin de asegurar el pluralismo y la participación de todos.
Por los motivos expuestos sostenemos que los sindicatos no pueden tener un color político determinado, ni servir a algún partido político, sino que tienen que responder y respetar el pluralismo de los trabajadores, cualquiera sea su idea política. Los sindicatos deben estar al servicio de los trabajadores y de los intereses profesionales y, superando una etapa puramente reivindicativa, asumir una actuación participativa, como lo exigen los tiempos modernos.

Se ha dicho que esta ley es inoportuna. No lo comprendo, señor presidente, porque afrontamos un momento difícil de la vida nacional. Estamos viviendo una democracia que entre todos impulsamos; una democracia que está naciendo y fortaleciéndose y constituye un desafío histórico para el conjunto de los argentinos. Y con este marco debemos afrontar graves problemas de la vida nacional: una crisis económica heredada, inaudita en su dimensión; problemas sociales que conmueven los mas hondos sentimientos de solidaridad y llenan de angustia a miles de familias de trabajadores; los desafíos de la técnica, que introducen nuevas formas en las condiciones de trabajo y producción, todo lo cual exige una efectiva participación de los trabajadores en el gran debate nacional y en el dialogo para la concertación social.

Para lograr esto es necesario que las representaciones sean legítimas y genuinas. En el gremialismo argentino existen personalidades conocidas e importantes, pero también queremos que las haya legítimamente representativas por el voto y la voluntad de sus bases, o que hayan podido revalidar sus títulos en los comicios que se realicen.

Por esos motivos el proyecto de ley enviado por el Poder Ejecutivo establecía el voto obligatorio de todos los trabajadores en los establecimientos para designar los delegados de fabrica, y para todos los afiliados en las asociaciones profesionales, abandonando la mala practica del voto no obligatorio que permitía a un pequeño grupo designar la dirigencia. Aquí se ha querido que el voto sea obligatorio y por eso, señor senador Menem, la indicación de donde deben habilitarse las mesas, porque tal vez muchas veces las mesas no se habilitaron, o se habilitaban y no todos podían votar.

Se quería una expresión completa del sindicalismo, no para hacerlo radical sino para que fueran genuinos la expresión del sindicalismo y el voto de los trabajadores.
Señor presidente: conviene recordar las normas del régimen militar, reguladoras de la situación de facto de la cual tenemos que salir con el esfuerzo de todos. Por eso es necesaria y posible una coincidencia que tenemos que lograr para que esto sea expresión y fundamento de una voluntad compartida. El punto 8 del acta del nefasto Proceso de Reorganización Nacional inicia esa etapa de la vida sindical; pero en el punto anterior esta la veda política, y el decreto 9 de la Junta Militar suspendió todo acto electivo y ratificó la veda sindical. Después, por la mal llamada ley 21.356 del 12 de julio de 1976, se ratifica la veda total, las intervenciones a los sindicatos se hacen permanentes y se declara comprendido en la veda todo acto eleccionario, asamblea o congreso. También se faculta al Ministerio de Trabajo a prorrogar mandatos y restablecer en todos los casos los emergentes de las últimas elecciones realizadas.

En el artículo 4 se prevén las intervenciones por resoluciones inapelables. Estos son los efectos que todavía subsisten y que el gobierno quería superar, no para intervenir en los sindicatos sino para sacarlos del cuadro de intervenciones a que los sometidos el régimen militar.

El decreto 549 del 17 de marzo de 1982 y que lleva la firma del ministro Villaveirán, faculta al Ministerio de Trabajo a designar comisiones transitorias. Estas son las comisiones transitorias de que se habla en el proyecto de ley. El ministro de Trabajo o alguno de sus funcionarios podía nombrar a sus integrantes, proveer a su reemplazo e impartirles instrucciones. Ellos obrarían con los mismos alcances de las intervenciones de la ley 21.356. El ministro podía designarlos o disponer el cese de sus funciones.

El Ministerio de Trabajo del gobierno democrático no ha querido ampliar sus facultades sino autolimitarse o no usar las que le daba aquella legislación vigente del régimen militar, iniciando una nueva etapa para tener un gremialismo no discutido, con representación legitima que provenga de las bases.

El decreto 186 de 1983 agrega todavía que las comisiones transitorias elevaran para la aprobación del Ministerio de Trabajo un programa de normalización. El Ministerio de Trabajo podía nombrar delegados normalizadores y disponer su cese o reemplazo en sustitución de la intervención en las asociaciones aun no normalizadas, según la ley 22.105. Y en varias resoluciones se establece que esas comisiones transitorias deben obrar según las instrucciones del Ministerio.

En consecuencia, estamos frente a una situación irregular, de facto, de la que queremos salir. Esto que pasa con las comisiones transitorias pasa también con la prolongación de los mandatos, porque si bien hay una legitimidad de origen, ha pasado tanto tiempo que falta la consulta necesaria a través del sufragio de las bases.

Por eso el Poder Ejecutivo envió este proyecto de normalización y los hombres de la Unión Cívica Radical hemos dicho que estamos dispuestos a que no sea el ministro de Trabajo quien designe al delegado normalizador, para que no se piense que la intención es subordinar las asociaciones profesionales a ese Ministerio, sino a la Justicia. Esta idea la recogimos del señor senador Sapag, quien la propuso como formula de garantía y fue aceptada por nosotros. La hemos aceptado, señor presidente, aunque despues nos encontramos con el anuncio de su voto contrario, como si esta ley quisiera avasallar al movimiento sindical argentino, cuando es lo opuesto.

Este Senado le debía al país el hallazgo de una formula única, encontrar un texto común sobre el cual emprender la tarea de normalización sindical. Porque aquí hay dos opciones: o se continúa la política del régimen militar con sus intervenciones, con las designaciones otorgadas a partir de ellas, o empezamos con la política del régimen democrático, que comienza el 10 de diciembre de 1983, y envía este proyecto para que sea una ley del Congreso de la Nación el fundamento de la normalización sindical. Esto no es intervencionismo, señor presidente.

¡Como puede hablarse ahora de intervencionismo si la ley 20.615 de 1973, dictada por aquel Parlamento, con nuestra disidencia contenía normas de intervención del Ministerio de Trabajo para normalizar sindicatos, incluyendo facultades para utilizar la fuerza publica, como si se tratara de un requerimiento judicial, como lo establecía su articulo 47! Es decir, el ministro de Trabajo podía usar directamente la fuerza publica para actuar en los gremios y esa intervención podía decidirse cuando se comprobase la existencia de vicios que afectaran la validez de un proceso eleccionario de decisiones de congresos o asambleas, ya sea por irregularidades atribuidas a la forma de adaptarlas o a su naturaleza o que hagan a la constitución del cuerpo.

¡Esas normas forman parte de los precedentes legislativos y, concretamente, están en la ley que sancionó la mayoría justicialista en este recinto del Senado de la Nación en el año 1973!

Ha hablado también en este debate el representante por Formosa del Movimiento de Integración y Desarrollo y se ocupó del problema de la intervención en los sindicatos que conllevaría el proyecto de ley propiciado por el gobierno. Pero se ha olvidado del decreto 5.822 del año 1958, dictado por el entonces presidente Frondizi, que reglamentaba la ley de asociaciones profesionales. Es cierto: ¡en aquel momento había ciertas coincidencias! Pero se establecía allí que se designaría un delegado electoral en cada asociación y que tal designación seria efectuada directamente por el ministro de Trabajo. ¿Que facultades tenia ese delegado electoral? Debía supervisar, entre otras cosas, la utilización de los bienes y la prestación de los servicios y podía vetar el uso de esos bienes a las autoridades sindicales o ejercer la dirección de esos servicios si comprobaba que se utilizaban con fines de propaganda electoral o para buscar adhesiones de carácter político.

¿Acaso van a descubrirse ahora como sorprendentes estas facultades que ya están incorporadas en la tradición legislativa? En este proyecto que estamos considerando, lejos de dar la posibilidad al ministro de Trabajo de nombrar un delegado, decimos que ese funcionario debe ser designado por el juez y que únicamente tendrá facultades para convocar a las diversas tareas de cada gremio, con el objeto de que ellas se hagan cargo, en condiciones igualitarias, de la conducción del sindicato, mientras se realiza el proceso electoral.

¿Acaso esto es pretender avasallar al movimiento obrero, intervenir en los sindicatos o querer llevárselos por delante?

¿Puede decirse que hay un proyecto para atomizar al movimiento obrero, cuando se señala en el articulo 42 del proyecto —que en su prolija enunciación no comentó el señor senador Menem— que las asociaciones profesionales con zona de actuación en todo el país, o que excedan de una región económica o geográfica, que no cuenten a la fecha de convocatoria a elecciones con estatutos aprobados de acuerdo con lo dispuesto por la ley del régimen militar, también tendrán elecciones con carácter nacional, utilizándose a ese fin los últimos estatutos aprobados con anterioridad?

¿No es cierto, acaso, que la misma ley 20.615 dispuso que todas las asociaciones profesionales debían adoptar estatutos adecuados a la nueva norma legal y que el Ministerio de Trabajo podía intervenir compulsivamente? Sin embargo, aquí se hace resonar como una denuncia que las normas instrumentales para la realización de un proceso electoral deben ser observadas por todos los sindicatos para partir de bases igualitarias.

No es posible esta conclusión. Le debemos al país la explicación clara de lo que se discute, porque no hay un abismo entre las dos grandes posiciones de las bancadas mayoritarias. Se trata solamente de esta cuestión: si se da igualdad en la conducción de los sindicatos de los gremios donde hay varias líneas o si prevalece la conducción actual.

Este era todo el problema. No se trata de una cuestión de desconfianza; es un planteo acerca de la estructura de las organizaciones y las garantías que debe haber en todo proceso electoral. No se sostiene esta posición porque exista desconfianza, sino porque en toda elección hay que dar igualdad de posibilidades y no puede prevalecer la ventaja de disponer la conducción de una estructura, en detrimento de otra que mire desde la vereda de enfrente. Todos deben estar en igualdad de posiciones para tener igualdad de derechos.

Este no era un reclamo del Poder Ejecutivo o una intención nuestra. No aspiramos a que haya sindicatos radicales. Hay distinguidos colegas de la bancada justicialista que, en nota al Poder Ejecutivo, señalan como no negociable y medula del proyecto de ley electoral, la igualdad de condiciones para elegir y ser elegido, lo cual sólo es practicable con la caducidad de los mandatos sindicales obtenidos durante el gobierno militar. Y lleva firmas como las de Framini, Piccinini, Guillan y Báez, que son dirigentes sindicales que no pertenecen precisamente a nuestro partido.

Esto hay que entenderlo así para que se comprenda el sentido de la norma propuesta por el Poder Ejecutivo. Que, por razones circunstanciales, no se quiera esta ley y se pretenda la subsistencia de la situación de facto, tal como estaba, es otra cuestión; pero que no se diga que el radicalismo quiere meter mano en los sindicatos o hacer intervencionismo.

Aquí se acude al concepto de libertad sindical. Escucho con asombro que se habla de este principio de la libertad sindical según la convención 87 de la OIT, que siempre ha objetado este sistema argentino del sindicato único con representación gremial, que le corresponde al que tiene la mayor representatividad; y esta bien que así sea porque esto ha dado fuerza al movimiento obrero argentino, y nosotros lo sostenemos. Yo creo que esto no es contrario al principio de esa convención, porque allí se establece que cada movimiento obrero se dará la forma que considere mas adecuada, y esta es la nuestra. El principio de la libertad sindical es respetado en cuanto existe el derecho de afiliarse o de desafiliarse, y pueden constituirse asociaciones gremiales por la simple inscripción; y, si logran el mayor numero de afiliados, con derecho a reclamar para si la representatividad gremial. Eso es suficiente para los fines de la ley. En tanto y en cuanto exista la representación única que faculta a la entidad a negociar los convenios colectivos para todos los trabajadores del ramo, es lógico que la ley establezca las garantías mínimas a observarse.

Me parece escuchar el debate de hace diez años en este mismo recinto, cuando los senadores Pennisi y Britos explicaban como el principio de libertad debe conciliarse con el de autoridad ya que, si bien hay que reconocer la libertad, debe respetarse la autoridad que proviene de la ley en cuanto a la regulación de entidades que tienen estas importantes funciones publicas como la negociación de convenciones colectivas. ¡Y ahora se habla de una libertad en donde pareciera que convocar a elecciones y querer asegurar los principios democráticos con las que ellas deben realizarse, constituyera un intervencionismo inadmisible, y como si tuviéramos que rechazar todo esto y dejar después las organizaciones gremiales sujetas al riesgo de su atomización, que no la deseamos y que no permitiremos que ello ocurra en la medida de nuestras fuerzas y posibilidades!

El radicalismo quiere un sindicalismo fuerte, unido y democrático, dotado de los medios y recursos económicos suficientes como para cumplir cabalmente su función, y que no se limite a la mera tarea o misión reivindicativa del salario, que es una lucha legítima y necesaria después de tantos años de postración y atraso. Los tiempos modernos exigen proyectar el sindicalismo a una misión participativa, de compromisos y debate de las grandes cuestiones que el país y el mundo nos llevan a enfrentar y afrontar. La evolución, las circunstancias históricas y el debate político precisan de una participación enriquecida del sindicalismo y, para esto, hace falta una dirigencia con títulos legitimados a través de comicios no discutidos. En realidad, seguiremos discutiendo con dirigentes por los que tengo el mayor de los respetos por sus personas y por su lucha, pero llevan anos sin someterse a la prueba esencial y básica de la democracia, que es el comicio, la elección, a través del voto universal y obligatorio de todos los trabajadores. En el proyecto se establece dicha obligatoriedad, cláusula que no contemplaba la ley anterior. Entonces, la obligatoriedad del voto y su carácter universal otorgaron autenticidad a la representación que cada uno pueda invocar.

Quiero abreviar, señor presidente, porque la jornada ha sido extensa. Pero debo decir que en la voluntad del radicalismo de llegar a una solución de síntesis, hemos dejado de lado, por supuesto, la figura del "interventor" del régimen militar. Se habla de "administrador" en el primer proyecto del Poder Ejecutivo, pero luego se admitió que fuera un delegado del Ministerio de Trabajo en lugar de un administrador, a quien se agregaba una comisión fiscalizadora. Así llego el texto de la sanción de la Cámara de Diputados.

Aceptamos que en lugar de un delegado del Ministerio de Trabajo fuera un veedor judicial, cuya única misión fuera constituir la comisión igualitaria que tendría a su cargo la conducción de los sindicatos y luego atender las tareas electorales.

Esto es lo que hemos estado discutiendo. No son tales las diferencias, porque el principio de representación de las minorías, la intervención de la justicia electoral, el cronograma, el lugar de las elecciones y todas las otras cuestiones estaban consentidos por todos, porque responden a los principios limpios de una estructura democrática, y no eran discutibles.

Si realmente todos quisiéramos las elecciones, tendríamos que haber llegado a esta síntesis y a esta formula. Nos separo esta discusión sobre quien conduciría la normalización del sindicato y si se daban condiciones igualitarias o se dejaba en manos de los que actualmente desempeñan esas funciones.

Se propicia un sindicalismo organizado de abajo hacia arriba, no con el sentido intervencionista de las cúpulas que podían intervenir cualquier sindicato y alterar el resultado de una elección, sino como expresión genuina de las bases a través del voto obligatorio y el control judicial como garantía para el conjunto.

No aparece aquí, señor presidente, la justicia electoral por capricho o porque si. Debe ser la justicia electoral y no la justicia del trabajo porque se trata de la actuación de funcionarios nacionales, y esto determina la competencia federal. Este es el motivo por el cual en este caso debe intervenir la justicia federal electoral y no otra, con igualdad de posibilidades electorales para todos.

La Unión Cívica Radical sostiene, como objetivo de una política sindical, la organización auténticamente democrática de los sindicatos, la participación de los trabajadores, la defensa de los intereses profesionales con prescindencia de la política partidista, la representación de las minorías, la organización federativa y la vigencia de las entidades de segundo y tercer grado. Queremos también una CGT única, la personería gremial al sindicato mas representativa, libertad de afiliación, régimen electoral para la organización interna, estabilidad de los representantes gremiales, recursos judiciales sumarios para los afiliados, control electoral de fondos, prohibición de políticas partidarias y descuentos compulsivos, derecho a afiliación de las asociaciones de primer grado y el control económico y financiero, por parte del Ministerio de Trabajo, del cumplimiento de las normas legales y «estatutarias, siempre con revisión judicial.

¿Que tiene de particular, me pregunto, la propuesta de la Unión Cívica Radical de que se integraran las comisiones y se compartieran las secretarlas para dar igualdad de posibilidades a todos? ¿No se hizo así en múltiples, etapas de la historia sindical argentina? ¿No ocurrid así en 1961, cuando la Comisión de los 20 constituyó una secretaria plural compartida por las distintas líneas que entonces actuaban y una Secretaria General, donde compartían las responsabilidades Riego Ribas junto a Vandor y Rosendo García, y con Antonio Mucci, actual ministro de Trabajo, y otros más? ¿No ocurrió lo mismo cuando ahora se unieron las dos CGT, compartiendo la Secretaria General? ¿Que tiene de extraño esta propuesta que quiere dar garantías a los sectores desencontrados para que surja una dirigencia no discutida, a través de un proceso electoral inobjetable?

Señor presidente, esta no es una ley contra las cúpulas dirigentes de la organización sindical sino una ley a favor de las grandes mayorías populares, de las bases laboriosas, de los trabajadores argentinos, que quieren participar, ser protagonistas, votar en libertad y elegir a sus dirigentes.

Esto es imprescindible para los sindicatos; es esencial. No hay revolución sin pueblo y este debe estar organizado para protagonizarla. Se precisan para ello gremios libremente organizados y democráticamente representados. Del derecho al trabajo, dice Juan Pablo II, brota el derecho a asociarse. Por eso, los sindicatos son un elemento indispensable de la vida social, imprescindible para la lucha por la justicia social, que no es la lucha de clases, sino la lucha por las justas reivindicaciones de los trabajadores. No se concibe un Estado moderno con justicia y una sociedad democrática basada en la participación de los trabajadores si no están organizados para la defensa de sus interés es en sindicatos fuertes y democráticos. Nos enfrentamos, al desafío histórico de reconstruir un país atrasado por el terrorismo, la especulación, la corrupción, la violación de todos los derechos, que ha impedido mas que nunca la participación en las organizaciones sindicales, comenzando por las elecciones que debieron hacer surgir una dirigencia legitima, para hacer posible el dialogo y el debate social, que permita luego elaborar la ley de asociaciones profesionales. Porque no es exacto que en ese momento estemos tratando un proyecto referido a ese tema. En este instante estamos tratando el proyecto relativo al régimen electoral de las organizaciones sindicales, del cual tendrán que surgir los dirigentes con los que se realizara el gran debate nacional.

No deseo que la pasión que pongo en mis palabras pueda entenderse como una actitud de desencuentro. Todo lo contrario; me mueve una gran pasión argentina, la misma que llevó al presidente de la Republica a decir que el nuevo sindicato debe organizarse de abajo hacia arriba, hundiendo sus raíces en las bases y en el interior, ampliando las perspectivas y con participación de las minorías, sin discriminaciones políticas, raciales o religiosas. Estoy convencido de que es tiempo de encuentro y no de desencuentro, porque hay un país que espera de todos nosotros que dejemos de lado los intereses circunstanciales y mezquinos y pongamos la mira en los grandes objetivos nacionales.

Lamento que debiéndose democratizarse los sindicatos pueda no ser posible, porque es incierto el resultado de la votación. Ya se vera después bajo que normas se llevara a cabo esa democratización, pero dejar las cosas como están seria prolongar la situación que imperó durante la dictadura y constituiría un engaño al voto que el pueblo argentino emitió en las urnas en la jornada triunfal del 30 de octubre, y por el cual eligió como presidente al doctor Raúl Alfonsín. (APLAUSOS.)

En otros términos, el resultado eventualmente adverso de la votación que esta noche efectuara esta Honorable Cámara, por esas cuestiones de aritmética democrática en torno a este proyecto de ley, no nos desliga a nosotros, que representarnos a la mayoría que votó a este gobierno, de la responsabilidad de cumplir el programa popular y estamos dispuestos a llevarlo adelante. Por lo tanto, tendremos que realizar esa democratización sindical de todas maneras y aunque tengamos que hacer ahora un alto en el camino si el resultado de la votación del proyecto en consideración es negativo.

Lamento también el resultado de todas las instancias y tratativas efectuadas con los legisladores del Movimiento Popular Neuquino, buscando primero un procedimiento que diera garantías a los trabajadores Después de prestar atención a sus sugerencias y aceptar que no fuera el Ministerio de Trabajo sino el juez quien designara un veedor, nos encontramos en estos momentos con su voto en contra. Bajo este aspecto es legítimo porque la libertad de conciencia de cada uno le indica cual es el camino por el cual debe transitar su patriotismo. Pero lo que no resulta comprensible son las expresiones que califica al proyecto de ley como inicuo y que vulnera todas las disposiciones del mundo en esta materia, o que viola también una supuesta autonomía sindical. Esto no lo entiendo, porque estuvimos trabajando los senadores de todos los sectores —justicialistas, de los movimientos provinciales y radicales—buscando una síntesis. Teniendo en cuenta lo expresado precedentemente, o engañábamos a la opinión publica o nos engañábamos nosotros mismos, Porque a punto de la solución final, incluso escasas horas antes de este debate, se produjo un nuevo desencuentro entre argentinos de esos que siempre demoran las grandes soluciones. Por eso lamento esta circunstancia. Nosé cual será el resultado de la votación pero se que tenemos un desafío histórico para luchar por la justicia social. Queremos un mundo sin explotación humana, sin injusticias, en paz y orlen para la justicia y esta es la lucha sindical y del pueblo en el poder, por la democracia.

Debo decir con toda sinceridad que mas allá de las discrepancias que han surgido con motivo de esta ley de reordenamiento sindical —que las se bien inspiradas en un genuino patriotismo, con una perspectiva o visión de las cosas que debo comprender— los argentinos debemos transitar con tesonero esfuerzo el camino de la concordia nacional.

Debemos ser conscientes de que la democracia no solamente es una forma de gobierno y un estilo de vida sino que también es el único régimen político que nos permite la libertad, la expresión abierta y pacifica de nuestros disensos y la autorregulación de los conflictos. Tenemos que cuidarla para no darle al país la imagen de discrepancias que parezcan dividirnos.

Digo, señor presidente, que esta noche s6lo se vota la ley de reordenamiento sindical. Hoy no se vota la unión o la desunión de los argentinos. La unión de los argentinos esta incorporada definitivamente al conjunto de los valores del país; si hoy discrepamos, por esas cosas de los debates o de las ideologías, esto no debe significar una fractura que nos divida o impida la conjunción de esfuerzos que el país reclama.

Esta ley pasará. Es importante, porque son importantes los sindicatos en el escenario nacional. Pero en definitiva es instrumental. De alguna manera o de otra habrá reordenamiento sindical y democracia en los sindicatos argentinos.

Mientras tanto, cuando advierto la dureza de ciertas expresiones, no puedo dejar de reflexionar sobre que hacemos con nuestras mayorías si nos separa el disenso y no somos capaces de elaborar los planes comunes que el pueblo reclama para asumirlos como una causa nacional. Los intereses mezquinos están al acecho y llenan la escena de dudas, insidias, confusión y sospecha para debilitar la confianza, frenar las corrientes de inversión y de reactivación, demorar la lucha por la justicia social y acentuar la crisis.
Es un tiempo que no nos permite ser indiferentes. Que no piense el país, señor presidente, que estamos absorbidos únicamente por la problemática de una ley de reordenamiento sindical, por importante que sea.

Coincido con algo que aquí se ha dicho. Hay que afrontar la defensa de la economía y de la familia, la lucha por la justicia social, los reclamos urgentes e impostergables que nos exigen el máximo esfuerzo y trabajo. Corremos el riesgo de dos tentaciones paralelas. El justicialismo, la de querer ganar a costa de un fracaso del gobierno. Esto no ocurrirá porque no fracasaremos y llevaremos al triunfo las banderas. Confieso que nosotros podríamos tener este riesgo: el de querer el éxito solo para nosotros, cuando tiene que ser compartido y obra de todo el conjunto del pueblo, unido tras una causa común, respetuoso de la voluntad de las mayorías y del espíritu de la democracia. Tampoco ocurrirá porque creemos en la unión nacional y a ella convocamos.

Predispongamos los espíritus para sumar los esfuerzos que el país exige en este tiempo histórico. Hoy podemos discrepar en torno a esta ley, pero la unión nacional no será quebrada por nadie.

Hemos querido agotar la posibilidad de coincidencias. Queremos sindicatos democráticos. Para cumplir sus fines los queremos fuertes, con poder económico y capacidad técnica para intervenir en »el debate nacional, en la formulación de los planes y en la expresión del pensamiento nacional, impulsando y reclamando la obra que de respuesta a las necesidades sociales básicas en educación, vivienda, familia y salud, trabajo y salarios dignos, jubilaciones y pensiones justas, en un ámbito social y nacional de progreso y democracia donde la felicidad sea posible. Pero la fuerza mayor del sindicato vendrá de la raíz democrática del mandato de sus dirigentes y de la participación de todos sus trabajadores, para que nadie pueda señalar a la dirigencia como cúpula cerrada, o negarle la representación de las bases o indicar con el dedo como autoritarias a sus estructuras. Esa fuerza moral de la democracia será la mayor fuerza del sindicato renovado. O se lo entiende así y se apunta de otro modo, o se vota por el pasado. Nosotros, señor presidente, votamos por el futuro, y lo hacemos con la convicción de poder decir, conforme al pensamiento expresado por el señor presidente de la Republica en el mensaje que acompañó al proyecto, que esta ley era para fortalecer al sindicalismo argentino y que por ningún motivo el gobierno de la Nación actuara en contra de los legítimos derechos e intereses de los trabajadores sino que obrará como el primer puntal para defenderlos, porque esta comprometido, definitivamente comprometido, con la causa del pueblo argentino y con lo que reclama una justicia todavía demorada.

Con esa certidumbre pedimos el voto favorable para el dictamen que hemos presentado. La votación dirá que suerte correrá, pero de cualquier modo convocamos a marchar, todos juntos, compartiendo el patriotismo y la fe, para rescatar el porvenir de los argentinos. Si el proyecto es rechazado, sepa el pueblo que cumplimos y que no abandonaremos los objetivos que votó el día del triunfo, el 30 de octubre. ¡Asegurar la presencia de un sindicalismo libre, fuerte, democrático y representativo para servir a la causa de la justicia y el progreso será un objetivo permanente de los hombres de la Unión Cívica Radical! (APLAUSOS PROLONGADOS EN LAS BANCAS Y EN LAS GALERIAS. VARIOS SEÑORES SENADORES RODEAN Y FELICITAN AL ORADOR.)

-Después de varias intervenciones de otros senadores retoma la palabra el senador de la Rua.

Sr. de la Rua. —Una breve aclaración, señor presidente:

El señor senador Britos se la toma con una cantidad de cosas que no he dicho. Que de ninguna manera se vea en mis palabras intención de agravio ni de volver al pasado. Recordó un hecho del debate de una ley del que he sido protagonista, para ejemplificar, no para calificar.

De todos modos, vale la pena recoger su expresión: la unidad nacional es de todos. Eso lo dije así y lo repito ahora. Que cada uno exponga sus ideas con libertad y con franqueza. El pueblo mira y juzgará como son las cosas.

Hemos estado a punto de lograr una síntesis. Eso lo sabe el país; lo hemos dicho por todos los medios a lo largo de sesenta días de trabajo. Pero dejemos de lado las cosas circunstanciales, que pasaran a ser anécdota. Cuando el polvo se aquiete y repose sobre las cosas dormidas, la bandera de la unión nacional ya no estará tocada ni será arriada por nadie. (APLAUSOS EN LAS BANCAS Y EN LAS GALERIAS.)

-Nuevas interrupciones de otros senadores, y vuelve el doctor de la Rua:

Sr. de la Rua.Señor presidente: he pedido la palabra para hacer una aclaración imprescindible. No podía dejar pasar por alto que el señor senador Saadi, por cuya honestidad intelectual tengo alto respeto, haya pensado que hubo en mi el mas leve propósito de agravio hacia el justicialismo o que yo le haya atribuido propósitos desestabilizadores.

Seguramente ha escuchado mal pues esa palabra no ha salido de mi boca porque no la uso. Considero que ese termino debe estar proscrito del vocabulario político argentino, porque cuando se habla de desestabilización a lo mejor se desestabiliza, y aquí tenemos democracia para cien años y vamos a defenderla todos juntos.

Yo he hablado de la necesidad de defender todos juntos la democracia. Este es un compromiso común y estoy seguro de que vamos a asumirlo de esta manera. Estoy convencido de que mis pares del justicialismo piensan igual.

Efectivamente, esta ha sido una jornada democrática. Quiero dejar aclarado este equivoco para que no vaya a quedar flotando la expresión de una insinuación semejante. Podemos haber tenido nuestras discrepancias, pero este es el mecanismo de la democracia.

También quiero decir algo acerca de los señores senadores del Movimiento Popular Neuquino y, en especial, del señor senador Sapag, y agradecerles a ellos y a los integrantes de los bloques provinciales el esfuerzo que hicieron en procura de una fórmula común que, al final, no se logró.

Que este debate quede como una demostración de la jerarquía con que puede desplegarse la discrepancia de las ideas. Pero lo que tampoco voy a tolerar es que se nos ponga en posiciones antiobreras o con la intención de atomizar el movimiento obrero argentino, o que alguien se atribuya la exclusividad de la defensa de los trabajadores.

Porque todos, así como estamos en la defensa de la democracia, estamos también en la defensa de la causa de la justicia social, (APLAUSOS EN LAS BANCAS Y EN LAS GALERIAS.)












Fuente: Discurso del Senador Nacional por la Capítal Federal, Dr. Fernando de la Rúa, en el debate del proyecto de ley de reordenamiento sindical, Cámara de Senadores de la Nación, 14 de marzo de 1984.

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