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miércoles, 4 de mayo de 2016

Arturo Frondizi: "Carta al Ingeniero Gabriel del Mazo" (23 de octubre de 1958)

Buenos Aires, 23 de octubre de 1958

Querido ministro y amigo:

Recibí su carta. Deseo fervorosamente verlo pronto y totalmente restablecido. El antiguo e inalterable afecto que le profeso se une en este caso al gran honor que significa para el Poder Ejecutivo el contar con la presencia de su eminente personalidad en uno de los cargos de mayor responsabilidad

Le agradezco sus expresiones de solidaridad y saludo en Ud. al consejero de todas las horas y al intérprete lucido de la empresa de realización nacional y popular de la Argentina, en la que todos nos hallamos empeñados.











Fuente: Mensaje del Dr. Arturo Frondizi Presidente de la Nacion al Ing. Gabriel del Mazo Ministro de Defensa Nacional, alejado de la cartera por razones de salud, 23 de octubre de 1958.
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domingo, 1 de mayo de 2016

Victor Juan Guillot: "El derecho obrero y el presidente Yrigoyen" (1928)

He podido afirmar alguna vez que la legislación obrera argentina es la obra de la nueva democracia, es decir, de la sociedad política elaborada en la práctica de la ley electoral de 1912.

Esto no implica negar que con anterioridad a esa fecha aparecen en nuestro derecho positivo las primeras manifestaciones de un pensamiento jurídico que ensaya dar respuesta a las aspiraciones de mejoramiento que flotaban, con derivaciones hacia la violencia, en la masa trabajadora del país; la creación del Departamento Nacional de Trabajo, la vieja ley de descanso hebdomadario y la que condicionaba el trabajo de mujeres y menores, preceden a la ley de elecciones de 1912 y se anticipan a la aparición de la nueva clase gobernante habilitada por el sufragio libre y secreto implantado desde aquella fecha en la Republica. Pero esas tentativas aisladas, fragmentarias, habían de paralizarse, como se paralizaron, avenas el régimen político imperante, curado de su "dilettantismo" social, advirtiese los riesgos que el progreso de esa legislación aparejaba para el sistema económico representado por los hombres del gobierno e inspirador de las concepciones aceptadas como directivas del Estado. Era menester transformar la composición de los elencos gubernativos para renovar el pensamiento del Estado en orden a los conflictos de economía social que por entonces estallaban con áspera intolerancia en el vivir colectivo. Ello solo se obtuvo mediante el ejercicio de la libertad política arrancada a las oligarquías gobernantes por un partido político, la Unión Cívica Radical, y entregada al pueblo como instrumento de su Liberation.

El radicalismo en el gobierno significo la victoria pacifica de un pensamiento revolucionario. Empleando la ley como arma, había hecho, — usando una expresión de Gide, — la economía de una revolución; de las formas de una revolución, para ser exactos. He ahí algo que no fue comprendido en el primer momento y que hasta ahora aparece enigmático para quienes se obstinan en deletrear solamente las leyendas externas de ciertos fenómenos político- sociales que se han desarrollado ante su miopía mental. La conquista de la libertad política solo fue para el radicalismo un fin provisional. Se apodero de ella y la transformo en medio ejecutivo de un ideario de justicia social en constante e infatigable superación. El primer presidente radical arranca al Estado de su posición indiferente u hostil frente a las colisiones entre capital y trabajo y practica un intervencionismo orgánico y sistemático conducido por elevadas inspiraciones de humana equidad. Así afirma en la realidad el derecho de intervención del estado en el proceso interno del organismo social, abrogándose enérgicamente los viejos lugares comunes del liberalismo que todavía se invocaba como explicación de la indiferencia o de la hostilidad estatal. No seria difícil identificar los fundamentos y postulados de esa política nueva con los principios de la escuela solidariza que ha tenido por precursor a Berthelot a por expositor y "leader" a León Bourgeois. Pero desechemos inmediatamente toda hipótesis de imitación o aplicación calculada de un doctrinarismo teórico. Absolutamente. Bajo el impulso del pensamiento del presidente Yrigoyen el Estado argentino elabora en la realidad de su política obrera una construcción solidarista empírica, espontánea, original y vigorosa que se da sus fundamentos filosóficos y jurídicos propios. Llega por la vía recta de un camino suyo y orientada por la iluminación de sus exclusivos conceptos, al centro mismo de  la vida real, dejando muy atrás la pesada impedimenta de los principios de escuela todavía detenidos en la morosa elucidación de sus conflictos y controversias. Pero la coincidencia es admirable y se acentúa hasta la identidad cuando se coteja la formula en que la escuela de la solidaridad social compendia sus finalidades — la unión de todos para la vida — con las sustanciales expresiones con que el presidente Yrigoyen, en párrafos de sus mensajes y considerandos de sus decretos, ha definido la política social de su gobierno como una conciliación armoniosa e inteligente entre el capital y trabajo para realizar de consuno el bienestar individual y la prosperidad colectiva.

No puedo resistir a la tentación de una alegoría:

En la aridez de un yermo, agotabase penosamente el esfuerzo de algunos hombres obstinados en arrancar al terrón ingrato los frutos que este negaba avaramente a su labor. Hasta que alguien observo: es menester transformar la tierra misma para que en ella no muerda en vano el hierro de la herramienta que la rotura. Transformemos su composición química, traigamos aguas frescos y fecundantes a sus senos esterilizados por el secano. Así lo hizo en largo y laborioso trabajo. Y en adelante, la tarea de los labradores se hizo fácil y la verdura ondulante de los cultivos cubrió próvidamente la tierra que fuera erial.

Esa es la obra del radicalismo en la sociedad civil argentina. El derecho nuevo, equitativo y humano, cunde con lozanía sobre esa tierra fertilizada secretamente por los recónditos manantiales que nacen en su propio seno como una nueva y enérgica aspiración de sus masas populares, hechas al hábito de pensar, de querer y de ejecutar.

Admiramos el bosque que se alza y espera para dar sombra y frutos a los hombres, asilo a las aves del cielo. Justo es recordar que ese bosque magnifico del derecho obrero argentino ha prendido y se arraiga en el suelo social transformado y fecundado por la acción clarividente y tenaz de un gran partido.

El libro a que estas páginas sirven de introducción no es una obra apologética, aunque haya sido escrita con sincero fervor admirativo, sino una contribución al conocimiento de la labor realizada en la materia de derecho obrero bajo la presidencia del Dr. Hipólito Yrigoyen. Esta escrita para quienes aspiran lealmente a informarse en fuentes insospechables sobre asuntos que les interesa como ciudadanos y trabajadores. Ha sido destinado al pueblo. Su autor es uno de esos jóvenes universitarios que trabajan con inteligencia y modestia en las filas del radicalismo. Sin pretensiones, con la sencilla decisión con que se practica un voluntario enrolamiento, la juventud argentina acude a los rangos de la Unión Cívica Radical para iniciar su civiles con sus energías mentales y físicas, dando al partido la asombrosa vitalidad que es una de sus mas destacadas características y organizando para lo futuro las reservas de hombres aptos y moralmente honestos que habrán de gobernar una democracia. Entre esa juventud figura el Dr. Alfredo N. Morrone. Su nombre no es extraño a la opinión partidaria, que lo conoce como encargado del Consultorio Jurídico de "La Época", donde realiza una asesoría gratuita tan sabia como eficaz. Inteligencia bien dotada por la naturaleza y adiestrada en el estudio, Morrone la ampara y consolida en una firme probidad espiritual igualmente desdeñosa de los incentivos del éxito inmediato como apta para someterse a las austeras disciplinas del deber.

"El derecho obrero" acusa su predilección por los estudios sociales. Es su obra primigenia y no quedará, sin duda, como única en su acervo intelectual. Trazada conforme a, un plan practico y sencillo, este volumen no pretende ostentar las apariencias petulantes de un texto científico. En sus páginas se puede contemplar en conjunto, y expuesta con metódica claridad, la obra realizada en materia de derecho obrero bajo la presidencia de Yrigoyen. En una exposición sobria y muy adecuada a sus fines, el autor sigue, tramo a tramo, la incorporación al derecho positivo del pensamiento de justicia social que el gran presidente introdujo en las inspiraciones y actos del Estado argentino. Como lo expresa el mismo Morrone, esta obra comprende solo aquella labor que aparece documentada en memorias, mensajes, crónicas, etc., es decir, de la que ha sido vertida al texto de las leyes o esta inserta en documentos públicos como testimonio de nobles tentativas que la incomprensión, la negligencia o la mala voluntad hicieron frustrar en su momento. Dentro de su sobria arquitectura de libro destinado a ilustrar la conciencia social del pueblo, "El derecho obrero" ofrece a los estudiosos una contribución no superada entre nosotros, por su método, buenas fuentes de información y sinceridad. Su autor le asigna la función modesta de una contribución; lo es, en realidad; pero contribución rica en valores, que aparece oportunamente, cuando el pueblo trabajador de la Republica, se siente convocado a elecciones que pondrán a prueba las direcciones del sufragio con la valoración exacta de la in- fluencia de los hombres y los partidos sobre el bienestar popular.

El autor de este somero volumen no es pasible de aquella irónica censura recordada por Montaigne en un capitulo sobre la vanidad de las palabras; no abulta las cosas haciendo ver grandes las que son pequeñas. Por el contrario ha sabido tomar con nobleza y decoro una materia grande para ponerla al alcance de los humildes y de los pequeños a fin de que en esa fuente de justicia abreven la sed de esperanza que hace aguardar con impaciencia los albores del día de mañana.

Víctor Juan Guillot








Fuente: El derecho obrero y el presidente Yrigoyen: contribución al estudio y divulgación de los progresos alcanzados en materia de legislación social y del trabajo, durante el gobierno del presidente Yrigoyen, 1916-1922 de Alfredo N. Morrone con prólogo del diputado nacional Dr. Victor Juan Guillot, 1928.
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sábado, 30 de abril de 2016

Oscar M. Blando: "Una auténtica Constitución progresista y laica" (27 de abril de 2014)

La Constitución santafesina de 1921 fue invisibilizada: no se encuentra en los anaqueles de las bibliotecas ni en las librerías, tampoco está accesible en los modernos formatos comunicacionales ni figura -como asegura Miguel A. De Marco (h)- en la Historia de las Instituciones de la Provincia de Santa Fe en el tomo relacionado con Documentos, Tratados, Convenciones y Constituciones.
Quizá por ello pocos recuerdan que esa Constitución no pudo ponerse en vigencia en 1921 pese a la unánime sanción de los constituyentes electos por el voto popular porque fue desconocida por un simple decreto de un Gobernador; y también tal vez pocos se acuerden que el honesto y progresista gobierno de Luciano Molinas, entre 1932 y 1935, la puso en vigencia y, como señala Felipe Pigna, comenzó a aplicar, bajo ese marco constitucional, políticas keynesianas un año antes que Roosvelt lo hiciera a través del New Deal en Estados Unidos.
En efecto, la Constitución de 1921 es reconocida como una de las reformas más progresistas de su época en la Argentina, avanzada en Latinoamérica y adscripta al constitucionalismo social como lo fueron la Constitución de México de 1917 y la de Weimar de 1919. Consagró, antes que en la Nación, los derechos de los trabajadores y de los más necesitados y garantizó la estabilidad del empleado público. Estableció las Bases de un Régimen Económico y del Trabajo de vanguardia: fijaba la jornada máxima de labor y el salario mínimo; destinaba una parte de la renta fiscal para la construcción de casas para obreros.
Por primera vez en la historia de la Provincia esa Constitución propuso un estado laico con neutralidad religiosa del Estado pero con garantía y respeto por la libre profesión de todos los cultos. Como diría Lisandro de la Torre, el gran impulsor de ese texto: esa Constitución seguiría la tradición de reformas laicas introducidas en la Nación: la secularización de los cementerios, el registro civil, el matrimonio civil, la enseñanza laica.
Ese Carta constitucional consagró, lo que para afrenta de los santafesinos, aún no hemos logrado: la autonomía municipal, y en 1933, Santa Fe y Rosario dictaron sus propias cartas orgánicas, y reconoció más de 70 años antes que en la Nación.
Porque es parte de la mejor tradición institucional santafesina de raigambre democrática y progresista, deberá tenerse presente cuando más temprano que tarde reformemos y actualicemos nuestra actual Constitución de 1962.







Fuente: Oscar M. Blando: "Una auténtica Constitución progresista y laica" en el diario P/12
el 27 de abril de 2014.
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jueves, 28 de abril de 2016

Miguel Cané: "En el Funeral de Aristóbulo del Valle" (30 de enero de 1896)

Señores:

Un rudo e inesperado golpe acaba de herir el alma de la sociedad argentina. Uno de sus hijos más altamente conceptuados ha caído en el momento de pisar el umbral del medio siglo, siniestro para los hombres de mi generación. En plena madurez de espíritu, en plena conciencia de su misión, absorbido por la labor mas noble que el destino pueda deparar a un hombre sobre la tierra, ilustrar la inteligencia y levantar el corazón de la juventud con la enseñanza de la historia patria.

Aristóbulo del Valle desciende a la tumba, roto el cerebro por un esfuerzo supremo.

Era la más clara, brillante y esplendorosa inteligencia que he conocido; su luz intelectual parecía irradiar del corazón, tan impetuosa surgía y tan impetuosamente le guiaba. El pensamiento escrito no cuadraba a su índole batalladora y por una necesidad imperiosa de su organismo, solo la palabra, la palabra soberana que arrastra pueblos, derroca tronos y crea glorias, podía traducir los movimientos amplios y generosos de su alma. Tenia, para dirigir la marcha de los sucesos humanos calidades e inconvenientes colosales. La altura y la pureza de su ideal político, esa sociedad soñada, en la que todos los hombres fueran libres, todos los derechos respetados, todos lo decoros guardados, le estremecía de impaciencia ante la lenta y pausada marcha que el pueblo argentino, como todos los organismos que se consolidan, prosigue hacia su perfeccionamiento.

Vivía en el anhelo irritante, intolerable, de la justicia absoluta; nada le arredraba y jamás el escepticismo obscureció sus ideas ni desalentó su empuje.

Por acelerar de un día ese reinado casi evangélico del derecho, que le perseguía como una visión, hubiera dado su vida y hasta el amor de su pueblo, que adivinaba en los rostros tendidos hacia él, cuando irguiendo su figura irradiante de simpatía, buscaba en los tonos mas dulces de sus voz maravillosa, los acentos mas nobles para dar a sus ideas el irresistible dominio que subyuga las inteligencias.

Otros juzgaran fríamente su actuación política; yo solo puedo decir que uno de lo mas grandes honores de mi vida ha sido la amistad constante de ese hombre. En este constante batallar de nuestra acción publica, alguna vez el ha surgido en el momento de mi caída. Perseguíamos el mismo ideal por distinto camino, pero por diverso que fuera nuestro criterio, la sinceridad de los propósitos de del Valle, la enérgica valentía de su acción, el supremo desprendimiento personal de todos sus actos, me impusieron siempre un respeto profundo. Tenía una intransigencia orgánica contra el abuso y comprendía de tal manera la altísima misión de regir los destinos de la patria que a veces confundía y execraba con igual violencia bajezas y miserias imperdonables, con tolerancias tal vez indispensables.

¿Qué movimiento del espíritu humano no se reflejo en su vasta y luminosa inteligencia? Era un maestro de la ciencia del derecho público, y el último año de su vida dejara el recuerdo de la más brillante enseñanza que se haya dado en nuestras facultades. Poned a del Valle en la Sorbona o el colegio de Francia en el momento sombrío en que el derecho de reunión, buscaba un interprete de sus angustias y sus esperanzas, y su nombre habría vivido glorioso en el mundo civilizado. Si la impetuosidad de su acción en el poder sobrecogió un instante al pueblo, quedó en el corazón de la masa un vago sentimiento de confianza. Se le sabía en su casa ocupando su actividad en otro rumbo del espíritu; pero allí estaba y nada conforta tanto como saber, si el momento supremo llega, donde hay un hombre.

Ahora llamaremos en vano a las puertas de aquella casa tal vez única en nuestro mundo americano, donde se respiraba la atmosfera serenadota del arte y la cultura intelectual. Ya no oiremos aquella voz flexible y armoniosa que reflejaba con la expresión de fuerza y lealtad de aquella cara, una bondad orgánica sin límites.

Nació pobre y sin alcurnia; con su esfuerzo cultivo su espíritu hasta darle, en materia de arte, el refinamiento exquisito que, en medios mas propicios, solo alcanzan los privilegiados, Fue una gloria del parlamento argentino; sirvió a su patria con su brazo, con su cabeza, con su alma entera, y en los campos de batalla, en las luchas políticas, en la labor intelectual, usó siempre honestamente de las facultades extraordinarias con que la naturaleza le había dotado.

El reposa ya de las fatigas de esta nuestra ruda oída, pero el corazón del pueblo sangra al ver doblegarse, una a una, las frentes luminosas que eran su honor y su orgullo.
Hace treinta anos, salía de nuestra universidad un grupo de hombres que la Providencia parecía depararnos para formar una sociedad civilizada sobre la pampa libre que nos legaron nuestros padres, cuya memoria sea bendecida.

Si fuerte era la tarea, buenas armas tenían en su inteligencia y en su carácter. Sobre ese grupo ha pesado gran parte de la carga común; los que sobreviven, tienen el derecho de pedir se reconozca que, tanto los que partieron como ellos mismos, han cumplido como buenos sus deberes para con la patria. Hoy esta dislocado, disuelto casi, porque los que partieron se llamaban Delfín Gallo, Pedro Goyena, José Manuel Estrada, Ignacio Pirovano, Lucio V. López, Aristóbulo del Valle!

¡Confianza! y lanzo esta palabra, porque si el de del Valle me escucha, se ha de estremecer de contento. ¡Confianza! Atrás de nosotros viene una nueva y vigorosa fuerza, una juventud que ha visto días sombríos, oídos altas lecciones y contemplado grandes ejemplos. El momento de su acción se acerca.

Tú, reposa en paz, amigo querido; aquí, sobre esta tumba que el cariño y el respeto del pueblo rodeará, recibe con mi adiós supremo, toda mi gratitud por tu afecto fraternal y por el consuelo que, en mis grandes dolores, halló mi corazón en el tuyo.

Miguel Cané












Fuente: Discurso pronunciado en la inhumación de los restos de Aristóbulo del Valle el 30 de enero de 1896. Discursos Selectos de Aristóbulo del Valle, Editorial Jackson.
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miércoles, 27 de abril de 2016

Hipólito Solari Yrigoyen: "El elefante blanco" (julio de 1963)

El proceso al desastre argentino ha concluido su tramitación y ahora solo resta esperar la sentencia hasta el domingo próximo. El pueblo decidirá si las estructuras económicas y sociales que soporta desde 1958 son intocables como los elefantes blancos para los siameses, o si ha llegado el momento de cambiar de rumbo por la vía pacifica antes de que se haga por la violencia.

Ambas posiciones, la de todo queda como está, o a la del cambio, tendrán en el Frente y en la UCR del Pueblo a sus principales protagonistas.

El doctor Frondizi, para montar el actual sistema, preparó el terreno con la adopción de diversas medidas, tales como la entrega del petróleo a empresas internacionales, la sanción de garantías para inversiones extranjeras y el acuerdo con ciertos capitales, como los eléctricos por ejemplo, que desde el exterior presionaban para que no se diera ayuda a nuestro país hasta tanto se negociara sobre sus intereses. Luego vinieron los convenios con el Fondo Monetario y las modificaciones de nuestras leyes para adecuarlas a las exigencias de ese organismo.

Paralelamente, usando una aparatosa propaganda, en el campo social se fue llevando la intolerancia a extremos inadmisibles en un país civilizado. No se titubeó en llamar irresponsables a los que pedía el pago de sus sueldos, o enemigos del desarrollo a los que denunciaban negociados, o comunistas o extremistas a los que reclamaban el cumplimiento de las leyes vigentes, como los jubilados o los maestros.

Esta política fue impugnada por la oposición parlamentaria de la UCR del Pueblo desde sus comienzos, cuando muchos la apoyaron, algunos de buena fe por el paraíso que se prometía tras la aceptación de la ingerencia extranjera en nuestros asuntos y un mas o menos breve periodo de sacrificio, y otros directamente por conveniencia, pues pensaban beneficiarse con ella. Sin embargo, pese a los anuncios de radicaciones jamás ha sufrido la Republica una evasión de sus capitales como ahora. Tampoco terminaron los males con la entrega del petróleo; por el contrario, se han agravado. Nuestra moneda no ha obtenido ninguna estabilidad y ha sido inútil la paralización de la mayoría de las obras fundamentales hecha en aras de un posterior desarrollo que nunca pasó de ser un slogan sin respaldo. Sin caer en chauvinismo, no resulta difícil reconocer que se decide en Estado Unidos hasta el numero de cuotas en que se pagana los aguinaldos argentinos.

Hoy, quien mas, quien menos, todos sufrimos las consecuencias de la catástrofe. Tienen actualidad las palabras de unos de los ministros de economía del sistema que lo reconoció con este juicio:

“Todos sin excepción, están sufriendo las consecuencias. Los agentes del gobierno y los contribuyentes, los productores y también los consumidores; las empresas y sus empleados y obreros”

Así, a la distancia, las criticas que efectúo el bloque de la UCR del Pueblo que presidía el doctor Marini, o el Comité Nacional del doctor Balbín y que en su momento algunos pensaron que eran destructivas, han resultado proféticas.

En absoluta consecuencia con su política y sin incursionar por la demagogia, el radicalismo, a través de los candidatos Illia y Perette, ha ratificado su decisión de cambiar las actuales estructuras por una democracia social sin sumisión a intereses foráneos. En su plataforma no hay definiciones ambiguas.

Se promete denunciar “los acuerdos y convenios que supeditan el manejo de la economía nacional a las decisiones del Fondo Monetario” y se propugna la “nulidad de los contratos petroleros”.

El ambicioso plan del doctor Frondizi de conseguir los votos peronistas para el Frente que avala su política, muestra muchos signos de desaliento. Entre otras demostraciones, la conocida posición del doctor Matera le ha caído al Frente como le sientan las banderillas a un toro jadeante en vísperas de tumbarse en el ruedo. A pesar de las “ordenes” que se invoquen, el pueblo se ha enterado de que para muchos justicialistas el Frente es, nada mas ni nada menos, que una “siniestra confabulación antinacional y antipopular que tiende ante todo a conseguir la convalidación de la política de coloniaje y miseria que impuso el gobierno de Frondizi a la Republica”, según el citado dirigente. Igual definición dio antes la democracia cristiano.

Muchos nombres terciaran en esta elección. Pero, por encima de los nombres en su mayoría igualmente honestos y capaces, lo que interesa son las políticas que encarnan.

Ya las líneas están tendidas. Ahora el pueblo tiene la palabra.














Fuente: Hipólito Solari Yrigoyen: "El elefante blanco" (julio de 1963) en Primera Plana. Publicado por Mágicas Ruinas.


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lunes, 25 de abril de 2016

Carlos W. Lencinas: "Defensa a la memoria de José Nestor Lencinas" (25 de septiembre de 1929)

Cuando termino de hablar el Dr. Carlos Washington Lencinas eran cerca de las 9 de la noche y el Senado paso a cuarto intermedio hasta las 10.

Los Senadores contubernistas cenaron en el buffet del Congreso, consecuente con las palabras iniciales de sus debate “de que ya sabia que nada podría modificar la resolución del Senado, porque era terminante la orden que le impartiera el Sr. Yrigoyen, a los diversos sectores”, el Dr. C. W. Lencinas, se retiró definitivamente.

Pero habiéndole comunicado un amigo, a eso de las 11 y 30, que el senador Del Valle, había aludido al Dr. José Néstor Lencinas, irrumpió en el recinto para replicarle, en una conmovida y valiente improvisación que enmudeció al Senador Del Valle y a los demás gubernistas, que aceptaron en silencio su lapidario juicio, de que lo que afirmaba Del Valle, “solo lo decían los perversos, villanos y mal intencionados”.

Agregó que todo eso probaba que el Sr. Yrigoyen jamás había sido un amigo sincero del Dr. José Néstor Lencinas, “por lo cual se sentía muy conforme y honrando con cuadrársele al frente”.

(La carta del Dr. José Néstor Lencinas al Dr. Alem en 1893, que reproducimos al principio de este libro, es la mas rotunda rectificación a la impostura del senador Del Valle. Esa reproducción de la carta y las notas relativas son suficientes para desvirtuar la afirmación de que el Dr. José Néstor Lencinas “recién actúo por influencia de Yrigoyen en 1905”).

Sr. senador electo Lencinas: Pido la palabra.

Mi presencia, señor presidente, en este momento, en forma tan imprevista, obedece a que acabo de tener conocimiento de que en mi ausencia, el senador señor del Valle se ha referido a dos circunstancias que afectan la memoria del ciudadano a quien rindo el mejor homenaje todos los días, que es mi padre. Se ha referido el señor del Valle a una carta-renuncia y a otro episodio en el cual quiere disminuirse la fama y reputación austera y puritana del doctor José Néstor Lencinas.

En el primer caso debo decir que esa referencia es absolutamente falsa e inexacta y que lo único que prueba, señor presidente, es que el señor Hipólito Yrigoyen nunca fue un amigo sincero del doctor José Néstor Lencinas; y he aquí', entonces, como la historia y los hechos posteriores me han colocado justificadamente frente a ese ciudadano con la ventaja de que tengo una juventud por delante y muchos anos de vida todavía.

Es absolutamente falso que el doctor José Néstor Lencinas haya tenido el propósito de renunciar el cargo de gobernador ante el señor Hipólito Yrigoyen, presidente de la Republica en esa época, con el objeto que se ha manifestado en esta Cámara. Esa actitud de mi padre no tuvo otro alcance que demostrarle al señor Yrigoyen que en Mendoza, a pesar de todos sus caprichos, de todas sus intromisiones injustificadas, el pueblo nuevamente lo iba a plebiscitar. Fue un acto de amistad del doctor José Néstor Lencinas, que no lo alcanzo a interpretar ni a comprender el señor Yrigoyen en ese momento.

Es doloroso que se traigan estas cosas al seno de este recinto, es triste para la historia de la política del radicalísimo de mi país, en el que mas que el entrelazamiento de vínculos de intereses políticos, ha habido romanticismo y amistad de por medio. Por eso el radicalismo ha triunfado en la Republica.

Se ha querido interpretar en forma capciosa y falsa esa carta que, para mayor agravio todavía, de la memoria del doctor José Néstor Lencinas, se publico como un homenaje, como un articulo necrológico de su augusta memoria, el 21 de Enero de 1920, es decir, al otro día de la muerte del doctor José Néstor Lencinas. ¡Ese fue el homenaje que le rindió el órgano autorizado del señor Yrigoyen al doctor José Néstor Lencinas!

Pero el doctor José Néstor Lencinas es la bandera que agitamos en este momento en Mendoza y la bandera por muchos anos triunfante, porque todo el pueblo de Mendoza esta enrolado y afiliado a esa democracia proclamada y sostenida por José Néstor Lencinas, que en este momento tremola muy alta y en brazos muy fuertes.

Y ahora, señor presidente, no conozco bien porque he estado ausente, y así, al pasar, se me ha hecho referencia de un acto con el que se quiere disminuir la memoria del doctor José Néstor Lencinas, cuando fue gobernador de Mendoza.

De no haber mediado, esta circunstancia, yo no ha hubiera ocupado esta banca…

Sr. Presidente: ¿Si me permite?
Sr. senador electo Lencinas: Sí, señor presidente, pero quería subrayar la circunstancia de que cuando he sabido que se pretendía disminuir aquí la conducta de aquel eminente ciudadano, he corrido presuroso a ocupar esta banca y llevo el corazón, a mis labios para decir estas palabras.

Es absolutamente falso y es un agravio inaudito, gratuito y perverso el que se infiere cuando se ha afirmado que el doctor José Néstor Lencinas se ha valido, de interpósitas personas cuando fue gobernador de Mendoza para hacer una adquisición fraudulenta y deshonesta.

¡Falso, señores senadores! El doctor José Néstor Lencinas, que siendo jefe de una revolución triunfante en 1905, por razones absolutamente explicables, en asocio de la junta revolucionaria sacó 300.000 pesos del Banco de la Nación, en presencia de escribano público, tuvo la decencia, rara y extraña para sus enemigos póstumos, de hacer devolución total de esos fondos, cuando llego a Chile.

A un ciudadano que procede así, no puede agraviársele gratuitamente como se le ha hecho. Y es por eso que yo, señores senadores, quiero con estas ultimas palabras poner bien en alto la memoria del doctor José Néstor Lencinas, que, por otra parte, esta por encima de todas las suspicacias y de todos los malos  juicios, de las personas mal intencionadas.

Nada más.







Fuente: Debate en el H. Senado de la Nacion sostenido por el Dr. Carlos Washington Lencinas, durante la sesion del 25 de septiembre de 1929, en defensa de la representacion de la Provincia de Mendoza.





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domingo, 24 de abril de 2016

Carlos Ernesto Camet: "Homenaje a Hipolito Yrigoyen" (3 de julio de 1958)

Sr. Presidente (Monjardin): Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.
Sr. Camet (Carlos Ernesto): Tengo sobre mi banca por gentileza del Sr. Decano de la Facultad de Derecho, el Libro de Exámenes de Derecho Civil que se comenzó a usar en 1876. El Plan Alberdi que regia en ese entonces y comprendía cuatro Cursos, y por la modalidad de los exámenes, derecho Civil IV, se daba después de Economía y de Derecho Constitucional que eran las restantes materias del mismo. El acta es del 28-3-1878; en ella consta que el examen comenzó a las 8 de la noche y terminó a las 11 p.m. La Mesa Examinadora estaba integrada por Leopoldo Basilbaso como presidente y José Maria Moreno, Pedro Goyena como vocales. Se tomaron exámenes en el mismo acto del III Curso y de los finales del Derecho Civil correspondientes al IV Curso de alumnos Daniel Escalada, Eduardo French, Hipólito Yrigoyen, todos aprobados con 13 puntos.

Pido que se agregue fotocopia del acta al de Diario de Sesiones.

Las tres ultimas materias para recibirse de abogado se daban en el Cuarto Curso y eran: Economía, Constitucional y Civil IV; no se podía rendir Civil IV sin tener aprobadas las otras de modo que la aprobación de Civil IV implicaba la graduación como abogado.









Fuente: Camet Carlos Ernesto. Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Nacion, Año 1958, T° II, Periodo Ordinario 12/6-4/7. Imprenta del Congreso de la Nacion. Bs. As. 1959, p. 1532. Reunion XII. Sesion Especial, 3-7-1958 2° Punto del Orden del Dia. Homenaje a Hipolito Yrigoyen.
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sábado, 23 de abril de 2016

Alfredo Vitolo (h): "La oposición necesaria para un buen gobierno" (26 de marzo de 2004)

Entre las condiciones para el normal funcionamiento de la democracia moderna, está la necesaria determinación de quién ejerce el gobierno y quién constituye la principal oposición. La falta de esa definición compromete el sistema, al no permitir alternativas políticas que posibiliten a la minoría de hoy convertirse en mayoría mañana; afecta el régimen institucional, al limitar las posibilidades de alternancias en el poder y la fijación de políticas de Estado y estimula las tendencias hegemónicas y autoritarias de la mayoría que, sin oposición definida, actúa con escaso control y sin frenos.

Por otra parte, en una democracia de partidos como es la nuestra, tanto el gobierno central como la principal oposición deben estar a cargo de partidos políticos nacionales. De la misma forma que entorpece el funcionamiento del régimen un gobierno que no tenga su eje en una fuerza política de esas características, no es buena una oposición atomizada o sólo representada por partidos locales o expresiones de liderazgos personales. La necesidad de partidos nacionales no significa que las fuerzas menores deban quedar excluidas o marginadas de la política, pues es importante que participen en la formación de consensos con el gobierno o con la oposición.

En la Argentina de hoy, especialmente después de los últimos resultados electorales, la fuerza política nacional que legítimamente ejerce el gobierno, está claramente definida. Es el justicialismo, que reúne la Presidencia de la Nación, la conducción de las principales provincias, tiene mayoría propia en ambas cámaras del Congreso nacional y que, a pesar de sus enfrentamientos internos, cuando tiene que tomar una resolución sobre temas importantes actúa con unidad y disciplina, alineándose detrás del Presidente.

Ese partido, para cumplir con la misión que le corresponde y que la sociedad le ha asignado, debe evitar el abuso de su poder legítimo, no avanzar sobre la libertad ni sobre la ley, respetar y valorar los disensos y comprender que es necesario consensuar, en unidad pluralista, principios básicos que son comunes a todos y a partir de los cuales recién son válidas las diferencias.

Lo más difícil, dadas las circunstancias actuales, es determinar quién es la oposición central ya que, como dice Guglielmo Ferrero: "En las democracias la oposición es un órgano de la soberanía popular tan vital como el gobierno".

De todos los partidos que aparecen como opositores, quien está en mejores condiciones para ocupar el papel de oposición central es la Unión Cívica Radical. Tiene despliegue en todo el territorio nacional, el gobierno de seis provincias, bloques legislativos nacionales muy importantes y, lejos de las demás fuerzas opositoras, son los que siguen en número al justicialismo, tienen importantes representaciones en las legislaturas provinciales y la conducción de varios cientos de municipalidades, algunas de significativa importancia. El radicalismo tiene más de cien años de historia, siempre ha sido una garantía de democracia, se ha destacado en la defensa de las instituciones y ha gobernado el país a lo largo de casi un tercio del siglo XX.

Lamentablemente, ese partido, al que pertenezco, no está hoy a la altura de las circunstancias y de sus responsabilidades institucionales. No tiene una definida conducción nacional y se ha feudalizado; no ha hecho autocrítica de su última gestión de gobierno ni ha revisado algunas de sus posiciones ideológicas que aparecen como obsoletas; no ha renovado su dirigencia ni los responsables de sus últimos fracasos políticos han dado un paso al costado para permitir el surgimiento de nuevos valores; no ha señalado con claridad sus coincidencias con el gobierno y cuáles son sus discrepancias, ni ha precisado oficialmente sus propuestas alternativas en los más importantes temas nacionales. Se da así la paradoja de que existiendo muchísimos radicales no haya partido radical que los exprese y represente.

Si la UCR es capaz de revertir la situación por la que atraviesa, como fervientemente lo deseamos, será la indiscutible alternativa política y se convertirá en el principal dique de contención para que la fuerza dominante que hoy ejerce el gobierno no pase a ser hegemónica, con el consiguiente riesgo de convertirse en autoritaria.

Los otros partidos, que muchas veces pueden inclinar el fiel de la balanza, también deben introducir modificaciones en su organización y en el mensaje que deben transmitir a la sociedad. Quienes están estructurados alrededor de una figura prominente, por su parte, deben convertirse en fuerzas políticas permanentes y organizadas en todo el país, evitando de esta forma, tener una efímera duración en el tiempo.

Un régimen democrático pluralista necesita de un gobierno firme y dispuesto a consensuar; una oposición responsable y con capacidad para plantear alternativas y otras fuerzas políticas dispuestas a colaborar con el gobierno o la oposición según sean sus ideas o proyectos. Si logramos ese equilibrio habremos ayudado a afianzar el sistema y fortalecer nuestra todavía incipiente democracia.










Fuente: La oposición necesaria para un buen gobierno por Alfredo Vitolo (h) para La Nacion, 26 de marzo de 2004.
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viernes, 22 de abril de 2016

Roberto M. Ortiz: "Homenaje al Dr. Marcelo T. de Alvear" (24 de marzo de 1942)

La ciudadanía y la civilidad están de duelo. El destacar en sus condiciones la altivez, hidalguía, consecuencia y fervor cívico, que honrosamente ha sabido llevar Alvear lo sindica ante las futuras generaciones con un carácter excepcional, que reúne las virtudes del patriciado argentino.

En momentos en que una ola inmensa de fatal egoísmo y corrupción, amenazan con minar los cimientos de las instituciones y hasta la propia vida social, un ejemplo de generosa preocupación y perenne fervor cívico debe retemplar nuestro espíritu en la defensa del patrimonio, del principio, de las instituciones y grandeza que nos confiara un hombre de su garantía moral. Mantener el acervo, la verdad y el decoro fue una inflexible consecuencia de sus condiciones democráticas, tan ricas en programas y señala el camino a seguir para defender un autentico y sano nacionalismo.

Ante su desaparición rindo un homenaje de respetuoso consideración a sus altas virtudes y solo pido a la divina providencia que el recuerdo de su vida perdure e ilumine la acción de los que, como él, hallan en el bien de la Patria la poderosa y sublime atracción de su espíritu.

Acepte Vd. señora, mis más profundas expresiones de solidaridad ante su inmensa pena.

Roberto M. Ortiz.











Fuente: Telegrama del Presidente de la Nacion, doctor Roberto M. Ortiz enviado a la señora doña Regina Pacini con motivo del fallecimiento del ex Presidente de la Nacion Dr. Marcelo Torcuato de Alvear, 24 de marzo de 1942.

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lunes, 18 de abril de 2016

Ing. Julio Noble: "De la Torre y Alem" (1960)

De la Torre no ocultaba su devoción por la memoria de Alem.

El hecho de que su nombre cubriera una acción política a su juicio funesta no lo veló nunca. Referencias frecuentes a actitudes y palabras suyas y la rectificación espontánea y vehemente de juicios desfavorables pronunciados en su presencia, evidenciaba que se mantenían intactos los sentimientos forjados en las grandes horas comunes.

Después del desengaño que le proporciono la campaña de 1916, reveladora de que la aceptación de la ley Sáenz Peña por los partidos provinciales no había sido sincera y no reflejaba, contra lo que él supuso, una evolución hacia practicas políticas honestas, se mantuvo o volvió a la acción cívica superando intima repugnancia. Vencerla nos impuso a los que seguíamos a su lado, esfuerzos que sus reacciones solían hacer poco agradables.

Para acercarlo a la acción, cada vez que demostraba interés por un tema le sugeríamos lo desarrollara en conferencias, seguros que su renovado contacto con el pueblo lo predisponía favorablemente. Y no nos equivocábamos.

En los últimos años sus referencias a Alem nos permitieron formularle reiterados pedidos en ese sentido. Hasta ser cargoso, yo insistí cuanta vez proporciono blanco. Semanas antes de su muerte lo hice con más calor. Su respuesta, anticipo de su decisión fue:

“Yo ya no tengo tiempo. Hágalo usted que tiene toda la vida por delante”

Tarde advertí porque no tenía tiempo. Todavía una vez más volvió el tema. El 31 de diciembre despedíamos, en almuerzo muy intimo, el año 1938. Estábamos a cinco días del ya elegido por el. En el transcurso de la conversación alguien le recordó que en su juventud había dado una coherencia sobre Verlaine y le pidió la repitiera:

“No podría hacerlo –dijo dirigiéndose a mi con melancólica sonrisa-, porque antes tendría que dar la que usted me ha pedido sobre Alem”.

Y como en ese momento se levantaron las copas con augurios de éxito en las dos que “por eso debía pronunciar”, agregó en el mismo tono:

“Yo no se porque brindo, además de hacerlo por ustedes”.

Una extraña emoción, en la que debió haber algo de presentimiento nos hizo enmudecer.

Y nos despedimos con inocultable tristeza.

Cinco días después, aquel no muy distante consejo adquirió el carácter de compromiso ineludible. Ahora procuro cumplirlo.









Fuente: Cien Años: Dos Vidas del Ingeniero Julio A. Noble, Editorial Bases, 1960.

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domingo, 17 de abril de 2016

La Nación: "Reportaje a Federico Pinedo y Marcelo T. de Alvear" (12 de enero de 1941)

Ninguna novedad ocurrió ayer en la gestión iniciada el jueves por el Ministro de Hacienda para buscar una solución a las dificultades políticas de esta hora, que el doctor Pinedo ve en su doble aspecto institucional y económico, vale decir en sus repercusiones sobre el espíritu público y en el ámbito de la vida económico-financiera de la Nación.

[…] Al cabo, la insistencia del cronista venció el silencio que voluntariamente se había impuesto el ministro, ante quien reiteramos el concepto de que la opinión deseaba y necesitaba su palabra. Así el diálogo se anudó sin esfuerzo.

––Esa “tregua”, señor ministro ––inquirimos––, ¿es solamente para permitir la resolución de algunos de los problemas económicos y financieros de palpitante actualidad?

––No es sólo para que el Congreso pueda dedicarse a esas tareas que he buscado un entendimiento entre los partidos. Esas tareas son, sin duda, no sólo importantes, sino urgentes. De algunas medidas pendientes de la resolución del Parlamento puede acaso decirse que son de imprescindible necesidad. Pero afirmo que no es un armisticio entre los partidos, para que pueda realizarse esa labor legislativa, lo único que debe procurarse.

Lo que hay que lograr no es una tregua, sino una paz. Paz definitiva, que ponga término a un tipo de contienda que puede y debe desaparecer para siempre, lo que en manera alguna presupone, naturalmente, la desaparición de la lucha de partidos y de tendencias que es inherente a nuestro régimen político.

–– ¿Se necesita para ello algo más que cumplir las leyes? ––nos animamos a sugerir.

––Para encontrar un remedio a los males de nuestra política ––observa el doctor Pinedo––, es inútil entretenerse en señalar cómo debieran ser las contiendas cívicas, en un plano de libertad y de seguridad, de recíproco respeto, porque en el momento actual esas condiciones no se presentan unidas, y es un hecho que la falta de una de ellas hace desaparecer totalmente la otra. Está visto y probado experimentalmente que es inútil esperar que el mal se corrija por medidas tendientes a crear una sola de las condiciones indicadas como necesarias para el desarrollo normal de las contiendas cívicas. Si se quiere evitar que el mal se acentúe, acarreando como consecuencia un envenena- miento progresivo de las relaciones entre hombres y partidos, habrá que procurar que, simultáneamente, se garantice una evolución tranquila al país en su conjunto y se afiance la posibilidad de la exteriorización libre de la voluntad nacional. […] Lo que se ha pensado como posible es algo que está en las mejores tradiciones de la República, es algo que hicieron en su hora sus varones más preclaros y que puede armonizarse con el juego normal de nuestras instituciones, aun durante el período de transición indispensable para pasar de la política enconada de la actualidad a otra que no presente los graves defectos que todos percibimos.

Nuestro interlocutor ha puesto en sus palabras el fervor que todos le conocen. Hay en su gesto y en su mirada un sentimiento de fuerte convicción que sólo sugiere una pregunta.

La que el cronista formula:
– ¿Y cuál sería el procedimiento, señor ministro?

––Hay muchos ––nos contestó sin vacilar––. Si los hombres dirigentes de los grandes partidos, trabados hoy en lucha agria y sin horizontes, se avienen a considerar como posible la idea de la conciliación, de la conciliación sin humillaciones, sin venganzas, sin renunciamientos vergonzosos que nadie está dispuesto a consentir y que por lo mismo no pueden exigirse al adversario; si las personalidades representativas se reúnen alrededor de una mesa para buscar la forma de llevar la conciliación a la práctica, se verá que son innumerables los procedimientos que pueden adoptarse. 

[…] Ha habido épocas en que partidos argentinos, profundamente distanciados por causas diversas, buscando servir el interés nacional, han convenido en que un tercio o la mitad de las listas de candidatos fueran confeccionadas de común acuerdo ––o por un tercero–– dejando a cada partido el derecho de completar las listas con sus propios candidatos. La elección popular tenía en ese caso por resultado consagrar las candidaturas de las personalidades cuyos nombres figuraban al mismo tiempo en las diversas listas, y daba también lugar a los candidatos propios del partido triunfante. ¿Qué inconveniente habría en que los grandes partidos de ahora concertaran un acuerdo de ese género para todas las primeras elecciones próximas de cada distrito o para las dos primeras? El resultado sería que podría incorporarse en esa forma al Congreso y legislaturas provinciales personalidades de primer orden, que harta falta hacen y que no tendrían probabilidad de llegar, sin ese procedimiento, a los cuerpos legislativos. Además, se habría creado dentro de cada legislatura y del Congreso un fuerte bloque imparcial, o por lo menos moderado, en las contiendas actuales, que tendría durante seis a ocho años el fiel de la balanza en la lucha entre las representaciones propiamente partidarias, elegidas libremente, con escrupuloso respeto del sufragio.

[…] Una pregunta más se le ocurre al cronista y la formula sin ambages:
–– ¿Qué perspectivas de realización al tal plan halló el señor ministro en sus gestiones?

––No podría decirlo ––es la respuesta––. De mis conversaciones con figuras prominentes de los diversos partidos he sacado la conclusión de que hombres cuyo espíritu partidario no es dudoso, amigos o adversarios del Gobierno, sienten las preocupaciones de la hora y admiten que ningún precio será excesivo para adquirir la normalización verdadera de nuestra vida pública. No puedo decir, sin embargo, que en este momento cuente con la conformidad de ningún partido, pues en todos los casos los “leaders” consultados han hecho expresa reserva de la decisión de las autoridades partidarias.

Y la entrevista ––ya harto prolongada–– se cierra con esta pregunta:
–– ¿Y cuál ha sido la intervención del Poder Ejecutivo en las gestiones?
A lo que el doctor Pinedo responde:

––El señor vicepresidente ha dicho:

“El doctor Pinedo no actúa con la representación del Poder Ejecutivo. Son gestiones de carácter particular animadas por el muy noble propósito de buscar soluciones estables”,

Y lo que el señor vicepresidente ha dicho es rigurosamente exacto. Las gestiones que he realizado ante hombres representativos de diversos partidos han sido hechas por mí a título de iniciativa personal y no como acto de gobierno. Pero, naturalmente, el señor vicepresidente ha sido en todo momento informado de mis actividades y he contado con su franco apoyo en el propósito de procurar la conciliación entre los argentinos. El señor Ministro del Interior fue igualmente informado y exteriorizó iguales sentimientos.

TAMBIÉN EL DOCTOR ALVEAR FORMULÓ DECLARACIONES

A su llegada de Mar del Plata, de donde regresó para conversar hoy con los principales dirigentes de su partido, el jefe del radicalismo, doctor Marcelo T. de Alvear, recibió anoche a cronistas políticos de los diarios metropolitanos, para formularles sus primeras declaraciones acerca del espíritu de lo tratado en su entrevista con el Ministro de Hacienda.

––Cuando se me dijo que el doctor Pinedo quería hablar conmigo y deseaba hacerlo porque entendía que esta situación por que atraviesa el país no puede seguir indefinidamente; que el país no puede continuar en el fraude y la violencia, ya que corremos todos, sin excepción, graves peligros, pues ese sistema acabaría con la ciudadanía, con el espíritu público, con todas las cosas, en fin, que constituyen la esencia de la nacionalidad, acepté entusiasmado, tanto más cuanto que yo vengo señalando desde hace mucho tiempo este grave peligro en lo cual coinciden ahora todos los sectores de la opinión.

Un sistema permanente para conservar situaciones de por sí tambaleantes, para afianzar en el poder a hombres sin prestigio y para impedir que los hombres de verdadera responsabilidad puedan llegar al Gobierno, alejando definitivamente al pueblo de las urnas, me parece una cosa baja y condenable. Lo he dicho en todos los tonos.

Aclaró enseguida que los propósitos de la visita que le hizo el doctor Pinedo han sido mal clasificados, pues no se considera la posibilidad de una tregua política.

––Si me hubieran venido a hablar de “tregua política”, no hubiera escuchado; porque se puede hacer una tregua momentánea, parar las hostilidades para llegar a un tratado de paz. Hubiera sido como el paréntesis en las hostilidades que querían hacer en Europa con motivo de Navidad. Entiendo que puede haber hombres de buena voluntad, bien intencionados, y no le niego a mis adversarios que puedan tener una inteligencia política lo bastante clara como para ver los peligros que acechan a mi país y que puedan sentir un fervor patriótico que los lleve a poner su empeño a fin de evitar esas situaciones extremas. […] En cuanto al Partido Radical, que ha olvidado agravios, que ha olvidado, en homenaje a la tranquilidad y a la concordia de la familia argentina, todos los recursos de violencia que contra él se han esgrimido, ¿cómo no ha de recibir con los brazos abiertos cualquier propósito en tal sentido, sobre todo viniendo de un hombre joven que, apartándose de las divergencias que con él se hayan podido tener, es evidente que su espíritu vibra ante los acontecimientos y percibe no sólo los peligros políticos internos y externos que se ciernen sobre el país, sino la repercusión financiera y económica de esos peligros? […] Creímos que la epidemia del fraude había terminado, pero de pronto aparecen dos focos: Santa Fe y Mendoza. Es como si hubiera habido una epidemia de fiebre amarilla, que se consideraba terminada, y de repente surgiesen nuevos focos de infección. 

Lógicamente, los que creíamos que el país se podía normalizar, nos alarmamos, y creo que el doctor Pinedo, aunque no lo diga, se ha alarmado y busca (en lo que hemos coincidido) el medio de terminar con el fraude y la violencia, y trata de hacer un paréntesis en la actividad política para establecer bases a fin de que los partidos, en una coincidencia, puedan solucionar los grandes problemas políticos […].

Los partidos políticos son una necesidad en una democracia ––expresó también el doctor Alvear––. 

Los partidos deben vivir y subsistir con todas sus características, con todas sus facultades. Las discusiones y las luchas de los partidos deben continuar, porque si no no habría democracia. La conciliación es la muerte de los partidos políticos; puede haber coincidencia de bien público, pero no acuerdo ni conciliación.

Podemos coincidir como en el Parlamento, donde se reúnen los diversos sectores para tratar los problemas que interesan al país. La política es la ciencia de las posibilidades.

Mi larga experiencia me demuestra que, muchas veces, lo que parece más difícil, que son los ideales, se logra admirablemente. Pero al buscar los medios para llegar a esos propósitos, es donde se tropieza con las dificultades. Quiero esperar que el patriotismo de los hombres que componen los partidos políticos, ha de sobreponerse a las situaciones personales en beneficio del interés superior del país. 

Yo, como viejo argentino, a quien, por la ley de la vida, queda ya poco tiempo para estar en su país, me permito llamar la atención a mis compatriotas y decirles:
                                                            
“Señores, mucho cuidado; estáis jugando el destino de la patria. En vuestras manos se halla la solución que requiere con urgencia y patriotismo la República. Haced de las luchas políticas una cuestión secundaria, para que prevalezcan los intereses permanentes de la Nación como cuestión primordial.”.










Fuente: Diario La Nación "Reportaje al Ministro de Hacienda Dr. Federico Pinedo y al titular del Radicalismo Dr. Macelo Torcuato de Alvear, 12 de enero de 1941.

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jueves, 14 de abril de 2016

Partido Socialista: "El movimiento militar del 6 de septiembre" (11 de septiembre de 1930)

Al pueblo de la República:

El Comité Ejecutivo Nacional del Partido Socialista se considera obligado a dirigirse a los afiliados, a los simpatizantes, a la clase obrera y al pueblo, para expresarles su pensamiento en los actuales momentos de la política argentina, por la trascendencia que los acontecimientos tienen para el desenvolvimiento cívico y social de la Nación; por lo que de ellos ha de derivar para la democracia y sus instituciones; y porque el Partido necesita afirmar, dentro de las nuevas situaciones creadas, la misma claridad de ideas y procedimientos que constituyen su característica histórica.

Necesitamos referirnos en síntesis a algunos antecedentes que ilustran la posición del Partido Socialista y la destacan en el escenario de la política nacional.

Cabe decir en primer término que no ha habido ni hay en el país una organización tan admirablemente armada de un conjunto de claras ideas generales y de propósitos de acción siempre confesables y siempre públicos como la nuestra. En su permanente e inquebrantable empeño por construir, por edificar, por consolidar en la República nuevas instituciones y adaptar las existentes a las exigencias del progreso universal, el Partido Socialista he debido ser con preferencia una fuerza de educación y colaboración.

Ha suplido la inacción cívica de las otras agrupaciones políticas; las ha fustigado cuando han sido contrarias al interés publico; las ha estimulado cuando de ellas podían derivar algún beneficio mensurable para el pueblo. Y en la perspectiva en que ordinariamente se colocan los partidos argentinos, el Partido Socialista ha sido la fuerza impersonal por excelencia: no ha existido para apoyar o para combatir un caudillo; ha sido la fuerza social por excelencia: no ha existido para ser partido de la oposición ni del gobierno. Ha sido en todo momento, desde su organización como fuerza cívica, un Partido de ideas, con un programa de cuestiones y problemas públicos para realizar en el país, dentro del concepto doctrinario que le sirve de base: ha sido siempre, en una palabra, el Partido Socialista. Fuerza obrera y popular, armada del sufragio universal, no pudo serle indiferente la exaltación del poder, precisamente por el camino del sufragio, de aquella agrupación que había vivido alternativamente en la conspiración o en el motín de cuartel o la abstención. El triunfo de la Unión Cívica Radical en 1916, despertó en nosotros, como en todo el país, la expectante ansiedad por verle en la realización inmediata de su programa de grandes revisiones, que iba desde la aplicación rigurosa y honrada de los preceptos de la Constitución y de las leyes hasta la depuración de la administración publica, desorbitada en el despilfarro; desde la imperativa purificación de las costumbres políticas hasta la restauración de la burlada soberanía popular. ¿Cabía la duda acaso? ¿No era la fuerza cívica que venia reclamando con las más altas voces un nuevo modo de hacer del gobierno y en la política? Era la nueva fuerza revolucionaria de 1890, de 1893, de 1905. Quería el sufragio. Tuvo la ley dictada por Sáenz Peña. Con la ley, tuvo en sus manos todos los poderes en toda la República y fue la esperanza del pueblo.

La Nación ha vivido en una dolorosa realidad desde 1916 hasta estos recientes días de Septiembre de 1930. Tenemos completa autoridad para decir en esta recapitulación, que ya pertenece a la historia, que el gobierno de la Unión Cívica Radical significo para la República un castigo superior al error sincero del pueblo que la exalto.

El pueblo ha sido criminalmente defraudado en todas sus esperanzas. La confianza depositada por la Nación en el partido triunfante ha sido aplicada como un mandato en blanco para todas las trasgresiones. Los directores de ese partido han vivido en las instituciones para prostituirlas, han invocado la Constitución para violarla; han proclamado el imperio de la ley, para consumar toda clase de ilegalidades; han exaltado la honradez para ocultar sus delitos; han proclamado propósitos de revisión social, para empeorar todo lo malo y destruir todo lo bueno que recibieran de gobiernos anteriores.

Trazaron con énfasis una línea divisoria entre el pasado del “régimen” y el futuro de la “causa”, para simular transformaciones y señalar mentidas diferencias. Administraron el país con los presupuestos de vieja contextura, empeorados por la necesidad de servir la insaciable voracidad de sus secuaces; agravaron las condiciones materiales del pueblo, empeorando el régimen impositivo tradicional que descarga todo su peso sobre la clase trabajadora y productora; arrasaron, con menosprecio del Congreso, autonomías, normas, leyes; dilapidaron la renta publica; traficaron con las posiciones de gobierno; sus ministros fueron procesados en el Parlamento hasta por delitos comunes; destruyeron con la corrupción por el dinero, las prebendas y el favoritismo, la moral y el estimulo eficiente en la administración civil y militar; adulteraron el régimen monetario para enriquecer con el empobrecimiento del pueblo consumidor argentino a los caudillos de la especulación; implantaron la clandestinidad como norma de sus actos de gobierno; corrompieron la justicia; sumieron en el desorden a los territorios nacionales; dejaron que la ruina azotara a la población campesina; impidieron que se llegara por el impuesto a la división del latifundio para cambiar las condiciones económicas del país; tuvieron en sus manos; bajo la protección de su exaltada magnanimidad, los escándalos de la adquisición de armamentos; impidieron por todos los medios la aplicación de la escasa legislación que reconoce derechos a los trabajadores, introdujeron la corrupción en el movimiento gremial proletario; se sirvieron de su mayoría en la Cámara de Diputados para cerrar los caminos de la fiscalización y del contralor de sus actos; intentaron hacer del Senado de la Nación un cuerpo para el servicio de sus intereses de bandería; aislaron al país de sus relaciones internacionales, y, finalmente, colmaron en los extremos de la coacción para sus fines electorales en San Juan y Mendoza y dieron en Córdoba, con el fraude, el mas audaz asalto contra la ley electoral de Sáenz Peña.

Todo esto ha sido denunciado por el Partido Socialista en su prensa, en la tribuna publica, en las campañas electorales, en la tribuna parlamentaria. Nuestra palabra, impregnada de invocación a los intereses permanentes de la República, no fue escuchada. En vano reclamamos, ante la inminencia previsible de un derrumbe, la rectificación de tantos errores. En Mayo de este año fuimos los primeros en alzar nuestra voz, por la declaración de las Federaciones socialistas, para reclamar del partido gobernante la realización inmediata de un programa social que evitara al país las consecuencias de una crisis que se agravaba por momentos. Todo el país ha oído nuestra palabra. Toda la prensa ha registrado nuestra reclamación persistente. Solo el gobierno, imbuido de jactancia y de soberbia, menosprecio la oportunidad que se le brindaba para dejar de pesar como una calamidad sobre la Nación.

Hemos contribuido, entre los primeros, a condensar en la opinión pública la fuerza presionante que esperábamos llegaría a imponer al gobierno la impostergable rectificación. Hemos tratado por todos los medios a nuestro alcance al infundir en el espíritu publico la posibilidad que tales cambios se verificaran dentro de las normas de la ley, para evitar a la Nación el dolor de cruentos desgarramientos y conservar ante el mundo el rango democrático conquistado a través de largas jornadas.

Nada de esto ha podido suceder. La Unión Cívica Radical, personificada en su jefe, el ex presidente Yrigoyen, estimulo, con su desprecio por la opinión publica, la accion de la violencia. Los anhelos civiles de rectificación política impostergable, encontraron en la fuerza armada de la Nación, formada en su totalidad por ciudadanos y en su mayoría por las conscripciones que se reclutan en la entraña de la clase trabajadora, la cooperación eficiente que ha terminado con un estado social, cuya prolongación, debemos decirlo, era imposible.

Sabemos cual es la importancia y que alcances tiene la violencia, porque la historia de la democracia esta llena de ejemplos que ilustran y porque actuamos en una organización política, expresión de los ideales sociales de una clase que hace de la legalidad una norma, mientras los caminos de la legalidad permiten la expansión normal de las fuerzas históricas.

Comprendemos que iniciada la lucha por la fuerza resulta a veces difícil medir el grado de intensidad que ha de darse a la accion colectiva y preestablecer con seguridad la distancia de los propósitos inmediatos. Pero, en la accion de fuerza que ha puesto término a esta situación de gobierno, hubiéramos considerado cumplido todo un programa si esa acción se hubiera detenido en el punto preciso en que la fuerza de la Constitución y de la ley reclamaban su sitio.

Acéfalo el Poder Ejecutivo, el gobierno de la Nación debió ser puesto en manos de los funcionarios señalados por la ley. Pero los directores de este movimiento han abandonado, en el momento en que debían tomarlo, el camino de la legalidad. Han declarado, bajo el imperio de la fuerza, disuelto el Congreso, caduco los poderes de las Provincias, disuelto el cuerpo municipal de la Capital Federal; cesantes los funcionarios legítimos; y han lanzado sobre la República, como un estado de guerra internacional, el bando que pone la vida de los habitantes, acusados o sospechados de delitos comunes, fuera de la ley común, y a disposición del tribunal militar, con proceso sumario y sin defensa.

La República carece de autoridades legítimas. Su gobierno actual es un gobierno de hecho. Sus actos son ilegales. Sera ilegal la apropiación que haga de los dineros públicos para aplicarlos sin autorización de la ley; serán ilegales sus actos en el régimen de la administración publica; como es ilegal la caducidad del Congreso y de los cuerpos representativos de la Capital y de las Provincias, formados por el sufragio universal legitimo.

El Partido Socialista no puede aceptar este estado de cosas voluntariamente. Ni puede impedirlo. Intentarlo implicaría precipitar a la Nación en una lucha de incalculables y dolorosas consecuencias, y el Partido Socialista se siente solidario con el sufrimiento del pueblo argentino que no podría estimular procedimientos que contribuyan a sumirlos en crisis irreparables.

Organización consciente de su fuerza moral, el Partido Socialista proclama ante el pueblo de la República su propósito de reclamar desde este momento la cesación de este estado de cosas. Quiere que concluya en el país el régimen de la fuerza y de lo arbitrario y se devuelva al pueblo el régimen de la razón y la ley.

El Partido Socialista, en este sentido, confía en las reiteradas declaraciones de la junta; y esta dispuesto a cooperar para que la normalidad de la Constitución se imponga en la República.

El Partido Socialista devuelve al pueblo, de donde provienen, las representaciones parlamentarias, legislativas y comunales, con que invistiera, en comicios libres, a sus militantes. Vuelven esos mandatos a su fuente originaria, después de haber servido para la defensa de los intereses públicos, para la batalla en contra de la corrupción administrativa y política; para la defensa de la integridad moral y del patrimonio liberal de la Nación Argentina.

Queremos ahora dirigirnos a los hombres que han tomado sobre si la inmensa responsabilidad de presidir la reconstrucción de la Nación para decirles que el rápido camino de la normalización, a criterio del Partido Socialista, esta en el ejercicio de la libertad y en el respeto del derecho. Que ninguna de las garantías individuales o colectivas de la Constitución sea restringida; que todos los habitantes puedan gozar, con absoluta seguridad, su derecho a difundir sus ideas por la palabra hablada o escrita; que se respete el derecho de reunión pacifica; que se asegure a la clase trabajadora la libertad que necesita para estudiar, discutir y resolver sus problemas económicos; y que las leyes generales no sean suplantadas por decretos que las alteren o contraríen.

El Partido Socialista se dirige a su vez a la clase obrera y al pueblo de la República, para incitarles a cooperar en la pronta restauración de las instituciones democráticas, señalándoles, en la inmensa perspectiva de su desenvolvimiento histórico, este episodio de la democracia como una experiencia que deberá evitarse en el porvenir, dando al ejercicio del sufragio el contenido moral e ideológico que reclama la Nación para vivir una paz honrosa, fecunda y constructiva.

Comite Ejecutivo Nacional del Partido Socialista










Fuente: El Partido Socialista y el movimiento militar del 6 de septiembre. Documentos Civiles V. Partido Socialista. Casa del Pueblo. Rivadavia 2150.
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