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sábado, 17 de abril de 2021

Owen Fiss: "Raúl Alfonsín, un demócrata contra el reino del terror" (11 de diciembre de 2018)

El año 1985 representó un momento extraordinario en la historia argentina y, por ende, en la historia mundial. Un tribunal civil constituido conforme a la ley, actuando sin el apoyo de un ejército conquistador, llamó a rendir cuentas a los militares de más alto rango de la Nación por los crímenes en violación de los derechos humanos que ocurrieron durante su reino de terror.

Innumerables personas fueron responsables de este extraordinario acontecer.

De hecho, uno podría felicitar a todo el pueblo argentino, entendido como una entidad moral, por lo ocurrido. Sin embargo, un individuo, Raúl Alfonsín, se ubica por sobre el resto, en la medida en que fue el representante de este suceso histórico, y la cátedra creada en su nombre le confiere el reconocimiento que justamente merece.

Como candidato en las elecciones que ocurrieron tras el anuncio de los de generales de que abandonarían el poder, Alfonsín prometió llamar a los militares a rendir cuentas por sus abusos en materia de derechos humanos, y tras ser electo hizo todo lo que pudo para cumplir con su promesa. Convocó a una comisión encabezada por Ernesto Sábato para investigar qué había ocurrido con incontables personas desaparecidas durante la dictadura; solicitó al tribunal militar que se iniciaran los procedimientos contra los militares responsables por dichas desapariciones y otros crímenes de lesa humanidad; y cuando dicho tribunal se rehusó a avanzar, convocó a un tribunal civil para que los juzgara en pleno centro porteño.

El Presidente Alfonsín miraba hacia el futuro. El no estaba buscando retribución, aunque entendía—de un modo que un Presidente tan sabio como Barack Obama nunca entendió—que lo que un régimen haga acerca del pasado determinará lo que ocurra en el futuro. El Juicio a las Juntas impulsado por el Presidente Alfonsín no apuntaba solamente a disuadir futuras violaciones de derechos humanos, sino que ademas—y lo que es más importante—aspiraba a definar el tipo de sociedad que él buscaba hacer realidad. Como dijo en la clase “Construyendo Democracia” que dictó en 1987 en Yale y como demostró a través de sus esfuerzos, él concebía la seguridad y la santidad de los derechos humanos como un componente esencial de aquella sociedad. El juicio de 1985 que tuvo lugar en Buenos Aires dio fuerza y significado concreto al “Nunca Más”.

Actualmente es habitual referirse al juicio de Buenos Aires como una instancia de “Justicia Transicional” y, de hecho, ese suceso histórico puede haber dado surgimiento a dicho término. No tengo ninguna objeción a esa práctica, en la medida en que se entienda que la palabra “transicional” no constituye una licencia para escatimar en los requerimientos del debido proceso, ya que sin los procedimientos justos que deben ser meticulosamente observados en un proceso penal, la justicia nunca será alcanzada. Por el contrario, el término “transicional” se refiere a la ambición del juicio penal que se había iniciado, que era justamente efectuar la transición de una dictadura a una democracia.

Dado este propósito, el Presidente Alfonsín entendió que los juicios de derechos humanos constituían sólo un componente de lo que era necesario para construir democracia. Era necesario también prestar atención a las necesidades económicas y sociales del país, y a su vez reparar los mecanismos provistos por la

Constitución para coordinar el trabajo de los poderes legislativo y ejecutivo. Es por eso que, al mismo tiempo que impulsó el juicio contra los militares —de por sí una arriesgada y frágil empresa—, Alfonsín creó una comisión para formular propuestas para reformar la Constitución. Es por eso que él buscaba asegurar que los esfuerzos para enjuiciar a los militares por violaciones de derechos humanos no consumieran todo el oxígeno disponible en la esfera pública. Y es por eso que insistía en que esos juicios debían llegar a un fin en algún momento, y en que los fiscales debían ser selectivos y apuntar sólo contra quienes ostentaban mayores responsabilidades por los abusos más atroces que ocurrieron durante la dictadura.

Reconociendo los propósitos implícitos en el uso del derecho penal, Alfonsín apoyó la Ley de Punto Final que fue sancionada y promulgada en diciembre de 1986, un año después del veredicto del juicio de Buenos Aires. La Ley de Punto Final requería que las acusaciones por violaciones de derechos humanos ocurridas durante la dictadura militar fueran iniciadas dentro de los 60 días de la promulgación de la ley, o de lo contrario caducarían por siempre. Esta ley tuvo como efecto un incremento en el número de acusaciones —ascendiendo a alrededor de 400— que fueron iniciadas en un período de tiempo relativamente corto, y que no sorpresivamente alcanzaban a oficiales de rangos medios y bajos.

En abril de 1987, durante Semana Santa, un grupo de oficiales militares que fueron conocidos luego como “Carapintadas” respondieron hostilmente a las nuevas persecuciones penales iniciadas como consecuencia de la Ley de Punto Final, y se sublevaron. Algunos de ellos incluso rechazaron abiertamente cumplir con decisiones judiciales que les ordenaban presentarse ante autoridades judiciales. En consecuencia, el significado del juicio de 1985 y la legitimidad del programa de justicia transicional de Alfonsín fueron puestos en peligro. En el presente, nos referimos a las acciones de los Carapintadas como un motín, pero durante el viernes santo y el sábado siguiente, el desafío parecía mucho mayor. Muchos temían un golpe.

Al menos 400.000 ciudadanos argentinos tomaron las calles de Buenos Aires, primero en la plaza frente al Congreso, y luego frente a la Casa Rosada. Los manifestantes expresaron su apoyo a Alfonsín y su estrategia de crear un nuevo capitulo democrático en la historia Argentina. Parecía como si el juicio de derechos humanos de 1985 ‐‐ “Nunca Más” ‐‐ hubiera tenido un efecto importante en la conciencia popular. Para el domingo por la mañana, el levantamiento había quedado confinado a un número limitado de cuarteles, incluyendo uno en las afueras de Buenos Aires (en Campo de Mayo). Pero el Ministro de Defensa no pudo enviar tropas a esos cuarteles y suprimir la rebelión. En ese estadío, Alfonsín abordó un helicóptero y voló desde la Casa Rosada a los cuarteles en rebelión y allí mantuvo una conversación directa con los líderes Carapintadas.

La historia nunca sabrá qué fue discutido en esas reuniones y si la Ley de Obediencia Debida que fue aprobada luego en junio fue el precio que Alfonsín pagó para lograr que los soldados bajaran las armas. Pero luego de esas conversaciones, el Presidente voló a la Casa Rosada y dijó lo siguiente a quienes estaban reunidos en Plaza de Mayo: “La casa está en orden y no hay sangre en la Argentina. Le pido al pueblo que ha ingresado a Campo de Mayo que se retire. Es necesario que así se lo haga. Y le pido a todos ustedes: vuelvan a sus casas a besar a sus hijos, a celebrar las pascuas en paz de la Argentina”.

Yo me encontraba en Argentina durante Semana Santa. Con anterioridad en esa semana, junto con Carlos Nino y Thomas Nagel, dos de los filósofos más distinguidos del mundo, nos encontramos con el Presidente Alfonsín en la Casa Rosada. Tuvimos en ese crítico momento de la historia argentina un agitado debate con el Presidente —propio de un seminario de teoría política de una universidad— acerca de la teoría democrática de Joseph Schumpeter, un economista que, muy a pesar del Presidente, concebía la democracia como nada más que una competencia entre elites. Nagel y yo emprendimos nuestro viaje de regreso a Estados Unidos en la noche del sábado, mientras el destino de la democracia argentina era aún incierto. El lunes, el New York Times publicó en primera plana una nota acerca del osado y valiente viaje realizado por Alfonsín a los cuarteles sublevados que había ocurrido en los días previos, y cuando leí su pedido a sus compatriotas—“vuelvan a sus casas a besar a sus hijos, a celebrar las pascuas en paz de la Argentina”—me dije: Qué gran hombre. Qué gran líder.

Owen Fiss

Yale Law School


El Presidente Alfonsín reunido con el Dr. Carlos S. Nino y los academicos Prof. Owen Fiss y Thomas Nagel, 1986.



Fuente: Mensaje en ocasión del acto de la Cátedra Libre “Raúl Alfonsín” por los 35 años de democracia, en la Facultad de Derecho‐UBA por el Prof. Owen Fiss de la Yale Law School, 11 de diciembre de 2018.

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jueves, 8 de abril de 2021

UCR-A: "Plataforma de la fórmula antipersonalista Melo-Gallo" (28 de abril de 1927)

PLATAFORMA DE LA UNIÓN CÍVICA RADICAL ANTIPERSONALISTA

1. Elección directa de los senadores nacionales y reforma de la ley electoral para dar mayor representación a las minorias en la Cámara de Diputados Nacional.

2. Sanción y tiempo de duración del presupuesto, organizandolo en forma permanente.

3. Limitación de la iniciativa parlamentaria en materia de gastos públicos.

4. Sanción de una ley reglamentaria de los articulos 5 y 6 de la Constitución, estableciendo el alcance del poder federal para intervenir en las provincias.

5. Reforma de la ley de contabilidad creando un tribunal de cuentas para la fiscalización preventiva de los gastos.

6. Adecuada protección de las industrias nacionales, estimulando la radicación de las nuevas.

7. Estudio y revisión de los tratados de comercio y de los aranceles aduaneros.

8. Fomento de la pequeña propiedad facilitando la subdivisión del suelo.

9. Reforma y ampliaciones de la ley del hogar.

10. Reforma del código de minería y fomento de la industria siderurgica.

11. Cooperativas agricolas de producción y crédito. Banco Agrícola.

12. Regimen de trafico fluvial y terrestre, estableciendo facilidades para el transporte de la produccion nacional.

13. Sanción de una ley general de expropiacion de las tierras adyacentes a las estaciones ferroviarias, rios y canales navegables, para ser entregados en pequeñas parcelas a las colonizaciones.

14. Facilitar la adquisición de la vivienda propia a los empleados y obreros de la Nación, mediante créditos acordados por el Banco Hipotecario Nacional exclusivamente con tal fin.

15. Fomentar la construcción de casas baratas aumentando los recursos destinados a ese próposito.

16. Provincializacion de los territorios nacionales y modificacion de la ley sobre los mismos.

17. Fomento de la producción y aumento de las riquezas de las provincias mediante la realizacion de un plan organico de obras publicas nacionales y terminacion del plan ferroviario.

18. Reforma de la ley de riego, asignandole recursos de carácter especial para realizar obras de aprovechamiento de las aguas, que permitan el desarrollo y progreso del interior de la República.

19. Sanción de una ley de seguro social.

20. Creación de tribunales especiales para entender en todas las causas y conflictos entre obreros y patrones.

21. Legislación social adaptando las sanciones de la Conferencia Internacional del Trabajo que tiendan al bienestar moral y material de los trabajadores de acuerdo con las modalidades nacionales.

22. Estatuto permanente del empleado publico.

23. Profilaxis social. Plan organico de la lucha contra los enfermedades endemicas en el país. Reforma de la ley de defensa antipadulica. Protección a la primera infancia.

24. Sanción de una ley que reglamente la constitución y funcionamiento de los partidos politicos con bases esencialmente democraticas e impersonales.

25. Reforma de la ley de jubilaciones y pensiones de empleados y obreros ferroviarios. Escalafón ferroviario.

26. Fomento de la marina mercante y de la aviación civil.

27. Reforma de la ley de jubilaciones y pensiones civiles nacional a fin de que se computen los servicios provinciales en un limite razonable.

28. Leyes generales de vinos y azucar.

29. Ley de vialidad determinando la construcción de carreteras interprovinciales con la cooperacion de la Nación, de las provincias y de los municipios.

30. Defensa y fomento de la riqueza agropecuaria.

31. Difusión de la instrucción publica primaria, industrial, comercial y creacion de las escuelas del hogar agricola en todos los pueblos de mas de 200 alumnos primarios.

32. Establecimiento de un mercado central en Buenos Aires y principales plazas de consumo y distribución para todo producto que venga directamente del productor.

33. Modificación del código de justicia militar, procurando la mayor equidad y justicia de sus sanciones punitorias.

34. Reforma y división de las leyes de ciudadanía y de inmigración.

35. Establecimiento de mercados en el extranjero para venta de productos argentinos.

36. Regimén definitivo del petróleo.







Fuente: Plataforma electoral sancionada por la H. Convención Nacional de la Unión Civica Radical Antipersonalista el 28 de abril de 1927 en el Teatro Coliseo de la ciudad de Buenos Aires.

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domingo, 28 de marzo de 2021

Domingo Cavallo: “¿Por que me atacan Brodersohn y Jesús Rodriguez?” (21 de marzo de 1989)

Muchos amigos me preguntan sorprendidos por qué recibo tantos ataques de los hombres que constituyen el entorno del Presidente Alfonsín.

En noviembre del año pasado el Vicepresidente Martinez me llamó “traidor a la Patria” porque, según él, incitaba a los gremialistas a plantear reclamos salariales para destruir al Plan Primavera.

Machinea me acusó por televisión de haber “presionado” a los acreedores extranjeros para que no dieran apoyo financiero al gobierno y calificó mi supuesta actitud de “canibalismo politico”.

Brodersohn utiliza toda oportunidad a su alcance para acusarme de ser el responsable de la estatizacion de la deuda externa privada, a tal punto de identificar lo que él denomina “el cavallazo” de 1982 con dicha estatización.

El diputado Jesus Rodriguez me llama “cipayo” cada vez que tiene un microfono o una cámara de televisión al frente.

Y en el acto del Radicalismo en Avellaneda, el diputado Leopoldo Moreau, además de usar el mismo epíteto, me acusó de estructurar una conspiracion internacional contra el radicalismo y su politica economica para que Angeloz pierda la elección, a punto tal de decir que así como en 1945 el dilema era “Braden o Perón” ahora la opción es entre “Cavallo o Angeloz”.

Me he preguntado sobre el origen de todos esto ataques furibundos. Debo decir que descarto posibles confusiones, porque por lo menos algunos de los que me atacan son suficientemente inteligentes como para estar tan equivocados.

No puede ser que crean que soy tan poderoso como para manejar, entre otros, a los sindicalistas argentinos y a los acreedores del exterior.

En reiteradas oportunidades expliqué en la Cámara de Diputados y en los medios de difusión que el Plan Primavera era un esquema economico electoralista, muy parecido a la “Tablita” de Martinez de Hoz.

Explique tambien que para llegar hasta el 14 de mayo, el Banco Central iba a necesitarr apoyo financieron internacional y externo por alrededor de 5.000 millones de dólares y que ese endeudamiento público adicional no serviría para financiar inversiones productivas sino para plantear un “verano de plata dulce” y un proceso de fuga de capitales al exterior, del mismo tipo del que se produjo durante la época de Martínez de Hoz.

Que ademas se incubarian atrasos cambiarios y tarifarios que luego darían lugar a fuertes devaluaciones y tarifazos, con la consiguiente aceleración inflacionaria.

Y que todo ello constituia una bomba de tiempo que, si explotaba entre mayo y diciembre, haria muy complicada la transicion de un gobierno a otro, pero que si llegaba a explotar al inicio de la gestión del nuevo Presidente, es decir, despues del 10 de diciembre de 1989, sería fatal para el prestigio y las probabiliades del éxito de la nueva gestión.

En otros términos, desde varios meses atrás, advertí que el Plan Primavera llegaba al 10 de diciembre de 1989, tal como hasta el 20 de enero lo anunciaba el Dr. Alfonsín, el próximo Presidente argentino podria enfrentar una situacion como la que vivió recientemente Carlos Ándres Pérez luego de asumir el gobierno de Venezuela.

DIFERENCIAS

No descarto que algunos gremialistas y algunos banqueros puedan haber leido mis escritos y concluido que no era prudente apoyar el Plan Primavera. ¿Pero es esto argumento para llamarme “traidor a la Patria” o “cipayo” ?

Si en 1979 o 1980 alguien hubiera explicado con tanta claridad las consecuencias del Plan Martinez de Hoz y en función de esas explicaciones los argentinos y los bancos acreedores hubieran quitado apoyo financiero a la “Tablita” cuando aún el Banco Central no habia perdido sus divisas, ¿hoy estariamos peor o mejor de lo que estamos?

No puedo creer que quienes me atacan estén sinceramente convencidos de que mis advertencias fueron contrarias al interés nacional. Pero entonces, ¿por qué actuan así?

LOS QUE SABEN

Queda la posibilidad de que me ataquen porque crean realmente que, desde el Banco Central y en sólo 53 días, fui el principal responsable de la pesada carga de endeudamiento público que herederó el gobierno del Dr. Alfonsín.

Por lo menos Brodersohn y Jesús Rodriguez saben que ello no es verdad. Saben que el endeudamiento externo se produjo antes de mi gestión y que la estatización de la deuda externa privada fue obra de González del Solar, el Presidente del Banco Central que me sucedió.

También saben que dicha estatización se hizo con el beneplácito de economistas radicales que incluso aportaron nombres al directorio de la autoridad monetaria de aquella época. Saben bien que los seguros de cambio que instituí en julio de 1982 no permitían la licuación de la deuda externa privada, porque eran ajustables por indices de precios y no por tasas de interes subsidiadas.

Tambien saben que la licuación de pasivos en presos, de la que siempre me hice responsable, era un fenomeno diferente, que no dejaba herencias para el futuro, sino que, por el contrario, sacaba al país de una crisis financiera púbñica y privada que si no se resolvía, hubiera terminado paralizando la economia nacional y llevandola a la hiperinflación.

Acepto que algunos personajes menos informados en temas economicos, como Victor Martinez o Leopoldo Moreau, puedan todavía creer que soy responsable de la estatizacion de la deuda externa privada, porque, a fines de 1984, cuando Brodersohn, Jesús Rodriguez, Mazzorín y otra gente de la Coordinadora se enteraron de que el Dr. Alfonsín me habia invitado a conversar sobre la situacion economica, decidieron montar una campaña de prensa a través de los medios de difusión oficiales, para hacerle creer al país, y al propio presidente, que “Domingo Cavallo era el responsable de la estatización de la deuda externa privada”.

Pero aun teniendo en cuenta que esta mentira pueda haber convencido a algunos dirigentes radicales y a mucha gente de buena fe, no puedo creer que la actual campaña de ataques se origine en esta confusión. Porque al menos Brodersohn y Jesús Rodriguez saben que es mentira lo que dicen, Pero entocnes, ¿por que me atacan?.

RACIONAL

Pues bien, me queda una sola explicación: me consideran peligroso para los intereses economicos y politicos que estos hombres de Alfonsín representan.

Se sienten responsables de haberle hecho perder al Presidente Alfonsín y al Pueblo Argentino la oportunidad de comenzar a resolver los problemas economicos y sociales que aquejan a nuestras familias.

Como sostuve en un articulo titulado “Por que me atacan Alsogaray y Juan Alemann”, publicado por Clarín el 14 de enero de 1983, sigo pensando que la clave para detener el estancamiento y la inflación en la Argentina es que un gobierno popular logre aplicar politicas racionales y sanas en materia economica.

El Dr. Raúl Alfonsín podria haberlo hecho, pero quienes ahora me atacan, algunos de los cuales tienen suficiente capacidad profesional como para brindar buen asesoramiento, pensaron que era mas importante dedicar sus conocimientos a la estructuración de un influyente grupo de poder económico y politico dentro del radicalismo que resolver los problemas del pais.

Para acumular ese poder promovieron, o al menos apañaron, decisiones aberrantes.

Me atacan porque tienen miedo de que un nuevo gobierno demuestre que algunos hombres de Alfonsín han desquiciado la ética republicana tan cara a la tradición radical. Tienen terror de que alguien bien informado tenga la valentía de hacer conocer toda la verdad no sólo a la opinión pública sino tambien a los jueces de la Constitución.

He dado pruebas de ser peligroso en ese terreno. Por eso me atacan. Estoy seguro de que no conseguirán impunidad para sus actos. Aun cuando destruyan mi imagen y logren sacarme del escenario politico, como lo hicieron en 1982, no lograran esconder sus responsabilidades.

Afortunadamente hay en nuestra patria mucha gente valiente que hoy por hoy está bien informada y, con o sin Cavallo, el justicialismo, el radicalismo que aún valora la ética republicana y otros partidos de la oposición, actuarán para resolver los problemas del país y castigar a los responsables de tantos desmanejos.





Fuente: “¿Por que me atacan Brodersohn y Jesús Rodriguez?” Articulo publicado por Domingo Felipe Cavallo en el diario Clarín el 21 de marzo de 1989.

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jueves, 18 de marzo de 2021

Alejandro Cattaruzza: "La Biblioteca de Marcelo T. de Alvear" (1997)

A comienzos de la década de 1940, la Casa Úngaro y Barbará remataba en Buenos Aires la Biblioteca de Marcelo T. de Alvear, muerto poco tiempo antes. Su dueño habia sido dirigente radical desde la fundación del partido, presidente de la nación y un personaje destacado de la alta sociedad porteña.

Entre lo casi 3000 libros que se vendían -una cifra reducida si se tiene en cuenta la trayectoria de Alvear- se hallaban aquellos que habian sido obsequiados por puro protocolo y las obras de autores de escasa fama quienes, por afinidad politica o cercania personal, enviaban un ejemplar al ex presidente. El mismo remate, evidenciaba probable de alguna necesidad, puede entenderse como un gesto de desapego: Alvear no habia sido un intelectual. Pero, como todas las bibliotecas, llevaba inscriptas las huellas de la vida del hombre que la habia organizado y esta habia ido rearmandose en los multiples viajes y mudanzas, entre Buenos Aires y París. Los libros que se remataban entonces eran los que Alvear habia elegido traer desde Francia en 1934, cuando retornó definitivamente a la Argentina con su esposa Regina Pacini, junto a los que agregó en los ultimos años de su vida.

Entre los volúmenes que configuraban este mundo de libros, habia antiguas ediciones de lujo en frances de obras de Victor Hugo, Flaubert, Alejandro Dumas, Thiers, Balzac. No solo habian sido seleccionados sus valores literarios, eran ademas, libros caros. En ediciones mas modestas, la colección “La cultura argentina”, dirigida por Jose Ingenieros, incluía textos de Alberdi, de Quesada, de Mitre, de Ascasubi. Se agregaban las obras de Moreno, Avellaneda, Sarmiento o Echeverría, que conformaban a su vez el catalogo de la “Biblioteca Argentina” a cargo de Ricardo Rojas. Los libros de estos autores se relacionan con uno de los intereses de Alvear: la historia argentina. En cambio, la seccion dedicada a la economia, a la teoria politica y a la sociologia era notoriamente más pobre; se destacaban El Capital de Marx, y algunas obras de Pareto y de André Sigfried, uno de los referentes europeos más citados por el radicalismo de la época.

Tambien figuraban un conjunto de textos que las revistas radicales solian comentar y recomendar a sus lectores: obras de Stefan Zweig, Upton Sinclair, Emil Ludwig, D. H. Lawrence, André Gide, Henri Barbusse, Waldo Frank, H. G. Wells, todos autores de éxito en los años treinta. Junto a ellos se encontraban trabajos de Borges y de Mallea, y las publicaciones de la editorial Sur.

Otro sector de aquella biblioteca estaba constituido por escritos de muy irregular calidad, producidos por intelectuales y dirigentes radicales: Horacio Oyhanarte, Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Ricardo Rojas, Ernesto Celesia, Luis R. Gondra, Luciano Catalano, Victor Guillot, Laurentino Olascoaga, Julio Barcos, Joaquin Diaz de Vivar, José G. Bertotto, Emilio Ravignani, Atilio Cattáneo, Martin Noel, Arturo Capdevila, José Bianco, Armando Antille, y la colección del diario radical Tribuna Libre, publicado en los tempranos años treinta. No faltaban algunos lotes importantes de libros sobre deportes y sobre las reglas del duelo.

Este conjunto de obras de Alvear seleccionó, y que sobrevivió a sus numerosos traslados dando cuenta de sus actividades y de sus preferencias, revela los multiples aspectos de este hombre: un lector medianamente inquiero, que no dejaba de lado a los autores por los que se habia interesado en su juventud; una persona apasionada por el deporte; un jefe de partido que, antes que a la lectura de los clásicos del pensamiento politico, se empeñaba en examinar los trabajos de sus compañeros.

Tambien se hallaban en su biblioteca las obras de quienes, en la segunda mitad de la década de 1930, fueron los criticos mas severos de la orientación que Alvear imponia a la Unión Cívica Radical. Aun a su pesar, la imagen de Alvear como un traidor al programa de Yrigoyen habia comenzado a construirse durante su presidencia, entre 1922 y 1928, este ultimo año, en un balance de su gestión como jefe de gobierno, el militante yrigoyenista Alberto Etkin sentenció: “Error grave del radicalismo fue conducir al poder a uno que no era radical”. Atemperada por la situación partidaria posterior al golpe de 1930, esta opinión volvió a circular desde 1935, luego del abandono de la abstención, y fue recogida, ya muerto Alvear, en la lucha interna del radicalismo de los años cuarenta. Tal imagen, intimamente vinculada con la que se construía del otro jefe radical, Yrigoyen, da cuenta de un combate que tenia entre sus objetos principales definir el verdadero radicalismo.

Esto no fue, desde luego, la unica versión acerca de Alvear y su politica.

Los relatos de algunos conservadores, arrepentidos de las actitudes asumidas en los años treinta, lo convirtieron años despues en un modelo deseable de administracion ordenada y de una politica liberal, en el sentido europeo del termino. Este interpretacion dejaba de lado un aspecto esencial el conservadurismo que combatió Alvear tuvo poco de liberal en sus aspectos politicos, y se encontraba muy lejos de ser democráticos; quienes mucho tiempo mas tarde reivindicaron desde esa perspectiva al ex presidente se atribuian un linaje vinculado con una posicion ideologica que, si habia existido en la cultura politica argentina, por cierto no se habia expresado cabalmente en los grupos conservadores.

Por otro lado, luego de la caída del peronismo, Manuel Goldstraj, su secretario en los años treinta, sostuvo Alvear habia buscado “convertir a la Unión Cívica Radical en un verdadero partido radical socialista dentro de los lineamientos generales del partido homónimo francés”.

En estas interpretaciones divergentes, y en la propia vida de Alvear se hacen evidentes algunas caracteristicas del mundo politico argentino la existencia de estructuras partidarias en las que cohabitan tradiciones ideológicas diversas y hasta enfrentadas; una cierta imprecisión en esas tradiciones; la presencia de identidades que, a pesar de todo, se organizan alrededor de la integracion a un partido, desatando una batalla por el sentido último de tal adscripción. Alvear que frente a la politica oscilaba entre el compromiso y la distancia, fue radical toda su vida; es posible volver a discutir que significó para este hombre tal pertenencia.





Fuente: “Los nombres del poder: Marcelo T. de Alvear” de Alejandro Cattaruzza, Fondo de Cultura Económica, 1997.

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sábado, 13 de marzo de 2021

Joaquín Castellanos: “En el entierro del Dr. Alem” (1896)

El luctuoso acontecimiento que nos congrega en este recinto es más que un duelo nacional: hay antecedentes y causas que lo hacen un duelo histórico.

El último votó personal del gran ciudadano se ha cumplido por modo extraordinario; su cadáver ha caído verdaderamente en manos de sus amigos pero no soto de los que él conocía, sino también de sus innumerables amigos ignorados, de -los amigos anónimos con que contaba entre todas las clases sociales, ese hombre que, sin los prestigios del poder ni de la gloria militar, ha sido en nuestro país el predilecto de las multitudes, el bien amado del pueblo!

No existe en nuestros anales, el recuerdo de una muerte más llorada; ninguno ha recibido hasta el presente una manifestación de pública condolencia tan intensa y tan extensa.

El Comité Nacional de la U. C. R, me ha encomendado la misión de representarlo con mi voz en esta fúnebre solemnidad'; pero en presencia de ella, el homenaje que sus correligionarios consagran al que fué el fundador del Partido y abanderado de la causa, se impersonaliza y confunde con el sentimiento de profunda consternación patriótica, cuyos testimonios nos llegan de todos los extremos de la República.

Esta misma ceremonia imponente, a que asistimos, es una especie de plebiscito fúnebre al que concurren con su espontáneo sufragio de dolor, todos los argentinos: en esta hora y en este sitio no hay, no puede haber, ni partidarios, ni enemigos; son solo conciudadanos.

Y es también que a esta hora y desde este sitio, el nombre del doctor Alem ya no pertenece a los afectos, a los entusiasmos y al credo exclusivo de un núcleo más o menos considerable de opinión; hoy ya pertenece a la patria; de’ cuerpo entero ha pasado a la historia.

Hacía falta én el cuadro de nuestras celebridades esa figura simbólica de las palpitaciones generosas de nuestra raza y de los más nobles ideales del alma argentina.

Y ese hombre es verdaderamente un símbolo; lo fué durante la vida y lo será mucho más cuando, por el transcurso del tiempo, vayan acentuándose alrededor de su memoria los accidentes que caracterizan su existencia, que era ya legendaria por la austeridad cívica y la abnegación patriótica.

Carácter muy superior al medio en que vivía, su talla moral quedaba inalterable entre los cambios que operaban a su alrededor el paso de las generaciones y el vaivén, de los acontecimientos; sus- alternativas de popularidad o de aislamiento, dependía de que se elevara o deprimiera el nivel cívico del pueblo, como la la roca que en los flujos del mar coronan las olas con blancas guirnaldas y de la cual se retiran en las bajas mareas, dejándola dominar' solitaria el espacio circulante, desde su cima- calcinada por el rayo.

Y a pesar de eso, Leandro N. Alem era en nuestro país la unidad moral más representativa de su conjunto. Su temperamento ' y su existencia personificaban una de las faces permanentes de nuestra vida nacional, en el impaciente afán de perfeccionamiento y en las energías impulsivas para realizarlo; en este sentido era un fragmento vibrante de la nacionalidad: era un pedazo de patria, que hoy convertido en girón de arcilla ensangrentada, entregaremos a la tierra como testimonio de los desgarramientos dolorosos que en las sociedades en formación marcan ,cada jornada de su evolución progresiva.

Pero al devolver a la tierra nativa los elementos que de ella recibió- para la vida, nos reservamos su espíritu, que para siempre 'quedará incorporado a nuestra atmósfera moral, como esas fuerzas misteriosas de la naturaleza que actúan impalpables, orientando la brújula en los mares o encendiendo en la mitad de la noche, auroras eléctricas más luminosas que las del día.

Para los hombres de esa estirpe, la muerte no es una desaparición; su -influjo cambia de lugar y de forma pero no se extingue, porque una parte de ellos quedan encada uno de nosotros por el afecto y el dolor,por la veneración y el ejemplo.

Los que limitan su influencia en nuestra vida pública, al de un agitador o de un caudillo, forman un juicio semejante a los que piensan que el movimiento alterado del Océano es una turbación de los elementos, siendo así que esa conmoción momentánea no es más que el efecto y la demostración de su eterno equilibrio.

Alem ha sido el Bayardo de nuestras contiendas políticas; solo o acompañado, nunca retrocedía en la lucha; soberbio con los soberbios y humilde con los humildes, tenía pronto en los labios el apostrofe fulminante contra todas las opresiones y la palabra de consuelo para todos los infortunios,

A pesar de sus exterioridades bruscas, tenía un corazón afectivo, de una bondad inagotable; los que hemos sido sus compañeros de prisión o de destierro, ni en los momentos más amargos le hemos oído una queja, un sarcasmo, ni un reproche. Ha llevado a la tumba, como él lo dice, muchas sombras y dolores, pero ni un rencor contra persona alguna; -Alem no odiaba a nadie; en esta hora solemne lo declara un testigo íntimo ' de su vida en días de tribulación y de injusticia.

Asceta del civismo,era el tipo del varón bíblico para quien la vida fue milicia sin tregua. Su primer noche en la eternidad ha sido, seguramente, su primer noche de reposo. Desde ' la juventud sujetó su vida a la disciplina de su voluntad poderosa, y su voluntad al austero control de su conciencia inflexible. Todos sus actos llevan el sello de la entereza consciente y reflexiva. Su propia muerte es el resultado de la severa unidad que dió a su vida; a semejanza del Hércules antiguo, él mismo preparó su pira funeraria, y él mismo recostó en ella su cuerpo dilacerado para despertar inmortal después de su martirio.

Sus despojos realmente corresponden al monumento que guarda las víctimas, de Julio; su inmolación cívica no estaba más que retardada; tenía la trágica predestinación al sacrificio; él. lo sabía y no solamente se resignaba, sino que. buscaba su destino, y cuando las circunstancias parecían alejarlo del camino del Gólgota, él se dirigió directa y voluntariamente a su calvario patriótico. También tuvo su larga noche de Getsemani; es cierto que alguna de sus palabras revela la amargura de esas horas. de solitario recogimiento enfoque “el alma está triste hasta la muerte”, pero su último adiós a la patria es de aliento y de fe; es una viril incitación que tiene todo el calor palpitante dela vida y el prestigio sagrado de una voz que casi sale de la eternidad.

Doctor Alem:

Tus compañeros de causa responderemos al toque de llamada patriótico con que nos convocas desde las puertas de la tumba; estamos de pie para realizar tu consigna postuma, y por todos los extremos de la República, a medida que vamos cayendo sobre el campo de la lucha, nos iremos 'transmitiendo los unos a los otros, tu postrer voto, tu último grito de combate:

¡Adelante los que quedan!






Fuente: “En el entierro del Dr. Alem” por el Dr. Joaquin Castellanos, discurso pronunciado en representación del Comité Nacional del Partido Radical, 1896.

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miércoles, 3 de marzo de 2021

Deodoro Roca: “¿Que es la Reforma Universitaria?” (15 de junio de 1936)

1. ¿Puede usted decirnos lo que fue la reforma universitaria?

Fue — es—, el movimiento de juventud más rico y germinativo de América Latina desde su emancipación política. Entronca con ella.

Sin duda, como se ha dicho tantas veces para filiarlo, tuvo en sus comienzos un contorno pequeñoburgués. ¿Y qué? Lo importante es que ha sido una cosa fluente y viva. Hay grandes ríos que comienzan en un ojo de agua.

La reforma comenzó siendo una discusión en torno a la penuria docente de unos cuantos maestros pintorescos, pedantes y dogmáticos, que cobraban remontada expresión en la universidad colonial de Córdoba. En la universidad de 1918 atizaba el fuego un fraile.

En la de 1936, la sección especial de la Policía de Buenos Aires, la ojran a argentina.

El estudiante de 1918 tenía frente a sí las “cóleras divinas” : excomunión y anatema. Entonces herían, estremecidas, las campanas. El estudiante de 1936 tiene frente a sí la sección especial y la cárcel de Villa Devoto.

El problema universitario se ha tomado, para el estado, en problema de policía. No interviene para solucionarlo el ministro de Instrucción Pública, sino el de Interior. Es ya, para quienes orientan la instrucción, ante todo, problema de policía, y de policía especial. En la “cuestión” universitaria hay un elemento nuevo: la Ley de Residencia 4.144. Y otro más: la finanza internacional.

Jueces, policías y banqueros señorean la universidad plutócrata de 1936, cuya penuria docente sigue siendo la misma de 1918. Acaso ahora más “tóxica” que antes.

2. ¿Puede usted decirnos lo que no alcanzó, o no pudo ser?

La reforma fue todo lo que pudo ser. No pudó ser mas de lo que fue, en drama y actores, ¡Dio de sí, todo! Dio pronto con sus límites infranqueables. Y realizó un magnífico descubrimiento. Esto solo la salvaría: al descubrir la raíz de su vaciedad y de su infecundidad notoria dio con este hallazgo: “reforma universitaria” es lo mismo que “reforma social”.

Sin reforma social no puede haber cabal reforma universitaria. En la memorable lucha, la universidad fue para la juventud una especie de microcosmos social. Descubrió el problema social. Y ligado a su dramático destino. Bien pronto advirtió que estado, sociedad, universidad, se alimentaban de la misma amarga raíz. Y los mismos mandos. Las mismas manos manejando los mismos compases. Lo que empezó como defensa contra la toxicidad de los malos maestros, y afán oscuro y torpe de “reformar” el “sistema educacional” que los “hacía posibles”, se convirtió al cabo en proceso al sistema social, que es de donde arranca la dogmática, la regresión y la penuria de la universidad de entonces, y —más visiblemente aún— de la de ahora.

Ese sentido tienen las vicisitudes del movimiento reformista, que ha dado con sus límites y los ha rebasado, también. Los guardias de asalto del capitalismo y los cuadros del ejército custodian la universidad donde la ciencia se empobrece y la pobreza espiritual cobra rango.

Pero la juventud va adquiriendo —merced a este movimiento fluente y vivo—, mayor conciencia de su destino, y escoge mejor los medios de realizarse. Aquel movimiento pequeñoburgués y romántico de 1918 es hoy un movimiento social caudaloso y profundo.

Está ganando el mundo juvenil, pues hoy la juventud comprende bien que no puede haber reforma educacional “a fondo” sino con reforma social también a fondo.

3. ¿Puede usted decirnos lo que es?

Fue un camino provinciano que “iba” a dar un maestro. Buscando un maestro ilusorio se dio con un mundo. Eso "es” la reforma enlace vital de lo universitario con lo político, camino y peripecia dramática de la juventud continental, que conducen a un nuevo orden social. Antes que nosotros lo adivinaron, ya en 1918, nuestros adversarios. El “puro” universitario —se dan todavía algunos, mediocres y canijos—, es una cosa monstruosa. Todo esto es más visible en nuestras universidades organizadas no en torno de los más aptos, sino de los más “próximos”.

4. ¿Puede usted decirnos lo que será?

¿...?

5. ¿Puede usted decirnos semejanzas y diferencias entre el estudiante de 1918 y el de 1936?

En 1918: pequeña burguesía liberal, encendida de anticlericalismo; vagos entusiasmos, americanismo confuso, mucha fiebre. Cercando el horizonte a manera de “decoración”, la revolución y la guerra...

Adivinaciones, rumbo...

1936: el anticlerical es antimperialista. Ha ganado en lucidez. El clerical, “defensor” de la universidad del 18, es ahora fascista. Y muchos “liberales”, también. Mucho reformismo del 18 es fascismo del 36. La pequeña burguesía ha acabado por poner su “cordón sanitario” frente a la “continuidad” de la reforma.

En 1918 el anticlericalismo daba una fácil apariencia revolucionaria. Incluso, “vestía” bien. Ahora (probablemente también entonces), la “postura” anticlerical ya no convence... ¡ni al clero! Los jóvenes del 18 eran más ruidosos y tenían más aliados. Tenían también —acaso por eso mismo— ,más capacidad de entusiasmo y más combatividad. Ahora son menos, pero más lúcidos. Entonces adivinaban. Ahora saben.

6. ¿Puede usted decirnos semejanzas y diferencias entre el profesor de 1918 y el de 1936?

Es el mismo fósil. Sólo que ahora es más joven. Y sabiendo más, le es más inútil todo lo que sabe.







Fuente: “¿Que es la Reforma Universitaria?” Respuesta de Deodoro Roca a la encuesta que él mismo promovió desde su periódico Flecha, con motivo de cumplirse dieciocho años de los episodios reformistas. Apareció en el núm. 14, del 15 de junio de 1936. El cuestionario también fue redactado por Deodoro. Contestaron, además, Julio V . González, Saúl Taborda, Jorge Orgaz, Dardo Cúneo, Paulino González Alberdi, Sergio Bagú, Alberto May Zubiría, Raúl Orgaz, Enrique Barros, Adelmo Montenegro, Tomás Bordones, Santiago Montserrat, Enrique S. Portugal, Juan Lazarte, Héctor P. Agosti (desde la cárcel), y muchos otros.


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martes, 5 de enero de 2021

Jorge Walter Perkins: “Homenaje al Dr. José Pascual Tamborini” (25 de septiembre de 1958)

HOMENAJE

Sr. Presidente (Decavi). Tiene la palabra el señor diputado por la Capital.

Sr. Perkins. Señor Presidente: el 26 de septiembre de 1955 dejó de existir José P. Tamborini, uno de los hombres mas dignos y puros entre los que hayan actuado en la Unión Cívica Radical. Si la modestia tuviera un arquetipo, llevaría su nombre.

En medio de una vida politica intensa y de absorbente consagración, que culminó en la candidatura a la Presidencia de la Nación, pasaba entre los grandes honores tratando de no llamar la atención como si no fuera él su destinatario. Ejemplo útil y aleccionador en un medio que ha llegado a otorgarle categoria moral a la propaganda que fabrica o destruye reputaciones e ídolos.

Llegaba la Revolucion Libertadora a la Casa de Gobierno y una gran virtud radical desaparecia en la hora del regocijo y de la esperanza. Visto en la perspectiva del tiempo, como alegra y conmueve una vida de esa calidad. Soportó con estoicismo el drama de su derrota electoral, que no fue suya sino de las libertades argentinas, que entraron desde ese mismo instante en el eclipse del que no saldrían sino por la sangre y la abnegacion de los que tuvieron fe y no capitularon con la tirania abyecta, soberbia y corrompida.

Cuando se escriba la historia de los dias vividos desde el año 1930 hasta hoy, es posible que el historiador -que nosotros no conoceremos- se pregunte como han sobrevivido las libertades y la democracia, que es su abanderada, a pesar de tantas batallas perdidas, de tantas vidas sacrificadas y de tanta riqueza dilapidada o usada con propositos egoistas de aprovechamiento personal por algunos gobernantes, ademas de malvados inescrupulosos.

Ese historiador, al hacer su sintesis, tendrá que reconocer que la gran batalla por la recuperacion de las libertades argentinas no se ha perdido y podrá, en definitiva, ganarse, porque ejemplares humanos de excepcion, luchando desde el seno de determinados partidos politicos y especialmente desde la Unión Cívica Radical, resistieron al halago, a la fatiga, a las vicisitudes de todo género, para que fuera cierto que el honor, en su expresion suprema de la identidad del ideal con una convicción, esta por encima de una vida perecedera y que no existe ningun interes en conservarla cuando el precio excede el limite de lo que puede concederse a los que detentan arbitrariamente el poder en una hora o en un instante fugaz del pais.

Esta reinvindicacion del politico como expresion superior de una epoca, tendra que hacerse y habra que decir entonces que aquí, en la Argentina, como en el resto del mundo, los espiritus superiores, interpretes o espejo de una sociedad en constante evolución y desarrollo, entran en la historia por la puerta de la politica.

Así entró Mariano Moreno, allá lejos, en el alumbramiento de nuestra nacion. Siete meses de actuacion en una junta revolucionaria le dan el derecho a la inmortalidad con que su patria ha premiado el bien inestimable de haber salvado la revolucion, o sea el ideal emancipador, en el momento de su mayor peligro.

Por la puerta de la politica han entrado en la historia hombres de nuestras filas: Alem, Yrigoyen y Alvear. Los dos gobernantes radicales dejan el recuerdo de su respeto por los postulados fundamentales de la democracia. Ni persecuciones al pensamiento, ni cárcel, ni exilio para sus adversarios, ni estado de sitio para gobernar, ni diarios suprimidos o perseguidos. Y, por sobre todo, una politica economica que permitió en las tres presidencias radicales mantener el alto valor del peso, de 44 centavos oro, no recuperado mas en los años posteriores a su caida.

No hay politica social que pueda defenderse con una moneda desvalorizada y de escaso o nulo poder adquisitivo.

Por esa puerta de su actuacion politica tambien ha entrado en la historia José P. Tamborini, cargado sobre sus hombros y en el silencio, que hoy se rompe en su homenaje en esta Cámara, con la incomprensión de los que nos vieron que el destino de las instituciones democráticas argentinas ya estaba fijado en febrero de 1946, y que la tiranía, que se adueñaba del país con el aparente descalabro de Tamborini en las urnas, ya no podría ser vencida en adelante por un comicio honrado, que no se lo concibe sin prensa y tribunas libres, que la tiranía no lo haría nunca, hasta caer por el esfuerzo de las armas de la patria y el impulso civil del indomable pueblo argentino. (¡Muy bien! ¡Muy bien!)

Ex profeso, por innecesario, no evoco a Tamborini diputado, senador y ministro del Interior. Todo esto, está por debajo de sus merecimientos. Su gran conducta y su gran virtud no pertenecen a los cargos que desempeñó, por otra parte, en forma esclarecida.

Muchos han sido diputados, senadores y ministros; con ser algo, no es todo para que un sentido de gratitud y reconocimiento quede como saldo de una vida ilustre y ejemplar. Esa gratitud y reconocimiento están presentes en este homenaje, porque en las circunstancias decisivas en que le tocó actuar guardó lealtad y consecuencia a los propositos inquebrantables que animaron su fe civica.

Porque hombres como Tamborini cumplieron con su deber, la tiranía mandó sin gobernar.

Por todo ello, pido que esta Honorable Cámara sea invitada a ponerse de pie en homenaje a su memoria, que no ha de desaparecer mientras la Unión Cívica Radical sea ella tambien fiel a la bandera de la libertad, que es su razón de ser. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos.)

Sr. Presidente (Decavi). Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

Sr. Gonzalez. En nombre del bloque de la mayoría voy a adherir a la indicación de homenaje propuesto por el señor diputado Perkins, que implica la voluntad expresa de que a traves de una decisión de esta Honorable Cámara se rinda el tributo justiciero que merecen siempre los varones austeros que ponen su pasión argentina al servicio de las grandes causas nacionales.

Yo tendría que suscribir integramente los conceptos vertidos por el señor diputado por la Capital; pero sólo agregaré que el hecho de que el doctor Tamborini haya entrado en la historia por la puerta ancha de la politica, constituye la efectiva corroboracion de que la politica es el arte supremo que abre la posibilidad a los hombres bien nacidos de expresar su generosidad y altruismo, poniendolo por encima de los intereses personales al servicio de los grandes intereses populares.

Tamborini fue un médico de selección; tenía una profunda vocacion profesional. Ejerció su profesion con altura, con altruismo y con profundo sentido humano.

En su paso por la Honorable Cámara de abogó fervorosamente por el ejercicio pleno de las instituciones democráticas que tanto amaba.

Con esta palabras, quiero dejar expresado el sentimiento radical y democrático de esta bancada para adherirnos al homenaje justiciero que se propone, que significa destacar la relevancia y el perfil austero de un patriota. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos.)

Sr. Presidente (Decavi). Tiene la palabra el señor diputado por la Capital.

Sr. Frega. Señor presidente: El doctor José P. Tamborini, cuya figura se recuerda en este instante, fue un hombre de la Capital que se destacó en la militancia cívica y en la Unión Civica Radical desde su primera juventud.

Quienes lo hemos conocido a lo largo de su vida civica no podemos olvidar su actuación.

Por sus merecimientos partidarios, por su constante lucha en pro del afianzamiento de las instituciones democráticas y por su generosidad y altruismo en el ejercicio de su profesión, adhiero emocionado al homenaje, que se le ha de rendir, en la forma que ha sido propuesto. (Aplausos.)

Sr. Presidente (Decavi). Invito a los señores diputados y a los asistentes de las galerías, a ponerse de pie en homenaje a la memoria del ex diputado nacional, doctor José P. Tamborini.


-Ponense de pie los señores diputados y el publico asistente de las galerías.







Fuente: “Homenaje al Dr. José Pascual Tamborini” proyecto del Sr. diputado por la capital Dr. Jorge Walter Perkins, pág. 4491 a 4492 del diario de sesiones de la H. Cámara de Diputados de la Nación Argentina, 25 de septiembre de 1958.


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domingo, 3 de enero de 2021

La Nación: "La Saga de los Kennedy Argentinos" (4 de octubre de 1998)

Roberto Kennedy (hijo), a los 73 años, es no sólo uno de los más sorprendentes jinetes y domadores de un país que se enorgullece de tenerlos y muy buenos, sino también el heredero de una tradición familiar de bravura y quijotesco espíritu revolucionario. Con su pelo y barba rojiza, su hablar algo fatigado y su memoria intacta, este hombrón amable de ojos muy despiertos testimonia en el acerado tono de su mirada todas las virtudes de una noble estirpe.

Este veterano y diestro jinete es hijo del Roberto Kennedy que junto con sus hermanos Mario y Eduardo se levantó en armas en La Paz (Entre Ríos) en enero de 1932, contra el gobierno provisional del general José F. Uriburu.

Los tres hermanos eran hijos de Carlos Duval Kennedy y de Rufina Cárdenas, y están emparentados por vía materna con el coronel Berón de Astrada. Los tres habían nacido en la estancia familiar Los Algarrobos, ubicada en el distrito Estacas, del departamento de La Paz. De los hermanos (extraordinariamente unidos), Mario era el elegante, el atildado, el caudillo revolucionario, también. Eduardo, experto domador de potros, muy indignado tras el derrocamiento de Yrigoyen dejó todo y se fue a Europa, denunciando en todos los foros posibles el atropello cometido contra el líder radical y contra la Constitución Nacional.

Roberto padre, estupendo tirador, era también un excepcional jinete (maestría que heredó su hijo).

Todos los hermanos eran eximios nadadores y ya una leyenda local antes de haber pegado un solo tiro contra el gobierno provisional.

La revolución imposible

El 4 de enero de 1932, LA NACION informaba en primera plana: "Una tentativa sediciosa que estalló en La Paz (E. Ríos) fue sofocada en pocas horas".

El diario relataba en su edición del día cómo un grupo de civiles había ocupado las reparticiones oficiales de la ciudad entrerriana, tras un intenso tiroteo en el que habían muerto cuatro personas. A las 17.40, los rebeldes habían huido de la ciudad o se habían entregado. En Concordia, un intento similar había sido abortado antes de estallar.

¿Cómo había comenzado todo? A las 3.50 de la madrugada del 3, los hermanos Kennedy (a los que se les atribuía filiación radical personalista) se habían apoderado de la jefatura policial, ocupando la oficina del telégrafo nacional, cuyas líneas cortaron de inmediato (las del provincial funcionaron hasta las 11).

El gobernador entrerriano, Luis Etchevehere, que envió tropas policiales a reprimir el intento desde Paraná, mantuvo un diálogo telegráfico con Mario Kennedy, al que intimó a la rendición, asegurándole que el resto del país estaba tranquilo y que la revolución había fracasado en todos los puntos excepto en La Paz.

Esto era realmente así, y tras las primeras olas de rumores y versiones encontradas, ya era claro que la gran conspiración personalista sólo había triunfado en la bella ciudad entrerriana (por entonces, importante centro portuario) gracias a la enorme inconsciencia o al igualmente enorme coraje de los hermanos Kennedy.

El presidente Uriburu, pasado el susto inicial (en las primeras horas no se supo hasta dónde llegaban las ramificaciones del movimiento), y ya completamente tranquilo, había señalado a LA NACION: "Ya nadie, se inquieta por estas chirinadas".

Mal presagio


A 56 años del suceso, uno de los más curiosos de la movida crónica revolucionaria argentina del siglo XX, Roberto Kennedy (hijo), que por entonces tenía apenas 6 años, rememora claramente los preparativos de la fallida rebelión.

"Recuerdo muy bien los prolegómenos del movimiento, las reuniones previas realizadas en distintas estancias de la zona. Ya en diciembre de 1931, el levantamiento se postergó por respeto a las fiestas religiosas, y finalmente se eligió el día 3 de enero a las 3 de la madrugada. Esa misma jornada se hizo un asado en la casa de Mario Kennedy, donde concurrieron los que iban a atacar la comisaría, que estaba ubicada junto a la jefatura policial, los calabozos, en un edificio grande que ocupaba toda una manzana. Mi padre llegó a la casa (que estaba a seis cuadras de la jefatura) a las 12 de la noche, cuando los presentes habían dado cuenta del asado (él no comía en semejantes ocasiones) y cuando entró, se dio cuenta de que muchos se estaban aflojando, hablando de sus familias y buscando pretextos para renunciar al intento. Eran 60 hombres los que estaban confabulados inicialmente en la revolución en La Paz. Mi padre no era un hombre supersticioso, pero cuando entró al dormitorio no le gustó ver los 60 sombreros colocados arriba de la cama."

El asalto a la comisaría (defendida por 25 hombres distribuidos en tres guardias) fue finalmente realizado por sólo seis hombres, entre ellos los tres hermanos Kennedy, que a punta de revólver y máuser vencieron una dura resistencia, viéndose obligados a ultimar a los policías que estaban de guardia en la entrada del edificio.

En pocas horas, la ciudad había sido tomada por sólo 16 revolucionarios, aunque luego, ante el éxito inicial del movimiento, hasta 5000 hombres a caballo de los alrededores se ofrecieron a participar en la intentona (algo bastante inútil porque, en el mejor de los casos, apenas se hubiera podido reunir, a duras penas, 100 armas largas para todos).

El éxito inicial de la rebelión se disipó pronto, cuando se comprobó que el intento de Concordia -dirigido por el ex edecán de Yrigoyen, el teniente coronel Gregorio Pomar, eterno gestor de todas las frustradas revoluciones radicales de aquella época- había fracasado sin empezar.

Patada va, patada viene

Para colmo, el gobierno de Uriburu había enviado sobre La Paz cinco aviones desde El Palomar y dos hidroaviones de Punta Indio.

"En la estancia de mi padre -recuerda Roberto Kennedy- sobrevolaron tres aviones, y como parecían picar para ametrallar o bombardear, mi madre nos hizo salir a todos los chicos y ponernos de rodillas en el jardín. Yo, a pesar de mi edad, no quería arrodillarme ante los aviones. Ella, que era muy religiosa, me dijo: No, te arrodillás ante Dios , y finalmente le hice caso. Eramos siete chicos tirados en el suelo que mirábamos de reojo a los aviones, que se fueron sin disparar, al menos ese día, porque después volvieron y bombardearon en serio, dejando en la tierra cráteres de cuatro metros de ancho y un metro de profundidad.

"Cuando llegó la tropa que reprimía a mi padre y al resto de los revolucionarios, pusieron a toda la gente en fila en la galería de la estancia. La fueron acomodando en hilera, patada va, patada viene. Le pegaron a todo el mundo, incluso a los peones, que sonreían nerviosos. No era por desdén o por falta de respeto a los milicos que se reían -aclara Kennedy-, sino porque el entrerriano no está acostumbrado a otra cosa que a reírse. Los milicos que reprimieron, además, eran de otras partes, no de la ciudad de La Paz."

Tras la constancia del fracaso de la revolución, algo que ocurrió a las pocas horas, los hermanos Kennedy emprendieron una novelesca fuga por quebrachales y pantanos, esquivando a las numerosas partidas enviadas en su búsqueda. Fueron al Sur, luego al Norte, marchando con Eduardo Kennedy con su pie dislocado, pasando a Corrientes y cruzando a nado el Guayquiraró con una sola mano (con la otra sostenían armas y municiones) y con fingida calma, para evitar el ataque de los yacarés que abundaban en el lugar.

Luego vendría el cruce del Uruguay y el obligado exilio (que duraría hasta fines de la década del treinta), pasado entre Uruguay y Brasil.

Un duro exilio que compartiría Roberto Kennedy (hijo). "Yo me encontré con mi padre en Uruguay a los 45 días de la revolución -rememora- y me quedé todo el tiempo junto a él. Me había llevado el capataz de la estancia, que también era su chofer. En el Uruguay, y a pesar de mi edad, yo hacía de espía. Me sentaba en la vereda y me ponía a jugar a la pelotita. Cuando aparecía alguien dudoso, me veía y en seguida me preguntaba por los Kennedy. Yo, según los viera sospechosos o no, esperaba y daba el aviso. Una vez vinieron preguntando por ellos unos hombres que afirmaron ser mecánicos, pero a mí no me engañaron, porque tenían las uñas limpias y las manos sin grasa. Esos tipos no habían sido mecánicos en su vida."

Por las presiones diplomáticas ejercidas por el gobierno argentino, los revolucionarios radicales conocieron la prisión también en Uruguay, debiendo hasta Robertito compartir un calabozo con su padre.

La revolución imposible

Distintos dirigentes radicales visitaron a los exiliados, que se habían hecho muy famosos por su quijotesco intento. Incluso un ya anciano Hipólito Yrigoyen.

"Cuando Yrigoyen estuvo en Montevideo -dice Kennedy- fue a visitar a los exiliados. Yo me di cuenta, al mirarlo cuando cruzaba las piernas, de que tenía media suela en los zapatos. Estaba con la salud muy deteriorada y casi no se escuchaba lo que decía, se había quedado sin voz. Había un grupito de veinte personas que salió en la foto con él. A mí me borraron de la fotografía. Recuerdo que cuando salió a la calle, algún obsecuente de esos que abundan empezó a gritar: Un coche para el doctor . Pero Yrigoyen no le hizo el menor caso y se fue solo. Tomó un tranvía y se marchó."

Tras un largo y penoso exilio, los Kennedy volvieron a la Argentina a fines de la década del treinta, siendo recibidos como héroes, aunque el Comité Nacional del partido tenía sentimientos divididos.

"En realidad, los Kennedy fueron boicoteados por el Comité Nacional cuando llegaron al país en el Vapor de la Carrera. Alvear mismo había dicho que a los Kennedy habría que olvidarlos. En Retiro, sí, cuando llegamos, pudimos palpar la simpatía del pueblo, aun el de los obreros ferroviarios, que nos alentaban. Lo mismo pasó en la provincia de Santa Fe.

"Por otra parte -agrega Kennedy-, había rumores de que algunos radicales preparaban una encerrona contra nosotros en Santa Fe. El futuro presidente Ortiz, que era una gran persona, se reunió personalmente con los tres hermanos para advertirles: Yo quizás, soy más radical que ustedes. No puedo dejar que se realice una infamia como la que se trama en su partido contra ustedes."

Ya en Santa Fe, según el relato de Kennedy, los hermanos fueron advertidos (por un sargento que abrazó a Eduardo y le habló al oído) que los esperaba una partida armada y que tuvieran cuidado con un auto de chapa blanca. En el camino, en medio de un solitario paraje, los hermanos Kennedy fueron efectivamente perseguidos un buen tramo por un vehículo lleno de hombres a los que se veía armados con armas largas. Eduardo Kennedy hizo desviar el vehículo en el que viajaban por un camino secundario para poder salvar la vida.

El domador relámpago

El domador sin montar, Roberto Kennedy (hijo), el heredero y sucesor del legendario revolucionario radical de los años 30, mantiene hoy su secreto inescrutable: el arte de dominar un bravo potro con la palabra.

Toda su vida la pasó a caballo. Robertito debutó públicamente como domador a los ocho años haciendo subir un caballo por una escalera de caracol.

En la selva de Montiel, en su Entre Ríos natal, sobre las márgenes del Paraná y el Guayquiraró, este auténtico criollo heredó el sistema de la doma sugestiva, que reemplazó la fuerza por la persuasión.

"La doma nació conmigo, fue algo instintivo. A los 12 o 13 años montaba potros en pelo y en la estancia de mi padre nunca usaba caballos domados por otros", recordó Roberto Kennedy (h.).

Trabajó junto a su padre, y sí, de él aprendió a domar de abajo sin subir jamás al caballo, inculcándole obediencia con tres palabras claves: vamos, va, y quieto. La primera, para que se moviera más o menos rápido según la entonación de la voz, y la última para que se detuviera. Va, como reprimenda para que dejara de hacer lo que podía estar haciendo mal.

Famosos no sólo por la doma con palabras, al fracasar el intento revolucionaro de 1932, Roberto y su hijo, Robertito, se exiliaron en Uruguay, país que debieron abandonar luego, para llegar finalmente a Brasil.

Allí cumplieron demostraciones ante oficiales de Rio Grande do Sul. El general Pedro Aurelio de Góis Monteiro (ministro de Guerra brasileño entre 1934 y 1935) y su estado mayor presenciaron los exitosos resultados de su inusual método de doma en la localidad de Bagé, aun cuando increparon a Roberto Kennedy (padre) por no difundir su técnica.

-No tengo secretos mi general -les contestó por entonces el revolucionario radical.

-Vamos, Kennedy, dígame la verdad, ¿qué les hace usted a los caballos? -le preguntó Góis Monteiro.

-Los observo y procedo en consecuencia -contestó Kennedy.

-¿Nada más? No puede ser.

-¿Me permite, mi general? Si usted me pidiera un procedimiento eficaz para conquistar una mujer, ¿cree usted que yo le podría señalar alguno? (Kennedy) -Tiene razón, amigo.

El secreto

Las experiencias de la doma las realizaron siempre juntos, inseparables, padre e hijo, siendo este último un aventajado estudiante de doma al cual un día su padre le dijo: "Hijo, yo no te voy a enseñar nada. Tenés que aprenderlo todo. Observame atentamente y descubrí mi recurso. Si no lo conseguís, me lo llevaré conmigo a la tumba".

Para inicar el trabajo utilizaban idealmente un picadero de arena, rodeado de una pared de dos metros veinte que impedía la distracción del caballo.

El retorno de los Kennedy a la Argentina (gracias a una amnistía) permitió que perfeccionaran su especial cursillo de psicólogos de la doma, ahora dedicados a los purasangre de carrera.

En este campo reeducaron a nombres de peso, como Esporazo, Optimista, Paso, además de ocuparse del singular caso de Soupcon, un caballo de una indocilidad tal que provocó la anulación de una carrea en el Hipódromo de Palermo.

La doma Kennedy fue una especialidad innovadora, que les permitió obtener récords. En 1940, Roberto (padre) trabajó un potrillo del cuidador Roberto Valdés en el Hipodromo de Palermo y lo dejó listo para las cintas en 45 minutos; en 1954, su hijo logró amansar en 12 minutos a un potro alazán de la Escuela de Equitación del Ejército Argentino. Durante el aislamiento de la doma, Roberto (padre) no admitía la entrada de ninguna otra persona que no fueran su hijo Robertito o Arturo Bullrich, que junto al polista José Reynal y Jorge Santamarina (h.) eran las únicas personas ajenas a su familia que habían podido observar cómo trabajaban.

Ya a los 17 años Robertito recibió una millonaria oferta del cantante y actor de cine norteamericano Bing Crosby, para que se trasladara a ese país contratado por una asociación hípica de Nueva York. Pero no abandonó a su maestro, su padre.

"Cuando amarró el barco en el puerto de Buenos Aires -recordó Roberto Kennedy (h.)-, Crosby gritaba: ¡Viva Blackie, viva Kennedy! El había venido también a llevarse a Blackie, una de las mejores yeguas del turf argentino, y el primer caballo de carrera que yo había domado. Pero amaba mucho a mi padre. Por ser fiel a ese lazo no firmé el contrato con Bing Crosby."

Un día, los Kennedy colgaron las armas largas de un pasado de lucha y optaron por los compañeros de tantas horas de sus vidas. Roberto Kennedy (hijo) no se arrepiente, a los 73 años, de su decisión. Con sólo tener cerca a un purasangre, sabe muy bien que fue la correcta.

El otro lado

El capitán de la marina mercante Carlos Néstor Suburu tenía 9 años cuando estalló la revolución de los Kennedy en La Paz. Le tocó en suerte, también a una edad muy temprana, estar del otro lado de la trinchera política durante los dramáticos sucesos. Provenía de una vieja familia de marinos y su abuela tenía en la ciudad entrerriana un almacén de ramos generales, cuyas provisiones -reconoce el marino- fueron escrupulosamente respetadas por los revolucionarios.

"Nosotros habíamos ido a pasar las vacaciones a La Paz -recuerda Suburo- en enero de 1932, justo cuando se produce la intentona. Por suerte, por lo que ocurrió después, ya había pasado el vapor que se llevaba a todos los muchachos del campo a hacer la conscripción en Paraná. Para ellos, gente simple, el servicio militar era un aliciente, que les permitía, además, aprender de paso algún oficio.

"Se dijo, por entonces -agrega- que los revolucionarios venían a matar a mi tío y al agente marítimo. Papá (que también fue capitán de la marina mercante) nos embarcó apresuradamente a todos los chicos, por lo que pudiera a pasar en la ciudad. Recuerdo que mi abuela tenía polleras largas y que nosotros le pasábamos por entre las piernas para poder espiar lo que ocurría en el pueblo. El buque en el que embarcamos se alejó de la orilla y se instaló frente a la costa. Yo no escuché el tiroteo, pero sí recuerdo claramente cómo mi tío me llevó luego al entierro de los policías que mataron los revolucionarios en la puerta de la comisaría. En la ceremonia estaba todo el pueblo.

"Después -sigue Suburo- se corrió la voz de que los Kennedy avanzaban sobre la Prefectura, pero nunca llegaron a atacarla. Para entonces se había hecho evidente que la revolución había fracasado en todo el territorio nacional. Los Kennedy se colocaron arriba de la barranca de Puerto Márquez, a cinco kilómetros de La Paz, y en el pueblo se decía que desde allí mataron a un soldado que iba en la lancha de la Prefectura por el río, porque eran tiradores excepcionales. Se decía también, recuerdo muy bien, que desde la propiedad de su hermana, de apellido Kennedy de Franchini, incluso les tiraban desde el rancho a los aviones del gobierno que pasaban haciendo sobrevuelo."





Fuente: Busquedas. La Saga de los Kennedy Argentinos: Roberto Kennedy (hijo) guarda una doble memoria de su familia: por un lado, la de los revolucionarios radicales que intentaron deponer a Uriburu en un alzamiento locamente audaz y poco recordado. Por otro, la receta de cómo domar caballos mediante la palabra” por Ernesto G. Castrillón y Luis Casabal para el Diario La Nacion del 4 de octubre de 1998.

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martes, 29 de diciembre de 2020

Olga Demitropulos: "Tanco, el pulpo de Tusaquillas" (1999)

La leyenda de don Miguel A. Tanco, "el pulpo de Tusaquillas" (que así lo llamaban sus opositores) caudillo del radicalismo más tradicional, corría de boca en boca en aquellos años.

Desde "Tusaquillas" la finca de su propiedad, tendía sus tentáculos hacia toda la provincia de Jujuy, como el caudillo indiscutido, de prestigio y solvencia del radicalismo.

Quien no lo conocía no conocía Jujuy, y menos el Ramal Jujeño. Aquí tenía sus incondicionales hechos al trabajo pesado y a la diatriba oculta, por eso de tener ideas políticas que no debían verse jamás.

Siempre se dijo aquí que no había nadie que una tanto al trabajador como don Miguel Tanco, y en la primera oportunidad que tuvo como gobernador en 1930, creó el Departamento de Trabajo muy a tiempo, pues el entredicho entre propietarios y obreros ya era insoslayable en el Ramal principalmente. Casi no hubo críticas, ni siquiera de la oposición, ya que urgía una legislación que atendiera también al obrero, dejado de la mano de Dios desde la colonia.

Conocía muy bien Ledesma, su padre había sido transportador de caña en carros hasta Pampa Blanca y Perico en tiempos remotos, la cuestión obrera no le era desconocida en absoluto.

Y era su tema silencioso. En su finca acostumbraba sentarse en una galería sombreada donde recibía a sus acólitos que llegaban desde todos los rincones de la provincia. Dicen que él escuchaba sin abrir la boca todo lo que le decían y guardaba cuidadosamente los papeles que traían en un florero. No tenía confidentes, y lo que pensaba quedaba como siempre en su interior. Así era, a Tanco la gente lo conocía más por sus actos que por su palabra. Y al que habla poco la gente lo respeta y le cree más.

Para darse cuenta de lo que vino después, se debe entender bien esto; El era el nexo, la unión de los radicales en Jujuy. Lo que significa que era él quien también podía dividirlos... y lanzarlos a la estampida general, si el caso se presentaba.

Yrigoyen cedió su candidatura a Marcelo Torcuato Alvear, pero antes de terminar la década volvió a subir a la presidencia. El poder de la oligarquía, más enconada que nunca, lo tenía mal. Nadie le garantizaba ni un penique en el gobierno. Y así fue; no lo dejaron. En 1930 los militares con Uriburu a la cabeza lo derrocaron, en el mismo momento que hizo su aparición un núcleo de oficiales dispuestos a tomar el poder. Allí, por primera vez, Juan Domingo Perón hizo acto de presencia. Apareció justo con la década del treinta, con el comienzo de una era que iba a quebrar los logros democráticos de Irigoyen.

Un buen político, con solo husmear en los acontecimientos, se da cuenta de lo pasajero o irreversible. Un día Tanco dejó su galería sombreada y cómoda y se fue a Buenos Aires. No fue el único viaje. Con su silencio acostumbrado, volvió a irse, para mantener entrevistas; ¿ Con quién?

Algo le atraía en la Secretaría de Trabajo y Previsión, algo con lo que siempre había soñado. El obrero, el hombrede trabajo, planes de organización y poder, más un régimen salarial justo, fue la afinidad que encontró Tanco en Juan Domingo Perón. Además "nosotros provenimos del radicalismo" decía Perón, acomodándose ya entonces su sonrisa de líder. Fue afinidad, no manejo, como dijeron algunos.

En el 46, con el triunfo peronista, el gobernador Alberto Iturbe lo nombró Ministro de Gobierno. Su tarea fue considerable y efectiva.

¿ Y qué fue de sus seguidores, de aquellos fanáticos que juraron no volver a afeitarse la barba hasta que el Yrigoyenismo volviera al poder?

Con el tiempo lograron reunificarse. Volvieron a tener ambiciones, y como veteranos en lides políticas, instalaron de nuevo el radicalismo en Jujuy.







Fuente: Tanco por Olga Demitropulos en "Las 10 décadas de Libertador General San Martín- Jujuy (1899-1999)".

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