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lunes, 29 de mayo de 2017

Raúl Alfonsín: "Unión Soviética: un susto mayúsculo" (25 de agosto de 1991)

Para nosotros, realmente fue eso: un susto tremendo. De pronto, todo se hizo posible: regresiones totalitarias, guerra fría, holocausto nuclear, teoría de la seguridad nacional, libanización latinoamericana. Mientras tanto, algún “tirifilo” decía pomposamente que el suceso podía beneficiar a la Argentina en materia de inversiones.

No voy a intentar en esta nota hacer una interpretación de lo acontecido. Ya demasiadas y variadas habrá leído el lector. Confieso que ante la complejidad de la situación carezco de la información suficiente como para ensayar alguna teoría excluyente. Pero si puedo trasmitir ciertas impresiones directamente vinculadas al tema.

Conocí a Gorbachov durante una visita de Estado a la Unión Soviética, cuando acababa de realizarse en la capital de Islandia su entrevista con el presidente Reagan. Me había interrogado acerca de los resultados en Madrid al momento de partir hacia Moscú y, contra la opinión general, había sostenido que no podía considerarse un fracaso, que a mi entender se había avanzado considerablemente y que el solo hecho de que se hubiera realizado constituía un éxito.

Cuando nos encontramos, me reconfortó comprobar que tenía la misma impresión, lo que no fue sorpresa porque ya lo había anticipado a su pueblo por televisión, pero en la conversación me pareció que estaba hasta entusiasmado.

Había llegado a Moscú posteriormente a mi arribo. Como de costumbre, la recepción había estado a cargo del presidente del Soviet Supremo, a la sazón señor Gromyko, uno de los hombres de mas vasta y larga experiencia del mundo, al que, digámoslo de paso, le dije que tenia la obligación de escribir sus memorias. Me miró sonriente, entre sorprendido y complacido y me dijo que algo estaba haciendo. Entre paréntesis, puedo narrarles un episodio absolutamente trivial, pero realmente sorprendente. Entre las atenciones que se me brindaban, se contaba, por supuesto, una función de gala en el Bolshoi.

Cuando ingresábamos al palco con Gromyko, luego de un intervalo, se incorpora un hombre de avanzada edad que me dice en ingles: tengo una buena noticia para Ud. Hemos encontrado petróleo en su país. Se trataba del legendario señor Hammer, presidente de una de las compañías de los Estados Unidos contratistas del Plan Houston. Realmente, era algo con lo que no contaba.

Gorbachov me recibió en su despacho de secretario general del Partido Comunista en el Kremlin. Tuvimos una larga entrevista, en la que hablamos de la paz, en especial, por supuesto, del desarme y de los cambios que comenzaban a producirse en la economía soviética. Como se sabe, nosotros teníamos un balance comercial demasiado favorable y fue notable la competencia que se originó entre los jefes de diversas empresas del Estado para vendernos producción, desde automotores hasta viviendas. Yo me convencí de que se estaba produciendo un cambio en serio. Un tema de mi interés era el de la guerrilla de Chile. Debía planearlo con sumo cuidado, de modo que no entendiera que yo descontaba alguna responsabilidad de la URSS, lo que no me constaba en absoluto. Comencé planteando la importancia que la Argentina le asignaba a la democratización de la región, especialmente la de Chile, país hermano con el que teníamos unos cinco mil kilómetros de fronteras y el peligro que significaba la aparición de la guerrilla para su futura democratización y para la consolidación de la nuestra. También coincidíamos.

Me impresionó como un hombre claro, franco, seguro, sano, y fuerte moral y psíquicamente, y realmente tiene que haberlo sido para impulsar, en el marco de una impopularidad creciente, un portentoso cambio que pueda superar la trascendencia de la Revolución Francesa que, como ella, puede tener consecuencias imprevisibles y contradicciones complejas y, como ella, ya tiene sus hechos heroicos.

A Shevardnadze lo conocí en Buenos Aires y recuerdo que le comente a Dante Caputo: parece un ministro Frances. Me refería a su aspecto físico, a la delicadeza de sus modales y a la estructura de su pensamiento.

No puedo afirmar si fue en realidad así, pero muchas veces pensé que en lo interno de la Unión Soviética se le exigía demasiado a Gorbachov. Incluso llegue a suponer que el alejamiento de Shevardnadze obedecía a una cuestión táctica. Me preocuparon siempre las reivindicaciones nacionalistas por la influencia conmocionante que podían tener sobre las fuerzas armadas. Confieso que me irritaron muchas actitudes de Yeltsin, a las que juzgue hasta demagógicas, pero que hoy aparece realmente como el héroe de la resistencia. Rechace íntimamente las imputaciones que se le formulaban en el sentido de que se orientaba hacia formas mas autoritarias y me imaginaba su enorme lucha, incomprendida e inadvertida, angustiosa y agobiante, atenazado entre una situación económica desesperante y el reclamo seguramente cada vez mas duro de los enemigos del cambio.

También pensé que desde el exterior no se entendía la situación. Principalmente creí que inexplicablemente Europa no alcanzaba a asumir su responsabilidad. Diversos medios de distintos países me consultaban sobre los posibles perjuicios que podía sufrir America latina a raíz de la orientación hacia el Este de sus inversiones y yo contestaba reiteradamente que Europa estaba absolutamente obligada a hacerlo, agregando, con cierta amargura que, de todos modos, era poco lo que iba a perder nuestra región. Lamento el trato, a mi juicio casi humillante, que se le dio a Gorbachov en la reunión del Grupo de los Siete e imagine su vuelta a Moscu con las manos vacías. Me fastidio la declaración del primer ministro de Canadá cuando afirmo algo parecido a que antes de pedir fondos debía disminuir sus gastos en Defensa. ¡Tan fácil! Ni siquiera se si tengo razón. Solo relato con sinceridad mis impresiones.

De todos modos, y de esto si estoy seguro, ha quedado demostrado, con la resistencia al golpe, que en el impulso al cambio vale tanto como los problemas de la economía o las razones estratégicas la decisión de cada uno de obtener lo que le falta para ser respetado cabalmente en su dignidad: allí faltaban libertades y derechos individuales y el pueblo salio a defenderlos en medio de la penuria económica. Alguna vez lograremos nosotros lo que nos falta: una sociedad más justa e igualitaria.



 
El Dr. Raúl Alfonsín en la Universidad Estatal de Moscú luego de recibir el titulo de "Doctor Honoris Causa" en reconocimiento a su contribución a la ciencia, la promoción de la paz y cooperacion entre las naciones, 1986.






Fuente: “Unión Soviética: un susto mayúsculo” por el ex Presidente de la Nación Argentina Dr. Raúl Alfonsín para la Revista Noticias del 25 de agosto de 1991.
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jueves, 25 de mayo de 2017

Ramiro de Casasbellas: "Senderos que se bifurcan" (19 de mayo de 1999)

Sesenta y cinco años atrás, en 1934, un joven escritor afirmaba:

"El paso de los libres está en la tradición de Ascasubi y del también conspirador José Hernández. La adecuación de la manera de esos poetas al episodio actual es tan feliz que no delata el menor esfuerzo. La tradición, que para muchos es una traba, ha sido un instrumento venturoso para [Arturo] Jauretche. Le ha permitido realizar obra viva, obra que el tiempo cuidará de no preterir, obra que merecerá -yo lo creo- la amistad de las guitarras y de los hombres".

Borges, el autor de estas líneas, tiene entonces treinta y cinco años; Jauretche, el autor de los versos que encomia Borges, dos menos, treinta y tres. No se conocen, al menos en persona: el manuscrito de El paso de los libres, que Jauretche ha compuesto entre enero y mayo del 34, durante su detención en Corrientes, llega a manos de Borges por las de Homero Manzi, al que Borges anoticia de su interés en prologarlo.

Jauretche dirá más adelante que Borges "tardó mucho en entregarme el prólogo", quizá porque "se asustó luego del contenido político" del libro. Lo cierto es que fechó ese texto breve (unas 385 palabras) en el Salto Oriental: allí tenía estancia (Las Nubes) su primo Enrique Amorim, el destacado novelista rioplatense, más que uruguayo, con el que acababa de reconocer la frontera noroeste del Uruguay y Brasil, donde vio matar a un hombre a tiros y supo de gauchos que creyó legendarios, casi del más remoto ayer.

Enterado del aporte borgeano, decide Jauretche salir del anonimato en que pensaba guarecerse y firmar el extenso poema: el libro aparece a fines de 1934, con el sello circunstancial de La Boina Blanca y una tirada de 4000 ejemplares, que se venderán en unos meses.

¿Pudo asustarse Borges del contenido político de la obra? Difícil es entender por qué. Los 1252 versos del poema cuentan, en letra gauchesca, la rebelión radical contra el gobierno de Justo encabezada por el teniente coronel Roberto Bosch en la zona correntina de Paso de los Libres (29 al 31 de diciembre de 1933). Derrotado, Bosch volvió a cruzar el Uruguay rumbo al Brasil, de donde había salido con sus fuerzas.

ARRESTO DOMICILIARIO

Jauretche formó en la columna de Bosch, "entreverado entre puebleros y paisanos correntinos los más, y suboficiales en retiro o dados de baja". La columna pierde 53 hombres, un tercio de los combatientes. Jauretche, que no llega a pasar al Brasil, es detenido junto a otros complotados; un juez federal los salva del rigor de la cárcel al mantenerlos en una insólita especie de arresto domiciliario (cfr. Norberto Galasso, Jauretche y su época, 1985).

Sin embargo, los versos de Jauretche, que no sólo impugnan al gobierno de Justo sino también al de Uriburu, mal podían atemorizar a Borges, antiguo líder del Comité Yrigoyenista de Intelectuales Jóvenes, creado a fines de 1927, con sede en la casa paterna de la avenida Quintana 222, para apoyar la reelección del ex presidente.

El mismo Borges que, dos semanas antes de los comicios de 1928, ya da vencedor a Yrigoyen, al cual exalta por tratarse de "la continuidad argentina", de un "nobilísimo conspirador del bien", que "no ha precisado ofrecernos otro espectáculo que el de su apasionado vivir, dedicado con fidelidad celosa a la patria", y por ser, además, "el presente que, sin desmemoriarse del pasado y honrándose con él, se hace porvenir".

Verdad es que Borges se llamó a silencio público ante el derrocamiento y la prisión de Yrigoyen, en 1930-32, y aun ante su muerte, en 1933. Pero más que asustarse del contenido político de una obra que vindicaba la última rebelión yrigoyenista de la serie iniciada, en 1931, por el teniente coronel Gregorio Pomar, lo que debió de sentir Borges es nostalgia.

Nostalgia de su brioso yrigoyenismo de finales de la década del 20, y nostalgia, también -y tal vez-, del Borges criollista -un sí es no es rosista- y barrioporteñófilo de los poemas y ensayos reunidos en 1923-28, al que había empezado a decir adiós con el Evaristo Carriego, de 1930.

LA ODIOSA HISTORIA

En los gauchos de El paso de los libres revivió quizás a los de Salto, Artigas, Rivera, Santa Anna do Livramento (donde Hernández, exiliado con Ricardo López Jordán tras la derrota de Ñaembé, en 1871, empezó a componer el Martín Fierro), tan nítido en su memoria, entonces, y se revivió a sí mismo.

Nada y nadie lo obligaban a sumar su nombre, ya de cierta notoriedad, a los versos gauchescos de un desconocido que vilipendiaba al régimen y enaltecía a sus adversarios. Por lo tanto, es lícito advertir que el poema lo conmovió. Borges (el Borges que había declarado, en 1932: "Vida y muerte le han faltado a mi vida") así lo admite: el poema de Jauretche refiere una "patriada", y la patriada "es uno de los pocos rasgos decentes de la odiosa historia de América".

"En la patriada actual -añade-, cabe decir que está descontado el fracaso, un fracaso amargado por la irrisión." Quienes, como los hombres de Bosch, se lanzan a la patriada "corren el albur de la muerte, de una muerte que será decretada insignificante".

El tiempo, según estimaba Borges, cuidó de no preterir el libro de Jauretche, que conserva aún su poesía viril y estremecedora, alabada en su momento por Pedro Henríquez Ureña. Pero no procedió igual con las relaciones Borges-Jauretche. En 1935, declina Borges la invitación a integrar Forja (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), una línea interna yrigoyenista de la UCR, entre cuyos fundadores están Jauretche y Manzi. Diez años después, en 1945, Jauretche adhiere al peronismo naciente (Manzi lo hará en 1948), mientras que Borges toma el camino opuesto. En adelante, Borges olvidará a Jauretche, no así Jauretche, que ha de zaherir a Borges una y otra vez. Los senderos se habían bifurcado para siempre...

Borges no recogerá el lúcido ensayo de 1934 en ninguna de sus obras, ni siquiera en Prólogos (1975). En una de las escasas reediciones de El paso de los libres (son tres) tampoco apareció el prólogo de Borges (1960). Biógrafos y estudiosos de Borges lo pasan por alto, salvo, si no me equivoco, Horacio Salas (1994) y Rafael Olea Franco (1993).

Pero hacia 1970, interrogado acerca del texto de 1934, Borges, aun trastrocando fechas, lugares y episodios (asegura que Jauretche fue el que pidió el prólogo, cuando sucedió al revés), dijo a Fernando Sorrentino:

"Yo no tengo por qué avergonzarme de haber prologado un libro de versos que me parecía y que quizá, si lo releyera, seguiría pareciéndome bueno".

Un libro en que "hay versos muy lindos" y que tal vez le dio la oportunidad de despedirse del Borges de los años 20.



Arturo Jauretche, Homero Manzi y Jorge Luis Borges circa de 1930





Fuente: Senderos que se bifurcan por Ramiro de Casasbellas ex director de la revista Primera Plana y subdirector del diario La Opinión para La Nacion del 19 de mayo de 1999.
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martes, 23 de mayo de 2017

Manuel de Rivacoba y Rivacoba: "Yrigoyen y el Krausismo" (1968)

Hechas estas observaciones, todavía debemos formular otra que nos anima a creer en la necesidad y conveniencia de este trabajo que hoy ofrecemos al público; necesidad y conveniencia que, si acertamos a servirlas, se convertirán en utilidad. Esta última observación tiene un alcance más restringido y concreto: se circunscribe a la América Hispana y, con mayor exactitud, a la Argentina; pero, por lo mismo y con arreglo a la vieja ley lógica, diríamos que dentro de estos límites refuerza aun más la importancia del tema que tratamos en los capítulos que subsiguen. Con toda sinceridad creemos que no puede prescindirse del conocimiento del krausismo y, en particular, de sus doctrinas jurídicas para comprender la actitud y la ideología de un hombre que, cualquiera que sea el juicio que se formule sobre él, no puede negarse que poseía fortísima y subyugante personalidad ni que signó con su huella buena parte de la historia argentina, trazando quizá –por adhesión o por oposición a él sus destinos perdurables y abriendo rumbos definitivos; bajo cuya influencia, en fin, muchos años después de su muerte, está o cuya inspiración busca quizá la mayoría de cuantos hoy se esfuerzan en este gran país por salvar el presente y asegurar un futuro genuinamente argentino.

Es claro que me estoy refiriendo a Hipólito Yrigoyen. Siendo, muy joven, en la década del 80 al 90 del siglo pasado, profesor de Filosofía en la enseñanza secundaria, “toma contacto con el krausismo, que parece hecho a su medida”. Hay para creer que no conoció las obras originales de Krause ni de sus discípulos más directos e inmediatos, sino las de los krausistas españoles, inspiradas en aquellos, así como alguna traducción hecha por estos. De la impresión, sin embargo, que el krausismo hubo de producirle, así como de una valoración que indudablemente no contaba con la información suficiente para que resultara ponderada y ecuánime, da idea el hecho de que considerase a Tiberghien “el más profundo espíritu que ha producido la humanidad y el mas grande entre los filósofos”. Sea cualquiera el grado de exageración que este juicio envuelva, lo innegable es que revela una estimación altísima del krausismo.

Ahora bien:

“¿Comprende bien el krausismo Hipólito Yrigoyen?”, se pregunta su biógrafo, y responde:

“Creo que no leyó a Krause sino a Tiberghein y a otros comentadores suyos. Tal vez no ha entendido profundamente la metafísica krausistas, pero sí la parte ética y política, que son accesibles a cualquiera… Yrigoyen no ha podido comprender a fondo el krausismo ni ninguna otra doctrina filosófica. Pero, hombre de extraordinarias intuiciones, ha adivinado su esencia y con ella ha enriquecido su espíritu”. El caso es -que como nos dice el mismo autor- “el krausismo de Yrigoyen se observa en sus escritos, en su vida publica y en su obra de gobernante”.

Por nuestra parte, sin poder preciarnos desdichadamente de conocer a fondo la personalidad ni el pensamiento ni la obra del famoso gobernante argentino, solo queremos recordar aquí aquellas nobles palabras que pronunció en el mensaje que dirigió al presidente Hoover en el acto de inaugurar las comunicaciones radiotelefónicas entre la Argentina y los Estados Unidos, en abril de 1930:

“Los hombres deben ser sagrados para las hombres y los pueblos para los pueblos”

En las que no se sabe que admirar más, si la profundidad del pensamiento, si la belleza de la expresión, si la perfecta adecuación y conformidad entre ambas, si la fidelidad con que ajustó su conducta de gobernante a estas su mas intimas convicciones, si el valor con que las sostuvo en los hechos y con que se las enrostra sin disimulos al jefe de la nación más poderosa de America o si, finalmente, la perennidad de la concepción intelectual y del sentido moral que encierran y la permanente lección que por ello representan para la humanidad en general y en especial para los grandes de la tierra.

Es sencillamente maravilloso y magnifico ver al presidente de una sin duda nueva y gloriosa nación , pero que entonces no pesaba ni aun contaba en la política mundial, intuyendo clarividente los destinos del mundo y enseñando sin arredrarse ante los grandes y poderosos una doctrina que bien pudiera servir de principio fundamental, de programa básico para una política interna liberal y humanística y para unas relaciones internacionales que lo fueran propiamente, esto es, que no encubrieran designios de supremacía y que tradujeran a los hechos reales la decantada igualdad y respeto entre los pueblos.

Y por mas que las tareas del intelecto no tienen nacionalidad ni reconocen fronteras, constituye motivo de intima satisfacción para quien se dedica a ellas, que el tema de sus investigaciones despierte parigual y singular interés juntamente en aquella tierra en que nació, a la que ama filialmente y a que espera regresar un día, y en esta otra en que le han acogido con generosa hospitalidad, en la que trabaja y a la que ama y debe gratitud.











Fuente: “Introducción a Krausismo y Derecho” (Fragmento) del Dr. Manuel de Rivacoba y Rivacoba ex Ministro Plenipotenciario, Delegado Diplomático Oficioso del Gobierno de la República Española en el Exilio, Editorial Castellvi S. A. – Santa Fe, Argentina, 1968.


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domingo, 21 de mayo de 2017

Revista Ahora: "Elpidio González, ex Vicepresidente de la República Argentina, se gana la vida vendiendo anilinas" (1935)

¿Un reportaje a Elpidio González? Es hoy en el país el hombre más inabordable para esta clase de entrevistas. El periodista que llega hasta él, se encuentra con una persona atenta, gentil, pero hermética.

-No hablaré para el público. Me lo he propuesto y lo cumplo, y lo cumpliré.

Ese “no” lo repite a diario a los que lo visitan, enviados por órganos de publicidad, que tienen interés en conocer lo que piensa quien actuó tan en primera fila en las mas altas posiciones de la Republica. El mismo exclama al requerimiento del redactor:

-Irrevocable. Estoy muerto voluntariamente para la acción política. Desde el 6 de septiembre de 1930, me propuse a callar, y por nada he de variar la conducta que tracé entonces.

EL HOMBRE, TAL COMO ERA AHORA

Frente a él, el cronista observa atentamente su físico, sus maneras; percibe sus palabras. La barba entrecana, rebelde, le cubre todo el rostro y presta a su imagen algo así como un reflejo de asceta.

La nariz aligueña sobresale como un índice, mientras los labios finos filtran las silabas con suave sonoridad. El acento de Elpidio González es sereno. No atropella, no se “come” las letras, no apocopa, no esconde lo que siente o concibe.

-No hablaré- repite con firme resolución.

El cronista emplea otra táctica.

Lleva el diálogo a terrenos más confidenciales; promete no insistir en su interés reporticio. Esta en el escritorio en donde el ex Vicepresidente de la Nación gana su sustento en la modestia eximía de un simple corredor de comercio.

Su ojo avizor y avezado descubre el ambiente y las cosas que rodean al que fue gobernante: un cuarto de quinto piso porteño, en el corazón de la ciudad, provisto de una mesa sin adornos, cuatro sillas, dos o tres fotografías sin marco, que recuerdan algunas escenas oficiales en que actuó; nada más. Ni sofás, ni butacas lujosas, ni antesalas atrayentes. Como su propio indumento, la frugalidad impera en la oficina del ex político y secretario de estado.

En la entrada, una chapa de bronce, pequeña, que dice:

“Elpidio González”

LA SILUETA FAMILIAR EN LA CALLES DE BUENOS AIRES

La silueta familiar de González, en las calles de Buenos Aires, es saludada por los transeúntes con cierta simpatía, que emerge precisamente de su humildad. Con su bastón y su paso tranquilo, cruza la urbe que bulle, y suele escuchar la mención de sorpresa que lo indica a la curiosidad popular.

La barba lo ha transformado, quitándole el aspecto fisonómico de sus épocas de poder. Vamos a preguntarle la causa de esa modificación en sus hábitos. Nos detenemos. Es acaso un voto intimido, una señal de renunciamiento a anhelos de lucha que abrazó desde niño.

-Durante su primera detención por el gobierno del General Uriburu, resolvió no afeitarse. En la cárcel se dejó crecer el pelo, hasta ahora. –Esto nos informa un amigo que conoce su vida de sufrimientos y dolores.

-¡He visto tanto, tanto!

Don Elpidio González manifiesta al cronista que se ha levantado después de algunos meses de enfermedad.

-Me asaltó una parálisis que me afectó la vista. Me he salvado por milagro de Dios. Si lo encuentro a usted en la calle, y no lo reconozco, discúlpeme… Solo veo con el ojo izquierdo. El derecho lo he perdido.

Hago un movimiento nacido de la impresión que produce la estoicidad con que señala su terrible dolencia, su falla visual.

Sonríe. En su semblante se refleja una conformidad que asombra.

-¿Usted cree que me desespero?
De ninguna manera… Me basta un ojo para seguir percibiendo…
He visto tanto, tanto con los dos, que ya no me atrae el mundo…

LA AMARGURA

El dejo melancólico de su confesión es una buena coyuntura para adentrarse en ese espíritu, que se acoraza en lo recóndito de su energía moral y que existe en un plano psíquico especialísimo.








Fuente: Facsímil de la nota “Elpidio González, ex Vicepresidente de la República Argentina, se gana la vida vendiendo anilinas” por Manuel María Oliver para la  Revista Ahora de 1935.
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jueves, 18 de mayo de 2017

Federación Universitaria de Córdoba: "Acta de Constitución" (16 y 17 de mayo de 1918)

Federación Universitaria de Córdoba

ACTA DE CONSTITUCIÓN

Resoluciones adoptadas

SESIÓN DEL 16 Y 17 DE MAYO DE 1918

Presidencia de D. Enrique Barros, Secretaría de D. Jorge L. Bazante

En la ciudad de Córdoba a los diez y seis del mes de Mayo de mil novecientos diez y ocho, reunidos en el local del Centro de Estudiantes de Ciencias Medicas los señores delegados por los Centros de Medicina, Derecho e Ingeniería, anotados al margen, se declara constituida la Federación Universitaria de Córdoba, bajo la presidencia del señor presidencia del Centro de Medicina don Enrique F. Barros y secretario actuante, siendo las 6 p. m.

Acto seguido hace uso de la palabra el señor delegado D. Horacio Valdés y pone a consideración de los señores delegados el proyecto de bases de constitución por la que se deberá regir la F.U. de C.

Se da lectura por secretaria al mencionado proyecto de bases y se aprueba en general, para entrar a su consideración en particular.

Ampliamente discutido el articulo 1°, respecto a su interpretación se resuelve aprobarlo con la aclaración previa: “Hasta tanto se sancione los estatutos definitivos de la F.U. de C. los delegados de los distintos centros de las facultadas para constituirlos adoptan las siguientes bases provisorias.

Bases provisorias de la F. U. de C.

Articulo 1°: Con el nombre de F.U. de Córdoba, constituyese una Comisión que representara conjuntamente a los Centros de Estudiantes de las Facultades existentes en la Universidad de Córdoba, para los siguientes fines:

a)      Realizar la unión efectiva de todos los estudiantes universitarios.

b)     Someter toda gestión sobre asuntos de índole universitaria a su exclusiva dirección.

c)      Representar conjunta o separadamente a los diversos centros de estudiantes y defender los intereses de los mismos y de los socios que los componen.

Artículo 2°: La F.U. estará formada por los delegados siguientes:

a)      Cuatro por cada centro, elegidos en la forma que determinen sus estatutos y

b)     Los presidentes de cada centro.


Articulo 3°: Estos últimos constituirán la “Comisión Ejecutiva” y ejercerán conjuntamente la Presidencia de la Federación.

De entre los delegados a que se refiere el inciso a, del articulo anterior, la Federación elegirá tres secretarios, uno de cada centro, y un tesorero, que al mismo tiempo será administrador alternativamente las sesiones, y no tendrán voto en la sesión que presidan; sino para el desempate.

Articulo 4°: Para que la Federación pueda sesionar es necesario la asistencia de las dos terceras partes de sus miembros, previa citación general, en cuyo caso puede hacer uso de las siguientes atribuciones:

a)      Ejecutar todos los actos conducentes a la realización de los fines para que se la instituyó y en especial aquellos relacionados con la organización universitaria, mejoramiento de los estudios, selección del profesorado, representación estudiantil en los consejos, fundación de la Casa de Estudiantes, implantación de la extensión universitaria, etc., etc.

b)     Imponer una cuota, con que contribuirán los centros federados para la formación de la caja de la Federación, la que no podrá pasar de $25 mensuales.

c)      Aprobar los Estatutos de la F.U. Argentina y nombrar los delegados a la misma.

d)     Interpretar y hacer cumplir estas bases.

Articulo 5°: La Junta Ejecutiva, en casos urgentes, podrá tomar por sí resoluciones, dando cuenta motivada en la primera reunión.

Articulo 6°: Los diversos centros conservan toda la autonomía necesaria para su régimen interno y administración de sus bienes; pero toda gestión que caiga dentro de las enunciaciones de los incisos a,b, y c del art. 1°, los centros se abstendrán de practicar, correspondiéndoles a fin de que esta los efectúe.

Nombramientos

Aprobadas las Bases se confirmó en la presidencia de la sesión al señor Enrique F. Barros y se procede a designar secretarios, resultado electos los señores Jorge L. Bazante, Ceferino Garzón Maceda y Ernesto Garzón, por los Centros de Medicina, Derecho e Ingeniería respectivamente. Nombrase tesorero de la F.U. de C. a D. Carlos Suárez Pinto.

La Gaceta Universitaria

Acto continuo, se da lectura por secretaría al proyecto presentado por el señor Barros por el cual se acepta la donación hecha por el mismo y el señor Horacio Valdés, como propietario y directores de LA GACETA UNIVERSITARIA y se declara dicha publicación órgano oficial de la F.U. de C. Por moción del señor Bazante se adopta un agregado agradeciendo su cesión. Nombrase, además director de LA GACETA UNIVERSITARIA a D. Emilio Biagosch y el proyecto presentado con las modificaciones introducidas, queda sancionado en los siguientes términos:

Atento el ofrecimiento hecho por los directores y propietarios de LA GACETA UNIVERSITARIA  de ceder dicha publicación con todos sus derechos y acciones, y sin ningún compromiso de parte de esta entidad, la Federación Universitaria.

RESUELVE

  1. Aceptase dichos ofrecimientos dándose las gracias a los donantes.

  2. Declarase órgano oficial de la Federación Universitaria a LA GACETA UNIVERSITARIA.

  3. Nombrase a D. Emilio Biagosch para que dirija LA GACETA UNIVERSITARIA y proyecto el reglamento de esa publicación.


Casa del Estudiante

Se lee por secretaría un segundo proyecto del señor Barros, por el cual se crea la Casa de Estudiante, y resultando aprobado por unanimidad, se designa para constituir la comisión que en el mismo figura a los señores Sayago, Méndez, y Nigro, quedando el proyecto aprobado en la siguiente forma:

Siendo de conveniencia de cada uno de los centros asociados y de la Federación Universitaria disponer de un local propio para las sesiones de sus cuerpos directivos y que, a la vez, reúna a todos los estudiantes, facilitando el acercamiento reciproco y, como consecuencia, una mas estrecha solidaridad, la Federación Universitaria.

RESUELVE

  1. Crease la Casa del Estudiante, como local oficial de la Federación Universitaria, de los centros asociados y de LA GACETA UNIVERSITARIA.

  2. Designase una comisión, compuesta por los señores Gumersindo Sayago, Luis Méndez, Ángel J. Nigro, para que informe sobre las condiciones en que puede realizarse dicha iniciativa, formule el presupuesto de gastos y recursos y proyecte el reglamento de la fundación.

Enrique F. Barros, Ismael Bordabehere, Horacio Valdés, presidente; Jorge L. Bazante, Ernesto Garzón, Ceferino Garzón Maceda, secretarios.




Fuente: Facsímil de la Acta Constitutiva de la Federación Universitaria de Córdoba, sesión del 16 y 17 de mayo de 1918.



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domingo, 14 de mayo de 2017

Ramón Puerta: "Discurso de Asunción como Presidente Provisional del Senado de la Nación Argentina" (29 de noviembre de 2001)

Sra. Presidenta (Negre de Alonso). -- Invito al señor Federico Ramón Puerta a pasar al estrado para prestar el juramento como presidente provisional del Honorable Senado.

- Luego de unos instantes:

Sra. Presidenta (Negre de Alonso). -- Señor senador nacional electo don Federico Ramón Puerta: ¿juráis a la Patria por Dios y estos Santos Evangelios desempeñar debidamente el cargo de presidente provisional del Honorable Senado de la Nación que os ha sido confiado y obrar en todo de conformidad con lo que prescribe la Constitución Nacional?

Sr. senador electo Puerta. -- ¡Sí, juro!

Sra. Presidenta (Negre de Alonso). -- Si así no lo hiciereis, Dios y la Patria os lo demanden. (Aplausos)

La Presidencia invita a quien acaba de ser designado como presidente provisional del Senado de la Nación a hacer uso de la palabra.

Sr. senador electo Puerta. -- Queridos senadoras y senadores, amigos gobernadores, jefes sindicales, autoridades, señoras y señores: quiero agradecer al pueblo de mi provincia, que me ha dado esta enorme responsabilidad de representarlo en calidad de senador, y a los pares, que me han elegido presidente provisional de este alto cuerpo en un momento especial de nuestra República.

Y digo que se trata de un momento especial porque después de la reforma constitucional de 1994 tenemos un Senado elegido con voto directo y con una fuerte presencia de la mujer argentina. Y este es un dato no pequeño. En efecto, para alguien que tiene su fe y su militancia en el justicialismo la inserción de la mujer en la vida plena de la política no es poca cosa. Y para aquellos argentinos que creemos que nuestro país va a encontrar el camino con el esfuerzo de todos, esto también hace a una realidad del conjunto, que hoy tiene al peronismo como garante de las instituciones. Nuestra historia de más de medio siglo lo atestigua.

Las razones constitucionales y legales que ha expuesto el doctor Maqueda han sido contundentes, pero las razones políticas van incluso mucho más allá y hacen a lo que conocemos los argentinos, porque el peronismo ha sido siempre una fuerza que buscó resolver los problemas.

En consecuencia, con una decisión de esta naturaleza, como es la de presidir esta alta Cámara, no podríamos complicar la gestión de un presidente al que hemos ayudado durante dos años y los seguiremos haciendo.

Este es mi compromiso ciudadano, el de argentino bien nacido; voy a volcar las horas de trabajo, que serán muchas, y la historia de mi familia --que es larga en esta tierra-- para que haya gobernabilidad, para que tengamos menos pobres y para que conformemos una agenda parlamentaria en donde se prolonguen inmediatamente las sesiones ordinarias.

Debemos hacer realidad el seguro de empleo y la reactivación de la economía. Estas son tareas de un Ejecutivo que hoy no cuenta con vicepresidente. Nosotros somos el Poder Legislativo y nos toca conducir ambas cámaras. Los proyectos de ley que impulsaremos estarán encaminados a resolver estas cuestiones, pero también a dar tranquilidad a todos los argentinos.

Por lo tanto, lejos de complicarse el panorama político hoy se fortalece una Cámara que, en mi particular modo de ver, ha tenido entre 1999 y 2001 una condición sui generis, porque quien presidía este cuerpo no contaba con la mayoría de los integrantes de su misma visión política.

En cualquier democracia del mundo a los cuerpos colegiados los conducen las mayorías. Entonces, el justicialismo no podía desoír -como nunca lo hizo- el mandato de las urnas, del 14 de octubre, que nos dijo que ocupáramos este lugar. Por ello empecé agradeciendo al pueblo de mi provincia y a los pares de cada una de las provincias argentinas que han depositado su confianza en mí. Y en el agradecimiento no olvidé a los gobernadores, porque en la tarea de gobernar no solamente incluimos al presidente de la Rúa sino también a los veinticuatro gobernadores de la República Argentina, que tienen el mismo derecho y la misma necesidad. (Aplausos.)

No interpreto una nación como un simple concepto de una cuenta fiscal. La Nación vista solamente como un espacio en un papel, en un presupuesto, no es el concepto de la Argentina federal, donde la sumatoria de las veinticuatro provincias hacen la realidad del país de carne y hueso, donde están los habitantes, los niños que estudian, los que sufren y los que buscan trabajo. Esta tarea el justicialismo la sabrá interpretar; ese es mi compromiso en este alto estrado: trabajar para conseguir estos objetivos sin terceras intenciones. Me parece que entrar a analizar otras cuestiones es una pequeñez.

Desde 1983 trabajamos incesantemente para que el doctor Alfonsín fuera el verdadero presidente que consolidara la democracia, para que el ex presidente Menem tuviera dos mandatos --en donde se produjo una modernización y se insertó a la Argentina en el mundo-- , y ahora también trabajaremos para que el doctor de la Rúa termine su mandato en 2003 y nos dé la posibilidad, a quienes desde el justicialismo aspiramos a conducir a partir de ese año el destino de la Argentina, de recibir un país en mejor situación, con esperanza y en condiciones de dar techo y una casa común a todos aquellos que la necesitan. (Aplausos.)

Más allá de nuestras diferencias políticas, entiendo que aquellas bancas que hoy están vacías, en la próxima sesión estarán bien cubiertas con la representación de una primera minoría que, con el transcurso de las horas, se sumará a una tarea en la que, obviamente, no vamos a estar ausentes quienes hemos transitado y militado en la más difícil y vapuleada de las actividades que hoy tiene la Argentina, que es la política. Creo en ella como un apostolado y en la honestidad y la buena voluntad de los hombres y mujeres que se desenvuelven en esta actividad. Por eso he aceptado la propuesta de mi bloque. (Aplausos)










Fuente: Diario de Sesiones del Honorable Cámara de Senadores de la Nación Argentina.
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jueves, 11 de mayo de 2017

John William Cooke: "Yrigoyen y sus enemigos" (diciembre de 1964)

Fue Yrigoyen quien, orientándose como pudo, infligió serias derrotas al aparato que asfixiaba al país. El yrigoyenismo fue un movimiento de masas que expresaba la tendencia al crecimiento del país, frenado por la alianza de la aristocracia latifundista y el imperio británico.

En el gobierno tuvo entre otros méritos, el de cumplir con su promesa de no enajenar ninguna parte de la riqueza pública ni ceder el domino del Estado sobre ella. En un asunto clave como el ferroviario, su acción fue fecunda, y demostró una comprensión cabal cuando, al vetar la ley del Congreso que traspasaba las líneas del Estado a una empresa mixta, afirmó en el Mensaje: 

“el servicio público de la naturaleza del que nos ocupa ha de considerarse principalmente como Instrumento de Gobierno con fines de fomento y progreso para las regiones que sirve”.

El apoyo a YPF, la tentativa de crear un Banco del Estado y un Banco Agrícola, la compra de barcos, etc.., son otras tantas pruebas de su orientación nacionalista.

Su política internacional fue digna, altiva, independiente, y retomó el sentido latinoamericanista que poseían los hombres de la Independencia y que se perdió a mediados de siglo pasado.

Es bueno insistir sobre el manto de plomo que recubría la cultura del país. Las voces solitarias de aquí y allá que querían agregar un aporte renovador, estaban fuera (o se las dejaba rápidamente) de los medios de difusión capaces de amplificarlas hasta influir en la conciencia política nacional. La transición a concepciones políticas más adelantadas y claras que pudo producirse dentro del radicalismo, fue cosa que no ocurrió. Fuera de él, en las fuerzas organizativas, había un páramo ideológico.

El Partido Conservador, representante de la oligarquía terrateniente, no se resignó a la pérdida del gobierno ocasionada por la aplicación del sufragio libre. Mientras esperaba la hora de recuperar el poder por la violencia, su táctica consistió en unir todas las fuerzas posibles bajo el lema negativo de hacer antirradicalismo (luego, cuando contó con aliados en el propio radicalismo, su bandera sería el “antiyrigoyenismo”).

El aliado más consecuente que siempre tuvieron los conservadores fue el Partido Socialista, que no sólo los acompañó en las maniobras concretas contra el radicalismo, sino que también lo haría contra el peronismo.

Buenos Aires, puerto de factoría que servía a la intermediación importadora-exportadora, centro burocrático al que convergían los inmigrantes y los criollos desplazados por el latifundio, era la única realidad que veían –incompleta y erróneamente, además- los socialistas. Por el resto del país sentían el mismo desprecio que los “civilizadores” mitristas y rivadavianos.

La gran mayoría de los explotados estaba en el campo: eran los peones de la estancia, los obrajeros, los hijos de la tierra convertidos en mano de obra miserable.

La Argentina quedaba seccionada en una porción industrial y en otra que no lo era, cuyos respectivos asalariados se incomunicaban entre sí y perseguían objetivos contrapuestos. Era una estrategia que podía deparar algunas mejoras a sectores reducidos del proletariado (creando nuevos motivos de desunión interclasista), pero le vedaba la lucha política para avanzar en conjunto como clase. Los obreros industriales, sin peso en el cuadro global de la economía subdesarrollada, no podían ser factor de transformaciones revolucionarias, si actuaban de espaldas al resto de los perjudicados por el sistema oligárquico imperialista. A cambio de la fantasía de buscar una liberación exclusiva, para ellos solos, en medio de la Argentina desangrada, rompían el frente capaz de obtener una liberación real, y abdicaban del papel que les correspondía dentro de ese frente como clase revolucionaria.

En suma, no les quedaba más que “el sindicalismo puro”, la lucha economista por mejoras inmediatas, aunque debilitados por renunciar a la solidaridad de los otros grupos de intereses comunes, y votar por los socialistas, con lo que terminarían de suicidarse. Como el Partido Socialista era enemigo de la industrialización, la clase proletaria no crecería, y como también era librecambista y enemigo de lo que llamaba las “industrias artificiales”, cuando éstas desapareciesen, los obreros sin trabajo aumentarían la oferta de mano de obra y bajarían los salarios. Limitándose a una política meramente encaminada a las mejoras salariales en la industria, éstas servirían, por una parte, para aumentar la diferencia entre las remuneraciones de la ciudad y del campo, característica de los países subdesarrollados. Al mismo tiempo, servirían de pretexto para el aumento de costos de producción y, sin proteccionismo, las industrias quedarían en peores condiciones ante la competencia extranjera.

Con estas menciones basta para apreciar que si el Partido Socialista nos ha negado siempre hasta “la leche de la clemencia”, no es por oportunismo ni por improvisación, sino por una vocación rectilínea –desde la cuna hasta la tumba-.

La oligarquía, copiando instituciones liberales, y el Dr. Justo remedando enfoques socialistas, llegaban siempre a las mismas conclusiones y compartían los mismos prejuicios. Por ejemplo, al peón de tambo y al obrajero que los oligarcas explotaban y denigraban, el Dr. Justo los crucificaba teóricamente negándoles toda capacidad política. Su discípulo, el Dr. Repetto, explica que era imposible hacerles comprender razones “porque se trata de gente muy ignorante, envilecida en una vida casi salvaje”.

Mencionamos las modalidades que los hacen indistinguibles del conservadorismo. Destacaremos algo que acredita a los socialistas como caso político único. Es el partido socialista del mundo colonial y semicolonial que nunca fue antiimperialista, ni siquiera doctrinariamente. Más aún: es el único partido socialista del mundo que ha defendido expresamente al imperialismo. Hasta los más viscosos amarillismos social-demócratas de Europa, beneficiarios y cómplices de la política colonial de sus burguesías, al menos en teoría han condenado al imperialismo.

En la Argentina tenemos un fenómeno mundial: un partido socialista proimperialista en la teoría y en la práctica.

Los designios de Estados Unidos de imponer su hegemonía en todo el continente, no constituían ningún secreto: sus hombres de Estado lo venían proclamando desde hacía un siglo, y había muchos hechos probatorios en exceso, la oposición a los proyectos de Bolívar para la unificación continental, la destrucción de nuestro Puerto Soledad en las Malvinas, el robo a México de más de la mitad de su territorio, las depredaciones en Nicaragua, la incursión naval contra Paraguay, eran algunos ejemplos. Pero cuando la intervención yanqui en Cuba, a principios del siglo XX, Juan B. Justo observó: “Apenas libres del gobierno español, los cubanos riñeron entre sí hasta que ha ido un general norteamericano a poner y mantener la paz a esos hombres de otras lenguas y otras razas. Dudemos pues de nuestra civilización”. Dudemos más bien de los socialistas cipayos, porque hasta los obrajeros analfabetos del Dr. Repetto, saben que cuando los cubanos tenían ganada la guerra de la Independencia, en 1898, los norteamericanos, mediante una provocación, tomaron parte en la contienda y se constituyeron en usufructuarios del sacrificio de los isleños que venían guerreando desde hacía treinta años, firmaron un tratado de paz con España sin dar intervención a los cubanos, y se apoderaron de las Filipinas, Guam, Puerto Rico, etc. En Cuba nombraron un gobernador militar y sólo lo retiraron cuando se les dio la base de Guantánamo (que todavía ocupan) y se les reconoció el derecho de intervenir militarmente. Cada vez que había protestas por el fraude con que se elegía a un presidente amanuense de los yanquis, estos mandaban fuerzas amparados en esa concesión.

Únicamente a los socialistas argentinos se les podía ocurrir echarle la culpa a los cubanos de esas intervenciones imperialistas que sufrieron todas las naciones que estaban en el radio geopolítico de Estados Unidos.

Cuando decía “dudemos de nuestra civilización”, se trataba de una ironía justista: quería decir que estaba seguro de nuestra barbarie. Como la civilización y el progreso sólo pueden llegar del extranjero, también aplaudieron la maniobra yanqui que quitó una provincia a Colombia y creó la república artificial de Panamá. Pensaban, como los yanquis, que nuestro continente sería un emporio de civilización si no estuviese poblado por latinoamericanos.

Lenin, explicando la desviación reformista de los movimientos europeos que recibían su cuota del producto colonialista, dijo que “el partido obrero-burgués es inevitable en todos los países imperialistas”. Ha mencionado asimismo que “en todos los países en los que existe el modo de producción capitalista hay un socialismo que expresa la ideología de las clases que han de ser sustituidas por la burguesía”. En esta segunda categoría estaría el Partido Socialista de nuestro país sin describirlo totalmente. La Argentina, siempre al día con las modas del Viejo Mundo, quiso darse el lujo de tener un partido obrero-oligárquico-proimperialista, una creación de la fantaciencia política. Desde que se acriollaron los inmigrantes, nunca más consiguieron reclutar a un proletario. Cuando en la Casa del Pueblo ven acercarse a un grupo de obreros, cierran las puertas y piden custodia policial.

En 1930 la situación se tornó mucho peor, los efectos de la crisis se sentían fuertemente y la reacción afilaba sus cuchillos. Como después pudo verse, el curso de la economía en todo el mundo no admitía ninguna salida de la depresión. Había que capearla lo mejor posible. Pero la maquinaria de la oligarquía le permitía exagerar las fallas del gobierno, atribuirle la culpa de procesos que eran inevitables y marcarlo como responsable del descontento popular.

El Partido Socialista, infaltable en las grandes infamias contra el país, dio una batalla parlamentaria contra la ley de nacionalización del petróleo y lo mismo su desprendimiento, el Partido Socialista Independiente, se sumó al escándalo callejero, arrastrando a los bobalicones de la pequeña buguesía portuaria, que creían que aquellos tribunos municipales eran la última palabra en materia de progresismo y audacia de pensamiento.

Entre otras lindezas, el diario La Nación emitió este juicio sintético:

“No se recuerda ninguna época de fanatismo y corrupción como ésta”.

Y La Prensa:

“Nunca antes en la Argentina, un gobierno quiso mostrarse y se mostró más prepotente, omnisciente, ni llegó a dejar mayor constancia de su incapacidad de actuar, respetar y ser respetado.

Por su parte el Partido Comunista no aportaba nada al esclarecimiento de las cosas, por el contrario, definió al gobierno de Yrigoyen como “reaccionario” y “fascistizante”. 

El clásico frente antipopular, perfectamente sincronizado, sacó a relucir sus grandes palabras y los militares de cabeza hueca hicieron de verdugos.









Fuente: “Yrigoyen y sus enemigos” por John William Cooke - Apuntes para la militancia – diciembre de 1964.
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martes, 9 de mayo de 2017

Manuel Ortiz Pereyra: "Un llamado a los radicales" (15 de octubre de 1930)

Conciudadanos radicales:

Sin otro titulo que el de soldado  de la Unión Cívica Radical me permito dirigir a mis correligionarios esta exhortación:

Debemos reconocer, ante todo, lealmente, que la Revolución no nos ha desalojado del gobierno, pues las puertas de la Casa de Gobierno y de las principales reparticiones públicas estuvieron cerradas para los radicales, desde el 12 de octubre de 1928. Ahí sólo entraban Rodríguez Irigoyen, Meabe, Benavidez y tres o cuatro más, muy prestos para ponerse en fuga en el momento del peligro.

Reconozcamos, también, que la Revolución, lejos de perjudicarnos, ha venido a purificar nuestro partido, arrojando del templo a los mercaderes.

Al mismo tiempo ha destruido la autoridad omnímoda de Yrigoyen y la prepotencia de sus turiferarios que aplastaban a la U. C. R. como bajo una lápida de plomo.

Es imposible ocultar que los 800.000 ciudadanos triunfadores en la elección del 2 de marzo de 1928, fuimos defraudados en nuestras legítimas y patrióticas esperanzas puesto que, en vez de ser gobernados por el Presidente quedamos a merced de una camarilla voraz y ensoberbecida, sin títulos a nuestra consideración, sin alma radical.

Ya nos llegará la hora de saldar estas cuentas, exclusivamente nuestras, con quienes as! profanaron la pureza de nuestro ideario político. Entretanto, de nada tenemos que avergonzarnos los radicales que, alejados, nos dispusimos a esperar las soluciones legales y democráticas, sin sospechar en la proximidad de esta fulminante fumigación revolucionaria.

Y a sí como no se reniega de las instituciones armadas de un país cuando uno o más de sus miembros se colocan fuera de las normas del pundonor militar, así como no se culpa a toda la Iglesia, para renegar de ella, cuando un sacerdote llega a delinquir, así también no se puede responsabilizar a nuestro partido de las tropelías cometidas por indignos radicales.

Estemos serenos ante la realidad. Repudiemos, ron toda energía, la escuela del peculado y de la coima; pero no olvidemos que nuestro glorioso partido, merece sobrevivir siquiera para rehabilitarse.

Acatemos los hechos consumados como los acataron ya el ejército, la armada, la juventud universitaria, la Corte Suprema y los más altos tribunales de justicia¡ recojamos las enseñanzas de Yrigoyen de los grandes días, traicionado, ahora, por los años y por los malos amigos; levantemos en alto la bandera radical que es la bandera misma de la patria; estrechemos las filas, encogiéndonos como el león cuando quiere lanzarse a la pelea y afirmemos, imitando al bardo, que las adversidades caen sobre nuestro viejo radicalismo como las lluvias sobre el mármol, para blanquearlo.

Aprovechemos la libertad partidaria que nos ha brindado sin quererlo, la Revolución, y pongamos en movimiento nuestras ideas dirigiéndolas rumbo derecho, hacia los sagrados ideales nacionalistas de nuestro partido.

En lo social, en lo cultural y, sobre todo, en lo económico, formamos el partido de la argentinidad auténtica, y estamos en el deber de centrar la descentrada política del país, sacándola del verbalismo personalizador, sonoro y leguleyo, para colocarla frente a los problemas de nuestra redención económica.

Mientras vendamos el trigo a 8 pesos, el maíz a 6, el lino a 14, precios que apenas costean el trabajo de producir; mientras vendamos la carne al extranjero por solo 25 centavos, teniendo nosotros que pagarla a 1 peso o más; mientras tengamos trabajo solamente para 500.000 obreros con el miserable salario promedio de 3 pesos, contra una población de 600.000 desocupados y no sepamos atajar los miles de inmigrantes que llegan diariamente a competir por el abaratamiento de la mano de obra; mientras no hayamos construido las carreteras troncales, paralelas a las vías férreas, a fin de abaratar los fletes y fomentar el turismo nacional; mientras no nos afiancemos en la propiedad inalienable del petróleo y de las energías hidroeléctricas, mientras seamos incapaces de resolver los problemas culturales que inquietan y conmueven a la nueva generación universitaria, no valdrá la pena ocuparnos de política y será mejor que dejemos en paz a nuestro pueblo resignándose a repetir la consternada protesta de Cicerón :

“Vosotros disputáis, pero yo muero”









Fuente: “Un llamado a los radicales” por Manuel Ortiz Pereyra ex Fiscal Federal ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación en Diario Critica reproducido en Renovación, Año 1 N° 1 – 15 de octubre de 1930.
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sábado, 6 de mayo de 2017

Homero Manzione: "La destrucción de Santiago del Estero" (circa de 1936)

Cuando llegó a Santiago del Estero la primera expedición libertadora, aquella del General Ocampo, enviada por la mano férrea de Mariano Moreno, Dorrego, entonces un imberbe oficial porteño, fue encargado de formar con la paisanada santiagueña un escuadrón. La leva fue fácil y aquel pueblo de campesinos pacíficos contribuyó a la libertad de la patria con la carne anónima y fuerte de sus hijos y contribuyó con tal eficacia, utilizando a esos hombres robustecidos en el trabajo por una existencia de sobriedad y de labor, que fresca esta sobre la historia de la patria la fama de aquellos soldados valientes en el combate, fuertes ante la muerte, infatigables en las marchas, jinetes diestros en las caballerías e inteligentes en el aprendizaje de la ciencia de la guerra: y frente a ese magnifico recuerdo tengo que presentar ante ustedes la realidad de estas horas. En la incorporación de la ultima conscripción fue necesario hacer cuatro llamados complementarios para poder integrar las plazas, pues en el primero y obligatorio fue rechazado el noventa por ciento de los muchachos de veinte años de la provincia de Santiago del Estero que, después de cuarenta años de progreso, tiene hijos que no sirven, no ya como sus abuelos, para la guerra, sino que son inútiles para la misma parodia de la guerra. El sistema de explotación del bosque santiagueño destruyo en cuarenta años la mejor vida de su pueblo. Todo se transformó. Desde los gustos hasta la moral. Desde la reciedumbre rustica hasta las costumbres. Señalare unos cuantos fenómenos irrebatibles: 1) El paisano santiagueño, de espíritu sedentario, fue convertido en nómade, por la costumbre de ir detrás del trabajo. 2) Fue arrancado de sus labores habituales, agricultura, ganadería a industria menor, para ser enganchado al obraje con el cebo de un fuerte sueldo, destruyéndose en su alma toda tentativa de progreso personal. 3) Fue alejado de sus centros naturales junto con la familia, privando con ello a los hijos de la educación, pues en los obrajes, muchos de los cuales han llegado a tener centenares de niños, nunca hubo la preocupación de establecer escuelas. 4) Se lo llevó a vivir en pésimas condiciones de higiene, en ranchos transitorios y a lugares donde la falta de buenas aguas obligaba a beber aguas inconcebibles, cuando no aguas abombadas por el estacionamiento en los tanques, y mantenerse con una alimentación antinatural, nefasta en especial para los niños y las mujeres. 5) Se le estableció la ruda tarea del hacha no por jornadas de horas normales, sino por tarea o rendimiento, lo que combinado con las exigencias de la proveeduría, los obligaba a la realización de labores superiores a las que racionalmente puede aguantar cualquier hombre. 6) Se le estableció la obligación de consumir en la proveeduría del obraje, especie de monopolio tiránico que los hacia comprar con un 200 % de recargo. Aun hoy he visto en Santiago del Estero cobrar un peso y veinte por un par de malas alpargatas que no valen más de cuarenta centavos. 7) Se hacia el enganche de peones en los centros mas poblados, teniendo como socios frecuentes a los comisarios, y se compraban los brazos con el adelanto de cantidades casi fabulosas para esa gente y que eran absorbidas en pocas horas, por el prostíbulo y el despacho de pésimas bebidas, establecimientos que nacieron tan solo para vivir a costa de estos adelantos. Desde entonces nace en la peonada santiagueña el espíritu de juego y despilfarro.

La plata hay que gastarla adelantada, si total la pagan adelantada. Hay que comprar con ella el alcoholismo, la venérea, la sífilis, que también son manifestaciones del progreso. Un humorista con fondo de tragedia podría llegar a estas conclusiones. Porque no es sino una humorada trágica el hecho de que bajo el amparo del progreso. Santiago del Estero haya logrado embrutecer la mente de su pueblo, destruir los resortes morales de su espíritu, gastar la fortaleza de su carne. Hoy esa región tiene que desandar cuarenta años de civilización. Rehacer su agricultura. Crear su ganadería. Volver al cauce de las zonas fértiles. Armar la conciencia del trabajo en su hombre. Vencer los intereses creados de los pueblos fabricados en zonas antinaturales. Y acostumbrar a la población del campo a comer, a educarse y a luchar contra el raquitismo, la tuberculosis, el tracoma, y las venéreas. Y a destruir la fama de haraganería que le hicieron los que se enriquecieron con su trabajo [...]

Una noche, en una de esas magnificas noches santiagueñas, con sus cielos hondos y oscuros, tachonados de estrellas altas, presenció una fiesta típica entre el paisanaje. Cuando el alcohol había despertado la angustia que se acuña en el alma del actual pueblo santiagueño, un grupo de ellos, alrededor de una guitarra, entonó una vídala. Una vídala cuya música triste se apreta en mi corazón como una garra y cuya letra repetía estas desoladas palabras:

"Pobre nosotros, que vamos a hacer".

Esta es la canción de un pueblo olvidado por la ciudad y aplastado por el progreso. De un hombre que no es dueño de la tierra que pisa, corrido por el código del refrescado doctor Vélez Sarsfield cuya estatua abollaremos algún día. De un hombre que no es dueño de su trabajo a pesar de la letra de su Constitución. De un hombre que no es dueño de su salud. Que no es dueño de sus hijos. Que no es dueño de su conciencia y que ante la realidad implacable que nada le deja, no encuentra mas alivio que cantar en el dolor de una vídala ese grito apretado que debiera sonar en nuestro oído como desolada protesta:

"Pobre nosotros, que vamos a hacer"...











Fuente: “La destrucción de Santiago del Estero” por Homero Manzione (1936) reproducido en la Revista Crisis Año 1 N° 7, noviembre de 1973.
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viernes, 5 de mayo de 2017

Hector Badié: "Mi bisabuelo murió en la Revolución del Parque” (7 de agosto de 2013)

En la sección Secreta Buenos Aires, publicada en la página 35 de Clarín el 1° de julio, apareció una excelente nota titulada (“Cuando la Plaza Libertad fue un campo de batalla”) referida a la conocida como Revolución del Parque, el 26 de julio de 1890.

En el comienzo de un párrafo se señala que:

“Aunque el número exacto nunca se precisó, los historiadores hablan de más de 150 muertos…”, por lo que deseo señalar que uno de ellos fue mi bisabuelo paterno. En efecto, el 26 de julio de 1890, en lo más recio del huracán de fuego y plomo que partía del Palacio Miró, en la Plaza de la Libertad, el capitán Federico Benito Badié descendió de los balcones del Parque de Artillería por orden del general Nicolás Levalle -ministro de Guerra y Marina- de quien fuera siempre eficientísimo ayudante, y en medio de la calzada, mientras disponía personalmente una maniobra con el oficial encargado de una de las piezas de artillería, fue atravesado por una bala de Remington que le hirió en el pecho.

Tambaleando y sostenido por el mismo general Levalle, que por la valiente y heroica actitud del capitán Badié, acudió para ungirlo con el grado inmediato de teniente coronel, como si la propia sangre de Badié hubiera florecido en laureles y lises de verdad.

El fue retirado de la masacre para morir el 1° de agosto de 1890, a las 7.30, en el Hospital Militar. Sereno, risueño siempre, lúcido y haciendo sus últimos votos por la grandeza de su bien querida Patria de adopción que el tanto honró con su capacidad y su sacrificio.

Los restos de este ilustre militar, que ostentó sobre su pecho los cordones de plata de Tuyutí y las condecoraciones otorgadas por los gobiernos aliados a los participantes en la guerra del Paraguay, fueron inhumados en un nicho del Cementerio del Norte (actual Cementerio de Recoleta).





Fuente: "Mi bisabuelo murió en la Revolución del Parque” por Héctor Badié en Cartas al País, en Diario Clarín del 7 de julio de 2013.







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miércoles, 3 de mayo de 2017

CSJN: "Firmenich, Mario E. s/ doble homicidio calificado y secuestro extorsivo" (8 de agosto de 1989)

MARIO E. FIRMENICH

Si bien en oportunidad de elegirse el gobierno del 11 de marzo de 1973 rigieron las modificaciones constitucionales introducidas por el gobierno de facto anterior, tales modificaciones —referentes a la composición de las Cámaras del
Congreso y a la duración de los mandatos— tuvieron una validez temporal limitada tan sólo a la asunción del nuevo gobierno, el que, a partir de ese momento, recuperó la soberanía funcional que la propia Constitución le otorga y estuvo en condiciones de aceptar o desechar esas modificaciones.

GOBIERNO DE FACTO

La ley 20.642 no fue una norma de facto, ni directa ni indirectamente, en la medida en que fue dictada por un gobierno constitucional que no se hallaba limitado en el ejercicio de sus funciones.

EXTRADICION

Si al aplicar el art. 24 del Código Penal y computar dos días de prisión preventiva por cada día de reclusión, se excede el plazo de 30 años fijado como límite máximo de la pena en la sentencia del tribunal extranjero que concedió la extradición, se viola el principio de legalidad derivado del Tratado de Extradición.

GOBIERNO DE FACTO.

Dictamen del Procurador General Suprema Corte:

— I —

La defensa técnica del procesado Mario Eduardo Firmenich prescindió de la vía establecida en el artículo 6º, inc. “b”, del decreto-ley 1285/58 e interpuso el presente recurso extraordinario contra la sentencia condenatoria dictada por la Cámara Federal de Apelaciones de San Martín (fs. 6653/6750), al confirmar, en lo sustancial, el pronunciamiento de su inferior.

Tal opción no afecta, por sí, la procedencia de la vía elegida, de acuerdo a la doctrina de Fallos: 285:263; 306:141 y 307:983.

De los múltiples agravios en que el letrado fundó dicha apelación (fs. 6754/6956), el a que concedió el recurso en orden a la alegada violación al Tratado de Extradición con la República Federativa del Brasil —aprobado por ley 17.272—, la inconstitucionalidad de la ley 20.642 y la interpretación —contraria a los intereses del recurrente— sobre los alcances del derecho consagrado en el artículo 21 de la Constitución Nacional (fs. 6977).

Al no haberse deducido queja por los agravios restantes, los temas a decidir han quedado limitados a esos.

Para una mejor sistematización consideraré por separado cada cuestión para pronunciarme, en cada caso, acerca de si concurren los requisitos que hacen procedente habilitar la instancia, y sobre la decisión que estimo deba adoptarse en caso afirmativo.

Para ello, he de circunscribirme a los planteos introducidos por el apelante en el escrito de interposición obrante a fs. 6754/6956, a cuyos términos coresponde atenerse ya que, como ya he dicho, junto con el auto de concesión del recurso, delimitan la competencia del Tribunal (conf. Fallos: 297:133; 298:354 y 612; 300:522; 302:346, 538 y 656; 304:1588; 306:384,1472, 2088 y 2166; entre otros).

    II —

Tratado de extradición firmado con la República Federativa del
Brasil, aprobado por ley 17.272.

El recurrente entiende que tanto el juez de primera instancia como su tribunal de alzada, se han apartado del tratado, al violar las condiciones de entrega y, por ende, el fallo por el cual dicho estado extranjero concedió la extradición de Mario Eduardo Firmenich.

Dos son los agravios respecto de esta cuestión.

a) En primer lugar, sostiene el apelante que, al modificar la Cámara el cómputo efectuado por el juez de primera instancia para fijar el vencimiento de la pena sobre la base del tiempo en que su asistido permaneció en prisión preventiva (artículo 24 del Código Penal) —es decir dos de esta especie por cada uno de reclusión—, violó el artículo 3º de ese Código y el tratado extraditorio. Ello ya que “...la pena máxima de reclusión autorizada, según el art. 55 del Código Penal Brasilero, no puede superar en ningún caso los 30 años que aquí se aumentan por el cómputo más perjudicial de la prisión preventiva...” (fs. 6878).

Entiendo que, sin perjuicio de la escueta fundamentación que brinda el apelante al respecto, corresponde que V.E. conozca de la cuestión ya que la lectura del contexto del escrito de interposición y de las disposiciones legales que invoca resultan suficientes para advertir cuál es el punto federal que plantea y de qué modo se vincula él con las circunstancias del caso (conf. causa Z. 36L. XXII. Recurso de Hecho “Zapata Timberlake, Marta María Guadalupe c/ Stehlin, Carlos Federico”, del 3 de noviembre de 1988, entre muchas otras).

Condenado Mario Eduardo Firmenich a la pena de reclusión perpetua, ambas instancias fueron contestes en limitar su cumplimiento a treinta años. Ello en atención a las condiciones impuestas para su entrega y sobre la base de lo dispuesto por el actual artículo 75 del Código Penal Brasilero, según las modificaciones introducidas por la ley Nº 7209/84 al texto del Código Penal de 1940 (art. 55).

Esta legislación fija ese plazo máximo para el cumplimiento de las penas privativas de la libertad, teniendo en cuenta lo dispuesto por el apartado II del art. 153 de la Constitución de ese país, vigente al momento de la decisión y de la entrega, que prohibía la pena de prisión perpetua (conf. Exposición de motivos, en “Código Penal e Legislacao Complementar”, Actualicao, notas e índices por Renné Ariel Dotti, forense, Río de Janeiro, 1986).

El citado artículo del Código Penal Brasilero, que regula sobre el límite de las penas, está contenido en el Capítulo III sobre “Aplicación de la Pena”, y dispone que en caso de que una persona fuera condenada a penas privativas de la libertad cuya suma —en atención al criterio acumulativo que fija en sus artículo 69 y 70 para los casos de concurso real e ideal— fuera superior a treinta años, éstas deberán unificarse para respetar ese límite máximo (apartado l º). Si la persona fuese condenada por un hecho posterior al inicio del cumplimiento, se efectuará una nueva unificación, sin computar, a ese fin el lapso ya cumplido (apartado 2º).

En oportunidad de conceder la extradición, el Supremo Tribunal Federal de Brasil, ante la advertencia del Ministro Relator, se refirió a este punto y dijo "... la extradición se concede con la reserva de que no podrán imponerse al extraditando penas mayores de treinta años de prisión como máximo, con respecto a cada delito...” (fs. 2341), “...tendría que figurar que la pena privativa de la libertad nunca podrá sobrepasar del plazo de treinta años...” (fs. 2342) y “... el artículo 91, II, de la Ley 6815/80 impide expresamente que se la aplique en esos casos...” (fs. 2343).

La cuestión se traslada, pues, a decidir si ese límite, literalmente respetado en las instancias inferiores en cuanto al tiempo de ejecución de la pena, se ve traspasado cuando la Cámara, de acuerdo al artículo 24 del Código Penal Argentino, dispuso que, por tratarse de pena de reclusión, el tiempo de detención sufrido por el enjuiciado en prisión preventiva sea computado de modo que dos días de ésta última equivalgan a sólo uno de aquélla, con lo cual el lapso computable en prisión preventiva se reduciría a la mitad del efectivamente cumplido en privación de libertad y ésta se extendería más allá de los treinta años, contraviniendo —a juicio del apelante— las condiciones de entrega.

Ello conduce a precisar cuál es el tiempo que contempla la sentencia extranjera de fs. 2266/2350, al imponer el límite de referencia: el mero monto de condena, el de su ejecución, o el de privación de libertad sufrido por el enjuiciado sin importar en qué carácter.

Si bien de una interpretación literal del acta de entrega cabría pensar que se refiere a la primera, si se toma en cuenta el fundamento de ese límite temporal todo parece indicar que éste se vincula —como lo señalan los jueces de la causa— al tiempo de ejecución de la pena, aún cuando ello incida en su monto en atención a la obligación que imponen los apartados 1 y 2 del artículo 75 ya citado.

Empero, la invocación en el trámite extraditorio (fs. 2343 citada), del artículo 91, inc. II, de la ley 6815/80 —incluido en el Título X que regula sobre extradición— introduce una cuestión vinculada con el cómputo de la detención. Este dispone que no será efectivizada la entrega sin que el Estado requirente asuma el compromiso de computar el tiempo de prisión que, en Brasil, hubiera sufrido el extradictado como consecuencia del trámite correspondiente, sin fijar qué pautas deberán utilizarse para ese reconocimiento.

De ahí que, una prudente interpretación de la cuestión obligue, a mi juicio, a analizar el contexto legislativo en cuyo marco la justicia brasilera dispuso hacer lugar a la extradición, más aún si se repara en el escueto tratamiento que mereció el tema al ser tratado por el tribunal que así resolvió (fs. cit.). Por otro lado, a ello conduce el agravio del apelante, aún cuando planteado en términos más simplistas.

Creo aconsejable, pues, respetar los principios recordados por V.E. en la causa R. 397, L. XXI, “Ríos, Argentino y otros s/ privación ilegal de la libertad calificada y tormentos”, resuelta el 9 de febrero de 1989, teniendo en cuenta, además, que entre los criterios de interpretaciónposibles “ ... no debe prescindirse de las consecuencias que derivan de la adopción de cada uno, pues ellas constituyen uno de los índices más seguros para verificar su razonabilidad y su coherencia con el sistema en que está engarzada la norma...” (confr. causa V. 284, L. XX “Ventura, Giovanni Battista su extradición”, resuelta el 20 de septiembre de 1988, considerando 12º y sus citas).

Entiendo, en definitiva, y aún cuando no sea lo suficientemente explícita en este punto, que la solución adoptada por el juez de primera instancia, es la correcta.

En efecto, el artículo 42 del Código Penal Brasilero obliga a que se compute, a los efectos de la pena privativa de libertad, entre otros supuestos, el tiempo sufrido en prisión preventiva, sin establecer un criterio diferenciador, como lo hace nuestro Código en el artículo 24, según aquélla sea de prisión o de reclusión. Ello indica ante la inexistencia de una disposición en sentido contrario, que no existen diferencias en aquel ordenamiento para el cómputo de los distintos tipos de encarcelamiento, a los efectos de las diversas penas privativas de la libertad. Lo que concuerda con lo dispuesto por el apartado II del artículo 91 de la ley 6815/80, ya citada.

De ahí que la vigencia en el país requerido de un sistema de cómputo distinto al vigente aquí, aconseja asignarle al límite de treinta años fijados por el Estado extranjero el sentido de que el mismo es limitativo de la ejecución de la pena, pero incide sobre su monto en atención a los apartados 1º y 2º del artículo 75.

Y al no mediar allí diferencias en el cómputo de los lapsos sufridos en privación de libertad a los efectos de las distintas penas de esa especie —conforme se desprende del artículo 42— no resulta prudente fijar distinciones, como lo hace nuestra legislación, sin correr el riesgo de desnaturalizar la limitación impuesta en el acta de entrega ya que, en el contexto de la legislación extranjera, es posible concluir que el tiempo de ejecución de la pena es cuantitativamente indentificable con el de detención sufrida por el enjuiciado en el proceso (conf. artículo 42 citado y apartado II del artículo 91 de la ley mencionada).

Por lo que colijo que el tribunal extranjero no pudo, válidamente, sospechar que el sistema de cómputo aquí vigente respondiera a parámetros distintos, razón por la cual se limitó a efectuar la aclaración del art. 75 del C.P. y del ap. II del art. 91 de la ley 6815/80. Más aún si se advierte que en el pedido correspondiente no se le puso en conocimiento del art. 24 del Código Penal (fs. 582).

Aún cuando la cuestión finalmente se centra en esta norma penal, su incidencia directa sobre las condiciones de entrega, convierte en federal la cuestión (conf. causa V.14, L.XXII “Vinokur de Pirato Mazza s/incidente jurisd....”, Recurso de hecho, sentencia del l9de diciembre de 1988).

b) En segundo lugar, entiende el letrado defensor que los jueces de la causa, al tener en cuenta el liderazgo de Firmenich en la asociación ilícita “Montoneros” y fundar en tal circunstancia su responsabilidad penal por los delitos a que se refiere esta causa, violaron la resolución del Supremo Tribunal Federal de la República del Brasil que, cuando concedió la extradición, excluyó expresamente, entre otras, esa imputación (conf. sentencia de fs. 2179/2350).

Ello importa también, a juicio del apelante, violar el párrafo tercero del artículo III del Tratado de Extradición y el punto quinto del artículo
91 de la ley brasileña 6815 —complementaria de aquél e integrante de las condiciones de entrega— que impiden tener en cuenta cualquier fin o motivo político para agravar la pena (fs. 6811 y 6881).

Un análisis de las consideraciones efectuadas en la pieza de fs. 6754/6956 por el letrado defensor para fundar esta cuestión (conf. fs. 6862/3, 6889, 6893, 6898, 6907, 6946, entre otras) autoriza, a mi juicio, a desechar el planteo y declarar improcedente el recurso en este aspecto.

En efecto, entiendo que la prohibición que alega la parte, como expresamente lo declara el acta de entrega, radica precisamente en que el extraditado no sea juzgado por ese delito ni por otros allí enunciados.

El proceso que llega a conocimiento del tribunal concluye con la condena de Firmenich por los delitos de doble homicidio agravado por el propósito de consumar otro delito, en concurso ideal con doble secuestro extorsivo, calificado por el resultado. De modo alguno dicha condena incluye su liderazgo de la asociación ilícita “Montoneros”, ni tampoco se utiliza tal circusntancia, atendiendo a las pautas mensurativas enunciadas por los jueces de la causa para fundar la pena, como agravante de la condena.

El agravio del accionante tiende a cuestionar la actividad de esos magistrados al valorar la prueba arrimada, sobre la base de que consideraron el liderazgo de Mario Eduardo Firmenich como único elemento de juicio para fundar su responsabilidad penal por el injusto que motiva la condena en crisis. Tal circunstancia remite al examen de cuestiones de hecho y prueba que resultan ajenas, en principio, a la jurisdicción que ejerce esta Corte en el caso, salvo supuestos de arbitrariedad —no planteados en autos— (conf. B. 168, L. XXII Recurso de Hecho. “Borthagaray, Carlos Rubén s/ robo...”, sentencia del 24 de noviembre de 1988, y sus citas —considerando 5-—).

Más aún cuando, como ya he dicho, tales cuestiones han quedado definitivamente selladas en el auto de fs. 6977.

— III —

Inconstitucionalidad de la ley 20.642

El agravio del recurrente con relación a la ley 20.642, modificatoria del Código Penal de la Nación, sancionada el 25 de enero de 1974, tiene sustento en la circunstancia de que "... el Parlamento que sancionó la ley carecía de legitimidad jurídico-constitucional...” (fs. 6832) ya que "... el vicio de origen de los legisladores que dictaron esa ley fundamental en atención a lo que se ha llamado la doctrina Núñez... impide que se reforme el Código Penal por gobiernos de facto. Es cierto que los legisladores del ’73 tuvieron origen popular pero su título jurídico-político devenía de una modificación de la Constitución hecha por la dictadura de Lanusse...” (fs. 6909).

Concluye diciendo, “...la defensa sostiene que la ley 20.642 no pudo ser válidamente dictada por un Congreso que tenía un título proveniente de una modificación de la Constitución hecha por una dictadura que pasó por alto los requisitos básicos para modificar la Constitución que están establecidos en el artículo 30 de la misma...” (fs. 6910).

Breves son las consideraciones que entiendo corresponde efectuar sobre el punto para fundar mi parecer de que la tacha introducida debe rechazarse.

Como el propio recurrente lo admite, a lo largo de todas y cada una de sus presentaciones referidas al punto, el Poder Legislativo que tuvo a su cargo la sanción de la ley 20.642, como el resto de las autoridades gubernamentales de esa época, reconoce su origen en la elección nacional llevada a cabo el 11 de marzo de 1973.

Esta se realizó de acuerdo al procedimiento que establecía la Constitución Nacional vigente en esa época que, como consecuencia del “Estatuto Fundamental” dictado el 24 de agosto de 1972 por la entonces Junta de Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas, “en ejercicio del Poder Constituyente”, introdujo reformas temporarias a la Ley Fundamental.

Las modificaciones se referían, entre otras, a la composición de las dos cámaras del Congreso Nacional, así como en los períodos de sesiones y duración de los mandatos con el objeto de “jerarquizar y brindar celeridad a la labor parlamentaria”, como indican los fundamentos con que fue precedido, y hasta tanto “.. .el pueblo..., en ejercicio de su soberanía, decida acerca de su incorporación definitiva a la Constitución Nacional”.

En nuestro país y desde su origen, la Corte Suprema ha reconocido, por razones de seguridad jurídica, la continuidad en los gobiernos de jure de la legislación de los gobiernos de facto, y el poder de éstos de realizar los actos necesarios para el cumplimiento de sus fines (Fallos: 238:198; 279:368; 309:1798, entre otros). Ello sin peijuicio de rechazarla o privarla de efectos, en supuestos que fue delimitando, una vez que asumen las autoridades constitucionales (conf. causa S.32 L.XXI “Sejean c/ Zaks de Sejean” , del 27 de noviembre de 1986 y sus citas).

De los fundamentos del Estatuto citado surge que la reforma tendía a “...dictar normas fundamentales con miras a corregir las crisis de funcionalidad de los órganos de gobierno del Estado... contribuir al perfeccionamiento y estabilidad de nuestras instituciones republicanas...” ; “ ...el propósito que alberga la tarea empeñada es contribuir a superar un largo período de graves desinteligencias internas e inestabilidad política. La República iniciará así una nueva etapa de su vida institucional...” .

Asumido el poder por parte de las autoridades electas el 11 de marzo de 1973, éstas no adoptaron temperamento alguno respecto de la reforma introducida en la Carta Magna por el gobierno anterior. Y una vez transcurridos los plazos previstos por su artículo 4° el Estatuto perdió vigencia. De ahí que, quien alegue a este respecto una posible cuestión fundada en alguna disposición constitucional, carece de agravio actual para ello.

Pretender asignarle un carácter ilegítimo a la actividad llevada a cabo por el Poder Legislativo electo en tales circunstancias carece de sustento, más aún cuando, como acertadamente lo señala el tribunal de alzada a fs. 6725, se trata del mismo Congreso Nacional que sancionó la ley 20.508 que el agraviado invocó a su favor.

—IV—

Interpretación del artículo 21 de la Constitución Nacional.

El recurrente funda su agravio sobre la base de las siguientes consideraciones: dice haber planteado en oportunidad de alegar sobre el mérito de la prueba "...la objeción penal sobre la base de la inteligencia del artículo 21 de la Constitución y del derecho de resistencia a la opresión...” (fs. 6828) y que “...También se impugnó la interpretación del Juzgado meramente subjetiva sobre el derecho de resistencia a la opresión a que obliga el art. 21 de la Constitución Nacional, y viola el art. 19 de la Carta Magna que rige para las leyes que reglamentan los Derechos y Garantías...” (fs. 6832).

Luego efectúa (fs. 6864/70 y 6915) una reseña y una crítica de lo expuesto sobre el punto por cada uno de los integrantes del tribunal de alzada. Una lectura de tales apreciaciones permite concluir que la parte se limita a reiterar, con transcripciones de lo declarado por su defendido y del pronunciamiento de la cámara, la situación histórica que, a su juicio, justificaría el accionar de Firmenich al ejercer el derecho de resistencia a la opresión por, según dice, mandato constitucional.

Reitera, como lo había hecho en instancias anteriores que, en esa época, aún cuando estuviera vigente el orden constitucional “...persistía la seudo-constitución de la dictadura y se desarrollaba el terrorismo paraestatal al servicio de grupos oligopólicos como Bunge y Born. El art. 29 de la Constitución condena como infames traidores a la patria a los que consientan tales atropellos al poder público. Rige entonces la obligación del Art. 21. La ausencia de las leyes y decretos reglamentarios no exige ni impide su cumplimiento porque rige el Art. 19 de la Constitución... existiendo un estado de necesidad de vida o muerte y existiendo una obligación constitucional de la Carta Magna suprimida por usurpadores del poder constituyente, es absurdo pretender privar a los ciudadanos de lo que la ley reglamentaria no prohíbe...” (fs. 68/67).

Tales antecedentes evidencian, a mi juicio, que el apelante pretende, so pretexto de que estaría en juego la interpretación de una cláusula constitucional, el reexamen de la cuestión y un pronunciamiento favorable en cuanto a que se verifican en la especie los presupuestos fácticos y de hecho que justifica, en su opinión, el accionar de su defendido.

Sus agravios denotan, a mi entender, una mera discrepancia con circunstancias de hecho y prueba que, suficientemente invocadas y valoradas en las instancias anteriores (fs. 6127 vta./6137 y 6698 vta./ 6707), autorizaron a concluir que no se verificaban, en el caso, los requisitos exigidos por pacífica doctrina en la materia, para que válidamente pueda ejercerse el derecho invocado.

Es el recurrente quien hace derivar del artículo 21 de la Constitución
Nacional el derecho que invoca. Los tribunales intervinientes, si bien reconocieron la existencia de tal derecho, no entraron en la consideración de su recepción jurídica en la normativa de nuestro país ya que, al desestimar la defensa por estar ausentes sus presupuestos fácticos, entendieron innecesario su encuadre jurídico.

Así, el Juez de Primera Instancia dijo “estimo que la polémica sugerida por la defensa acerca del reconocimiento constitucional del derecho de resistencia ala opresión y a la operatividad de las cláusulas que lo consagran, resulta en el caso insustancial...” (considerando tercero, punto 1 d).

Por su parte, la Cámara Federal de San Martín ni siquiera menciona, en sus considerandos, la cláusula constitucional (fs. 6653/6750).

Con tales antecedentes, parece aclaro que los jueces de la causa no efectuaron una interpretación del artículo en cuestión que exigiera precisar su alcance y que pusiera en juego su inteligencia, de modo tal que diera lugar a la hipótesis del inciso 3º del artículo 14 de la ley 48 sobre la que sustenta su agravio el recurrente.

Ello se hace evidente aún si se repara en que el escrito de interposición del recurso tampoco precisa cuál ha sido supuestamente la inteligencia dada a la norma constitucional por los tribunales inferiores, de qué manera agravia esta circunstancia a su defendido y cuál es la solución que propone.

La exposición vertida en esa pieza —por demás confusa ya que una vez más la cuestión se presenta entremezclada con la genérica invocación de cláusulas constitucionales y tratados internacionales, en forma sistemática y reiterativa— no evidencia más que una nueva discrepancia en la valoración de cuestiones de hecho y prueba. Como ya tuve oportunidad de decir, éstas constituyen por vía de principio, según pacífica y reiterada doctrina de este Tribunal, facultad propia de los jueces de la causa y no susceptibles de revisión en la instancia extraordinaria (conf. causa B.168, L.XXII ya citada).

Pero si de lo que se agravia al recurrente es de la omisión, por parte de los jueces de la causa, de aplicar el artículo 21 de la Constitución
Nacional, al que por momentos parece asignar una suerte de mandato, autónomo del derecho de resistencia a la opresión, la ausencia de una fundamentación suficiente respecto del tema en el escrito de interposición del recurso, obsta a su conocimiento por parte de V. E. (conf. causa D.398, L. XXII “De Pablo, Rubén Amaldo y otro s/ robo de automotor”, sentencia del 30 de agosto de 1988, y sus citas).

— V —

En síntesis, opino que debe revocarse parcialmente la sentencia apelada, en cuanto al cómputo de la prisión y detención preventivas sufridas por el recurrente, declarando —tal como lo hiciera el fallo de primera instancia— que la condena de éste se extinguirá el 13 de febrero del año 2014 a las 12 horas (art. 16, segunda parte, de la ley 48) y declarándolo improcedente respecto de los demás agravios a los que me refiriera en la vista que así dejo evacuada. Buenos Aires, 8 de junio de 1989. Andrés José D’Alessio.

FALLO DE LA CORTE SUPREMA

Buenos Aires, 8 de agosto de 1989.

Vistos los autos: “Firmenich, Mario E. s/ doble homicidio calificado y secuestro extorsivo (causa Nº 26.094 del Juzgado Federal Nº 1 de San Martín)”.

Considerando:

1º) Que la Cámara Federal de Apelaciones de San Martín, Provincia de Buenos Aires, condenó a Mario Eduardo Firmenich a la pena de reclusión perpetua, con más la accesoria de inhabilitación absoluta por el tiempo de la condena, limitando su cumplimiento a treinta años de la misma especie de pena, con costas, al considerarlo coautor de los delitos de doble homicidio agravado por el propósito de consumar otro delito, en concurso ideal con doble secuestro extorsivo, calificado por el resultado (fs. 6653/6750).

2º) Que contra esta resolución se interpuso el recurso extraordinario de fs. 6754/6854, que fue concedido a fs. 6977 y vta. respecto de cuatro de sus agravios.

Esos agravios se refieren al planteo de inconstitucionalidad de la ley 20.642; al argumento según el cual la conducta de Firmenich habría sido motivada por la obligación de armarse en defensa de la Patria y de la Constitución, según lo dispuesto por el artículo 21 de la Carta Fundamental; así como también a la violación del tratado de extradición con la República Federativa del Brasil y de la sentencia que concedió la extradición, en cuanto a que Firmenich fue condenado en su carácter de jefe de la organización “Montoneros” —lo que está expresamente vedado en la sentencia de extradición—, y a que el cómputo de la prisión preventiva hecho por la Cámara haría exceder el tiempo de prisión efectiva que autorizan las normas del país que concedió la extradición.

3º) Que el recurrente fundó la aludida inconstitucionalidad de la ley 20.642 en la circunstancia de que, no obstante haber sido dictada por las autoridades de un gobierno elegido democráticamente, las elecciones que permitieron la instalación de ese gobierno se llevaron a cabo en virtud de modificaciones introducidas a la Constitución Nacional por el gobierno de facto anterior, lo que le quitaría legitimidad.

4º) Que, en este sentido, cabe señalar que en el caso fueron aplicadas las disposiciones del Código Penal, según la redacción que tuvo con las modificaciones introducidas por la ley 20.642, vigente al momento en que se cometieron los hechos, por ser la ley que resultaba más benigna para el procesado, en los términos del artículo 2º de dicho
Código.

Esa ley fue sancionada el 25 de enero de 1974, promulgada el día 28 y publicada en el Boletín Oficial el 29, por los órganos correspondientes del gobierno elegido por el voto del pueblo de acuerdo con el procedimiento fijado por la Constitución Nacional.

5º) Que si bien en oportunidad de elegirse el gobierno del 11 de marzo de 1973 rigieron las modificaciones constitucionales introducidas por el gobierno de facto anterior, tales modificaciones —referentes a la composición de las Cámaras del Congreso y a la duración de los mandatos— tuvieron una validez temporal limitada tan sólo a la asunción del nuevo gobierno, el que, a partir de ese momento recuperó la soberanía funcional que la propia Constitución le otorga, y estuvo en condición de aceptar o desechar esas modificaciones.

En consecuencia, la ley 20.642 no fue una norma de facto, ni directa ni indirectamente, en la medida en que fue dictada por un gobierno constitucional que no se hallaba limitado en el ejercicio de sus atribuciones.

6º) Que en cuanto a la invocación del artículo 21 de la Constitución Nacional para justificar la conducta del procesado Firmenich, el Tribunal advierte que la cláusula constitucional invocada carece de relación directa con las cuestiones juzgadas y resueltas en la causa (Fallos:188:5; 248:129; 268:247; 270:233; 308:2632; entre muchos otros).

En efecto, la reiterada alegación del derecho de resistencia a la opresión y de la obligación de armarse en defensa de la Patria y de la
Constitución, que ha efectuado el recurrente en las sucesivas instancias, choca con la incuestionable realidad de que era un gobierno constitucional y legítimo aquél contra el que Firmenich afirmaba alzarse.

Por lo demás, cabe recordar que Firmenich está siendo procesado por los delitos de homicidio y secuestro extorsivo que, más allá de los móviles subjetivos políticos o revolucionarios que intente invocar en su defensa, son delitos comunes contra la vida y el patrimonio, que aparecen totalmente desvinculados de los delitos objetivamente políticos y de cualquier justificación basada en la resistencia a la opresión; y, por otra parte, se advierte con evidencia que precisamente el respeto de los derechos garantizados por la Constitución Nacional antes que su violación, hubiesen servido a la alegada defensa de la patria. Esta pretensión del procesado de invocar una cláusula constitucional como justificativo para atacar a las instituciones elegidas constitucionalmente aparece, recordando las palabras de Soler, como “una pretensión ridicula de hacer revoluciones con seguro de vida” (Soler, Sebastián, “Ley, Historia y Libertad”, Editorial Losada, Buenos Aires, año 1943, pág. 236).

7º) Que el recurrente se agravia asimismo de una presunta violación al Tratado de extradición con la República Federativa del Brasil, aprobado por ley 17.272, en cuanto se habría tenido en cuenta el liderazgo de Firmenich en la asociación ilícita “Montoneros” para fundar su responsabilidad por los delitos investigados, en contravención con la sentencia dictada por el Supremo Tribunal Federal de la
República del Brasil que expresamente excluyó esa imputación al conceder la extradición (fs. 2179/2350), y con lo dispuesto en el artículo III, apartado 3º, del Tratado y al artículo 91, punto quinto, de la ley complementaria, que impiden tener en cuenta cualquier fin o motivo político para agravar la pena.

Esas son, en efecto, las dos garantías con las que cuenta el procesado de acuerdo con las condiciones en que fue concedida su extradición; y al respecto debe señalarse que, como indica correctamente el Señor Procurador General en su dictamen, Firmenich fue procesado y condenado por los delitos de homicidio y secuestro extorsivo, no por su liderazgo de la organización “Montoneros”, circunstancia esta última que tampoco fue tenida en cuenta por los jueces en el momento de graduar la pena que le impusieron.

8º) Que, descartada la violación a alguno de esos dos límites al pronunciamiento, la aptitud de las pruebas reunidas para probar la participación de Firmenich en los delitos por los que es juzgado, y la circunstancia de que su carácter de cabecilla de “Montoneros” haya sido uno de los indicios a tener en cuenta a los efectos de probar su participación en ellos, constituyen cuestiones de hecho y prueba no incluidas entre los agravios por los que se concedió el recurso a fs. 6977 y vta., sin que oportunamente se hubiese recurrido en queja a ese respecto.

Por lo tanto, no se advierte en este punto un gravamen constitucional que toque resolver a esta Corte.

9º) Que, en cambio, asiste razón al recurrente en cuanto se agravia del cómputo de la prisión preventiva modificado en el fallo recurrido, que viola la sentencia de extradición al provocar una prolongación del período de la detención del procesado, más allá de los treinta años que son el límite máximo de la pena aplicable.

Al efectuar el cómputo de la prisión preventiva en los términos del artículo 24 del Código Penal, la Cámara violó ese límite mínimo que, de acuerdo con el juego armónico de las disposiciones del Tratado y de las leyes penales brasileñas —de conformidad con los fundamentos y conclusiones desarrollados al respecto por el Señor Procurador General, a cuyos términos el Tribunal se remite por razón de brevedad—, es el tope de la condena imponible, y que el a quo reconoció al limitar a ese monto la pena de reclusión perpetua impuesta en su sentencia.

10) Que dicho cómputo, que en definitiva haría sufrir al procesado una detención efectiva superior a los treinta años, importa una violación al principio de legalidad derivada del tratado mencionado, que emana del artículo 18 de la Constitución Nacional (conf. doctrina de Fallos: 305:170; causa E.159.XXI. “Espósito, Alfredo”, resuelta el 29 de diciembre de 1987, entre otros).

Por ello, y de conformidad con lo dictaminado por el señor Procurador General, se resuelve:

I) Confirmar la sentencia de fs. 6653/6750 respecto a lo resuelto en los puntos 1º), 2º , 3º) y 10º) en lo que ha sido materia de recurso.

II) Revocar el punto dispositivo 4º) de la sentencia recurrida, y en uso de las atribuciones conferidas por el artículo 16, segunda parte, de la ley 48, confirmar el punto dispositivo 3º de la sentencia de fs. 6096/ 6175 en cuanto al vencimiento de la pena.

José Severo Caballero — Augusto César Belluscio — Carlos S. Fayt — Enrique
Santiago Petracchi — Jorge Antonio Bacqué.








Fuente: Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Tomo 312 – Volumen I, Febrero – Agosto de 1989.
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