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jueves, 11 de julio de 2019

CSJN: "Autorizase el regreso al país del Dr. Hipólito Solari Yrigoyen" (11 de marzo de 1983)

Buenos Aires, 11 de marzo de 1983

Considerando:

1º) Que el Poder Ejecutivo nacional mediante el dec. 1878 del 1 de setiembre de 1976 dispuso el arresto de Hipólito Solari Yrigoyen por considerar que su actividad atentaba contra la paz interior, la tranquilidad, el orden público y los permanentes intereses de la República, y a los fines de preservar dichos objetivos conforme las facultades establecidas por el art. 23 de la Constitución Nacional. Durante el cumplimiento de esa medida, por dec. 1098 del 25 de abril de 1977, se hizo lugar al derecho de opción ejercido por el arrestado para abandonar el país, a cuyo efecto se tuvo en cuenta la inexistencia de causas judiciales que lo involucraran y la consideración de que el peticionario no pondría en peligro la seguridad nacional en caso de permitirse su salida del territorio.

2º) Que el 9 de diciembre de 1981 se articuló la presente acción de hábeas corpus con el fin de obtener una declaración judicial que invalidara la restricción impuesta al beneficiario en orden a su regreso al país, tachándose de inconstitucionales los decretos antes referidos, las leyes 21.449 y 21.650, y el art. 281 ter del Cód. Penal. El juez de primera instancia declaró abstracta la cuestión ya que el beneficiario no había solicitado al Poder Ejecutivo nacional la pertinente autorización para retornar al territorio argentino. Apelado el pronunciamiento, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal, sala 1, no hizo lugar a los planteos de inconstitucionalidad y rechazó la acción intentada. Ello motivó el recurso extraordinario de fs. 93/103, qué fue concedido a fs. 107.

3º) Que en la especie se pretende que los órganos jurisdiccionales ejerzan el control de razonabilidad que les incumbe sobre las medidas adoptadas por el Poder Ejecutivo durante el estado de sitio, respecto de las restricciones que pesan sobre el beneficiario para ingresar al país. Por otra parte, se alega la inconstitucionalidad de las normas que reprimen esa conducta. En consecuencia, corresponde considerar en primer término la posibilidad de ejercer el mencionado control en el caso por vía del hábeas corpus, pues el presente difiere de otros que ha resuelto el tribunal, toda vez que aquí el causante se encuentra actualmente en libertad en el extranjero, bien que sujeto a la restricción antes referida.

4º) Que la limitación a la libertad personal que importa la prohibición de ingresar al territorio nacional ha sido considerada por el tribunal materia propia de la acción de hábeas corpus (Fallos: 151:211; 164:290). En otro orden, no se da en la especie el supuesto considerado al fallar la causa “Lerner, Benjamín y otra”, el 26 de diciembre de 1941, pues el beneficiario ha manifestado en autos, por sí y por apoderado, su voluntad de regresar al país. Por otra parte, el presente caso no resulta análogo a los resueltos en Fallos: 247:469; 296:85 y en la causa “García, Zoilo de la Cruz”, del 1 de julio de 1980, ya que en esos precedentes la acción se entabló durante el cumplimiento efectivo del arresto y al momento de fallar los beneficiarios habían abandonado el país conforme al derecho de opción concedido, pero sin manifestar posteriormente su voluntad de mantener el remedio iniciado; mientras que en el “sub lite”, por el contrario, la acción se dirige desde su inicio contra la restricción al reingreso.

5º) Que, sentado lo que precede en cuanto a la idoneidad de la vía del hábeas corpus para intentar poner remedio a la restricción a la libertad ambulatoria que alega el recurrente, cabe analizar las razones atinentes a la procedencia de su pretensión en la especial situación planteada en esta causa.

En primer lugar, ha de señalarse que el hecho de que el beneficiario de este hábeas corpus haya obtenido la opción para salir del país no suprime totalmente la vigencia del primer decreto que lo puso a disposición del Poder Ejecutivo ni deja sin efecto las consecuencias de que de él derivan, pues es, precisamente, en virtud de aquel decreto que subsiste el extrañamiento forzoso. Por lo demás, en su comunicación de fs. 12 el Poder Ejecutivo informa, después de haber concedido la opción para salir del país, que el “decreto de arresto conserva su vigencia”.

En segundo lugar, debe advertirse que el beneficiario de este recurso omitió, antes y durante la secuela del juicio, gestionar ante el Poder Ejecutivo la autorización para regresar al país que prevé el art. 6º de la ley 21.449. Habida cuenta de que ello podía constituir un óbice formal impeditivo de la viabilidad de la acción, en aras de la eficacia y rapidez que exige este tipo de proceso -que no admite ritualismos procesales que enerven injustificadamente su tramitación- esta Corte subsanó aquella omisión dictando la medida para mejor proveer de fs. 129 y libró oficio al Poder Ejecutivo a fin de que informara si se autorizaba a Hipólito Solari Yrigoyen a ingresar al país. A fs. 133, con fecha 2 de febrero del corriente año, obra agregada la contestación a aquel requerimiento, en la que se informa que el Poder Ejecutivo nacional resolvió no autorizar el regreso al país del beneficiario del recurso.

Por último, se impone señalar que el hecho de que Solari Yrigoyen se halle actualmente en libertad en el extranjero no le priva de interés legítimo para solicitar un pronunciamiento sobre su situación, toda vez que el extrañamiento forzoso importa restricción a la libertad ambulatoria en tanto le impide entrar y permanecer en territorio argentino (art. 14, Constitución Nacional; conf. por lo demás doct. de la minoría en Fallos: 247:469, consids. 8º y sigts.; 283:425, consid. 7º ). Reiteradamente ha sostenido esta Corte que el estado de sitio es un recurso para preservar y no para suprimir el imperio de la Constitución (Fallos: 54:432; 247:469; 276:67; 282: 74 ), de lo que se deriva que compete al Poder Judicial y, en especial a la Corte como intérprete y custodio supremo de la Constitución Nacional, oír los reclamos de quienes estiman afectadas sus libertades constitucionales a fin de ejercer, en causa judicial concreta, el control jurisdiccional respecto a la adecuación de causa y grado entre las restricciones impuestas y los motivos del estado de sitio mediante una adecuada coordinación de los valores personales y sociales en juego (Fallos: 298:441; “Marino, Celia A.” del 27 julio de 1982; Urteaga, Facundo R.” del 10 de agosto de 1982; “Puccio, Carlos E.” del 24 de agosto de 1982; “Spadoni, Horacio E.” del 8 de marzo del cte. año y muchos otros).

6º) Que si bien el art. 23 de la Constitución Nacional establece que durante el estado de sitio el presidente de la República podrá arrestar o trasladar a las personas de un punto a otro de la Nación, si ellas no prefiriesen salir fuera del territorio argentino, esta última frase sólo enuncia un derecho que aquéllas pueden ejercer para lograr en los hechos el cese del arresto o traslado. El ejercicio de dicha opción no significa, pues, más que un remedio extremo para que el interesado pueda obtener, fuera del territorio nacional, su libertad ambulatoria, mas no debe entenderse por ello que la medida restrictiva que permanece vigente en el país no pueda ser legítimamente impugnada por el afectado, pues lo contrario podría importar la convalidación de una traba insoslayable y de duración indeterminada a su libertad ambulatoria. En tales condiciones, resulta admisible la pretensión relativa al control jurisdiccional de razonabilidad del arresto, toda vez que es ésta la medida que, en definitiva, ocasiona la restricción cuyo levantamiento reclama el recurrente.

7º) Que tiene establecido el tribunal en Fallos: 298:441, que la declaración del estado de sitio por las causales del art. 23 de la Ley Fundamental no es susceptible de revisión por los jueces, en cuanto cuestión política en que el juicio prudencial del Congreso y del Ejecutivo es necesario y final para alcanzar los objetivos de la Constitución. Pero, en cambio, sí está sujeta al control jurisdiccional la aplicación concreta de los poderes de excepción del presidente sobre las libertades constitucionales, control que lejos de retraerse en la emergencia, debe desarrollarse hasta donde convergen sus competencias y los valores de la sociedad argentina confiados a su custodia. En diversos precedentes, esta Corte ha fundado ese control de razonabilidad en la adecuación de causa y grado entre las restricciones impuestas y los motivos de la excepción. Dicho control es un deber del Poder judicial, en especial de la Corte Suprema como tribunal de garantías constitucionales, pero es impuesto en interés del buen orden de la comunidad y del propio órgano político (Fallos: 298:441; 300:816; 303:397).

8º) Que el dec. 1878/76 no contiene fundamentos específicos que permitan establecer en el caso la debida adecuación de causa y grado entre la restricción impuesta y los motivos que determinaron el estado de sitio. Dicha insuficiencia tampoco queda salvada con el informe de fs. 12/13, pues allí se alude en forma genérica a la conducta del recurrente, mas sin señalar las circunstancias concretas en que ella le es atribuida. Tampoco se determinan las fuentes de tales referencias, que se califican como de “índole secreta y confidencial”. A ello se suma la inexistencia de causas judiciales en las cuales el beneficiario hubiese visto comprometida su responsabilidad por hechos vinculados a los que se le asignan como sustento de la medida.

9º) Que teniendo en cuenta lo expuesto en los 2 considerandos precedentes y las actuales circunstancias del país, cabe concluir que el arresto de Hipólito Solari Yrigoyen no resulta adecuado en la actualidad a los motivos que determinaron el estado de sitio, por lo que debe cesar la restricción que aquél importa a su, libertad. Esta conclusión torna inoficioso el tratamiento de los restantes planteos articulados en autos.

Por ello, habiendo dictaminado el Procurador General se revoca la sentencia apelada y se hace lugar a la acción interpuesta. En consecuencia, se declara que resulta actualmente inválido el dec. 1878/76 mediante el cual se dispuso el arresto de Hipólito Solari Yrigoyen, por lo que deberán cesar de inmediato las restricciones que ello importaba para su reingreso al territorio argentino. - Adolfo R. Gabrielli. - Abelardo F. Rossi. - Elías P. Guastavino. - Carlos A. Renom (según su voto).

Voto del doctor Renom:

Considerando: 

- Que el Poder Ejecutivo nacional mediante el dec. 1878 del 1 de setiembre de 1976 dispuso el arresto de Hipólito Solari Yrigoyen por considerar que su actividad atentaba contra la paz interior, la tranquilidad, el orden público y los permanentes intereses de la República, y a los fines de preservar dichos objetivos conforme las facultades establecidas por el art. 23 de la Constitución Nacional. Durante el cumplimiento de esa medida; por dec 1098 del 25 de abril de 1977, se hizo lugar al derecho de opción ejercido  por el arrestado para abandonar el país, a cuyo efecto se tuvo en cuenta la inexistencia de causas judiciales que lo involucraran y la consideración de que el peticionario no pondría en peligro la seguridad nacional en caso de permitirse su salida del territorio.

- Que el 9 de diciembre de 1981 se articuló la presente acción de hábeas corpus con el fin de obtener una declaración judicial que invalidara la restricción impuesta al beneficiario en orden a su regreso al país, tachándose de inconstitucionales los decretos antes referidos, las leyes 21.449 y 21.650, y el art. 281 ter del Cód. Penal. El juez de primera instancia declaró abstracta la cuestión ya que el beneficiario no había solicitado al Poder Ejecutivo nacional la pertinente autorización para retornar al territorio argentino. Apelado el pronunciamiento, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal, sala 1, no hizo lugar a los planteos de inconstitucionalidad y rechazó la acción intentada. Ello motivó el recurso extraordinario de fs. 93/103, que fue concedido a fs. 107.

3º - Que en la especie se pretende que los órganos jurisdiccionales ejerzan el control de razonabilidad que les incumbe sobre las medidas adoptadas por el Poder Ejecutivo durante el estado de sitio, respecto de las restricciones que pesan sobre el beneficiario para ingresar al país. Por otra parte, se alega la inconstitucionalidad de las normas que reprimen esa conducta.

- Que el hábeas corpus procede, no sólo cuando una persona está detenida, sino también cuando el ejercicio pleno de la libertad física se encuentra restringido sin derecho. La prohibición de ingresar al espacio nacional importa en sí misma una limitación a la libertad personal, en tanto impide hacer uso del derecho constitucional de entrar y permanecer en el territorio de la República Argentina (art. 14, Constitución Nacional).

5º - Que en el caso, de acuerdo a las constancias obrantes, subsiste la orden de arresto por la cual se detendrá a Hipólito Solari Yrigoyen en el momento que éste pise el suelo argentino, situación objetiva ésta que restringe su libertad ambulatoria y lo agravia actual y concretamente (confr. disidencia de Fallos: 247:469, considerandos 8º y siguientes y 283:425, consid. 7º); tornando procedente, en consecuencia, la garantía del art. 18 de la Constitución Nacional, sin necesidad que para ello sea menester que el beneficiario gestione ante el presidente de la Nación la autorización para regresar al país que prevé el art. 6º de la ley 21.449, porque lo que se pretende que se analice es la razonabilidad, en las particulares circunstancias de autos, de la vigencia del dec. 1878/76 por el que se arrestó al ex legislador y se lo puso a disposición del Poder Ejecutivo, con todas las limitaciones que ello acarrea en el goce de la libertad ambulatoria mientras dura el estado de sitio.

6º - Que la declaración del estado de sitio por las causales del art. 23 de la Constitución Nacional es irrevisable por los jueces en cuanto cuestión política en que el juicio prudencial del Congreso y del Ejecutivo es necesario y final para implementar los objetivos de la Ley Fundamental. Pero, en cambio, sí está sujeta al control jurisdiccional la aplicación concreta de los poderes de excepción del presidente sobre las libertades constitucionales, control que lejos de retraerse en la emergencia, debe desarrollarse hasta donde convergen sus competencias y los valores de la sociedad argentina confiados a su custodia. En diversos precedentes, esta Corte ha fundado ese control de razonabilidad en la adecuación de causa y grado entre las restricciones impuestas y los motivos de la excepción (Fallos: 298:441 y sus citas).

7º - Que el dec. 1878/76 no contiene fundamentos específicos que permitan establecer, en el caso, la debida adecuación de causa y grado entre la restricción impuesta y los motivos que determinaron el estado de sitio. Dicha insuficiencia tampoco queda salvada con el informe de fs. 12/13, pues allí se alude en forma genérica a la conducta del recurrente, mas sin señalar las circunstancias específicas en que ella le es atribuida. Tampoco se determinan las fuentes de tales referencias, que se califican como de “índole secreta y confidencial”. A ello se suma la inexistencia de causas judiciales en las cuales el beneficiario hubiese visto comprometida su responsabilidad por hechos vinculados a los que se le asigna como sustento de la medida.

8º - Que cabe agregar también, que la prolongación de la restricción impuesta por casi 7 años y la ausencia de motivaciones actuales del Poder Ejecutivo que justifiquen la subsistencia de la misma, agravan aún más la situación del caso en el que las restricciones vigentes transforman a la medida de excepción, en la aplicación por parte del Poder Ejecutivo de una verdadera pena “sine die”, accionar éste prohibido expresamente por el art. 23 de la Constitución Nacional.

9º - Que lo expresado precedentemente torna inoficioso el tratamiento de los restantes planteos articulados en la causa.

Por ello, habiendo dictaminado el Procurador General, se revoca la sentencia apelada y se hace lugar a la acción interpuesta. En consecuencia, se declara que resulta actualmente inválido el dec. 1878/76 en cuanto somete a disposición del Poder Ejecutivo a Hipólito Solari Yrigoyen, por lo que deberán cesar de inmediato todas las restricciones que del mismo se derivan. - Carlos A. Renom.











Fuente: Solari Yrigoyen, Hipólito s/ hábeas corpus - 11-03-1983- Fallos: 305:269 en Hábeas Corpus y Estado de sitio - Arresto dispuesto por el Presidente de la Nación – Control de la razonabilidad de la disposición de un arresto. Opción de salir del país. Corte Suprema de Justicia de la Nación - Secretaría de Jurisprudencia, septiembre de 2013.


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miércoles, 3 de julio de 2019

Diego Luis Molinari: "Monumento a la memoria del ex Presidente Yrigoyen" (3 de julio de 1946)

Sr. Molinari. — Pido la palabra.

El apoyo unánime de la representación senatorial al proyecto que subscribimos, nos induce a pedir que el mismo se trate sobre tablas. Y no puedo pasar por alto, señor presidente y señores senadores, algunos aspectos más que fundamentales que el entraña.

Pido perdón si voy a distraer la atención de este cuerpo, por unos minutos más, después de las elocuentes y sentidas palabras de mi colega, el señor senador por Santa Fe.

Pero es que existimos en este cuerpo, señor presidente, algunos senadores cuya vida, se puede decir, fue moldeada dentro de las filas del gran movimiento de reparación nacional, que encabezara don Hipólito Yrigoyen; y parecería hoy injustificado este silencio si acaso mi voz modesta y trémula no se levantase en una hora de semejante significación.

Hemos resuelto, y así lo decimos, como representación parlamentaria de este gran movimiento que hoy integramos, que el sitio de la estatua sea el que el proyecto ha señalado; y no es una elección a capricho, no es tan siquiera la elección del mejor sitio que la ciudad ofrezca, para que se levante un monumento de esta naturaleza, sino que, al reemplazar al actual obelisco, hay en esta decisión un sentido de historia que reivindica los derechos fundamentales del pueblo. Monumento de la arbitrariedad, este obelisco, que si mal no recuerdo, no tiene ley del Congreso que lo autorice, ordenanza municipal que lo permita, ni licitación que se haya cumplido en su erección, mal ejemplo e inadecuada replica de un monumento extraño al país, adefesio, en una palabra, cuya inseguridad es tal que en cierto momento se pensó en su demolición por el peligro que entrañaba para los habitantes de esta ciudad; y las referencias, y datos históricos con que se lo quiso justificar, estampándolos en sus caras para que nadie osara tocarlo, no son sino una demostración mas de este monumento a la arbitrariedad que el implica y significa, porque nada de ello es, históricamente, exacto.

Actúa, pues, el Congreso en esta oportunidad como legislatura local, tal como lo quiere la Constitución, y al señalar por ley de ambas Cámaras, el sitio en que debe erigirse este
monumento, desaloja a un resto del pasado de fraude y violencia, para dar paso, otra vez, a la claridad de la aurora de un nuevo tiempo, con este homenaje que la justicia y la gratitud de un pueblo ofrece a uno de sus mas preclaros ciudadanos. Y si decimos que hay que poner el nombre de Hipólito Yrigoyen al Paseo Colon, es porque esta fue la ruta habitual desde su casa de la calle Brasil, modesta en apariencia pero gran templo de nuestra ciudadanía, que el recorría día tras día, cuando iba a la Casa de Gobierno para resolver los problemas fundamentales con soluciones felices, como acaba de apuntar. tan oportunamente, el señor senador por Santa Fe.

¡Como no habría de recordar, señor presidente, las palabras que se dicen en este proyecto que deben ser estampadas en el monumento, si, me toco a mi, precisamente a mi joven y modesto hijo de inmigrantes, elevado a la dignidad de funcionario dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores, escribir esas palabras dictadas por el mismo! ¡Como no voy a recordar aquella oportunidad de definiciones ante los pueblos vencedores del mundo, cuando pidió el, que dijéramos que «la Argentina no estaba con nadie, contra nadie, sino con todos y para el bien de todos»!

Era en el momento en que los poderosos de la tierra dictaban la ley a los pueblos, y ya veíamos que en ese germen de injusticias asomaba otra vez la gran tragedia que, pocos años mas tarde, habría de azotar por segunda vez al mundo: y los principios fundamentales de la democracia y el bienestar social, que Yrigoyen en todo momento tuvo presente, y estampo en documentos memorables, que la historia recogió, constituían algo así como el catecismo de nuestra ciudadanía.

La voluntad libre de los pueblos era el instrumento para levantar esta nueva Argentina que entonces soñábamos. Y el, que habitualmente no decía partido, sino gran movimiento de opinión nacional, apelaba a los manes de la historia, a las poderosas fuerzas de nuestro pasado para realizar esta gran Argentina, en aquellas horas en que vivíamos.

¡Que obstáculos invencibles tuvo a su paso! Mas de una vez me recordó que el movimiento tenia como lógica, una culminación revolucionaria, porque el radicalismo que nació como un gran movimiento en 1889, confuso en las definiciones de la Unión Cívica, habría de asentarse en las horas posteriores, como Unión Cívica Radical, como Unión Cívica Radical Intransigente y como Unión Cívica Radical Intransigente y Revolucionaria, con un concepto que hasta hoy no ha muerto en las filas de nuestra Nación.

Debíamos haber llegado por revolución, mas llegamos por elección. A este respecto tuvimos que ir contra un pasado de régimen que fue el mas poderoso obstáculo para la obra que Yrigoyen se proponía realizar, obstáculo que se encontró en este mismo Senado, que nunca lo fue realmente hasta hoy; en donde venían perpetuándose hechos engendrados por el fraude y la violencia; Senado que en el transcurso de los años se interpuso entre los fines de este gran movimiento nacional y la realización concreta de los ideales que sosteníamos. Y para 1930, el día en que tal vez habríamos de quebrar con algunos senadores electos, como todo el mundo recuerda, por provincias lejanas, la regla de los dos tercios, ese día fue el señalado para el movimiento del 6 de septiembre de 1930. Es que este no podía perder su carácter de Senado de la decadencia, como lo ha dicho una gran voz dentro de este recinto; y ahora comprendemos que aquella decadencia tenia todavía horas mas terribles de penumbra y de dolor para la patria argentina.

A1 regresar de la isla de Martín García, Yrigoyen pronuncio palabras que fueron como una consigna: «Todo ha terminado y hay que empezar de nuevo». ¿Que significaba ello? No era por cierto acudir a la conquista electoral de las posiciones fáciles en las acometidas circunstanciales del fraude, o colaborar bajo la apariencia de la legalidad, dentro de los cuadros de hombres surgidos del fraude, sino que había que empezar de nuevo la cruzada revolucionaria para que el país, de una vez por todas, barriera con el pasado que nos había infamado en la hora que acabo de citar. Y así, empezamos esta otra cruzada. Dios quiso llevarlo a mejor vida, cuando todavía pudo haber dado al país las grandes soluciones. Y si hay otro mundo justo, que no lo dudo, y desde alli nos contempla ahora, se dará cuenta de que no ha muerto la llama que encendieran los hombres de 1890, 1893 y 1905, que la sangre derramada en 1932 y 1933, es para muchos una prenda de honor y que las tentativas de acción revolucionaria de 1933 y 1943, no eran mas que la continuación de una consigna de heroísmo, porque solo de esta manera el país podía recuperar el sentido de sus grandes destinos históricos. Y así sucedió.

Llegamos al 4 de junio de 1943 y el movimiento revolucionario pone al país otra vez sobre el cauce de su verdadera historia. Grande movimiento de opinión este, que nosotros integramos ahora, que no se aparta del hilo límpido de aquel cauce torrentoso que fuera el movimiento radical del pasado y que se perpetúa en sus grandes consignas en la hora presente. ¡Como no habría de ser así! Tenia que surgir, y siempre lo esperábamos, quien recogiera el arco de Ulises; y he aquí que hoy, de manos fornidas, parte la flecha hacia el horizonte, marcando el rumbo de grandeza infinita para nuestra patria.

Alguien había de recoger tamaña tradición y tan grande herencia; y no vacilamos en afirmar (aquí esta el senador Durand, que fuera presidente de la convención que eligió a Yrigoyen por segunda vez, para ocupar la mas elevada magistratura del país; y aquí esta el senador Antille, uno de los pocos que sobreviven después del 6 de septiembre de 1930, y otros, que nos formamos y que nos modelamos en sus máximas y ejemplos) y no vacilamos en afirmar, repito, que no ha habido solución de continuidad entre ayer y hoy, y que podemos mirar el mañana como una aurora y no como una penumbra inquietante. La fuerza del pueblo se ha encarnado en este movimiento que todos integramos ahora.

Aquel Senado de la decadencia, que fuera vergüenza de la patria, ha desaparecido para siempre de la memoria de los argentinos. No nos preocupemos de recoger las hojas caídas y arrojemos flores frescas y perfumadas sobre la tumba del prócer que nos dio la heroica consigna. (Aplausos prolongados en las bancas y en las galerías.)

Sr. Presidente. — Se va a votar la moción do sobre tablas formulada por el señor senador por la Capital.

—Se lee nuevamente.

Sr. Presidente. — Se va a votar en general.
Sr. Antille. — Solicito que se lea nuevamente el proyecto.
Sr. Presidente. — Así se hará, señor senador.

—Se lee nuevamente:

—Al mencionarse el día 12 de julio como fecha de nacimiento del prócer, desde un palco de la primera galena ocupado por miembros de su familia, se hace una observación en voz baja.

Sr. Molinari. — Pido la palabra.

Una autorizada voz desde la barra hace notar que hay un error en la fecha de nacimiento, debiendo ser la del 13 de julio de 1852.

Sr. Presidente. — Ya esta rectificada, senos senador. Fue un lapsus.
Se va a votar.

—Se vota y aprueba, en general y particular, por unanimidad.

Sr. Presidente. — Queda sancionado. No habiendo mas asuntos que tratar, aueda levantada la sesión.

—Así se hace, siendo las 17 y 5.

Ramón Columba.
Director do Taquígrafos









Fuente: “Moción” del Señor Senador por la Capital Federal, Dr. Diego Luis Molinari para la construccion de un Monumento a la Memoria de Hipólito Yrigoyen, 4° REUNION - 3 SESIÓN ORDINARIA, Cámara de Senadores de la Nación Argentina, 3 de julio de 1946.

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viernes, 21 de junio de 2019

Gral. Juan Domingo Perón: "Carta al Sr. Alberto Asseff Secretario General de la Juventud de la UCR del Pueblo" (25 de junio de 1967)

Madrid, 25 de junio de 1967

Señor Don Alberto E. Asseff (h)

BUENOS AIRES

Mi querido compatriota:

Me ha dado Usted una gran satisfacción con su carta del 12 del corriente, de contenido tan sensato como amable, que tengo el placer de contestar.

Siempre he tratado en mi vida pública de apartarme de todo sectarismo, no sólo por naturaleza y por costumbre, sino también porque en política todo sectarismo es negativo. Pertenezco a un sector de nuestra comunidad que nunca ha querido ser un partido político sino un gran movimiento nacional. Como tal ha sido formado por hombres de todos los estamentos nacionales y de todas las proveniencias. Su ideología y su doctrina son puramente nacionales y, aunque entre nosotros pueda haber algunos sectarios, como generalmente ocurre en todos los movimientos ideológicos y doctrinarios, ello no quiere decir que el Movimiento lo sea.

Cuando formamos nuestro Movimiento, yo personalmente o por intermedio de otros compañeros, hicimos un llamado a los hombres de todos los partidos políticos que entonces componían el panorama nacional y muchos se incorporaron al Movimiento. El Partido Radical, concurrió en masa con algunos de sus sectores más progresistas, lo que se justificaba ampliamente porque esos sectores estaban en un revisionismo que coincidía con nuestros pensamientos y programas. En cambio, otros se negaron a hacerlo, tal vez por una cuestión partidaria y, no por sentimientos, ni porque no coincidieran con nuestros designios. De la misma manera acogimos a los sectores socialistas, conservadores, etc. que se incorporaron al Movimiento Peronista en las mismas condiciones que los demás.

Tanto consideramos a los radicales de entonces, que el Vice Presidente de nuestro primer Gobierno fue el Doctor Quijano de esa proveniencia. No era este un favor a nadie, sino que se trataba de personas que provenían de una agrupación política que pensaba y sentía como todos nosotros. Otro tanto pasó con los socialistas y aún los conservadores que, en amplios sectores nos han acompañado en estos veinte años de lucha y trabajo. Ningún radical podrá sostener con fundamento que han combatido al Peronismo por diferencias ideológicas o porque nosotros les hemos negado el derecho de participar en nuestras actividades durante esos veinte años.

Los que han estado en contra nuestra lo han hecho por meras cuestiones políticas de menor cuantía, jamás por diferencias de fondo. Es natural que cuando fuimos combatidos violentamente, no tuvimos otro remedio que defendernos.

Nosotros estamos donde siempre estuvimos: listos para unirnos a los demás argentinos de buena voluntad que deseen compartir el esfuerzo común, dentro de las ideas acordes que la evolución impone y las necesidades nacionales aconsejan para un mejor destino nacional. En la Patria están presentes y latentes elocuentes muestras de tales intenciones que la Providencia nos ha permitido realizar. En ese concepto es que seguimos una marcha y una lucha que no desarrollamos en contra de nadie sino en favor de todos.

No se me escapa que hay obstáculos: en el radicalismo, por parte de los que pasionalmente mantienen el encono de luchas pasadas por los que piensan que "Perón los pueda engañar nuevamente" dividiendo el radicalismo y por los que sienten ya marginados y superados por los hechos. Los primeros sólo pueden ser neutralizados por un procedimiento que emplee, como fuerza motriz, a la grandeza; los últimos con la resignación, que también es virtud política y, los que creen que yo les he engañado, "sacándose eso" de la cabeza porque, como antes he dicho, nosotros no engañamos a nadie que no haya querido engañarse a sí mismo.

En cuanto a los dirigentes gremiales poco interesados en un acuerdo, renguean de la misma pata que los dirigentes radicales que no ven perspectivas personales en la unión, pero afortunadamente el natural trasvasamiento generacional, que se realiza en este orden de ideas en el peronismo sindical, terminará con ellos. El Peronismo, como partido político, ha publicado en la forma que ha sido posible, su posición  ante la dictadura militar, tanto al comienzo de la misma como luego cuando la superchería se puso en evidencia, como asimismo, seremos más claros y terminantes en el accionar ya que seguimos sosteniendo uno de los apotegmas más viejos del Peronismo: "mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar".

Los que duden sobre la viabilidad de un acuerdo es porque les falta fe y confianza, probablemente porque ellos tampoco son capaces de inspirarlas. En esta clase de acuerdos hay que entrar como en el baño frío: de golpe y luego adentro moverse, porque si andamos tanteando nos puede dar miedo y no meternos. Una vez adentro, si hemos ingresado de buena fe y con convencimiento, todo se arreglará.

Si nos gastamos en discusiones y controversias inoperantes, es probable que la dictadura salga con su gusto: quedarse diez años en el gobierno y, entre tanto, llevar al país a su desastre definitivo.

Es claro que la maquinaria oficialista echará mano a todos los recursos del poder para que no nos unamos porque piensan que es necesario "dividir para reinar", pero no debemos temer ni a la dictadura ni a sus escribas publicitarios, porque tenemos razón, que superará siempre a todos los sofismas de una propaganda como la goma de mascar, que todos mastican pero ninguno la traga.

Sobre los objetivos del acuerdo, no creo que debamos discutir mucho: nosotros sabemos lo que ustedes quieren y ustedes saben lo que nosotros anhelamos, pero por sobre toda otra consideración, nos unimos para salvar al país, primero de las actuales acechanzas dictatoriales al servicio de la antipatria y luego del desastre que en todos los órdenes infiere la acción de un gobierno militar que intenta perpetuar ignominiosamente un poder bastardo, que ha usurpado.

Con referencia a mi persona, a mi edad y con mi historial, Usted comprenderá que estoy sobre el bien y sobre el mal. Creo simplemente que puedo prestar mi último servicio al país y en ello pongo mi empeño. Es una suerte de testamento político dinámico: entregar a la nueva generación de argentinos el "testimonio" con el que he corrido veinte años en esta carrera de posta generacional que estamos  corriendo. Si, además de ese testimonio, pudiera pasarles algo de la extraordinaria experiencia con que la vida me ha cargado, al cargarme de años, me podría morir más tranquilo.

Cuando algunos radicales afirman que yo los he engañado, no dicen la verdad: bastaría preguntarles a los actuales peronistas provenientes del radicalismo, si están desconformes de haber engrosado nuestro Movimiento. Lo que pasa es que resulta difícil explicar lo inexplicable, como resulta el hecho de haberse colocado en oposición de un Movimiento que realiza lo que hace tantos años viene propugnando el radicalismo.

La juventud radical, libre de otros intereses que no sea el bien de la Patria, debe conocer la verdad tal como es, para que le sirva de punto de partida en una empresa que puede llegar a ser decisiva en el futuro del país. Ellos tienen derecho a participar activa y decisivamente en nuestro destino porque, en último análisis, serán los que han de gozar o sufrir las consecuencias. Por eso comparto sus ideas: este tiempo requiere menos improvisación y sordidez y más buena fe que den posibilidad de proceder con mayor grandeza y mejores intenciones que las que se han visto hasta ahora, probablemente ocasionadas por una lucha insensata impulsada más por las pasiones que por la reflexión y el razonamiento.

Comparto su idea sobre la necesidad de unirnos y promover un gran movimiento nacional en procura de mejor suerte para la República, en el que debe participar la ciudadanía argentina que esté inspirada en los mismos sentimientos. En la Argentina, como ocurre en casi todo el mundo actual, nadie puede gobernar sin el concurso del Pueblo organizado. Eso sólo se puede conseguir con el esfuerzo común de las fuerzas políticas con arraigo popular y mediante las tres banderas que enarbolamos ya hace más de veinte años: la independencia económica, la soberanía popular y nacional y la justicia social.

El enfrentamiento, no sólo de los radicales sino de todo el que comparta estas ideas de buena fe, no puede ser sino perjudicial para los fines de nuestra propia  nacionalidad. Se hace más evidente en el caso del radicalismo, porque coincidimos en los objetivos básicos que inspiran nuestra acción y porque dividimos negativamente una acción que, congruentemente, debía sernos común. De ello, es de donde las fuerzas antinacionales, pueden sacar mayor provecho, frente a un Pueblo arbitrariamente dividido.

Claro que no se trata de un pacto entre el General Perón y la generación intermedia ni la juventud del radicalismo, ni menos aún se trata de un sucio contubernio (como los que hemos contemplado en otros casos) hecho a espaldas del Pueblo, sino de un acuerdo honesto en procura de resolver el más grave problema que se le ha presentado al país en muchos años. Por otra parte, yo soy sólo un peronista más, que cumplo mi función y mi misión en un puesto, como cualquier otro. No procedo jamás discrecionalmente sino ajustado estrictamente a la función que el Movimiento me ha confiado. Dentro de esa acción, de mi responsabilidad, no estoy facultado para excluir a nadie de un pacto nacional. Los que enfrenten este acuerdo, como bien dice Usted, lo harán porque no creen en la unidad del Pueblo y tampoco en nuestro propio destino.

El país se encuentra en una grave encrucijada, que no nos da tiempo para gastarnos en cabildeos ni en tratativas intrascendentes. Es preciso que la juventud argentina, sin diferencias de banderías ni partidismos, se dé cuenta cabal de ello y se una en la tarea común de buscar remedio a los males, que cada día serán mayores si no se pone coto a los desbordes dictatoriales del gobierno militar que está azotando al país. Debe también persuadirse que sin luchar en forma efectiva y tal vez violenta no conseguirá imponer su ley de acción. Para lograrlo es que necesita estar unida y solidaria porque la lucha impone accionar hombro con hombro. Si hay decisión y buena fe nada se opondrá a estos designios, pero si entramos al campo de las triquiñuelas políticas estaremos perdidos antes de empezar.

Yo sé que tenemos enemigos pero, si accionamos con la firme voluntad de vencer, también sé que venceremos. Para ello es que necesitamos formar un movimiento nacional, con un Pueblo unido en ideales comunes, encuadrado por dirigentes que tengan conciencia de su deber de argentinos, que atienda al enemigo que tenemos al frente y no se desgaste en litigios internos por cuestiones e intereses personales o de círculo. Debemos olvidar lo que del pasado nos puede ser negativo, Porque sino no se podrán alcanzar las condiciones que nos permitan luchar por el futuro.

El Peronismo está en su puesto: tenemos conducción y poseemos un caudal poderoso, animado por una doctrina que nos es común, sabemos lo que queremos y estamos en la tarea de organizamos convenientemente para adaptarnos a las actuales circunstancias.
Hasta ahora, para hacer frente a las contingencias electorales, teníamos votos, lo que nos permitía prescindir de la organización.

Ahora ya no se trata de elecciones y debemos organizamos para enfrentar una lucha diferente en la cual la organización es imprescindible. Antes de lanzamos a esa lucha en forma decisiva anhelamos que Ustedes nos acompañen en pie de igualdad, con las mismas prerrogativas e idénticas obligaciones. Ese es nuestro pensamiento, el que ha sido siempre y el que mantendremos tanto en la fortuna como en la desgracia. Sin la solidaridad inspirada en la mayor grandeza, ninguna lucha es posible en común.

Bueno amigo: creo haber contestado a todas sus justas inquietudes que, a pesar de mis setenta y uno, son las mismas mías porque así como hay viejos de veinte hay también jóvenes de setenta. Soy un partidario decidido y enérgico de nuestra unión, desgraciadamente me encuentro tan lejos que debo confiar en todos Ustedes para realizarla. Dios quiera que lo hagan en forma que la Patria tenga algo que agradecerles.

Un gran abrazo.


Juan Domingo Perón





Fuente: "Carta del Gral. Juan Domingo Perón al Sr. Alberto Asseff Secretario General de la Juventud de la UCR del Pueblo" (25/6/67)  en Correspondencia 1/Juan Domingo Perón, Editorial Corregidor 1983.


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miércoles, 19 de junio de 2019

Gerardo Morales: “Carta abierta al Dr. Nestor Kirchner Presidente del Partido Justicialista” (11 de marzo de 2009)

Buenos Aires, 11 de marzo de 2009


Estimado Néstor:

Hoy no me dirijo a vos como adversario, sino como colega, es decir, como presidente de un partido político nacional. Yo sé lo que significa convertirse en una secta. Cuando estás más preocupado por ver a quienes echas que con quienes te abrís camino. Cuando ganan los sectores que prefieren aferrarse a la caja –poca o mucha, pero segura- que debatir cómo adecuar el proyecto frente a los cambios del país y del mundo. Cuando aquellos a quienes denostabas son los únicos acompañantes que te quedan.

A nosotros, los radicales, cuando nos vino la mala perdimos el proyecto nacional, nos abroquelamos en cada provincia o municipio, y casi nos transformamos en una confederación de partidos.

Néstor, te aseguro que no es agradable transitar el camino del aislamiento. Es muy importante entender qué pasa, y por qué pasa lo que pasa.

Cuando uno está arriba debe aprender a dialogar, porque cuando vas cayendo nadie quiere siquiera saludarte.

La democracia argentina se consiguió con el esfuerzo de miles de hombres y mujeres, y nosotros como políticos debemos honrarlos en cada acto y pensamiento. No quiero parecer un maestro ciruela. Discúlpame si me entrometo, pero tantas veces mi partido ha sido víctima de tus diatribas que me parece prudente acercarte esta visión de la actualidad.

La crisis cultural de los 90 es la responsable de que las instituciones hayan dejado paso a los personajes. Sin embargo, tu esposa debería recordar las promesas de la campaña y trabajar para evitar que las instituciones de la República sigan perdiendo calidad, y consecuentemente sigamos viviendo en un país muy poco normal, donde -por ejemplo- lleva un año encontrar una solución a un problema solo porque la necedad está más vital que el consenso.

Cuando los peligros agobian, es inútil buscar enemigos por los rincones; es pésimo hacer política desde la mentira; es fatal concentrar el poder por el poder mismo. El tema es enfrentar la crisis “entre todos” para combatir la inseguridad; para garantizar la educación; sostener el trabajo y la producción… en definitiva para vivir en paz.

Te propongo que evites el aniquilamiento del proyecto colectivo de tu partido. Los partidos fuertes y potentes son las verdaderas columnas que sostienen a las naciones. La democracia de candidatos solo nos deja sujetos a un toque de gobernante (que ayer fuiste vos; hoy es tu esposa, pero mañana: ¿quién será?).

En mi pueblo se dice que sos el amo de tus silencios, pero el esclavo de tus palabras. Antes de amenazar o insistir en perseguirte, te sugiero que pensés que, como ex Presidente, tenés una responsabilidad, y como marido de la Presidenta tenés una oportunidad: acompañar desde la racionalidad, la mesura y la experiencia de gobierno.

Te saludo con respeto.

Gerardo Morales

PRESIDENTE DE LA UNION CIVICA RADICAL












Fuente: “Carta abierta al Presidente del Partido Justicialista” por Gerardo Morales, Senador Nacional por la Provincia de Jujuy y Presidente de la Unión Cívica Radical, 11 de marzo de 2009.

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viernes, 14 de junio de 2019

Raúl Alfonsín: “Una propuesta para la transición a la Democracia” (4 de junio de 1982)

Luego de mas de un siglo, la Argentina esta en guerra. Pero la lucha para defender nuestra soberanía en las Malvinas no se ha planteado en un país prospero y políticamente estable sino en una sociedad que se debate en la incertidumbre sobre su futuro

El acontecimiento dramático que vivimos nos solidariza con nuestros oficiales y soldados en el esfuerzo heroico que realizan contra el imperialismo y compromete nuestro agradecimiento para siempre. Pero ese acontecimiento también nos acerca a una encrucijada trascendental: en tiempo muy próximo se definirse el país que tendremos para nosotros y nuestros hijos. Ningún argentino -y mucho menos los dirigentes políticos- puede permanecer ajeno o indiferente ante el doble desafío al que estamos sometidos. La defensa de la soberanía territorial necesita de nuestra unanimidad para oponernos a quienes la vulneran y de nuestra solidaridad con quienes ofrendan sus vidas para afirmarla. Pero todos esos esfuerzos serian vanos si no comprometemos también nuestras energías y nuestra dedicación para que todos los argentinos, y particularmente aquellos que, desoídos y postergados, no dudaron un instante en acudir a la defensa de la Patria, puedan participar activamente de la decisión y construcción de su destino.

Todos sabemos cuales son las necesidades y cuales son nuestros deberes frente a lo que esta sucediendo en las Malvinas. Es mucho menos evidente y claro lo que hay que hacer para participar y colaborar en la determinación de lo que la Argentina será durante las dos próximas generaciones. Mi deber como dirigente político, como el de todos los dirigentes políticos, es plantear con toda crudeza en que situación estamos, que es lo que esta en juego y que seria lo mejor para nuestra Nación. Un pueblo que ofrece su sangre por la Patria tiene la madurez y el derecho de conocer lo que pasa y lo que puede depararle el futuro. ¿Cuál será el rostro de la Argentina después de la guerra? ¿Comprenderán todos los sectores que solo en la democracia encontrara el país la esperanza de su renacimiento?

Si nos limitáramos a la historia de los últimos lustros y a los acontecimientos que vivimos en estos días probablemente nuestro juicio seria negativo. Nos atreveríamos a afirmar, con todo lo que nos cuesta decirlo, que la democracia no seria la consecuencia lógica. No la imaginamos como el resultado automático de una sociedad expuesta a fuerzas tan intensas y contradictorias como las que están presentes en la Argentina.

Y será precisamente sobre esas dos cuestiones, las dificultades y las esperanzas de la Argentina, que versaran las reflexiones que siguen.

1.- LA PÉRDIDA DE LA PRÁCTICA SOCIAL DE LA DEMOCRACIA.

La democracia no es solo una forma de elección de los gobernantes. Es, antes que nada, una manera de organizar social y políticamente un país; se concreta a lo largo del desarrollo de las sociedades. Requiere de la historia para funcionar. Lo grave de la situación argentina es que hemos desandado el camino de la democracia. El último medio siglo ha deteriorado la organización democrática de nuestro país.

La capacidad de nuestra sociedad para generar la democracia ha disminuido ano a ano, y hoy nos encontramos en un punto critico. Sin embargo, y precisamente por esas dificultades, la necesidad de poner en marcha un proceso de democratización es absolutamente perentoria.
Pero construir la democracia no puede ser solo reemplazar un equipo de gobierno. Ella no se asegura por el mero hecho de que sean civiles y no militares los que ejerzan el poder.

En ese sentido debemos afirmar que uno de los sistemas que mas atenta contra la democracia es aquel que se le parece pero no lo es Y a esta altura de la historia del país, luego de la experiencia autoritaria de los últimos años, seria un error trágico que la alternativa fuera algo parecido a la democracia, vestida con sus ropas pero superficial y tramposa.

La democracia no es la lucha de los civiles para recuperar puestos públicos que ocupan los militares. Tampoco es la salida para un grupo, militar en esta ocasión, que ve deteriorada por el ejercicio del poder su imagen o unidad institucional. No puede ser ni una frivolidad civil ni una salida militar Sin embargo, estos dos elementos suelen combinarse, y cuando lo hacen ponen en marcha procesos que culminan en la decepción, la confusión y la irritación del pueblo. Nuestro problema actual, es consecuencia, es advertir que es necesario poner de inmediato en marcha un proceso de democratización, para lo que hay que encontrar en nuestra sociedad las capacidades que aun quedan y apoyarnos en el las para realizar ese proceso de construcción democrática. Al mismo tiempo hay que evitar la trampa, que hoy puede ser más nefasta que nunca, de hacer algo que se parece a la democracia, pero que no lo es. Y que, por eso mismo, esta condenado a fracasar.

Todo esto debe ser hecho rápidamente. a pesar del pasado y a pesar de las trampas.

2.- LA DESINSTITUCIONALIZACIÓN DE LA ARGENTINA

Durante los últimos seis años se impuso al país una política económica que demolió su aparato productivo y que nos hizo contraer una gigantesca deuda externa, la mayor del mundo por habitante. El costo social de esa política ha sido tremendo y se traduce en una realidad cotidiana que todos conocemos y sufrimos. Hay otra consecuencia de estos anos, menos visible y tan grave como la anterior: el deterioro de la organización política e institucional de la Republica. La veda a la actividad de los partidos, la represión al funcionamiento de los gremios y sindicatos y la rígida vigilancia impuesta sobre los medios de difusión masiva eliminaron los mecanismos de control social que deben ejercerse sobre el gobierno. Esto es gravísimo, ya que al destruirse los canales de expresión y articulación de las demandas del pueblo se ha desorganizado políticamente la Nación. Es cierto que la vida política institucional estaba deteriorada antes de 1976, pero no es menos cierto que de ahí en adelante casi se la anulo totalmente. Esa vida política es la que en cualquier país civilizado constituye la columna vertebral a partir de la cual se organizan la economía y la sociedad, con conflictos y discrepancias pero en paz. Cuando el régimen militar la suprimió no la reemplazo: hoy la Republica prácticamente carece de instituciones a las que los argentinos puedan apelar para expresar sus necesidades y aspiraciones. Políticamente el país ha dejado de ser un cuerpo organizado, ha perdido las estructuras que lo mantenían en pie. Corremos el riesgo de la disolución nacional

Entonces, ¿cual es la conducta apropiada frente a estas circunstancias? ¿Decir que ese riesgo no existe? ¿Evitar el compromiso y el costo personal que implica advertir esta situación? ¿Refugiarse en un verbalismo patriótico y rehuir nuestra responsabilidad en el frente político? ¿Cual es nuestro deber? ¿Callar o luchar?

Si eludimos la lucha aumentaríamos otra vez las dificultades que debemos superar: el escaso protagonismo de las organizaciones políticas.

3 - LA RESPONSABILIDAD DE LAS ORGANIZACIONES POLÍTICAS Y DEMOCRÁTICAS.

Para comprender la gravedad y profundidad del derrumbe de la Argentina no es suficiente describir la agresión que sufrió nuestra sociedad por parte de una minoría ni analizar el rol que jugaron las Fuerzas Armadas. Es cierto que las sucesivas interrupciones a la vida institucional debilitaron y atentaron contra la estructura democrática de nuestra sociedad, pero también hay que señalar que han existido falencias en nuestras organizaciones políticas que deben preocuparnos centralmente. Su pérdida de protagonismo no solo afecto el pasado sino que podría comprometer el futuro. ¿Que puede pasar en una sociedad que no canalice sus proyectos y expectativas a través de las organizaciones democráticas, convertidas en ornamentos rituales? ¿Como se van a expresar las necesidades y aspiraciones de una clase media empobrecida y las de la clase trabajadora llevada al límite de la subsistencia? Que no le quepa duda a nadie que las aspiraciones van a expresarse, y pronto. ¿Entonces que? ¿Hay que suponer que todo pasara en el reino de la concordia, el dialogo y la democracia? ¿Así, automáticamente, esta escrito en el destino de la Argentina? ¿Un simple voluntarismo podrá evitar la amenaza cierta de la disolución nacional? La quiebra súbita de una escala de valores puede traducirse en la ausencia de términos de referencia políticos, sociales, culturales y morales. Una sociedad no resiste esa mutilación. Y por eso tratara de lograr un fuerte componente cohesivo, que si no nace de la sociedad a través de la propuesta democrática será encarnada por una minoría que buscara la expresión mas crudamente autoritaria del Estado

Frente a estas urgencias dramáticas no tiene sentido esperar el permiso del gobierno, que precisamente nos ha llevado a esta situación, para actuar en cumplimiento de nuestro deber.

4- EL COMIENZO DE UNA SOLUCIÓN

En esta realidad, con estas dificultades, se inserta la guerra; y no las supera sino que las agrava.

En esa guerra Estados Unidos ve cuestionada su postillón hegemónica en el continente y además advierte la posibilidad de un realineamiento de la Argentina y de la región.

Será una ingenuidad pensar que los Estados Unidos no luchara contra estas consecuencias. Igualmente seria ingenuo pensar que poderosos sectores de interés locales, tradicionalmente subordinados a los grandes centros internacionales, que en estos días se han sumado a la retórica antiimperialista, no estén seriamente preocupados por el curso de los acontecimientos futuros. La pasividad de estos actores es impensable. Ni Estados Unidos concede graciosa- mente zonas de influencia ni su servidores domésticos volverán las espaldas a sus intereses. Unos y otros buscaran recuperar influencia y poder, sobre todo cuando constaten que las actitudes que se manifestaron en la Argentina a partir del 2 de Abril pueden ser el comienzo de un proceso de afirmación nacional. ¿Como reaccionarían esos intereses imperiales y oligárquicos si vieran delinearse en el futuro cercano un proyecto que resumiera las demandas de amplios sectores populares, que consolidara las banderas nacionalistas que se han levantado en estos días?

No nos cabe duda de que resurgirá la alianza entre los intereses de los Estados Unidos y sus socios locales. Tendrán de su lado todas las fuerzas del status quo. No se expresaran crudamente, porque no se puede violentar a un pueblo que ha dado su sangre en la lucha anticolonialista. Posiblemente, si pueden, se exhibirán como demócratas. ¿Si se han vuelto antiimperialistas en tan pocos días, por que no habrían de volverse súbitamente democráticos? Convocaran así a algunos sectores, que confundidos por la fachada democratizante ayudaran a concretar un nueva frustración: la pseudo democracia estará en marcha. Pero si el otro proyecto llegara a tomar fuerza, el rostro amable de la pseudo democracia se desvanecerá con rapidez. Las formas de la convivencia dejaran paso a la energía de la represión. Porque la otra alternativa no solo alteraría la situación de las minorías locales sino que -e insistimos sobre esto porque es un dato- haría peligrar seriamente la posici6n hegemónica de Estados Unidos

¿Como seria ese segundo proyecto?

Muy probablemente buscaría las esperadas rectificaciones económicas y una nueva inserción de la Argentina en el mundo, pero no me cabe duda que también asumiría algunos elementos del autoritarismo que subyace en nuestra sociedad. Y no se sumarian a el solo los bien intencionados porque habría allí también una ocasión para los aventureros, de adentro y de afuera, que ganan con la conmoción. Necesariamente este proyecto será aprovechado por la otra superpotencia, no precisamente para impulsar el socialismo en nuestra tierra sino para hostigar a Estados Unidos.

Si los elementos autoritarios se imponen, ese proyecto perderá el control de su destino. Nosotros conocemos muy bien los peligros de un poder que carece de frenos: desvía sus intenciones iniciales y queda sujeto a la influencia de fuerzas externas. En Medio Oriente hay mas de un ejemplo de regimenes autoritarios que oscilan entre las presiones de las grandes potencias a raíz de la pugna inconciliable entre proyectos opuestos.

La Argentina no puede, no debe, reservarse ese destino. Pero hay que saber que si estos proyectos tan incompatibles fueran los únicos, en la sociedad argentina no habrá indiferentes. Nadie podrá escapar. En definitiva, será una cosa o la otra. Estaremos otra vez encerrados.

La presencia de esta disyuntiva nos ratifica en nuestra afirmación de que la democracia, que es hoy la condición de la salvación nacional, no será necesariamente la resultante de la historia reciente, de los intereses que están en juego y, mucho menos, de las convivencias de gobierno.

Si en la lucha política y reivindicatoria que se avecina no se ponen en marcha los mínimos mecanismos de control y conciliación, es decir los primeros elementos de una convivencia pacifica, el futuro será incierto y sombrío. Para poner en marcha esos mecanismos mínimos, de cuya existencia depende el futuro del país, será necesario romper los bretes históricos y actuales. No podemos engañarnos sobre la magnitud de la tarea que habrá que realizar para reconstruir políticamente al país. Debemos saber que las instituciones políticas vivas y eficientes no son el punto de partida con el que podemos contar para llevar adelante esta empresa sino el punto de llegada al que aspiramos arribar Sin embargo, es imprescindible contar con un punto de apoyo mínimo indispensable para iniciar esa reconstrucción. Esa apoyatura no puede ser ofrecida por el gobierno militar, tanto por lo que ha hecho durante estos años como por su incapacidad para comprender las necesidades políticas del país. Ese punto de apoyo, aunque precario y provisorio, debe ser una esperanza de democracia Para tener éxito será necesario que quede claro para todos que constituye una rotunda opción al continuismo. No es una transición para que un equipo, y en este caso una institución, saiga del gobierno. No es una salida para encubrir errores del pasado. Es el inicio de una democracia cierta lo que convocara al pueblo, permitirá el dialogo y facilitara el acuerdo para una etapa que, si bien provisoria, definirá el futuro argentino. Para iniciar esta reconstrucción apenas queda tiempo. Pronto se desatará la confrontación inédita de fuerzas de enorme gravitación Si la Argentina quedara a la deriva, si careciera de un impulso vital para su reconstrucción, seria presa de intensos y desastrosos vaivenes.

Tenemos un solo camino: comenzar de inmediato la búsqueda de la democracia a partir de un gobierno civil de transición

Debe ser civil por todo lo que hemos dicho: este es un instrumento precario que debe quedar fuera de toda sospecha de continuismo si es que se quiere reunir toda la capacidad del pueblo y de sus dirigentes que aun queda viva en el país. Debe ser de transición porque no es imaginable un paso instantáneo a la democracia plena, y porque debe asegurar y acelerar la puesta en marcha de sus mecanismos vitales.

Pero también debe ser producto del esfuerzo de la civilidad en su conjunto porque ha de requerir la capacidad necesaria para concertar los Intereses en pugna y conciliarlos con las necesidades del país para alcanzar las bases mínimas de la reconstrucción. Esas bases deberán consistir en:

a) La concreción de un compromiso político que defina las reglas de juego del conjunto de las fuerzas políticas, sociales, económicas y militares para:

b) La afirmación de un estado de derecho.

c) La concertación de un pacto social que fije las pautas de la distribución y acumulación durante el periodo de emergencia económico-social.

d) Iniciar la búsqueda de una nueva inserción internacional de la Argentina que profundice la relación con America latina y su ubicación política en el campo de los No Alineados.

e) Sentar las bases de una revolución industrial y de una rápida expansión de la producción agraria y para:

f) Concretar las etapas de la urgente institucionalización

Sabemos que no tenemos los partidos preparados, y sin embargo precisamos la fuerza de nuestros partidos. Hemos olvidado la democracia y precisamos perentoriamente la democracia.

Hemos ido perdiendo protagonismo, pero si alcanzamos a darle al pueblo una esperanza tendremos el recurso de la fuerza que nos queda: los argentinos. No podemos improvisar una elección para hoy. No podemos revitalizar los partidos políticos y los sindicatos en un día. Pero precisamos ya mismo esta insospechable transición hacia la democracia, y la única posibilidad actual es recurrir a la fuerza moral, al prestigio universalmente reconocido, a la experiencia probada de los hombres ilustres de nuestro país. El radicalismo tiene un nombre: Arturo Illia.

Basta con mencionarlo. No hay ninguna explicación que dar, no hay ninguna trayectoria que demostrar, no hay ninguna sospecha de ambición personal que haya que borrar.

Allí esta. El que fue presidente de un país libre y prospero. De un país que alcanzó a ver como podía ser: que puede hoy comparar con lo que fue. Esa Argentina es posible porque alguna vez la tuvimos. Si la recuperamos, tendríamos un país que dejaría de añorar su pasado simplemente porque su futuro será mejor.

Es por esa esperanza que hay que luchar. Cada cual en su puesto, todos al mismo tiempo.











Fuente: “Una propuesta para la transición a la Democracia” por Raúl Alfonsín en el Diario Clarín, sábado 4 de junio de 1982.

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miércoles, 29 de mayo de 2019

Sergio Montiel: “La Convención Nacional, discutirá la politica economica” (21 de mayo de 2001)

El gobernador de Entre Ríos, Sergio Montiel, aseguró que "no sólo los radicales fracasaron en la economía" cuando estuvieron al frente del gobierno nacional y adelantó que la convención nacional de la UCR, que preside, "discutirá la política económica" en junio próximo.

En una entrevista con La Nación, el mandatario adelantó que el 1° del mes próximo organizará un seminario, como presidente de la convención, para alentar el debate interno. El gobernador también destacó: "No comparto ningún sistema de impunidad".

-¿Cavallo debe participar de las listas de la Alianza, en las elecciones de octubre?

-El radicalismo tiene resuelto que cada distrito resuelve cómo hacer las alianzas. Aun la integración del Frepaso no fue para todo el país. Cada distrito tendrá que resolver.

-¿No es contradictorio e incoherente que Cavallo vaya con el PJ en Buenos Aires?

-No sé si esto es real, o es un globo de ensayo.

-¿Cree que la Alianza puede sacar la cabeza hasta octubre?

-Sí, las elecciones van a andar bien. Ganaremos doce o trece provincias. O sea, el bloque de senadores del radicalismo puede verse incrementado.

-¿Qué opina de la actitud que tomó Chacho Alvarez, que se fue de la jefatura del Frepaso?

-Nunca estuve de acuerdo con la actitud de Alvarez desde su renuncia a la vicepresidencia. Esto es la consecuencia final de lo que él hizo.

-¿Cree, como dijo él, que la Alianza no pudo cumplir con las promesas de las elecciones?

-Creo que el que no pudo cumplir es él. Tuvo parte del poder y lo tiró. Y era nada menos que el segundo poder ejecutivo del país.

-Pero no tenía poder para fijar la política económica.

-Pero tenía muchos poderes como vicepresidente. Tenía una voz muy importante en la opinión pública.

-¿Qué pasaría en la UCR si el segundo gobierno en 20 años fracasara en el tema económico?

-Si los únicos que fracasan son los radicales, yo diría que es grave. Pero da la impresión de que Menem no triunfó en materia económica. Tampoco los gobiernos de facto. No triunfaron Martínez de Hoz, Pinedo, Frondizi... No se puede decir que sólo los radicales hemos fracasado.

-¿No cree que puede haber una fractura importante en la UCR en materia de ideas económicas?

-No. El 1° de junio, en Buenos Aires, haremos un seminario económico, convocado por la convención nacional de la UCR. Hay que definir las políticas económicas. Vamos a hablar del problema energético, servicios, turismo, para establecer los parámetros de la vida económica del país; no centrarnos en política monetaria.

-Ni el PJ ni la UCR dieron muestras de tener la solución, ni ideas ni equipos.

-Es probable. Nosotros vamos a mostrar que tenemos equipos, pero además ideas.

-Siempre terminan tercerizando la gestión económica en la Fundación Mediterránea (Cavallo), FIEL (López Murphy) o el CEMA (Roque Fernández).

-Hay un esquema de relación entre todos los equipos económicos que manejan más con criterio financiero y monetario que con criterio económico. Y lo reconocemos. Y por eso queremos hacer este seminario.

-¿La crisis moral y de corrupción se relaciona con la crisis económica o es algo independiente?

-Nada es independiente en la sociedad. Todo se interrelaciona. Pero creo que este manto de sospecha que hay sobre el país es totalmente negativo.

-¿Hay que investigar a fondo las denuncias sobre lavado de dinero?

-Me parece que tiene que seguir adelante. Ser fuerte. Y sacar a luz todo lo que haya que sacar. Caiga quien caiga y pese a quien pese.

-Hay quienes afirman que la gobernabilidad depende de no revisar algunos asuntos judiciales. ¿Comparte esa opinión?

-No comparto esa opinión. Hay que investigar las cosas. No comparto ningún sistema de impunidad.








Fuente: “La Convención Nacional, discutirá la politica economica” por el Dr. Sergio Montiel, Presidente de la H. Convención Nacional de la Unión Cívica Radical, en entrevista con Mariano Obarrio para el Diario La Nacion del 21 de mayo de 2001.

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viernes, 17 de mayo de 2019

Victor Martínez: "Mejores jueces" (26 de junio de 2003)

En un sistema republicano es esencial la división de poderes, como también lo es la independencia del Poder Judicial, que tiene como pilar la forma de designación, estabilidad y remoción de los jueces.

Ya Alberdi, en sus "Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina", decía:

"La propiedad, la vida, el honor, son bienes nominales cuando la justicia es mala. La ley, la Constitución, el gobierno, son palabras vacías si no se reducen a hechos por las manos del juez, que, en último resultado, es quien los hace ser realidad o mentira".

En su anteproyecto constitucional, disponía que los jueces sólo podrían ser destituidos por sentencia (artículo 94). Para el caso de la Corte, que ahora es objeto de controversia, no hace falta reformar la Constitución para remover a uno o a varios de sus integrantes, ni para asegurar la mejor transparencia en futuros nombramientos.

Sostenía también Alberdi:

"Las leyes determinan el modo de hacer efectiva esta responsabilidad, el número y calidad de los miembros de los tribunales federales, el valor de sus sueldos, el lugar de su establecimiento, la extensión de sus atribuciones y la manera de proceder en sus juicios" (artículo 96).

La única manera de remover a un juez es, por lo tanto, mediante el juicio político instituido por ley, que no admite globalizaciones ni presiones mediáticas que vulneran la institución, en este caso la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y sí el enjuiciamiento individual.

Deseamos señalar, como precedentes de la actuación del Poder Ejecutivo con relación a la Corte Suprema, que Hipólito Yrigoyen en su primera defensa personal ante la Corte decía:

"Es un principio consagrado en las constituciones de todos los Estados, casi se puede decir, que hemos admitido como regla fundamental de gobierno que los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial deberán estar separados y ser ejercidos independientemente uno del otro"; en el caso de que los poderes deban ser juzgados, el Congreso es el exclusivo y único juez establecido por nuestra Constitución.

Y añadía, recordando a Story:

"Las cualidades más importantes que se deben buscar en la formación del tribunal para el juicio político son la imparcialidad, la integridad, el saber y la independencia".

Por otra parte, al asumir el presidente Arturo Illia, cuando miembros del más alto tribunal ofrecieron sus renuncias, les fueron rechazadas: "No quiero una Corte amiga, sino un tribunal independiente". Sólo por vacante posterior se integró el cuerpo con el doctor Alfredo Orgaz, profesor universitario, jurista de renombre y de gran estatura moral.

En el gobierno de Raúl Alfonsín, le sugerí el nombre del doctor José Severo Caballero, igualmente figura prestigiosa del foro cordobés, penalista, académico, publicista y ex miembro del Superior Tribunal de esta provincia. Alfonsín, casi sin conocerlo, lo saludó por mi intermedio en una velada del Teatro Colón, después de haber enviado al Senado el pliego correspondiente. Jamás formulamos ante el juez nombrado sugerencia alguna durante los años en que se desempeñó como presidente de la Corte.

Análogamente, la Corte de la provincia de Buenos Aires fue integrada con Antonino Vivanco, profesor universitario, ex ministro de Educación de Santa Fe y escritor. Como el doctor Vivanco era colega en la misma cátedra -él en La Plata y yo en Córdoba- me permití dar su nombre al gobernador Alejandro Armendáriz, quien, después de una sola entrevista personal, promovió su designación.

Hay, pues, antecedentes dignos de tener en cuenta para el presente y hacia el futuro. Posibilidades de adoptar, mediante la iniciativa del Poder Ejecutivo o del Legislativo, precisiones para garantizar de modo mejor la selección de los magistrados.

Concluyo con otra cita de Alberdi:

"La administración de la justicia debe ser siempre el objetivo primario de un gobierno sabio".











Fuente: "Mejores jueces" por el ex Vicepresidente de la Nación, Dr. Victor Hipólito Martínez, para el Diario La Nación del 26 de junio de 2003.


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