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lunes, 27 de julio de 2015

David Viñas: "Hipólito Yrigoyen y Eva Perón" (1981)

Yrigoyen murió en julio de 1933 (...) Mi padre me llevó al entierro de Yrigoyen, yo era un niño y la enorme columna humana que seguía al féretro debía pasar por la avenida Callao en dirección a la Recoleta (ese cementerio de Buenos Aires al cual Borges hacía alusión tan a menudo). Vimos pasar esta multitud desde un balcón del décimo piso donde vivía una amiga de mi padre, que imitaba con obstinación a Libertad Lamarque sin gran resultado. Abajo, en la calle, miles y miles de personas no paraban de corear en un tono ronco y sombrío: “Re... go... yen...” “Re... go... yen”. El ataúd se balanceaba a un lado, luego al otro, por encima de esas olas humanas. Un escuadrón de granaderos surgió pretendiendo escoltar el entierro, pero la gente los silbó, los insultó: debieron renunciar. Allá arriba, en el balcón, a mi lado, mi padre observaba todo esto enrulando su barba. “Somos el parrtido más grande de la Argentina”, gruñó. “Llegamos del Congreso a la Recoleta. Somos numerosos, demasiado numerosos. Pero...”

Eva Perón murió en 1952, yo estudiaba en la universidad y había estado siempre en la oposición, yo era un “opositor” no un “gorila”, no. Matices. Me designaron como delegado de la oposición para recoger el voto de Eva Perón. Había elecciones nacionales, era un día lluvioso y debíamos ir hasta el policlínico de Lanús, en el Gran Buenos Aires, donde acababan de operarla. Alrededor de su cama y de su habitación había una especie de friso compuesto por todos los altos dignatarios del peronismo oficial; muy graves, como de cera. Afuera, cuando salimos por los jardines del hospital para transportar la urna que contenía el voto de Eva Perón avanzábamos –como en una suerte de travelling– en medio de una multitud de mujeres, bajo la lluvia, arrodilladas en el piso, los brazos extendidos para tratar de tocar la urna.











Fuente: Tiempos Modernos “Argentina entre populismo y militarismo” Julio-Agosto 1981

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viernes, 13 de marzo de 2015

David Viñas: "El voto de Eva Perón" (11 de noviembre de 1951)

En noviembre de 1951 votaron por primera vez las mujeres y mi padre fue designado candidato a diputado. El peronismo modificó las circunscripciones y se hizo un sistema unicircunscripcional, que así se llamaba, tomando el modelo de la época de Palacios, de 1904, con la bonachona idea de que prácticamente los radicales no sacaran ningún diputado. Eva Perón estaba inscripta en el barrio de Belgrano, tenía su domicilio en la calle Cuba, donde mi padre era el candidato opositor. El Comité Nacional de la Unión Cívica Radical, teniendo en cuenta los términos de la ley electoral, denegó la autorización para que Eva Perón, que estaba internada en el Policlínico de Lanús, emitiese el voto fuera de su circunscripción. Mi viejo, que era un caballero, dijo que no tenía que resolver la cuestión el Comité sino él, que era el adversario de la circunscripción. Trató de apretar el bandoneón. 

La cosa era conseguir quién aceptaba ser fiscal, apareciendo públicamente como tal en el sancta sanctorum del oficialismo. La mayoría de los candidatos posibles para ser fiscales trabajaban en puestos públicos, y aceptar la fiscalía de la oposición implicaba poner en riesgo sus trabajos. Mi padre me ofreció a mí, que tenía 23 años, la inquietante faena y acepté. Yo estaba comenzando a hacer mis primeros borradores como novelista, y la idea de ver de cerca a los alcahuetes del peronismo me tentaba.

El encargado de llevarnos, a la presidenta de la mesa femenina, a la fiscal peronista, al vigilante a cargo de la urna y a mí, fue el doctor Mendé Brun, secretario de Cultura de la ciudad de Buenos Aires y fiscal general del oficialismo. Me acuerdo que al subir a su auto le advertí que en la parte de atrás tenía un escudo del peronismo y le pedí que lo retirara. Mendé Brun aceptó, y arrancamos a toda velocidad desde Plaza Lavalle rumbo al sur, a lo largo de la avenida Mitre, bajo una lluvia intensa.

Cuando entramos al policlínico, al fondo estaban todos los alcahuetes del peronismo, todos los ministros cuchicheando, como si fuera un friso de una película de Einsestein. En primer plano, estaba el general Perón de civil, y me llamó la atención que siempre usaba las manos como si tuviera un sable, y que tenía brazos muy cortos. Al ingresar al dormitorio estaba Eva, y me impresionó mucho porque parecía una de esas muñecas que en una época ponían arriba de las almohadas para dejar el camisón. Yo me había asignado el papel de fiscal con cara de culo. Nunca había estado en un lugar consagrado, institucional. En esas mesas con rueditas que hay en las habitaciones de los hospitales puse todas las boletas de los partidos, y le acerqué la mesa a Eva. Cuando íbamos a salir, Perón le preguntó: “¿Te apago la luz, Negrita?”. Apagó la luz y quedó solita, con la luz del velador. 

Afuera de la habitación me encontré otra vez a los cortesanos, murmurando con ese aire de personajes de cine ruso. Esperamos un momento, en silencio, hasta que Perón golpeó la puerta y volvimos a entrar. Eva ya había elegido. Fue todo muy breve: pusieron una silla para que el fotógrafo de Democracia tomara fotos cuando ella estaba votando. Después le dio un besito a la presidenta, a la fiscal, pero yo no amagué.

Me dio la mano, pero debo decir que nunca me gustó como mujer, ahí entran en juego muchos factores; por ejemplo, tenía muy feas gambas, pero es cierto que tenía muy linda piel.

El vigilante agarró la urna y caminamos los tres por un larguísimo pasillo; de cada una de las puertas se asomaba gente. Salimos y caminamos hasta la verja. A los costados del camino, las manos de las mujeres que estaban ahí, arrodilladas con pañuelos, como las Madres de Plaza de Mayo, querían tocar la urna. Estaban los dos planos: la gran burocracia infernal, alcahuetona, y la gente que creía, como en una novela de Tolstoi.

La burocracia era insoportable, pero mi familia no era gorila; éramos contreras, que no es lo mismo.

Los gorilas despreciaban al pueblo, los contreras criticaban al peronismo sin ningunear sus bases.









Fuente: Entrevista al Escritor y Critico David Viñas "Me gustaría que hubiera una Izquierda en serio" Página/12, 26 de agosto de 2007.

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