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viernes, 17 de mayo de 2019

Victor Martínez: "Mejores jueces" (26 de junio de 2003)

En un sistema republicano es esencial la división de poderes, como también lo es la independencia del Poder Judicial, que tiene como pilar la forma de designación, estabilidad y remoción de los jueces.

Ya Alberdi, en sus "Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina", decía:

"La propiedad, la vida, el honor, son bienes nominales cuando la justicia es mala. La ley, la Constitución, el gobierno, son palabras vacías si no se reducen a hechos por las manos del juez, que, en último resultado, es quien los hace ser realidad o mentira".

En su anteproyecto constitucional, disponía que los jueces sólo podrían ser destituidos por sentencia (artículo 94). Para el caso de la Corte, que ahora es objeto de controversia, no hace falta reformar la Constitución para remover a uno o a varios de sus integrantes, ni para asegurar la mejor transparencia en futuros nombramientos.

Sostenía también Alberdi:

"Las leyes determinan el modo de hacer efectiva esta responsabilidad, el número y calidad de los miembros de los tribunales federales, el valor de sus sueldos, el lugar de su establecimiento, la extensión de sus atribuciones y la manera de proceder en sus juicios" (artículo 96).

La única manera de remover a un juez es, por lo tanto, mediante el juicio político instituido por ley, que no admite globalizaciones ni presiones mediáticas que vulneran la institución, en este caso la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y sí el enjuiciamiento individual.

Deseamos señalar, como precedentes de la actuación del Poder Ejecutivo con relación a la Corte Suprema, que Hipólito Yrigoyen en su primera defensa personal ante la Corte decía:

"Es un principio consagrado en las constituciones de todos los Estados, casi se puede decir, que hemos admitido como regla fundamental de gobierno que los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial deberán estar separados y ser ejercidos independientemente uno del otro"; en el caso de que los poderes deban ser juzgados, el Congreso es el exclusivo y único juez establecido por nuestra Constitución.

Y añadía, recordando a Story:

"Las cualidades más importantes que se deben buscar en la formación del tribunal para el juicio político son la imparcialidad, la integridad, el saber y la independencia".

Por otra parte, al asumir el presidente Arturo Illia, cuando miembros del más alto tribunal ofrecieron sus renuncias, les fueron rechazadas: "No quiero una Corte amiga, sino un tribunal independiente". Sólo por vacante posterior se integró el cuerpo con el doctor Alfredo Orgaz, profesor universitario, jurista de renombre y de gran estatura moral.

En el gobierno de Raúl Alfonsín, le sugerí el nombre del doctor José Severo Caballero, igualmente figura prestigiosa del foro cordobés, penalista, académico, publicista y ex miembro del Superior Tribunal de esta provincia. Alfonsín, casi sin conocerlo, lo saludó por mi intermedio en una velada del Teatro Colón, después de haber enviado al Senado el pliego correspondiente. Jamás formulamos ante el juez nombrado sugerencia alguna durante los años en que se desempeñó como presidente de la Corte.

Análogamente, la Corte de la provincia de Buenos Aires fue integrada con Antonino Vivanco, profesor universitario, ex ministro de Educación de Santa Fe y escritor. Como el doctor Vivanco era colega en la misma cátedra -él en La Plata y yo en Córdoba- me permití dar su nombre al gobernador Alejandro Armendáriz, quien, después de una sola entrevista personal, promovió su designación.

Hay, pues, antecedentes dignos de tener en cuenta para el presente y hacia el futuro. Posibilidades de adoptar, mediante la iniciativa del Poder Ejecutivo o del Legislativo, precisiones para garantizar de modo mejor la selección de los magistrados.

Concluyo con otra cita de Alberdi:

"La administración de la justicia debe ser siempre el objetivo primario de un gobierno sabio".











Fuente: "Mejores jueces" por el ex Vicepresidente de la Nación, Dr. Victor Hipólito Martínez, para el Diario La Nación del 26 de junio de 2003.


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lunes, 10 de agosto de 2015

Redacción: "Entrevista a Victor Hipólito Martinez" (enero de 1983)

Usted se ha convertido en un personaje que esta dando mucho que hablar al mundo político argentino. A raíz del pleito interno del radicalismo se tejen muchas conjeturas acerca de su precandidatura a vicepresidente de la Republica. Pugliese insinuo recientemente la posibilidad de un renunciamiento de Línea Córdoba para que Alfonsín pueda compartir la formula pon un hombre de Línea Nacional. ¿Que piensa usted hacer? ¿Declinaría, su postulación en aras de la, unidad?

—El hecho de que este candente el problema en torno a mi persona no es por mi, sino por el hecho de que se trata nada menos que de la presidencia y la vicepresidencia de la Republica, Son cargos de mucha responsabilidad. Raúl Alfonsín y yo, representando a dos importantes sectores de la UCR, hemos hecho una propuesta, que no es una proclamación, porque la proclamación la hace después el partido. Hemos unido nuestros nombres, representando a dos corrientes; el a Renovación y Cambio y yo a Línea Córdoba, que pretende ser una representación no solamente de Córdoba, sino también del interior, con un criterio de tipo federal. Nosotros nos reunimos, hicimos esta propuesta muy reflexionada y concreta, a raíz de una iniciativa de Alfonsín, y respetamos que otros puedan hacer otras propuestas distintas. La denominada Línea Nacional, uno de cuyos miembros es Juan Carlos Pugliese, dilecto amigo y gran dirigente, ha salido a tratar de evitar una confrontación interna, en base a una precomposición de esta propuesta que nosotros hemos hecho, que se traduciría en una sola formula.

—Pugliese ha dicho que usted se puede quedar tranquilo porque Línea Córdoba podría estar bien representada por otro cordobés como Fernando de la Rua.

— Esta es una interpretación un poquito parcial de Pugliese de como se puede interpretar el federalismo. Porque el hecho de nacer en una provincia no agota el sello provincial. Acá hay no solamente una vida biológica, sino también una vida civil y política, donde los hombres estamos ubicados en determinados sectores. Entonces, con todo el respeto que merece De la Rua entiendo que no puede parangonarse, desde ese punto de vista provinciano, con los que hemos actuado en distintos espacios políticos.

—Entonces ¿De la Rua no es un cordobés nato?

—Nato en el sentido de nacer, si; pero políticamente no. El ha elegido otra esfera de responsabilidad. Y no es porque lo diga yo, es una cuestión que esta dada por las circunstancias. No es correcto decir: "cambiemos a un cordobés por otro". Pugliese ha anunciado que vendrá por aquí, y será bien recibido, pero con respecto a lo que puede ser la recomposición de una propuesta que nosotros hemos hecho al partido no nos parece viable este camino. El partido tendrá que aceptarla o contraponerle otra propuesta, pero no acunarla con otras instrumentaciones diferentes.

—Es que muchos radicales piensan que la confrontacion interna desgasta y da una imagen de división en el partido.

—Claro. Se dice: "Vamos a evitar una confrontación interna y vamos a pedir renunciamientos". Mire, los renunciantes a veces tienen un carácter patriótico o pseudopatriotico; pero en otras, como puede ser este caso, significan defecciones. Uno puede renunciar a lo que personalisimamente le corresponde, pero no puede renunciar a ciertas responsabilidad que les están dadas por otros y en otras circunstancias. Hay renunciamientos que uno puede decidir y otros no, porque seria abandonar responsabilidades. Aparte de todo eso, hay concepciones de futuro, no solamente de coyuntura, para analizar.

—Entonces se trataría de, un problema de enfoque y no de personas.

—De ninguna manera es de personas. Si la Línea Córdoba hubiera propuesto a otro representante para la formula, hubiéramos sostenido con igual o mayor- énfasis la situación que estamos sosteniendo ahora. Nos parece a nosotros que el cronograma que tiene el país es tan estricto y los problemas son tan grandes, que todos los partidos políticos tendrían que haber dado su formula antes del de enero, para empezar a concretar situaciones muy importantes que están por encima de las cuestiones internas de los partidos.

— ¿Qui opina usted de las criticas que muchos hacen a los partidos por estar debatiéndose en los avatares de las internas, mientras el país esta agobiado por problemas acuciantes? Hasta algunos políticos, como Oscar Alende, dicen que están afiliando con "desesperación".

—Es que es toda una escalera: para solucionar los problemas usted tiene que tener la organización política del país y para eso hay que tener los partidos políticos; y para tener los partidos políticos, usted tiene que tener afiliados. Entonces hay que encarrilar a la gente en los partidos políticos; en el nuestro y en los otros partidos. Y como estamos también ante una inmediatez electoral, además de afiliados tenemos que tener candidatos. ¿Por que? Porque los afiliados tienen que adherir a un programa y los candidatos proponer programas concretos, lo que significa profundizar los estudios que ya se han hecho, y dar las propuestas concretas de solución. Los innumerables problemas que tienen el país postergado, y algunos maltratados, demuestran que hay que hacer un tremendo esfuerzo contra el tiempo. No se trata de apresuramientos de tipo personal, sino de requerimientos de responsabilidad.

—-¿Usted se siente ya candidato a la vicepresidencia?

—Desde el momento que a una persona la nominan para algo, tiene que sentirse profundamente candidato a eso, en el sentido que tiene que asumir todas las responsabilidades que eso significa. Hay que ponerse a estudiar, a imaginar, a liderar cosas, porque no son cargos para que los lidere otro. Entonces, ¿como vamos a hablar de apresuramiento? ¿Estamos acaso postergando y dilatando las cosas del país?

— ¿Usted cree que la gente se identifica con los partidos o con los lideres? ¿Convoca el partido o el candidato? Porque Alfonsín fue el primero en salir al ruedo y su figura creció, se observara algunos resquemores, ¿no?

—Lo fundamental son los principios del partido. Nuestro partido se caracterizó por ser un partido que pego antes, hace 91 años, y sigue pegando fuerte ahora. Pero no hay duda de que los principios tienen que ser instrumentados por alguien y a veces salen esas figuras y se mantienen. La figura del doctor Alfonsín, por los compromisos que ha tenido siempre con el país, por la forma en que se ha jugado por el país, no es una figura coyuntural o episódica. Bueno, cuando ahora se abre el mecanismo político, es-natural que las personalidades sean las que lideren y a las que nosotros les demos la confianza para aplicar los principios y los programas. La figura de Alfonsín esta representando una esperanza, basada en una conducta. En otras oportunidades fueron otras personas.

— ¿Por que machos correligionarios suyos piensan que ir a las internas significa un desgaste para el partido y quieren evitarlas?

—Toda lucha significa un desgaste energético, pero no es un mal; a veces hay que gastar energías para aliviarse. Yo creo que en realidad se trata de una indefinición, que nos esta llevando a veces a un manoseo de personas, a dar una imagen que no es real ante la opinión publica, donde se pretenden dar marchas y contramarchas. El país esta cansado de eso.

—¿Usted se esta refiriendo concretamente a Línea Nacional?

—Un poco a todos. Porque a todos nos cabe el sayo de estar pensando hoy de una manera y mañana de otra. Con respecto a Línea Nacional, bueno, yo rescato para nuestra postura el hecho de no haber improvisado nada; y por eso es difícil que volvamos para atrás, porque nuestra decisión fue muy meditada.

—De la Rua ha dicho que, de acuerdo como están las cosas, el no ve posibilidad de arreglo para integrar la formula con Alfonsín.

—Si. Esa es una expresión personal. El milita en Línea Nacional y se ha postulado o ha aceptado la postulación para la primera magistratura, de tal manera que si se pudiera decir que en nosotros ha habido apresuramiento, entonces en todos los sectores ha habido apresuramiento.

—Machos pensaban en la formula Alfonsín-De la Run porque la veían atractiva, calculando que podía atrapar a un electorado extrapartidario un poco mas conservador, compuesto por muchas mujeres, que podían ser las mismas que votaron a Manrique en el 73.

—Mire, la gente encasilla fácil a las personas en izquierda, derecha o centro.

—Es que si usted no sabe hacia donde se inclina el candidato no puede adherir a el. Es natural que la gente trate de encasillar, porque así se siente mas tranquila.

—Si, pero a veces le dicen a uno: "El doctor Raúl Alfonsín es izquierdista. ¿Usted es mas o menos izquierdista que el?" ¿Por que se le dice que es un izquierdista? Porque quiere un cambio, cuando en la Argentina el cambio es aplicar la ley, la democracia, la justicia social. Curiosamente lo radical esta en volver a lo de antes. Entonces, ¿esto es izquierdismo? Todos los países del mundo están buscando un proceso social; la Constitución Federal alemana del año 1949 aplico la justicia social, tuvo ese lema al principio y sin embargo nadie ha dicho que fuera izquierdista. Se ha dado en Suecia, en Portugal y ahora en España, y sin embargo nadie encasilla eso en izquierdismo, porque el ruido marcha en ese sentido. Claro, las personas que usted menciona, como muchas otras, buscan la seguridad, buscan la permanencia de su status. Nosotros queremos darle seguridad a todo el mundo; no queremos hacer demofilia, es decir un "amor a los pobres"; queremos hacer una democracia, que es distinto. Yo puedo tener mas amor a los pobres que a los ricos, pero lo que nosotros propiciamos es dar una seguridad a todo el mundo, lo que pasa es que todo el mundo tiene que autorestringirse en su seguridad para comprender que mientras unos piden el mil por cien de sus grandes seguridades, hay gente que no tiene ni la mas minima seguridad para ponerse una inyección o acudir a un medico. Nosotros no somos izquierdistas; nunca hemos atacado el derecho de propiedad ni atentado contra la libre empresa, ni hemos estado en contra de la acumulación de capital. Pero si queremos que en un mundo donde hay que poner el acento en la distribución, no tanto en la producción, todos tengan la necesidad de dar algo. Vamos a integrar una formula de paz, de construcción; pero eso si, una formula de justicia distributiva. Cuando los presupuestos y los proyectos de obras publicas estén en nuestras manos, vamos a tratar, como lo hemos hecho otras veces, que la gente comprenda que la seguridad es de todos, y no de una ayuda caritativa. -

-¿Ustedes tiene simpatía por la Social Democracia alemana?

—Desde luego. Y también por todas esas fuerzas políticas que están transitando por un camino que, yo creo, es universal. El problema, vuelvo a insistir, en muchos casos no es de producción, porque a veces hay superproducción. El problema es de distribución.

—No es precisamente el problema nuestro.

—No se crea. En algunos casos si. Y el crecimiento que se ha dado aquí es macrocefálico. Es decir, que la riqueza estaba dada para 5 millones de personas, sobre 28 millones. O sea que la riqueza se va aumentando siempre para los mismos: los pobres siguen siendo cada vez mas pobres y los ricos cada vez mas ricos. En el sector agropecuario uno advierte que hay superproducción en muchos casos. Las últimas observaciones de FAO revelan que los índices de producción alimentaria en los países desarrollados están 7 puntos por encima de lo optimo; pero los países subdesarrollados tienen falencias alimentarias. Es un proceso que tenemos que ir cambiando. No se trata de confiscar, de sacarle compulsivamente al que tiene.

—Entonces usted propugna ideas neoliberales; es decir que el gobierno intervenga en algunas áreas clave para el país.

—Hay muchos instrumentos por los cuales el Estado, con los particulares, puede ir hacia un proceso que canalice con un criterio de tipo social, sin apartarse de las concepciones cristianas.

—También hay quienes dicen que ustedes están apelando al espectro de centroizquierda. ¿Usted que responde?

—La política es siempre el arte de sumar. Sigue siendo un problema de números. En consecuencia, es lógico que trate de hablar el lenguaje de todos. Esto significa que tenemos que hablar con un criterio popular; no con un criterio masivo, que es lo que caracteriza a las grandes izquierdas, pero si popular. Por eso, el que busque en nosotros un conformismo con la situación actual, no lo va a encontrar. Desde ese punto de vista, parecemos revolucionarios, cambiantes, como si no fuésemos centristas. A veces el centro se confunde con un centro quieto. Pero ni la Argentina, ni America latina, ni el mundo, admiten la quietud. Pero esa revolución, o esa evolución activa hacia la democracia, no pueden interpretarse como las revoluciones de la izquierda.

—¿Usted considera que el político ha cambiado la manera de hablarle a la gente? Por ejemplo, en su caso, ¿usted usa el tradicional lenguaje radical, ese que se identifica con la famosa "guitarra" de Balbín, que en una época utilizaba, palabras floridas pero sin mucho contenido?

—Bueno, yo tengo un pequeño defecto, que quizá provenga de la cátedra universitaria. El político no tiene que ser, a veces, tan técnico. Yo me atribuyo ese defecto y es que a veces esas reservas técnicas pueden superar al político. Pienso que una cosa es el lenguaje para llegar y otra cosa es el lenguaje para gobernar o transmitir lo que uno quiere en determinadas esferas del gobierno.

—Yo me refería exclusivamente al lenguaje destinado a atraer proselitos.

—Es que los que no son políticos tienen que en- tender que cuando uno sube a una tribuna y habla a un auditorio polifacético, donde no hay expertos ni empresarios ni técnicos, tiene que hacer una especie de embudo con el lenguaje, usted tiene que tomar lo que quiere decir y transformarlo en un lenguaje simple, para que la gente lo entienda. Y esto no es demagógico, ni es claudicante del pensamiento científico; sencillamente es una forma de captación de voluntades, precisa- merite para servirlas. Por eso justifico un poco que en las tribunas haya excesos verbales o deficiencias del lenguaje: lo importante es que esas deficiencias no oculten una realidad también vacía, que detrás de eso haya un pensamiento claro sobre lo que se quiere hacer; yo creo que si el radicalismo como partido popular, que es, ha tenido tribunas con un lenguaje un poco florido...

—Como el de Balbín.

—. . .claro, puede ser que Balbín haya tenido una guitarra, como los peronistas han tenido el bombo, los militares un clarín y las financieras toda la orquesta completa; pero lo importante es que toquemos todos juntos y en forma armoniosa...

—Ahora se acusa at radicalismo de usar el bombo....

—Y bueno, es una forma de integración.

— Usted que recorre el país y habla con la gente, ¿encuentra escepticismo o voluntad de participar?

—La gente esta en este momento quieta, corno esta el país. Pero tiene una secreta esperanza de que puede estar mejor en un futuro. No es que un ciento por ciento adhiera a ese criterio. La gente tiene la sensación de que ha terminado un periodo y que viene otro diferente. Esta como ese individuo que no tiene automóvil pero sabe que se lo van a entregar la semana que viene, entonces se siente mucho mas satisfecho aunque siga andando a pie. Yo veo así a la gente del pueblo. Esta esperando, buscando al nuevo interlocutor, porque esta esperanzado en una futura organización. Esta creyendo que va a salir de esto. Quizás psicológicamente lo haga por desesperación, pero tiene la esperanza de que puede salir realmente. Estoy tomando a un hombre de la calle totalmente descorazonado de lo que paso, pero expectante. Nosotros, como dirigentes, estamos mas optimistas; yo creo, pese a todos los signos negativos, y no lo digo para crear falsas expectativas, que la Argentina va a salir del pozo porque tiene elementos para hacerlo, porque tiene una cantidad de cosas que, con organización, con mano firme y serena que nosotros la tenemos, la Argentina va a salir. Aunque no sufrimos guerras...

— ¿Y la guerra por las Malvinas?

—Bueno, recién ahora la Argentina parece como herida por las Malvinas; pero no sufrió las dos guerras mundiales, y las otras que aun sigue habiendo. El argentino de por si era un hombre acostumbrado a vivir en un facilismo, y no solo hablo de la gente humilde, sino de la gente dirigente y elitista que vivía un cierto facilismo y creía que esas circunstancias iban a ser permanentes. Siempre parecía que los conflictos eran de afuera y no nuestros. De pronto nos ha tocado vivir nuestra guerra interna, tremenda, y con el broche final de las Malvinas. En consecuencia, ha llegado a entender y a valorar lo que significa mirar hacia adentro y no estar buscando otros modelos. Creo que los argentinos se van a acostumbrar a un sistema de vida más austera y también a mirar hacia America latina.

—Usted y el doctor Alfonsín hablaron de la formación de un movimiento nacional, propuesta que luego fue bastante criticada.

—Si, pero lo que quisimos hacer era una afirmación del ser nacional, que no es una idea nueva. Por eso insistimos en que se trata de miramos a nosotros mismos, a la capacidad de ahorro nacional, no para aislarnos sino para ver con que elementos contamos para hacer el futuro de la Argentina. Hemos estado siempre copiando, siempre dependiendo de España, Inglaterra, Italia. Después esos países de los cuales de- pendemos, sacaron la tajada del león y nosotros se la damos porque nos parecía que fácilmente íbamos a poder seguir viviendo así. Cuando ocurrió la crisis mundial energética y monetaria, vinieron las restricciones de compras, y la Argentina empezó a sufrir su grave proceso. Ya no bastaba con tener cosechas buenas. Y como estamos dirigidos por las grandes potencias, pasamos a ser un país subdesarrollado al que la crisis encontraría suborganizado y subeducado. Tenemos una Constitución que no respetamos y así aparecemos con una debilidad tremenda. No tenemos vitaminas, no tenemos anticuerpos en un mundo donde se desata una competencia feroz.

—Quizás los argentinos tenemos que tomar conciencia de que tenemos que ser coherentes y abandonar el cortoplacismo. Jamás planeamos a mediano plazo y ni que hablar de plazos largos.

—¡Facilismo! El facilismo ha sido el sello de las democracias, sobre todo aquí en Latinoamérica, donde nos ha faltado organización. Creyendo que esto es un viva la pepa y que nosotros íbamos a vivir en un mundo cómodo, descubrimos que es un mundo hostil. Las otras potencias defienden lo suyo y nosotros tenemos que defender con la misma férrea voluntad lo nuestro. Si estamos desunidos, siempre viremos en un mundo de desencuentros en vez de habitar un mundo de conciliación y de tolerancia. Y ese es el papel que tienen que tener los partidos políticos ahora: aglutinar a la gente en torno a objetivos comunes, donde cada uno ponga su cuota de sacrificio, no solamente los ricos o el Estado. Y por supuesto, con ética porque como han faltado los controles de la democracia, ha faltado también el ingrediente ético, esa es la esencia de la UCR. Creo que si no tenemos organización ni ética, nunca daremos una buena imagen del país hacia el exterior.

—Tampoco podemos hablar de la ética de las fuerzas armadas.

—Yo no diría "la ética de las fuerzas armadas". Diría más bien la ética del gobierno, para no caer en el mismo error de un presidente militar, que dijo que todos los políticos eran unos inmorales. Este sello de inmoralidad no pertenece a una institución, pertenece a determinados hombres, representantes de un proceso.

—¿Que deberían hacer las actuales cúpulas militares?

—Lo que tienen que hacer es irse. Y como ya tienen las valijas hechas nadie los toma en serio. El hombre de la calle, cuando tiene algún problema, no acude al gobierno. Lo mismo le ocurre al empresario. Todos están buceando a los que vendrán, por eso ahora consultan al hombre político.

—Si es como usted dice que están haciendo las valijas para irse, ¿por que dan tantas vueltas con la fecha de las elecciones?

—Nosotros la hemos pedido y ellos han alegado dificultades de padrones, de organización, etcétera.

—Un vocero de Reston acaba de decir que "si hay factibilidad técnica y aceptabilidad política, ¿se adelantaría la fecha de las elecciones porque la gente tiene que conocer las posiciones partidarias?.

—Evidentemente la gente tiene que conocer y nosotros estarnos haciendo un tremendo esfuerzo tratando de realizar todo lo que este proceso nos impidió hacer en todos estos anos. Es decir, la actividad política. Ahora estamos en un curso acelerado, nosotros y el pueblo, para acceder a los principios y a las plataformas.

—¿Que opina usted de la vuelta a la política económica de las tasas altas de interés que implemento Wehbe?

—La cuestión económica es un resorte casi exclusivo de este gobierno. No hemos tenido información, a pesar de reclamarla sobre aspectos básicos. Y pienso que las últimas lucubraciones económicas, no solamente con las tasas, sino también con el seguro de desempleo y el origen de sus fondos, merecen explicaciones más apropiadas. Personalmente estoy en contra de que se instrumente una cosa por seis meses. Habría que elaborar algo que tenga más permanencia.

— ¿No surgió este posible subsidio de una forma un tanto inconsulta, ya que el ministro de Economía no se demostró proclive a instrumentar el seguro?

—Por eso nosotros no queremos que se haga sin analizar de donde van a salir; los fondos, si se van a aumentar los impuestos, a efectuar reducciones del IV A, si las sumas van a estar en relación a los fondos que se van a dar a los desocupados.

—Detectar a los desocupados va a ser una tarea bastante compleja.

—Tienen que pedir a las empresas los telegramas de despidos, determinar los organismos que lo van a aplicar, etcétera.
—Usted hablaba de que habían pedido información a Economía para poder manejarse en el futuro. Pero se me ocurre que todo ha sido tan caótico que no lo deben tener claro ni ellos mismos.

—Eso es una consecuencia de las faltas de controles, hay jueces federales que han pedido información y no la han recibido. Aquí hubo estabilidad, pero eso no fue suficiente porque faltaron los controles y después de 5 años es mucho mas difícil encontrar donde esta la punta del ovillo.

— ¿No cree usted que Martínez de Hoz puede transformarse en el gran chivo emisario de las fuerzas armadas? Digamos que, para calmar las iras de la gente, sea mandado al foso de los leones...

—Opino que es injusto cargarle todo a una persona, y no es porque se trate de Martínez de Hoz. Acá pareciera que el único actor de este proceso fuera el. Es cierto que el titular de Economía, no solamente en este gobierno sino en muchos otros, toma una dimensión de primer ministro, o de canciller, pero en el caso de este proceso, no es justo decir que Martínez de Hoz es el culpable de todo. El culpable es el gobierno, que ha dicho que ese era el programa de las fuerzas armadas. Las Malvinas no son tampoco responsabilidad de Martínez de Hoz.

—Ocurrió que aquí, como no se podía atacar directamente al gobierno militar por los temores, se centraron todas las criticas en el; y además, el con su soberbia y sus medidas económicas ayudo bastante a suscitar el odio de la gente.

—Por lo pronto, he leído en el diario que ha sido procesado.

—Con respecto a la deuda externa, va a ser muy duro para cualquier partido que llegue al gobierno poder remontarla. ¿Ustedes que harán?

—Es grave el problema de la deuda externa y grave el problema de la deuda interna. Tenemos una deuda interna con más de 20 millones de personas. Concretamente los obreros que tienen deteriorados sus salarios en un 42 por ciento, y el 78 por ciento en el sector publico, la clase pasiva, los jubilados y los pensiona- dos. No habrá que darle pagos retroactivos por las angustias vividas, pero si para el futuro. Y no solamente el salario se ha deteriorado. Fíjese que en Río Negro se ha cerrado una escuela cada 33 horas y esto significa que hay chicos que no van mas a clase. Los otros días asistí a un panel donde un miembro de un partido de extrema izquierda, decía que la deuda externa no se debe pagar. Ha tomado lo que ha dicho Fidel Castro hace poco. Esta es una postura muy cómoda, es como decir: "yo mato al acreedor". Y esto no puede hacerse. Nosotros tenemos que asumir un programa serio de pago de la deuda externa, pero tenemos que decirle a los acreedores que también debemos recomponer el panorama interno del país, para poder pagarles a ellos. Es: un problema complicado, pero yo tengo plena conciencia de que ellos saben que necesitan del mundo que fue desarrollado y que coyunturalmente no lo es, como le sucede a la Argentina. Nos necesitan no solo económicamente sino también financieramente, porque nosotros tenemos proyectos rentables que pueden dejar buenas ganancias. Lo único que queremos cs que no vengan a despojarnos. No nos molesta que vengan a ganar dinero, a hacer inversiones rentables que nosotros podemos pagar.


—Claro, pero para eso el próximo gobierno tendrá que tener credibilidad en el exterior.

—Un gobierno constitucional va a tener mayor credibilidad. Cuando tengamos un sistema donde el equilibrio de poderes permita dar una mayor estabilidad, creo que habrá mucha mas confianza que con el sistema actual.

-Mucha gente piensa que si ganara el peronismo las elecciones, y el radicalismo como segunda fuerza lo apoyara, podría volver a repetirse lo que ocurrió en el gobierno de la señora de Perón.

—En este momento no lo tiene a Perón, no tiene la fuerza económica sindical, de manera que necesitarían una convivencia política con el partido que no gane. Todos vamos a necesitar de todos.

—Por eso hay políticos que están proponiendo hacer la concertación entre todos los partidos, para, que esa democracia que se va a instaurar en un contexto tan difícil pueda ser apuntalada entre todos.

—Es que volvemos a los objetivos comunes. Nosotros, con el peronismo, podemos determinarnos un plan educacional, energético, de obras públicas y de política internacional. ¿Por que no nos vamos a poner de acuerdo en las cinco formulaciones básicas del país?











Fuente: Testigos Del "Proceso" Militar (1976-1983) Emiliana López Saavedra, Centro Editor de America Latina S.A., 1984

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miércoles, 18 de junio de 2014

Víctor Martínez: "La Doctrina Social Cristiana y la Unión Cívica Radical" (3 de abril de 2000)

La Unión Cívica Radical fue en sus orígenes un movimiento que según  expresiones de Hipólito Yrigoyen en carta al Doctor Rodolfo Oyhanarte (1923) “por los hechos producidos y actitudes asumidas para concretar los ideales que sustentara, es una lata conquista de la civilización argentina y americana”. Hoy es una organización puesta al servicio de objetivos bajo principios éticos que informan su derrotero de un siglo para beneficio de la Democracia.

La Iglesia Católica a su vez es una organización fundamentalmente espiritual, con preocupaciones temporales “que utiliza como instrumento su doctrina social  con objetivo principal de interpretar realidades”, examinando su conformidad o diferencia con lo que el Evangelio enseña acerca del Hombre y su vocación terrena a la vez trascendente, para orientar en consecuencia la conducta cristiana. Por lo tanto, no pertenece al ámbito de la ideología  sino de la teología especialmente de la teología moral” (Carta Encíclica Sollicitudo Rei Socialis, 1987).

La Iglesia, aun en sus poderes y decisiones temporales no requiere vestirse de ropajes partidistas, así como las corrientes cívicas partidista no demandan, para su legitimación, escudarse en la religiosidad, estando vigentes las recordadas palabras a herodianos y fariseos según Evangelio de San Marcos: “Dad al Cesar lo que es de Cesar y a Dios lo que es de Dios”.

Tanto la Iglesia como los partidos políticos no son muy inmutables ni absolutamente rígidos en sus posiciones, pues están inmersos en la sociedad, comprometidos con la misma, influenciados por las circunstancias universales que son cambiantes  y mutables de por si. Debemos pues considerar el derecho y la obligación de hacer conocer pensamientos y programas, aun en lineamientos limitados como el de esta exposición, impulsada por la responsabilidad como afiliado, militantes y en cierta manera dirigente.

La Iglesia Católica, particularmente en América Latina, puede aceptar distintos periodos: cristiandad colonial (1492 a 1808), neo-colonial o neocristiandad (1808 a 1969), neo-cristiandad conservadora anti-liberal (1880 a 1930), neo-cristiandad liberal anti-socialista (1930 a 1950). Ella pasa de un sistema integrado al capitalismo, a la conquista aliada a las clases dominantes, a un mayor compromiso con los movimientos populares, acentuando en su seno de la doctrina social cristiana que intercede, defiende, actúa como mediadora y denuncia la opresión, la discriminación y las posiciones dictatoriales.

Resulta sugestivo que el documento “Memoria y Reconciliación, la Iglesia y las culpas del pasado” (2000) diga. “Mientras que antes de la llegada del iluminismo existía una especie de osmosis entre la Iglesia y el Estado, entre fe y cultura, moralidad y ley, a partir del siglo XVIII esta relación ha quedado notablemente modificada. El resultado es una transición de una sociedad sacral a una sociedad pluralista, o como ha sucedido en algunos casos a una sociedad secular, los modelos de pensamiento y de acción, los llamados “paradigmas” de acción y de valoración han cambiado. Semejante transición tiene un impacto directo sobre los juicios morales”.

El radicalismo, nacido enfrentado a una sociedad políticamente prostituida, con el fraude y el autoritarismo entronizado en el poder y aliado a la aristocracia celosa de su fachada religiosa, sufrió el hecho de atribuirse en aquella el monopolio de la actitud cristiana, al menos en argentina, a los movimientos o estructuras conservadoras, y durante mucho tiempo se puso el sayo al radicalismo de basar sus concepciones en apartamiento de la doctrina de la Iglesia, partiéndose de un esquema tan equivoco como simplista de clericalismo y anticlericalismo, catolicismo o anticatolicismo.

No puede negarse que el radicalismo fue revolucionario y por lo tanto acudió a la violencia como medio de acción para combatir “el régimen” pasando después de lograr su máximo anhelo con el sufragio popular, al imperio de la le y subordinación al sistema de la Democracia, siguiendo su catecismo laico contenido en la “Profesión de Fe Doctrinaria”.

Desde sus inicios y especialmente luego de las fundamentaciones de la filosofía tomista, la doctrina social cristiana se ilumina con las Encíclicas Papales, los Documentos Conciliares y las Conferencias del episcopado. Larga trayectoria esta que modernamente pasa, entre otros importantes trabajos, por la Encíclica “Mater et Magistra”, “Pacem in Terris” de Juan XIII “Populorum Progresio” de Paulo VI, “Laborem Excercens” de Juan Pablo II;  documentos como los de Puebla y el dado a conocer en Argentina sobre “Principios de Orientación Cívica para los Cristianos”. A ellos sumamos “Sollicitud Rei Socials” (Juan Pablo II, 1987) y “Centesimus Annus(1991)”.

 Los documentos señalan ante todo, la obligación de actuar.

“Deseamos en forma especial que el cristiano asuma sus responsabilidades sociales a través de la función publica “porque el verdadero católico” ha de tener presente ante todas las cosas, y en cualquier coyuntura que ha de portarse como tal, acercándose a los empleos posibles y desempeñándolos en el firme y constante propósito de promover, según su posibilidad, el bien social y económico de la Patria, particularmente del pueblo (Pío X, documentos Sociales).

“A nuestros fieles les recordamos. Cualquiera sea el grado de participación política que no es licito el indiferentismo ni la abstención” (Conf. Episcopado Argentina, 24/X/82).

“La acción de los ciudadanos, en el marco del compromiso político, requiere fidelidad, coherencia y perseverancia” (id.). “Hablad, hablad, predicad, escribir, tomad posiciones como se dice, en armonia de planes e intenciones, acerca de la verdadera fe, defendiendolas e ilustrandolas, de la actualidad del Evangelio, de las cuestiones que interesan a la vida de los fieles y la tutela de las costumbres” (Pablo VI, discurso, 24/8/68).

Hace mas de cien años que nuestro partido viene, en actitud sostenida, coherente y comprometida, trabajando desde el gobierno o desde la oposición afirmando ideas, escribiendo, orientando y usando todos los foros a su alcance donde el conformismo, la indiferencia y la abstención se baten en retirada.

EL HUMANISMO

Dice la doctrina social cristiana:

“La finalidad de esta doctrina de la Iglesia – que aporta su visión propia del hombre y de la humanidad- es siempre la promoción de la liberación integral de la persona humana, en la dimensión terrena y ascendente...” (puebla N° 475).

El filosofo de la Universidad de Jena, Karl Christian Krause, quizás a través del movimiento krausista español encabezado por Sanz del Río, influyo indiscutiblemente en el pensamiento de Hipólito Yrigoyen, con su sistema conocido como panentismo que hace del mundo el conjunto finito que se desarrolla en la infinidad divina, en la Humanidad que reconoce a la naturaleza y el espíritu, opuesta a la teoría absolutista del Estado. Rechazando las posiciones Hegelianas, se llega al ideal de una Humanidad unida que proporcione a cada uno de sus miembros la participación en la razón suprema y en el bien.

Por nuestra parte dijimos (Documento de Carlos Paz, agosto 28 de 1982): “En la Profesión de fe Doctrinaria de la Unión Cívica Radical” se lee: “la revolución radical al plantearse partiendo del Hombre y de su libertad, hace de la política una creación ética. Para el radicalismo los fines son inalterables: los de la libertad y democracia para la integración del Hombre”. Como lo menciona S.S. Juan Pablo II (Puebla Discurso inaugural): “La nuestra es, sin duda, la época en que más se ha escrito y hablado sobre el hombre, la época del humanismo y del antropocentrismo. Sin embargo, paradójicamente, es también la época de las mas hondas angustias del hombre respecto a su identidad y de su destino, del relajamiento del hombre a niveles insospechados, época de valores humanos conculcados como jamas lo fueron antes.

Podemos afirmar con certeza que se ha deformado la visión del hombre con discriminaciones y marginaciones, con la dependencia en relación a imposiciones de consumo que acentúan la inseguridad y abrevian la vida. Se lo arroja a un materialismo dado por concepciones individualistas y colectivistas y se subraya un estatismo que lo desnaturaliza y agobia. Y ya en el pretendido justificativo de la liberación o de la seguridad, se tortura, mata y practica la exclusión política.

Las tendencias materialistas consideran  a la producción y a la economía como la totalidad de la sociedad humana, o al menos lo que abarca el mayor espectro, cuando debiera ser aquella un mero subsistema. Cultura, religión, técnica y política, aparecen subordinadas, en el manejo de la colectividad y de las estructuras de poder, a las necesidades y dictados de la economía, en tanto debiera ser lo inverso. Los totalitarismos de todo signo nacieron del pánico económico o del predominio materialista.

“Triste condición de un país – escribió Hipólito Yrigoyen – si su prosperidad hubiera de consistir en el  fomento de sus interese materiales. El progreso es constituido preferentemente por fuerzas morales”.

Aquel punto de partida, el Hombre en toda su dignidad, lleva a ratificar la defensa de la Democracia y el imperio de la plena libertad –que no es licencia- y de la igualdad en todas sus expresiones. Por eso peticionamos la libertad de presos sin enjuiciamiento o la celeridad debida a los procesos, para que nadie, sea encumbrado o humilde, sufra dilaciones que ponen en duda la recta aplicación de la justicia y acentuamos incansablemente el apoyo a las reformas de la Constitución Nacional de 1994 que además de ratificar las Declaraciones, derechos y garantías incorporaron disposiciones antindiscriminatorias, los derechos de la mujer y del niño, y los Tratados Internacionales que preservaron los derechos humanos y lo mencionado en el art. 75 inc. 22 C.N.

Los fundamentos de la Democracia no son para nosotros solo utilitarios, referidos a la formula mas adecuada para el gobierno político o para asegurar la mejor distribución de la riqueza, sino que encierran un contenido espiritual, porque sin ella la libertad del hombre y la igualdad aparecen cercenadas, “Todo hombre y toda mujer, por más insignificantes que parezcan, tienen en si una nobleza inviolable que ellos mismos y los demás deben respetar y hacer respetar sin condiciones. La libertad implica siempre aquella capacidad que en principio tenemos todos para disponer de nosotros mismos a din de ir construyendo una comunión y participación que han de plasmarse en realidades definitivas...” (Puebla, documentos N° 317 y 322). Un sistema donde se declare la democracia y se reserve el poder político a una elite civil o militar sin legitimación de pueblo o a una concentración del poderío burocrático, plutocrático o técnico, atentara siempre contra la base espiritual que da a los hombres el derecho y el deber de participar como electores o elegidos y seleccionar a los integrantes del poder que deben decidir sobre su destino. La libertad no admite en su concepto pleno los fraccionamientos, y de nada vele la libertad civil sin la libertad política o sin la libertad económica. No hay hombres respetado si se niega al Hombre ciudadano, sino se permite el pluralismo participatorio y el compromiso de todos”.

LA JUSTICIA SOCIAL

En la Conferencia Episcopal Argentina (Documento, punto 8) se lee: “en la defensa de la dignidad humana, el bien común y la justicia social, los cristianos en su opción política deben promover la valoración del trabajo humano y su primacía sobre el capital, la técnica y aun las estrategias económicas, que deben estar colocados al servicio del hombre, como la define “Laborem Excercens”, esta la dignidad del trabajador, la exigencia de una justa retribución...”

En nuestro citado documento de Villa Carlos Paz se dijo: “No hay dignidad humana si se carece de una justa distribución de la riqueza”. Decía Alberdi: “Con un derecho constitucional republicano y el derecho administrativo anárquico, la América del Sur arrebataba por un lado lo que permite por otro: la libertad en la superficie y la esclavitud en el fondo. “Para una inmensa mayoría las libertades civiles corren de lado opuesto a la verdadera libertad económica, y para muchos, la libertad del hombre como derecho inalienable y primario, no tiene posibilidades de ejercicio ante la inaccesibilidad a mejoras económicas. Por ello un sistema que se basa en la especulación o aun en la producción, pero sin tener en cuenta una distribución, que da indicios de producto bruto nacional con caracteres generales que obscurecen el verdadero destino de la riqueza y el ascenso de los desheredados al bienestar general, no se compadecen con la proclamada justicia social y las exigencias de la hora. Es necesario revertir un proceso donde jubilaciones y pensiones mas que amparo de un debido retiro son castigos económicos, el salario se deteriora entre un cincuenta y sesenta por ciento en espacio de seis años y la riqueza se concentra en menos del diez por ciento de los habitantes del país”.

A estas afirmaciones que podrán considerarse teóricas, se deben agregar las realizaciones concretas de nuestros gobiernos radicales que evidencian el respeto por derecho de huelga y de sindicalización, por la libertad de trabajo, por los convenios colectivos, la estabilidad del trabajador y los presupuestos oficiales puestos al servicio de una más justa distribución de la riqueza en todas las expresiones de obras, servicios, salud y educación, ratificados en la Constitución de 1957 y 1994.

LA PROPIEDAD

Los mencionados documentos de la iglesia han fijado las concepciones acerca de la propiedad. Así en la Encíclica “Rerum Novarum”, de León XIII. Para ser el hombre el único animal dotado de razón, hay que conceder necesariamente al hombre la facultad, no sólo de usar como los demás animales, sino de poseer con derecho estable y perpetuo, así las cosas que con  el uso consume, como las que, aunque usemos de ella, no se acaban... y debe el hombre tener dominio, no sólo de los frutos de la tierra, sino que además de la tierra misma porque de la tierra ve que se produce para ponerse a su servicio las cosas que el ha de necesitar en el porvenir”. En la “Cuadraggésimo Anno” Pío XI afirma: “Siempre ha de quedar intacto e inviolable el derecho natural de poseer privadamente y transmitir los bienes por medio de la herencia; es derecho que la autoridad publica no puede abolir, porque el hombre es anterior al Estado”.

Hasta aquí el reconocimiento nítido del derecho de propiedad. Pero la Cuadraggésimo Anno, agrega: “ni León XIII ni los teólogos que enseñaron, guiados por el magisterio y autoridad de la Iglesia, han negado jamas o puesto en dudad el doble carácter de la propiedad, llamado individual y social, según que atienda al interés de los particulares o mire al bien común... a la verdad, los hombres en esta materia deben tener en cuenta, no solo de su propia utilidad, sino también del bien común, como se deduce de la índole misma del dominio, que es a la vez individual y social, según hemos dicho”.

La encíclica “Mater et Magistra” de Juan XXIII considera que es intrínseca e inherente a la propiedad su función social, pues así lo exige la necesidad de vivir digna y holgadamente todos los hombres, lo condicionan a las necesidades de la familia y es consecuencia necesaria de la solidaridad humana: “...según el orden objetivo establecido por dio, el derecho de propiedad se configura de tal manera que no puede constituir obstáculo alguno para que sea satisfecha la inderogable exigencia de que los bienes, creados por dios para todos los hombres, equitativamente afluyan a todos, según los principios de la justicia y de la caridad”.

El conjunto de la exposición doctrinaria de esta ultima encíclica va dirigido, no tanto al aumento de la producción sino a la defensa del hombre en su gran dignidad, poniendo en evidencia las diferentes condiciones en que se encuentra particularmente el agricultor. Las reflexiones sobre “Desarrollo Económico”, donde se propicia la participación de los obreros en el capital y en las ganancias de las empresas, la formación de las pequeñas y medianas propiedades y el amparo de la propiedad familiar, exponen una doctrina concreta que esta lejos de la tesis materialista e ilumina el camino de las realizaciones prácticas en la búsqueda de nuevas estructuras.

En el mismo apartado de dicha Encíclica, las consideraciones sobre la misión del Estado en relación a la necesaria defensa de los precios agrícolas, la implantación de seguros y la imposición justa de los tributos, no son sino francas indicaciones para la actividad del Estado en miras a la aplicación de la doctrina que tratamos.

En consecuencia, la legislación y los programas que se funden solamente “en el sagrado derecho de propiedad” o en el simple “desarrollismo”, o que invoquen una doctrina liberal que deja a merced de sus propias fuerzas  al sector poblacional más desamparado; aquellos que prescindan del natural destinatario de los cambios sociales que se preconizan, de la defensa de la dignidad humana y del respecto a la familia y al papel del Estado como tutor del interés común, habrá de reconocer cualquier inspiración menos señalada por la doctrina social-cristiana, ratificada en las Ecíclicas y recogidas en los “Documentos Conciliares”. Aquí se lee: “Cuando el incremento de la vida económica, razonable y humanamente dirigido y coordinado, podría mitigar las desigualdades sociales, muy a menudo se convierte en ocasión de que crezcan, como también en algunas partes trae consigo al atraso de la condición social de los débiles y el menosprecio de los pobres”. “La finalidad fundamental de la producción no es mero incremento de los bienes productivos, ni el lucro, ni el dominio, sino el servicio del hombre, y del hombre integro, en atención al orden de sus necesidades materiales y de las exigencias de su vida intelectual, moral, espiritual y religiosa”; “El incremento económico no debe ser dejado al curso casi mecánico de la actividad individual, ni solamente al poder de la autoridad publica. Son por consiguiente erróneas las doctrinas que, bajo pretexto de falsa libertad, se oponen a las reformas necesarias...” (“Documentos Conciliares”. Sesión publica del 7 de diciembre de 1965).

Paulo VI, en su “Populorum Pogresio” ratifica: “La propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto”; “no hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que supere a la propia necesidad, cuando a los demás le falta lo necesario...”, “...En una palabra, el derecho de propiedad no debe jamas ejercitarse con detrimento de la utilidad común, según la doctrina tradicional de los padres de la Iglesia y de los grandes teólogos”; “Pero, por desgracia...ha sido construido un sistema que considera el provecho como motor esencial del progreso económico, la concurrencia como ley suprema de la economía, la propiedad privada de los medios de producción como un derecho absoluto, sin limites no obligaciones sociales correspondientes”.

En la Sollicitud Rei Socialis se dice: “La cooperación al desarrollo de todo el hombre y de cada hombre es un deber de todos para con todos y, al mismo tiempo, debe ser común a las cuatro partes del mundo...”; “Es necesario recordar una vez mas aquel principio peculiar de la doctrina cristiana; los bienes de este mundo están originariamente destinados a todos. El derecho a la propiedad privada es valido y necesario, pero no anula el valor de tal principio. En efecto, ella grava “una hipótesis social”.

Este principio general sobre propiedad fue confirmado por nuestros constituyentes en la Reforma de 1994 (art. 17 C.N.).

Monseñor Raúl Zambrano, Obispo Facativa (Colombia), dijo en el Ciclo de Estudios socioeconómicos de Río Grande Do Sul: “El concilio y la encíclica Populorum Progresio son más enfáticos, la propiedad no es tratada desde el punto de vista del actual propietario, cuyos derechos se defienden para defender la institución. El uso exclusivo (de la propiedad), se limita a los necesarios para cada uno y su familia.

El resto debe ser entregado en función del bien común. Es una formulación que no coincide con el concepto capitalista de la propiedad privada y supera la interpretación tradicional de la función social de la propiedad”.

Como advertimos, la Iglesia no se ha limitado a un enunciado teórico de la doctrina acerca de la función social de la propiedad, sino además, dado luz propia a las consecuencias  que aquella implica: así legitima la expropiación y la extinción del dominio /Supra Seminario del Episcopado colombiano), la entrega de tierras de propiedad de la Iglesia (Idem), la apropiación de bienes en caso de extrema necesidad, la intervención del Estado en la distribución y uso de los medios de producción y la justificación de las cargas tributarias.

Conviene vincular el recuerdo de la doctrina de la función social a la posición de un partido político para que, sin desmedro de otros, no sea ya mas realidad el pensamiento de un experto en ciencias política: “Ahora, como en el pasado, el ciudadano democrático en la mayoría de los casos no sabe que cuestiones están en juego, que soluciones se han propuesto, acules son las consecuencias probables y ni siquiera que programa sostienen los candidatos que se postulan”.

En la “Profesión de Fe doctrinaria” de la Unión Civica Radical se lee: “El mundo entero sufre un mal profundo proveniente de no adecuar las posibilidades materiales modernas a fines de emancipación del hombre. El Radicalismo cree que solo una cruzada de honda pulsación humana por la liberación del hombre contra todas las formas degradantes del imperialismo en todos sus aspectos, podrá salvar al mundo en su grave crisis; así como recuerda su fe en el destino de los pueblos de nuestra grande crisis, así como recuerda su fe en el destino de los pueblos en nuestra grande hermandad continental, unida en su libre soberanía y luchando por conquistar junto con los instrumentos de liberación política, el sistema de garantías sociales, contra todos los privilegios económicos que ahogan la libertad y niegan la justicia”.

El Dr. Hipólito Yrigoyen, en su Mensaje al congreso Nacional de agosto de 1920, advertía: “La democracia no consiste solo en la garantía de la libertad política: entraña a la vez la posibilidad de todos para poder alcanzar un mínimo común de felicidad siquiera”. En otras comunicaciones y mensajes, el entonces Presidente de la República preconizo la defensa de la tierra pública para emplearla como elemento de trabajo.

“La tierra publica decía el Presidente Yrigoyen, empleada como elemento de trabajo, es el mas poderoso factor de civilización, de ahí que una nación del grado de cultura a que ha llegado la nuestra, no deba desprenderse de sus tierras sino para entregarlas a la labor de muchos, a la colonización intensa y a la radicación de hogares múltiples”; a ello agregamos la fijación de precios topes de arrendamientos y la lucha contra la especulación y el monopolio: “El poder ejecutivo piensa que es necesario amparar la industria y fomentar su desarrollo, porque ello significa prosperidad para el que produce y bienestar para el que consume, pero es necesario también proceder con mano enérgica para impedir la explotación de quienes pretenden aumentar su fortuna sin incorporar ningún esfuerzo a la labor común”.

Justificando medidas legales para intervenir en amparo del consumidor, decía: “Erróneamente se encara esta iniciativa como un caso simple de expropiación común, sometido a las reglas ordinarias. Es una medida de salud pública impulsada por altos fines de armonía social, si los poderes públicos no adoptan con rigor medidas de esta naturaleza, no sólo no llenarán su imprescindible función social, sino que, al amparo de la tolerancia, se especulará con el hombre y la necesidad del pueblo”.

En las “Bases de Acción Política”, el punto VI prescribe: “Organización de una democracia económica. Control de la economía en base a un planeamiento fijado por los órganos representativos de la voluntad popular, que coloque la riqueza natural, la producción, el crédito, las industrias, el consumo, el intercambio internacional, al servicio del pueblo y no de grupos o minorías, para construir  un régimen que subordine la economía a los fines y derechos del hombre y movilice sus recursos, no en el limitado beneficio de los poseedores, sino del desarrollo nacional y del bienestar social”.

En la constituyente de 1949, el convencional Antonio Sobral, con galanura y acierto dijo: “Por eso para mi el hombre cargado de eternidad hace los medios tan plenos de sentido morales que nadie tiene derecho a tomarlos en su exclusivo beneficio, a apoderarse instrumentos de producción puestos ahí para todos, para que todos cumplamos nuestros fines y entre estos medios el esencial  al hombre, el de la tierra. Por eso para nosotros la propiedad, el trabajo y la economía hacen todo inseparable: forman un complejo social, pero en función del hombre y no al manejo ni al servicio del Estado”.

 En la Convención Constituyente de 1957, el radicalismo concretó su pensamiento sobre la reforma del inciso 9° del art. 14: “Este derecho (de usar y disponer libremente de la propiedad), se ejercerá con las limitaciones impuestas por el interés social y el bienestar general”.

El Congreso Agrario reunido en Córdoba en 1961 dijo a través de las palabras de su inspirador, el señor Justo Paez Molina: “No negamos el derecho de propiedad que nace de la constitución. Creemos en él como elemento indispensable para completar el destino del hombre y asegurar su felicidad. Él está, insisto, en la naturaleza humana y su origen se remonta, con pasión y objetivo de conquista, al origen mismo de los tiempos. Pero no creemos que la propiedad de la tierra pueda estar librada al capricho de su dueño; nadie puede escudarse tras ese derecho para hacer con su propiedad lo que quiera, incluso no trabajarla o trabajarla mal, como ocurre actualmente en que inmensas extensiones de campos improductivos por falta de trabajo o malogrados por destinos inconvenientes e inciertos, privan a la sociedad de una producción que el país necesita para la riqueza colectiva; el que no pueda trabajar su tierra, que la venda o la entregue a quién está en condiciones de hacerlo, pero no especule con la incrementación vegetativa de un valor que no ha contribuido ha formar; en este caso, el Estado, por los infinitos medios que dispone, concurrirá a hacer efectivo el mejor interés social para que su propiedad se diversifique con vistas a que todos tengan acceso a ella”.

Este mismo Congreso aprobó, entre otras ponencias, “La Reforma de la constitución Nacional para establecer el principio de la propiedad privada en su más amplio concepto de función social”.

 Lo expuesto sintetiza una posición nítida sobre los grandes objetivos el Partido, a través del señorío del hombre protegido en la integridad de todos sus atributos y las limitaciones al poder absoluto de la propiedad y de la riqueza. Esta postura vivió, no sólo en el limbo  de la doctrina desnuda, sino en la dinámica de normas, resoluciones y medidas de gobierno. Ejemplo de  ello fueron las recordadas leyes sobre congelación de arrendamientos y precios, la expropiación del azúcar, las disposiciones sobre afectación de tierras públicas, el proyecto del Código de Trabajo, la Ley del Salario vital móvil, etc.

El oyente podrá apreciar el esfuerzo –y sobre todo la coherencia en la lucha y la identidad con la concepción cristiana- en miras a imponer una doctrina que compadece la democracia con la igualdad, la producción de la riqueza con la justicia distributiva y el derecho de propiedad con la limitación a nuestro impulso egoísta de almacenar bienes acaparando todo cuanto sirve a la holganza, la ostentación y el poderío.

Cuando el Radicalismo incluyó en sus plataformas los objetivos de la Reforma Agraria, de la preservación de los recursos naturales y aún de la Integración Latinoamericana, fue sospechado de sostener postulados contrarios al derecho de propiedad o tesis  de extrema izquierda. Conviene pues remarcar que la U.C.R. nunca sostuvo tesis colectivas negatorias de tal derecho, no llevó a cabo confiscaciones, ni de la propiedad en general ni de la propiedad de la tierra. En su plataforma (documentos del comité Nacional) se dice: “La tierra es un bien de producción y no de renta, ni puede ni debe ser instrumento de especulación, ni el derecho de propiedad podrá ser ejercido en forma absoluta, pues ésta solo es legítima y es justa en medida que cumple una función social. Se llevará a cabo una efectiva Reforma Agraria fundada en factores sociales, económicos y políticos que no se agotará en el proceso de división de la tierra, sino que se complementará con la creación de adecuadas estructuras para un mejor aprovechamiento agrario... la política del sector agropecuario debe facilitar al acceso individual o familiar del productor a la propiedad de la tierra...” y en nuestra plataforma provincial de 1973-76 incluíamos también la defensa de la auténtica empresa agraria.

Ahora la Iglesia toma las palabras de Juan Pablo II: “Sobre la propiedad privada grava una hipoteca social” según ya relacionamos y agrega: “La propiedad compatible con aquel derecho primordial es más que nada un poder de gestión y administración, que si bien no excluye el dominio, no lo hace absoluto ni limitado...” “El agotamiento de los recursos naturales y la contaminación del ambiente constituirán un problema dramático. Afirmamos una vez más la necesidad de una profunda revisión de la tendencia consumista de las naciones desarrolladas; deben tenerse en cuenta las necesidades elementales de los pueblos pobres, que forman la mayor parte del mundo”. (Puebla, N° 492 y 496).

La defensa de la tierra pública argentina, de nuestros productores arrendatarios, de la producción cerealera, de los recursos energéticos y de los bosques nacionales, que fueron y son motivaciones del radicalismo, se ajusta pues a la doctrina social cristiana, alejándose de lo que en forma infundada se le atribuye. Ni el Presidente Yrigoyen, ni Illia, ni Alfonsín, confiscaron o estatizaron propiedad o empresa alguna.

LA PAZ - LA VIOLENCIA

Enseña Juan XXIII (Pacem en Terris) “no falta hombre de gran corazón que, encontrándose frente a situaciones en la que las exigencias de la justicia o no se cumplen o se cumplen en forma deficiente, movidos del deseo de cambiarlo todo, se dejan llevar de un impulso tan arrebatado que parecen recurrir a algo semejante a una resolución. A estos tales quisiéramos recordarle que todas las cosas adquieren su crecimiento por etapas sucesivas... La violencia nunca ha hecho otra cosa que destruir, no edificar: encender las pasiones, no aplacarlas. Acumulando odio y ruinas, no solo no ha logrado reconciliar a los contendientes, sino que a hombres y a partidos los ha llevado a la dura necesidad de reconstruir lentamente, con imponderable trabajo, sobre los escombros amontonados por la discordia, la vieja obra destruida. “-Y en el documento reciente de Argentina (punto 12) Se ratifica: “La tentación de la violencia y la llamada radicalización política, es el pretexto de un compromiso con la justicia y la liberación, es una de las tensiones que pueden desviar a los ciudadanos de una recta opción política”.

 El Radicalismo tiene dicho (Documentos y Declaraciones - comité Nacional): “Dentro del marco de la lucha, el radicalismo predicó la paz, la seguridad del hombre y de la mujer argentina, la superación de los desencuentros del pasado en aras de la unidad nacional”... “Nuevos hechos de intolerancia y de violencia obligan a declarar nuestra angustia y protesta. Estos hechos solo pueden engendrar las bases de sistema totalitarios repudiados por nuestro pueblo y nuestra historia. Sobre el crimen no lograremos seguridad ni tendrá vigencia feliz nuestra realidad humana. Dijimos antes que la muerte entre argentinos no reconstruirá la República.

Decía Yrigoyen en su mensaje al gobernador de la Provincia de Santa Fé (1921), “La misión de los altos poderes del Estado es de paz y armonía y este resultado solo se obtiene desenvolviendo una acción moral y política ...El apoyo del mismo presidente a la Liga de las Naciones, el tratado de Paz y Amistad con la República de chile logrado no sin grandes impulsos del Presidente Alfonsín y desarrollados esfuerzos en el Parlamento Argentino, son una línea clara a favor de la Paz, asegurando el mencionado Tratado no solo un desarrollo bilateral pacífico sino la Paz de la región”.

También el Presidente Alfonsín, con sus directivas e inspiraciones, nos encomendó misiones en el exterior donde abogamos permanentemente por el desarme y el uso pacífico de la energía nuclear.

LA FAMILIA

Dice la Iglesia (documento del 24/10/82, punto 9): “El laico cristiano en su opción temporal, debe luchar por la preservación de los derechos inalienables de la familia, célula vital de la sociedad, cuya existencia precede a la del Estado”.

En la Centesimus Annus se dice: “Hay que volver a considerar a la familia como Santuario de la vida. En efecto, es sagrada. Es el ámbito donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los múltiples ataques a que está expuesta, y puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano. Entre llamada cultura de la muerte, la familia constituye la sede de la cultura de la vida”.

Por nuestra parte hicimos esta afirmación tomando las bases partidarias: “...queremos singularmente llamar a la mujer en su condición de trabajadora y más en su posición de eje y sostén de una estructura fundamental, concretada en la familia.

Sin una u otra no podrá hablarse jamás de sociedad donde impere el mutuo respeto, la solidaridad y la paz. No podrá lograrse el sentimiento nacional, partidario o familiar sin la actuación y heroicidad que caracteriza a la mujer argentina.”



LA ÉTICA

Ya ha sido denunciada insistentemente la crisis de nuestras sociedades basadas fundamentalmente en la crisis moral y no será bastante lo que es insista en la reconstrucción sobre el pilar ético en todas sus manifestaciones. A riesgo de ser tachados de personalistas, queremos en este apartado limitarnos a citar párrafos de Manuel Galvez que condensan la trayectoria de un hombre del radicalismo, y lo hacemos por lo que importa una orientación a nuestra corriente cívica y transformada casi en axioma y en imperativo de la praxis política: “Hipólito Yrigoyen quedará en nuestra historia como un reformador moral. No es el único, pero es el más eficaz...por medio de sus conversaciones individuales, de sus órdenes y decretos, de tal o cual frase de sus escritos, ha atacado la inmoralidad del ambiente. Sólo él ha tenido palabras contra el descreimiento, vale decir, a favor de una fe. Su vida entera representa una lucha contra la indiferencia. Frente al partido Demócrata Progresista, que es intelectual y frío, él predica el entusiasmo y el sentimiento. Y frente al socialismo materialista y ateo, extranjerizo y disolvente, él predica el sentimiento religioso de la vida, la alta moralidad del patriotismo y la defensa de la familia cristiana. La necesidad de la ética política ya está en la conciencia argentina. Eso es la obra de Hipólito Yrigoyen”.

Si ello es historia, si por desgracia Argentina cayó nuevamente hoy en crisis moral, ahora debemos parafrasear al escritorio que no perteneciera desde luego a nuestras filas, según a otra conducta personalizada en Arturo Illia el quijote andante que dice y, exhibe palabras de ley y moral. El Radicalismo continúa así blandiendo la ética. Y esto es obra del ex presidente de los argentinos a quien siguieron sin desviaciones, Alvear, Illia, Alfonsín y hoy lo hace Fernando De La Rúa.

 Dijimos al comienzo que ni la Iglesia ni el Radicalismo son inmutables, pues responden a las exigencias de los cambios sociales y políticos. Hoy nos enfrentamos al ocaso de los imperios, a la globalización, al desdibujamiento de las fronteras nacionales. La globalización o mejor dicho universalización, llevada de la mano inicialmente por los intereses económicos y financieros, del narcotráfico, de los delitos financieros, de la ecología y de las migraciones, donde el sentido de nación es superado por la región y aún por los acuerdos interegionales y las comunidades, sobrepasa los límites individuales para bien o para mal. La línea Maginot, la Muralla China y el Muro de Berlín, maravillas de la técnica o de la humanidad o vergüenza de la misma según el caso, ya parecen, en sus intentos de preservación de fronteras, como iniciativas estúpidas. La cordillera de los Andes, límite natural de más de 5000 Km. Está hoy perforada por caminos, oleoductos, gasoductos y explotaciones mineras compartidas. Las presas internacionales son cada vez mayores. Esto atrae un cambio político y sociológico que se traduce en estrategias políticas y en modos de responder distinto, las exigencias y problemas de las sociedades modernas. Pero los principios de las doctrinas políticas siguen siendo lo mismo.


Como cristianos y creyentes soñamos con Teilhard de Chardín que “quizá venga un día en que el campo terrestre esté completamente cultivado, o se vuelva inhabitante y la única ocupación humana (no sólo la de ciertos elegidos o “especialistas” sino de toda la especie) sea la de retirarse más profundamente y directamente en dios en el seno de la noche mística...”. Pero no ha llegado ese momento. Todavía hacen falta labradores para hacer vivir a los orantes; ya a aquellos es preciso poder explicar que trabajan en Cristo, aún cuando remuevan la tierra”.














Fuente:"La Doctrina social Cristiana y la Unión Cívica Radical" por el Dr. Víctor Hipólito Martínez, 3 de abril de 2000 en Instituto Nacional Yrigoyeneano.

El autor fue Abogado. Profesor de derecho minero (Universidad de Córdoba). Ex Intendente de la Ciudad de Córdoba (1963-1966) . Ex Vicepresidente de la Nación (1983-1989)
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