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Mostrando entradas con la etiqueta La caída de la Alianza (19 y 20 de diciembre de 2001). Mostrar todas las entradas
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lunes, 20 de diciembre de 2021

Soledad Vallejos: "De la Rúa y las siluetas negras de la quinta de Olivos" (2017)

De la oscuridad del 19 de diciembre, hasta la Residencia Presidencial de Olivos habían llegado ruidos. La protesta sobre la avenida Maipú, la calle Villate, la calle Malaver, crecía al calor de cánticos. Las palabras resultaban confusas, mezcladas con sonidos de cacerolas chocando contra lo que fuera, pero el espíritu que la animaba era inconfundible. El aire transmitía la hostilidad.

El presidente Fernando de la Rua había regresado a la Residencia al crepúsculo, en medio del torbellino que desató su anuncio de que regía el estado de sitio. “Los problemas hay que afrontarlos y eso estamos haciendo”, había dicho en cadena nacional. En minutos miles salieron a la calle, mientras él se cobijaba en la seguridad de Olivos. De la Rua y algunos miembros del Gabinete cenaron el chalet; poco antes de medianoche, el presidente subió a su habitación.

A la 1.30 de la mañana, cerca del muro colorado que protege la Quinta de miradas indiscretas, había sombras.

En las oficinas de Jefatura, a unos 200 metros del chalet donde dormía el matrimonio presidencial, habían quedado rezagados el ministro Hernán Lombardi y su equipo; otros pesos fuertes del Gabinete estaban lejos, en la ciudad, en el Hotel Elevage, agotando negociaciones con gobernadores peronistas. Entonces el ministro vio venir al militar que estaba a cargo de la seguridad de Olivos.

-Ministro, tenemos que evacuar al presidente.

Lombardi no entendió.

-Esa no es mi área, soy ministro de Cultura, Turismo y Deportes -replicó.

-Pero usted es el único ministro acá presente.

-¿Cómo va a evacuar al presidente? ¿A dónde lo llevaría?

-A Campo de Mayo -explicó el militar, en referencia a la casa, ubicada en ese destacamento, que habían usado algunos presidentes de la última dictadura.

-Bajo ningún punto de vista. Es el presidente constitucional de los argentinos.

El militar pidió al ministro que lo acompañara hasta el Comando de Operaciones de Seguridad (COS). Allí, en la construcción que en tiempos de López Rega el padre del propio Lombardi había levantado para que fuese cripta de Perón y Eva, se desplegaban decenas de pantallas. Cada una de las cámaras ubicadas en el muro de la Quinta transmitía allí lo que registraba, y lo que mostraban era grave: los policías bonaerenses encargados de la seguridad del perímetro abandonaban sus puestos. Uno por uno, como llevados por una mano invisible, se retiraban.

-Nos quitaron la custodia -dijo el militar. Señaló otra pantalla-. ¿Ve esa sombra? Fijesé.

Donde se iba un policía, aparecía un hombre sin uniforme. Trepaba el paredón sin demasiado esfuerzo; se sentaba a horcajadas sobre el muro: una pierna dentro y otra fuera de la Residencia Presidencial. Como en un dominó, la escena se repetía en cada puesto de guardia. La Quinta estaba siendo rodeada. En el COS, el cálculo más conservador aseguró que los inminentes intrusos eran unos tres mil, pero alguien sugirió el doble. La previsión era que estaban esperando una orden para saltar muro adentro y aterrizar sobre el césped.

El Ministro habia comprendido.

-Qué hacemos? -preguntó.

-Si usted me da la orden, aunque acá vayan mi honor militar, mi carrera y mi vida, al presidente nadie le va a tocar un pelo -respondió el uniformado.

El precio podia ser caro, porque quienes seguían sus ordenes no usaban balas de salva, sino municiones de plomo. Un funcionario civil que no fuera el presidente no podia tomar semejante decision.

Eran las 2 de la madrugada. En el patio de honor del chalet, entre la galería de columnas y el espejo de agua, los militares habían apostado tres ametralladoras pesadas; tras cada una había un soldado dispuesto a disparar.

El muro era diferente, pero mientras las siluetas siguieran allí, el peligro persistía.

Alguien tuvo un plan B: aparecieron megáfonos. Soldados y funcionarios civiles se los distribuyeron, armaron pequeños grupos. La noche iba a ser larga. Salieron al parque armados solo con eso. Se desparramaron a lo largo de las 32 hectáreas, sin dejar nunca de caminar, mientras advertían:

-¡Señores, sus vidas corren peligro!

En las zonas iluminadas, se alcanzaba prácticamente a reconocer los rasgos de los rostros; en las zonas en sombras, se percibían con claridad las piernas colgando del muro. Funcionarios y militares no iban pegados al paredón, pero sí lo suficientemente cerca como para notarlo. Seguían caminando, esgrimían los megáfonos y anunciaban:

-Hay estado de sitio.

-¡Protesten en otro lado!

Los intrusos no se movían.

Podían entrar en la Quinta en cualquier momento, por cualquier resquicio de sus más de 2500 metros de extensión.

A las 5 de la mañana empezó a clarear. Un poco antes cantaban los pájaros más madrugadores, entremezclados con las voces cansinas que, mediante los megáfonos, seguían alertando a las sombras que no podían estar allí, que si bajaban serían repelidos, que debían retirarse. Sucedió de repente: una tras otra las siluetas desaparecieron. Posiblemente no hayan sido las voces de alarma lo que las había convencido, porque se retiraron tan sorpresiva y coordinadamente como habían llegado.

Soldados y funcionarios civiles miraban sin poder creerlo. Amanecía.

El ministro se abrazó con el jefe militar. Mientras alguien reunía los megáfonos para guardarlos, Lombardi y el jefe de seguridad caminaron hasta el chalet. Las ametralladoras pesadas seguían allí. “Para el presidente, cuando baje, no va a ser amable ver esto prácticamente en su living”, observó el ministro. “Quedesé tranquilo”, dijo el militar. Poco después, los soldados y esas armas habían desaparecido. De la Rua nunca los vio.






Fuente: "Olivos. Historia secreta de la quinta presidencial" de la periodista Soledad Vallejos, 2017.



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domingo, 15 de diciembre de 2019

Alejandro Rabinovich: "No le vendría mal la ruptura a la UCR" (29 de julio de 2002)

Es el presidente de la Juventud Radical. Vino a Misiones para apoyar el proceso de renovación que llevan adelante algunos sectores. Asegura que la UCR debe ir detrás de Carrió porque enfrenta al poder económico y que prefiere que el partido se rompa para que «deje de doblarse» . Rabinovich sostuvo que en su partido no hay líderes naturales, que ya no existe más la figura Alfonsín '83. El hace poco tiempo presidente de la Juventud Radical, Alejandro Rabinovich vino por primera vez a Misiones a apoyar el proceso de «renovación» que llevan adelante algunos jóvenes dirigentes en la provincia.

Abogado, de 29 años, militante del Ateneo del Centenario de Capital Federal, advierte que si la UCR va sola en las próximas elecciones, fracasará rotundamente y propone una suerte de frente cívico -como el que se quiere crear en estas tierras- para hacer frente al peronismo. Ir detrás de Lilita Carrió es la alternativa más viable, dice. Y admite que una derrota no le vendría mal al partido para que pueda volverse a las fuentes y recuperar la identidad. Pero prefiere que el partido se rompa «y no se doble más». «Después de eso se sabrá quienes quedamos y quienes no», asegura con aplomo.

Rabinovich estuvo en Oberá donde compartió un encuentro con sus contemporáneos con un sólo tema en común: Cómo hacer para renovar el partido.  «Hay que combatirlos (a la vieja dirigencia), porque en la política nadie cede espacios y un cambio no se hace sin enfrentamientos», analiza el dirigente porteño.

¿Cómo se hace para acercar a un joven al partido radical?

Hoy acercar a un joven a la política es complicado, no sólo a la UCR. A diferencia de los 70, hoy quien milita es mirado como un bicho raro. Lo primero que tiene que hacer el radicalismo es evitar la fuga de militantes. Hay que explicarles la identidad del partido, ser una masa crítica para poder luchar contra el poder partidario.

¿Hay que luchar contra la conducción?

Hoy con las mismas personas en la conducción es impensable poder «vender» el partido. Hay que renovar la identidad. Hay que combatirlos, porque en la política nadie cede espacios ni se corre sino hasta que esté muerto. Y los cambios no se hacen sin enfrentamientos.

¿Cómo se sacan de encima el estigma De la Rúa?

La gente no culpa a las ideas radicales por el fracaso de (el ex presidente Fernando) De la Rúa. Los que se equivocaron fueron hombres con nombre y apellido. Por eso, hay que salvar las ideas, donde los valores radicales están intactos. El que no respetó los valores radicales fue De la Rúa.

¿Qué perspectivas tenés sobre las próximas elecciones?

Si la UCR va sola, seguramente le irá mal. Pero si va aliada con algún sector del peronismo, habrá fractura, porque muchos sectores no soportarán eso. Debemos ir en un frente que represente los valores del radicalismo, no hacer un frente sólo para ganar, sino que tenga valores.

¿Con Lilita Carrió?

Puede ser, porque representa la lucha contra la concentración del poder económico y político. La UCR deberá aportar sus cuadros para ayudar, pero no tranzar con nadie. 

Hablás mucho de la identidad… ¿Cuándo pueden recuperarla?

Cuando estemos lejos del poder. Una derrota no nos vendría mal si sirve para recuperar la identidad. Pero prefiero una ruptura, para que el partido no se siga doblando.




En 1987 a los quince años, entró a militar en el radicalismo. Fue presidente del Centro de Estudiantes Secundario en el ’88, delegado de la Federacion de Estudiantes Secundarios en la mesa de conducción de la Franja Morada y después entró en la Franja Morada Universidad. De ahí pasó a la Juventud Radical y llegó a la  presidencia en 2002.




Fuente: "No le vendría mal la ruptura a la UCR" entrevista al titular de la Juventud Radical a nivel nacional, Alejandro "Ruso" Rabinovich, en Misiones Online, 29/7/2002.



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sábado, 27 de abril de 2019

Prof. César Arredondo: "La expulsión de Fernando de la Rúa de la UCR" (18 de febrero de 2002)


La Unión Cívica Radical, partido más que centenario, se encuentra hoy ante la alternativa de renovarse o desaparecer, y renovarse significa cambiar, y cambiar en consecuencia es mostrar, y presentar a la sociedad otros dirigentes diferentes a los conocidos, muchos de ellos gastados, y fracasados en su actuación de los últimos 20 años. Además es necesario debatir ideas y propuestas para entender y dar solución a los problemas de la Argentina actual.

Un partido moderno debe capacitar a sus militantes, y democratizar su funcionamiento interno, y no esperar que los "popes" se reúnan como en el caso de la provincia de Buenos Aires para ver como siguen consolidando un radicalismo perdedor.

Hoy se trata de tapar esta realidad promoviendo la expulsión del Dr. Fernando de la Rúa, y la pregunta es si los que promueven este acto no deberían irse ellos del radicalismo, muchos de los cuales en vez de servir, se han servido.

La separación del Dr. De la Rúa no debe convertirse en la coartada de un grupo de mediocres que en 20 años no han aportado nada en beneficio del pueblo argentino. Al menos De la Rúa, y no soy simpatizante de su figura, fue a partir de 1995 el único que arrimaba la posibilidad de triunfo al radicalismo, y muchos de los que hoy piden su expulsión se ubicaron bajo sus paraguas protector y formaron parte de su gobierno.










Fuente: "La expulsión de Fernando de la Rúa de la UCR" por el Prof. César Arredondo en Cartas de Lectores del Diario El Día de La Plata, 18 de Febrero de 2002.

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martes, 19 de diciembre de 2017

Nicolás Gallo: "Es la crónica de un golpe anunciado" (18 de diciembre de 2011)

Nicolás Gallo, el ex secretario general de la Presidencia y uno de los hombres que despidió a De la Rúa en el helipuerto de la Casa Rosada una década atrás, recordó en exclusiva para La Prensa los pormenores de aquellos trágicos días.

"El presidente estaba atacado por todos lados, estaba agotado. No teníamos aliados, estábamos solos. Si se ve para atrás es como le decía a (el juez federal Norberto) Oyarbide, es la crónica de un golpe anunciado: si a un gobierno le vas sacando ladrillo por ladrillo un día se va a derrumbar y así pasó con el gobierno de Fernando de la Rúa", recuerda Nicolás Gallo, ex secretario general de la Presidencia y uno de los hombres que despidió al presidente en el helipuerto de la Casa Rosada una década atrás.

Gallo fue la última cara que mostró la televisión ese 20 de diciembre; fue el último recuerdo de un gobierno: "Dejen que la historia lo juzgue", resumió ese día. Hoy, 10 años después, está convencido de que al Gobierno de la Alianza lo derrocaron aliados y opositores.

Todos conocemos el final de esta historia que se presentó de la peor manera un 19 y 20 de diciembre con saqueos, estado de sitio, cacerolazos, muertos, heridos, renuncias y un presidente que por orden de la Casa Militar abandonó la Casa Rosada en helicóptero. Pero el principio del fin lo conocen pocos. Nicolás Gallo, en una entrevista con La Prensa, reveló una historia plagada de nombres, traiciones, deslealtad y autocríticas:

CHACHO ALVAREZ

-Pasaron 10 años del 19 y 20 de diciembre, pero previo a esos dos días la Alianza ya estaba resquebrajada. ¿Cuando comenzó el principio del fin para el Gobierno de De la Rúa?

-La quebró en primer lugar Chacho Alvarez cuando renunció... que el periodismo la fundamentó en el tema de los supuestos sobornos en el Senado y no fue tan así en realidad.

-¿Cómo fue?

- El se sintió molesto por la tapa de la Revista XXIII, que él suponía que tenía algo que ver con el financiamiento de la SIDE, donde en la tapa figuraba él con dos mujeres, su mujer y otra. Chacho nunca quiso ser vicepresidente de alguien, quería ser el primero de algo, no el segundo de alguien. Hay historias acá dentro que desconocen un principio fundamental en la política, la lealtad. Chacho tenía en mente desde el principio que él podía ser el reemplazante de De la Rúa en algún momento.

- La Alianza era inexistente...

-La Alianza no era una Alianza, fue un desacierto juntar cabezas que no piensan igual, que no tienen los mismos objetivos.

-Pero ahí tenía que estar la voluntad y fortaleza del Presidente en tomar una decisión. El era la persona a cargo.

-Sí, pero era muy difícil, el pensó incluso en llamar una elección para elegir un nuevo vicepresidente...

MOREAU, DUHALDE Y RUCKAUF

-Parece que no cometieron ningún error y que fueron víctimas de todo. Pero en ese primer año, política y económicamente, se cometieron errores.

-Sí hubieron errores, el impuestazo de Machinea fue un error porque castigó el consumo en un momento que por expectativa estaba cambiando la curva. Machinea no era el hombre indicado para ese momento, sin imaginación, muy burócrata.

-Pero la responsabilidad en la elección de sus ministros es sólo del Ejecutivo.

-Machinea vino de la mano de Raúl Alfonsín, el hombre indicado para muchos era Ricardo López Murphy pero López Murphy cometió el error de decir en campaña que había que bajar los sueldos del Estado en un 20 por ciento. Alfonsín insiste en Machinea... hubiese sido mejor Lavagna.

-¿Entonces fue Alfonsín quien designó a Machinea?

-Es que eso pasó porque el liderazgo político del partido lo tenía Raúl Alfonsín. Con una palabra de él se podían dar vueltas muchas cosas, a favor o en contra. Nunca Alfonsín pensó que esto iba a suceder, yo sé que a él lo pasaron por arriba.

-¿Pero quiénes operaban a Alfonsín?

-(Leopoldo) Moreau fue un gran operador, junto con Ruckauf y (Eduardo) Duhalde. Moreau y Ruckauf son un sólo corazón. Moreau es capaz de mucho daño.

GOLPE LEGISLATIVO

-Para las elecciones legislativas del 14 de octubre de 2001, por primera vez en la historia del país, el presidente de la Nación no tenía lista propia en las elecciones...

-Claro, estaba la UCR con Terragno como candidato a senador, peleando con el peronismo para ver quién era más opositor al Gobierno, quién decía las cosas más duras contra De la Rúa. Y ahí ya se empezaba a ver el principio del final, el peronismo ganó las elecciones por lejos, porque la gente tampoco vota al traidor y la UCR actuó con traición a su gobierno y a su presidente. Y vota legítimamente al opositor político y el PJ designó como presidente provisional del Senado a un hombre de su partido, el misionero Ramón Puerta, con lo cual le estaba diciendo a De la Rúa: "Cuando te echemos el poder es nuestro". Yo me acuerdo que lo llamé a Eduardo Fellner y a Eduardo Menem pidiendo que no lo hagan porque esto era, evidentemente, el preanuncio de un golpe.

-¿Y qué le respondieron?

-¡Estás loco, cómo vas a decir una cosa así! Pero era evidente, estaban poniendo en la línea de sucesión a un hombre de un cuadro político distinto al del presidente, es algo que nunca se hizo, siempre fue del partido gobernante.

-Y al presidente ¿qué le pasaba por la cabeza? Por que hasta acá sólo se ve que hay mucha crítica ajena al gobierno...

-El presidente estaba atacado por todos lados, estaba agotado. Mucho ataque, mucha deslealtad, veía que el Fondo avanzaba cada vez: el FMI bloquea un compromiso... no recuerdo si era de 3 mil o 4 mil millones de dólares, que nos hubiese permitido seguir manejando las cuentas públicas y las del Banco Central. El FMI bloqueó una decisión que ya había tomado, los frentes de batalla venían de todos lados. La agencia Bloomberg con su invento del Riesgo País, que martillaba todos los días... era un invento de ellos con la decisión de golpear a un gobierno.

EL CORRALITO

-El 2 de diciembre, Cavallo anuncia el corralito y se desata el pánico financiero en la clase media.

-Estaba la posibilidad de la caída de Lehman Brothers, de que caiga un banco y si caía un banco caían sus clientes y eso se consideró muy peligroso porque si cae un banco caen otros. Los únicos que se salvaban era el Banco Nación y nadie más, ni el Banco Provincia se salvaba. Lo que fue duro fue el corralón de Duhalde que confiscaba los fondos, el corralito fue sacarle 250 pesos por semana. La idea inicial de Cavallo era de 1000 pesos en vez de 250, pero tan mal estaban los bancos provinciales que De la Sota le rogó de rodillas a Cavallo que se haga por 250 pesos porque sino se le caía en 24 horas el Banco de Córdoba. Y esto es algo que contó Cavallo a los pocos días.

19 DE DICIEMBRE

-El 19 de diciembre fue una jornada violenta, comenzaron a profundizarse los saqueos en la provincia, la gente salió con las cacerolas y fue el día que se decretó el estado de sitio.

-Cavallo creía que, en el discurso, De la Rúa iba a anunciar que le había aceptado la renuncia, creía que iba a hacer un anuncio sobre el cambio en la política económica. El estado de sitio viene por los saqueos, no por los cacerolazos. Se veía a las claras que la policía de la provincia de Buenos Aires, comandada por Juanjo Alvarez, había sido instruida de dejar zonas liberadas, liberaron la custodia de la Quinta de Olivos, que si hubieran saltado el cerco tendría que haber actuado el cuerpo de Granaderos que protege al presidente. Juanjo Alvarez retiró la custodia presidencial de la Quinta de Olivos, a esos niveles de irresponsabilidad absoluta llegaron.

-También se denunció que en varias localidades del conurbano los mismos intendentes promovían los saqueos.

-Es que no solamente liberaban la zona de la policía sino que incentivaban a los intendentes a que la gente tomara lo que necesitaba. Eso fue clarísimo, saqueos incentivados por los varones del conurbano, la policía, el grupo Ruckauf...

-¿Y Duhalde?

-Duhalde y Ruckauf hacen una buena dupla de irresponsables...

-En la Plaza de Mayo ya había muertos, los destrozos y la violencia iba en aumento ¿Quién dio la instrucción de desalojar la Plaza de Mayo?

-El ministro del Interior era Mestre (Ramón) pero la que dio la instrucción de que despejen la Plaza de Mayo fue la jueza María Romilda Servini de Cubría, esto está documentado en el proceso judicial, pero eso no lo sacan. La orden fue de la jueza y fue una orden razonable porque era una situación peligrosísima.

-Esa noche, en medio del estado de sitio, los incidentes y los saqueos, renuncia Cavallo.

-Renuncia desde su casa. A las 11 de la noche me llama Carlos Bastos, el ministro de Infraestructura, para decirme que Cavallo había presentado su renuncia pero que no encontraban al presidente. Cavallo renuncia dos horas después del estado de sitio y después de recibir un violento cacerolón en la puerta de su casa.

-¿Y el Presidente dónde estaba?

-Estaba en Olivos, los edecanes no se lo pasaron o vaya a saber qué pasó o no lo habrá querido atender. Yo llamé el edecán y le conté lo que pasaba. Al mismo tiempo, Colombo estaba reunido con un grupo de gobernadores en el Hotel Elevage, cuando reciben la noticia de Cavallo, ellos estaban tratando de encontrar una fórmula transitoria...

20 DE DICIEMBRE

- Al presidente no le quedaba mucho margen ante la presión legislativa...

- Ante esa situación y ante la posibilidad de un juicio político, los desmanes en la calle, la imposibilidad de llevar adelante ningún acuerdo, porque incluso los gobernadores peronistas que estaban reunidos en Merlo no tenían poder real... el Congreso tenía ése poder y respondía a Duhalde y a Ruckauf, el poder estaba ahí. Duhalde era senador ya y era el operador del Congreso. Con todo esto, al Presidente no le cabía otra opción que la renuncia.

- Pero él antes de renunciar, dio un discurso al pueblo y le pidió al peronismo que lo ayude a conformar un gobierno de transición.

-En una entrevista yo dije que si pensaban que De la Rúa era el responsable y que con eso ellos estaban contentos, no había ningún problema pero la realidad es que no se le puede echar la culpa a una sola persona cuando los males de la República se vienen arrastrando por años. Vean lo que cada uno hizo, qué ganaron, qué querían, por qué voltearon a un gobierno.

DE PUÑO Y LETRA

-La renuncia la escribió de su puño y letra. ¿Cómo se vivió ése momento en la intimidad de la Casa Rosada?

-Eran las 5 de la tarde cuando escribió la renuncia. Estábamos Rodríguez Giavarini, Lombardo, Colombo y Loiácono. Fue un momento interesante, porque Colombo seguía con la idea de que era negociable, de que todo es negociable, no sé qué tenía en mente, y De la Rúa decía que ya se había acabado. Entonces Colombo trata de pedirle el papel de la renuncia para que él sea quien lo lleve al Congreso y De la Rúa le dice: "Vos no, lo va a llevar el Doctor Loiácono". Y se lo dio a él porque Loiácono iba a cumplir a rajatabla y no a esperar o demorar un poco. De la Rúa ya tenía en claro que las cartas estaban echadas y no había nada más para hacer.

-¿Lo charló con ustedes, lo consultó con su gabinete?

-No, se fue a un saloncito sólo, estuvo pensando media hora, volvió y escribió su renuncia. Cada uno tiene su personalidad pero es muy difícil gobernar con todos los factores de poder en contra. Estaba sólo al renunciar. Antonio no estaba. Aún más, el famoso discurso del 19 de diciembre no lo escribió Antonio como dicen, la última versión la escribió De la Rúa. Antonio había redactado una versión, que De la Rúa desestimó diciendo: "Este chico no entiende nada". En ese momento después de escribir, De la Rúa se queda medio sólo.

-¿De quién fue la decisión de que De la Rúa se marchara en helicóptero tras la renuncia?

- Todos los días De la Rúa se iba en helicóptero como hace la Presidenta, como lo hizo Néstor y como hizo Duhalde. La salida no se hace por tierra. La diferencia es que quien le aconsejó ir a tomar el helicóptero al helipuerto de la Casa Rosada fue el encargado de la Casa Militar porque no podía garantizar la seguridad del Presidente ante los disturbios que había en la calle. El tenía las facultades para hacerlo y se opuso a que lo haga por tierra. La gente estuvo a punto de entrar a la Casa Rosada, el jefe de la Casa Militar actúo muy bien.

-¿Cómo fue la sensación de acompañar al presidente en ése último trayecto?

-Fue un momento anunciado, estábamos Giavarini, Lombardi, el edecán de la casa militar, Ostuni...

-Ya sé que era anunciado pero ¿cómo estaban, sentían tristeza, bronca, resignación, cansancio?

-El presidente estaba fundido, un final, si bien anunciado, cuando se produce es durísimo, es una ilusión, un sueño que se apaga al instante. Habíamos hecho cosas buenas para el país y para la Ciudad.








Fuente: Crisis de 2001: Crónica de una caída anunciada, entrevista a Nicolás Gallo, ex secretario general de la Presidencia en el Diario La Prensa, 18 de diciembre de 2011.
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viernes, 29 de enero de 2016

Raúl Alfonsín: "Crisis y fin de la Alianza" (22 y 23 de diciembre de 2001)

Sr. Presidente (Maqueda). -- Tiene la palabra el señor senador Alfonsín.

Sr. senador Alfonsín. -- Señor presidente: tengo entendido que tengo la posibilidad de hablar durante quince minutos porque completaría diez y, además, utilizaría mis cinco minutos.

Sr. Presidente (Maqueda). -- Exactamente, señor senador.

Sr. senador Alfonsín. -- Señor presidente: creo que muy pocas veces hemos vivido circunstancias como las actuales. Lo digo yo que, como ustedes saben perfectamente, dejé el poder antes de la finalización de mi mandato. Había asumido en default y entregué en default.

Circunstancias adversas que se producían en el mundo, a pesar de la solidaridad que en situaciones realmente difíciles y graves sentimos de todos los partidos, impidieron que pudiéramos realizar todo lo que queríamos para con nuestro pueblo, aunque pienso que nadie podrá decir que di un solo paso en contra de lo que había pretendido realizar, como lo había dicho en todas las exposiciones realizadas en las distintas tribunas. Pienso que no todos están pudiendo decir lo mismo.

Pero me interesa, para estar a la altura de esta responsabilidad extraordinaria que asumimos, poner de relieve que nosotros hemos tenido una historia trágica en la Argentina.

Tardamos cincuenta años para organizarnos --de 1810 a 1860--. Después, otros cincuenta años para que se cumpliera --en el aspecto electoral, por lo menos-- la Constitución Nacional, hasta el 16. Luego, un interregno hasta el 30. Y de allí en adelante, fraude, gobiernos democráticos, golpes de Estado, pretensiones hegemónicas, pero siempre negativas irreductibles entre nosotros, que una y otra vez conspiraron contra la necesidad que sentíamos y teníamos de lograr la unión nacional.

No voy a hacer hoy un discurso contra nadie ni en defensa de nadie. Y cuando digo "contra nadie" quiero decir que trato de hacer un esfuerzo de prudencia frente a lo que acabamos de escuchar.

Sí creo que es bueno que todos nosotros --los radicales, los peronistas y todos en general--, pensemos en esta circunstancia que parece habernos llevado a situaciones cada vez más difíciles en la Argentina.

El gobierno actual debió hacer frente a circunstancias tremendas, porque el neoliberalismo lleva una fuerza inercial muy dura y porque a veces toma medidas irreversibles, porque el Estado estaba debilitado, porque el fundamentalismo de mercado había triunfado, porque estábamos perdiendo la batalla cultural y porque el neoliberalismo se globalizaba con todos sus problemas.

Es muy cierto que no se pudieron solucionar problemas fundamentales, como lo reclamaba legítimamente el pueblo argentino. Pero hubo el respeto más irrestricto por las libertades y la recuperación de la República.

Creo que es bueno que haga una reflexión, con todo respeto, si se me permite. Cuando aparece en la vida pública el peronismo, nosotros, los radicales, que habíamos luchado siempre para concretar al mismo tiempo --esa era por lo menos nuestra utopía-- la libertad y la igualdad, es cierto que pusimos más acento en la libertad.

Pero también es cierto que muchos vinieron a ayudarnos no porque pensaran en la libertad sino porque querían frenar el avance social que, sin duda alguna, venía a realizar el peronismo. Lo puedo decir yo con mis años, lo puede decir el trabajador, el leñador del Chaco, el trabajador de la Patagonia, el pescador del Atlántico, el peón ganadero de la Cordillera o el de la precordillera. En todas partes se luchó en ese tiempo por dignificar a la mujer y al hombre argentinos. Pero se olvidó de la libertad, señor presidente.

Parece mentira, cuando uno recuerda los tiempos de su lucha joven, tener que recordar que un opositor no podía llegar a una radio, que se enseñaba a leer a nuestros hijos con libros de propaganda política, hecho que fue creando climas de negativas irreductibles.

(Manifestaciones en las galerías.)

Sr. Presidente (Maqueda). -- Por favor, silencio.

Sr. senador Alfonsín. -- Digamos toda la verdad.

Así como comienzo por reconocer que entre quienes nos ayudaron no estuvieron todos los que luchaban por la libertad, también pienso, señor presidente, que entre los que ayudaron al peronismo no todos llegaron para producir ese avance social sino para seguir formas de gobierno que provenían, en algunos casos, de la época del fraude y que tenían un sentido que si bien no era autoritario, por lo menos era hegemónico.

Esta es nuestra historia; no se puede negar. Todos somos responsables de ella, como aquí se ha dicho reiteradamente. Hemos llegado a esta situación, en la que hemos perdido gran capacidad de decisión nacional, en la que el Estado se ha debilitado, porque decisiones fundamentales se toman afuera del país y porque los lobbies empresarios de un capitalismo concentrado, a veces, durante muchos años, han tenido más fuerza que todo el gobierno representativo.

Resulta muy claro, por otra parte, que venimos de sufrir cuatro años de recesión que nos han llevado a una situación casi inaguantable para el pueblo argentino. Es muy cierto que no se lograron solucionar todos estos problemas y que hoy nos encontramos en una situación extrema de pobreza, con exclusión fuerte, con injusticias sociales tremendas, con índices de desocupación desconocidos. Todo esto es cierto.

Además, en el mundo se genera un proceso de recesión. Esa recesión se ha iniciado y ha sido reconocida en los Estados Unidos de América y seguramente cada uno de los Estados desarrollados procurará que el esfuerzo recaiga más sobre los países en desarrollo, porque esa globalización que no es solidaria produce más desigualdades entre los países y más desigualdades dentro de los países.

Aquella crisis del '29 dio origen a dos personalidades totalmente distintas: una fue Hitler con el nazismo, y otra fue Roosevelt con el new deal. Creo que es una responsabilidad fundamental de todos nosotros comprender la necesidad absoluta de respetar las leyes de la Nación y la Constitución nacional, que no se respetan con esta Constitución. No transitemos atajos antijurídicos porque, a través de ellos, no sabemos cuál puede ser el final de un proceso que yo vislumbro como largo.

Por otra parte, frente a las indudables falencias de la democracia, muchos países se transforman en repúblicas, porque no hay un Estado despótico que pueda matar o llevar presa a su gusto a la gente pero donde no se dan las otras libertades positivas y los derechos sociales que hacen a la esencia de una democracia. Ha habido distintas formas de discutirlas y de criticarlas. Una --ya lo mencioné-- era la de Hitler, con la República de Bismarck, que termina en el incendio del Reichstag. Y otra, en Italia, totalmente distinta, con una personalidad tan importante intelectualmente y democrática --aunque más bien de derecha, diría yo-- como Benedetto Croce, que golpeaba permanentemente contra la democracia, contra los políticos y así, sin quererlo, le abrió paso a Mussolini, contra el que luego luchó con todas sus fuerzas.

Pienso, señor presidente, que estos dos antecedentes, aunque remotos, deben ser tenidos en cuenta por nosotros, porque de nuestra actitud para el futuro depende nuestra legitimación. No creo que estemos deslegitimados. Estamos desacreditados, eso es cierto, como ocurre en cualquier país que vive una crisis tan prolongada. Estamos desacreditados los políticos y está desacreditada la política. Luchemos por un sentido de unidad nacional que nos permita ganar la batalla cultural contra la antipolítica, contra el neoliberalismo, pero tengamos cuidado para que no sean funcionales un tipo de críticas a otro tipo de críticas que nada tienen que ver con las buenas intenciones de los que las formulan con otro criterio y con otro sentido. (Aplausos en las bancas y en las galerías.)

Creo que es indispensable que nos demos cuenta de los problemas enormes que sufrimos. Todo lo referente a la pérdida de la capacidad de decisión nacional, todo lo vinculado con nuestra desocupación, con la pobreza extrema, con la falta de alimentos, con los graves problemas de nuestra educación, desde luego tiene que ser motivo de una agenda que nos reúna a todos, sin ninguna excepción, porque yo parto de la base de suponer que por encima de nuestras discrepancias todos estamos dispuestos a defender políticas de Estado que hacen a las necesidades de nuestro pueblo.

Desde luego que respetamos a la mayoría. Estamos dispuestos a respetarla pero les pediría que actúen en consecuencia con esta hora de responsabilidad. Los radicales somos "votadores", siempre queremos las elecciones. Pero nos da la impresión, señor presidente, de que es casi imposible suponer que un presidente con un mandato de menos de noventa días, encuentre en tan breve período las soluciones que nuestro país reclama. Tengo un miedo fundamental: que al no conseguirse las soluciones nos encontremos nuevamente con episodios trágicos en nuestra Patria.

Sepan desde ya los señores senadores y diputados de la mayoría que no va a haber "palos en la rueda". Desde luego que hubiéramos deseado colaborar mucho más con ese gobierno de dos años, colaborar con nuestro entusiasmo y con nuestra fuerza, comprender que estábamos frente a la singularidad de un momento realmente definitivo para la Argentina y para nuestro futuro. Pero también espero que sean receptadas nuestras ideas ya que --como dije antes-- el atajo de la antijuridicidad no nos lleva a ningún lado.

Señor presidente: espero que Dios nos ilumine. Son ustedes los responsables de las medidas que van a tomar. Nosotros venimos aquí a cumplir con nuestro mandato. Creemos que con nuestra reciente elección tenemos legitimidad como para cumplir con nuestra responsabilidad constitucional. Tengamos cuidado de no deslegitimarnos nosotros mismos al abrir un camino que poco tiene que ver con el respeto a las instituciones de la Nación y, particularmente, en lo que hace a la ley de lemas, que atenta definitivamente contra nuestra Constitución y contra las prácticas reglamentarias que, desde luego, no creo que puedan existir a través de la sanción, prácticamente, de leyes en una Asamblea Legislativa.

Señor presidente: nuevamente deseo expresar que el Estado tiene la obligación fundamental de defender al pueblo argentino de cualquier tipo de explotación que se pretenda, pero tiene también --y lo van a sentir ahora las nuevas autoridades -- la responsabilidad de preservar a la sociedad argentina de cualquier tipo de ilegalidad. Entonces, logremos entre todos un compromiso que debe ir más allá de nuestras diferencias; incluso de estas que, les aseguro, son enormes, muy grandes, en cuanto a la medida que han tomado. No voy a incurrir en la discusión de tipo jurídico más allá de lo que aquí se ha dicho, pero sí quiero decirles que la situación económica y social del país necesita un presidente no sólo garantizado por el pueblo sino, además, garantizado por los representantes del pueblo. Porque, de lo contrario, no tendríamos ninguna legitimidad y debiéramos empezar por renunciar todos nosotros para que haya una elección general en el país. (Aplausos.)

Creo que no nos debemos echar las culpas entre nosotros. Todos tenemos nuestro pasado, todos hemos cometido errores, todos hemos tenido aciertos, pero sí tenemos que estar absolutamente de acuerdo en la necesidad de preservar para adelante la libertad en todos sus campos y luchar con vista al futuro en la búsqueda de consensos básicos y fundamentales que hagan a la igualdad y a la equidad en nuestro pueblo. (Aplausos.)





Fuente: "Crisis y fin de la Alianza" discurso del señor Senador por la Provincia de Buenos Aires, Dr. Raúl Alfonsín en la Asamblea Legislativa convocada por la renuncia del Sr. Presidente Dr. Fernando de la Rúa, en el Diario de Sesiones de la Honorable Cámara de Senadores de la Nación Argentina, 22 y 23 de diciembre de 2001.

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