Páginas


Image and video hosting by TinyPic
Mostrando entradas con la etiqueta Lisandro de la Torre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lisandro de la Torre. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de enero de 2020

Edgardo Amaral: "Yrigoyen y Lisandro de la Torre: ¿una cena juntos?" (1957)

Allá por 1930, siempre con intención aviesa, se había echado a rodar una especie a estar de la cual don Hipólito Yrigoyen, presidente entonces de la Republica, había hecho sentir su influencia para que se "arreglara" el asunto relativo a una deuda bancaria de de la Torre.

El Dr. Laureano Landaburu, que en aquellos días visitaba a de la Torre, apareció una mañana en el departamento de Esmeralda con aspecto de estar preocupado.

Evidentemente tenía necesidad de decir algo al dueño de casa. Le había llegado con insistencia la versión a que acabo de referirme. Suponía, desde luego, que se trataba de una vulgar patraña, pero, a la vez dudaba sobre si debía o no decírselo. Empezó con rodeos manifestando a de la Torre que tenia una preocupación que no sabia si debía trasmitírsela; como Don Lisandro lo animara para que hablara nomás, le expreso:

“—Se dice, doctor, que usted ha estado con Yrigoyen. Se dice más. Que usted ha comido, mano a mano, con Yrigoyen”

—Es cierto —contestó de la Torre, e hizo una pausa más o menos prolongada mientras observaba la sorpresa de su amigo y prosiguió—:

“He comido con Yrigoyen, en el Hotel España, el 25 de julio de l911”

Cuando el Dr. Landaburu advirtió que habia querido gastarle una broma, celebro doblemente la ocurrencia. Había obtenido la aclaración de algo que desde hacia días lo venia mortificando en su fuero interior.

Los acontecimientos políticos alejaron posteriormente al Dr. Landaburu del líder demócrata progresista. Como se recordara, fue senador por su provincia, San Luis, de la que había sido gobernador antes de 1930.

Es sabido que Yrigoyen y de la Torre, por obra de amigos comunes, habían tenido un acercamiento en 1911, luego de haber estado distanciados a raíz del famoso duelo de 1897-; a ese antecedente quiso aludir don Lisandro con su broma. Hace poco, en una carta al señor director de "La Nación" que mereció la distinción de ser publicada, hice referencia a ese acercamiento originado en realidad como derivación de la gestación de la reforma electoral que se tradujo en la Ley Sáenz Pena.

A propósito de ese duelo acotare que no hace mucho Dr. Carlos de la Torre (hijo), pariente cercano de don Lisandro, me refería que conservaba de niño el recuerdo de la escena de la llegada a su casa de Lisandro de la Torre en un cupe, de los que se usaban entonces, cubriéndose con una venda lo que supuso una lastimadura en la cara de la que manaba sangre. Como buen chico se acerco y pregunto a su padre que era lo que había ocurrido. Don Lisandro interrumpió el dialogo de padre e hijo, diciéndole —No es nada, me han pegado un hachazo; pero no tiene importancia.

Carlos de la Torre conserva en su poder los sables que esgrimieron en el lance Yrigoyen y de la Torre.











Fuente: “A propósito de una perfidia” en Amaral, Edgardo L. Anecdotario de Lisandro de la Torre. Cátedra Lisandro de la Torre, Buenos Aires. 1957.

Leer más...

lunes, 25 de noviembre de 2013

Lisandro de la Torre: "Renuncia de un acuerdista" (5 de septiembre de 1897)

"Dicha renuncia que entra dentro de la calumnia, le es rechazada por la Convención y el doctor de la Torre se mantiene por mucho tiempo en el radicalismo"


5 de septiembre de 1897

Al señor Presidente de la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical,
doctor Juan M. Garro:

Ruego al señor Presidente se sirva poner en conocimiento de la Convención, mi renuncia indeclinable del cargo de delegado por la provincia de Santa Fe. Doy a este acto el alcance de una separación definitiva del partido.

El partido Radical, desde su origen, ha tenido en su seno una influencia hostil y perturbadora, que ha trabado su marcha, que ha desviado sus mejores propósitos y que ha convertido toda inspiración patriótica en debate mezquino, de rencores y ambiciones personales.

Ha sido la influencia del señor Hipólito Yrigoyen, influencia oculta y perseverante que ha operado lo mismo antes y después de la muerto del doctor Alem, influencia negativa pero terrible, que hizo abortar con fria premeditación los planes revolucionarios de 1892 y 1893 y que destruye en estos instantes la gran política de la coalición, anteponiendo a la conveniencia del país y a los anhelos del partido, sentimientos pequeños e inconfesables.

Tengo la persuasión, de no decir en esto nada que no conozcan los señores convencionales. Como el señor Yrigoyen no obra sino por intermediarios, no ha sido siempre fácil caracterizar directamente en el la responsabilidad de intrigas que se ejecutaban por su orden. Esto ha evitado el escándalo lo que el partido conoce, no lo conoce el publico; un espíritu de solidaridad explicable, ha hecho que todos ocultáramos esta vergüenza domestica, y además, algunos sinceramente empeñados, abrigábamos la ilusión de atraer a la obra común esta fuerza con calidades de acción indudables, desperdiciadas en el afán obscuro de un proselitismo personal sin horizontes.

Yo he sido uno de los más constantes. He tenido con el señor Yrigoyen innumerables conversaciones sobre la necesidad de que prestase a la acción nacional algo de ese esfuerzo tenaz que recluye voluntariamente en la provincia de Buenos Aires y he sufrido por este empeño amargos desencantos; nuestra relación personal misma se ha resentido en ocasiones por alejamientos violentos.
Todo lo subordina a las exigencias del estrecho límite en que actúa y no concibe ni admite un sacrificio cuyo solo bien consista en llevar un poco de esperanza a donde su dominio personal no llega.

En estas condiciones se han producido los sucesos políticos del día, cuyo resumen es el siguiente. El señor Yrigoyen nos ha vencido con sus calidades negativas de resistencia; ha defraudado las aspiraciones del país, sin venir a la Convención, sin dar sus razones, sin exponer su política, sin mostrarse frente a frente como adversario capaz de la polémica inteligente y luminosa; no han llegado mas razones de su lado que la afirmación de odios irreconciliables.

Con todo y por lo mismo que su acción secreta y silenciosa deja escasos vestigios, ha de sostener mañana que no puede imputársele la culpa y continuara con su acción perturbadora, robustecida por este éxito, desprestigiando toda dirección nacional, toda iniciativa que pueda crear un ascendiente ajeno al suyo dentro del partido y .pretendiendo rebajar las ideas mismas que nos guían al nivel de esa jerga electoral sin nobleza, donde no hay ni forma ni pensamiento y que sirve admirablemente, lo mismo para las afirmaciones principistas sin sentido, que para catequizar adeptos y fundar caudillismos que son anacronismo y una amenaza.

No estoy dispuesto a contribuir mas con mi modesto esfuerzo a la acción de un partido, que siendo impotente para realizar los objetivos que una inmensa mayoría sostiene y aplaude, solo sirve para que el señor Hipólito Yrigoyen cubra con el prestigio de vinculaciones nacionales, su obra estrecha y personalista.

Clausurar la Convención, como se proyecta, sin extirpar de raíz esta causa permanente de choques, de intrigas y de anarquía, es decretar a sabiendas la impotencia para el futuro. A eso no me resigno.

Estos últimos días hemos visto con espanto, la inconsciencia morbosa que invadía al espíritu publico; hemos visto por todas partes vacilaciones, egoísmos, defecciones increíbles, toda la resaca moral que disgusta de la vida y yo saco esta consecuencia: merecemos a Roca.

Saludo al señor Presidente con mi mayor consideración.


Lisandro de la Torre
















Fuente: Hipólito Yrigoyen "Pueblo y Gobierno" Tomo I, Vólumen I "La Reparación Fundamental",1953 Editorial Raigal
Leer más...