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jueves, 14 de mayo de 2026

Carlos J. Rodriguez: "Debate por la eleccion de Córdoba" (18 de junio de 1926)

Sr. Rodríguez (C. J. ). — Pido la palabra .

Al venir por tercera vez a esta Cámara trayendo el diploma que acredita representante de Córdoba, quiero, por el alto honor que implica, librar la primera batalla por los fueros de su soberanía popular, que no ha sido lealmente consultada en ese acto electoral que otorga la mayoría al Partido Demócrata .

Parece, a esta altura de la discusión, agotado el debate sobre los hechos, que todo incita a hacer algunas reflexiones generales y a la filosofía del caso, así como en las últimas horas de la tarde de ayer lo hiciera al final de la sesión el señor diputado Repetto, dando sus consejos a los partidos del país que serán lo suficientemente agradecidos por la buena intención que es de suponer ; pero también, con la mejor intención de hacer aparecer a su propio partido como modelo de la democracia nueva del pueblo argentino . De estos conceptos, me he de ocupar más adelante . Lástima grande que sus consejos estén desautorizados por nuestra victoria en la Capital Federal.

Ante todo, señor presidente, interesa, para filosofar, establecer algunos datos fundamentales que han sido plenamente comprobados en este debate . Desde luego, la cifra arrojada por el escrutinio de los comicios, 500 votos de diferencia entre el candidato que tiene mayor número de los electos por la minoría y el que tiene menor número de votos de la mayoría ; y menos de mil entre los que tienen más número de votos de la mayoría y de la minoría, significa que no es esa, por cierto, una cifra para celebrar victoria y para decir que traen aquí legítimamente la honrosa representación de Córdoba .

El señor diputado por Santa Fe, miembro informante del despacho de la minoría, ha concretado suficientemente los puntos esenciales del debate, con toda minucia y con toda exactitud, pintando aquel cuadro sombrío de los comicios cordobeses de mano maestra; y fustigando los autores de tales atentados con esos golpes de su oratoria de combate que son incontrastables .

Así que, ¿ para qué volver a repetir la demostración de lo que ya puede afirmarse como conclusión definitiva: que el pueblo de Córdoba no ha sido consultado como corresponde pueblo libre ; que sus comicios sólo fueron una farsa democrática ? Los hechos comprobados son bien elocuentes : la intromisión oficial antes y durante el acto electoral, lo ha desnaturalizado en su verdadera esencia ; ha presionado y corrompido la conciencia ciudadana . En toda la vasta extensión de la provincia, la inmensa falange administrativa, formada por los comisarios y agentes de policía, por los jueces de paz, jefes de registro civil en una palabra, todos, desde el gobernador abajo, tomaron parte activa y militante en aquella lucha contra el pueblo . Y es una verdad que conoce el pueblo mismo, a cuyo testimonio y sanción apelo.

Precisamente, a los que niegan este estado de subversión institucional en Córdoba es a quienes se pide ante la Honorable Cámara el aplazamiento de estos diplomas, para investigar la verdad de las afirmaciones concretadas minuciosamente por el señor diputado por Córdoba, mi colega electo . Para eso se pide el aplazamiento, que es un procedimiento común y reglamentario, adoptado por la Cámara cuando se presentan situaciones de esta naturaleza .

No sé por qué la Honorable Cámara no va a seguir conducta semejante en un caso tan grave, y yo diría, como pretendo demostrarlo, que el caso de Córdoba, generalizado a otras provincias, como lo probarán estos debates, a despecho de la opinión del Partido Socialista, significa que está en plena bancarrota la ley electoral, porque falta ya el espíritu que debe animar su letra, su estructura, inerte la soberanía del pueblo, ausente de los comicios, porque está viciada su voluntad con la intimidación y falsificación del ciudadano elector.

No es extraño que eso suceda en Córdoba, porque su proceso de anormalidad es ya conocido y viene de larga data : desde los comicios convocados para elegir gobernador el año 20, cuando el Partido Radical, siendo la mayoría notoria en aquel distrito electoral, no pudo concurrir las urnas por existir una ley electoral contraria a los preceptos de la Constitución de aquel Estado. En ese entonces, y por las mismas características que continuamente vienen revelándose en los procesos electorales, mal podía el Partido Radical, si no se le abría el comicio que garantizase la libertad del sufragio, concurrir a aquel acto eleccionario, que debía luego acatar como expresión de la voluntad popular.

He aquí la razón de ser de la abstención; porque la abstención, dentro del credo radical, no es, por cierto, recurso de política puramente militante, que trata de usufructuar las ocasiones propicias para un triunfo electoral, sino algo que reclama la misma esencia del comicio, como instrumento revelador de la soberanía, la garantía y la honorabilidad de su funcionamiento . De otro modo, la Unión Cíviса Radical siempre se impuso la abstención, como lo dijo el doctor Hipólito Irigoyen : «como suprema protesta, como un recogimiento absoluto y un total alejamiento de los poderes oficiales, para dejar bien establecido en el presente y en la historia, y como demostración al mundo que nos mira, que la Nación no tenía ninguna comunidad con los gobiernos que en una hora fatal le arrebataron el ejercicio de su soberanía ..»

Y bien, señor presidente ; cuando después, en razón de las exigencias de las autoridades nacionales del partido, para cooperar en la campaña precedente, hubo de concurrir a los comicios del año 22, se presentó de nuevo y en aquel comicio, bajo el amparo y las garantías de las autoridades federales, pudo señalar una brillante victoria alcanzada por más de dieciséis mil votos sobre el Partido Demócrata.

Y apenas poco tiempo antes, contra su protesta, contra su abstención, el Gobierno de Córdoba eligió gobernador al doctor Roca. Fué aquel gobierno de hecho que desconociera la presidencia anterior, de acuerdo a las reivindicaciones planteadas por el Partido Radical de Córdoba.

Desde entonces data el estado de anormalidad institucional de aquella provincia ; y no obstante todos los esfuerzos y todas las luchas que el Partido Radical debió librar para evidenciar una vez más, una vez por todas, persistiendo hasta el último extremo, sus anhelos hechos dentro de la legalidad, hubo de probar que concurrir al comicio era ser defraudado por la presión y el dolo oficialistas.

Y nuevamente, en la campaña del año 25, no obstante las experiencias que tenía de la conducta oficialista, concurrió también al comicio. No se puede vanagloriar el oficialismo de haber obtenido una victoria. Aquella vez la fórmula de gobernador sólo triunfó por 200 votos, y en cambio correspondió al Partido Radical la mayoría de la representación de la Cámara de Diputados. ¡ Aquélla fué una victoria material y moralmente !

Después de aquella elección, en la que se extremaron todos los fraudes y presiones oficiales, cuando se reunieron las Cámaras, los diputados empezaron a estudiar sus poderes, para cumplir sus funciones dentro de las prácticas parlamentarias, constituirse luego y examinar más tarde, en asamblea, la elección de la fórmula gubernativa. Y entonces, el Partido Demócrata trató de obstaculizar en toda forma aquel acto, en que la representación legítima del pueblo de Córdoba debía ocuparse de esa elección. Fué en aquella oportunidad que el Partido Demócrata, representado por mayoría en el Senado, desconoció a la Cámara de Diputados; y desde entonces se planteó el primer conflicto, que debía hacer inútil la representación de Córdoba en el control y en la colaboración del nuevo gobierno. Desde entonces también, la asamblea, constituída por la Cámara de Diputados y por la Cámara de Senadores, que debía juzgar la elección de gobernador, que debía tomarle juramento, no pudo tampoco funcionar, y desde entonces existe un gobierno de hecho; al cual le ha tocado presidir, los recientes comicios provinciales y nacionales, una vez más mancillados por la intromisión y el fraude oficialista . Todo esto evidencia , elocuentemente, los cruentos sacrificios que el Partido Radical debe sufrir para rescatar, por medios legales y pacíficos, el triunfo de la soberanía popular que le corresponde en el distrito electoral de Córdoba .

Así quedaron, pues , las cosas, hasta el momento en que debía verificarse el acto eleccionario que estamos discutiendo ante la Honorable Cámara.

Cuando se trataba de la fórmula gubernativa de Córdoba, el Partido Radical no obtuvo la victoria decisiva, escapándosele sólo por 200 votos, que debían ser el resultado de la presión oficial; en esta otra aprestado ya a la lucha, una lucha definitiva, no sólo por sus alcances en el escenario provincial sino en el nacional mismo, porque desde ya los partidos de la República, los que tratan de orientar sus destinos, se aperciben de que en estos instantes, en la escena política, se está jugando la fórmula presidencial del año 28 yo diré, penetrando más hondo en la conciencia colectiva, más que los hombres y los nombres, están jugándose las grandes y nuevas ideas, de renovación política y económica, que deben orientar la moderna democracia argentina.

En presencia de tal estado de subversión institucional, no será posible en adelante concurrir lealmente a ningún comicio electoral en Córdoba.

No voy a repetir el cuadro pintado ya por los oradores que me han precedido, que inútilmente han querido deslucir los que han replicado, porque esos argumentos expresados con precisión y elocuencia , no es fácil que se destruyan, cuando han quedado evidentes ante la opinión nacional.

Si esa victoria, tan sólo de 200 votos, puede ser celebrada como victoria por el Partido Demócrata, es por cierto una victoria bien poco honrosa . Y por lo mismo resulta evidente que nuestra derrota se convierte en la verdadera victoria moral del pueblo de Córdoba.

Tales son las consecuencias que resultan de los hechos plenamente probados, de la intervención oficialista en aquel acto eleccionario ; en toda forma, desde el secuestro y falsificación de libretas , hasta la conducción de votantes en el mismo día del comicio , aun en las ciudades más altivas, en aquellas donde el Partido Radical es un verdadero baluarte, como en la ciudad de Río Cuarto, donde han esgrimido todas las armas de la presión para poder arrancar la victoria. Y yo me digo entonces : si tal es el estado institucional de la provincia de Córdoba en el momento en que el pueblo es llamado a ejercitar su legítimo derecho, ¿con qué argumento puede sostenerse que la ley Sáenz Peña se realiza en su vida y en su substancia si en verdad el pueblo está presionado y violentado, si está defraudado en sus derechos en el momento en que ejerce su soberanía ?

Por eso es de alarmarse que la ley electoral, en la cual puso tanta confianza el pueblo por adoptar como base el padrón militar para poner a buen resguardo la expresión de la soberanía popular en el cuarto obscuro, haya quedado completamente defraudada con la intervención oficial en forma descarada y peligrosa en los comicios de Córdoba. Recordarán los señores diputados que la Unión Cívica Radical hace 36 años, en el mitin del Jardín Florida, estableció como uno de sus postulados fundamentales:

 «Levantar la bandera del ejercicio del sufragio sin intimidación y sin fraude y condenar toda intervención oficial en los trabajos electorales».

En este instante al tratar el caso de Córdoba y comprobar la flagrante violación del espíritu que animá a la legislación electoral de la República, denuncio al país que esa ley ha sido falseada y que hoy está en plena bancarrota. ¿ Cómo podrá en adelante concurrir el electorado de la República a ejercer su soberanía si cuando se va a aplicar la ley la presión policial se ocupará de conducir a los votantes y se hará toda clase de fraudes para que no resulte leal y sincero el pronunciamiento del pueblo en los comicios ? Esto es algo que merece no sólo estudio en el presente caso para decidir de la nulidad o validez de los diplomas que se presentan, sino para algo más fundamental : para ir a la reforma de la ley electoral en modo tal que en adelante no sean posibles los abusos y vicios de esta naturaleza, que vienen a despojar de toda significación democrática a esa gran consulta de la conciencia popular en el comicio libre.

Es tanto más necesaria la mirada y la reflexión de los partidos hacia el instrumento de la soberanía popular en este instante, cuanto que para nadie es un misterio que los fundamentos mismos del Estado están amenazados por fuertes sacudimientos ideológicos y que no es un misterio que la propaganda diaria de la prensa, que todos los días nos transmite las sensaciones del estado político de Europa, está incendiando al país con corrientes de ideas nuevas que han de determinar la reforma fundamental de las instituciones de la Nación.

Estas cosas son dignas de anotarse para que con tiempo se tomen los remedios necesarios y el Congreso reflexione sobre estos problemas que no son por cierto los triviales del día, sino los más fundamentales, como que afectan a la soberanía de la Nación en su ejercicio y en el uso de sus instituciones.

Se ha dicho que estos vicios de que adolece el acto electoral de Córdoba lo decía un señor diputado socialista es necesario contemplarlo con criterio humano. No sé si ese señor diputado será ajeno a la indignación y a la protesta que actos de esta naturaleza deben despertar en el ánimo de todo ciudadano argentino, porque el Partido Socialista es una ínfima minoría en Córdoba y en el resto de la República, o si ha dicho eso con un espíritu profundo de estadista y sociólogo, y parecería que toda la inculpación que dirige es sencillamente a la falta de cultura en el pueblo argentino. De esto he de ocuparme con más tiempo, pero no quiero pasar esta oportunidad sin dejar establecida cuál es la significación e importancia de los vicios y atentados que encierran los comicios de Córdoba que convirtió aquel acto eleccionario en un agravio a la soberanía del pueblo .

La Unión Cívica Radical ha hecho de esto su apostolado fundamental, y no podrá negársele, como se ha tratado de hacerlo, que ella es la única que ha bregado con toda claridad de concepto y energía de conducta yendo hasta el sacrificio para imponer como base fundamental de la democracia argentina, el sufragio libre, el sufragio en comicios honorables y garantidos, únicos dignos de un pueblo altivo y culto.

Muchos hablan de que el Partido Radical no tiene programa, como si éste no fuera el único y fundamental programa, que basta para llenar una época histórica. Y tan fundamental que sin realizarlo ¿Cómo habría de consultarse al pueblo sobre los graves problemas de orden político, económico y financiero que plantean las nuevas orientaciones del momento científico actual ? Es menester garantizar, mediante el cumplimiento honrado de la ley, la expresión libre del pueblo en el comicio. Y he aquí por qué la Unión Cívica Radical ha hecho durante más de treinta años de éste el único y fundamental postulado, como base de existencia y grandeza de la República.

Sr.Rodríguez(A).-Pero el señor diputado perteneció al Partido Demócrata en el año 1916, hizo su carta orgánica y ahora viene hablándonos de 36 años de postulados, cuando debía recordar su actuación en la provincia de Córdoba .

Sr. Rodríguez (C. J. ) . Sí, señor diputado, tiene usted razón ; pero me tendrá que admitir la explicación para que quede documentado...

Sr.Rodríguez(A.).-Perfectamente ; será peor...

Sr. Sánchez.- No puede prejuzgar.

Sr. Rodríguez (C. J.)- Voy a hacer una interrupción al hilo de esta expоsición, para detenerme en un asunto personal que debo replicar de inmediato.

En la Honorable Cámara hay personas que conocen mi iniciación en la vida pública. Después de obtener el título de abogado empecé mi vida pública en la ciudad de Río Cuarto. No pertenecía a ningún partido, y junto con otros ciudadanos formé un partido departamental. En esos instantes, años 1907 у 1908, la Unión Cívica Radical se mantenía en la abstención que le llevara a la revolución de 1905 .

La provincia de Córdoba estaba en manos del régimen: el Partido Autonomista Nacional. Yo no he formado parte - debo puntualizarlo bien- del Partido Autonomista Nacional en ningún instante; por el contrario, he combatido a ese partido en sus prácticas desde mi iniciación en la vida política.

Ese partido departamental que constituímos varios ciudadanos, unidos en el ideal común de batallar por los derechos cívicos en aquel pueblo progresista y culto, fué sostenido por la prédica y la acción electoral enérgica contra los vicios y los hombres que corrompían nuestra democracia ; y pusimos al servicio de esos ideales nuestras vidas y haciendas. Con el tiempo habían de corresponderle brillantes triunfos, de los que recordaré tan sólo aquel en que saliera electo diputado provincial el doctor Julio C. Borda . Fué ese uno de los primeros triunfos de nuestro partido y, por el camino de esos viejos comicios, violentos y dolorosos y ejerciendo con toda altivez ciudadana nuestros derechos, nos abrimos paso hasta penetrar en las esferas gubernativas, para hacer oír lealmente la voluntad popular.

Como en muchos otros departamentos se adoptara una conducta semejante, entre ellos - si mal no recuerdo el departamento Tercero Abajo, donde militaba otro colega en esta Honorable Cámara, el señor diputado Ceballos, hubo de constituirse una liga provincial o departamental, y cuando varios departamentos se habían levantado para combatir las prácticas del Partido Autonomista Nacional, llegamos a formar la Unión Provincial. Con ese partido nos presentamos a la lucha y sacamos triunfante la candidatura del gobernador Garzón.

Está acreditado en estos primeros pasos que nosotros, constituyendo un partido formado exclusivamente de ciudadanos del departamento de Río Cuarto, sin depender de ninguna otra organización partidaria, nacional ni provincial, batallando contra las prácticas vetustas y anacrónicas del régimen, hemos llegado por nuestros propios medios a escalar las posiciones de gobierno. En esas condiciones iniciaba yo mi vida política en la ciudad de Río Cuarto.

Colaboré en el gobierno del doctor Garzón como diputado electo por aquel Partido Departamental de Río Cuarto ; no fuí llevado a la Legislatura por el Partido Nacional ni por el Partido

Demócrata ; y en tal carácter, como diputado independiente, representando un partido local de nobles ideales y honrosa historia, bregué siempre por las libertades públicas y el respeto a las instituciones .

Pasado el gobierno del doctor Garzón, se presentó la oportunidad de librar otra gran batalla para designar la fórmula gubernativa. Como la Unión Provincial estaba aniquilada, puede decirse, por disidencias intestinas, con el deseo de reunir el mayor número de fuerzas se formó la que se llamó Concentración Provincial ; concurrió a su formación el partido que yo presidía en Río Cuarto, y aquella concentración triunfó en las elecciones de 1912 llevando al gobierno al doctor Cárcano . Por los esfuerzos del Partido Departamental a que me he referido ocupé una banca de diputado por Río Cuarto en la legislatura de mi provincia y, en mi modesta acción, llegué al cargo a que se refirió el señor diputado, de presidente de la Cámara de Diputados. Mi actuación durante ese tiempo en el seno de la Cámara fué de celo y lealtad con los intereses públicos.

En esto no le debo nada, absolutamente nada, al Partido Demócrata.

Ahora paso a ocuparme de mi actuación en el Partido Demócrata.

Durante la administración del doctor Cárcano se habló de la formación del Partido Demócrata, no recuerdo bien si porque en la ciudad de Buenos Aires se empezaba a iniciar la formación del Partido Demócrata Progresista . Lo que sé bien es que después de alguna propuesta en el seno de ese partido se produjo su adhesión al Partido Demócrata Progresista.

Pues bien ; presidiendo el Partido Departamental que, como he dicho, no dependía de otro partido provincial o nacional, sino que era formado por una asociación de ciudadanos del departamento Río Cuarto, con el previo común consentimiento de los que lo componían, concurrí a formar el Partido Demócrata de Córdoba ; У, efectivamente, fuí designado, con algunos otros colegas, entre ellos el doctor Roca, para confeccionar la carta orgánica del Partido de Córdoba.

Sr. Rodríguez (A. ). El señor diputado está demostrando lo que yo había dicho .

Sr. Rodríguez ( C. J. ). — Yo no lo he negado.

Sr. Molinari.- No se ha negado .

Sr. Rodríguez (C. J. ) . - En esas circunstancias yo he concurrido a redactar la carta del Partido Demócrata de Córdoba. No tendría para qué recordar alguna incidencia o discusión con el doctor Roca sobre el alcance de una de las cláusulas referente al problema social obrero, uno de los de más palpitante actualidad entonces y más grave hoy.

Pero yo digo que la adhesión a esos ideales no importa una contradicción con los que he abrazado dentro de la Unión Cívica Radical. Bastaría comparar la carta orgánica de uno y otro partido para saber que no hay una sola antítesis de orden ideológico entre el Partido Demócrata y la Unión Cívica Radical; y se explica, ambos acatan la Constitución, y ambos proponen cumplirla por iniciativas de buen gobierno. Su diferencia acaso reside en el grado de intensidad de la realización ; y en especial en que la Unión Cívica Radical ha hecho su postulado fundamental, primordial, antes que todo, del respeto a la soberanía popular.

De modo, señor presidente, no sé por qué podría verse en mi actitud, en mi procedimiento, una sola contradicción entre los principios de ayer y los principios de ahora, ya que en todos los actos de mi vida pública he cumplido honesta y correctamente sin variar un ápice con los postulados que hoy sostengo dentro de la Unión Cívica Radical, sirviendo solícita y lealmente los intereses de la República. (Aplausos).

Tal es, pues, señores diputados, mi actitud. La divergencia estuvo en otro punto con esa comunidad de ciudadanos, de cuya mayor parte yo conservo afectos de amistad. La divergencia estuvo al aplicarse la carta orgánica en las elecciones de senadores en el departamento de Río Cuarto. En ese instante yo desempeñaba el cargo de presidente del comité del Partido Democrático local de Río Cuarto.

La junta de gobierno de Córdoba, en virtud de algunas disidencias... digo mal, en virtud de que había otros ciudadanos en el departamento Río Cuarto, que querían concurrir a secundar a ese gobierno en el acto electoral, quiso imponer al Comité Departamental de Río Cuarto otra forma de elegir el candidato que debía sostenerse en los comicios.

Entonces, pues, el partido que yo presidía en Río Cuarto, amparándose en la carta orgánica, resistió las pretensiones de la junta de gobierno de Córdoba he hizo constar su protesta, en nota que tengo aquí, que podría leer, pero que no lo haré por no distraer su atención y que pido se incluya a continuación de mi discurso, como una justificación de mi conducta. Previa la protesta, la junta de gobierno del Partido Demócrata accedió a las solicitaciones de otros ciudadanos de Río Cuarto que no formaban parte del partido, de proclamar otro candidato, fuera de las normas prescriptas por la carta orgánica. Con ese motivo, en divergencia tan fundamental de conducta, el Partido Democrático Social que presidía, resolvió retirar su adhesión al Partido Demócrata ; y yo , en consecuencia, quedé desligado de ese compromiso político, reintegrándome a la vida pública como ciudadano independiente, con deberes y derechos cívicos que ejercer.

Antes de pasar adelante, me permitiré leer las notas con que fueron contestadas por la junta de gobierno las dos notas a que antes me he referido.

La primera fechada el 16 de Marzo de 1915, me fué dirigida en mi carácter de presidente del Partido Democrático Social. Tal era el nombre que llevaba en Río Cuarto el partido que yo presidía: conservaba su individualidad dentro de la adhesión al Partido Demócrata. Dice la nota:

«Señor presidente del Partido Democrático Social, doctor Carlos J. Rodríguez. -Presente. Llevo a su conocimiento que la junta de gobierno que tengo el honor de presidir ha tomado en consideración su nota de fecha 5 del corriente, en la cual ese partido retira su adhesión al Partido Demócrata de Córdoba. Sin aceptar los cargos que en dicha comunicación se formulan a la honorable junta con motivo de su resolución de fecha 4 del corriente, y dejando constancia de que ella ha procedido en virtud de atribuciones propias que le acuerda la carta orgánica del partido, la junta lamenta la actitud de esa agrupación, que la priva de un concurso eficiente y prestigioso. Con tal motivo, saludo al señor presidente con mi más distinguida consideración. Martín Ferreyra, presidente. Rodríguez de la Torre, secretario».

La otra nota se refiere a la renuncia que mandé en mi carácter de miembro de la junta del Partido Demócrata, en virtud del retiro de la adhesión al mismo del Partido Democrático Social. Dice así :

«Córdoba, Marzo 16 de 1915.

Señor Carlos J. Rodríguez. Río Cuarto. Llevo a su conocimiento que la honorable junta de gobierno del Partido Demócrata, que me cabe el honor de presidir, ha tomado en consideración su renuncia de miembro de la misma y resuelto aceptarla en virtud de los motivos en que se funda. La junta de gobierno lamenta verse privada del concurso eficiente que usted supo prestarle con inteligencia y patriotismo . Sin otro motivo, me es grato saludar a usted con mi distinguida consideración. Martín Ferreyra, presidente . Rodríguez de la Torre, secretario» .

Posteriormente a ese acto que me reintegraba a mi vida pública de ciudadano independiente, cuando llegó la agitación electoral con motivo de la elección de la fórmula gubernativa de Córdoba, yo presté mi concurso a la Unión Cívica Radical, a la que me incorporé definitivamente. Mis deberes y derechos ciudadanos me imponían tomar parte activa y eficiente en la vida política nacional.

En esta forma, pues, dejo explicada y justificada mi actitud.

Prosigo ahora, señor presidente, mi exposición.

Como he afirmado que la intromisión de los oficialismos ha dado en tierra con la ley electoral y la ha puesto en definitiva bancarrota, señalo esta circunstancia, no sólo, como expresé anteriormente, para que sea tenida en cuenta como uno de los motivos fundamentales para aplazar estos diplomas, hacer la investigación necesaria y pronunciar el juicio que corresponda, sino también para constatar los malos frutos de la intromisión oficial, funesta experiencia que viene a poner a dura prueba la perfección o siquiera sea la bondad de la ley electoral; porque nada valen las formas correctas del comicio si falta, como he dicho, el espíritu que lo anima, que es el ciudadano libre en el comicio honorable y garantido.

Como ésta es una de las afirmaciones fundamentales en que reposa la existencia de la Unión Cívica Radical ; como en este instante es más necesario que nunca el instrumento de expresión de la soberanía popular, su perfecta sinceridad, porque ha de debatirse ante las corrientes de las ideas nuevas que están agitando incesantemente al pueblo argentino, en forma tal que ha llegado hasta el alarde uno de los sectores de la Cámara de apellidar este movimiento de lucha por el derecho como sucesos de carácter demagógico, conviene, para la tranquilidad, que sólo puede venir por el camino de la libertad, que se asegure con toda perfección, con toda exactitud y corrección y sinceridad el comicio donde el pueblo debe pronunciarse sobre tan graves problemas de orden político y económico, como los que han de preocupar la conciencia argentina.

Ya dije, citando una de las bases fundamentales con que se iniciara la Unión Cívica Radical el año 90, que fué garantizar el comicio libre sin la intromisión oficialista. Por eso denuncio ante esta Cámara el acto electoral de Córdoba, que de una manera incontrovertible está viciado precisamente por la intromisión del oficialismo de Córdoba, que no ha permitido que venga a esta Cámara la legítima representación del pueblo de aquella provincia.

La afirmación es fácilmente comprobable, porque hasta la cifra está evidenciando que, a no haber sido por esa intervención, que por lo menos ha podido hacer gravitar el peso del electorado siquiera en un dos por ciento de los cuarenta y tantos mil votos, no estarían en esta Cámara los diplomas que trae la mayoría, sino los diplomas que corresponden legítimamente a los que vienen por la minoría de su representación.

Ese argumento y esa demostración no podrán ser levantados por ningún género de razonamientos ; y lo más que se podría conceder es que éste es un caso que debe ser sometido inmediatamente a la comprobación en el período de tiempo apenas necesario para postergar estos diplomas y hacer el examen de todos los concretos que han sido presentados ante la Honorable Cámara .

Aquel postulado fundamental de la Unión Cívica Radical fué concretado luego en su carta orgánica, y cuando desapareciera el ilustre jefe, el verbo que comunicara toda la vida inicial a este partido, el doctor Leandro Alem, otro de los hombres que han bregado tesoneramente en su seno y que ha sabido dar a la República orientaciones precisas en medio de la confusión de todos los hombres, el señor Hipólito Irigoyen, único pensador político dentro de ese caos, en que nadie podía percibir la línea segura que conduciría al porvenir, pudo sintetizar en una frase la solución del problema político de la época, cuando dijo en esta frase profunda y breve, que luego todos los oradores han divulgado en treinta años de intensa propaganda popular: «la reparación política de la Nación» .

En esa frase simple y sencilla está encerrado todo el problema de la Unión Cívica Radical .

Hay alguien, señores, que ha negado en el señor Irigoyen el poder que capacita a los grandes estadistas, ha negado su talento y su eficiencia como pensador político, para concederle, solamente cuando más, aquellas facultades de proselitismo, de que hablaba el diputado socialista ayer, que no se sabe en virtud de qué poder magnético ejecuta sobre los hombres libres y cultos, que tienen el dominio de los negocios públicos, que a diario han estado conversando con él; la mayor parte de los hombres que se sientan en esta Cámara y los que lo conocen, han podido aquilatar la fuerza de su pensamiento, frente a frente, no sólo en las asambleas públicas y en los consejos de gabinete, sino a todas horas y en todo momento, en las conversaciones particulares y en las sesiones de las asambleas partidarias .

Me permitiré, con ese doble propósito, hacer una lectura un poco larga de una cita para dejar fundamentado en el Diario de Sesiones de esta Cámara ese juicio . Se trata de párrafos de la célebre polémica sostenida con don Pedro C. Molina, uno de los hombres más eminentes de Córdoba de los tiempos recientes, por su cultura y probidad . Presidente entonces de la Unión Cívica Radical, por ciertas cuestiones que no es del caso repetir, se alejó definitivamente del partido .

Con ese motivo se entabló aquella célebre polémica en varias cartas, donde con toda exactitud y justicia, puede decirse, el señor Hipólito Irigoyen, desarrolló claramente, con amplitud, profundidad y elocuencia, los postulados fundamentales de la Unión Cívica Radical.

Decía en una de esas cartas: «Persiste usted en que la Unión Cívica Radical no tiene orientación . Pero, cuando menos le pregunto: ¿quién la tiene aquí que no sea ella y quién la tiene fuera de aquí en el más alto concepto, con mayor fuerza de ánimo , con más patriótico desinterés y más recta acción? ¿No ve usted que de esos treinta años la característica en nuestro país de gobiernos, agrupaciones y hombres es una continua cambiante, confusión y mezcla en pro de protervas y menguadas ambiciones, y que al frente de toda esa masa informe hay un pensamiento que como faro fijo y luminoso orienta, precisamente, todos los deberes morales, políticos y sociales?

«Es la única garantía y levantado resguardo que la República tiene en el presente ; su verdadera promesa reparadora y su fundada esperanza de transiciones que le restauren su perdido pasado .

«Hemos rechazado, pues, colectiva e individualmente, la dirección de gobiernos, la coparticipación en otros y la jefatura de oposiciones falaces y engañosas y consecutivamente importantes puestos en todas las administraciones de la República .

«Con esos altísimos preceptos morales y políticos y con procedimientos siempre leales y francos hemos consagrado el credo que profesamos en holocausto a la patria.

«En la anormal situación que conmueve a la República insumiendo y esterilizando fuerzas y factores de todo género han nacido dos tendencias bien caracterizadas y definidas.

«Comprende , la una, todas las transgresiones, en la sucesión múltiple y variada de las funciones públicas y sus irradiaciones en las demás esferas de la actividad . Detentadora de la soberanía nacional y apoderada de todas sus fuerzas, hace pesar su férreo vugo , rebajando la libertad y dejando el derecho y la justicia y arrastrando todo el organismo moral, político y administrativo. Inepta y pervertida, por su misma depresión y degeneración, cada paso que da, cada medida que toma y cada obra que realiza, es una demostración de incapacidad y una descalificación de concepto o una acusación de venalidad . El aprovechamiento en todo es el signo característico de su psicología general, que corrompe cuanto está a su alcance o subyuga con sus halagos. Siendo el delito su origen, la delincuencia es lo que enseña, y el crimen común en todas las formas, una de sus lógicas derivaciones.

«Cualquiera que sea la pletoridad aparente de su vida, es necesariamente enfermiza, porque contraría a las leyes naturales de la existencia, y mientras subsista seguirá devorando y devastando la savia nacional, hasta que al fin se hunda en el ineludible abismo de su destino, después de haber colmado sus desaciertos en algún cataclismo y de haberle inferido a la República lesiones sin reparo ; porque ni la naturaleza misma restaura todo lo perdido . Representante, la otra, del poder público, en ruda contienda del deber supremo contra la fatalidad de aquel atentado, que por la impunidad y la complicidad pretende ya hacerse régimen de vida nacional, fácilmente se concibe cuál es el carácter bien marcado de su tendencia . Se distinguen no el terreno de la política militante, porque dentro de ella no hay más mira que la posesión de los gobiernos, sino en el de la esencia misma de los más caros atributos de la Nación, que profundamente afectados podían llegar a desnaturalizarse para siempre . Tal es el estado actual de la República y extraviados viven los que piden programas de gobierno a la causa reivindicadora. Sería lo mismo que pretender el ejercicio de instituciones que no se han fundado o la aplicación de una constitución que no se ha hecho . Eso es lo que quieren los que piden programas a la Unión Cívica Radical, buscando contaminarla para encubrirse ellos, porque no sería sino usufructuar de los males de la República, pretextando reparaciones que no son más que variantes de una misma ignominia .»

Con tales palabras, señores diputados, he dejado precisado el concepto que en toda su vida pública ha predicado y realizado la Unión Cívica Radical. Pero alguien en esta Cámara ha querido hacer de ello simplemente una expresión de alteración del orden público o de demagogia; alguien se ha referido a la incultura de nuestro pueblo, como si quisiera excusar por el analfabetismo de muchos electores , la subversión institucional en que todavía vive la Nación. No, señor presidente; ella no es el fruto de la demagogia, despertada por el Partido Radical ; ni de la incultura fomentada por él. No; nadie, como él, desde el gobierno, ha extendido más lejos los beneficios de la enseñanza pública; y nadie como él ha impulsado por la vía de la fecunda renovación, en su docencia y en sus métodos, desde la alta enseñanza universitaria, hasta la primaria.

Inculpar a la incultura de nuestro pueblo los atentados oficialistas descarados, es buscar una excusa falaz para consentirlos ; es, en fin, permitir un escarnio más al soberano pueblo, a quien siempre motejan, desde los salones aristocráticos, de ignorante y chusma. Y en realidad, es que ese pueblo vive en la miseria y en la obscuridad intelectual, analfabeto, desnudo y hambriento, porque el oficialismo elector le arrebata sus atributos de ciudadano en el comicio fraudulento . Y sin embargo, a pesar de todo, hay tanta virtud cívica en él, que en todas las luchas por las libertades de la República, siempre fué el nervio de nuestra democracia . Contra ese apóstrofe denigrante, vayan estas palabras de protesta elocuente del señor Hipólito Irigoyen :

«Y no se infiera el inaudito agravio de pretender que el carácter con que se van realizando los sucesos electorales es propio de la psicología moral del pueblo argentino, cuando es evidente que desde los primeros momentos se han identificado en absoluto con el genio de la revolución en las actitudes más altivas y en las demostraciones más culturales».

Pero, señor presidente, esas alteraciones que parecen traducirse para alguien sencillamente en fenómenos de demagogia e incultura, no son sino fenómenos naturales de las multitudes, que luchan por la consecución de sus derechos. Y no solamente por los derechos electorales, que son los primordiales de aquel pueblo, de los que está privado por el oficialismo, sino también porque anhela orientaciones nuevas en el orden político y económico que vuelvan de una vez por todas a la República, al estado de normalidad en que solamente se vive cuando los derechos encuentran la garantía necesaria para desenvolver sus actividades e intereses en el seno de la prosperidad y de la paz.

Con razón ha dicho algún escritor que el derecho nace del dolor. Tal es el hecho que von Ihering, en su libro La lucha por el Derecho, ha señalado como génesis de ese factor social que nos da el orden, en la libertad, tan necesario para el progreso de las naciones.

A ese espíritu de lucha es a lo que se debe la energía y la fuerza de la Unión Cívica Radical. En todas las épocas de su historia ha hecho de sus postulados los ideales de sus luchas y holocaustos, para imponerlos a los intereses creados que usufructuaban los beneficios y honores de la República. De otro modo no podría señalarse como un ejemplo para las generaciones venideras, si no la moviese ese espíritu de altivez, de abnegación y de sacrificio con que ha llenado las páginas de nuestra historia nacional .

Parece escrita proféticamente, señores diputados, para sintetizar la vida de esta grande y hermosa fuerza popular y de su ilustre abanderado, en su penosa y tesonera brega por la reparación institucional de la Nación, aquella frase de von Ihering : «el derecho que es por un lado la prosa, se trueca en la lucha por la idea en poesía ; porque la lucha por el derecho es en verdad la poesía del carácter .»

He aquí explicada la actitud de la Unión Cívica Radical colaborando en el gobierno del pueblo para trasuntar los anhelos colectivos de sus reivindicaciones y consagrarlos en derechos efectivos en sus instituciones por la vía pacífica, o bien, cuando le es arbitrariamente cerrada esa vía, como cuando se adultera el comicio para impedir que la voluntad popular venga a dictar la ley de sus reivindicaciones, entonces puesta fuera de ley, habrá de recurrir al ejercicio del primordial de los derechos, según la famosa declaración: el derecho de sentencia, la protesta armada. Tal es la característica de este partido y en esta forma ha de pasar a la historia como una de las grandes fuerzas que, usando de todos los atributos viriles de la nacionalidad, ha sabido trasuntar las reivindicaciones del pueblo en leyes e instituciones dignas de una democracia ejemplar.

Señor presidente : a esta altura del debate las conclusiones aparecen claras. La ley electoral está amenazada por un nuevo peligro : por la intromisión de los elementos oficialistas en los comicios, factor funesto que altera y perturba la libre expresión de la conciencia colectiva, la soberanía del pueblo, base de nuestra Constitución. Para que ella sea siempre la fuente de la vida de nuestras instituciones, es necesario que se conserve al abrigo de todas las perturbaciones políticas ; que esa fuente conserve límpida y tranquila su superficie ; que no la altere el soplo sutil del fraude o las piedras de la violencia ; para que así en todo momento refleje nítida y pura la conciencia popular, trasuntando como el cielo de sus ideales, para realizar los destinos de un gran pueblo en la historia humana .

He terminado. (¡Muy bien ! ¡Muy bien ! Aplausos)









Fuente: "Debate por la eleccion de diputados por Córdoba" en Diario de Sesiones de la H. Cámara de Diputados de la Nacion, 10° Reunion - 7° sesion preparatoria - Presidencia de los doctores Miguel Sussini y Miguel F. Gnecco, 18 de junio de 1926


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lunes, 26 de mayo de 2014

Carlos J. Rodriguez: "La Nueva Argentina" (15 de agosto de 1932)

Señores:
La actual situación de la República, nos obliga a reflexionar gravemente sobre su porvenir. Pocas veces en su historia, se ha visto sumida en una tan profunda crisis política y económica; tal vez, tan sólo, como al iniciar su revolución libertadora en 1810; o al salir de una sangrienta dictadura en 1852.
En efecto ¿qué espectáculo nos ofrece la Nación a partir del 6 de Setiembre de 1930? Está a vuestra vista; todos lo hemos presenciado con horror e indignación! Desde aquel día funesto no quedó en pie, ni la Constitución Nacional, atributo inviolable de su soberanía y de su dignidad; sin el cual, todo pueblo vuelve al estado salvaje; a la guerra del hombre contra el hombre.
“La vida y la conservación del pueblo argentino depende de que su Constitución sea fija; de que no ceda al empuje de los hombres”, dijo el ilustre orador sagrado que celebró su juramento.
Y después de casi un siglo de su vigencia, presidiendo la vida de nuestro pueblo, no obstante todas las conculcaciones del régimen llegó un nefasto día, en que una reacción conservadora y militarista, rompió con mano sacrílega sus sagradas páginas. Desde entonces, la vida, el honor y la fortuna de los argentinos, han quedado a merced de gobiernos de facto, sin  más ley que la fuerza de sus bayonetas.
Tal es el espectáculo de anarquía, de ruina y de vergüenza, con que la Nación Argentina se presenta ante sus hijos, y ante los pueblos civilizados. He aquí la obra de la tiranía.
¿Cuál es el deber de la Unión Cívica Radical? La salvación de la patria; la reconstrucción de su orden jurídico, sin el cual ningún pueblo, vuelve a la concordia, a la paz y al trabajo.
Nunca como ahora, la misión fué más ardua y heroica. Ella exige las más nobles cualidades y sacrificios a la generación presente.
La Unión Cívica Radical, venía realizando, por misión histórica expresada en la voluntad del pueblo soberano; la reparación y renovación institucional de la República –desde hacía tres lustros– desde 1916 en que cayera vencido por primera vez el régimen, que representaba la subversión democrática y la explotación capitalista. Y desde entonces, le tocó presidir los destinos de la Nación, al iniciarse una de las grandes épocas de la humanidad, que abriera la guerra mundial.
Recordemos su obra, frente a los magnos problemas nacionales e internacionales que tuvo que resolver, bajo el apremio de las fuerzas sociales desencadenadas que podían comprometer la dignidad y la existencia de la Nación.
En la política internacional, sentó doctrinas de la más alta juridicidad y de más acendrado argentinismo. Así consultado el Presidente Yrigoyen, sobre un posible atentado a la soberanía de la República del Uruguay, contestó: “el gobierno argentino pondrá todo su concurso en defensa de la soberanía de la Nación uruguaya; como expresión de la solidaridad que radica en el pueblo argentino para el pueblo uruguayo”. El recuerdo de esta doctrina, habría impedido el conflicto diplomático, que acaba de crear el actual gobierno, que rodeado de fuerza, se asusta de los rumores del viento. Y, cuando la guerra mundial, frente a los problemas de neutralidad, y del afianzamiento de la paz en la Liga de las Naciones, también el Presidente Yrigoyen, sentó la doctrina más elevada del moderno derecho internacional en telegrama al doctor Pueyrredón en París, con estas históricas palabras: “La Nación Argentina, parte integrante del mundo, nacida a la existencia con tan justos títulos, como cada una de las demás, no está con nadie, ni contra nadie, sino con todas para bien de todas. Ha asistido al Congreso sin prejuicios ni inclinaciones algunas; llevando en su definición de conceptos, la unción santa de una nueva vida universal”. Y bien lo veis, señores, cuál ha sido la existencia y cuál la obra larga, difícil y escasa de la Liga de las Naciones, con sus continuas contradanzas, preocupada más del equilibrio de las fuerzas, como otro Congreso de la Santa Alianza, sin poder llegar al verdadero orden jurídico internacional de nuestra doctrina; único edificio de la paz y el progreso de las naciones.
En la política interna, la acción del primer gobierno radical, no fué menos innovadora. Su primera preocupación fué la renovación institucional: hacer efectiva la expresión de la soberanía del pueblo. La realizó y al terminarla, pudo decir en el mensaje inaugural del período legislativo de 1921: “Así se han constituido legalmente en comicios libres, garantizados, los poderes públicos de los estados argentinos, consagrándose en todas partes la voluntad de las verdaderas mayorías; y el gobierno federal, ha mantenido invariable el principio fundamental determinante de esta gran conquista... En esta forma culmina su obra el gobierno, para devolver a los pueblos la plenitud de su soberanía, y ampararlos luego en el goce y ejercicio de todos sus derechos y libertades”.
Fué también preocupación primordial de este gobierno, los conflictos del capital y el trabajo: así desde sus primeros días, la fuerza del Estado no intervino para sofocarlos o dirimirlos: “el gobierno afrontó todas las cuestiones sociales colocándose en el plano superior de la justicia distributiva” –dice el mensaje inaugural del período parlamentario de 1920. Su obra, bajo este aspecto, fué magna e intensa; las leyes creadoras de las cajas de jubilaciones y pensiones de empleados ferroviarios; de los empleados bancarios; y de los empleados de la industria en general; ley del salario mínimo para los servidores del Estado; y el proyecto del Código del trabajo, en cuyo mensaje se dice: “Tiene por tanto este proyecto, como fundamento las condiciones básicas de justicia social; incorporando a su articulado las disposiciones aprobadas en las conferencias de Washington 1919 y Génova 1920; en las que, los representantes del gobierno argentino, sostuvieron las doctrinas más amplias de la época”. Y bien, desde entonces hasta la fecha, nadie ha dado pasos más avanzados en la realización de las justas reivindicaciones obreras, y han sido tan legítimas y concordes con el progreso nacional, que nadie, ni la reacción triunfante con la dictadura, se ha atrevido a derogarlas!
La reforma impositiva, es obra de las grandes innovaciones de la política radical: corresponde al Presidente Yrigoyen y a su Ministro Salaberry la iniciativa del impuesto a la renta desde 1918. En el mensaje respectivo se expusieron sus fundamentos: “es el gravamen más justo y oportuno, desde que sólo alcanza al que recibe beneficios positivos por su capital o trabajo; significa una nueva orientación que acarreará beneficios positivos para el saneamiento de las finanzas nacionales; desde que el P. E. al proponerla, no lo mueve el propósito de cubrir momentáneamente los déficits, sino de iniciar un nuevo régimen tributario que distribuya las cargas públicas con la mayor equidad y justicia”. Y bien, la dictadura y el actual gobierno, acaban de sancionar tal iniciativa, aunque notablemente deformada, por la iniquidad que pesa sobre las pequeñas rentas; y que alivia las más grandes. Mientras tanto, éstos mismos residuos del régimen impidieron la realización y las ventajas de esta reforma, con todos los obstáculos parlamentarios.
También desde el primer gobierno radical se inició la reforma económica. No sólo comprendió la dignificación del trabajador y la capacitación de sus gremios, sino que abarcó también la tutela de los productores, defendiendo y vigilando la buena colocación de nuestros cereales y ganados en el exterior, con la fijación de los precios mínimos y los convenios de venta con los países aliados; se preocupó de la suerte de nuestros colonos, procurando la rebaja de arrendamientos agrícolas, proponiendo su reducción al 50%, como no lo intentara el partido socialista; suministrándoles semillas; sancionando la primera ley de arrendamientos agrícolas; proyectando la fundación del gran Banco Agrario Nacional; organizando la explotación de nuestras grandes riquezas nacionales, como el petróleo, y procurando su nacionalización, para asegurarnos el combustible que mueve los emporios industriales; y por fin, se preocupó de nuestros consumidores, por el abaratamiento de los productos de primera necesidad; por las leyes contra los acaparadores, y por el estímulo a nuestras industrias y al trabajo nacional.
De estas iniciativas, ya se advierte la bondad y la eficacia de las nuevas doctrinas en la reorganización de nuestra economía; y la magnitud virtual de sus futuros desarrollos.
Y por fin, señores, allí está su reforma educacional proyectada desde 1918; y obstaculizada por la resistencia del régimen y del socialismo. Para comprender su trascendencia, basta leer estos fundamentos del histórico mensaje del Presidente Yrigoyen y su ministro Salinas, al referirse a la instrucción general y a la universitaria en particular: “el P. E. tiene el honor de someter a la consideración de V. H., el adjunto proyecto de ley orgánica de la instrucción pública, tendiente a dar unidad y estabilidad a las diversas instituciones que dirigen la enseñanza nacional, colocándola a la altura de los progresos obtenidos por el país en sus diversas manifestaciones, y concordantes con los adelantos culturales de la civilización universal”.
“Si bien la educación primaria tiene su ley desde 1884, ella contiene disposiciones, que en la actualidad, han perdido su razón de ser, porque la civilización argentina, reclama también en la instrucción general reformas urgentes que completen su caracterización y la orientación definitiva, dándole mayor consistencia y haciéndola más nacional, más práctica y más adaptable a las varias necesidades regionales de la República.
Es imperioso, igualmente, llevar su acción a todos los ámbitos del país; y extirpar radicalmente el analfabetismo, misión sagrada y altamente patriótica, que habrá de realizarse sin dilaciones, como la mejor contribución a la obra del progreso y del engrandecimiento nacional... Las disposiciones del proyecto sobre el gobierno y régimen en las universidades, responden  no solamente a dar una unidad y forma orgánica a la ley general, sino, en especial a colocarlas dentro del espíritu nuevo con bases y orientaciones abiertas y liberales que les permitan utilizar las energías y aptitudes de todos sus componentes: los profesores titulares, los suplentes, los adjuntos y extraordinarios, y los estudiantes, esencia y vida de las instituciones de cultura superior. Las autoridades y consejos directivos se eligen y renuevan de conformidad con los más elevados principios de la ciencia política, dando franca y legítima intervención a los distintos elementos constitutivos de las corporaciones universitarias. Asistimos a una hora de grandes reparaciones y de renovación de todos los valores. Tal el espíritu y tal la estructura del nuevo sistema de instrucción pública; y también esta forma magna y trascendental fué combatida y malograda por el régimen y sus aliados; y más ferozmente combatida y aniquilada por los anacrónicos gobiernos dictatoriales que no ven los caminos que la cultura abre en el porvenir, ni escuchan las voces de la nueva vida, que les dá la juventud”.
Y en fin, señores, mucho más tendría que decir para sintetizar siquiera la obra realizada por las presidencias radicales pero el marco de esta conferencia me lo impide. Podéis, sin embargo, contemplar desde ya la magnitud de esta obra, que el radicalismo ha empezado a construir, sobre estas piedras angulares: en lo político, ejercicio real de la soberanía del pueblo, por acción más directa y plebiscitaria, en lo económico y social, dignificación moral y material del trabajo humano, organización y capacitación de los gremios; legislación de contralor sobre el capital y la tierra para impedir sus abusos y expoliaciones, y para estimular en cambio, el desarrollo y la justa distribución de la riqueza colectiva; en lo financiero, la contribución más exacta y equitativa de las cargas del Estado; y en lo cultural, a la difusión de la instrucción pública, elemental y superior, en armonía con la más alta civilización.
Así, señores, con caracteres vigorosos y resplandecientes, habéis visto surgir del seno de la Unión Cívica Radical, la nueva Argentina, custodiada y bendecida por el amor del pueblo y saludada por la admiración de las naciones civilizadas.
Y así recorría el camino nuestra historia, iluminada por la fe en sus grandes destinos, cuando de improviso, la asaltó arteramente la reacción conservadora y militarista del régimen: y la sometió a vergonzosa dictadura.
Y desde entonces, allí está la nueva Argentina, encadenada y martirizada como el Prometeo de la leyenda mitológica.
¿Qué hacer? He aquí la nueva misión histórica de la Unión Cívica Radical, y por su pensamiento y su esfuerzo, la realizará la soberanía del pueblo.
La Nación, ha sido precipitada en el caos político y económico, por esta reacción anacrónica de las fuerzas conservadoras que en vano quieren contener a los tiempos nuevos. E insensatamente, con la fuerza de las bayonetas, intenta levantar un dique a la corriente luminosa de las ideas del progreso universal. Nada sabe de las leyes sociológicas que impulsan la evolución de los pueblos; ni se detiene a contemplar el espectáculo de todas las naciones civilizadas en plena lucha por el nuevo derecho.
Y bien, señores, este dique, levantado por la reacción conservadora no ha hecho sino aumentar el caudal fecundante; y acrecentar el ímpetu de las corrientes renovadoras del pensamiento humano.
 Una nueva vida universal, transforma las instituciones de los pueblos civilizados. La filosofía y la ciencia modernas, han llegado hasta la conciencia de las multitudes, para crear la nueva fe de sus reivindicaciones y de su mejoramiento material y moral. No sólo ha realizado maravillosos progresos la técnica, sino que igualmente, han avanzado la política y la economía. Estas ciencias, han sido comprendidas en una más amplia y nueva: la sociología; —que concibe la sociedad como un organismo superior en la escala de los seres; y por el estudio de sus leyes, ha descubierto, un nuevo concepto del estado, y otra noción de la libertad y del derecho, como funciones de la solidaridad social;— y también ha descubierto el concepto de la economía social con otras nociones del valor, de la propiedad y de la ley de la distribución de la riqueza colectiva; que igualmente impone la solidaridad social.
Y notad por esto, el claro contraste, en los conceptos fundamentales en que descansan las instituciones de los pueblos civilizados, surgidos de aquel otro movimiento filosófico racionalista del siglo XVIII, que nos airean las gloriosas revoluciones francesa y americanas. Recordadlos: la sociedad y el Estado, eran el fruto del contrato social; la libertad del hombre un derecho innato, anterior y superior a la sociedad; la misión del Estado, limitada al mantenimiento del orden jurídico; y la economía privada, regida por la ley de los intereses individuales sin control. Toda esta ideología generadora de tan grandes transformaciones se encuentran en cinco obras fundamentales que recordaré, para compararlas con las otras de la nueva evolución: “El ensayo sobre el gobierno civil” de Locke, en 1690; “El espíritu de las leyes” de Montesquieu, en 1748; “El Contrato Social” de Rousseau, en 1762; “La Fisiocracia” de Quesnay, en 1768; y “La riqueza de las naciones”, de Adam Smith, de 1776. En estos libros aprendieron las doctrinas políticas y económicas, que entre nosotros divulgaron Moreno, Belgrano, Vieytes, etc., para preparar nuestra independencia. De aquí surgió el Estado democrático liberal, cuya democracia, no pudo realizarse eficazmente por la imperfección de la forma representativa que resultó tutorial; y cuyo liberalismo tolerante, condujo al triunfo y a la explotación de los más fuertes en la lucha económica, del capitalista sobre el trabajador.
En más de un siglo de vida, los pueblos civilizados han incorporado al progreso humano lo más profundo de aquella filosofía racionalista del Estado, del derecho y de la economía; y agotadas esas fuentes ideológicas, buscan en otra filosofía, las soluciones para sus problemas políticos y económicos del presente.
Ya lo dijimos: entre las corrientes filosóficas contemporáneas, la llamada positivista de Augusto Comte es la que por su concepción y su método, ha alcanzado divulgación universal y ha revolucionado todas las ciencias, —y ha creado una nueva: la sociología. Bien conocida es su ley de filosofía de la historia: el pensamiento humano pasa por tres estados: el teológico, el metafísico y el positivo. Han pasado los dos primeros; y estamos en el positivo. De aquí han surgido la política y la economía modernas, que se basan en el concepto orgánico del Estado y en la ley de interdependencia o solidaridad de los órganos y fenómenos sociales. Esta renovación científica, produjo la obra maestra de Adolfo Warner: “Los fundamentos de la Economía Política” en 1878, que nos anunció la era social de la economía y las finanzas; y la obra no menos fundamental de León Duguit: “El Estado, el derecho objetivo y la ley positiva” en 1901, que reconstruyó la ciencia política sobre el concepto de la interdependencia social. Y en torno de ellos, unidos por el método positivo, y el concepto orgánico de la sociedad del Estado, se agrupan numerosos pensadores de otras escuelas, que en conjunto elaboran la política y la economía modernas.
Paralelamente se ha venido desarrollando un movimiento de crítica a la filosofía racionalista y a la economía liberal clásica, promovido por Karl Marx, con sus libros: “Manifiesto del partido comunista”, de 1848; “Crítica a la Economía Política”, de 1859; y “El Capital” de 1867; y en los cuales expuso, una doctrina filosófica, llamada el materialismo histórico; y una ciencia económica, denominada socialismo. Y esta ideología, desde entonces, se ha difundido mundialmente, más que en el terreno científico, en el campo de los acontecimientos políticos; dando lugar a la formación de partidos políticos, como la social democracia; y el bolcheviquismo; o dando lugar a organizaciones obreras apolíticas, como el sindicalismo revolucionario de Pelloutier y de Sorel.
De aquí que nuestra época haya proclamado la bancarrota de los viejos postulados políticos y económicos; y que se apronte a renovar las instituciones, sobre la base de nuevos principios. Las ideas contenidas en esas pocos, pero fundamentales libros del siglo XIX, como antes los citados libros del siglo XVIII, han desencadenado el cataclismo; esta grandiosa lucha del viejo derecho con el nuevo, dolorosa y sangrienta, pero necesaria etapa del progreso humano. La magnitud de esta lucha, puede apreciarse por la opinión del ilustre profesor de la Universidad de Columbia, (Estados Unidos) Mr. Murray Butler, en su reciente conferencia intitulada “En un mundo sin plan”: “Estamos atravesando hoy uno de esos periodos revolucionarios de la historia de la humanidad que sólo aparecen a grandes intervalos, y que son el resultado de las fuerzas dinámicas largamente acumuladas, que caen finalmente sobre la vida, la conducta y la política de los individuos y de las naciones. Este período, que estamos atravesando, que tan difícil se hace, el entenderlo, y para mi casi imposible el explicarlo, es un período semejante al de la caída del Imperio Romano, al del Renacimiento: y análogo a aquél, durante el cual se produjeron en el siglo XVII y XVIII, las revoluciones sociales y políticas de Inglaterra y Francia”.
La Unión Cívica Radical, estaba apercibida a esta magna crisis, y a la correspondiente obra reconstructiva; ya lo había visto por el cuadro de su acción gubernativa que hemos trazado; y para que haya más evidencia de sus previsiones, recordaré las palabras del informe de la Comisión de Presupuesto de 1922 que me tocó el honor de presidir, y que en su totalidad se componía de diputados radicales: “He aquí una gran revolución que se cumple y que habrá de cumplirse en todos los pueblos civilizados. La determinan imperiosamente los nuevos conceptos políticos y económicos, de sociedad, de libertad y repartición de la riqueza nacional. En el mundo de las instituciones, sólo es comparable a la operada por Copérnico en astronomía; a Colón en la geografía; e igual en magnitud, a la que llevara a cabo la filosofía del siglo XVIII, al transformar las instituciones feudales. Una evolución histórica semejante, esperábase hace siglo y medio en los estados civilizados que vivieron en la época de la revolución francesa”.
Estas exactas previsiones de la Unión Cívica Radical, por su íntima compenetración con el alma del pueblo, señalaron claramente el carácter y la magnitud de la crisis, y de su renovación de valores, no se trataba simplemente de un movimiento social de lucha de clases; del conflicto del capital y el trabajo, como era creencia general en ese entonces y aun ahora para muchos; no, era un gran movimiento revolucionario de la historia humana, que destruía el viejo estado democrático individualista, para construir en su reemplazo la nueva democracia, fundada en el concepto orgánico del Estado; y en los principios de la moderna ciencia política y economía social.

Bien claro y bien sencillo el método: sustituir la vieja técnica por la nueva, cumplir la inviolable ley que rige los destinos humanos, el progreso y el orden; ascender hacia nuevas armonías jurídicas, suprema felicidad y gloria de las naciones.
Y bien, señores, estamos aun frente al gran problema. ¿Cómo lo ven los otros partidos políticos internos? ¿Qué proponen para resolverlo? Ya lo sabéis: su pensamiento y su acción, en este período renovador y constructivo de la Unión Cívica Radical, fue de hostilidad y obstrucción: la combatieron, el régimen y el socialismo que siempre estuvieron aliados por la común impotencia e ignorancia de la época. Leed, examinad y comparad sus programas con el nuestro, y de inmediato notaréis nuestra ventaja, en las fórmulas más científicas para resolver las más graves cuestiones institucionales. ¿Estamos inspirados en el nuevo derecho y en la moderna ciencia? ¿Qué puede impedirnos el realizar sus conquistas definitivas? ¿El estado de inercia? ¿El espíritu rutinario: los intereses creados? ¿Acaso nuestro lema de radicales, no significa resolución y firmeza para realizar las grandes transformaciones que nos señalen la verdad y la justicia? ¿Acaso no es ésta la hora nuestra, la hora de edificar la Nueva Argentina?
También los otros partidos, recién hoy empiezan a sospechar que hay que apresurar el paso, porque los males se agravan y sus remedios son inútiles, y todos se agrupan azorados en torno del enfermo. Es la concordancia política reciente; y acaban de trazarse un programa parlamentario abrumador, desde la intervención de Buenos Aires, el seguro social, la ley de vialidad, las reformas de los códigos, y hasta la ley orgánica de los partidos políticos, etc. ¿A qué subversión institucional no nos conducirán? ¿Qué modelos revolucionarios se proponen? ¿El fascismo los unos? ¿El comunismo los otros?
He aquí las dos fórmulas que en su desesperación y desconcierto han ido a buscar en el caos de la Europa. Ya advertimos su modernización: las fuerzas reaccionarias conservadoras tratan de disfrazarse de fascista y las fuerzas marxistas, no sin cierta timidez de bolcheviques.
Y parecen razonables sus ideas, porque a juzgar por el común sentir de los estadistas y escritores de Europa, el mundo en este profundo precipicio en que ha caído, se balancea entre el fascismo y el comunismo. Lo acaba de repetir entre nosotros el profesor Drieu de la Rochelle. ¿Es exacta esta previsión científica? Veamos cuál es el poder de estas ideas-fuerzas para constituir el mundo jurídico y económico del futuro.
 El fascismo es la concepción de Mussolini para la revolución en Italia y la ha aplicado y realizado sin tropiezos durante 10 años. Recordemos que Italia era una monarquía constitucional parlamentaria, esto es, una nación con un rey que reina y no gobierna, y a su lado un parlamento como expresión de la soberanía popular, que gobernaría por medio de su gabinete ministerial. Recordemos que este mecanismo gubernamental, a la conclusión de la guerra mundial, hizo crisis por la debilidad de sus ministros, fruto de la monarquía de sus partidos, y que entonces, una ola marxista de socialismo y comunismo, rompiendo los diques del orden jurídico, invadió el dominio de todas las fábricas y talleres. En aquel momento, surgió Mussolini a la cabeza de sus fascismo para poner orden en ese caos, con la fuerza, y con su concepción política del Estado. Marchó sobre roma, y el Rey Víctor Mandel III, le entregó el gobierno, “por encima, por fuera y contra el parlamento”, como dijo Mussolini en su primer discurso en la Cámara de Diputados.
¿Qué es el fascismo? Lo acaba de definir su inventor. “El fascismo es totalitario; y el Estado fascista, síntesis y unidad de todos los valores, interpreta, desarrolla y encierra, en potencia, toda la vida del pueblo. Ni individuos, ni grupos fuera del Estado (partidos políticos, asociaciones, sindicatos, clases). Por esto el fascismo, combate al socialismo, que obstruye el curso que la historia con la lucha de clases, e ignora la unidad estadual, que funde las clases en una sola realidad económica y moral; por lo mismo lucha contra el sindicalismo clasista. Pero, dentro de la órbita del Estado ordenador, el fascismo reconoce y hace valor esas verdaderas exigencias en donde encuentra su origen el movimiento socialista y  el sindicalista, dentro del sistema corporativo de los intereses conciliados en el seno de la unidad del Estado”. ¿Es esto una concepción hegeliana del Estado? Así parece, y amoldada al uso propio pero no nos detengamos en el fundamento filosófico. Basta saber que Mussolini fue socialista; y luego sindicalista de la escuela de Sorel; y también republicano; pero, al fin, evolucionó a su creación propia, así lo dice uno de sus biógrafos, Sergio Panunzio: “Benito Mussolini, al fin de la primavera de 1918, lanzó desde 'Il Popolo d' Italia', la fórmula: “Sindicalismo Nacional; es la fórmula sintética de toda la crisis revolucionaria de la guerra”. Esta breve declaración sirve para explicar por qué el sindicalismo es hoy el centro del fascismo”.
Ahora bien, ¿Cómo ha transformado el Estado italiano? Basta leer su obra legislativa. Ante todo, ha tenido la viveza de no declarar derogada la Constitución, esto es, el Estatuto de 1848, pero la ha roto, dejando sobre el vacío la autoridad real. Por una ley de 1925, consagró la abolición del régimen ministerial parlamentario; que desde el primer momento destruyó, al hacer depender su nombramiento sólo del Rey. La carta del trabajo de 1927, —resolución del Gran Consejo Fascista que tiene casi la autoridad de ley,— estableció el régimen corporativo; que consiste en la libertad de agremiarse, pero bajo la condición que sólo los gremios reconocidos por el Estado, vale decir, los fascistas, tendrán la representación legal de los demás gremios; y que por tanto, sólo ellos pueden dictar reglamentos y convenir contratos colectivos, etc., obligatorios para todos los gremios y la industria. Por la ley de 1928, relativa a la formación de la Cámara de Diputados, que fija en cuatrocientos el número de miembros y en que establece su elección por el siguiente extraño procedimiento: 1°) los candidatos son propuestos solamente por los gremios y las personas morales reconocidas por el Estado; 2°) el Gran Consejo Fascista, recibe la proposición y elige los candidatos definitivos entre los propuestos, o fuera de ellos, entre personas notables en la ciencia o la milicia; 3°) Esta lista definitiva, es sometida al electorado popular, para que la apruebe o no simplemente. Y por fin, la ley también de 1928, en que reconoce la institución del Gran Consejo Fascista y le confiere atribuciones de alta tutela constitucional, para visitar la intangibilidad de la doctrina fascista.
Tal es la creación de Mussolini para Italia. El Estado fascista, no es democrático porque no reconoce la soberanía del pueblo; es oligárquico y dictatorial porque se basa en la soberanía del partido fascista y el gobierno de su jefe; y es corporativo unilateral, por representar únicamente los gremios fascistas. ¿Es posible concebir esto, como una forma jurídica y estable, de una Nación? ¿No es acaso la forma y el orden de la fuerza?
Pasemos al otro modelo de Europa: el bolcheviquismo. Bien conocemos la historia y la razón de ser de su advenimiento: nació en lucha contra la monarquía absoluta de los zares, y, prosperó en el caos de la derrota de Rusia en la guerra mundial; y triunfó sobre la revolución burguesa de Kerensky, la revolución proletaria de Lenin.
¿Cuál es la doctrina del Bolcheviquismo? “La supresión del poder del Estado, dice Lenin, es el fin que han perseguido todos los socialistas con Marx a la cabeza. Sin la realización de este fin, la verdadera democracia, es decir, la igualdad y la libertad, son irrealizables. Ahora bien: este fin no puede ser alcanzado prácticamente sino por la democracia de los soviets, es decir, por la democracia proletaria, puesto que, llamando a la participación constante y directa en la administración del Estado a las organizaciones colectivas de los trabajadores, ella prepara inmediatamente, la supresión total del Estado de cualquier naturaleza que sea”. Esto importa la aplicación rigurosa de la doctrina de Marx, economía comunista y lucha de clases, con su dictadura proletaria.
Y sobre esta base fundamental se edificó el Estado soviético. En efecto, así lo dicen los dos primeros artículos de la Constitución de la República Socialista Federativa Rusa: “Esta constitución se propone garantizar la dictadura del proletariado con el objeto de aplastar a la burguesía, de suprimir la explotación del hombre por el hombre, y de realizar el comunismo bajo cuyo reinado no habrá ni divisiones en clases, ni poder de Estado. La República Rusa, es un estado socialista de obreros y campesinos, establecidos sobre la base de una federación de repúblicas nacionales soviéticas. Todo el poder, dentro de los límites de la República, pertenece a los soviets de diputados obreros, campesinos, cosacos y soldados”.
Su gobierno está estructurado de la siguiente manera: ejerce la autoridad suprema del Congreso de los Soviets de las Repúblicas Socialistas soviéticas, que se reúne cada 2 años, y que elige el Comité Central Ejecutivo. Este ejerce el poder supremo, legislativo y ejecutivo, mientras dura el receso del Congreso, y se compone de dos cuerpos: el Soviet Federal y el Soviet de las Nacionalidades. El Soviet Federal, se forma con 371 miembros elegidos por el Congreso de los Soviets; y el Soviet de las Nacionalidades, de 5 representantes de cada una de las Repúblicas Socialistas. Ambos cuerpos, reunidos en Comité Central Ejecutivo, nombra el Buró, compuesto de 21 miembros, entre los cuales se comprenden los Burós de los dos cuerpos, y, este Buró ejerce el poder supremo, durante el receso del Comité Central Ejecutivo que se reúne sólo tres veces por año. El Comité Central Ejecutivo también nombra su órgano ejecutivo y administrativo: el Consejo de los comisarios del pueblo, compuesto de un presidente y 10 vicepresidentes, para los comisariados de Negocios Extranjeros, Comercio Exterior e Interior, Guerra y Marina, Finanzas, etc.
y ahora, señores veamos. ¿Qué es del pueblo y quien lo representa? “El derecho de elegir y ser elegido corresponde a los ciudadanos de ambos sexos y de diez y ocho años, que sean: 1°) personas que ganen su vida con su trabajo productivo y útil a la sociedad, y personas empleadas en los trabajos domésticos; 2°) soldados y marinos de los ejércitos y flotas rusas, de obreros y campesinos”.
He aquí en síntesis el régimen soviético: la aplicación más auténtica y vigorosa del marxismo. ¿Es posible que esta sea la forma jurídica y estable de una Nación? Volvemos a contestar: es como el fascismo, la forma y el orden de la fuerza, que surgen en el caos ideológico y político de Europa.
 ¿Y estas formas patológicas del Estado, es lo que se proponen imitar algunos entre nosotros? Sí, señores, hay algunos que las propician; pero los más lo hacen por confusión de ideas y de propósitos.
Algunos de nuestros conservadores, que sólo conciben la fuerza militar o policial, como supremo remedio para matar ideas, son dictatoriales, y, se enamoran del modelo fascista porque ha amordazado al comunismo, aunque no lo ha muerto. Y, sin más, sin parar mientes en otras fatales consecuencias, se convierten en fascistas, y marchan al frente con sus ídolos, Mussolini e Hitler.
Pero es el caso de preguntar a esos conservadores: ¿Vais a destruir como Mussolini el estado liberal democrático y, a implantar y mantener por la dictadura, y un estado corporativo, de sindicalismo fascista? ¿Esto os servirá para defender vuestros privilegios capitalistas? Recordad estas palabras de Mussolini, en la Cámara de Diputados en 1922, contestando al diputado de la Confederación del Trabajo: “El honorable Argona esté tranquilo. El viene del proletariado, y, yo también... No diga que haremos el servilismo al capital. Nosotros hemos sido los primeros en distinguir entre burguesía y burguesía. Hay una burguesía, que vos mismo colocais en el plano de una histórica necesidad técnica; es una burguesía inteligente y productiva, que crea y dirige la industria... Si la clase capitalista espera tener de nosotros privilegios especiales, tales privilegios, no los tendrá jamás”.
¿Esto es lo que quieren nuestros conservadores; o prefieren imitar a Hitler y adoptar algunos puntos del programa del Partido Obrero Alemán Nacional Socialista? ¿Podrán proclamar los siguientes principios?: “Exigimos la supresión de las rentas adquiridas sin trabajo ni esfuerzo; exigimos la adquisición por el Estado de todas las fábricas constituidas en Sociedades o Trusts; exigimos participaciones en las ganancias de las grandes empresas; exigimos la inmediata comunidad de todos los grandes almacenes-bazares y su arrendamiento a precios reducidos a pequeños industriales; exigimos una reforma en la tierra en relación con nuestras necesidades nacionales; y la supresión de especular con la tierra”?
Nuestros conservadores, no pueden todavía proclamar un programa como ese, ni establecer el corporativismo fascista; porque son más reaccionarios; y sólo tratan de usar la máscara, para implantar otra dictadura militar.
Y por otro lado; algunos extremistas de la izquierda, intelectuales y obreros, dirigen sus miradas al modelo bolchevique. No forman en este grupo nuestros partidos socialistas, porque marchan más lentos; apenas si están cerca de un laborismo; y no alcanzan ala social-democracia de Kaustky; es un socialismo criollo, muy olvidado de Marx; y por esto, están comulgando con los demócratas progresistas y aún con el actual gobierno. Nuestros extremistas son pocos; y el único medio propicio para propagar sus ideas, puede ser el caos político y económico al que marcha la reacción de las clases conservadoras.
He aquí los modelos de los otros partidos; y he aquí nuestra obra realizada; y nuestra obra futura. La Unión Cívica Radical, nació antes que estas formas patológicas del Estado; e inició la verdadera renovación de sus principios. De aquí su repudio a semejantes modelos de Europa; porque los ha superado con sus creaciones nuevas.
 El ambiente de América es más puro, más amplio y más libre. Recordad que la filosofía y la ciencia del siglo XVIII, tuvo en esta parte del mundo civilizado, su primera revolución libertadora y su primera república: Estados Unidos; y recordad también, que si Europa tuvo después su gloriosa revolución francesa, no fructificó ni en la misma Francia hasta muy tarde la república; y sólo en Francia, mientras que América se consteló de naciones libres.
Y bien; lo mismo sucederá ahora. Las formas del Estado nuevo, no nos vendrán como modelos de Europa; esas creaciones políticas, de democracia y libertad se las brindaremos desde acá. Bien es cierto, que en su seno bebemos la más alta cultura; su filosofía y la ciencia moderna; pero no es menos ciertos, que en lo político y económico, creemos formas superiores a las que permite el ambiente europeo a sus estadistas por sus tradiciones, sus costumbres y sus intereses creados, bajo el amparo de las monarquías recién destruidas.
Esto explica que la Unión Cívica Radical, expresión más auténtica del alma popular argentina —que refleja mayor cultura y justicia— marche a la vanguardia de los demás partidos y sea la fuerza renovadora e incontenible, que abre el camino triunfal de la Nación.
Así cumplía su misión; y ya conocéis su magna obra apenas en quince años de gobierno. Pero de improviso, la asaltó la reacción conservadora para destruir su obra; y en poco más de un año; todo lo dejó en ruinas, hasta la misma constitución pero fué impotente para mover las piedras angulares de renovación que colocó la Unión Cívica Radical. Allí está en pie nuestra obra por amparo del pueblo; una gran democracia, por virtud del ejercicio más directo y plebiscitario de su voluntad; la reforma económica en lo interno y externo para dignificar el trabajo humano; implantar la justicia social; y desarrollar la riqueza y el bienestar colectivos; la reforma tributaria, para atender las nuevas funciones del Estado y distribuir con equidad las cargas públicas; la reforma educacional, para difundir la mayor cultura desde la escuela primaria hasta la universidad, etc., todo un conjunto de innovaciones fundamentales, aconsejadas por la ciencia política y económica, para crear el Estado nuevo.
Y en esta magna obra fuimos detenidos; y por ella estamos proscriptos del gobierno de la república. ¿Es posible parar el sol en su carrera? No habrá otro Josué que pueda detenerlo; ni detener el progreso de la Nación. La soberanía del pueblo, el cuerpo y el alma de la argentina, crece, se vigoriza y se abrillanta; fuera del parlamento, en el vasto recinto de su territorio, la Nación misma delibera en silencio; y se da sus leyes inviolables; elabora su progreso y escribe su historia inmortal.
Corresponde a la Unión Cívica Radical, realizar esta nueva etapa histórica: terminar la obra, en este próximo cuarto de siglo.
Fueron colocados los cimientos, en épocas de bonanza; la tarea podía entonces realizarse pausadamente; nada apresuraba la caída del viejo edificio. Pero vino la reacción conservadora, y por apuntalarlo con sus bayonetas, todo lo caduco, se ha venido abajo; estamos entre las ruinas de las constituciones viejas; y cosa admirable, sólo quedan en pie, las piedras angulares que colocó la Unión Cívica Radical.
Hoy estamos en pleno caos institucional; y por lo mismo, los problemas del Estado apremian; son un peligro nacional inminente. La Nación debe ser reconstruida por la Unión Cívica Radical, con su doctrina y acción; tiene a su frente el amplio y luminoso camino de la ciencia moderna del Estado; puede elegir lo mejor y realizar lo más seguro y benéfico para la prosperidad de la república. Esta es su misión histórica; porque los demás partidos, caminan extraviados; los unos tiran hacia la reacción y la dictadura; y los otros empujan hacia la anarquía y el comunismo; y ninguno de ellos tiene fuerza ni inspiración popular para comprender y realizar esta época de la historia humana.
La Unión Cívica Radical, por mandato del pueblo iba realizándola; y va a consumarla. La concordia, la paz y el progreso de la Nación, ya no es posible sin establecer, el nuevo orden jurídico y económico, que tiene sus bases fundamentales en la constitución; por eso, es necesaria y urgente su reforma. Inspirado en los ideales de la Unión Cívica Radical, como su diputado en el Congreso Nacional, tuve el honor de presentar este proyecto, mucho antes de la dictadura; y de cuyos fundamentos son estas palabras: “Laboremos en tiempo y en completa libertad, para que mañana no tengamos que lamentar la revolución o el golpe de estado y legislar bajo la presión de la dictadura, procedimientos condenables, pero fatal consecuencia de la imprevisión o del capricho de los intereses creados”.
Y presiento y afirmo, que esta faz histórica sólo podrá ser realizada por la Unión Cívica Radical, fuerza social de vida y alma de la democracia argentina, que esta alumbramiento político, salvará y afianzará el nuevo concepto de la libertad, de las garras de la revolución o del sable de la dictadura”.
La providencia que gobierna nuestros destinos, ha creído necesaria la dictadura para destruir, a fin de apresurar la obra; pero al mismo tiempo, ha confiado a la Unión Cívica Radical la reconstrucción institucional de la Nación.
Henos aquí, frente a la magna obra para continuarla y consumarla. Tan fundamental renovación de valores, cual lo exigen los progresos jurídicos y las reivindicaciones populares, sólo cabe en una reforma constitucional.
 El nuevo concepto del Estado, exige una más perfecta democracia. La soberanía del pueblo debe ejercerse por una forma representativa más fiel y más capacitada; de aquí la necesidad de modificar nuestra organización parlamentaria; implantando la revocatoria del mandato desde el Presidente de la nación; el plebiscito y la iniciativa popular para la sanción de las leyes; la representación corporativa integral y libre y no parcial y forzosa como la fascista.
El nuevo concepto de la libertad, función de solidaridad colectiva, impone reformas fundamentales en el capítulo “Derechos, declaraciones y garantías”; para consagrar que el trabajo humano ha dejado de ser una mercancía, que la propiedad y el capital privados son legítimos como funciones sociales, etc.
La moderna economía social, nos dará un nuevo concepto del valor; del trabajo humano, de la propiedad y el capital privados y de las leyes de producción y de distribución de la riqueza. Y de aquí surgirá el nuevo orden económico; que puedo concretar en este breve cuadro. En la política económica internacional; abolir la cláusula de la nación más favorecida y celebrar tratados de comercio a base del intercambio de productos con fijación de precios y tarifas preferenciales, para asegurar la colocación de nuestra exportación; y al mismo objeto, instituir un organismo financiero del comercio exterior. En la política económica interna, proseguir la obra de dignificación y bienestar del trabajador; y la capacitación de sus gremios; dotándoles de cajas de seguros sociales; legislar sobre el capital privado, y sobre la tierra, como funciones sociales, para asegurar la mejor organización de la industria y la utilización y explotación del suelo, fuente del alimento y la vivienda del pueblo. En la política financiera, proseguir la reordenación del presupuesto para atender a las nuevas funciones del Estado y para mantener su economía y equilibrio; y proseguir la reforma tributaria, iniciada con el impuesto progresivo a las grandes rentas; y completarla con el impuesto progresivo a las grandes fortunas.
Realizar la reforma educacional, desde la escuela primaria a la universidad, sobre las bases del proyecto del presidente Yrigoyen de 1918; y las orientaciones de la pedagogía moderna.
Y reformar la organización de nuestras fuerzas armadas, democratizarlas, con el concepto de que el verdadero y glorioso ejército nacional, el que custodia la integridad y la dignidad argentinas, es el pueblo mismo; la nación en armas; y por tanto darle mayor eficiencia técnica; para lo cual debe reducirse el servicio militar, y llamar toda la clase; dar instrucción de tiro a todos los ciudadanos; y hacer de los militares de carrera, los técnicos instructores, tal cual lo aconseja la ciencia y la experiencia de la gran guerra.
Todo esto y mucho más comprende la magna obra de la renovación del Estado; y toda está contenida en los ideales de la Unión Cívica Radical. Ella es la augusta madre de la Nueva Argentina; que renace y se transforma por el vigor de su juventud para proseguir sus destinos inmortales.

Señores:
He llegado al final de esta larga y fatigosa exposición, y os presento mis excusas. No podéis reprocharme mi emoción y mi éxtasis ante la magnificencia de la obra; toda una época de la historia nacional!
Contemplo el caos en que vive la República; los dolores y las reivindicaciones del pueblo; la herencia de gloria de nuestros padres y el deber de custodiarla y acrecentarla; la juventud, el vigor y la altivez de nuestra raza; y miro que las multitudes marchan por caminos heroicos, hacia conquistas institucionales; hacia el sol que nace para saludar la Nueva Argentina!
He aquí la obra de la presente generación y de las futuras. Las viejas falanges, ya hicieron su obra y cayeron invictas y gloriosas en el abismo del tiempo; de ellas nos quedan veteranos de medio siglo de campañas cívicas que encabezan la columna con sus abanderados ilustres. Y detrás, sigue la enorme caravana de las generaciones nuevas engrosada año a año, con la brillante falange de la juventud; como si llegara a la sagrada invocación de Alem: “Pertenece principalmente a las nuevas generaciones. Ellas le dieron origen y ellos sabrán consumar la obra; deben consumarla!
Y ved, glorioso apóstol; mirad por toda la República; y contemplaréis, la juventud de pie, como en las grandes épocas históricas, en que se hizo patria; ella también, la juventud, buena, sana, viril; la que no puede vivir sin el aire de la democracia y la libertad; la que no conoce mayor nobleza que la de su argentinidad; la que llama a todos los hombres del mundo y se abre a todas las ideas, porque sabe fundirlas en el crisol de su grandeza; y la que custodia y muere por la Constitución y la bandera de la Patria.
Y en esa juventud, va comprendida su más hermosa florescencia, la mujer argentina que es la belleza material y moral de la Patria; que es su símbolo tremolando la inmortal bandera; porque es madre y esposa y reina en el corazón de los ciudadanos; porque es amor y virtud; abnegación y sacrificio; y porque es crisol que purifica para la Historia, la gran familia argentina.
Esa buena y heroica y perenne juventud, es la Unión Cívica Radical; y su obra, es la Nación superándose siempre, en una Nueva Argentina, hasta la hegemonía mundial.



























Fuente: Conferencia pronunciada en el Comité Nacional de la UCR el lunes 15 de agosto de 1932 en “La Voz del Interior” digitalizado por Marcos Funes.


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