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sábado, 21 de octubre de 2017

Hugo Gambini: "Las órdenes secretas de Perón" (27 de mayo de 2002)

El haber incursionado en el tema de la represión política durante los primeros gobiernos peronistas no solamente produjo sorpresa en los lectores de mediana edad. Estos descubrieron una versión diferente de la leyenda angelical construida para reivindicar políticamente aquellos años, y eso era lo esperado. Pero resulta que el artículo "Hace cincuenta años se dio una orden de represión feroz, hoy poco conocida" (publicado en esta página el viernes 3) paralelamente despertó la curiosidad de muchos ciudadanos que se mostraron interesados en conocer la procedencia del documento que allí se mencionaba. Se trata del memorándum Orden General N°1 (Prevención-Represión) , firmado por el presidente Juan Domingo Perón el 18 de abril de 1952, en el cual encargaba a los poderes nacionales y provinciales, más la CGT y las ramas masculina y femenina de su partido, "la misión de aniquilar a las fuerzas adversarias, dirigentes y perturbadoras, con todos los medios y con la mayor energía y decisión, ante cualquier preparativo o intento de alteración del orden público".

Es importante advertir que ese documento ya no era un texto inédito. Pero antes vale la pena reiterar que, del original, hace cincuenta años se hicieron suficientes copias mimeográficas para ser distribuidas, en forma reservada, a las máximas autoridades de entonces. Las recibieron gobernadores, ministros y secretarios de Estado; jefes de reparticiones oficiales, de centrales sindicales y de organismos partidarios oficialistas. Como es obvio, dichas copias fueron celosamente guardadas por sus receptores, pues, llegado el caso, podrían servirles como certificados de órdenes superiores. Algo así como la obediencia debida, pero en el ámbito político.

Tras el derrocamiento de Perón, la mayoría de esas copias desaparecieron, del mismo modo que se evaporaron tantos papeles y fotografías comprometedoras. Algunos las pusieron a buen recaudo, previendo que con el tiempo adquirirían carácter de piezas históricas. Y lo eran. La única excepción de entonces fue la del contralmirante Alberto Teisaire, que en vez de esconderlas las usó de escudo protector. Teisaire era un ladero de Perón de la primera hora, desde que ambos habían compartido el poder en la dictadura militar de 1943-1946. Su fidelidad le iba a reportar las más altas jerarquías: primero fue elegido senador nacional por la Capital, tras un fraude interno en perjuicio del laborista Luis F. Gay; luego, presidente de la cámara alta, y más tarde, ungido vicepresidente de la Nación, en los comicios de 1954. Simultáneamente, Perón lo pondría al frente del Partido Peronista, lo que en la práctica significaba convertirlo en su número dos.

Apenas asilado Perón, Teisaire protagonizó uno de los más increíbles episodios de deslealtad, pues enseguida se ofreció al bando triunfante para revelar públicamente todo lo que sabía de los entretelones de aquel gobierno. Hasta apareció en un film documental relatando detalles de persecuciones políticas, de corrupción administrativa y otras miserias por el estilo, siempre alegando en su descargo que "Perón nos obligaba a todo eso". Esa imagen repelente haría estallar las plateas de los cines de barrio, donde los antiperonistas le gritaban "¡Caradura!"; los peronistas, "¡Traidor!", y ambos bandos coincidían, por primera y única vez, en vociferar un mismo calificativo frente a las pantallas: "¡Alcahuete!" Fue tanta la bronca que, como bien recuerda Miguel Bonasso en El presidente que no fue (Planeta, 1997), "el ingenio popular lo bautizó Antonio Tormo, por el folclorista a quien llamaban "el cantor de las cosas nuestras"".

Esa obsecuencia -tan abominable cuando sirvió al peronismo como cuando lo hizo con el antiperonismo- fue la que lo impulsaría a solicitar aquella presentación espontánea ante el gobierno de la Revolución Libertadora. A la semana de instalado el presidente Eduardo Lonardi, en la mañana del 1° de octubre de 1955, Teisaire entró en la Casa Rosada con una carpeta llena de papeles. Los había encabezado con un Memorándum para información del presidente provisional , y lo que pondría en sus manos era nada menos que los documentos confidenciales, firmados por Perón, que aún tenía en su poder. Lo hizo, según expresó, porque "no tengo por qué guardar consideraciones para quien no las tuvo con nadie".

Pero la Orden General N°1 ya había sido detectada en el Ministerio de Defensa Nacional, pues apareció archivada entre los papeles de su titular, el general José Humberto Sosa Molina. Al ser girada al Tribunal Superior de Honor del Ejército, el juez de instrucción militar, general Benjamín Rattenbach, debió verificar su autenticidad porque se trataba de una de las tantas copias mimeografiadas. Hasta que se comprobó que el texto coincidía con una orden similar del ministro Sosa Molina, firmada de puño y letra el 23 de abril de 1952, cinco días después que la de Perón.

INCITACIÓN A LA VIOLENCIA

También apareció entre los papeles un folleto titulado Plan Político 1952 - Situación Subversiva. Apreciación y Resolución , concebido por el abogado Román A. Subiza, otro perverso funcionario de aquel gobierno, que estaba al frente del ministerio de Asuntos Políticos. El plan de Subiza proyectaba la destrucción de los partidos opositores -iniciada en 1951 con el cambio tramposo de circunscripciones electorales- y la sumisión política de los empleados públicos, bajo la amenaza del despido. Este folleto, que Teisaire había enviado a los gobernadores, dirigentes partidarios y sindicales de todo el país, era similar hasta en la fecha a la Orden General N°1 y fue reconocido por Sosa Molina, lo que también les sirvió a los jueces militares para demostrar la autenticidad de la Orden .

Finalmente, la Orden sería calificada de "incitación a la violencia" e incluida en las consideraciones del tribunal castrense para emitir el fallo del 27 de octubre de 1955, que aconsejaba que se le quitaran a Perón el grado militar y el uso del uniforme. El escrito resaltaba dos aspectos fundamentales de la mencionada Orden . Uno, cuando advierte que "en caso de atentado contra el Presidente de la Nación se debía contestar con miles de atentados, cuya ejecución quedaba librada a la CGT y al Partido Peronista". El otro, la revelación que emana del propio texto, al confirmar que "se confeccionaron listas de entidades y personas opositoras que deben ser suprimidas".

Ratificada la sanción por decreto 2034/55, una copia de la Orden quedaría incorporada al expediente como anexo al capítulo III, de "consideraciones previas". Para mayores datos, "a fojas 42 a 46", como dicen los abogados. Y se la menciona especialmente en el punto A, referido a la imputación de "sembrar el odio en la familia argentina e incitar a la violencia y al crimen" (fojas 119-120). Así surge de la lectura del fallo, cuyo texto se autorizó a publicar al año siguiente por disposición del decreto 14.988/56. Como se ve, estamos ante la existencia de un documento público y -como veremos- publicado.

Aquellos ejemplares de la temible orden confidencial conservados por los ex funcionarios fueron heredados por sus familiares hasta ir desapareciendo. Pero, como siempre ocurre, no iba a faltar quien tuviera el original y lo deslizara hacia las manos de un periodista. Felizmente en este caso, fue a parar al cuidadoso archivo de Félix Luna, que hace diecisiete años decidió darlo a conocer en el apéndice de Perón y su tiempo. Tomo II . La comunidad organizada (Sudamericana, 1985), una de las investigaciones más serias y documentadas sobre tan discutido período.

SUPRIMIR A LOS OPOSITORES

"Falucho" Luna incluyó, además, varias reproducciones facsimilares, entre ellas la carátula de la Orden con el sello "secreto confidencial y personal"; la página con la firma autógrafa de Perón, y un fragmento de las listas de opositores que debían ser "suprimidos", encabezado por los siguientes, nominados en orden alfabético: Andrés A. Amil, Gerardo Andújar, Luis Antón, Juan Carlos Arias, Armando Balbín, Ricardo Balbín, Clotilde Sabattini de Barón Biza, Germinal Russo, Lorenzo Blanco, Roberto Cabiche, Enrique Calot. Estos son los únicos nombres que Falucho reprodujo en el libro, pero nos contó que al revisar la letra ele descubrió que se encontraba incluido él también, debido a su militancia juvenil en el radicalismo (aunque por pudor no lo consignó).

De manera que no hay ningún misterio sobre la procedencia del memorándum reservado, el que hace ya mucho tiempo dejó de ser un secreto confidencial. Sólo carecía de la merecida difusión para un conocimiento correcto de nuestra historia contemporánea, y eso es lo que ahora se le ha otorgado, por aquello de que los lectores de diarios son muchos más que los devoradores de libros.

Pero hay más, porque la investigación de Luna revelaría, asimismo, la existencia de otro memorándum parecido, que se denomina Directiva para la prevención y represión de posibles actos de perturbación o alteración del orden público en la Semana de Represión (13 al 18 del corriente mes) . Se trata de un cuadernillo, esta vez de diez páginas mimeografiadas, del cual se imprimieron 66 ejemplares marcados con la leyenda "Estrictamente Confidencial y Secreto", los que fueron distribuidos en agosto de 1951 (ocho meses antes de la Orden ), y cuyo original está a buen resguardo en poder de Falucho.

Si bien eran todas directivas secretas, las sospechas de una represión violenta quedarían en descubierto cuando Perón, que escribía con el seudónimo "Descartes" en uno de los tantos diarios de la cadena oficial, estampó esa vez el siguiente párrafo: 

"El pueblo debe saber la verdad. Si se altera el orden, si hay atentado o asesinato, su reacción ha de dirigirse sobre los verdaderos culpables y dar un escarmiento que, por ejemplar, se recuerde por varios siglos"( Democracia , 16/VIII/1951).

Eran indicaciones bien claras de lo que, llegado el caso, podrían hacer los partidarios del gobierno con el respaldo de las fuerzas policiales. La represión sonaba terrorífica, a juzgar por los siglos de recordación que presuponía, y se encuadraba, como siempre, en una repulsiva ilegalidad, pues no se la decretaba oficialmente sino a través de órdenes secretas.

Lo que nadie imaginó fue que el hábito castrense de la prolijidad les jugaría una mala pasada a los autores de tantos mensajes confidenciales. Preparados cuidadosamente por un comandante de la Gendarmería (Guillermo Solveyra Casares), certificados con la firma de un general del Ejército (Juan Domingo Perón) y custodiados por otro general (José Humberto Sosa Molina) y un almirante de la Armada (Alberto Teisaire), fueron conservados con un esmero del que se jactaría el propio entregador, cuando aclaró que "los había guardado bajo siete llaves".

Medio siglo después, esos papeles duermen en el segundo piso del Superior Tribunal de Honor del Ejército. Y como son documentos públicos, pueden ser consultados por cualquier ciudadano que se interese en investigar esta parte de nuestra historia.









Fuente: “Las órdenes secretas de Perón” por Hugo Gambini para La Nación del 27 de mayo de 2002. 
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domingo, 3 de septiembre de 2017

Alvaro Lafuente: "Un capítulo de la tortura en Misiones” (28 de agosto de 2015)

En los principios de la década de los cincuenta del siglo pasado, tuvimos los misioneros la ingrata visita de los Hermanos Cardozo, temibles sujetos por ser conocidos torturadores, el mayor era Comisario de la Policía Federal, el menor no era nada, pero andaba en las andanzas del hermano “porque le gustaba”.

Gobernaba en Misiones el Coronel Reguero, un obsecuente del peronismo, que paso por aquí con más pena y sin ninguna gloria. Tiene la triste “gestión” de haber dado la misma Casa de Gobierno para las torturas de los Hermanos Cardozo.

En ese año se vivía tiempos de agitación y violencia política, con una profunda crisis económica inflacionaria y “agio y especulación” que motivó la clausura de mucho pequeños negocios (almacenes) y detención por supuesta violación de precios de muchos almaceneros.

El escenario tenía muchos presos políticos, entre otros Alfredo Palacios, Ernesto Repetto, líder socialista con 80 años cumplidos, el constitucionalista Carlos Sánchez Viamonte, el conservador Federico Pinedo, de la cultura como Lucas Demare, Osvaldo Fresedo, director del Tango y Atahualpa Yupanqui, el radical Ricardo Balbín, Arturo Mathov y el economista Félix Elizalde (luego Presidente del Banco Central en la Presidencia Illia 1963-1966), el dirigente laboralista Cipriano Reyes, los militares Coronel Carlos Federico Toranzo Montero, General Benjamín Menendez, Capitán Alejandro A. Lanusse, y general Lonardi, por una supuesta conspiración, pero liberado se puso a conspirar.

Estos temibles sujetos, los Cardozo, al frente de una Brigada policial, llegaron con varias “misiones de detención”, al primero en detener en Posadas, fue a Aldo Lombardero, pero buscaban a sus hermanos Miguel y Horacio y les dijo que estaban en Encarnación, Paraguay. Lo llevaron la Casa de Gobierno donde lo picanearon “para ablandarlo para que no hiciera líos en Encarnación cuando fueran”.

Fueron a Encarnación pero no encontraron a los que buscaban, y continua su relato Lombardero, que lo llevaron a la Comisaria 1º donde lo volvieron a torturar en busca de “armas” y les dijo que la única arma que tenía era una escopeta que le prestó su socio el Ingeniero Malvicino. Y tuvo miedo que torturaran a otros. En la Comisaría 1º identificó al Oficial Lazo,(con el tiempo sería Jefe de Policia, gestión que terminaría con varias causas judiciales en su contra). Este era el ambiente de enfrentamiento en los primeros años de la década del Cincuenta, que los argentinos no queremos se vuelva a vivir, una sociedad enfrentada. Lós líderes políticos se esforzaron por la pacificación nacional, Perón tuvo un pacto para darle los votos a Frondizi y que el país se desarrolle, cuando volvió en 1972 lo hizo como “Prenda de Paz” y Balbín en su sepelio expreso “éste viejo adversario viene a despedir a un amigo” cerrando el enfrentamiento que dividió al país. Pero los Hermanos Cardozo no descansaban, tenían varias “misiones encomendadas” que luego se justificaría el Oficial Cardozo “eran órdenes y tenía obediencia debida”.

Una de ellas, la “Comisión Visca” por el Diputado Nacional que la presidía y tenía la finalidad de acallar la prensa opositora, en especial los diarios, (hoy esto no ocurre) el primer “objetivo” era el Diario “El Día” de propiedad de mi Padre, el Dr. Ambrosio César Lafuente, había que cerrarlo y lo cerraron, no se le entregó más papel que monopolizaba el estado y el diarios no pudo salir más, no pudo hacer frente a sus obligaciones salariales y de costos, mi padre estaba acompañado por sus colaboradores Rolando Olmedo, Mariano Diaz, entre otros, y los trabajadores prestaban todo su apoyo, igualmente se remataron las máquinas impresoras del Diario para pagar las deudas y además, sospechamos legítimamente un “encargo” del Gobernador Reguero, una de las “razones” de sus inquinas contra nuestro padre, era que los Hermanos Cardozo debían detener y llevar a Bs.As. (con inconfesables propósitos, ya habían provocado la muerte a causa de torturas del dirigente Ingeniero Pablo Dellepiane) al dirigente radical Líder Robaldo, que estaba procesado por desacato al Presidente Perón, y mi padre, que era su defensor le consiguió un apresurado sobreseimiento judicial y les arruino la detención.

Otras de las inquinas de Reguero, es que a raíz de la muerte de Eva Perón, este le pidió un Club deportivo que mi padre presidía, siendo de su propiedad privada, para poner un cajón fúnebre vacío y llevar a la gente allí a llorar como si estuviera el cuerpo de Evita.

Producto de una mente de obsecuencia fúnebre. Mi padre le dijo que no prestaba el club, porque consideraba que no era una honra fúnebre a la Primera Dama. Esa fue la única razón de la negativa, no porque era en ese momento Presidente de la Unión Cívica Radical, Comité Capital. Allí Reguero le hizo tres admoniciones, que le iba a expropiar el Club, que el “funeral” se iba a realizar y que lo iba a meter preso por “desacato” por ésta situación.

Cumplió las tres, realizó el “funeral con el cajón vacio”, le hizo expropiar su propiedad privada, y lo denunció por desacato que le costaría la detención, pero el Juez advertido de la presencia de los Hermanos Cardozo y en convivencia con el Comisario de la Comisaria 1º podían maltratarlo, lo hizo detener en la Comisaria 3º y le dicto un rápido sobreseimiento.

Fue en la época de Reguero cuando los Hermanos Cardozo agredieron físicamente con golpes en el rostro a mi padre al salir del Diario, y al defenderse y ayudado por sus colaboradores los atacantes se retiraron, mensaje de Reguero. Hoy también hay mentes en tinieblas obstruyendo nuestros derechos, haciendo que el Tribunal vaya contra actos propios, absurdo jurídico y un verdadero escándalo judicial, pero esto lo solucionaremos en Tribunales. Quisimos evocar estos hechos, que afectaron la libertad de expresión de ideas, a trabajadores y fundamentalmente a nuestra familia. Y decir NUNCA MÁS.










Fuente: “Un capítulo de la tortura en Misiones” por Álvaro Lafuente en Misiones Opina, 28 de agosto de 2015.


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domingo, 27 de agosto de 2017

Isidoro Gilbert: "Cuando el estudiante Bravo fue un desaparecido" (4 de junio de 2001)

Fue como una premonición de lo que vendría. El 17 de mayo de 1951, se produjo un secuestro que conmovió a la opinión pública, el del estudiante comunista Ernesto Mario Bravo. Sacudió a un gobierno tan asentado hasta entonces en las masas populares como el de Juan Domingo Perón y despertó las adormiladas almas golpistas que finalmente lo derrocarían el 16 de setiembre de 1955.

El gobierno peronista fue duro, y tenazmente enfrentado por la oposición, incluso con incursiones terroristas. ¿Quién comenzó la porfía?; lo real es que ya en 1948, es asesinado durante una huelga azucarera en Tucumán, el mozo afiliado al Partido Comunista, José Antonio Aguirre y un año más tarde, entre otros muchos casos, fueron picaneadas mujeres telefónicas que reclamaban reivindicaciones. Al tucumano, lo mataron a palos y picana eléctrica. Las torturas se concretaron en la tristemente célebre Sección Especial de Policía en los principios de los '30. La picana, ese invento del hijo de Leopoldo Lugones, usada a discreción se hizo norma.

El estudiante socialista Luis Alberto Vyla Aires, fue brutalmente golpeado en 1949 antes de ser encarcelado largamente a disposición del Poder Ejecutivo, la fórmula de entonces para mantener detenidos a centenares de obreros, profesionales, estudiantes, que combatían a Perón.

1951 fue un año bisagra, porque se preparaba la reelección del líder justicialista, en un marco de crisis económica cada vez más fuerte y una situación internacional signada por la guerra de Corea, donde Perón no quiso participar después que una movilización ferroviaria de los entonces talleres de Roque Pérez cubriera las calles de Rosario. "Haré lo que el pueblo quiera", proclamó. Y se desdijo de un compromiso de enviar tropas a la dividida península. Cincuenta años hace que en la calle Paysandú 1822, del barrio porteño La Paternal, mientras se preparaba para almorzar la policía llegó desde edificios aledaños y tomó preso al estudiante de Química Bravo. El no era militante universitario, sino que estaba destinado por la juventud comunista en la preparación propagandística del Festival de la Juventud y los Estudiantes que ese año debía realizarse en Berlín Este, con respaldo de la Unión Soviética. Esa misma noche, su madre, Margarita Matarazzo, me encontró escuchando un mitin de la Unión Cívica Radical frente al monumento del Cid Campeador. "Se llevaron a Ernesto", me relató. Desde es momento, mi vida tomó otro giro.

LARGO CAUTIVERIO

Desde ese momento, hasta el 24 de junio en que apareció en una comisaría del barrio porteño de Villa Pueyrredón, solo un grupito de personas, supo de las penurias del joven estudiante, víctima de martirios infernales. La denuncia la hicieron los estudiantes comunistas que movieron cielo y tierra para lograr su libertad. Los días pasaban sin ningún elemento alentador. Como reacción, la FUBA, (Federación Universitaria de Buenos Aires) presidida por el más tarde célebre escritor David Viñas declaró la huelga universitaria que se cumplió con éxito en todas las facultades porteñas. La FUA y las federaciones regionales adhirieron al paro estudiantil que contó también con el apoyo del movimiento secundario.

Bravo permaneció secuestrado y torturado en la Sección Especial de la Policía que estaba en la calle Urquiza al 500. Recibió apremios brutales bajo las órdenes del comisario Cipriano Lombilla. Este y los comisarios Amoresano y Wasserman, participan de las sesiones de torturas. No soportaron el silencio de Bravo sobre dónde se imprimían los panfletos, y menos aún que replicara con golpes a los primeros que le asestaron sus verdugos. Tan mal lo dejaron, picana y palizas de varios polizontes que su vida estuvo en el filo de la navaja. Lombilla se asustó luego de días de flagelo porque las Universidades comenzaban a ser un hervidero, aunque la prensa, no decía nada sobre el episodio, y las cárceles se poblaron de estudiantes solidarios.

Un médico vinculado al dirigente del radicalismo, Miguel Angel Zavala Ortiz, el Dr. Alberto J. Caride, fue llamado para atender al joven. Caride, se entiende, tenía vínculos con la policía. Pero con sus curaciones le salvó la vida. Pero para poder liberarlo requería de un período de recuperación. El ministro del Interior, Miguel Angel Borlenghi supo del atropello y reclamó una solución cuando el clima estudiantil estallaba. Lombilla en los primeros días de junio trasladó a Bravo a una quinta situada en Paso del Rey. La intervención de este médico policial y hombre de la Iglesia salvó al estudiante. Caride y su familia debieron refugiarse en Montevideo una vez que informó del caso a los diputados Zavala Ortiz y Silvano Santander, furiosos antiperonistas quienes hicieron la denuncia al juez Conrado Saadi Massue.

A las tareas de agitación que se inició en la facultad porteña de Química, aula por aula, se sumaron los estudiantes de Ingeniería y de Arquitectura. Un día llegó la policía. Los estudiantes salieron en manifestación por la calle Florida y avanzaron hasta la sede del diario La Nación para que la denuncia y la protesta tuviera repercusión pública. Este relator habló ante una multitud normal para un mediodía en la calle más concurrida. La huelga se extendió a todas las facultades porteñas y poco a poco, a casi todo el país. El juez finalmente ordenó la libertad de Bravo, que Perón acató.

LA COMPLICIDAD DEL MOSQUITO

Su liberación fue seguida con el procesamiento y condena de Lombilla y Amoresano. Bravo pudo ubicar la quinta de Paso del Rey. Al oído del juez le reveló que había marcado una pequeña hoz y un martillo, el escudo comunista, tapado por un mosquito muerto, debajo de una ventana que le permitió mirar algo del lugar. Es lo que vio el magistrado al correr lo que quedaba del insecto. Ante prueba tan irrefutable y el estado calamitoso del joven, el gobierno le bajó el pulgar a sus torturadores.

Bravo llegó a recibirse de doctor en Química en la Universidad de Buenos Aires y en 1961 integró un contingente de voluntarios para trabajar en Cuba, donde se quedó hasta ahora. Ha desarrollado una importante labor de cátedra, fue profesor de Química Orgánica de algunos de los actuales dirigentes del gobierno cubano, como Carlos Lage. Con su esposa, la norteamericana Stella Segal de Bravo, ha sido guionista de sus premiados documentales, uno de ellos, sobre los niños desaparecidos, filmado en los años 80. Stella es la directora de los mejores retratos de la inmigración cubana en Miami, entre muchos otros. Bravo es miembro de la Academia de Ciencias de Cuba.

Mientras duró el cautiverio de Bravo, hubo amagues de golpe de Estado, un pretexto para desprenderse del peronismo. La alta jerarquía eclesiástica, nerviosa por el papel de Eva Perón en la vida pública, se distanciaba de su marido y algunos de los dignatarios unieron lo útil, orar por la libertad del secuestrado, con sus objetivos golpistas. En agosto de ese año, una huelga ferroviaria alcanzó un nuevo clímax para la conspiración que estalló en setiembre, bajo el mando del general Benjamín Menéndez, un viejo conspirador. Perón fue reelecto en noviembre por abrumadora mayoría. El luego escritor David Viñas, que encabezó la huelga universitaria porteña, fue al sanatorio con una urna a recibir el voto de la hospitalizada Evita, como fiscal de la Unión Cívica Radical.

Bravo fue operado para arreglarle malas soldaduras naturales de sus huesos quebrados por la golpiza y necesitó de años para su recuperación. Fue el primer secuestro de la segunda mitad del siglo XX. No sería el último.




El "Estudiante" Ernesto Mario Bravo junto a su esposa Stella Segal de Bravo.








Fuente: "Cuando el estudiante Bravo fue un desaparecido" de Isidoro Gilbert nota publicada en el suplemento Bitácora de Montevideo, 4 de junio del 2001. 
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martes, 9 de junio de 2015

Félix Luna. "Frente al horror de la picana" (24 de febrero de 2005)

Cuando uno es víctima de torturas, siente el castigo en su pellejo, pero también una humillación, una indefensión y un estado de inferioridad que degradan y angustian el ánimo. A veces miro retrospectivamente los días y las noches que pasé en prisión, y creo recordar que mi ansiedad tenía que ver con la defensa de mi propia dignidad y una lucha para no dejar que se abatiera el autorrespeto. Pero esta lucha, esa defensa, son difíciles propuestas cuando uno enfrenta el horror de la picana.

Me detuvieron el 1º de agosto de 1951. Yo había pasado la noche anterior en Avellaneda, asistiendo a la convención que proclamó candidatos de la UCR a la presidencia y vicepresidencia de la Nación a Balbín y a Frondizi. Estuve con amigos, escuché los discursos de los candidatos y antes de volver a mi casa llamé por teléfono para avisar que en un rato estaría allí. Una de mis hermanas me atendió y me dijo, casi en lenguaje cifrado, que esa noche había estado la policía buscándome. Quedé alelado. Volví adonde estaban mis correligionarios, pregunté un poco y al rato alguien me avisó que Emilio Gibaja estaba detenido desde el día anterior. Bastó este dato para deducir de dónde venía el problema. Una semana antes, él y otros compañeros habían estado en casa organizando una volanteada en apoyo de los ferroviarios en huelga. Era una operación común entre las actividades del Centro de Estudiantes, pacífica y rutinaria. Yo había ayudado a preparar los paquetes, pero no había ido porque no tenía lugar en el automóvil del compañero uruguayo que llevaría al grupo a alguna estación ferroviaria donde se haría la panfleteada. Bien: si era eso -pensé-, se trataba de algo tan insignificante que no podía convertirse en motivo para sentirme perseguido. No íbamos a tirar bombas ni a hacer sabotaje, sino a arrojar unos impresos conteniendo la solidaridad de la FUBA con los fraternales en huelga.

Mientras regresaba a Buenos Aires decidí presentarme a la policía, tomando algunos recaudos. No quería que volvieran a molestar a mi familia ni me parecía lógico convertirme en un prófugo por semejante zoncera.

* * *

De modo que aquella tarde, mal dormido como estaba, sin regresar a casa, fui al Departamento de Policía, a la oficina de Orden Gremial, donde estaba radicado el expediente, según habíamos averiguado. Desde luego, se había comunicado a los abogados del partido, Ricardo Mosquera Eastman el primero, que me presentaría voluntariamente.

Me recibieron con corrección y dijeron que tenían que tomarme declaración en una comisaría de Boulogne, en la provincia.

-¿Por qué Boulogne? -pregunté, extrañado.

-Porque allí se cometió el delito -me respondieron.

La palabra "delito" me sonó rara y exagerada. Por represivo que fuera el régimen gobernante, la panfleteada distaba mucho de ser un delito. Ignoraba yo, a pesar de mi flamante título de abogado, que la investigación policial se relacionaba con un presunto "delito contra la seguridad del Estado", una figura penal sancionada por el Congreso meses atrás, que imponía penas tremendas a los responsables de cualquier hecho que un juez pudiera considerar como capaz de poner en peligro la seguridad pública. Virtualmente, cualquier cosa podía caer en la categoría de "delito contra la seguridad del Estado", pero, además, los procesados según esta ley no gozaban del beneficio de la excarcelación ni de la libertad condicional: una vez presos seguirían presos hasta el fin del juicio, aunque después de varios años de detención se estableciera su inocencia.

* * *

Subimos a un auto y me llevaron a Boulogne, un viaje de media hora. Durante el trayecto charlamos de cualquier cosa con los canas, que en realidad nada tenían que ver con la investigación. Llegamos a la comisaría y, entonces, el clima distendido del viaje cambió totalmente. Me hicieron dejar en un mostrador todo lo que llevaba encima, dinero, llaves, agenda, y me ordenaron sacarme el cinturón, los cordones de los zapatos y hasta los anteojos. Los que me trajeron se habían ido después de haberse hecho firmar el recibo. Entre el recibo y el expolio, empecé a sentirme un preso, un simple preso sujeto a todas las arbitrariedades imaginables. Luego, sin atender a mi pedido de que al menos me dejaran los anteojos, me empujaron al interior de la dependencia policial, tan fea e impersonal como cualquier otra. Atravesamos una oficina grande, un patiecito, se abrió una reja, me indicaron un corredor con puertas metálicas a los costados y con un ominoso ruido de llaves abrieron una de ellas.

¡Qué curiosa la naturaleza humana! ¡Cómo se busca el menor detalle para mejorar una situación de total derrota! Mientras me empujaban suavemente para que entrara al calabozo, uno de los que me llevaban, un agente de uniforme con cara de monito y acento correntino, me dijo:

-Entre, doctor... Y este trato me hizo sentir mejor; por una fracción de segundo sentí que algo insignificante de mi decoro se había salvado. Entré y vi en la penumbra del calabozo a tres muchachos tirados en el suelo: Gibaja, José Azarola y su hermano.

* * *

Con voces transidas, en un susurro, me contaron. Dos días antes, el sábado, la policía había detenido a Azarola, dueño del auto desde donde se tiraron los panfletos en la estación de Boulogne. No había sido una hazaña del ingenio policial: simplemente, alguien tomó el número de la chapa. También había caído su hermano, que no tenía nada que ver. Los trajeron a Boulogne, los interrogaron picana mediante y Azarola dijo todo lo que sabía, lo que realmente no era para criticar. Mencionó a los que habían participado en la volanteada. El siguiente en caer fue Gibaja, a quien, como estaba con un ataque de asma, permitieron que se demorara un rato en su casa antes de traerlo. En el intervalo, su hermana Perla había alcanzado a avisarle a Mario Seoane para que escapara; en efecto, Mario desapareció y días más tarde pasó al Uruguay, donde se quedó hasta 1955. Ni a Lunardello ni a mí pudieron avisarnos, por lo visto. A Gibaja lo habían picaneado la noche anterior.

-A vos -concluyó Azarola con tono lúgubre- seguro que te toca dentro de un rato.

Pero uno nunca cree que el dolor o la muerte le van a tocar la puerta. Traté de levantarles el ánimo, les aseguré que el asunto era una pequeñez. Ciertamente lo era; fue años después cuando me di cuenta de por qué la policía se tomaba tanto empeño en este grupito insignificante de estudiantes que habían tirado unos panfletos inocuos. De todos modos, sacando buen espíritu de donde no lo tenía, alcancé a bromear:

-Muchachos, la solución de esto es muy simple: ¡fugarnos! -les dije.

Mi chiste no fue festejado y yo estaba exhausto. No había dormido la noche anterior, casi no había comido nada en toda la jornada y naturalmente estaba nervioso, preocupado y con miedo. Me tiré en uno de los colchones leprosos y dormité un rato escuchando los cuchicheos de mis compañeros. Pero a medida que avanzaba la noche, nuestra tensión aumentaba. Se acercaba la hora de "la máquina". Los muchachos, con sólo dos días de experiencia, tenían muy estudiada la rutina de la comisaría. Decían que cuando se apagara la luz del pasillo, venían a buscar a la víctima. Todos, sin darnos cuenta, teníamos los ojos fijos en la rayita luminosa que se vislumbraba bajo la puerta. Hasta que, efectivamente, la luz del corredor se apagó. Se oyeron unos pasos y se abrió la puerta.

-¡Gibaja! Yo estaba dispuesto para mi turno, pero le tocaba de nuevo el martirio al pobre Milo, flaco, debilucho y asmático. Salió sin decir palabra y la puerta se cerró. Al rato, asordinados pero claros, se escucharon unos gritos. Murmuré:

-¿Sentís? Azarola asintió, mudo. Nadie hablaba en el calabozo. No sé cuánto tiempo habrá pasado hasta que Gibaja volvió, más entero de lo que yo había supuesto. Puteaba por lo bajo, y cuando alguien putea es que no está vencido del todo. Dejamos que se acostara; por suerte, el asma lo dejó tranquilo. Minutos después se apagó de nuevo la luz del pasillo y llamaron:

-¡Luna! Esta vez no dijeron "doctor"... Salí con toda la dignidad que pude. Me vendaron los ojos. Empezaba mi ordalía.









Fuente: Fragmentos de "Encuentros a lo largo de mi vida" de Félix Luna publicados en el Diario La Nación del 24 de febrero de 2005.

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sábado, 26 de julio de 2014

Emilio Gibaja: "Estaba Preso" (26 de mayo de 2010)

Días atrás pude ver por televisión un programa conducido por la señora Nara Ferragut, en el que se formulaba la siguiente pregunta: 

"¿Qué estabas haciendo cuando murió Evita?"

Me sorprendió la pregunta, pero decidí contestarla públicamente.

Estaba preso en el cuadro 10 de la cárcel de Villa Devoto (desde mayo de 1952 hasta enero de 1953). 

Eramos más de cien los detenidos en ese cuadro: socialistas, radicales, estudiantes de la FUBA (la de entonces), anarquistas del Sindicato de Plomeros, independientes y los «eslavos» procesados por la ley 4144, que llevaban 3 años presos.

Yo lo estaba en mi doble condición de radical y universitario que me oponía a la dictadura de Perón, desde ese día «viudo de Eva Duarte».

Durante 30 días debimos rendir un «espontáneo» homenaje diario, parados delante de nuestras camas a las 8.25, hora fijada para que «la señora pase a la inmortalidad».

De no hacerlo, éramos enviados por 30 días al «triángulo de castigo», por orden del director de Institutos Penales, señor Pettinato, a quien Kirchner rindió homenaje hace pocos días.

Eso hacía yo y muchos en el país ese 26 de julio de 1952 en «honor» de quien era admiradora de Hitler, Mussolini, Franco, etcétera, y protegía a los nazis llegados al país.



 Emilio Ariel Gibaja (Centro) Abogado. Presidente de la FUBA en 1954. Director de Prensa y Relaciones de la Presidencia de la Nación durante el gobierno de Illia. Secretario de Información Publica de la Presidencia de Raúl Alfonsín hasta mayo de 1985.








Fuente: Emilio Gibaja: "Estaba Preso" en Carta de lectores del Diario La Nacion del (26 de mayo de 2010) 
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sábado, 29 de marzo de 2014

Esteban Lijalad: "Entrevista al periodista Rodolfo Pandolfi" (abril de 2011)

Rodolfo Pandolfi murió poco después de esta entrevista, tras un infarto fulminante. Puedo decir que yo era amigo suyo, a pesar de la diferencia de edad. Hablábamos todas las semanas, comentando las novedades políticas. Sabía hablar y, raro, escuchar. De esas charlas fue naciendo la idea de grabarlas y dejar  un testimonio. Él  alentó ese proyecto, pero desgraciadamente no lo verá concluido.

 Fue una gloria del periodismo argentino, desde la Revista Contorno, en épocas de Perón, hasta su función como jefe de la sección política de la mítica Primera Plana. Confirmado fue otra de sus revistas. Escribió reportajes a presidentes, crónicas políticas,  infinidad de libros, el último de los cuales- escrito en colaboración con Emilio Gibaja- me obsequió: "La democracia derrotada. Arturo Illia y su época". Era demócrata, con un padre italiano, expulsado de Italia por Mussolini. Antiperonista, sí, antiperonista, como en aquella época dura se decía. Antifascista, anticomunista y antiperonista. Todas posturas muy desafiantes para esta época light donde todos son, extrañamente, peronistas , socialistas y demócratas  al mismo tiempo. El sabía que esa era una unión contra natura.

Reproduzco ahora la que ha sido su última entrevista:

EL: Rodolfo, hacenos una semblanza personal tuya.

RP: Yo ya si bien era muy chico, tenia conciencia de lo que sucedía, porque en mi casa se hablaba continuamente de política, era una casa muy politizada, de manera que yo ya a los seis años sabía lo que era la guerra española. Por supuesto de una manera muy confusa, como era lógico. Viví la caída de Madrid y en seguida la Guerra Mundial, en que se vive en un doble sentido en una familia antifascista, en la que mi padre había sido militar italiano y se tuvo que ir de Italia (aunque él era argentino, fue a Italia en la Primera Guerra a pelear). Además vivíamos en Barrio Once, donde nuestros amigos eran judíos de manera que todo esto hizo que se viviera con mucha intensidad la política y en especial la Segunda Guerra Mundial.

Yo tenía 10 u 11 años y escuchaba la BBC de Londres y vivimos por ejemplo, la batalla de Stalingrado como si estuviéramos de algún modo allí. Por supuesto, el desembarco en Normandía, etc.,

Esto, entonces, se refleja luego en como percibimos al peronismo, en cuanto Perón era percibido como fascista…

EL: Volvamos a tu carrera.

RP: Como periodista empecé en publicaciones estudiantiles, en el Movimiento Reformista, en la Revista Centro, del centro de estudiantes, en la revista Sagitario y en Contorno, un grupo de los hermanos Viñas, de Rozitchner padre, de Sebrelli, de Massotta,etc.

Luego pasé por diversos medios: Diario El Mundo, Clarín hasta que nació Primera Plana, donde fui el encargado de Política y durante un tiempo, mano derecha de Jacobo Timerman. Después fui a Confirmado, donde cubrí todos el periodo 73/74. Yo tenía dos amigos muy cercanos a Perón, que trabajaban para el en Puerta del Sol. Ahí tengo una anécdota muy interesante. Un día recibo un llamado en Confirmado desde la residencia de Perón. Era evidente que lo hacían bajo las órdenes de éste:

“llama a los responsables de política de los diversos y medios y comunicale esto”.

Me dice; “ a ver, a ver: cuando Perón vuelva a Argentina, como va a ser el discurso de Perón?”

Yo le respondo, en base a mi mentalidad “gorila”:

“Va a hacer lo de siempre, que cada uno lo pueda interpretar como quiera: que los Montoneros lo interpreten como apoyo a los Montoneros, la CGT como apoyo a la CGT, etc.….”.

Me dijo: “Cero. Perón en el poder no es así.”

Perón ya había echado a Galimberti y advertido a los Montoneros que no jodieran. Perón no es marxista, eso es una simple postura.

“Va a hacer un anuncio muy terminante y muy claro: déjense de joder, el país está en guerra. Y acordate de esta frase” Tiendo mi mano a los viejos adversarios pero frente a los infiltrados haré tronar el escarmiento”

Llega un pibe cuyo padre trabajaba en Confirmado y le digo “Va a haber problemas en Ezeiza”. “ah, ya te salió el gorila” me respondió. Perón había encargado a Osinde la seguridad del acto y los Montoneros no querían pasar desapercibidos, querían copar el acto. Y después pasó lo que pasó. Perón los echó de la Plaza el primero de mayo, Perón les dice a los de la CGT:

“¿Que esperan para tomar venganza?”

EL: Sigamos con la época del primer peronismo.

RP: Durante la época de Perón la revista Contorno se dedicó a publicar temas de letras y filosofía y se politizó mucho al abrirse la libertad de prensa y poder hablar contra el Gobierno…

Éramos “gorilas” pero las ideas eran ideas equivocadas, íconos: no dejábamos de reconocerle cosas al peronismo, no éramos ajenos al viento de la historia que había en esos momentos, por ej. en la Inglaterra de los Laboristas, etc. Pero eso lo aplicábamos fundamentalmente al análisis del peronismo. En una nota mía de Contorno llamada “17 de octubre: trampa y salida” se notaba la idea de un doble juego, era una trampa, pero era una salida porque abría el camino a los trabajadores, etc.

La lucha contra la Iglesia del peronismo era un punto de unión: éramos anticlericales, laicistas lo cual no implicaba que aceptáramos la quema de iglesias.

Había mucha esperanza en que se manejara bien la apertura a los trabajadores. El país estaba dividido en dos mitades. En las elecciones del 46 el peronismo gano 52 a 48. Hubo errores de parte de Unión Democrática, un exceso de catalogar a Perón como Nazi. Es cierto que lo identificábamos con el fascismo. Hubo en el gobierno militar de 1943 un Ministerio de Educación manejado por Martínez Zubiría ,un nazi confeso, la Alianza Nacionalista en la calle como grupo que atacaba cafés donde se reunían judíos, en mi barrio, en pleno Once. Pero fue un exceso decir “Peronazi”, como decían los comunistas. Era una acusación, a los ojos de muchos, excesiva y por lo tanto, ineficaz.

Pero al mismo tiempo éramos muy severos con los conservadores, los monopolios, etc. Esta cosa de “gorilas de izquierda” éramos, con muchos matices. Y finalmente nos expresó mucho la candidatura de Frondizi.

EL: O sea tomar lo bueno entre comillas de la política de Perón, pero darle un marco democrático.

RP: Exactamente

EL: Volvamos un poco para atrás. El 17 de octubre, ¿como lo viviste, tenes experiencias directas de esa jornada?

RP: Fue una gran sorpresa. En mi familia nadie lo esperaba: ni mi familia directa ni mis tíos. Después del 12 de octubre – fecha muy olvidada, con una manifestación democrática en Plaza San Martín, - después del 23 de septiembre, que había sido la Marcha por la Constitución y la Libertad, en la que los diarios daban dos millones de personas manifestando. Yo había ido a la manifestación de festejo por la liberación de París. En fin, todo estaba muy relacionado con el desarrollo de la Guerra mundial. Cuado los aliados perdían, mi mamá lloraba.

Si vos lees el manifiesto del GOU, o analizas la Alianza Libertadora Nacionalista, o si ves el clero fascista- que por cierto no era todo, vos ves a Monseñor Dandrea, la revistas cristianas, eran antifascistas y antiperonistas, no eran todos – tampoco en España fue todo el clero franquista. Pero la conducción del clero – copelliana- sin duda era profascista. Obviamente no apoyaban los campos de concentración, pero cuando nosotros le tirábamos lo de los campos, ellos nos tiraban lo de Hiroshima.

EL: Era ver quien tenía más muertos en su cuenta.

RP: Sí, exactamente. Volviendo al 17 de octubre, fue una gran sorpresa. El 23 de septiembre del 45 había habido una gran manifestación. La Unión Democrática no se creó en esos días, se creó antes, contra Castillo, ahí la historia se salteó eso, al igual que los periodistas nuevos que ignoran cosas básicas. Se crea en mayo del 42, en el contexto de la guerra y agrupa a conservadores, radicales, comunistas, y la CGT, con la que inicialmente contábamos, porque la tradición del movimiento obrero era socialdemócrata y anarquista. Contábamos también con algunos militares y con algunos curas, muy minoritarios (Dandrea, etc.) y curiosamente…. Muy antiperonista, estaba en un barrio obrero y Filipo absolutamente nazi, justificaba el antisemitismo

EL: Sí tengo testimonios de sus sermones en la Redonda de Belgrano, muy antisemitas.

RP: Esto hace que la visión nuestra sobre Perón no fuera como la que tenían los demócratas brasileros sobre Vargas, que había mandado tropas a Europa con los Aliados. Había luchado en Montecassino, no tenían esa idea sobre Vargas. Si bien este tenía algunas ideas similares, sobre la necesidad de las corporaciones, pero respetaba los compromisos internacionales, según los cuales los que atacan a un país americano atacan a todos los países americanos. Argentina tenía una posición neutralista, por no decir profascista. Castillo era profascista, lo mismo que Fresco. Por supuesto la represión era muy dura: los palos policiales, los gases, los tiros, los muertos en actos de la Unión Democrática agredidos por grupos policiales o parapoliciales, la policía montada por ejemplo, recorriendo mi barrio (que cuando podíamos les tirabamos bolitas para que se caigan los caballos). Perón no tenía la opinión pública a su favor. Pero que pasa: la situación económica al terminar la Guerra es muy buena por las exportaciones. Entonces ahí viene una serie de leyes sociales- algunas ya estaban, se le atribuyen a Perón pero ya estaban, lo que pasa es que no se aplicaban, se negociaban sectorialmente. La situación económica era favorable. La mayoría de los diarios (La Prensa, La Nación, El Mundo, Clarín) estaban con la Unión Democrática, y ellos tenían Democracia, El laborista, El Líder… pero eran muy poco influyentes. Crítica estaba con la Unión Democrática y era muy importante porque era popular y al mismo tiempo publicaba editoriales y tenía gente como Borges, que escribía sobre temas culturales…era muy influyente.

Bueno, termino el secundario entro en la Facultad de Filosofía a estudiar la carrera de Filosofía

EL: Entras a Filosofía atraído por que cuestiones: la teoría, el pensamiento…

RP: No , no tenía una línea, pero me interesaba Kant, la fenomenología de Husserl, Sartre que estaba muy de moda, Camus. Nosotros recitábamos, emocionados, a Paul Elouard, “la libertad”, pero ellos coqueteaban con los nazis. “Las Moscas” escrita en el 43, era de alguna manera Heidegger llevado al teatro…

La gente creo que tiene una visión distorsionada en la Argentina de las grandes diferencias que había entre el fascismo y el nazismo. El nazismo tenía elementos del paganismo y se embala muchísimo con el Psicoanálisis, no Freud, porque era judío, pero sí Jung: no dice “raza”, pero dice “inconciente colectivo”, el hermano de Goering era el presidente de la Asociación Psicoanalítica Alemana  Eso no lo hacía el franquismo, por ejemplo. Heidegger llevaba una vida muy poco eclesial, convivía con su mujer y su amante que era nada menos que Hanna Arendt…

EL: A pesar de lo que se dice, hubo serios enfrentamientos entre la Iglesia católica alemana y el nazismo.

RP: Sí, yo tengo escrito un libro sobre ese tema. Bueno volviendo al relato, entro a Filosofia y Letras en el 51

EL: Los profesores, ¿que tendencia tenían?

RP: Había excepciones, como por ejemplo Astrada, pero lo que predominaba era una tendencia peronista conservadora muy del peronismo tradicionalista, de sesgo conservador popular con algunos claramente fascistas como Guemes, en Historia.

EL: ¿Y que clima había en la Facultad?

RP: Éramos todos antiperonistas. Todos. Había control: los “tiras”. Al final los policías te terminaban contando que eran tiras. Vos tenías que saber que había tiras y si querías hacer una denuncia tenías que saber a quien recurrir. Hubo un episodio que nos sorprendió a todos. Hubo una reunión que se hizo en Bahía Blanca con gente de la marina, una reunión “preconspirativa” como se llaman. A diferencia de lo que pasa hoy en día, en esa época era “te mato o me matas”, había un enorme grado de enfrentamiento. Y hubo una reunión y tipos de la Federación Juvenil Comunista que habían entrado en un doble juego con Real, denunciaron esa reunión, por lo cual se expulsó del centro de Estudiantes a los comunistas, no obstante lo cual la policía seguía fichando como “comunistas” a todos los que estaban en el Centro de Estudiantes.

Yo estuve preso. Había un fenómeno de delaciones, de teléfonos pinchados. Yo tenía que organizar una volanteada, pero por razones prácticas eso no se hizo…no obstante lo cual como se iba a hacer y hubo conversaciones telefónicas bastante imprudentes, entonces me pusieron preso por una volanteada que no se hizo. Yo tenía un portafolio donde debía haber llevado los volantes. Bueno, el procedimiento policial fue correcto, te trataban de usted, de señor, tenía 18 años, hoy en día te dicen “boludo, hacé esto”, pero no era el uso en esos tiempos. Salvo cuando había incidentes. Me llevaron a la Comisaría Primera, me tuvieron ahí pero me tuvieron un ratito en un calabozo y después me llevaron a una sala grande y después vino de Juez de Faltas. La acusación que me hacían era “agresión a la autoridad”. Algo disparatado porque yo no los agredí a ellos ni ellos a mí. Fui a juicio al Tribunal de Faltas, el Juez me dio un arresto de diez días en Devoto. Tuve una conversación privada con el Juez, en un aparte, “yo ya se que todo esto es loco” me dijo. ”Usted se imagina que yo, flaco y anteojudo pudiera agredir a la policía”, le digo. “Si usted lo hubiera hecho la pena sería mucho mayor. Todo esto no tiene sentido. Pero sabe que?- me dice- a usted le conviene que lo condene, le doy solo 10 días y nadie lo va a molestar más. Si yo lo absuelvo lo van a poner a disposición del Poder Ejecutivo. “Había incluso peronistas disidentes en esas condiciones, dos años presos a disposición del PE.

Fui a Devoto. Había presos por hablar mal del Gobierno. Porque existía una ley sobre “Difusión de rumores”. Alguien protestaba en el almacén y había tiras que lo denunciaban. Había tiras en todos los lugares públicos, bares, cines, restoranes…No era el fascismo pero nosotros lo vivíamos así…

EL: O sea, si bien era duro no era…un exceso de represión. Ustedes de algún modo se construían un enemigo…

RP: Sí, nos encanaban con facilidad, pero nos trataban bien, salvo cuando se mezclaran con un grupo terrorista. A Milo Gibaja lo torturaron mucho bajo esa acusación. El estuvo en la voladura de rieles. Aun así fijate que el policía que lo torturó después le mandó una carta pidiéndole disculpas…

EL: Es decir, era un fascismo “a la argentina”, no a la alemana o la italiana.

RP: Claro, Hubo casos. Nosotros nos metíamos con el Gobierno, pero el Gobierno no se metía mucho con nosotros, por que – y esto te lo contaba la policía- cuando te encanaban, te decían “mira yo estoy acá ganando 180 pesos, y vos vas a ser un abogado importante”

EL: A mi me dijeron lo mismo en Devoto, en la época de Onganía: “Hoy ustedes están acá, y mañana son diputados…”

RP: Exacto. Salvo que estuvieras en acciones terroristas. Ahí si. Terrorismo hubo poco, pero hubo. Lo más importante fue la bomba en Plaza de Mayo, no el bombardeo que fue un acto, condenable o no, un acto militar, un acto de guerra sino el atentado terrorista en una concentración peronista, que fue en el 53, donde hubo varios muertos. Pero no eran “revolucionarios” de derecha, eran de izquierda, su modelo era el Maquis. Medio fantasiosos no?, pero era el Maquis. Eran la resistencia de izquierda a un gobierno dictatorial, fascista.

EL: Pero mataron gente.

RP: Sí, si. Ellos todavía no se llamaban “comandos civiles “ se llamaban resistentes, pero ahí hubo cuatro muertos y heridos. Un acto de guerra es una cosa, poner una bomba en una concentración pacífica es otra.

Por parte del peronismo, los más perseguidos son los “cabecitas negras” por que son los que no tenían defensa. No tenían abogados.

EL: ¿Quienes eran esos “cabecitas negras”?

RP: Indios. Hubo dos grandes represiones de indios. Una, de coyas en el 46. Tengo un amigo que está trabajando en ese tema. Y la otra fue la de los pilagaes. Y ahí hablan de más de mil muertos.

EL: Ese fue un genocidio oculto. Con un componente racista- contra los “indios”- y que fue cuidadosamente ocultado. Es un tema digno de ser investigado. Quien dio la orden y quien dio la orden de ocultar la orden…

RP: No hay una explicación clara. Siempre las zonas de frontera, en este caso con Paraguay son muy sensibles. Había un cierto clima de guerra, en esos tiempos. La hipótesis de guerra con Brasil, por ejemplo, que se mantuvo hasta hace muy poco. Estuvo quizás ligado a un tema en relación al Paraguay, de una inmoralidad tremenda, a gente que no había hecho nada, que sabía nada y menos de estrategia

EL: Sentías en la vida cotidiana una represión, un control…

RP: Sí, en especial la persecución económica. A mi padre le cerraron los negocios. Era un opositor, era provocativamente opositor…Argumentando razones de espacio- que nunca pudimos entender- Mi padre había llegado a tener seis negocios de alimentos en estaciones ferroviarias. Eran concesiones. No se pagaba alquiler. Mi padre era titular del fondo de comercio, y no podía vender ninguna mercadería que no fuera de Swift. Los cerraron por “razones de espacio”, obviamente falsas porque después se instalaron otros negocios. Lo más común era persecución por “agio”, por “carestía de los productos”, las leyes contra la especulación. Un caso muy conocido fue el de Mu Mu, que se negó a darle la cuota a la Fundación Eva Perón. Ahí se tragaba como locos. Se hacían cosas pero se tragaba… La Fundación tenía empresarios a los que habitualmente exigía la entrega de dinero, y pocos se oponían a eso. Aparte de la propaganda había tragadas sensacionales. Lo acordado era 50 y 50, que después fue muy común en otros “impuestos revolucionarios”, por ejemplo los Tupamaros en los secuestros extorsivos. Eran negocios. Dicen que los de Mu Mu eran del partido comunista…Había todo un aparato empresario comunista.

EL: Los intelectuales, casi todos eran antiperonistas, pero también había intelectuales peronistas: Marechal, la gente de FORJA.

RP: Sí, pero durante el peronismo no tuvieron ninguna influencia. En cambio, en épocas de Frondizi aparecieron, como formas de peronismo no reconocidas del todo como peronistas. Pero Jauretche…Discepolo, el famoso tango “cambalache” siempre se interpretó como una crítica a los gobiernos conservadores, pero no es así: era una critica al gobierno de Yrigoyen…

EL: Como viste la etapa final del peronismo, la Revolución Libertadora…

RP: Yo era un antiperonista estricto, sin dejar de reconocer aspectos positivos, que se pueden leer en los artículos que yo escribía en Contorno. No era una postura primitiva. Yo me acerque a una postura cristiana, lo que sería la democracia cristiana, no obstante lo cual en la Facultad yo estaba en el Reformismo, no en la Liga Humanista, Había mucha gente religiosa en esa época, cosa que ahora no existe. La religión era aun importante para muchos jóvenes, en el intento de dar respuesta a los grandes interrogantes: la vida, la muerte.

Tengo un breve paso por las juventudes socialistas y luego entro en el radicalismo. Entro a través del frondicismo. Frondizi sí expresaba bastante lo que yo pensaba. Era una idea del Desarrollo, una posición moderna, con referencias a la Justicia Social. Todos éramos bastantes nacionalistas en lo económico, todos éramos “víctimas del imperialismo”, cosa que ya hoy en día cambió.

La libertadora como la vemos? Hay un momento de gran entusiasmo, era como la liberación de París. Pero había una serie de figuras que nos daban recelo. Un grupo de nacionalistas que no terminábamos de tragar. Pero nada es simple de explicar. Ahora todo parece fácil, pero en aquel momento había una gran mezcla de cosas, buenas y malas.










Fuente: Testigos del Peronismo Real (1943-1955): “Entrevista a Rodolfo Pandolfi” por Estéban Lijalad, abril de 2011 publicado en el sitio Con-Texto de Ernestina Gamas, abril de 2011.
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jueves, 13 de febrero de 2014

Emilio Gibaja: "Días de picana y celda" (13 de noviembre de 2009)

-¿Cómo era "Falucho" Luna como compañero de celda?
-Jodón, alegre, se lo pasaba inventando coplas, cantando... le gustaba mucho el folclore. Tan jodón que, a posteriori, yo siempre recomendaba a correligionarios con posibilidades de caer presos por razones políticas que en sus declaraciones mezclaran a "Falucho"; con él entre rejas la iban a pasar muy bien.

-¿Cuándo los detuvieron y por qué?
-Fue durante el primer gobierno peronista, en agosto del 51. Nosotros estábamos en el radicalismo, duramente enfrentado con aquel régimen. Y, como estudiantes universitarios, militábamos en la Federación Universitaria Argentina, que también era un bastión opositor al peronismo. Eran tiempos muy duros, de mucha confrontación política. En agosto de ese año los ferroviarios nucleados en la Fraternidad, un gremio que el peronismo no podía doblegar, integrado a nivel de sus conducciones por radicales y socialistas fundamentalmente, fueron a la huelga a lo largo y ancho del país.

-La huelga que tanto irritó a Evita...
-¡Tanto que ella misma se metió en una asamblea para presionar en función de que levantaran la huelga, pero la huelga siguió! Bueno, lo cierto es que la FUA respaldó a la Fraternidad y salimos a la calle. Uno de los líderes de ese movimiento fue Luna. Un día nos agarró la Bonaerense, nos llevaron primero a una comisaría de Boulogne y ahí, bueno...

-¿Los torturaron?
-Sí, sí...

-Picana...
-Picana.

-"Más duele recordarlo", dice un personaje de André Malraux que pasó por lo mismo.
-Costos de luchar por lo que uno cree.

-Luna lo recuerda en su libro "El 45", cuando en el 68 lo va a ver a Perón a Madrid para rematar el libro. Creo que dice algo así como: "Estoy ante el rostro del general cuyo retrato abominé mientras me picaneaban en una celda?".
-Sí, sí; es más, cuando "Falucho" le recuerda ese hecho Perón le responde: "Nosotros no picaneábamos". Y "Falucho" le dice: "A mí y a mis compañeros, sí".

-¿Terminaron en la cárcel?
-Sí, de Boulogne nos mandaron a Olmos.
                                         
-Para esa época, ¿ahí no estaba preso Balbín?
-Lo habían puesto en libertad un tiempo antes, sí, claro. Incluso nosotros, todo el radicalismo, lo iba a ver a Balbín a Olmos. Es más, nuestra causa cayó en manos del juez Menegazzi, que también había entendido en el proceso de Balbín. Y en Olmos estuvimos dos meses; luego nos soltaron. Y se fue consolidando mi amistad con "Falucho".

-¿A quiénes tuvieron como abogados defensores? Me imagino que a todo el radicalismo. Usted en su libro sobre Illia dice que el radicalismo está poblado de abogados o algo así?
-¡Mire quiénes nos defendieron: Amílcar Mercader, Juan Ovidio Zabala y Eric Calcagno! Luego Zavala agarró para la UCRI.

-¿El que liquidó los tranvías en tiempos de Frondizi?
-El mismo.

-¿Eric Calcagno es el padre del actual senador kirchnerista y ex embajador en Francia?
-Efectivamente.

-Cuando dos años después de la Libertadora se parte la UCR, usted se queda con Balbín y Luna se va con Arturo Frondizi. ¿Cómo siguió su relación con "Falucho"?
-No nos permitimos que ese hecho dañara nuestra amistad.

-Primó lo humano?
-Que no es poco...

























Fuente: Diario Rio Negro online El Recuerdo de "Milo" Gibaja: "Dias de Picana y Celda"  (13 de noviembre de 2009)
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