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martes, 26 de mayo de 2020

Miguel Laurencena: “Discurso Programa del Gobernador” (1 de octubre de 1914)




Debo mi investidura al esfuerzo cívico de un partido, y mi acción de gobernante a la tarea de procurar el bienestar y el progreso de Entre Ríos, con los criterios, orientaciones y conceptos preestablecidos en el programa fundamental y en las inspiraciones proclamadas por aquella agrupación.

Consecuencia de ello es, que me siento singularmente obligado a secundar con todo mi esfuerzo el movimiento democrático y de franca acción comiciaria que se ha iniciado en las filas del pueblo, pues siempre ha sido una aspiración preponderante en los anhelos de mi partido la de obtener la equipación efectiva de todas las actividades ciudadanas, así sean las que propenden a conservar el gobierno conquistado por los que breguen por verificar la reconquista del que se hubiere perdido.

No obsta a este propósito el natural derecho que asiste al gobernante de apoyarse en el partido propio; pero esta declaración me obliga, de inmediato, al compromiso solemne –que contraigo sin violencia, porque encuadra en viejas convicciones de mi espíritu- de no corresponder a ese apoyo con recursos que, por ser de gobierno, pertenecen a todo el pueblo y cuya prestación a determinado partido, desnaturaliza y pervierte la esencia y las formas del sistema representativo que consagra el gobierno para todos.

Formulo con claridad este concepto porque es como la consagración de una vieja aspiración ciudadana a cuyo servicio he dedicado largos años de mi vida. Reconozco a los partidos triunfadores el derecho de hacer prevalecer en el gobierno sus tendencias, pero les niego el derecho de crearse ventajas de otro orden, capaces de desmedrar la legitima posición de las agrupaciones vencidas que, vencidas y todo, representan un acervo democrático y las amparan irreductibles derechos derivados del principio de la igualdad política.

Impuesto por estas ideas y propósitos, es mi resolución consagrar especial esmero a la organización policial y confiar su desempeño a personas socialmente calificadas por su probidad y por su aptitud para desarrollar una acción que abarque todas las manifestaciones fundamentales del gobierno y que constituyan el factor indispensable y permanente de colaboración en la obra que diseño.

Por una persistencia sensible de preconceptos erróneos, el ejercicio de la función policial ha venido desarrollándose en disonancia con su verdadera misión social, con lo cual ha labrado su descrédito y dado pábulo al sentimiento generalmente hostil de la opinión publica.

A remediar decididamente esa deficiencia, ha de ir encaminada la acción de mi gobierno y si es que no confío demasiado en mi propio esfuerzo y en el de los colaboradores que llamaré a la tarea, he de colmar en mi periodo la aspiración publica de dar a la provincia una policía de acción ecuánime, respetuosa y trascendentalmente justa.

Por lo que hace a mis conceptos sobre la situación económica de la provincia, debo adelantaros que ella se desenvuelve dentro de un sensible inorganismo, calificado por una marcada desorientación de tendencias, proveniente, en gran parte, de su propia incipiencia de la heterogeneidad de factor humano insumido en la tarea industrial y de las dificultades que una vialidad muy deficiente opone a la acción niveladora de las actividades e intereses que es cualidad esencial de una seria consolidación económica.

Esta definición del fenómeno determina la preferencia de los recursos que he de procurar para combatir esas deficiencias; el fomento de sus ventajas tradicionales, tiene la de homogeneizar el esfuerzo individual y colectivo; la implantación del crédito agrícola, que tan vigoroso influjo ejerce en la economía agraria, tanto mas útil y transcendental, cuanto mas se vincula a la acción particular que debe ser discreta y eficazmente estimulada por el gobierno; la expansión y el mejoramiento de las vías de transporte, a cuya obra he de vincular el esfuerzo patriótico y la iniciativa de los hombres progresistas; el estimulo a las asociaciones rurales, en general, son tareas que han de merecer mucha preferencia en el gobierno que me ha tocado presidir, no solo en razón de la importancia generalmente reconocida al factor económico, sino especialmente por la situación accidentalmente precaria porque atraviesan las empresas, así individuales como colectivas, vinculadas al trabajo y a la riqueza de la provincia.

Son notorias para V. H. las dificultades financieras que atraviesa el erario provincial.

Por causas cuyo estudio no corresponde al momento aquel, sufre el asedio de los titulares de una deuda irregular que ha llegado a sumar considerables proporciones y que en los momentos actuales es singularmente perturbadora, ya que no es posible pensar para solventarla en una consolidación en títulos, ni en una expansión de la renta proveniente de nuevos impuestos, ni en el recargo de los existentes.

Planteada así la cuestión de nuestra deuda flotante, no deja margen a otra solución que la que pueda darle un esforzado sistema de economías que es necesario realizar severamente, hasta los limites que lo permita la atención regular de los servicios del estado, postergando el natural anhelo de mejorar la condición, por lo menos financiera, de esos servicios, hasta que se logre la redención de aquella deuda y el ajuste de los saldos de las administración.

Tales son, a grandes rasgos, las ideas que han de presidir mi gestión. Pido a V. H. quiera secundar la obra que su desarrollo comporta. En ello esta interesado el bienestar de Entre Ríos y mi honor de gobernante.










Fuente: “Discurso Programa del Gobernador” por el Dr. Miguel Laurencena, 1 de octubre de 1914 en “La Trasmision del Mando en la gobernación de Entre Rios”, Diario Santa Fe Año IV, N° 1096, 2 de octubre de 1914.

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