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jueves, 26 de diciembre de 2019

Raúl Alfonsín: "Esto se llama (...) economía de guerra y es bueno que todos vayamos sacando las conclusiones" (26 de abril de 1985)

Compatriotas: yo les agradezco esta presencia multitudinaria. Sé muy bien que no han venido a expresar la adhesión a un gobierno, han venido a defender la democracia, porque otra vez — como tantas veces en el pasado— se ha intentado voltear no a un gobierno, sino al pueblo argentino.

Era necesaria esta presencia que muestra la fortaleza, no de un gobierno sino de la democracia y que exhibe una sociedad que no es indiferente sino que está dispuesta a luchar por conservar sus derechos. Esto es lo que hemos aprendido rápidamente en estos acontecimientos: la necesidad imperiosa de defender cada día y en todos los terrenos la democracia que hemos logrado; defenderla sin caer en el simplismo o en el facilismo de suponer que la culpa está siempre en un sector o que la culpa está en una institución.

Que no es cierto en este caso, como ha quedado demostrado. Los que pierden con la democracia son los que quieren sacarnos la democracia. Son nada más que minorías absurdas, minorías insignificantes que hacen o pretenden hacer la alquimia política y suponen que juntando trozos de la realidad pueden conformar un cuadro general. Porque conversan con algún militar retirado inquieto para ver cuándo son los estallidos sociales creen que tienen detrás a las Fuerzas Armadas. Porque hablan con algún trabajador descaminado suponen que tienen detrás a las fuerzas del trabajo. Y porque conversan con algunos políticos sin significación ninguna, suponen que está la vida política detrás de esa aspiración. Nada tendrán que hacer en el futuro.

Yo les agradezco esta presencia en nombre del futuro argentino, en nombre de nuestros hijos, porque está cierto, está a la vista, es verdad, que mientras el pueblo esté decidido a luchar por sus derechos nadie se atreverá a conculcarlos.

Es verdad, el pueblo unido, jamás será vencido. Y unidos todos le tenemos que decir a estos alquimistas de la política que si quieren llegar al poder digan con claridad su propuesta al pueblo, se sometan a las elecciones y ganen si pueden, pero no vengan aquí con la traición a la democracia.

El pueblo unido también les dice que la democracia es el orden y la dictadura es el caos. El pueblo unido les dice que la única anarquía, que el único caos y que la única desgracia irreparable que podemos sufrir los argentinos es la pérdida de nuestros derechos.

La democracia, en definitiva, y no el gobierno, es la que ha logrado este prestigio nuevo de la Argentina en el mundo. La democracia argentina lo ha recuperado para todos y en todos los foros internacionales es saludada y respetada.

Hemos defendido esa voluntad de los argentinos absolutamente en todas las manifestaciones internacionales donde hemos tenido que actuar. Hemos consagrado en diversos foros internacionales el triunfo de nuestros derechos en el caso de las Malvinas, triunfo que lograremos concretar a través de negociaciones pacíficas y con el auspicio y el apoyo de las democracias del mundo. Hemos luchado por la paz también en todos los foros internacionales y hemos dicho nuestra palabra sobre el desarme sin contenido ideológico, sino ejercitando nuestro derecho a la vida para impedir el holocausto que puede terminar con la civilización.

Hemos planteado nuestra posición permanente también en cuanto al problema de Centroamérica basado en el principio irrenunciable de no intervención, auto-determinación e integridad territorial.

Hemos impulsado en América Latina el Consenso de Cartagena, que no se mueve para la agresión, pero que sí busca con fuerza afirmar los derechos de los pueblos latinoamericanos, logrando justicia social y desarrollo dentro del marco de un nuevo orden económico internacional.

Hemos logrado que en el mundo se empiece a comprender la necesidad de efectuar una consideración política del problema de la deuda; y así, en las reuniones de Cartagena, de Mar del Plata o de Santo Domingo, vamos presionando para que se comprenda perfectamente que ninguno de nuestros países está en condiciones de pagar la deuda sobre el hambre de nuestros pueblos.

Tenemos relaciones correctas con todos los países de la Tierra. Con los Estados Unidos, con los que había habido nada más que unas fluctuaciones y a veces era el seguidismo y a veces era el conflicto, tenemos ahora una relación madura, sabiendo que hay intereses encontrados, que hay intereses comunes y que aún hay intereses contradictorios. Pero nos afirmamos en esa relación con autonomía y como país independiente; independencia que nos permite tener relaciones sin complejos de ninguna naturaleza, ni complejos tampoco con los países socialistas y con todas las naciones del mundo, porque es la bandera de la paz de la Argentina la que queremos que flamee en todas partes.

Hemos logrado con la democracia el respeto a la vida, el respeto a los derechos humanos elementales y hemos actuado de acuerdo, precisamente, con lo que anunciamos en nuestra propia campaña electoral Hemos terminado de cuajo en el país con la tortura, porque se ha sancionado una ley que da al torturador la misma pena que al homicida.

Hemos firmado los Pactos de San José de Costa Rica. Hemos reconocido al tribunal de los derechos humanos interamericanos. Hemos afianzado nuestra política en todos los campos de la actividad social de nuestro país, y estamos absolutamente decididos a seguir con esta política y a terminar con los juicios iniciados a los responsables de haber llevado adelante todo lo que fue el proceso que hemos sufrido, en el marco de la justicia, con jueces dignos, correctos y valientes.

También ha sido la democracia la que nos ha permitido realizar una tarea importante en el campo de las organizaciones sindicales. En la campaña dijimos que era absolutamente necesario, dentro de una democracia moderna, la presencia de sindicatos fuertes, solidarios y participativos, en el ejercicio de la democracia interna en la sociedad moderna.

Esto lo hemos logrado avanzando a veces con dificultades, pero firmemente en la normalización sindical, y hemos tenido como resultado una participación extraordinaria: En algunos sindicatos ha habido elecciones con más del noventa por ciento de participación, no porque lo haya querido el gobierno sólo —reitero—, sino porque el pueblo argentino está deseando votar, está deseando participar y no sólo lo quiere hacer en los comicios y en las elecciones generales, sino también en las fábricas, en el aula y en todas partes.

Pero ustedes no han venido esta noche a eso. No pretendo hacer un balance de toda la acción de gobierno. Dentro de pocos días daremos como corresponde cuentas de esto al Congreso de la Nación.

Aquí me interesa, sobre todo, hablarles de las dificultades extremas que vamos a atravesar.

Hemos heredado una situación difícil, dificilísima. Hemos heredado una economía desquiciada y un Estado devastado, lo que significa que al mismo tiempo que tenemos que operar debemos construir los instrumentos de la operación.

Es absolutamente necesario que se parta de esta realidad para comprender la necesidad de realizar todos un esfuerzo, porque todos estamos sin duda demandados en estos momentos desde tres puntos de vista.

En primer lugar, hay un reclamo legítimo de los sectores populares en búsqueda de reivindicaciones justas. Hay, al mismo tiempo, la necesidad de poner orden en la economía y esto ha de lograrse a través de un ajuste que va a ser duro y que va a demandar esfuerzo de todos. Por último, hay también una tercera demanda que es la necesidad de crecimiento de la economía, porque la recesión —cuando se mantiene en el tiempo— está desesperanzando a los pueblos e impide la realización definitiva de la democracia.

Es decir, en este estado difícil, frente a esta economía desangrada, tenemos que dar respuesta a requerimientos populares y, al mismo tiempo, tenemos que ordenar la economía y tenemos que crecer. Esto se llama, compatriotas, economía de guerra y es bueno que todos vayamos sacando las conclusiones.

Otros países han estado en peores situaciones que nosotros, ciudades devastadas y, sin embargo, levantaron sobre ellas nuevas ciudades.

Europa y Japón estaban destruidas hace cuarenta años y hoy están entre los países más ricos de la Tierra. Nosotros podemos hacer lo mismo en la medida en que nos mantengamos unidos, en la medida en que afiancemos los valores de la democracia, en la medida en que estemos absolutamente persuadidos que no necesitamos que nadie nos venga a decir desde afuera lo que tenemos que hacer.

Hay que hacer la revolución primero de las expectativas y de las esperanzas en la Argentina.

Tenemos que comprender para ello, si vamos a pedir el esfuerzo de todos, cuál es ese esfuerzo, y en consecuencia cuáles son las expectativas que podrán ser satisfechas y cuáles las que no podrán ser satisfechas. Y yo les digo hoy, en este acto, que por ejemplo no se puede esperar en este año un mejor nivel de vida, precisamente por la gravedad de esta situación.

Pero les digo también que el esfuerzo será equitativo y que primero que nada pediremos el esfuerzo de los que más tienen.

Les digo también que el esfuerzo que requerimos no será para que engorden los especuladores sino que será para que afiancemos las posibilidades de marchar hacia la
Argentina que todos nos merecemos. Vamos a hacer este esfuerzo.

Resulta prioritario hoy luchar contra la inflación. La inflación fomenta la dependencia. No necesita venir a decimos nadie lo que significa. Sin deuda o con deuda, con Fondo o sin Fondo, es absolutamente perentorio dar nosotros la batalla contra la inflación. ¿O acaso nos tienen que venir a decir que los que más sufren la inflación son los sectores más desposeídos o los asalariados? ¿O acaso nos tienen que venir a decir que la inflación es enemiga de la inversión?

Lo que aquí tenemos que comprender es que tendremos que realizar el esfuerzo todos, absolutamente todos: el gobierno, el empresariado y los trabajadores.

El empresariado tendrá que comprender que el Estado no puede ser el que lleve adelante la economía; se requiere de su imaginación y de su creatividad; se requiere de su acción y de su riesgo. Tienen que comprender también que esta etapa es de una economía de excepción, y manejar con austeridad todos sus procesos, el gobierno también.

Desde esta plaza les aseguro que con relación a los funcionarios políticos del gobierno vamos a actuar de manera más exigente que con ningún funcionario. Si hay alguno que crea que puede llegar a gozar del poder que vaya desde ya abandonando su puesto.

No es tiempo para negligencias ni para debilidades.

Vamos a trabajar con mayor eficiencia y en estas circunstancias difíciles observamos que no existe en cualquier rango la vocación de sacrificio suficiente para servirá su pueblo deberá abandonar su gestión porque no tiene que ser oirá cosa que un soldado en el campo de la batalla que vamos a librar.

Pero también tenemos que comprender que para cambiar esa inflación es absolutamente necesario disminuir el déficit fiscal y esto tiene dos aspectos fundamentales y uno de ellos es el gasto público. Vamos a disminuir el gasto público, pero todos saben que hay inelasticidades duras. Cuando llegamos al poder y de esto me hago absolutamente responsable, no quisimos que se produjera una sola cesantía, una sola prescindibilidad, porque creemos que era necesario no accionar con el empleo público como botín de guerra del tumo político.

De esa manera actuamos aunque conocemos y sabemos que hay empleos en demasía y vamos a hacer lo imposible para que esto no ocurra, porque dadas las circunstancias actuales en la actividad privada, sabemos que una cesantía significa condenar a la desesperación del desempleo a un compatriota.

Pero hay otras formas, vamos a seguir trabajando en todos los aspectos para disminuir los gastos y al mismo tiempo vamos a seguir congelando las vacantes y vamos a buscar sistemas de retiro voluntario. Necesitamos también, para terminar con el gasto excesivo, ser más eficientes en el manejo de las empresas del Estado y privatizar todo lo que haya que privatizar para lo cual vamos a pedir la colaboración del sector privado.

En lo que no se privatice y sean empresas de servicios públicos, vamos a reclamar la participación y la colaboración de los usuarios, ya sea en asociaciones barriales, en municipios o en cooperativas.

Vamos a trabajar, por otra parte, en el sistema tributario. Vamos a aumentar los impuestos, señores, porque tenemos que durante los años del “proceso”, se ha desquiciado el sistema impositivo y no alcanza para atender los requerimientos del Estado y al mismo tiempo ha ganado en inequidad convirtiéndose en uno de los sistemas más regresivos de la Tierra.

Cada vez tienen más importancia los impuestos indirectos formados sobre el consumo popular y cada vez tienen menos importancia los impuestos directos. Un ejemplo de ello lo da el impuesto a las ganancias, que llegó en 1984 a sólo el 0,6 por ciento del producto bruto interno.

El país que nos sigue en esa proporción, con relación al producto bruto interno, es Haití, con 1,37 por ciento; luego siguen Colombia, con más del 3 por ciento; diversos países de América Latina, como México, por ejemplo, con casi el 6 por ciento; España, bastante más; Francia, Turquía y Japón, con más de 10 por ciento; Estados Unidos, con el 15 por ciento; Dinamarca, con un 25 por ciento. Es decir que se han hecho cada vez más regresivos, como dije antes, y volcados sobre los sectores populares.

Hemos hecho ya y enviado al Congreso de la Nación, en esta difícil situación económica por la que atravesamos, nuestra reforma tributaria, con el propósito, en primer lugar, de dar una mayor equidad al sistema, reduciendo los impuestos indirectos; en segundo lugar, ayudar a sostener los gastos del Estado y disminuir el déficit público; y en tercer lugar, encontrar la forma de simplificar el impuesto y superar la evasión.

Pero además también, dentro de poco tiempo, así como alguna vez pedimos el esfuerzo, ahora lo vamos a hacer con los que más tienen y vamos a enviar un proyecto de ley por el cual se va a establecer sobre los contribuyentes del impuesto a las ganancias y a los patrimonios netos, es decir, sobre aquellos sectores que tienen posibilidades, un ahorro forzoso, con el propósito de superar la difícil situación por la que atravesamos.

También ha sido necesaria, y está en plena ejecución, la reforma financiera, con el fin de evitar la especulación, hacer transparente el sistema y dar la posibilidad al Banco Central de orientar con seriedad el sistema crediticio y monetario, con el fin de brindar capital de trabajo a los sectores productivos y terminar, de la manera más rápida que se pueda, con estos fenómenos de especulación que inciden contra el trabajo argentino. Este esfuerzo servirá para un crecimiento posible.

La Argentina ha de dejar de ser un país agro importador; tenemos que fincar nuestras fuerzas para el desarrollo en la exportación. Para ello tenemos que lograr que se den tres condiciones fundamentales: en primer lugar, una respuesta correcta de los sectores públicos. Ya tenemos la ley de exportaciones y estamos montando los mecanismos necesarios para implementarla con audacia. Pero esto no alcanza. Esto no basta. No podemos quedamos tranquilos en nuestra tierra esperando que vengan a comprarnos.

Se hace indispensable salir a defender nuestros productos, y para ello es que hemos decidido poner todo nuestro servicio exterior al servicio de esta política exportadora argentina.

Pero aun esto no alcanza. Se hace indispensable organizaría producción; para ello, y en consecuencia, se hace necesario una concertación entre el sector público y el de la producción, para ver de qué manera damos respuestas correctas a esta demanda creciente que esperamos venga del sector externo. De esta forma vamos a ir bajando la cuesta más rápido de lo que suponen los pesimistas, vamos a ir encontrando la manera de salir adelante con nuestra producción industrial, vamos a aprovechar al máximo nuestra capacidad instalada y vamos a reclamar inversiones de adentro y de afuera, porque se hace indispensable un trabajo permanente para poder superar el estancamiento, el atraso y la pobreza.

Vamos a trabajar para levantar el sector de la industria, y vamos a lograrlo sobre la base de diversas manifestaciones, pero comprendiendo que en el sector de la agro-industria tenemos posibilidades magníficas para colocar nuestros productos y nuestra maquinaria en el concierto de las naciones de América Latina y en el mundo entero.

Vamos también a pedir al productor agropecuario el esfuerzo que estamos reclamando permanentemente a todos los sectores.

Desde mucho tiempo atrás venimos diciendo que hay que terminar con esta idea absurda de que la explotación agraria está vinculada al atraso o, por lo menos, a lo tradicional. La vieja figura de la estancia antigua cada vez más es una fábrica y, en consecuencia, estamos resueltos a brindar el apoyo tecnológico necesario que brindaremos en todos los terrenos, ya sea en el campo de la industria, ya sea en el campo de la producción agropecuaria, porque también queremos llegar a tecnología de punta en los sectores que podamos alcanzarlo.

Vamos a seguir adelante con el plan de herbicidas, vamos a seguir adelante con el trabajo del INTA, vamos a seguir adelante con la infraestructura económica vinculada al agro, a los transportes y a los puertos, y vamos a seguir también adelante con todo lo que sea una política razonable en la materia.

Las carnes ya no tienen retenciones; hay incluso reembolsos y vamos a ir bajando en la medida en que podamos también las retenciones. Pero no hemos de poder superar de la noche a la mañana una crisis que nos viene desde afuera.

Al Mercado Común Europeo le cuesta alrededor de dos mil quinientos a tres mil dólares producir una tonelada de carne. Sin embargo, nos están ganando las licitaciones por alrededor de mil dólares.

Las políticas de subsidios de la Comunidad y de los Estados Unidos han ocasionado una disminución en los precios internacionales de los granos del orden de 20 al 30 por ciento, y esos subsidios son de tal magnitud que desde hace ya varios años vienen gastando treinta y cinco mil millones de dólares anuales.

No hemos de resolver entonces de la noche a la mañana nuestros problemas, pero estoy seguro que con el apoyo que podemos brindar de manera formal, de manera sustantiva en la defensa de intereses que son legítimos, con el apoyo crediticio que corresponde, con el apoyo de créditos que esperarnos que se paguen en productos, vamos a ir sacando adelante al postergado sector agrario y dando además satisfacción a los requerimientos de los productores más humildes.

Vamos a procurar también simplificar para el agro el sistema impositivo.

Vamos a procurar simplificarlo a través del impuesto a la tierra, mientras vamos bajando también las retenciones.

En el orden energético estamos también convencidos de que la Argentina se apresta a dar un importantísimo paso adelante. Tenemos uno de los mejores balances energéticos del mundo.

El consumo de gas es fundamental y nos ha permitido durante el año 1984 exportar 354 millones de dólares de fuel oil. Vamos a aumentar la exploración, tenemos más de 150 áreas para exponer a la consideración de la actividad privada del país y de todas partes del mundo, con el propósito de recrear las posibilidades de desarrollo energético de la Nación, en la seguridad de que servimos a nuestras propias convicciones, a nuestra propia e histórica posición y a los intereses irrenunciables de la Nación Argentina.

Pero es claro que todas estas medidas no dan resultado de inmediato. No será posible lograr hoy éxito en la lucha contra la inflación. No será posible encontrar hoy los resultados de la inversión que reclamamos, pero de todas maneras aquí no nos puede pasar como en otros lugares del Tercer Mundo. América Latina y el mundo subdesarrollado en general son testigos tremendos de la crueldad del sistema económico internacional y el grado de injusticia universal que padecemos. La marginalidad y el hambre acosan a nuestros pueblos, pero esto no va a pasar en la Argentina, no puede pasar. Y no puede pasar aquí no sólo porque el gobierno lo haya establecido sino porque la democracia no lo ha de permitir, porque la democracia es votar, pero también es comer.

No hemos de superar de inmediato la pobreza, pero he dicho y lo reitero: todo hombre o toda mujer, por el solo hecho de vivir o de nacer en una sociedad, tiene contra esa sociedad en la que vive un crédito para asegurarse la alimentación, la salud y la educación de sus hijos. Y lo vamos a cumplir. Hemos puesto en marcha —mientras estas otras medidas dan sus resultados y sentimos sus consecuencias— el Programa Alimentario Nacional, que da una dieta adicional a alrededor de cinco millones de argentinos, y que nos ha permitido además llegar con nuestro problema de educación o con nuestro problema de salud. Pero más que eso nos ha permitido comprobar el grado de madurez de los hombres y de las mujeres más desposeídos de la Argentina, que están dando ejemplo, a algunos otros sectores que debieran obrar de otra manera, de qué forma se trabaja para superar el infortunio. Están dando ejemplo de lo que significa la compra comunitaria y la solidaridad. Están dando ejemplo de comportamiento democrático.

Pero además también en la educación hemos hecho un esfuerzo descomunal para que nadie quede sin plaza ni en la educación secundaria ni en la educación universitaria y llevamos adelante nuestra tarea de reivindicación ciudadana, de la posibilidad que cada uno debe tener de educar a sus hijos, dando respuesta a este reclamo social.

En otro campo, el de la salud, vamos a estructurar, ya lo estamos estructurando, un seguro de salud. No es un problema de dinero, como casi todos suponen, es mucho más, un problema de organización y de orden en el manejo del gasto que ya hacemos.

Corresponde a una sociedad organizada en la democracia el concretarlo y vamos a hacerlo también, entre todos, de modo que la conducción del Estado no sea tomada como estatismo u obstruyente y que la participación de los trabajadores a través de las obras sociales no fuera de ninguna manera confundida con feudalismo y que la necesaria participación de la actividad privada no signifique mercantilismo ni anarquismo. Será el esfuerzo conjunto de todos los sectores y prácticamente con los mismos gastos que hoy realizamos, lo que nos permitirá la posibilidad de atender a la sociedad sin que haya hijos ni entenados y a todos los argentinos en materia de salud.

Todo esto lo logra la democracia, la participación del pueblo, el ejercicio de la libertad, la responsabilidad y también el ejercicio de esa responsabilidad de un pueblo que ha dicho sí a la libertad; es un pueblo que ha dicho sí a la democracia; es un pueblo que ha dicho no y definitivamente a la violencia política de cualquier signo.

Porque viene acá para juntarse en la armonía y no a desafinar en la confusión de la violencia.

De nuestra parte, tengan la seguridad que no hemos llegado a este gobierno para ser un intervalo entre un gobierno militar y otro gobierno militar, seríamos los frustrados de esta hora.

Vamos a afianzar esta democracia en la Argentina con el auxilio de ustedes; con el auxilio de los que creen en la paz; con el auxilio de los que creen en la moral pública; con el auxilio de los que odian la violencia como forma de acceso al poder cualquiera sea la forma en que se pretenda.


 
Ante una plaza colmada de cánticos, pancartas y banderas de diferentes partidos, el primer mandatario realiza un balance de los primeros años de su gestión en materia de fortalecimiento de la democracia. Seguidamente, en un "inesperado" giro de su alocución, Alfonsín hace referencia a una "economía desquiciada y un Estado desbastado” como herencia recibida por su gobierno. Envuelto en el silencio de la mayoría y la silbatina de una parte de la concurrencia, el presidente llama al “esfuerzo de todos” para transitar “una economía de guerra”, argumentando sin eufemismos la necesidad de un ajuste en el Estado y la privatización de “todo lo que haya que privatizar” en vistas del orden económico y el crecimiento. Lenta pero perceptiblemente, el paneo sobre la plaza comienza a barrer con menor frecuencia el sector de donde proviene la desaprobación. Finalmente, durante la desconcentración del acto, diferentes funcionarios entrevistados caracterizan estas medidas como el "sinceramiento" requerido para la convocatoria del "capital privado, nacional y extranjero, 26/4/1985.



Fuente: Discurso del Sr. Presidente de la Nación, Dr. Raúl R. Alfonsín, desde el balcón de la casa de gobierno, el día 26 de abril de 1985.

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