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jueves, 19 de diciembre de 2019

Leandro Despouy: “Mi vocación de abogado nace de la vida que me tocó transitar” (diciembre de 2009)


El Dr. Despouy habla de forma pausada y cordial, su amable acento puntano es característico, se expresa con la sencillez y la gentileza que otorgan la sabiduría, eligiendo cada palabra y utilizando por momentos, términos literarios que decoran lo que dice. Su condición de hombre público hace que esté acostumbrado a dar entrevistas; pero en este diálogo con Estilo CAJA, habla no sólo de su labor profesional, sino también de su vida personal, delineando un perfil más que interesante.

Usted tiene una reconocida vida pública y un notorio trabajo internacional, remontémonos a los orígenes, ¿Dónde nació y como llega a estudiar Derecho en Capital Federal?

Bueno, yo nací en la provincia de San Luis, si tuviera que definirme, diría que soy provinciano y por lo tanto tengo corazón paisano, esto es así pese a que he vivido gran parte de mi vida en el exterior. En forma seguida casi diez años durante mi exilio, pero más allá de eso he mantenido una constante vida internacional, por lo que ha habido años en los que un cuarto del tiempo me en encontrado en Nueva York, Ginebra o Washington por ejemplo. A su vez, cuando he tenido funciones de relator especial de las Naciones Unidas he pasado mucho tiempo visitando países africanos, asiáticos.

Provengo de una familia lugareña, nací en una casa que todavía existe, que es de 1912 y está justo a la entrada de San Luis. De mi casa hacia el oeste está la ciudad y hacia el este el campo, toda mi infancia y mi primera adolescencia la pasé ahí, en el campo. Me crié con hijos de hacheros, mi padre tenía feria y en esa época no había camiones, entonces venía la gente trayendo el ganado, y me encontraba con seres muy primitivos, muy poco sociables. Recuerdo particularmente a un personaje al que llamaban “nochero” porque sólo se acercaba a hablar de noche, y siempre medio escondido entre las sombras que podían producir la luz mortecina de algún umbral de las habitaciones de “Villa Hortensia”. Todas estas cosas hacen que me reconozca mí mismo como un corazón paisano.

Después, cuando ingresé a la “vida social”, lo hice muy rápidamente, cuando comencé a estudiar en el Colegio Nacional, donde también asistían mis hermanos. Ahora por otra parte, creo que mi vocación de abogado nace de la vida que me tocó transitar; inspirada por el mundo en el que vivía, de tinte social y político, siendo hijo de abogados y mis parientes que se dedicaron a la política también son abogados. Vengo de una familia muy política, el hermano de mi madre había sido gobernador de la provincia, mi padre también fue Diputado provincial por la UCR -en ese momento el único que tenía el partido- y luego Diputado nacional.

En la “vida de provincia” de esos años a uno se le agotaban las posibilidades a los 18 o 19 años, entonces lo lógico era irse a estudiar a afuera, generalmente las carreras clásicas, Medicina, Derecho, Ingeniería, Odontología, no había otro tipo de carreras como hay ahora. En aquellos años era muy común estudiar en Córdoba, yo terminé en Buenos Aires porque mi padre había sido Diputado nacional y había comprado un departamento en Capital Federal. Aquel departamento se lo quitaron durante el gobierno de Onganía, así, sin más, se lo quitaron, entonces yo terminé viviendo en una pensión para estudiantes de provincia. Y tuve mi experiencia de estudiante como tantos otros chicos de provincia, aprendiendo algunas técnicas para sobrevivir, vivíamos todos igual, comíamos todos lo mismo, era de lo más democrático. Nos enamorábamos y las novias ayudaban un poco a sobrellevar todo ese despojo que siente un provinciano viviendo tan lejos de sus orígenes.

Una vez recibido y ya instalado en Buenos Aires, ¿En qué momento parte exiliado hacia Europa?

Bueno, cuando comencé a estudiar Derecho, al principio realicé una carrera normal, pero me adelanté hacia el final, de modo que me recibí a veintiún años. Empecé a trabajar de inmediato en las defensas políticas de la época y al poco tiempo me tuve que ir del país. Estamos hablando de la época de la Triple A, cuando empezaron las amenazas, asesinaron a algunos abogados amigos, colegas con los que yo trabajaba, aparecí en la famosa “lista” y decidí irme. En ese momento yo me ocupaba mucho de la defensa de los exiliados políticos de la Argentina, trabajé en la famosa Asociación Gremial de Abogados, institución que hacía defensas gratuitas para latinoamericanos que eran perseguidos políticos en ese momento. En este marco realicé muchas defensas, entre ellas participé de la aquella que se llevó adelante no sólo por los argentinos, sino también por otros latinoamericanos que habían entrado en la embajada argentina en Chile al momento del golpe de Estado en ese país. Entonces a partir de un recurso de Hábeas Corpus, logramos que las personas que estaban “varadas” en el Hotel internacional de Ezeiza, pudieran quedarse en el país. Lo que sucedió en aquel momento es que no podían abandonar ese hotel porque Perón les había otorgado en asilo diplomático, pero no el territorial. Así fue que se hizo la presentación del recurso ante el Juez Miguel Inchausti quien ordenó la liberación de esa gente, y después el Senado le negó el acuerdo por haber hecho lugar a aquel Hábeas Corpus.

Digo todo esto porque en el año 1974 asesinan a Silvio Frondizi el día en que teníamos una defensa conjunta, éramos co-defensores y él nunca llegó a esa reunión, no se presentó a la defensa y lo tuve que “cubrir”. Por este motivo la Jueza que lleva adelante la causa por su desaparición me llamó a declarar recientemente. Al poco tiempo de su desaparición, durante el mismo año, en el ’74, me tuve que ir de la Argentina porque la situación era muy complicada.

¿Cómo vivió el exilio y cómo comenzó su actividad en las Naciones Unidas?

Me fui a Europa, a Francia, pensando que iba a volver pronto, cosa que no sucedió sino hasta el retorno democrático de 1983. Al poco tiempo de mi llegada me encontré con algunos artistas argentinos y de otros países latinoamericanos, que también estaban exiliados y habían hecho un pacto de solidaridad con Chile, encargándose de difundir lo que estaba pasando en los países de Latinoamérica. Así fue como brindé testimonio sobre lo que estaba sucediendo en Argentina en el Tribunal Russell, que era un tribunal muy importante de opinión al respecto.

Hace poco se publicó el libro “El derrumbe del negacionismo”; dónde, en uno de los capítulos se analizan los orígenes del Plan Cóndor en la región, casos de refugiados uruguayos en Argentina y por primera vez se publican las actas del Segundo Tribunal Russell con mi testimonio.

Cuando lo leo, juro que me produce escalofríos, ya en ese momento pasaban cosas muy graves en el país, era el preludio de lo que vendría con el Golpe de Estado de 1976.

En su momento, gran parte de mi actividad en el exterior fue la de colaborar en la Red de Solidaridad para sacar gente de los países de América donde había habido Golpes de Estado o había persecuciones incluso antes de los golpes como es el caso de Argentina.

En este marco ya se traslada mi trabajo internacional a la rama de defensa de los Derechos Humanos y lo que hacía era denunciar ante Organismos Internacionales lo que pasaba en la Argentina. Así empiezo a participar intensamente en la tarea emprendida por estos Organismos, ya fuera facilitando el testimonio de la gente que iba llegando a Europa, y tenía cosas para contar, como prestando testimonio yo mismo sobre las cosas que sabía. Por un lado, en calidad de abogado defensor, pero también en ese momento como parte de una militancia política muy activa, que no podemos decir que fuera orgánica, debido a que la situación no lo permitía. Pero siempre he sido radical, trabajé mucho en el exilio con Hipólito Solari Yrigoyen -quien también fue perseguido por la Triple A y sufrió varios atentados- realizando el trabajo militante que podíamos: el de constante denuncia sobre las violaciones a los derechos humanos que se estaban llevando a cabo. Por otra parte, milité en el Partido Socialista de Francia, de forma muy activa, participé de las elecciones, voté y fui elegido, no en cargos públicos, pero sí en cargos partidarios; lo recuerdo con mucha emoción, incluso conservo hoy en día la tarjeta, el carnet.

Después llegó el momento en el que pude ser funcionario de las Naciones Unidas, entonces comencé a trabajar como funcionario técnico en el área de la defensa y la protección de los Derechos Humanos. Fui convocado precisamente por mi experiencia en el tema y porque me había dedicado mucho a combatir este tipo de situaciones en las que los países declaran el Estado de sitio, crean una serie de normativas y se apartan del Estado de Derecho. En ese momento hubo un conflicto con la ONU, porque el gobierno argentino planteaba que si yo era un opositor, un “enemigo público declarado” o ese tipo de adjetivos que utilizaban, Naciones Unidas no debía contratarme a mí sino a personal neutral o a favor del gobierno. Lo cierto es que dejé el cargo y me puse a trabajar en Francia, en el Parlamento, aún sin tener la nacionalidad francesa - que si bien hubiera podido sacarla porque mi abuelo era francés, nunca lo hice-.

En este punto, siguiendo con el tema de las denuncias, testifiqué ya no sólo como víctima, sino como funcionario del Parlamento francés, y todo el grupo de exiliados buscábamos constantemente dar conocer la situación de Argentina ante los ojos del mundo.

La emoción se evidencia en su voz cuando habla, como un doble juego de sensaciones: por momentos el tono es fuerte y convincente, de indignación e impotencia, en otros se vuelve suave y hasta melancólico.

Tras ese episodio con el gobierno argentino ¿Cuándo reanudó sus actividades en la ONU?

Bueno, cuando cambió el equipo diplomático tras las elecciones y la vuelta a la democracia en el ’83, retorné inmediatamente al país y comencé a trabajar en la
Cancillería, siendo designado Embajador, responsable del tema de Derechos Humanos.

De ahí en adelante me nombraron Presidente de la Primera Conferencia Internacional de Estados Partes en la Convención contra la Tortura y al mismo tiempo Relator Especial de la ONU encargado de confeccionar cada año la lista de países bajo Estado de Sitio o de Excepción, cargo que ocupé durante doce años.

He visitado gran cantidad de países en calidad de experto sobre distintos temas. Este tipo de cargos se le ofrece a un experto para que lleve a cabo una determinada actividad; como decía, durante doce años estuve encargado de redactar la lista de países que se encontraban bajo Estado de Excepción, esa labor culminó con la publicación de un libro sobre la temática, que este año se reeditará con un prólogo de Eugenio Zaffaroni.

Ahora bien, esta actividad fue paralela mis funciones diplomáticas, cuando terminó el gobierno de Alfonsín en el ’89, dejé mi cargo de Embajador y empecé a trabajar dentro de la diplomacia de las Naciones Unidas. En ese momento comencé a trabajar como representante político de la Secretaría General de la ONU, visité Haití; y ya en el marco del programa de Fortalecimiento Institucional estuve también como asesor en Paraguay, Guinea Ecuatorial y Ecuador.

Luego con el triunfo de la Alianza, en el ’99 fui nombrado Embajador nuevamente y ya durante el año 2001, Naciones Unidas me eligió Presidente de la Comisión de Derechos Humanos; gran parte de la actividad relativa a ese cargo la tuve que realizar en Ginebra o viajando por el exterior. Un poco después, luego de la crisis del 2001, finalizó el gobierno de la Alianza y renuncié a mi cargo de Embajador en de marzo de 2002 y ese mismo mes me hice cargo de la Auditoría General de la Nación. Tarea que pensé que realizaría durante unos tres meses, pero aquí estoy, tras ocho años de trabajo, nunca imaginé que iba a ser el presidente de la Auditoría que más tiempo ha durado en el cargo, no estaba en mis planes pero así ha sido.

A partir de ese momento desarrollé dos actividades, la de Auditor General y la de Relator Especial de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, esta vez sobre la independencia de magistrados y abogados. En ese marco trabajé muchísimo durante los últimos seis años, es una labor muy ardua porque hay que estar en perfiles constante conocimiento del estado de jueces y abogados en el mundo, para saber si se están produciendo violaciones a los Derechos Humanos. Este trabajo además implica la redacción de informes anuales para ser presentados ante el Consejo de Derechos Humanos y la Asamblea General de la ONU, donde se debaten públicamente y suelen generar tensiones con algunos gobiernos, por ejemplo que también hacen sus descargos.

En tercer lugar implica también muchos viajes, visitas a variados países, uno de los últimos fue el trabajo que realicé en Guatemala, antes de dejar el cargo; la Relatoría pasó a manos de la Jueza brasilera Gabriela Carina Knaul de Albuquerque e Silva, en agosto de este año.

Asumió la presidencia de la AGN en 2002, cuando el país estaba en una situación muy delicada. ¿Cómo fueron esos comienzos?

Se acomoda en la silla y suspirando empieza a responder:

Fue muy intenso, comenzó en un período crítico, como fue el año 2002, en plena crisis, cuando la política era una mala palabra y a la Auditoría se la asociaba con la política. Lo cierto es que tomé la decisión de volver de Ginebra, donde como dije estaba trabajando en calidad de presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, y tomé la presidencia de la Auditoría. Esto era un caos, no había recursos económicos, tal es así que nosotros mismos teníamos que comprar o recargar los cartuchos de las impresoras para que pudieran funcionar, por ejemplo.

A partir de allí comenzó la actividad, había buenos equipos de profesionales, buenos técnicos que habían sido bastante “depredados” por la política. Había una Comisión parlamentaria mixta manejada por Cantarero que era el organismo que funcionaba como nuestra conexión con el Congreso y estaba muy desprestigiado, todos los días salía algún comentario crítico en los medios, un situación muy complicada.

Así empezó todo un proceso que yo llamaría de afianzamiento en el tema del control, desde mi perspectiva en ese momento no había demasiadas dificultades para auditar porque el Estado no podía “defenderse”. Es decir, los funcionarios no cuestionaban los informes, no había dinero, porque el Estado estaba raquítico, no había flujo financiero, se administraba todo de una manera muy homeopática. Pero de todos modos se pudieron orientar perfiles las labores de la Auditoría General hacia algunos temas, uno de ellos y quizás el más importante es el de la Deuda Externa. En ese momento el país estaba muy endeudado, estaba en default, y nuestro rol importante aquí nace porque los organismos internacionales no pueden otorgar ningún préstamo si no se hace previamente una auditoría. Es por esto que en ese momento nos transformamos en un organismo importantísimo para el Estado, porque no tenía otra forma de conseguir financiamiento del exterior; entonces nos dieron los fondos para que pudiéramos funcionar y habilitarlos a conseguir préstamos. Como en un comienzo todos los fondos que había manejado Cavallo eran préstamos más de ajuste que para ser utilizados con la finalidad que se proclamaba, no tenían una aplicación regular. Pero cuando la única posibilidad para el Estado fue la de pedir préstamos internacionales, con todo este proceso de auditar que implica; aparece el Comité de Coordinación y es una garantía para que los fondos se utilicen con una finalidad puramente social y respondiendo a las necesidades de la gente. Fue una época de una dinámica muy fuerte, porque abrimos una tarea en función de algo que era una necesidad muy grande del país, en el mismo sentido auditamos los servicios públicos y creo que fuimos muy útiles. En ese momento las empresas decían que no podían cumplir con las obligaciones contractuales debido a la devaluación y a la emergencia económica; y a través de una auditoría demostramos que habían incumplido, aún en años anteriores cuando el producto bruto del país crecía. Esto sirvió para que se hicieran renegociaciones, que además se pudieron dar desde una perspectiva más favorable para el Estado, porque habíamos comprobado que habían existido irregularidades que causaron un enorme daño a los usuarios.

Hubo informes de la AGN muy polémicos, demostrando graves irregularidades en la administración pública.

¿Cuáles cree que han sido los más sobresalientes?

Destaco el informe que hicimos sobre el Correo que evidenció que había un comportamiento tremendamente negligente por parte del Estado -de la gestión de De la Rúa que tenía por ejemplo, la posibilidad de ejecutar una garantía, una caución de 50 millones de dólares y no lo había hecho. No obstante eso, después se declara la quiebra no causal, por recesión del contrato, esto permitió que un tiempo después, ya durante la presidencia de Kirchner se pudiera reestatizar el servicio. Pero a la vez, al no haber pedido en su momento la quiebra causal, debieron pagarse altas sumas de dinero por haber rescindido el contrato, porque implicaba un incumplimiento por parte del Estado.

Algo similar sucedió con la empresa francesa Thales Spectrum, que tenía la concesión del espacio radioeléctrico, cosa que, al margen de los incumplimientos, hay que resaltar que somos uno de los pocos países en cometer el disparate de privatizar el control del espacio radioeléctrico con todo lo que eso implica.

Ahora bien, el incumplimiento abarcó por ejemplo, que no realizara el relevamiento inicial de usos y usuarios del espectro radioeléctrico para detectar los autorizados y no autorizados. La empresa tampoco puso en marcha el diseño, desarrollo, provisión, instalación, mantenimiento y gestión del espectro. Todo esto significó además un desequilibrio económico en perjuicio del Estado por 300 millones de dólares, ya que no se realizaron las inversiones previstas. El contrato fue rescindido en el 2004 y hoy en día se está investigando el sistema de coimas que se cobraron desde el Estado argentino - en ese momento bajo la presidencia de Menem- para otorgar la concesión del espectro radioeléctrico a Thales Spectrum en el año 1996. Las investigaciones judiciales están tratando de determinar la triangulación del dinero que se supone, desde Suiza, pasó por algún “paraíso fiscal” y se terminó cobrando en Montevideo.

En su momento también fui citado a declarar porque no aparecía el contrato de concesión, se había “perdido” en un triángulo de las Bermudas entre tantas idas y vueltas entre el Ministerio de Economía y el Congreso. En la Auditoría teníamos una copia que fue facilitada al Juez, la verdad que todas las cosas que pasaron en torno a aquella privatización fueron escandalosas. Debido al sinfín de irregularidades es que tomó intervención la Oficina Anticorrupción, en la actualidad la investigación al respecto sigue su curso y recientemente han citado a declarar a ex funcionarios de Menem.

¿Qué balance hace de su gestión hasta el momento?

Me parece destacable la modalidad distinta que aplicamos para desarrollar la labor de la Auditoría que es la publicación constante de los informes y los relevamientos que realizamos. Antes esto no se hacía y consideramos que dar a conocer los resultados de nuestro trabajo, suma en transparencia y en credibilidad, además de generarle una “visibilidad” que este organismo necesita y una estima ciudadana que nos permite relacionarnos de otra manera con la sociedad.

Notamos una diferencia en la gente desde el 2002 para acá, en los medios, la gente manifiesta en el diálogo que sabe que esta gestión -aún cuando sigue encontrando dificultades en el control- marcó un inicio claro y un camino planteado con una modalidad muy concreta para dar respuesta a ciertas necesidades. Todas las semanas aparecemos en los medios, generalmente una vez por mes en alguna editorial y somos consultados cada vez más frecuentemente.

Pero al mismo tiempo creo que queda muchísimo por hacer, porque como venía diciendo, el gasto público es cada vez mayor, y todo gasto público nacional, federal, debe ser auditado y esto constituye un universo más que abultado. Como tenemos distorsiones presupuestarias tan importantes, porque uno es el Presupuesto que se aprueba y otro el que se ejecuta, y todo este volumen importantísimo de fondos que se aplica en subsidios, fondos fiduciarios, DNU, es donde más dificultades concentramos a la hora de auditar, porque no se someten a la regla general. Tampoco existe una práctica de rendición de cuentas, ni la de reasignación de los recursos que se puede realizar en tanto se rinda cuenta de la utilización, la legalidad y el perfiles impacto; mientras esto siga así vamos a tener una debilidad en el área del control, que, aunque cumpla una función muy importante, todavía es insuficiente.

Si sacáramos una conclusión, sería la necesidad de tener un Estado público ordenando, generalmente esto no sucede y que hay una falta de transparencia sobre todo en el manejo de los fondos de libre disponibilidad, o discrecionales.

En este punto entonces es importante que haya un ordenamiento de todo lo que tiene que ver con el uso de los recursos públicos, no solamente fondos, sino también de bienes, y al mismo tiempo que la Auditoría pueda auditar y funcionar como corresponde. Esto no implica sólo recursos de orden económico, sino también recursos humanos, este país tiene profesionales muy buenos pero poca gente preparada en la auditoría gubernamental, sí para la auditoría privada; en ese sentido, la formación universitaria es generalmente para administración de empresas, o técnicos en administración etc., el área de la administración pública está descuidada.

“Mi vocación más profunda está relacionada al arte” Además de una extensa y reconocida carrera profesional, el Dr. Despouy ostenta una profunda sensibilidad, al responder sobre su vocación, terminó haciendo referencia a su gran pasión: la literatura. Es quizás la arista menos conocida de este hombre público, pero no por ello menos destacable.

Algo quizás anecdótico es que en tercer año del secundario comencé a hacer teatro; estuve en dos compañías, una que hacía un teatro más bien romántico, interpretando obras de Nené Cascallar, del estilo “Palmolive en el aire” y luego en otra que se dedicaba más a novelas clásicas, criollas, con una tendencia que podríamos definir como más costumbrista. Siempre me tocaba el papel de “galán traidor” y yo era muy alto y al mismo tiempo muy flaco, motivo por el que tenía que usar hombreras para poder parecer más impactante y dar la imagen de hombre malo, para entrar en personaje.

Pero mi gran pasión es la literatura, por eso es que siempre apurado, de un modo fragmentario he escrito bastante. Me gustan mucho los clásicos, y como formato me gusta mucho el cuento, sin duda porque la novela me resulta muy larga y para la poesía hace falta otra disposición para leerla. Soy muy feliz cuando el tiempo me permite tener un rato para leer.

He escrito guiones para cine que no los he podido trabajar, siempre en la búsqueda de comunicar algo. Lo que me ha pasado es que toda la literatura que he podido “robarle” a mi vida pública ha sido en función de algo testimonial, no ha sido una carrera de escritor, tampoco me he perfilado en eso, pero la verdad que me gustaría escribir y si tuviera más tiempo sin duda lo haría, es algo que me apasiona. Este amor por la literatura influye en mis informes también, me preocupa mucho cómo concibo y escribo cada artículo, soy muy detallista. Además los informes de la ONU deben ser articulados para que los entienda un turco, un japonés o un alemán, por eso tienen que estar meticulosamente estructurados; y por ejemplo cuando hablo de un tema como el acceso a la Justicia tiene que servirle a todo el mundo, tiene que ser universal.

Yo considero que cada palabra tiene una importancia enorme, una palabra, una sola palabra puede cambiarlo todo. En una negociación internacional, en una guerra, en situaciones así, olvidarse una palabra, decir aquella que no corresponde o escribirla mal puede significar la paz o una tragedia. Al tener este concepto cada vez que tengo que firmar algo, no puedo hacerlo sin antes asumirlo, entenderlo, es una necesidad para mí entender cada una de las palabras y el sentido final. Esto me lleva mucho tiempo, este fin de semana por ejemplo voy a terminar el nuevo prólogo de “Estado de excepción” que como les comentaba se reedita, pero cuando lo lea voy a estar contento.

Pero bueno, este año no he podido presentar todas las cosas que están escritas, esperamos el año que viene publicar un libro sobre los cuatro últimos informes que hice para el Consejo de Derechos Humanos de la Asamblea General de la ONU. Después también hay un libro que hemos hecho sobre los pueblos aborígenes, donde reproduzco un texto inédito del escritor paraguayo Roa Bastos y una actividad que hicimos juntos.

En este relato, yo reproduzco la historia de cómo nos conocimos y cómo años después, él ya de vuelta en Paraguay, hicimos un encuentro internacional dónde él propuso incorporar una cláusula en la Constitución que reconociera el carácter multicultural del país y los derechos de los pueblos originarios.

¿Cómo lo conoció a Roa Bastos? ¿Compartió el exilio con él?

Sí, he vivido muchas cosas con él, lo recuerdo con muchísimo cariño; las relaciones que se entablan en situaciones tan complicadas y dolorosas, son difíciles de explicar.

Augusto (Roa Bastos) además de una gran persona fue un excelente escritor, con un estilo delicioso.

De mi paso por Francia agradezco infinitamente el haber conocido a grandes escritores como Cortázar y García Márquez, un lujo impresionante para cualquiera, pero si uno además, ama la literatura, es doblemente gratificante.

Por otra parte también conocí a Ricardo Ehrlich, quien en la actualidad es Intendente de Montevideo, ciudad que recientemente me ha declarado “Ciudadano Ilustre”, algo muy emotivo ya que nos conocimos durante el exilio en Francia cuando él era un perseguido político de la dictadura uruguaya.

En el exterior también me encontré con muchísimas personas que habían sido mis defendidos en la Argentina, uruguayos, chilenos, bolivianos, gente que había pasado por la Gremial de Abogados para que la defendiéramos; así que se formó un ambiente bastante conocido que me brindó y nos brindaba a todos, algo de contención.

Se conmueve y le brillan los ojos cuando recuerda, el exilio aparece una y otra vez cuando se tocan distintos temas. Es evidente que ha marcado un hito en su vida, un antes y un después.

Habla del tema con un dolor y una pasión notables, destacando a la vez, las cosas buenas que le sucedieron a partir de su estadía en Europa y la gente que tuvo la oportunidad de conocer.





El presidente de Armenia, Serge Sarkissian, entrega al Dr. Leandro Despouy, entonces Presidente de la Auditoría General de la Nación, la máxima condecoración de su país por los significativos aportes realizados para el reconocimiento internacional del Genocidio de los armenios, 14/12/2010.




Fuente: “Mi vocación de abogado nace de la vida que me tocó transitar” Entrevista a Leandro Despouy para “Estilo Caja” en la sección Perfiles, Revista de la Caja de la Abogacía de la Provincia de Buenos Aires, diciembre 2009.


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