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sábado, 8 de diciembre de 2018

Emilio Hardoy: "La Ley Saénz Peña" (1983)

El nuevo presidente de la Nación, Roque Sáenz Peña, cumple sus promesas de candidato y hace dictar por el Congreso la ley que lleva su nombre. Esta impone el sufragio universal, secreto y obligatorio, crea el padrón militar y rodea de garantías el comicio, lo que equivale a una revolución dentro de la Constitución. Se modifica el clima político del país, la Unión Cívica Radical sale de la abstención y en la elección provincial de Santa Fe triunfa el 31 de marzo de 1912. Entretanto Marcelino Ugarte se ha apoderado del Partido Conservador de Buenos Aires y en 1914 es elegido gobernador por segunda vez. Gana las elecciones limpiamente y su prestigio se afirma. Los comicios de renovación de diputados nacionales en 1916 son impugnados por los radicales en el Congreso, con tan débiles argumentos que los diputados socialistas votan por la aprobación de los diplomas. Su notable defensa corre a cargo del diputado Rodolfo Moreno, que tan larga y brillante actuación va a tener. El Partido Conservador es entonces autentica mayoría en Buenos Aires.

La reforma de Sáenz Peña acaba con la "maquina electoral". Miguel Ángel Cárcano recuerda que esta no fue una invención argentina y que funciono en España, en Francia, en los países sudamericanos y, en ciertas épocas, dondequiera hubo sufragio popular.

"¿Como funciona el sistema? —dice Cárcano—. El pueblo de la Constitución lo constituye el padrón de electores y lo confecciona el Poder Ejecutivo por intermedio del Ministerio del Interior. Los inscriptores anotan con preferencia a los partidarios. La depuración del padrón y el clásico 'juicio de tachas' lo realiza el gobierno. Es juez y parte con este sistema. Al adversario se le ponen toda clase de impedimentos para anotarlo en el padrón. La mayoría oficialista esta asegurada antes del comicio. El empleado público que no vote al candidato oficial es despedido. Si no fueran suficientes estos recaudos, el dia del sufragio el comicio esta controlado por el comisario, y la mesa escrutadora de votos, designada por el gobierno, favorece a sus candidatos. El presidente del comicio recibe la libreta que acredita al votante, pero en la imposibilidad de identificarlo permite el voto por interpósita persona y el acaparamiento de las libretas por los caudillos locales. La Maquina funciona con mas eficacia en la campaña."

Agrega Cárcano que "con este sistema se había formado una clase gobernante y organizado una administración eficiente con todos los privilegios inherentes que permiten la autoridad, bienes, honores, pensiones y prebendas. Si desde hace mucho tiempo gozaba de esa posición, era prueba de que la había merecido. Con inmenso esfuerzo creo una sociedad estable, garantizo la vida y la propiedad, definió la personalidad del Estado, en una palabra, edifico el país y sirvió a la comunidad. Representaba el despotismo ilustrado de que habla Bryce".

Sintetiza la situación afirmando que al asumir Roque Sáenz Peña a la presidencia de la Nación, esta exhibía:

"Extraordinaria prosperidad económica. Confianza en su porvenir. El gobierno conducido por una oligarquía culta. El presidente de la Nación concentra en sus manos la autoridad política del país desvirtuando el régimen federal. Falta de comicios auténticos y de concurrencia de votantes. Decadencia de los partidos políticos tradicionales. Formación de una importante clase media y burguesía adinerada con aspiraciones políticas. Malestar obrero por aumento del costo de la vida y deficiencias en el régimen de asistencia social. La nueva generación de escritores se propone espiritualizar la conciencia argentina, liberarse de las influencias extranjeras y volver a lo vernáculo y genuinamente nacional".

El 9 de agosto de 1914 fallece el presidente Roque Sáenz Peña, después de haber producido desde el gobierno una transformación en la Argentina que puede compararse, como dice Cárcano, a la que Francia experimento al pasar de la monarquía a la republica.

Las fuerzas políticas conservadoras se dispersan y se convierten en partidos provinciales independientes. La Unión Cívica Radical también sufre escisiones y desgarramientos, pero el grueso del partido sigue a Hipólito Yrigoyen oyen y actúa disciplinadamente. Quizá haya influido en esta tendencia a la dispersión de las fuerzas conservadoras su diverso origen, pues militaban en ellas ciudadanos de antecedentes mitristas, alsinistas, roquistas, pellegrinistas y aun viejos radicales amigos de Bernardo de Irigoyen. La oligarquía, como llaman los radicales a las familias tradicionales que surten de dirigentes a las fuerzas políticas conservadoras, se dividen menos por motivos ideológicos que por el choque de las ambiciones. Los jefes indiscutidos han desaparecido y no se logra reemplazarlos.

Asi sorprende a los conservadores la elección presidencial de 1916. Desde luego, hacen esfuerzos para entenderse y sus lideres inician complicadas y difíciles tramitaciones destinadas al fracaso. En Santa Fe, bajo la dirección de Lisandro de la Torre, actúa la "Liga del Sud". Muchos partidos conservadores de las provincias se vinculan a ella y el 14 de diciembre de 1914 nace el Partido Demócrata Progresista en el que se siente la influencia de De la Torre, todavía no excluyente ni dominante. José Arce afirma de el que "sus ideas son mucho mas avanzadas que las que todavía priman en el interior del país, además goza fama de ser demasiado inflexible". El poderoso Partido Conservador de Buenos Aires y el Partido Provincial de Santiago del Estero no ingresan al Partido Demócrata Progresista, pues De la Torre no siente simpatía por Ugarte y este resiste a De la Torre. En el Partido Demócrata Progresista se anticipa que la formula para la presidencia y vicepresidencia de la Nación será Lisandro de la Torre-Alejandro Carbo. Esto lesiona no solamente a Ugarte sino también al presidente Victorino de la Plaza, que había reemplazado a Roque Sáenz Peña, y alarma a núcleos conservadores en Corrientes, Santiago del Estero, La Rioja, San Juan y Mendoza, que prefieren entenderse con Ugarte. Nuevas tramitaciones se inician entre Ugarte y De la Torre por intermedio de Julio A. Roca (hijo), pero ellas se malogran porque el Partido Demócrata Progresista no acepta otro candidato a presidente que De la Torre.

El 25 de diciembre de 1915 Ugarte realiza un último esfuerzo para lograr un entendimiento con De la Torre. José Arce, presidente de la Convención del Partido Conservador de Buenos Aires, dirige al presidente de la Convención Demócrata Progresista, que en esa fecha iniciaba sus deliberaciones, una nota en la que luego de explicarle que las candidaturas de Bermejo o Drago no resultaban aceptables porque el Partido Conservador prefería "una solución de partido" y "los respetables ciudadanos propuestos han estado notoriamente vinculados a fuerzas políticas adversarias del Partido Conservador", y de recordarle que el temperamento sugerido por Ugarte de buscar "una solución de partido" había aceptada por los representantes demócratas progresistas, le reitera:

“Que el partido Conservador había sugerido que el Partido Demócrata Progresista le presentara una lista de seis candidatos, de la que aquel seleccionara el candidato a presidente, indicando de su seno el candidato a vicepresidente; que también el Partido Conservador había manifestado su conformidad para aceptar esta formula de solución aplicándola a la inversa; que los representantes demócratas progresistas solo habían propuesto un candidato para presidente (De la Torre) y manifestando que no tenían otro para proponer."

Continua la nota diciendo que "deseando dar una prueba mas del sincero anhelo de llegar a un avenimiento, somete a la convención demócrata progresista los nombres de Ángel D. Rojas, Benito Villanueva, Valentín Virasoro, Luis Guemes, Adolfo E. Dávila, Joaquín V. González y Manuel M. de Iriondo, para encabezar la formula presidencial, reservando la designación del candidato a vicepresidente para el Partido Conservador de Buenos Aires".

En la mencionada nota se propone también el programa mínimo a sostener en la campaña electoral. Entre sus aspectos más salientes corresponde señalar los siguientes:

"Que es indispensable modificar el régimen impositivo nacional, de tal manera que los tributos recaigan exclusivamente sobre los ricos; que los fondos públicos afectados a la educación primaria se inviertan de forma tal, que todos los argentinos reciban sus beneficios, evitando el maximum posible para algunos con perjuicio del mínimo necesario para todos."

El texto no es sometido a la convención demócrata progresista y la propuesta conservadora cae en el vacío.

La Unión Cívica Radical proclama la formula presidencial Hipólito Yrigoyen - Pelagio B. Luna el 22 de marzo de 1916, sin la sanción previa de un programa de gobierno como lo establecía su carta orgánica.

El 2 de abril de 1916 se efectúa la elección presidencial y el resultado es dudoso, porque en Santa Fe ganan los radicales disidentes, que bajo la influencia del gobernador Lehmann resisten la candidatura de Hipólito Yrigoyen, quien asi no alcanza en el colegio electoral la mayoría exigida por la Constitución. Se realizan afiebradas gestiones y se considera la posibilidad de elegir presidente de la Nación a Guillermo Udaondo, pero sic la rechaza y aconseja a los radicales de Santa Fe votar con su partido porque de lo contrario "se crearía una situación sin apoyo en la opinión publica", y que "toda solución en que se prescinda de el (el Partido Radical) no será favorable para los intereses del país". Finalmente los radicales de Santa Fe votan por la formula Hipólito Yrigoyen – Pelagio B. Luna, que obtiene 152 sufragios (con 10 electores de Santiago del Estero, donde una maniobra de la Junta Electoral priva del triunfo a los conservadores); 104 sufragios la formula Ángel D. Rojas-Juan E. Serú sostenida por el Partido Conservador de Buenos Aires; 20 sufragios la formula Lisandro de la Torre-Alejandro Carbo; 8 sufragios la formula Alejandro Carbo-Carlos Ibarguren y 14 sufragios la formula socialista Juan B. Justo-Nicolás Repetto. Hipólito Yrigoyen asciende a la presidencia de la Nación.









Fuente: “La Ley Saenz Peña” en “Qué son los conservadores en la Argentina” de Emilio J. Hardoy, Editorial Sudamericana, 1983.

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