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martes, 7 de noviembre de 2017

Hipólito Solari Yrigoyen: "La presunción de inocencia" (15 de junio de 1998)

Entre los derechos fundamentales de los hombres se encuentra la presunción de inocencia. La Declaración Universal, proclamada hace medio siglo, incluyó este derecho en el artículo 11, señalando que "toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad". Este derecho humano es aniquilado a diario en la Argentina por funcionarios, periodistas, políticos, sindicalistas y personas dedicadas a las actividades más diversas.

La acusación, ya sea que se haga ante la Justicia o simplemente en un medio de prensa, que se formule con responsabilidad o sin ella, con ponderación o con escándalo, se ha transformado para muchos en sinónimo de condena firme e inapelable. El juicio público conforme a la ley, con las garantías de defensa, carece de vigencia efectiva si el acusado es condenado de antemano y en forma irreversible por una opinión pública de cuya presión no todos los jueces son capaces de evadirse. Cuando la acusación se identifica con la condena, la pérdida de la honra y de la honorabilidad es definitiva y no hay para el acusado absolución tardía que pueda reintegrárselas.

POR ALGO HA DE SER

La Argentina tiene una penosa tradición de no respetar la presunción de inocencia. En los largos períodos de autoritarismo de su historia, ningún perseguido era inocente. Aunque no hubiera contra él acusación ante la Justicia, lo que le hubiera permitido, al menos, defenderse de las imputaciones, siempre hubo agentes o servicios de informaciones que se encargaban de difundir las supuestas culpas de los disidentes. En décadas despóticas recientes, cuando se ponía a alguien a disposición del Poder Ejecutivo siempre era a causa de una falsa peligrosidad que se le atribuía. Nunca deberíamos olvidar que aquel oprobio de "por algo ha de ser", que estaba en boca de tantos, sirvió para cubrir sin protesta ni reacción los peores y más aberrantes crímenes.

La Argentina, después de muchos sacrificios y luchas, recuperó la democracia y su sistema constitucional el 10 de diciembre de 1983. Hubo un cambio notable desde entonces en materia de derechos humanos y de libertades fundamentales. Pero siempre debemos estar vigilantes para que se respeten todos, absolutamente todos, los derechos humanos. No podemos aceptar que unos se resguarden y otros se vulneren. Los derechos humanos son indivisibles.

EL FIN Y LOS MEDIOS

El desconocimiento de la presunción de inocencia está tan fuertemente arraigado en amplios sectores de nuestra sociedad, que hasta el simple recuerdo de su existencia suele generar rechazo y su reivindicación puede colocar en un clima de sospecha a quien la haga, porque quienes violan este derecho olvidan que el fin no justifica los medios.

En la Argentina, violar el derecho humano de la presunción de inocencia significa también transgredir la Constitución Nacional, que en su artículo 75, inciso 22, ha incorporado los siguientes instrumentos que lo consagran:

  • Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (artículo 26).

  • Declaración Universal de Derechos Humanos (artículo 11).

  • Convención Americana sobre Derechos Humanos (artículo 8, inciso 2).

  • Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (artículo 14, inciso 2).

La lucha por los derechos humanos nunca ha sido fácil y exige que quienes creen en ella hagan todos los esfuerzos necesarios para velar por el reconocimiento y la vigencia plena de la presunción de inocencia de los acusados mientras no se pruebe la culpabilidad en juicio público con garantías de defensa.








Fuente: “La presunción de inocencia” por Hipólito Solari Yrigoyen ex senador de la Nación por Chubut (UCR), preside Nuevos Derechos del Hombre, organización no gubernamental con estado consultivo ante las Naciones Unidas. Publicado en el Diario La Nación en la edición del 15 de junio de 1998.

1 comentario:

  1. La página es interesante, pero le han puesto un Script para no copiar partes del texto, lo que dificulta algunas cosas e impide poder difundir ideas, principios y doctrina, una verdadera lástima, ya que no es Solari Yrigoyen el que lo niega, y lo que se difunde es de él, no propio del autor de la página

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