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lunes, 10 de abril de 2017

José Maria García Arecha (h): "El triunfo de De la Rúa en la Capital Federal en 1973" (2001)

El marco electoral de 1973, estuvo condicionado al impacto del regreso de Juan Domingo Perón a la Argentina. Y también tuvo mucha fuerza, casi hasta el último momento, el hecho de que, estando Perón imposibilitado de presentarse como candidato, finalmente el justicialismo no concurriera con fórmula propia.

Esta situación instaló en la sociedad una alternativa posible: se señalaba que el electorado justicialista, estaría atento a los gestos del reencuentro de los argentinos, del llamado a la unión y a la vida en paz. De esa búsqueda que fue realmente cierta; y quizá fueron dos visionarios, Perón y Balbín. Al desaparecer el nombre de Perón y descartada una fórmula oficial justicialista, la opción bien podía ser entre Balbín y Francisco Manrique, que era el otro postulante fuerte.

No se produjo esto, Perón se fue de la Argentina y desde Asunción del Paraguay instaló la fórmula Cámpora-Solano Lima; y se produjo una victoria aplastante, arrolladora. Los triunfos son los que escriben la historia.

Pero nadie esperaba una victoria por casi el 50 por ciento, que fue lo que obtuvo la fórmula justicialista.

En la Capital la derrota fue mucho más grande espiritualmente para los hombres de la Unión Cívica Radical, porque se había integrado un poder legislativo mixto, un sistema bastante interesante, por el cual, la Legislatura de la Ciudad estaba conformada por 32 legisladores por listas de distrito y 28 por barrios. Muchas veces se cree que haciendo elecciones por barrio se puede facilitar la inserción de sectores políticos aislados. Y ante un triunfo aplastante, ¿qué sucedió? Ganaron en los 28 barrios los representantes del justicialismo y algunos aliados. O sea que la avalancha que se desató hizo que desaparecieran hasta las opciones personales.

Ganaron, en algunos, dirigentes a los que no voy a nombrar, que habían dado cambio de domicilio y eran ilustres desconocidos.

El radicalismo perdió en lugares que, desde la instalación en 1916 de la Ley Sáenz Peña, nunca había perdido una elección. Por lo tanto, hasta desde el punto de vista personal, dirigentes radicales con una larguísima trayectoria que trabajaban en sus parroquias desde hacía mucho tiempo, que habían tomado la decisión de ir por determinada zona de Buenos Aires, por tener contacto con la gente y por ser conocidos, sufrieron la derrota y quedamos absolutamente muertos, desde el punto de vista anímico, pues tenía amigos como Aníbal Diez, Roberto Maratea, José Pereiro, entre otros que tanta fe se tenían, que cedieron sus posibilidades de pelear en la lista general para ir en la barrial.

Eso fue el domingo 11 de marzo. El martes, en nombre de De la Rúa, empieza a haber algunas llamadas convocando a una reunión para trabajar para la campaña del 15 de abril, como correspondía, pues la lista  de senadores del Partido Justicialista no había sacado el 50% y había segunda vuelta. Estábamos hablando de una reunión para el miércoles 14, en la Casa Radical. Por supuesto concurrí, además con De la Rúa yo tenía trato personal, lo conocía de antes. Pero nunca habíamos estado en ningún grupo político interno, al contrario, nos encontrábamos en distintos sectores, y hasta en el barrio, habíamos integrado listas distintas.

Éramos 18 radicales que estábamos en la reunión, algunos todavía actúan y andan en el Partido, entre ellos, Tito Lapadú, Pedro Querido, Pablo Palomeque, Quique Benedetti, son los que me acuerdo ahora, sobre los demás, algunos ya han fallecido o desaparecido de la vida política. Y esos 18 empezamos a motorizar la campaña a Senador del 15 de abril. No por responsabilidad, sino porque no había otra cosa.

La paliza electoral había dejado groggy a la Unión Cívica Radical y, quizá marcando una impronta mantenida durante muchos años por Fernando de la Rúa, la consigna era la de no improvisar. Pero apareció alguien que se ofreció a armar un acto en una sociedad intermedia. Gustó la idea de realizarlo, se trataba de un día viernes pero nadie conocía quién era esta gente.

Nos citaron en la calle Paso, partimos todos el viernes para el acto y la casa estaba cerrada. Así empezó esa campaña, a los tropezones, donde pusimos un tremendo esfuerzo, hicimos todo a pulmón y donde se dio un triunfo excepcional que, después, como yo digo, los chamuyetas de la política argentina, lo quisieron devaluar.

Porque instalaron que De la Rúa le había ganado a un mal candidato, que era Marcelo Sánchez Sorondo, cuando este último postulante sacó en la Capital Federal, 120 mil votos más que Cámpora, cosa que es casi inédita. Porque quien va en la lista con la fórmula presidencial y obtiene más votos, luego en una elección posterior a la presidencial, muestra que no es ningún candidato catástrofe, 120 mil, eran muchos votos. Significaban el 20 por ciento más de lo que había logrado Cámpora.

De la Rúa tuvo la necesaria habilidad para juntar todo lo que quedó afuera. Porque tuvo el voto desde el Partido Comunista ortodoxo hasta el de sectores de centroderecha.


Con tranquilidad, serenidad, con ese estilo de no-confrontación, juntó todo e hizo una elección que, evidentemente, ha tenido una enorme  gravitación en las tres décadas de la vida política, tanto en la interna del radicalismo como en la nacional.






Fuente: Politica y Hechos: “Ser radical sirve para hacer” de José María García Arecha, Editorial Losada, 2001.

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