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miércoles, 19 de abril de 2017

José Maria García Arecha (h): "Cometí el error de la confrontación, de la lucha contra Frondizi" (2001)

Anduve en todas las campañas, en una de las internas me acuerdo, que se enfrentaban Balbín-Del Castillo contra Zavala Ortiz-Sammartino.

Estuve en el acto de proclamación de la fórmula de Balbín Del Castillo; tenía catorce años. Y seguí toda la campaña, me iba a escucharlo a don
Ricardo, a todos los lugares donde fuera posible. Porque era una enorme satisfacción oír ese verbo encendido, fijando los postulados con los cuales los radicales nos sentíamos identificados. En el cierre de campaña en Plaza Once, uno ahora se imagina y le da miedo, estaba trepado arriba del mausoleo; cuando lo miro hoy en día, pienso cómo lo pude haber hecho, parece imposible, pero a esa edad nada lo es. La multitud era descomunal.

Fue uno de los shocks espirituales más grandes. Porque en medio de la inocencia juvenil, quedaba perplejo al ver esa inmensa cantidad de público, pues cuando la cabeza de la manifestación llegaba a Florida y Corrientes, todavía seguía saliendo gente de Plaza Once para incorporarse.

No podía entender el fenómeno de la orden de Perón, que consagraba automáticamente el triunfo de Frondizi. Pero una de las tantas cosas que se deformó en la historia de la vida política argentina, es lo ocurrido en el año 57 cuando hubo elecciones de constituyentes y Perón  había dado la orden de votar en blanco. Es cierto, el voto en blanco salió primero, sacó 2.100.000. La Unión Cívica Radical, dividida, obtuvo por el lado del Radicalismo del Pueblo, 2.000.000 de votos, mientras que los intransigentes, los de Frondizi, lograron 1.700.000.

Esto, que no ha sido instalado con fuerza por ningún historiador, creo que marcó el error garrafal más grande de la Unión Cívica Radical del siglo pasado. Peor incluso que aquellos enfrentamientos entre sectores Yrigoyenistas y Alvearistas y distintos sacudones internos que tuvo el radicalismo. Los resultados de esa elección del 57 en la que el justicialismo votó en blanco, o sea no votó a ningún sector, han demostrado que el radicalismo unido le hubiera ganado en forma aplastante. Y quizás otra hubiese sido la historia del encauzamiento democrático e institucional de la Argentina. De eso nos tenemos que hacer cargo todos los radicales, porque unos y otros contribuimos y echamos nuestra gotita de desvarío en lo que, finalmente, había sido una lucha de poderes personales.

Si hacemos el racconto de quienes rodeaban a Balbín y los que se quedaron en el radicalismo, nos encontramos con figuras brillantes y que han trascendido en la historia política argentina. Desde gobernadores, presidentes, ministros, no es el caso ahora enumerar provincia por provincia. Pero si nos trasladamos a lo que fue la Unión Cívica Radical Intransigente y “barremos” las personalidades que acompañaron a Arturo Frondizi y la gran incidencia que tuvieron muchísimos de ellos, hasta que muerte décadas después, en la vida política de provincias argentinas, nos damos cuenta del potencial que tenía la UCR, para convertirse en el partido de conducción de la Argentina, en plenitud de la década del 60 y no haber estado sujeto a experiencias como la del presidente Arturo Frondizi, que sufrió presiones gremiales, militares y de toda índole, como así también la del presidente Arturo Illia, que casi, uno a continuación del otro, vivieron las circunstancias de su publicitada debilidad, surgida como consecuencia del error del enfrentamiento y de la división.

Cometí, igual que una gran parte del radicalismo, el error de la confrontación, de la lucha contra Frondizi. Hay varios de mi generación, algunos con cargos muy importantes en la vida legislativa y pública de la Argentina, que han sido compañeros de barrabasadas para molestarlo y jorobarlo a Frondizi. Desde ir a armar escándalo, el 1º de mayo de 1958 cuando asumió, hasta una gran cantidad de episodios que no quiero  contar, no por no comprometerlos a ellos, sino porque no considero que resulte constructivo su enumeración en detalle; además me da vergüenza hacerlo y exponer los tremendos errores y las pasiones que en el fondo uno cree que están al servicio de grandes ideales y que, finalmente, no están al servicio de nada.








Fuente: Politica y Hechos: “Ser radical sirve para hacer” de José María García Arecha, Editorial Losada, 2001.

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