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jueves, 11 de agosto de 2016

Enrique A. Candioti: "El Radicalismo y la Independencia Económica Nacional" (21 de febrero de 1945)

Compatriotas:

Pocas veces como en los momentos actuales se vio en este país tanto divorcio entra las promesas oficiales y los actos de los gobernantes; lo que ha inducido a un escritor nuestro a decir que “Vivimos en plena falencia de la palabra”. Para probar esa ausencia de la concordancia entre las ideas que se pregonan y los hechos que se realizan, voy a ocuparme concretamente de un solo aspecto de la obra de gobierno revolucionario, que considero sin embargo indispensable destacar, sobre todo por la preponderancia y gravitación que dicho problema tendrá necesariamente en el desenlace de esta contienda electoral, ya histórica por muchos motivos. Me refiero a la política seguida en procura de la liberación económica del país, problemas fundamental al que todavía no se le ha dado en el debate político la importancia que realmente tiene, y que será no obstante, preponderante en un futuro muy próximo, que mientras tanto ha sido solo mentida bandera de un sector insignificante que lo ha desnaturalizado en la practica.

Durante la primera etapa del periodo revolucionario inmediatamente después de apoderarse del poder, sus hombres mas representativos no ocultaron sus simpatías nacionalistas, mejor dicho con los minúsculos partidos ultrarreaccionarios que hicieron su aparición en el país enseguida del golpe militar del 6 de septiembre, grupos que sobrevivieron por la política de desprestigio de la democracia realizada por el gobierno de Justo mediante el fraude sistemático, que fueron luego alentados por el ex gobernador Fresco, que enamorado del fascismo en su viaje a Italia quiso trasplantar aquí el experimento musoliniano y en fin animados también desde arriba por el gobierno de Castillo, con quien coincidieron nuestros nazis en su postura neutralista de tan funestos resultados para la Republica.

Se desató entonces una ola de antisemitismo, de racismo, de odio a las grandes democracias, de elogio a los regimenes totalitarios, especialmente del de Franco tal vez por nuestras afinidades étnicas e históricas con la madre patria, y como lógico corolario de todo ello una manifiesta mala voluntad para el capitalismo sobre todo extranjero. Se habló entonces mucho de nacionalizar los servicios públicos que estaban en manos foráneas y de independencia económica de la Nación.

Todo ese programa aparentemente sincero de los hombres de la revolución, que en determinado momento concitó la expectativa publica y hasta despertó un estado de animo favorable en muchos espíritus de una buena parte de la ciudadanía argentina –no podamos dejarlo de reconocer honestamente- se ha visto en los hechos que era leal, que en realidad era falso y solo un instrumento mas de engaño colectivo.

En los últimos tiempos especialmente una serie de medidas de gobierno ha constituido en sus resultados la negación de esas ideas de liberación económica nacional y particularmente anticapitalista.

Podría detenerme a analizar la política contraria a los intereses del país, seguida en el problema del petróleo cuyas fuentes de producción pudieron reconquistarse totalmente para la Republica. Podría hablar largo rato de los frigoríficos y de los ferrocarriles, dos grandes rubros de la economía argentina que pudieron también nacionalizarse, sin que se intentara siquiera, y así seguir hablando sobre muchos otros tópicos análogos.

Pero me voy a limitar a un solo asunto, al más reciente acto de gobierno, si que ha traído una profunda perturbación en la vida económica, tanto publica como privada del país: el ya famoso decreto 33302, más conocido por el de los aguinaldos y aumentos de salarios. A los empleados y obreros a quienes aparentemente se quiso beneficiar, en los hechos no se los ha favorecido, sino al contrario perjudicado. Es público que muchos patrones, que antes voluntariamente otorgaban esos beneficios a sus subalternos, se han negado a hacerlo esta vez ante la imposición de la fuerza. Además se ha producido enseguida de la vigencia del decreto un aumento en los precios de los artículos de primera necesidad y la consiguiente elevación en el costo de la vida que ha sobrepasado en todos los casos el aumento de los salarios, castigando como es lógico a los hogares mas humildes, es decir, a los de los trabajadores y empleados modestos a quienes en apariencia se quiso mejorar.

Pero el decreto 33302 ha tenido una repercusión mas seria todavía para la economía del país.

Ha venido a castigar,  no al gran capital, al mayorista, al fabricante, sino en realidad, además del consumidor, al minorista, al pequeño comerciante, al industrial de poco capital, al artesanado en general. A muchos de estos últimos los ha llevado al borde de la bancarrota. En cambio a los poderosos especialmente al gran industrial no lo ha dañado porque este encontró enseguida una solución en el aumento del precio de sus productos. Y sobre todo, ha venido a beneficiar indirectamente al monopolio, con grandes reservas y recursos y en particular al capital financiero, al ocasionar la ruina del comercio minorista. Y como ese capitalismo grande, no es nacional, argentino ni criollo, sino extranjero, ha resultado en conclusión el decreto 33302 un instrumento contrario a la independencia económica nacional y por tanto, la mejor defensa del capitalismo extranjero. Esa es la obra del peronismo, que al final y a la postre como todo totalitarismo, ha sido el mejor aliado del imperialismo económico que ha traído una mayor pobreza de los pueblos agropecuarios como el nuestro, que ha visto alejarse así, quien sabe por cuanto tiempo mas, la posibilidad de la industrialización intensa del país, es decir, de la alcanzar por ese medio la verdadera soberanía nacional, sacudiendo el vasallaje foráneo que nos mantiene como pueblo pastoril y agricultor exclusivamente.

Frente al fracaso del movimiento revolucionario en ese terreno y a la seguridad del incumplimiento del programa liberador por parte del candidato que representa la continuidad del régimen, si llegara a ser elegido presidente constitucional, la solución de este candente problema de la independencia económica nacional solo puede darla el radicalismo, que en las históricas presidencias de Hipólito Yrigoyen inició el camino efectivo de la reparación nacional, truncado en su trayectoria por el golpe militar del año 1930, financiado como es sabido por ciertos consorcios petrolíferos que querían a toda costa impedir que el Senado de 1931, en el que por primera vez el radicalismo tendría la mayoría necesaria, pudiera convertir en ley el proyecto aprobado en Diputados en 1927, disponiendo la nacionalización de todo el subsuelo argentino, promesa de sanción que fuera principal punto de la plataforma electoral de la campaña de 1928. Hoy 18 años después nuestro Partido reedita ese programa en el punto segundo del capitulo tercero de la actual plataforma, al propugnar “la nacionalización paulatina, progresiva por el Estado de los servicios públicos, minas y yacimientos petrolíferos, estimulando la inversiones del capitalismo nacional para conseguir el contralor de las empresas privadas encargadas de su explotación, o adoptando un sistema de carácter mixto o recurriendo a la gestión directa o exclusiva por el Estado”

A votar ciudadanos por los candidatos del radicalismo, si queréis ver pronto convertida en realidad esa promisoria aspiración realmente patriótica, y nacionalista en el buen sentido de esta palabra, anhelo que afirmo jamás ha sido sinceramente sustentado por nuestros nazis criollos, ya que ellos, en los hechos, han estado siempre, y lo están hoy mas que nunca al servicio de los intereses de cierto capitalismo que es el que en verdad nos agobia y asfixia, manteniéndonos en el estado de servidumbre económica actual y combatiendo en cambio a aquel capital que quiere industrializarnos y por tanto independizarnos económicamente de toda tutela extraña.

Nada más.




Fuente: Disertación sobre “El Radicalismo y la Independencia Económica Nacional” por el Dr. Enrique A. Candioti en L. T. 9 Radio Santa Fe, 21 de febrero de 1945.

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