Páginas

lunes, 11 de abril de 2016

El Orden: "Reportaje a Hipólito Yrigoyen" (28 de septiembre de 1926)

Creo que el radicalismo en las próximas luchas electorales, afirmará rotundamente su triunfo, una vez más, sobre sus adversarios tradicionales, para bien del país y para honra de sus instituciones democráticas.

Tengo la firme convicción de que definirá la victoria en su favor en Córdoba, Tucumán, Entre Ríos, Salta, Santa Fe y Buenos Aires.

La mayoría del pueblo responde a su llamamiento y a sus invocaciones patrióticas, porque el radicalismo es la única fuerza verdaderamente democrática, es decir, popular, que actúa hoy en el país. Las otras no son sino agrupaciones azarosa o conglomerados accidentales y anárquicos, que, si a veces coinciden o armonizan en un esfuerzo, es solo ante la visión del inmediato botín. El régimen esta totalmente aniquilado y si logra sobrevivir aun es merced a que el radicalismo ha vitalizado de modo considerable el ambiente democrático y ensanchado los horizontes de las libertades políticas a términos nunca presentidos. Para que el radicalismo fuese derrotado, según mi modo de comprender, seria necesario que se interpusiese en su camino una fuerza invisible, que dándonos la sensación de avanzar, hiciese retroceder al partido en sus históricos impulsos.

Cuando empeño mi palabra la cumplo siempre, cueste lo que cueste, como hombre que me respeto, porque en ello reposa la lealtad y la dignidad de las personas. En los años que llevo vividos, acostumbrado al trafico de las ambiciones y egoísmos políticos he sabido mantenerme fiel a los principios que han modelado y regido mi acción publica, sin un solo desmayo ni una claudicación, inspirándome desde esos políticos o mejor dicho, aventureros de la política que cambian de un día para el otro de credo y de moral, y si pudieran o tuviesen ventaja, cambiarían también de nombre… pero mi intuición es superior a esa mezquindad política y oprobio democrático. Yo no soy un buscador de altas posiciones, sino un hombre de partido a quien ha colocado en sus eminencia de primera fila el mismo pueblo que lo sostiene y fomenta los principios de la gran causa nacional del radicalismo, hasta investir, con derechos auténticos, el puesto de jefe único e indiscutido, al que no logran ni lograran disminuir en su propio relieve, ni amenguar el sólido pedestal sobre el que se erige su figura histórica, ni el egoísmo, ni la perfidia, ni la injusticia. Yo no hago sino servir los elevados fines de la democracia argentina, haciendo honor a la posición que ocupo como ciudadano en el país, en America y en el mundo.

No he podido llegar a explicarme la política que contra el radicalismo tradicional que lo encumbró al Poder, ha tolerado, sino fomentando, el Dr. Alvear, de quien he sido y sigo siendo amigo, al extremo de que gran parte de las resistencias que he tenido que afrontar en el seno del partido, se debieron por entero, precisamente, a su elección para la primera magistratura del país, que contó con mi auspicio incondicional contra otras personalidades que se vieron postergadas en sus aspiraciones y en la recompensa a sus meritos.

Hemos perdido la reciente elección de Entre Ríos por obra de la naturaleza, que se interpuso a los anhelos de la democracia radical. Nunca ha llovido como en ocasión de esa campaña electoral, lo que dificultó la labor de propaganda que nos habíamos impuesto, pues toda la provincia se inundó bajo un verdadero diluvio.

Pero la fibra cívica del radicalismo quedo bien templada y en una ocasión próxima demostrara su fuerza y entereza.

El Orden ha interpretado cabalmente la importancia del ferrocarril de Huaytiquina, destinado a asegurar la independencia económica del Norte argentino, abriendo a su comercio y a su producción una nueva ruta de desahogo, de manera de promover más activamente su desarrollo y vitalizar su prosperidad. Ese nuevo trasandino ha sido concebido y ejecutado con criterio de seguro y previsor patriotismo. Grave error el no haberse impulsado su terminación para librarlo al servicio público cuanto antes, fin de que llene finalidades que determinaron su construcción.

Ha habido defecciones y traiciones en las filas del partido, pero la contextura del partido –en lo que tiene de robustez y vitalidad- no ha sido afectada en lo más mínimo por esas deserciones, que no han tenido otra causa que la ambición y el egoísmo personal, en ningún caso finalidades superiores o patrióticas. Pero mientras algunos, mal inspirados, las abandonan, nos queda la gran satisfacción, a los que hacemos un culto de la lealtad política, de permanecer fieles a los ideales y a la moral del radicalismo, que son los mismos de la democracia argentina y del engrandecimiento nacional.














Fuente: Reportaje por el diario "EL ORDEN" al ex Presidente de la Republica Dr. Hipolito Yrigoyen en su visita por la provincia de Tucuman, 28 de septiembre de 1926.

No hay comentarios:

Publicar un comentario