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miércoles, 16 de marzo de 2016

Alem - Pellegrini: "Polémica dos sentidos opuestos" (agosto de 1895)

CARTA DEL DR. ALEM

Ayer me hicieron notar algunos amigos, un insólito ataque que he recibido en la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires. Este ataque consiste, resumiendo, en que se ha hecho decir a un diputado de la Unión Provincial, que soy un hombre de antecedentes sucios y que tengo cuentas turbias con el Banco.

Era lo cínico que faltaba en esta época de verdadero desbordamiento y de cinismo insuperable, por parte de los hombres pertenecientes al régimen que ha arruinado y deshonrado a la Republica. Es realmente un colmo; pero me presenta la oportunidad de decirles algunas palabras breves, pero bien dichas.

Hombres todos del régimen funesto: es necesario que sepan -—entiéndanlo bien— es necesario que sepan que si hay en nuestro país ciudadanos de antecedentes intachables, publica y perfecta- mente conocidos, entre esos ciudadanos estoy yo.

Y puedo afirmar con legítimo orgullo y con toda la sincera altivez de mi carácter, que no han de ser muchos los que estén en condiciones de ostentar una foja de servicios como la mía y presentar, al mismo tiempo, como ejemplo, una vida más modesta, más abnegada y más honorable. He vivido siempre en una casa -de cristal, y hasta el ultimo detalle de mi vida es conocido; he luchado como fuerte y como bueno, y desde niño me he formado por mis propios esfuerzos, en medio de una lucha terrible, sin que nadie pueda señalar una sola sombra en una sola pagina; he mantenido una conducta verdaderamente ejemplar; nunca hice negocio ni especulación de ningún genero; jamás use de la influencia que mis servicios a la causa popular me daban, para obtener la mas pequeña posición en ningún sentido, siempre condene a todos aquellos poli- ticos que desarrollaban su existencia y su personalidad por tales medios; he sido, en fin, el eterno censor y el eterno fustigador de esos procedimientos incorrectos, y mas de un político, hoy encumbrado y soberbio, ha recibido directamente, de mis labios, esa fulminación.

Repito que he vivido y sigo viviendo en una casa de cristal; todos pueden ver, cuando quieran, lo que pasa en ella. Tuve un estudio de los mas acreditados en el país; tuve una desahogada posición conquistada a fuerza de trabajo asiduo y honrado; tuve una influencia poderosa, en mas de una ocasión, nunca se me habrá visto ni en los frontones, ni en los hipódromos, ni en los centros de especulación, ni en los teatros, ni en los festines, ni mucho menos en los círculos donde se forman las carpetas. Trabajaba y ahorraba para sembrar servicios... y recoger ingratitud. ¿Que mas quieren? Si quieren algo mas, puedo decirlo, porque tengo las manos, como decía Sarmiento, llenas de verdades. ¡Cuidado, pues!

Voy ahora al hecho concreto de mis cuentas turbias con el Banco. Voy a hacerme cargo de esta perfidia, de esta ruindad, digna de ellos, es decir de los que, con su conducta vergonzosa, han arruinado y deshonrado al país.

Yo preste mi garantía y por consiguiente mi firma, a unas personas que la pidieron porque deseaban descontar un pagare de cinco mil pesos. Mi actitud al acceder a este pedido, era la misma que muchas veces había observado: prestaba un servicio personal.

Se me dijo que el Banco descontaría aquel documento bajo la condición de que yo no retirara un depósito, por mayor valor, que tenia en el mismo establecimiento. Acepte y el deposito no fue retirado. En esto consiste la operación. Pregunto ahora, ¿donde esta el giro al descubierto? ¿Que hay en este descuento de incorrecto o de perjudicial para el Banco? Si el pagare se descontó, fue porque yo tenia un deposito por mayor cantidad, de manera que, en definitiva, el verdadero perjudicado soy yo mismo, como todos los depositantes, porque si hubiera retirado a tiempo mi deposito, hoy me representaría, en mis relaciones con el Banco, una suma por doble valor.

Entre tanto, el día que el Banco sufría una corrida, cuando los iniciados en los secretos de Estado se apresuraban a retirar sus capitales, el único dinero que entraba a las cajas de aquel establecimiento era el que les entregaba el doctor Leandro N. Alem.

Por lo que respecta a la mi cuenta particular la mantengo con el Banco desde hace veinte años, cuando todo era honesto, moral y correcto. ¿Se quiere saber lo que hay al respecto? Pues voy a decirlo.

Debo alrededor de veinte y seis mil pesos, que puedo pagar actualmente, con la mitad de esa suma. Cualquiera puede compro- bar la exactitud de este dato. Pero; ¿cual es el origen de esta deuda? esto es lo que no se sabe generalmente y yo no lo hubiera revelado jamás a no verme en la dolorosa necesidad de hacerlo.

Esa deuda no es propiamente mía: reconoce por origen ciertas garantías prestadas por mí a hombres que hoy figuran en las filas de los que pretenden enlodar mi nombre. Me pidieron mi firma y se la di; descontaron el dinero que necesitaban y luego ni el servicio de las letras hicieron: tuve que hacerlo yo. Paso algún tiempo, y, hallándome en estas condiciones, celebre una entrevista con el doctor Vicente Fidel López, entonces presidente del Banco.

Le explique mi situación y le pedí que refundiera las diversas letras en una sola que quedaría a mi nombre. Recuerdo que me contesto, poco mas o menos: "Es usted una victima, pero no hay mas remedio que aguantar; haremos lo que usted pide...

Resultado: las deudas de que yo era garante, se refundieron en una sola que quedo a mi cargo exclusivo.

Se trata pues, de verdaderos clavos que recibí de los hombres a quienes me he referido.

Ahí están en las filas de mis adversarios y en primera línea; encumbrado funcionario de Provincia alguno, jefes superiores del ejercito otros... ¡Seguramente no saldrán a desautorizar mi palabra, ni a rectificar mis afirmaciones!

Esta es la historia verdadera de mis relaciones con el Banco. Hombres todos del régimen funesto, que han arruinado y deshonrado a la Republica: acabo de exponer algunos datos relativos a mis cuentas turbias con el Banco. Desafío a cualquiera de ustedes a que rectifique la exactitud de unos u otros.

¡No lo harán! Yo, en cambio, puedo dirigirles algunas preguntas. ¿Con que derecho, con que motivo, con que pretexto siquiera intentan salpicarme con el lodo de que el país entero los contempla cubiertos? Mucho ruido, mucho escándalo, en torno de un pagare de cinco mil pesos, descontado en condiciones honestas y correctas. ¿Y de quienes parten las pérfidas calumnias?: de los grandes empresarios en todas las especulaciones que han agotado la savia de nuestro país, conduciéndolo al borde de la deshonra de la bancarrota. Ellos, los eternos usufructuarios de todos los negocios oficiales que han arruinado a la Nación, los que deben millones y no pagan —ni pagaran probablemente nunca—, los que la opinión publica señala, uno por uno... ¡es un colmo!, ¡pero son  ellos los que me mandan decir que yo tengo antecedentes sucios!

Y bien ¡vamos a cuentas! ¿Por que no hacen lo que yo hago?

¿Por que no asumen la actitud que yo asumo? Publiquen sus relaciones con los Bancos y refieran el origen del fausto en que han vivido envueltos. Digan a lo menos, pues deben saberlo, que se han hecho los millones desaparecidos... Entonces sabremos quienes son los honrados. Pero no lo harán. Yo, en cambio, he hecho para defenderme, lo que corresponde a un hombre público honrado, por- que no hay nada, absolutamente nada, que pudiera impedírmelo.

A fuerza de trabajo honesto, conquiste, lo repito, una posición desahogada. Trabaje y ahorre. Tuve reservas que hoy han desaparecido y me veo de nuevo en la necesidad de recurrir al trabajo diario. Pero ¿por que me encuentro en esta situación? ¿Cuales son los negocios que a ella me han conducido? Hice algunos servicios a muchos ingratos; y, en estos últimos tiempos, agote mis ahorros, vendí mis bienes, comprometí mi porvenir y el de mi familia, por detener desde las filas del pueblo, a costa de mi salud, de mi tranquilidad y de mi bienestar, la ola de corrupción que a ustedes, hombres del régimen funesto, encumbraba y enriquecía a costa de la salud, de la tranquilidad y del bienestar del país.
           
Esta es la historia, la única verdadera, la única exacta, a la que sirve de defensa incontrastable la honradez pública y notoria de mi nombre.
Hay, pues, mucha distancia entre ustedes y yo, y es inútil que se esfuercen por hacer llegar hasta mí ni un átomo siquiera del lodo que los cubre.
Estoy muy lejos, no lograran alcanzarme nunca.
LEANDRO N. ALEM.

CONTESTACIÓN DEL DR. PELLEGRINI

Ecce Homo:

Valíale más haberme nombrado. Cuadraba mejor a la "sincera altivez de su carácter".

Sabe que entre mis muchos defectos no se cuenta el de esquivar responsabilidades. Pero recojo la alusión y contesto.

No me detendré en el retrato que de si mismo nos traza el doctor Alem. Es todo un caso, que exigiría un estudio mas detenido. Habría deseado dejarlo disfrutando el fácil placer del propio elogio, pero no me es posible, y si en estas líneas tengo que retocar algunos rasgos y echar a perder el cuadro, lo hago obligado.

Yo no vivo en casa de cristal. Tengo muchos defectos que reservar, y no soy una virgen que en casta y candorosa inocencia puede en todo momento ofrecerse a la contemplación pública. Vivo en casa de piedra, y allí he formado un hogar, conocido, respetado y honesto. Es este requisito indispensable para mantener una posición social que corresponda a la posición pública.

Voy, cuando quiero reposar mi espíritu de tanta diaria miseria, a los teatros, a las fiestas, a los hipódromos y centros sociales y allí encuentro todo lo que hay de más culto y distinguido en mí país. En cambio, he tenido siempre aversión a los "estaminets" y las confiterías. Le explicara esto al doctor Alem por que nunca nos encontramos, a pesar de vivir en la misma ciudad.

El doctor Alem cree que hay gran distancia entre el y yo. Es mucha mayor de la que el cree, felizmente. Somos tan desemejantes en lo moral, como en lo físico.

He encontrado siempre placer en la actividad y el trabajo, y esto me ha permitido vivir en todo tiempo con relativa holgura. Mis ocupaciones han sido siempre conocidas, y en cualquier comenta se ha podido saber de que vivía.

He contribuido dentro de mis medios a formar los fondos de los comités políticos en los que he actuado, pues nunca se me ocurrió que ser presidente de comité o jefe de partido, fuera una profesión.

He tenido relación con muchos bancos, oficiales y particulares, y mi crédito jamás ha sufrido. Cuando subí a la presidencia, debía a los Bancos Nacional, Provincial e Hipotecario de Buenos Aires $ 120.000 por junto. Comprendí que dada la situación de esos bancos, iba a tener que ejercer sobre ellos mi acción oficial, y que en tal caso no era correcto que fuera deudor. Vendí la única propiedad que poseía, la estanzuela en Rodríguez, herencia de mi esposa, y cancele todas mis deudas.

He favorecido, con toda la decisión de que soy capaz, a las grandes empresas en cuya obra veía un progreso para mi país, y he ayudado a muchos hombres que merecían ser protegidos. En pago he vinculado mi nombre a esas obras, honor y placer que no comprenden los que creen que solo de sucia política viven los pueblos, y tengo hoy la amistad y la gratitud de hombres de verdadero merito.

Y basta: esta tarea de hacer ante el publico su autobiografía y ex poner su propia justificación en la misma sociedad en que nos hemos formado, es hasta cierto punto deprimente, y se aborda con disgusto Pero esta escuela alemista ha relajado hasta tal punto el criterio publico, ha chapaleado tanto barro y tan la inmundicia, ha tenido durante cuatro años tanta injuria en los labios, que hoy tenemos que resignarnos a hacer estas abluciones en publico.

En cuanto a las explicaciones que da el doctor Alem sobre sus cuentas turbias con los bancos es todo ello un tejido de inexactitudes, y es un colmo de audacia alterar así la verdad y tratar de desfigurar hechos que son conocidos de tantos, gracias a las investigaciones ordena- das y que constan en los libros y papeles de esos bancos.

Toda esa historia de que presto su firma a otras personas, etc., es pura novela. Tiene tan mala memoria en esto de deudas, que se refiere al doctor Vicente Fidel López, que fíe presidente del Banco hace 15 años. Lo de servicios e ingratitudes de encumbrados funcionarios de una provincia y oficiales superiores del ejército, es pura invención.


Los dos últimos descuentos que se le hicieron al doctor Alem fueron directamente, a su sola firma, el 16 de febrero de 1888 y 19 de diciembre de 1890. De estos descuentos proviene su deuda actual protestada y abandonada durante años. Asegura el doctor Alem que en la época en que el Banco sufría una corrida, fue el único que le llevo dinero a depósito. Efectivamente, el 19 de diciembre de 1890, día en que se le descontaba una letra, con su firma sola, por 20.000 pesos, depositaba 10.000, retirando los otros diez.

Es el único depósito que ha hecho. Creo que a cualquiera le era fácil favorecer al Banco en estas condiciones.

Algo mas: cuando el Banco de la Provincia había cerrado sus operaciones, el doctor Alem continuaba girando en descubierto, y mas tarde cubría esos giros con pagares suscriptos por sus partidarios, que aun no ha sido posible cobrar.
Igual cosa le sucedía en el Banco Nacional y ha sido necesaria la ley de jubileo para que recordara su deuda tan largo tiempo abandonada.

Y mientras tal conducta observaba, dirigía a sus partidarios esas furiosas arengas en que los incitaba al motín y a la revuelta, hasta dar en la cárcel con los infames que habían arruinado los bancos, abusando de su crédito y olvidando sus deudas. Y las masas se sentían hervir de indignación al oír la palabra irritada del falso apóstol que llevaba su predica incendiaria al través de toda la Republica.

¡Aun hoy se atreve a amenazar con decir verdades y desafiarnos a que rectifiquemos sus afirmaciones!

¡Ecce Homo!

He concluido con el doctor Alem y debo al público una palabra de explicación. Puede creerse que en lo dicho hay algo de excesivo y de personal. No; hay solo un acto de justicia que ya tardaba.

Cuando se instalo la administración de agosto de 1890, el doctor Alem la recibió mandando enlutar los balcones de la Unión Cívica. Estaba de duelo porque sus ambiciones habían naufragado, y su posible dictadura solo fue para este pueblo una pesadilla que se disipó con los últimos tiros del Parque.

Desde ese día inicio la conspiración permanente contra las autoridades legales, las obligo a hacer una política estéril de propia defensa, y ha mantenido al país durante cuatro años en estado de perpetua alarma, haciendo difícil el gobierno regular.

Trato de subvertirlo todo, sin respetar lo que tiene de mas sagrado un país, porque es la garantía de honor. Por el se ha visto la Republica diez veces al borde del caos; por el yacen argentinos sepultados en las cárceles publicas o vagan en el destierro.
Ha corrido sangre y se han malogrado muchas esperanzas. Estos cuatro años durísimos que hemos pasado son la obra de su ambición, de ese insensato orgullo que se refleja en el ridículo retrato que nos ha ofrecido.

Algún castigo tenia que merecer este gran delito, y el destino, al llevarlo a la prensa a tratar de justificar hechos injustificables, ha ofrecido la ocasión de desagraviar a la Republica entera, victima de la mas incomprensible mistificación que haya ejemplo en este país.

Sírvame esto de disculpa por haber descendido a esta polémica.

C. PELLEGRINI.














Fuente: Polemica de los Dres. Leandro Alem y Carlos Pellegrini con motivo de una calumnia en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires en boca del diputado provincial Olivares, publicado en los Diarios “El Argentino” de La Plata y “La Prensa”, septiembre de 1895

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