Fidel llego a Buenos Aires a mediados de abril de 1959.
Venia como jefe de la delegación cubana al primer congreso del «Comité de los
21 », organismo paralelo a la OEA que había sido creado por iniciativa del
Brasil y la Argentina, para dar prioridad a los temas del desarrollo económico
dentro de la problemática latinoamericana.
En seguida hicimos buena relación con Castro. Era un hombre
de pocos años más que yo, concreto, comunicativo, poco formal, que venia de
ganar una guerra («heroica», según The New York Times). Sin dudas aparecía más
como un producto genuino de la realidad cubana, que como un revolucionario
«profesional», cosa que desde luego no era, cualquiera que haya sido el
desarrollo ulterior del proceso. Aquí vino a explicarse, eligiendo Buenos Aires
como el primer escalón del viaje que inmediatamente después lo llevaría a
Estados Unidos. A propósito de esto, a mi me consta que John Foster Dulles (que
no era un blando) tuvo del proceso cubano una visión positiva de la que
carecieron sus mediocres sucesores en el cargo hasta la crisis de los misiles
del 62, que replanteó totalmente el tema.
Desde entonces opino que Fidel nunca fue un intelectual de
izquierda, sino un dirigente nacional que, partiendo de la realidad caribeana de
Cuba, trataba de conducir un proceso difícil. A propósito de esto recuerdo que
una desatinada mini invasión a Panamá inmediatamente parada por Castro por teléfono-,
nos permitió tratar el tema de la exportación de la revolución y la posición de
Fidel fue la correcta: no es mercadería de exportación. Ello explicaría las
diferencias que surgieron luego con Ernesto Guevara. Es que Guevara no era
cubano y Castro si.
Los errores que a mi juicio iba a cometer mas tarde el
gobierno de Cuba, es decir, la perdida del mercado norte- americano y el
correlativo aumento de la dependencia político-económica de la URSS, con el
consiguiente mantenimiento del subdesarrollo y monocultivo en Cuba, no fueron
tema de análisis. Todavía no se había enseñoreado de la política interamericana
la psicosis de guerra fría que se manifestaría en la operación de Bahía de los
Cochinos y en el bloqueo a Cuba, condicionantes de aquellos errores.
Hoy me resulta fácil hablar de Fidel porque puedo confirmar
con honradez, sin trampas, la opinión que de el tuve cuando lo conocí. Opinión
que en parte fundamento la política que al respecto siguió el gobierno del cual
yo era funcionario y que nos llevo a votar como lo hicimos en Punta del Este,
junto al Brasil, México y Chile, cuando se planteo la exclusión de Cuba del
sistema interamericano.
Fuente: Carlos Alberto Florit ministro de Relaciones Exteriores de la Nación en 1958 y
1959.
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