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lunes, 24 de agosto de 2015

Ricardo Balbín: "Acto público celebrado en Plaza Miserere" (23 de enero de 1957)

Amigos de la Capital:

La grandeza de esta asamblea da tono al episodio; es más elocuente que el más acertado verbo: ante su grandeza deposito la sencillez de mis palabras mansamente en el seno de cada uno de ustedes para aplaudir este encuentro de la comprensión argentina; nosotros reclamamos la serenidad del país para las grandes decisiones: no jugamos a la aventura electoral; quere­mos serenidad para encontrar el camino cierto y claro del acierto. Cuando nadie creía que la pacificación era el secreto del país, nosotros anduvimos recorriéndolo con esa siembra.

Coincide nuestra alegría con el llanto de alegría de otro pueblo liberado; yo no me acuerdo de los personajes de los que allí se van, ni de los que allí llegan. Yo voy en una carrera de ilusiones a depositar mi emoción en el más humilde hombre de Venezuela, aunque allí, como acá, sé que aparecerán los pescadores de río revuelto.

Vengo a señalar la responsabilidad de Argentina, porque si ella se frustra en la democracia, podría convertirse en un nuevo almácigo de desórdenes. Fe­brero marcará una etapa en el reencuentro de todo el continente.

Muchacho argentino: cuando tú tenías 10 años te decíamos que la lucha era aquí, y que así servirías la causa de América. Ahora yo quisiera llevarte, mucha­cho joven, de la mano y en silencio, para que veas tu República.

El país está derrumbado, está derrumbado el hombre en la Argentina. Hay en tu país hombres desvestidos, hay niños que comen cada tres días y gente que cree que el techo es el cielo, frente a una riqueza desarrollada sin control.

Mientras tú tienes la posibilidad de encontrar la solidaridad en tu ambiente, allá hay niños que mueren en la soledad, levantando una estadística de vergüen­za en la Argentina.

Hay en tu país frustración de hombres con hijos, que creen haberlos tenido como castigo.

Esta es la Argentina, esta es nuestra Argentina, la de los dolores anchos y la de las jactancias estúpidas. Esta es la Argentina que no muestran los jactanciosos; es calamitosa la República, la conocen muchos apóstoles que no fueron capaces de ir allí a levantar el pensamiento de una ilusión nueva. La conocen las fuerzas armadas. Y se ocultó, y está la derrota y el castigo. Pueden mostrarse los artificios de la falsificación, pero yo quiero ir y decir que hay que andar caminos sin engaños. No se trata de encerrarse en definiciones, ni de decir que estamos por la libertad sindical. Está de más; es obligación de éste y todos los partidos de la democracia.

Nosotros no tenemos mucha culpa en este fracaso del hombre porque fui­mos extraños a la responsabilidad de los últimos veinticinco años- Cuando hablamos de descentralización, queremos ir al encuentro de esa juventud del interior que vino a frustrarse. Vaya tranquilo, amigo, no se lo va a llamar más; aquí se quedaron atraídos por la luz. Nosotros no mostraremos la luz para la muerte; la llevaremos a las distancias grandes. Fracasará la revolución si el pueblo no comprende que ella se hizo para la democracia, y nosotros tenemos el instrumento de la democracia.

Todo se hará; el pueblo comprenderá que tiene que trabajar, pero produci­rá más en la medida que, esté seguro. Los que supusieron que habían perdido sus derechos, queremos que sepan definitivamente que somos una garantía en el ejercicio de aquéllos.

Sepa la empresa privada que tendrá asegurado su trabajo; esté tranquilo todo el que quiera trabajar.

Hombre que está pensando poner un blanco sin definición en la urna, no merece tener hijos, porque está faltando al deber que tiene contraído con ellos. Estas no son aventuras de una hora, sino definiciones para un largo tiempo.

¡Arriba todos! ¡Fuerte para adelante! Ya verán cuando el país tenga vein­tidós gobernadores representantes del federalismo que superen la jerarquía del presidente. Entonces el país trascenderá. Desde aquí exhorto a los partidos políticos de la democracia a la realización grande. Partidos políticos, la tribuna de la Unión Cívica Radical del Pueblo los saluda con la cordialidad de los años mansos.
















Fuente: Discurso en el acto publico de inicio de la campaña electoral presidencial, celebrado en Plaza Miserere, 23 de enero de 1957.

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