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sábado, 29 de agosto de 2015

Emilio Dupuy de Lome: "Don Hipólito Yrigoyen no es doctor, pero es abogado" (7 de octubre de 1916)

Es indudable que don Hipólito Yrigoyen, es, hoy por hoy, el ser que goza de mayor popularidad en toda la República.

Pocas serán sin duda las personas, que al cabo del día se acuesten sin haberle nombrado dos o tres veces o haber escuchado su nombre otras tantas, en la calle, en el café, o en el tranvía.

Don Hipólito, ha resuelto, no decir, sobre su gobierno «oste ni moste»  antes del 12 de octubre, y su silencio ha dado lugar a que medio mundo se crea en el secreto de sus pensamientos y así vemos, que unos afirman que no prestara juramento; que otros sostienen que jurará la trasmisión del mando; que otros, dicen que su Ministerio será compuesto solo de provincianos desconocidos en el ambiente político porteño, y otros, en cambio, le dan al doctor Lobos, la cartera de Hacienda; al doctor Saguier, la de Relaciones Exteriores, o a don Manuel Lainez, la Dirección General de Escuelas… todo ello como cosa resuelta. Lo cierto es que nadie sabe nada y que, cansado de sondear el futuro indescifrable, el reporter tiene que volver los ojos al pasado buscando las notas de interés que haya en la vida del que regirá los destinos de la patria dentro de pocos días.

Como algunas personas y diarios, llaman a don Hipólito «Doctor» y otros solo le dicen «Señor Yrigoyen o Don Hipólito», creí de interés para el lector, averiguar, si era o no «Doctor» el futuro mandatario.

Lego en materias de abogacía y no sabiendo como encontrar en los archivos de la Facultad las pruebas que deseaba, le pedí a un estudiante de Derecho que me guiase.

Este estudiante es radical empedernido, acababa de ser nombrado secretario de un comité seccional, se llama Lucio Manuel Moreno Quintana, y es nieto del ex presidente don Manuel Quintana y ¡buena coincidencia! Como su abuelo, se inicia a los 18 años en la política activa.

El me llevo a los archivos y enseñándome los viejos y destartalados libros de la antigua Universidad de Buenos Aires, me demostró que don Hipólito había estudiado el curso completo de derecho, de cuatro años, por aquel entonces, no como hoy que exige la Facultad un curso de seis años para otorgar el titulo de doctor en Leyes.

En el folio 55 del libro de Matriculas del 4° año de jurisprudencia correspondiente al año 1877, dice en el 4° renglón: «68, Hipólito Yrigoyen, 22 años, de Buenos Aires, domiciliado Cangallo, 1069, - Derecho Civil, Constitucional, Canónico y Económicos».

Según dicho libro y entresacando nombres de la larga lista de compañeros que don Hipólito tuvo en los años 76 y 77, encontramos a Marcelino Ugarte, Julio Botel, Melitón R. Zeballos, Conrado Chávez, Manuel J. Gonnet, Mariano J. Paunero, Daniel M. Escalada, Ramón Victorica, Alberto Navarro Viola, Alberto Posse, Isaías Mendiburo, José Antonio del Pino, Benjamin Leguizamon, Roberto Levingston, Arturo Gramajo, Alejandro Sorondo, Luis María Drago, Rodolfo Rivarola, Ernesto Quesada, José María Malbran, Alberto Blancas, y varios otros cuyos nombres figuran hoy en nuestro mundo intelectual, financiero y político.

Fueron sus examinadores los doctores Leopoldo Basavilbaso, José María Moreno y Pedro Goyena.

A mas de los cuatros exámenes que con brillantes notas dio don Hipólito al terminar cada uno de los años de estudio, debió rendir el final o de conjunto «Examen de Tesis» que se llamaba entonces, pero no llego a darlo, pues por aquella época, don Leandro Alem, su tío y decidido protector, le llevo de practicante a su estudio.

Tenia el estudio el doctor Alem en sociedad con el notable abogado don Bernardo Solveyra y estaba este situadote esto hace cerca de 34 años, en un edificio que hoy ya no existe en la calle Rivadavia, entre Florida y San Martín, donde actualmente esta la armería de Rassetti.

Los doctores Alem y Solveyra eran diputados nacionales y ambos mas dedicados a la política que a su estudio, dejaron el «bufete» en manos, casi puede decirse, del hoy electo presidente; tal era la fe que su pericia en leyes les inspiraba y tal confianza que en su saber tenían.

Yrigoyen, entregado en cuerpo y alma al «estudio» de los doctores Solveyra y Alem, descuidó sus asuntos propios y fue dejando un año para otro el examen de tesis, resumen de los cuatro ya dados, que le hacia falta para obtener su titulo de Doctor, pero escribió su tesis sobre Federalismo argentino, tesis que después no quiso presentar, pues decidido a no seguir leyes, se ve que no se interesó mas por el titulo.

Pasaron así algunos años, en que se dedico al trabajo de estanciero, hasta que envuelto también en la política, dejo en el mas absoluto olvido la consagración de sus derechos bien adquiridos al titulo de Doctor en Leyes ya que había rendido los cuatro exámenes parciales, y había practicado la abogacía en un estudio de la importancia del de Alem y Solveyra.

Don Hipólito Yrigoyen, no es, pues, «Doctor» de hecho, según reza en los viejos libros de la Facultad, pero es abogado de derecho.














Fuente: Emilio Dupuy de Lome: "Don Hipólito Yrigoyen no es doctor, pero es abogado" en Caras y Caretas del 7 de octubre de 1916.




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