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viernes, 26 de junio de 2015

Hipólito Yrigoyen: "Comicios honorables y garantidos" (18 de octubre de 1891)

A la tercera conferencia, del 18 de octubre, concurren H. Yrigoyen que lo hace a titulo personal y el doctor Oscar Liliedal en representación de D. Bernardo; Gutiérrez comunica su inasistencia.

Pellegrini esgrimió el argumento de una "solución patriótica", debiendo haber un acuerdo sobre los candidatos de la sucesión presidencial, entre los políticos presentes.

Sigue Mitre, reconociendo el patriótico propósito del señor presidente y que el como su partido, estaban dispuestos "incondicionalmente" a secundarlo.

Entonces, se hace oír la voz de una ética política, de Yrigoyen que dice: “la Unión Cívica Radical no solo no estaba incondicionalmente dispuesta a secundar los planes del presidente, sino que este no cumplía con su deber, debiendo colocarse en su puesto; la presidencia futura debía surgir de comicios libres y no de un pacto o conciliábulo”.

Objetando Pellegrini: Y ¿Como quiere el doctor Yrigoyen que me coloque en mi puesto si siento que me quema la cara las llamaradas de una revolución de su partido? Contesta Yrigoyen severamente: "Cumpla el Presidente de la Republica con su deber, garantice el comicio y vera como no le quema la cara las llamaradas de ninguna revolución radical".

Del Valle apoya el criterio presidencial, no solo como un derecho sino como un deber en circunstancias trascendentales. Interrumpido por el doctor Yrigoyen, quien aclara que en circunstancias anormales el presidente podía tener ese derecho, pero no cuando la Nación toda solo reclamaba comicios garantidos para darse sus gobiernos legítimos. (Ver Documentos y conferencias con F. Alcorta y R. Saenz Pena.)

Después ocurre el episodio, entre Quintana y Mitre, cuando el primero trata a Yrigoyen de "mocito petulante" replicándole Mitre: “no solo no es petulante, sino una gran esperanza para la patria”

Mientras Yrigoyen da un golpe moral al acuerdo en su mismo reducto, Alem denunciaba en el Senado (setiembre 1891), otra faz de la situación nacional, unida al acuerdo: "Se quiere evitar la lucha, no de dos partidos organizados, sino la lucha del partido popular con los gobernadores de provincia manejados por el Presidente de la Republica".

Testimonio del Dr. Hipólito Yrigoyen

Tal como se planteó en los clásicos manifiestos del 90, 93 y 905, y en la consecutiva documentación pública de las altas direcciones de la Unión Cívica Radical, y como lo reiteró ante el señor vicepresidente de la República en ejercicio de la presidencia, doctor Pellegrini, en la memorable reunión a que convocara a un número de ciudadanos de las distintas representaciones públicas, a la que asistí conjuntamente con él doctor Oscar Liliedal, respondiendo a la invitación que el Señor Presidente hiciera a la Unión Cívica Radical, y en la que se encontraban el general Mitre, el doctor Aristóbulo del Valle, Manuel Quintana, más otros señores, y en la cual debí rebatir y refutar la proposición de concordancia que para evitar la contienda electoral, propusiera el señor Presidente como solución patriótica, tan nefasta en la vida representativa de la Nación, y a la que se adhirió incondicionalmente —dijo—el General Mitre.

Pero, ante los opuestos razonamientos con que dilucidé la cuestión, desentendiendo totalmente sobre ella, no insistieron en la proposición formulada, limitándose el doctor Pellegrini a expresar que, como podía colocarse en la situación a que yo me refería, cuando como Presidente estaba sintiendo sobre su rostro el calor de una revolución y que era precisamente de mi partido, a lo que contesté en síntesis: que se colocara el Presidente en la línea de conducta que le marcaba la Constitución y sus leyes correlativas y que estuviera seguro de que tendría en la institución cívica que representábamos el primer factor de la tranquilidad y de la seguridad pública.

El General Mitre no insistió y por el contrario hizo manifestaciones visibles de asentimiento a los juicios que yo había emitido, formulando después elogiosas manifestaciones a mi respecto.

El Dr. del Valle se concretó a decir que coincidía en gran parte con mi pensamiento, pero que creía que había momentos en la vida de los pueblos, en que los Presidentes podían y hasta debían consultar a los ciudadanos que creyeron más capacitados. Le observé que condecía con ese raciocinio y que me lo explicaba muy bien cuando sucesos de un orden inesperado o extraordinario, requerían una mayor consulta de juicio superior, pero de ninguna manera cuando se trataba de elementales reglas de gobierno para garantir y cumplimentar el ejercicio del derecho electoral.

Como algunos de los otros señores nos preguntaron si podíamos atender proposiciones, les hice presente, que nuestra misión estaba definida por las consideraciones aducidas.
Así terminó la conferencia, siendo despedidos por el Señor Presidente y demás señores con toda cordialidad y que dejo referida más o menos en los términos con que se hizo pública en toda la prensa.

Quedó así confirmada ante la más alta autoridad del gobierno, que no había ventaja ni beneficio que pudiera desviar a la Unión Cívica Radical de la suprema idealidad, con que desde su punto de partida, emprendía la ímproba empresa de la reparación fundamental de la Nación.

Concurrió generosamente a la vida electoral con la legislación del régimen, pero aleccionada por los sucesos, pudo apercibirse de que por ese camino no iría sino a todos los desmedros y a todos los desencantos públicos, y entonces resolvió renunciar a las representaciones oficiales que tenía, reconcentrándose hacia la abstención, manteniendo su altiva protesta y dando los motivos de su recogimiento, que duró dos años en una serena contemplación de los sucesos y la decisión de no salir de ella, sino para afrontar y abordar comicios honorables y garantizados.













Fuente: -Hipólito Yrigoyen "Pueblo y Gobierno" Tomo I Vol. I Reparación-Intransigencia, Selección, anotación y ordenamiento por Hector Rodolfo Orlandi, Jorge Rodolfo Barilari y Roberto Etchepareborda, Editorial Raigal 1953.

-Quinto escrito de defensa de H. Yrigoyen, ante la Corte Suprema de Justicia, 8 de septiembre de 1932 

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