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miércoles, 22 de abril de 2015

Oscar Torres Avalos: "El enano Intransigente que llevo adentro"

Hace mucho, algunos de Vds. no habían nacido o acaso no tenían noticias de estas cuestiones cuando tres hombres jóvenes suscribían una declaración critica a la conducción radical de aquellos días, denominado "MANIFIESTO INTRANSIGENTE". Corrían los primeros meses del primer gobierno peronista, de Eva Perón apenas se conocía su pasado de artista de roles secundarios y de Perón sólo su sonrisa provocadora de simpatías y antipatías, y de su actuación oficial de militar de contornos fascistoides; en estos tanteo ya aparecían las primeras señales de autoritarismo y culto a la personalidad. Esos tres hombres provenían de las luchas internas del radicalismo en tiempos del alvearismo y se llamaban Crisólogo Larralde, Arturo Frondizi y Antonio Sobral identificados con el movimiento intransigente como contrapartida al sector "unionista", partidario de la Unión Democrática, una alianza electoral de centro-izquierda con los Partidos Socialista, Demócrata Progresista y Comunista, que enfrentó al candidato de la dictadura militar de entonces aliada a la extrema derecha. La intransigencia se oponía a esa alianza levantando la fórmula Sabattini-Guemes vencida internamente por Tamborini-Mosca la que finalmente por apenas 200 mil votos fue derrotada por el binomio oficialista Perón-Quijano. Aquel documento precisaba que pese a las hondas disidencias de la intransigencia (que aseguraba ser continuadora del yrigoyenismo) respecto de una conducción vacilante no se apartarían de la UCR y su oposición a un gobierno que comenzaba a exhibir fuertes sesgos autoritarios, demagógicos y conservadores con modalidad populista, al tiempo que subrayaba, que la UCR no podía caer en el simplismo de ser recolectora de votos opositores en tanto que el radicalismo "no ha sido ni será un simple partido de oposición" por su dimensión histórico-política y su profunda proyección transformadora.

Entre aquella época y la actual hay marcadas diferencias, no obstante hay puntos en común, entre otros, la necesidad de preservar la personalidad de la UCR, no sólo como partido electoral sino principalmente como último bastión en la defensa de la República y la democracia. Como ayer y como siempre el rol de la UCR no puede reducirse a ser colectora de votos opositores y ahí terminó todo. No se trata sólo de ganar una elección a cualquier costa como se da en los perfiles hedonistas de la mera política electoral. La UCR no empieza ni termina en una elección buena o mala.

Queremos el poder, no quererlo sería autoningunearnos. Asimismo, negar afinidades con otras fuerzas sería caer en sectarismos. Pero por sentido principista legado por nuestros padres rectores como por un sentido practico e instinto de preservación, la UCR debe saberse dueña de un inmenso yacimiento cívico que espera de ella, pese a su crisis actual inherente a la crisis de los partidos políticos de nuestro tiempo.
Perder nuestra personalidad es extraviarnos, es subastar una historia de luchas y anhelos. Una banca más o menos no hace a la UCR, un contubernio, si.

La UCR es una corriente histórica emancipadora del pueblo argentino. Lo fue en 1890 con Alem en el Parque de Artillería, lo fue en 1916 con Yrigoyen presidente, lo ratificó en 1922 con Alvear o en 1931 con Pueyrredón derrotando al fraude en aquellas elecciones heroicas de la Pcia. de Buenos Aires o en 1936 con Sabattini en la Córdoba corajuda de Plaza Mercedes, en 1946 con Tamborini frente al militarismo dictatorial, en 1951 con Balbín y Frondizi en la resistencia a la dictadura de entonces, 1958 con Frondizi en medio del polémico proyecto desarrollista, en 1963 con Illia y su gobierno decente y progresista, en 1973 con Balbín y el diálogo de conciliación nacional y en 1983 con Alfonsín y la recuperación definitiva de la democracia y la República perdidas. Tuvo su renacer en el fallido intento de buena fe de Fernando de Rúa. Lo fue en 2003 con un Moreau de pié frente a la catástrofe y en 2011 con Ricardo Alfonsín en la vía de la recuperación. Lo es hoy con los bloques de senadores y diputados radicales en la lucha contra el autoritarismo, la corrupción y la injusticia que como en el 46 sigue teniendo como protagonista central al peronismo aunque con otra sociedad y otros nombres pero con las mismas mañas, las mismas fatuidades, los mismos absurdos. El peronismo nunca entendió que poder sin autoridad es como tener el bote en un río seco, inhalando sus propias mentiras hasta llegar el delirio del "vamos por todo".

Estamos de cara al futuro, recogiendo experiencias del pasado, dejando a un lado las nostalgias bobas; recordar de días idos no nos pueden detener en nuestra carrera a hacia un porvenir de superación que alimenta a las nuevas generaciones con legitimas esperanzas de un país más justo, concibiendo una democracia republicana de mejor calidad, con igualdad social, con pleno ejercicio de su soberanía, con una economía desarrollada donde mercado y Estado cumplan sus roles equilibradamente. Capitalismo y distribución justa de la riqueza no son incompatibles como creen el liberismo y el estatismo burocrático. La democracia social es el camino, otrora definida por Miguel Angel Zavala Ortíz y desarrollada por Raúl Alfonsín.

El país necesita una política de reconciliación y para ello resulta básico recuperar el diálogo para el consenso, saber que el opositor no es un enemigo, que la diferencia de puntos de vista no constituyen un conflicto irremediable, que la puja distributiva no es necesariamente lucha de clases, que una política exterior independiente no es aislacionismo, que la solidaridad latinoamericana no es hostilidad contra nadie sino presencia y respeto para con nuestros pueblos.

El país necesita una fuerza que lo haya asistido leal y permanentemente a lo largo de su historia en su lucha por la República, las libertades democráticas y la generación y justa distribución de sus riquezas. Esa fuerza es el radicalismo existente aun antes que existiera la Unión Cívica Radical.

Esa fuerza se construyó sobre bases de intransigencia principista, es decir con bases éticas por cuanto sin ética no hay política ya que política y ética son dos caras de una misma moneda.

La UCR ha cometido errores como gobierno y como oposición; sus errores se dieron cuando se apartó de su intransigencia principista, sus aciertos cuando enarboló y efectivizó sus ideales nacionales y éticos, cuando rezó el Preámbulo de la Constitución, cuando levantó la consigna "somos la vida", cuando señaló como derrotero de dignidad que con la democracia se come, se cura, se educa.

Esa es la UCR consubstanciada con el futuro de la República y la democracia, del desarrollo económico social, tecnológico y científico, de un país consciente de su responsabilidad internacional. Este país vale la pena, es el país que le dió al mundo el talento de premios nobel, de enormes intelectuales de la talla de Borges, Sábato, Cortazar, Victoria Ocampo, Mujica Lainez; artistas de valía internacional como Victorica, Pettoruti, Splimbergo, Piazzola, Ginastera; grandes deportistas. Este país es el que le dio al mundo una lección de moral y justicia enjuiciando a las Juntas Militares de la dictadura, y por fin dio a la humanidad una de sus más altas dignidades: el Papa Francisco. Este país vale la pena. Este es el país anhela la UCR, no para la parcialidad de un partido sino para todo un pueblo que ambiciona para su futuro una democracia sin atavismos paternalistas y deformaciones populistas.

La UCR tiene capacidades sobradas para enfrentar las tareas que vienen. Su gente está lista para gobernar y reparar un país con baja calidad institucional y una economía castigada por la ineptitud y la corrupción.

Vale la pena rescatar a la UCR, vale la pena recuperar la República Argentina.
Abrazos.

¡¡¡¡ Vienen nuevos tiempos: radicales a las cosas!!!!





Fuente: "El enano Intransigente que llevo adentro" por Oscar Torres Avalos ex embajador argentino durante la Presidencia del Dr. Fernando de la Rúa.

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