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domingo, 1 de febrero de 2015

Núcleo Radical Intransigente: "Junta Provincial" (noviembre de 1945)


Convocada la Unión Cívica Radical a elecciones generales de sus autoridades partidarias, se abre la más trascendental instancia de su vocación histórica y decisión política,  y con ello, la de su propio destino. Es que nunca, como en las actuales circunstancias, vivió  horas más difíciles y trance más grave. Midiendo su faena a cumplir, y sintiendo su drama, que es el de la propia civilidad argentina, nos hemos dado a la limpia tarea de integrar, con  objeto claro y contenido preciso el Núcleo Radical Intransigente de Córdoba. Al denunciar su  integración y constitución, y fijar sus fines, afirmamos que hemos hecho uso del derecho, que  en toda democracia representativa acuerda a sus afiliados los partidos políticos. Estamos en  las vísperas del comicio interno. Este suceso asume excepcional importancia porque él se  tendrá que cumplir en un proceso de serena crítica en torno a la realidad argentina; de los principios constituyentes de la Unión Cívica Radical y de la defensa integral de la  nacionalidad. Es un acontecimiento de singular relevancia política, porque según cómo nos comportemos para su resolución, así será nuestra suerte y con ella la del propio país.

Nuestro núcleo: Ámbito y objeto

El proceso eleccionario interno adquiere por esta presión de circunstancias, un sentido y una dirección moral. Por ello declaramos que al integrar y constituir el Núcleo Radical
Intransigente no pretendemos ser los monopolizadores del sentir radical, los únicos intérpretes  de sus principios esenciales ni tampoco de su ideario civil. Estos principios constituyen el  patrimonio partidario y como tal, es de pertenencia de todos y su defensa obliga también, a todos.

Nuestro Núcleo que hace diez años viene actuando como tal dentro de las luchas internas de la Unión Cívica Radical de Córdoba, ha dado muestras inequívocas del sentido de su acción y su propósito.

Siempre hemos sostenido que la mayoría, por su condición de tal no da derechos sino impone, a quien la tiene, deberes y obligaciones. Por esto no hay jactancia en nuestra postura ni sentido mesiánico en nuestra acción. Sólo pretendemos, que en la elección de hombres, los principios radicales cobren poder de realización. Hay que evitar, al cumplir esta tarea, “el profesionalismo político”, de nuestra milicia ciudadana, y de dar relevancia de acatamiento a los llamados “indispensables”, desviación de una auténtica democracia partidaria. Aquí está nuestro ámbito y precisado nuestro objeto. Hay que encontrar dentro de los afiliados los mejores realizadores y los más altos intérpretes de los principios radicales.

En estos diez años de tarea intensa hemos mantenido tanta categoría en la lucha y decoro en la conducta que ya podemos afirmar que los dos gobiernos radicales presididos por  Amadeo Sabattini y Santiago H. del Castillo, y que llenaron de prestigio a la Unión Cívica Radical de la República, han estado a cargo de los hombres fundadores e integrantes de nuestro Núcleo. Pero es también necesario decir que al otro día de la consagración mayoritaria quedaron terminadas las diferencias de lucha porque ya nos unían los principios comunes del
Partido, y en la hora del trabajo constructivo los adversarios accidentales de la víspera eran los colaboradores más cercanos e inmediatos en la acción de gobierno. Estos son nuestros mejores títulos.

Además afirmamos su lema: la intransigencia como defensa de la unidad conceptual del
Partido para la realización de sus principios esenciales.

Nuestro Núcleo, teniendo en cuenta este grave momento del drama argentino, se articula también en un todo, con el Núcleo Radical Intransigente Nacional que, afirmado en idénticos  propósitos, se dispone, a todo lo largo y ancho del país, a librar el proceso eleccionario interno  del Partido. Creemos necesario por el instante cargado de incertidumbre y angustia de la civilidad, destacar los principios fundamentales de la U.C.R., para que se entienda mejor  nuestra conducta y cobre mayor claridad nuestra actuación.

La Unión Cívica Radical: Construcción de lo Argentino

La Unión Cívica Radical, es una clara conciencia argentina y ésta, como voluntad política, es una reparación de todos los males y agravios sufridos por la Nación y una  restauración de los valores integrales de la nacionalidad. Por ello en su raíz de historia, se ha  impuesto el quehacer impostergable, hoy más que nunca, de lograr su independencia  económica y espiritual, para poder afianzar una efectiva independencia política. Su tarea es ardua porque este camino, desde la hora inicial de la nacionalidad, es el drama de nuestras grandes frustraciones. Esa lucha ya iniciada, jornada Yrigoyeneana, nos señala que por la Unión Cívica Radical, y únicamente por ésta, se cumplirá nuestro destino de pueblo.

Así entendida su tarea planeó e inició un vasto programa de liberación “colonial” en todas sus formas, porque es previo para realizarnos con alta categoría y jerárquico decoro  como personalidad internacional. Porque mientras estemos subordinados, tanto en lo  económico como en lo espiritual, al destino de los países extranjeros, seguiremos siendo una “colonia” y no podremos reclamar el puesto de honor que nos corresponde a la par de las naciones del mundo.

Este fue el sentido de nuestra independencia, aún no lograda y tendrá que ser tarea de lo  esencial argentino que le tocará cumplir a la Unión Cívica Radical.

Por eso la Unión Cívica Radical no se maneja con la temática del Régimen, ni mucho  menos con la de los partidos políticos de raíz extranjera. Es que nuestra dialéctica histórica no se explica ni se fundamenta en doctrinas económicas o principios científicos extraños a nuestra constitución social y política. Carece de sentido, entonces, para el hacer político ¿las denominaciones de “izquierda” o “derecha”?. Pero sí están cargados de significación, hondas direcciones históricas, la de “independencia” o “colonialidad”; democracia federal, o tendencia unitaria o centralista.

Aquí juega el movimiento de nuestra formación como Pueblo. Este es el “contenido” preciso de nuestra tarea de construcción y defensa de lo entrañable argentino. Es que la Unión Cívica Radical, por su filiación histórica afirma en estas direcciones su voluntad política, su trabajo de realización. No busquemos fuera de él otro programa mayor. Es equivocar la ruta y extraviarnos en la propia.

El Régimen: Tragedia de lo Nacional

El Régimen no supo comprender esta tragedia. Olvidó la constitución del ser argentino: universalista, de vida plena y cargada de trascendentalidad, para dar valor y estima,  únicamente, al “hombre económico”, productor, es decir, al hombre mutilado. Su política de  profundo sentido material, entonces, no pudo superar lo circunstancial y pasajero y la riqueza careció de sentido social y el hombre de la dignidad de ser humano. Se cargó el acento en lo utilitario, en lo práctico y la política del Régimen fue de exaltación progresista. Pero desgraciadamente el progreso no fue entendido como acto de creación espiritual, producción de valores, sino de bienes materiales. Se lo enraizó al hombre en las cosas de la tierra y se le dejó en el torpe goce de sus apetencias sensoriales. Y esta doctrina política, fundada en las ideas de un positivismo ya agotado, se desplaza y alcanza a nuestra educación, y en vez de articular una concepción educativa fundada en el libre juego de la personalidad y en sus potencias creadoras con dirección trascendente, hizo, como su modelo francés, un registro de
“medios”. Su consigna fue: hacer el hombre práctico, productor de riquezas, de bienes materiales. Su lema fue: hacer el ciudadano “idóneo” para las instituciones. Y careciendo de “fines” nuestra educación, la escuela contribuyó al fracaso moral de la Nación y de cuyas penurias aún no hemos salido y tardaremos en salir a pesar de todos los intentos.

Esa fue la política del Régimen, tragedia de lo nacional porque nunca entendió nuestro destino como Pueblo ni supo comprender el ideal de vida del hombre argentino. Aquí está nuestra faena de restauración de los valores integrales de la argentinidad.

Por esta incomprensión vimos a los gobiernos del Régimen comportarse como empresas y con categorías de gerencia financiera. En esta grave instancia de nuestra evolución entra la Unión Cívica Radical como una convocatoria de lo genéricamente argentino.

Las bases de esta convocatoria son de naturaleza moral. Es una nación civil y a la vez radical porque representa la movilización de las fuerzas constitutivas desde el hondón mismo de nuestra historia. Yrigoyen fija el principio: “Triste condición la de un país si su prosperidad hubiera de consistir en el fomento de sus intereses materiales”. Es que se inicia en forma perentoria, con la Unión Cívica Radical, el rescate moral del pueblo. Y en toda la República se siente el estremecimiento del renacer de lo argentino en lo que tiene de genérico y auténtico. Yrigoyen esclarece y porta este mensaje, con mística de apóstol y de penitente. Y al hacerse voluntad política, es enfrentamiento a todo lo antihistórico, lo antivital, lo antiargentino.

No Transigir: Integridad del Credo

Pero para lograr tan altos propósitos hay que afirmar una conducta. Esta tendrá que ser una fuerza moral recia y dura. Una pasión cargada de sentido y poder constructivo. Y ella fue: intransigencia.

Posición de historia y no técnica electoral o táctica política. Esa será la pasión de nuestro pueblo para cumplir su destino. No transigir, no ceder, no pactar frente a las fuerzas que nos impiden realizarnos. 

Es que su capacidad de acción creadora de sacrificio, de épica lucha, no será otra, desde entonces, que su capacidad de resistencia a la conocida técnica del Régimen, en lo que tiene de disgregante de lo nacional, el “acuerdo”. Por todo ello dirá Yrigoyen: “Si los gobiernos son los agresores del bien público, si las propensiones particulares no tienen otro caudal que los beneficios propios, si la prensa en general en vez de ser centinela de las aspiraciones comunes, es también utilitaria y prevaricadora, cómo es posible que la evolución se produzca o la reforma se alcance por el camino de las absorciones y la confusión de todos, en juicios, propósitos y procedimientos?”. “La Unión Cívica Radical en plena rebelión contra todos esos medios, y vinculada por las grandes devociones del alma que despiertan las convicciones supremas, pudiendo triunfar con ellas y utilizar para sí tan caudales sensaciones de poder, prefirió siempre a las conveniencias de todas las funciones públicas, la absoluta unidad de su acción e integridad de su credo”.

En esta posición, y no en otra alguna, la Unión Cívica Radical deberá afirmar su conducta contra todo intento de “unidad” o “acuerdo” con los partidos políticos que no responden a los intereses permanentes de la nacionalidad y mucho más con aquellos que sus principios y doctrinas económicas son totalmente extraños a este intento, que es disgregación de lo radical, debemos adoptar una postura clara, recia: intransigencia total y absoluta. Ella es posición de historia.

La Unión Cívica Radical: Jornada Yrigoyeneana

Así se inició la gesta épica de la independencia aún no lograda y así tendrá que continuar su lucha. Porque, como Yrigoyen proclama, “el problema no consiste en saber quiénes han de gobernar a la Nación, sino en la recuperación de sus facultades para instaurar la legitimidad de sus representaciones públicas”.

“Sin el fundamento básico de la normalidad representativa, todo es vano y falsario en la vida de los pueblos”. Y lo constituyente argentino proclamado en Mayo, formulado el 53, se reinicia en 1916.

El programa de la Unión Cívica Radical ya estaba dado en el propio destino de su convocatoria: movilización multánime de lo auténtico para afianzar un derecho que permitiera fundar, definitivamente, a la Nación en sus más puros valores esenciales.

Y la tarea empezó en 1916. Yrigoyen encontró: el patrimonio nacional entregado; los esquemas del Poder Legislativo al servicio de intereses extraños. La labor de rescate comenzó con la tierra pública, .que diría Yrigoyen en su Mensaje., “piedra de escándalo de una época de cuyo salteamiento el país ha sido testigo”. Y siguió con la riqueza del subsuelo de la Nación, y que le haría afirmar: “el gobierno no enajenará un adarme de las riquezas públicas, ni cederá un ápice del dominio absoluto del Estado sobre ellas”. Anuló concesiones, intervino tarifas y sometió a las empresas a la autoridad de la ley.

Su legislación social fue amplia y de respeto a la dignidad del ser humano y de la familia. Nunca el país escuchó tan altas voces de defensa de lo nacional. Moneda sana, alimentos y vivienda, régimen de arriendos, organización gremial, salarios, trabajos a domicilio, trabajos en los territorios, tribunales de conciliación y arbitraje. En sus Mensajes se oyen palabras como éstas, jamás escuchadas: “Es irritante la desigualdad de la riqueza deslumbrante frente a la pobreza y a la miseria extrema”; “que bajo la bóveda de nuestro cielo no haya un solo desamparado”. “Deben ser excluidos los privilegios y fueros que puedan desvirtuar el principio básico de unidad nacional”. Apóstrofo a los que “especulan sobre el hambre y la sed del pueblo que trabaja”.

En materia internacional trasladó el centro de acción de nuestra política que giraba alrededor de Europa, a lo argentino. Y fija nuestro ideario: “La Nación Argentina .dijo ante la Liga de las Naciones, parte integrante del mundo, nacida a la existencia con tan justos títulos como cada una de las demás, no está con nadie, sino con todos para el bien de todas”.

La Confabulación de lo Antiargentino: 6 de Septiembre y 4 de Junio

Pero la confabulación de lo antiargentino, ante tamaña empresa, restauración que se cumplía, se hizo presente, el 6 de septiembre de 1930, con el Régimen y parte de nuestro Ejército, desalojando al pueblo de todas sus magistraturas de la República. La nacionalidad sufría a lo vivo una nueva flagelación y se frustraba otra vez lo entrañable argentino. Con este despojo entra en vigencia el fraude: desquite de la oligarquía, y con él se inicia la lesión a todas las dignidades representativas; la transgresión a todos los principios; las más incalificables conculcaciones a todas las libertades; la desvergüenza administrativa, el falseamiento de lo nacional; la entrega a lo extranjero; la introducción de regímenes políticos extraños a nuestra constitución como pueblo, y con todo esto, la declinación moral en todas las direcciones de la vida pública.

El drama de la argentinidad abría su nuevo camino de penitencia histórica.

A partir del 4 de junio de 1943, .fecha de anhelos esperanzados y de grandes credulidades, se siente el estremecimiento de una recuperación inminente. Pero a poco andar, el nuevo fraude moral al país queda al descubierto. Es que bajo aquella denigrante descomposición de lo político y social subyacía una fuerza que se venía organizando en los supuestos regímenes totalitarios y en una filosofía estatal de raíz extranjera.

Y bajo los altos propósitos enunciados, .que fue sinceridad en algunos y confianza en
otros., se inicia el movimiento que nos enfrenta a una nueva realidad. Es que se había reemplazado el “fraude”, .escarnio a todo el sistema representativo., por la “fuerza”, negación de todos los derechos y la estrangulación de todas las libertades. La tarea de los triunfadores se inicia en el ala “cesarista” de nuestro ejército, y con perfecta técnica totalitaria abre su marcha. Se denigra a los partidos políticos; se ataca a la civilidad llamándola corruptora y corrompida. Los más altos valores de la vida civil, olvidando conducta de austeridad y de patriotismo, sufren todas las denigraciones y los peores vejámenes.

Es que se prepara con esto, la marcha hacia la implantación del régimen totalitario.
Todo está previsto. Se disuelven los partidos políticos: se les declara inoperantes en los destinos de la Nación. Se va a más. Hay que realizar en los hechos, la institucionalización de la “opinión pública” a la que se considera elemento fundamental de la política y de la administración, correspondiéndole al Estado defenderla. Para su logro se organiza, sobre la base de los Ministerios de Propaganda, de tipo nazi, la llamada Secretaría de Prensa y Propaganda. Sus fondos son usados con total discrecionalidad. Hay que venalizar los resortes de la palabra escrita. A esta Secretaría se le da categoría de ministerio. Se dictan decretos restrictivos a la libertad de prensa; radiodifusión, emisión de ideas, propaganda oral y escrita, es decir se va articulando el andamiaje de los esquemas del estado totalitario. Su decreto ley “seguridad y defensa del Estado” completa el cuadro. Se continúa la labor. Se organiza la Secretaría de Comercio e Industria, también sobre los modelos de los llamados Consejo Técnico de Comercio e Industria nazifascista, y la Secretaría de Trabajo y Previsión inicia el más audaz y atrevido intento de organización del Estado corporativo. Su modelo, en líneas fundamentales, no es tanto el nacional-socialismo alemán, ni del fascismo italiano, sino del Estado corporativo de Portugal.

Con esta organización se altera todo nuestro régimen federal y se pretende lesionarlo de muerte para la entrega del individuo al Estado.

Su labor social, por lo tanto, es inmoral y desquiciante. Está fundada en el “hombre económico”, mutilado como categoría de ser humano.

Significa por su sentido y orientación, la oscura insurrección de lo primitivo, de lo instintivo. Es la utilización , .técnica nazi., de todos los “resentimientos sociales” o fuerzas reprimidas por diferencias de fortuna o privilegios irritantes, para enfrentar con ella a las fuerzas civiles estructuradas en los partidos tradicionales. La Unión Cívica Radical frente a esta labor de movilización de “masas”, .en direcciones ciegas., para el aprovechamiento personal, opone, desde la epopeya yrigoyeneana, la rehabilitación total del hombre.

Es que pone en sus manos la libertad política, y dignificando la ciudadanía como nadie lo hizo, lo deja en condiciones de poder decidir su propio destino. La llamada reforma social del actual gobierno lo despoja de este atributo y lo priva de esa libertad.

Es que la libertad ciudadana, que porta la Unión Cívica Radical, representa la efectiva garantía para la iniciativa personal, para el esfuerzo creador y para que el individuo realice su ideal de persona humana.

La Unión Cívica Radical hizo la Revolución Social

Por todo ello no se puede comparar la llamada reforma social de la Secretaría de
Trabajo y Previsión con la efectiva y única revolución social realizada en el país, por la Unión Cívica Radical. Esta revolución se llevó a cabo dentro de la ley y del respeto a todos los derechos, y sin exaltar odios de clases, de raza, de casta, de religión, de diferencia de fortuna como lo ha hecho, .con técnica totalitaria. ese organismo social del Estado.

No debemos olvidar que jamás la América presenció una tan honda revolución social sin tener necesidad de alterar un solo principio fundamental. Y eso que la Unión Cívica
Radical se encontró con los esquemas legales: Parlamento, Poder Judicial, Enseñanza,
Economía, entregados al Régimen y a los intereses extraños. Pero la obra de recuperación se inició sin trastocar ese orden de aparente legalidad. Nos dejó, en ese respecto, un alto principio ético: acatamiento a la ley, a la libertad del hombre.

En lo político hizo realidad el régimen republicano, representativo, federal y parlamentario, fundado en el voto universal, secreto y obligatorio. El actual gobierno, abolió estos derechos y lo dejó al hombre en su condición de máquina productora, con su trabajo remunerado pero, por la privación de esa libertad política, reducido a servidumbre. El radicalismo para afirmar estos principios robusteció el régimen federal y municipal. El actual gobierno abolió en el hecho y el derecho estos elementos constituyentes de nuestro pueblo porque preparó, .con la Secretaría de Trabajo y Previsión. el más vergonzoso unicato y, con él, la entrega del individuo a la concepción de un Estado totalitario.

La Unión Cívica Radical pone al hombre, capacitándolo en su formación, por la técnica y el trabajo creador, en el camino de su liberación porque la economía para el radicalismo no es nada más que un “medio” para que el hombre pueda cumplir su ideal personal y colectivo.

En la llamada reforma social del actual gobierno, la economía en la vida del hombre y de la Nación es un “fin”. Aumento de salarios, jornales, participación en las ganancias, jubilaciones, .concepto de vida material. como jerarquía de ideal de vida.

Para la Unión Cívica Radical la tierra es un instrumento de trabajo y no de especulación.

Es para los que la trabajan individual y cooperativamente. Tiene que dejar de ser un medio de renta y especulación. La Unión Cívica Radical trajo y porta la nacionalización de todas las fuentes de energía natural de los servicios públicos y de los monopolios extranjeros y nacionales que impiden el desarrollo económico del país. Aseguró la libertad de inmigración para todo extranjero útil que quiera trabajar en nuestro suelo; dio amplia garantía para el desarrollo industrial, siempre que éste no se funde en el desconocimiento del valor del trabajo y del respeto a la personalidad del trabajador. La Unión Cívica Radical afirma el derecho fundamental a la vida (vivienda limpia, alimentación sana, trabajo remunerado como tal sin distinción de sexo; enseñanza al alcance de todos, cultura para el desarrollo y formación de la personalidad, pero también para la Nación).

El seguro nacional obligatorio para toda incapacidad, vejez y desocupación. La Unión
Cívica Radical fundada siempre en el respeto a los derechos de la persona humana, exhibe su legislación protectora a los trabajadores del campo, a la libertad de agremiación y de huelga sin perjuicio alguno para el derecho de los demás. Sostiene el radicalismo que no se puede hablar de soberanía externa si no se afirma, plenamente, la soberanía interior. Por ello aseguró todos los derechos de la ciudadanía y pudo sentarse en la Liga de las Naciones y hablar como desde 1930 hasta hoy no fue posible, con una voz limpiamente argentina. Es que el decoro exterior, es el reflejo del decoro interior.

Por ello la Argentina reasumirá su personalidad internacional cuando afirme en los hechos sus instituciones representativas.

La Unión Cívica Radical, con la recia figura de Yrigoyen inició la revolución social hoy frustrada. Defendió la tierra diciendo: “Se procedió a rescatar la tierra ilegalmente enajenada.

Se defendió por primera vez al trabajador, se contuvo el constante despojo de que era víctima el trabajador modesto por parte del acaparador adinerado, para quien se abrían siempre las puertas de la administración pública” (Mensaje al Congreso, en 1921); se defendió la riqueza forestal; trajo la subdivisión de la tierra; se propulsó la educación agraria; se fijó precio al arrendamiento; se evitó la especulación de bolsas arpilleras e hilo; se resguardó al colono de los monopolios; y dijo Yrigoyen: “La riqueza de la tierra, con la del subsuelo mineral de la República, no puede ni debe ser objeto de otras explotaciones que las de la Nación misma”, y defendió la riqueza del subsuelo con la legislación defensiva del petróleo; declaró la caducidad de concesiones ferroviarias; impuso el salario mínimo; legisló sobre la organización gremial; completó el régimen legal de las asociaciones profesionales con las del contrato colectivo de trabajo y la conciliación y arbitraje; estructuró el gran Código de trabajo; dio el plan de previsión social; reglamentó el descanso, la jornada máxima de trabajo, reparación del accidente de la fábrica y talleres y el trabajo a domicilio; protección a la vivienda y adquisición del hogar propio. Toda esta labor la cumplió la Unión Cívica Radical.

Por eso fue despojada del gobierno. Pero para esta obra no anuló un solo derecho ni estranguló una sola libertad. La Secretaría de Trabajo y Previsión, que lo único que hizo fue reactualizar algunas de estas conquistas radicales, pero sin el principio informador de la misma: el respeto a la dignidad del ser humano. La reforma social, en lo que tiene de revolucionaria y trascendente, la dio el radicalismo. Quince años de Régimen la anularon. El actual gobierno la aprovecha, con fines demagógicos, y para afirmar en ella sus tentativas totalitarias. Por todo lo expuesto no podemos aceptar, bajo ningún pretexto, dentro de la doctrina radical, una socialización del Estado que importe anular al hombre en lo que tiene de esencial: su libertad, único medio éste para su realización como persona y el goce moral y material de la vida.

Nuestra afirmación

Es que la Unión Cívica Radical, fundada siempre en su clara concepción democrática.

Sostiene que el Estado puede intervenir en cierta medida, para mantener el justo equilibrio social, igualitario y retributivo, cuando causas sociales, económicas o políticas pretenden alterarlo y, además afirma que el Estado, en virtud del principio de “ayuda recíproca” que importa la solidaridad social, puede transformar .al entregar a los más, lo que legítimamente les corresponde a los menos., ese “deber moral” en obligación jurídica.

De aquí entonces, que no podrá el pueblo ser privado de ellas pero sí completadas porque ese es el ideario de la Unión Cívica Radical, ya que es la única fuerza civil que cumplirá el destino de nuestro pueblo y el ideal de vida del hombre argentino.

Aquí está su programa; su destino histórico, su voluntad política y la fuerza moral de su acción y su quehacer nacional.

Presidente:

Sr. Juan Irós

Secretarios:

Dr. Juan S. Palmero, Dr. Benito López Avila, Dr. Adolfo J. Galatoire, Esc. J. T. Fernández Rubio, Don Ignacio Palacio Hidalgo

Tesorero:
Ing. Guillermo J. Fuchs

Vocales:
Dr. Henoch D. Aguiar, Dr. Antonio Sobral, Dr. Alejandro Gallardo, Dr. Luis Cappellini, Dr. Mario Zinny, Dr. Arturo U. Illia, Dr. Héctor J. Moyano, Don José María Martínez, Don Pascual Zanotti,
Don Constancio Allemandi, Don Cayetano de la Fuente, Don Juan A. Más y Don Juan F. Funes.







Fuente: Manifiesto del Núcleo Radical Intransigente de Córdoba, Junta Provincial en Noviembre de 1945. Aporte de Marcos Funes Presidente de la Fundación Sabattini.

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