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domingo, 25 de enero de 2015

Moisés Lebensohn: "Mensaje a la Juventud" (1950)

¡Esta es tu Hora, Muchacho de Buenos Aires!

Argentina, 1889. Crisis del carácter y del idealismo. El éxito es la única meta, no importa cómo. Es la época de la riqueza fácil, de las rodillas blandas y del sometimiento sin tasa. El Presidente ejerce el poder sin límites. Unge gobernadores; fabrica diputados.


Su palabra es orden para quienes sienten como lastre nuestra gran tradición de altivez. Una ola sensual y dorada envuelve al país. El dinero, emitido en cantidades fabulosas, crea ilusión de prosperidad. Como ahora. Y como ahora, la corrupción de los negociados y un coro inmenso de adulaciones cubriendo la tierra de los argentinos.

Desmayan los varones, envejecidos en la lucha por los principios de la República, y la soberbia posee al Presidente, cuyo poder parece infinito.

Y, sin embargo...

El 22 de agosto reunióse un grupo de jóvenes. Proclama en banquete «su adhesión incondicional» al presidente de la República y lo erige en «jefe único». Esa mañana se publicó un artículo periodístico, un simple artículo periodístico. «¡Tu quoque, juventud!

En Tropel al Exito». Las frases vibrantes de Barroetaveña, conmueven el espíritu juvenil. En réplica al banquete de los incondicionables, nace la Unión Cívica de la Juventud. Ocho días después una multitud clamorosa responde, en el Jardín Florida «para proclamar con firmeza la resolución de los jóvenes de ejercitar los derechos políticos animados de grandes ideales, con entera independencia de las autoridades constituidas, y para provocar el renacimiento de la vida Cívica Argentina». Allí, en ese sitio, esos muchachos iniciaron el despertar del civismo.

La Unión Cívica de la Juventud - que constituyeron- fue el órgano fundador del
Radicalismo. Su punto de partida como movimiento organizado, pero no su origen, que se enraíza en los grandes movimientos históricos por la emancipación del hombre y la creación de la nacionalidad. 

El Radicalismo es un modo de sentir la vida y de concebir la función de la Argentina. Su fervor alienta la pasión republicana de Moreno, late en la visión de patria de la Asociación de Mayo, mueve el sueño profético de Sarmiento, agita al pueblo que rodea al Alsina de los grandes momentos, y que sigue a Alem cuando en él se refugió el sentimiento autonómico de Buenos Aires. Cual lo define la Profesión de Fe de la Unión Cívica Radical, «es la corriente orgánica y social de lo popular, del federalismo y de la libertad apegada al suelo e interprete de nuestra autenticidad emocional y humana, reivindicatoria de las bases morales de la nacionalidad; es el pueblo mismo en su gesta para constituirse como nación dueña de su patriotismo y de su espíritu»’

El 90, el 93 y el 95.
Del esfuerzo de aquel grupo de muchachos surge el reencuentro de los argentinos con el alma de la República. Alem alza la bandera reivindicatoria de los grandes ideales.
Julio de 1890. Revolución del Parque. Pueblo y soldados, mas no pueblo siguiendo a soldados, sino soldados con amor de pueblo, sirviendo con sus armas al movimiento de la civilidad Argentina, en la consigna inmortal de San Martín. Y aquel Presidente, que ayer parecía omnipotente, debió acogerse a la soledad y el olvido.
1893. Revoluciones radicales. Yrigoyen, el jefe revolucionario rechaza como incompatible con su honor la gobernación provisoria de Buenos Aires. 1905, nueva
Revolución. Y así, década tras década, el pueblo radical sigue fiel al propósito de permanecer en la lucha hasta la integración del pensamiento de Mayo, hasta la vigencia de las libertades fundamentales. Los triunfos de la oligarquía, respaldada en el fraude y en la ficción institucional - triunfos efímeros, como todos los de la fuerza-, encuentran al Radicalismo en la determinación insobornable de persistir hasta la prevalencia final de sus ideales.

Victoria del derecho.
Y llego la victoria. La resistencia popular y la energía paciente e infatigable de
Yrigoyen trajeron la ley Saenz Peña y abrieron el camino del sufragio. 16 al 30. Barre las oligarquías políticas. El Radicalismo gobierna al país y desde él inicia la era de la transformación social; se afirman, cual patrimonio inolvidable de todos los argentinos, las libertades vitales sobre las cuales se asienta la dignidad del hombre; en la pugna de los imperialismos, la Argentina señala la más alta posición moral. Nuestra democracia se perfeccionó en el progreso social, la cultura política y el inmaculado respeto a los derechos del pueblo.

1930, motín de septiembre.
El Radicalismo promueve la nacionalización del petróleo, base de la independencia económica y de la soberanía política. La Cámara de Diputados - de mayoría radical- vota la ley; mas el Senado - reducto reaccionario-, detiene su sanción. El 7 de septiembre deben celebrarse elecciones. Con los nuevos senadores habría de modificarse la mayoría del Senado. El día anterior, el 6, el gobierno constitucional cae derribado por la conjuración de un sector militar, Triunfa el complot imperialista. «Pasaron unos aviones - dijo Waldo Franck-, desfilaron unos cadetes, y por la noche los terratenientes argentinos bebieron Champagne de las mejores vendimias pagado por el oro de los petroleros yanquis». Y desde entonces, el petróleo argentino sigue sin nacionalizarse...

Calvario popular.
Uriburu intenta la reforma constitucional. Tiende al establecimiento de un orden totalitario. Su plan naufraga en los históricos comicios del 5 de abril de 1931.

Comienza, entonces, la vigencia del fraude, la perduración de las formas institucionales, en tanto se altera su esencia: la voluntad del pueblo. Imposición del privilegio y entrega económica.

Régimen de coloniaje material y espiritual, dirigido por dictaduras de turno, todas las cuales recibieron el apoyo de los núcleos militares actualmente gobernantes.

Cuatro de junio.
Mientras tanto prosigue la tentativa de avasallamiento de orden civilizado, de deshumanización del hombre. Hitler y Mussolini. Cae la democracia española y aquellos imponen otro dictador: Franco. El gobierno de Castillo mantiene una seudo-neutralidad, tras la cual se disfraza la colaboración con los nazis. Aquellos círculos militaristas que participaron en el plan frustrado del 30 retoman la iniciativa. 

No representan al ejército. La mayoría de sus cuadros de jefes y oficiales es leal a la gran tradición sanmartiniana. Es una minoría, pero minoría ágil. Cree incuestionable la victoria de los enemigos de la libertad, y forma el poder para jugar su propia partida en la hora definitiva del éxito totalitario. Más la suerte de la guerra le es adversa y, ante la presión de los acontecimientos, tiene que regresar a las consignas de democracia y libertad, proscriptas en el primer momento, como último camino de retirada. Levanta, entonces, cual señuelos, las banderas históricas del Radicalismo, la lucha contra el privilegio nacional e internacional, y con todo el aparato de propaganda, logra introducir la confusión en gran parte del pueblo.

Nuevas formas totalitarias.
La experiencia impuso correcciones. Ya no se realizó, como en 1930, una exhibición descarnada de los propósitos perseguidos. Aquel fracaso y las derrotas europeas enseñaron la necesidad de proceder paulatina y progresivamente. Declámanse las sagradas palabras revolucionarias para conquistar el corazón del hombre del pueblo, y ofrecésele, como gracia, algunas mejoras transitorias, mientras se estructura sigilosamente un orden de opresión, en el que estarán ausentes las libertades esenciales.

¡Guay del pueblo argentino, si no lo advierte a tiempo, si no reacciona antes de que el dogal se cierre sobre su cuello!

¡Guay si cae, como los infelices pueblos aniquilados, en deslumbramiento ante los artificios de los dictadores! En aquellos desgraciados paises - al igual que aquí- se monopolizaron los medios de expresión; se deformó la mentalidad del niño en la escuela, para uniformar mañana el alma del hombre; se anuló la independencia de los sindicatos, convirtiéndolos en satélites del gobierno; se reguló la economía y las finanzas en beneficio de nuevas oligarquías industriales y en sacrificio de consumidores y productores. allí, como aquí, la radio y la prensa oficiales, se encargaron de moldear a su arbitrio el pensamiento de la ciudadanía, manejando al son de la única campana que puede oírse; y Allí como aquí, plebiscitos o elecciones configuran una simulación democrática al impedirse el cotejo de hechos e ideas indispensables para el libre pronunciamiento popular.

Quedaba una última garantía de la vida republicana: la rotación de gobernantes, que si no restringe la arbitrariedad del poder, las limita en el tiempo, poniéndole término en plazo cierto. La supresión del articulo 77 de la Constitución, que prohibía las reelecciones, como último remedio para impedir la consolidación de un sistema dictatorial, fue el motivo real y la única finalidad de la reforma, que se encubrió con un manto de solemnes palabras.

El régimen desnudo.
El sistema puede ocultar su naturaleza mientras dispuso de las grandes diferencias de los precios de los cereales que substrajo a los agricultores. Su prodigalidad le creó un clima de transitoria popularidad. Normalizados los mercados, la corrupción y el despilfarro agotaron las reservas del trabajo argentino, despojando al país de su garantía monetaria.

Solo atina a sobrevivir emitiendo papel moneda, en tanto aguarda el estallido de una nueva guerra para la cual pactó la participación Argentina, en los convenios de Río de Janeiro. El pueblo paga el derroche oficial con la carestía de la vida. La inflación agobia a quienes trabajan o producen, y enriquece a los poseedores, cada vez más ricos. El régimen teme que el pueblo advierta la realidad: expulsa a diputados, clausura diarios, persigue a los trabajadores libres. Más la verdad se está abriendo paso. Lo dicen los últimos escrutinios.

Lo dirá Buenos Aires en marzo, convocatoria de lealtad con los principios de la larga lucha por la dignidad del hombre.

Hora de la juventud.
Esta es la batalla por la república, por los ideales que dieron origen y sentido a nuestra patria; batalla de juventud, de muchachos que no tienen el alma vencida, que quieren servir al porvenir construyéndolo con sus propios brazos, con sus desvelos y sus sacrificios. Eran un puñado los estudiantes que gestaron hace sesenta y un años el gran movimiento civil del Radicalismo. Parecían insignificantes ante el poderío del gobierno.

Y sin embargo, aquel gobierno cayó y ellos escribieron la historia de medio siglo, pues reencendieron al civismo en el corazón de los argentinos. Este es ese mismo pueblo, del cual estamos orgullos, aún en sus errores. Hagamos un grupo compacto en cada pueblo y en cada ciudad de nuestro Buenos Aires y levantemos fervorosamente la voluntad de combatir por la liberación política, social y económica de nuestros hombres y de nuestras mujeres. Es lucha para muchachos de corazón templado, que sientan su responsabilidad ante el destino nacional. Es lucha para muchachos dignos del honor de ser argentinos y de la emoción de ser radicales. Es nuestra lucha. Alcemos las banderas de la Juventud Radical, digamos nuestra palabra con autonomía dentro del Radicalismo, la fuerza histórica de la democracia

Argentina, y marchemos al encuentro del porvenir.

Tienes tu puesto en nuestras filas, en la Organización de la Juventud Radical.

Acércate, muchacho de Buenos Aires, a los compañeros de tu generación, que formamos esta columna. Irá engrosando día a día, hasta reunir a todos los hombres jóvenes.

Combatiremos y sufriremos juntos, y juntos obtendremos nuestra victoria en la construcción de la patria del mañana: la Argentina soñada del trabajo, la justicia y la libertad.






















Fuente: Moises Lebensohn "Pensamiento y Acción", Ed. Talleres Gráficos Buenos Aires, octubre de 1966. 

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