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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Fernando de la Rúa: "Congreso de la Internacional Socialista" (1999)

En pocos días más América Latina y Europa celebrarán una "cumbre" que me animo a calificar histórica. En ese contexto otro evento también adquiere relevancia: la negociación Mercosur/Europa, donde se trata de avanzar en la firma de un acuerdo comercial. Eso es positivo en todos los órdenes y particularmente en la política internacional, una actividad que reposa en la confianza y en la comunión de ideas.

También destaco el significado geográfico de este encuentro. Los vínculos históricos, políticos y culturales que nos unen al viejo continente quedan así reflejados. Ahora se trata de profundizarlos a través del comercio, las inversiones, la cultura, la ciencia y la tecnología.

Por último, como consecuencia de múltiples cambios y evoluciones, ligadas al fin de la guerra fría; al colapso del totalitarismo; al advenimiento de la llamada sociedad de información y a la existencia de problemas y desafíos de naturaleza global, los políticos estamos obligados a reflexionar. Casi todos nosotros nos formamos en un siglo que está terminando. Un siglo donde convivieron el progreso y la regresión; un siglo que se cierra con demandas y desafíos que convocan a una meditación colectiva como la que ahora estamos encarando.

II

Hay una dolorosa realidad que impone un cambio práctico y moral basado en la solidaridad: es el desafio del proximo siglo

Es cierto que durante el siglo xx la pobreza se ha reducido de manera marcada en muchas partes del mundo, pero el 25% de la poblacion mundial sigue viviendo en condiciones de necesidad extrema. Esto refleja desigualdades escandalosas y demuestran un fracaso de las politicas seguidas tanto a escala nacional como internacional

Los números de la inequidad

Las estadísticas extraídas en gran parte del informe sobre desarrollo humano elaborado por Naciones Unidas muestran una situación social muy comprometida:

1.300 millones de personas sobreviven con menos de un dólar diario, particularmente concentradas en africa y asia meridional oriental y sudoriental. De ellos, 110 millones viven en america latina.
850 millones de personas estan subalimentadas y 500 millones sufren desnutricion cronica, 200 millones de niños estan subalimentados.
El 20 % de los habitantes del plantea carecen de servicios sanitarios.
Entre 1995 y 1997 solo 21 de 124 paises en desarrollo tenian una tasa de crecimiento economico mayor al 3% anual, tasa minima necesaria para reducir la pobreza.
Por falta de un sistema adecuado de salud, 17 millones de personas mueren por año debido a enfermedades facilmente controlables (diarrea, malaria y tuberculosis)
Hay 1000 millones de analfabetos en el mundo.
Según la organización mundial del trabajo, el 30% de la mano de obra esta desocupada o subempleada.
Las mujeres estan discriminadas, recargadas de trabajo en el hogar y en las funciones que pagadas por debajo de los hombres- pueden ejercer en una insercion mediocre en el aparato productivo.
Las personas de la tercera edad viven en condiciones de pobreza y abandono.
En América Latina el 20% más rico de la población tiene un ingreso medio anual mayor a 17.000 dolares y en tanto el 20% mas pobre llega a solo 930 dolares por año. A escala mundial, en los 69 países en desarrollo al relacion de ingresos entre estos dos grupos es de 10 a 1.
En este escenario, el rechazo a la teoria del "derrame" marca un cambio rotundo en las ideas de los organismos internacionales. Pues ha quedado claro que el mercado, por si solo, no puede resolver el problema de la pobreza y la inequidad social.

Planteo aquí un resumen de acciones para reducir la pobreza, la desocupación y el desempleo:

Empleo: el Estado de debe recuperar protagonismo con políticas activas
Educación: el arma fundamental para luchar contra el desempleo
Crecimiento no inferior al 3% anual del PBI
Apoyar a las PYMES de manera real y efectiva no sólo financieramente sino también con desarrollo y tecnología
Responsable y transparente administración de las cuentas públicas
Ahorro público. La austeridad debe empezar por la transparencia: los fondos reservados son un claro ejemplo.
Progresividad impositiva
Estado eficiente y dinámico


Un pacto por la equidad:

Concentración de recursos en las areas de educación, salud, vivienda, saneamiento y medio ambiente.
Mejorar la calidad y eficiencia del gasto público
Participación del sector privado a traves de las ONG'S
Fluida incorporación del capital humano al mercado de trabajo
Capacitación y reentrenamiento para una reconvserión en tiempo real de los recursos humanos
Redes de contención social, públicas y privadas, que deje atrás el mero asistencialismo y reconstruya los lazos de solidaridad
Luchar contra la pobreza y la inequidad debe implicar una accion mancomunada de partidos politicos, de asociaciones profesionales, sindicatos, empresas privadas, e instituciones gubernamentales, en alianzas confluyentes construidas sobre la base de intereses comunes y consensos básicos.
Atención preferente a los grupos de alto riesgo: niños, mujeres.
Luchar contra la corrupción en forma permanente y sistemática
Las reformas aisladas no garantizan la sustentabilidad del crecimiento

Sintesis:

Liberalización del comercio en los países desarrollados
Reducción de los subsidios a la producción agrícola
Cooperación técnica
Erradicación de la pobreza y equilibrio en la distribucion del ingreso
Es factible economicamente y constituye un imperativo moral
La inacción es hoy prácticamente inmoral
Nuevo camino hacia la equidad: El crecimiento del conjunto es una condicion para el progreso de cada uno de nosotros.

III

Estamos orgullos de recibirlos. Somos latinoamericanos comprometidos con un proyecto democrático inspirado en valores: libertad, justicia, igualdad y solidaridad.

Hasta no hace muchos años América Latina vivió los horrores de la dictadura. Reconstruir la democracia fue una empresa épica. Conducir la transición resultó una ingeniería social y política dura. Por esa razón en este ámbito quiero destacar el papel que le tocó desempeñar, en ese proceso, a quien seguramente está espiritualemente con nosotros en cada minuto de nuestro encuentro: el Dr. Raúl Alfonsín.

Se ha dicho, casi hasta el cansancio, que la década de los ‘80 fue "una década perdida". Creo que esa afirmación es tributaria de una visión sesgada, diría economicista. Es cierto que la crisis de la deuda (1982/México) afectó y condicionó a todos nuestros países. ¡Si lo sabremos los argentinos! Pero desde la perspectiva política, desde el ángulo de la libertad, debemos ser justos y honestos: los ‘80, en muchos de nuestros países, significaron el reencuentro con la democracia y con la vida. Fue una década ganada.

En este foro no puedo dejar de destacar el papel de muchos de ustedes y de los partidos que representan. En esos años dramáticos muchos latinoamericanos fueron recibidos en vuestras tierras y muchos salvaron sus vidas gracias a los sistemáticos esfuerzos diplomáticos realizados en favor de personas y de derechos.

En los ‘90 arribaron a nuestros países, que estaban consolidando sus instituciones en un contexto económico difícil, ideas económicas que estaban en boga en los países desarrollados. Para nosotros era clara la necesidad de reformular muchas de nuestras ideas a la luz de las nuevas realidades, pero faltó preparación, adaptación y sobre todo faltaron mecanismos de auxilio y de compensación frente a la magnitud de las consecuencias sociales de los cambios que esas ideas motorizaron. La apertura de una sóla vía; un proceso de privatizaciones que descuidó al consumidor y facilitó la creación de monopolios, una excesiva dependencia de los humores de los mercados financieros y una visión política cortoplacista y unidimensional, nos llevaron a una realidad que clama por justicia.

A ese avión subieron pocos y una gran cantidad de hombres y mujeres quedaron marginados sin posibilidad alguna de recuperarse si alguien no los atiende. Y para peor, cuando más falta nos hacía el Estado de Bienestar algunos creyeron que había que destruirlo. A su manera fueron coherentes y como todo converso fueron ortodoxos hasta el extremo: confundieron economía de mercado con mercado sin sociedad.

Ahora, cuando estamos cerrando los ‘90, estamos obligados a escuchar las voces de los que desgarradoramente nos muestran que si bien hubo crecimiento económico no hubo en cambio progreso social. No hubo desarrollo. Hay algunos más y muy ricos. La clase media, la columna vertebral de países como la Argentina, se achicó y un ejército de pobres y excluídos son la contracara de un proceso que lo heredaremos para superarlo.

En América Latina la radiografía es semejante. Puede haber matices. Pero ella en los ‘90 se convirtió en el continente con mayores desigualdades sociales. Como se lee en el último Informe de la CEPAL, en 1997 había en América Latina más de 200 millones de pobres y casi cien millones de indigentes. Estas cifras hablan por sí mismas. Por esa razón me resisto a adherir a los análisis que dan perdidos a los años ‘80 y consideran virtuosos a los ‘90. Detrás de estos números hay gente y en nombre de esa gente estamos obligados a lanzarnos al nuevo siglo a través un nuevo camino.


IV

¿Qué construimos en el medio de las adversidades?

Cuando América Latina hace su balance de los últimos años además de la definitiva instauración de la democracia rescata otros logros. Y entre ellos destaco la cooperación regional y la integración.

Se ha afirmado que el exceso de utopía bolivariana conspiró contra la integración. No niego totalmente el juicio. Pero tampoco soy de los que creen que es posible hacer política o encarar una empresa como la integración latinoamericana sin adherir a una visión que debe incluir la utopía.

Acaso hombres como De Gasperi; Schumann o Monnet, los padres de la integración europea, ¿no eran portadores de utopía? ¿Acaso puede alguien definirse como socialdemócrata y desconocer el significado de la utopía? Acaso frente a las grandes necesidades y empresas políticas pendientes en nuestros países podemos ser arquitectos sin tener la visión que nos da una utopía?

Lo que sucedió con nuestra integración es que quisimos saltar etapas; que estuvimos muy aferrados a una concepción excesivamente cerrada de nuestras economías; que dependimos mucho de la economía; que creamos burocracias pesadas y tampoco exploramos en forma suficiente otras dimensiones de la integración, como la cultura; las obras de integración física; la educación; la ciencia y tecnología. En definitiva, omitimos muchos vectores de la integración; no le dimos suficiente juego a los actores no-estaduales, a las ONG; al mundo de la creación, del trabajo y de la producción. Lo que en verdad conspiró contra nuestros esfuerzos fue una visión muy tecnocrática. Y ustedes los europeos saben que sin tecnocracia no hay integración; pero en exceso ella esteriliza.

Hoy el mapa de la integración en América Latina es rico y complejo. El NAFTA; el Sistema de Integración Centroamericano; la Asociación de Estados del Caribe; la Comunidad Andina y el Mercosur, constituyen el núcleo de este mapa.

Obviamente existen realidades diferentes, pero por encima de ellas se destaca una propósito común: consolidar una identidad regional y lograr la mejor inserción internacional posible para nuestros países.

En el Cono Sur nuestro compromiso con esas ideas tiene nombre y apellido: MERCOSUR.

Luego de décadas cargadas por estériles y peligrosos conflictos geopolíticos, con el retorno a la democracia los Presidentes Alfonsín y Sarney abrieron las puertas a la integración de nuestros países. En ese momento parecía un sueño irrealizable, pero el sueño se concretó. Este Acuerdo fue tributario de una visión política y se hizo en base a una concepción estratégica. La idea de cooperar; de abrirnos juntos al mundo; de maximizar nuestros recursos, por ejemplo en materia científica-tecnológica; de lanzarnos en aventuras productivas conjuntas, o en materia de industria aeronáutica y espacial; la preocupación por cerrar un pasado de sospechas, corporizada en nuestros programas nucleares que a partir de ese momento se abrieron para los socios; son algunos de los proyectos que se explican en función del marco democrático común. Además ustedes no pueden ignorar que muchas de esas ideas son hijas de la experiencia europea.

Gracias a ese emprendimiento, el comercio y las inversiones fluyeron y años más tarde Paraguay y Uruguay se sumaron. Hoy el Mercosur es una realidad y constituye nuestro proyecto estratégico en la globalización y es nuestra casa común. Como consecuencia de la crisis que afectó al Brasil, que se vino a sumar a una serie de descuidos imputables muchos de ellos al gobierno argentino, el Mercosur ha sufrido golpes. Es lógico, muy integrados equivale a muy afectados, en la medida que surgen los problemas. Sin embargo quiero sintetizar mi visión y más allá de las correcciones y agregados que el Mercosur necesita sintetizo mi opinión señalando que frente a los problemas de la integración tenemos que oponer más integración. No hay otro camino. A la geografía, a las afinidades culturales, a los sueños comunes, ¡nadie ni nada puede soslayarlos!


V

Hoy la gobernabilidad pasa por el consenso de que no hay progreso sin desarrollo social

El mundo de hoy nos muestra una gobernabilidad enmarcada en un profundo respeto por el consenso. Así, muchos países europeos desarrollaron eficientemente gobiernos de coalición. En Argentina el ejemplo es la ALIANZA, que no es una alianza de partidos políticos sino una alianza que nos exigio la gente a los gobernantes.

Los consensos: sin ellos hay decretos, en vez de leyes; sin ellos hay providencialismos, no verdaderos hombres de estado; sin ellos dependemos de las personas, cuando debemos depender de instituciones. Este es un estilo y una forma de hacer política en un país que quiere madurar y prosperar en base a la igualdad en el esfuerzo y en los beneficios. Y hoy en nuestro país existe un consenso, encarnado por la ALIANZA, de llevar adelante la revolución pendiente de la justicia y de la ética.

No hay prosperidad válida, real ni duradera, sin un desarrollo económico que pueda conciliar progreso, ética y justicia social.


VI

Compartimos los mismos ideales y valores. ¿Qué podemos hacer en común?

Con tradiciones y realidades distintas, muchos de nuestros esfuerzos deben ser consagrados a los mismos problemas, por ejemplo el empleo. Nosotros queremos insertarnos cada día mejor en la economía internacional, pero ese óptimo económico no debe alcanzarse sacrificando el óptimo social. En otras palabras, valoramos tanto le competitividad y la productividad como la homogeneidad social. La Argentina conoce lo que significa la fractura social: un tercio de los argentinos vive en la pobreza y en la indigencia.

Sin empleo hablar de una sociedad homogénea es un sin sentido. Ahora bien, nosotros observamos con atención vuestros debates, como "el pacto para el empleo"; lo acordado por Europa en la reciente cumbre de Colonia (Alemania, junio 99); la discusión por el empleo en base a 35 horas que tuvo lugar en Francia; la plataforma aprobada en Milán por los partidos socialistas europeos ( 1º de marzo 99 ) con vista a las elecciones europeas del 13 de junio ppdo.; y el más reciente manifiesto suscripto en Londres por el Primer Ministro británico y el Canciller alemán. Ahora bien, cómo nos pueden ayudar cuando nosotros estamos en otra fase del proceso, con un 15% de desempleo y con tendencia al alza?

Pues bien, la Alianza en su plataforma y en todos nuestros discursos aludimos a las PYMES como generadoras de empleo. Sabemos el papel destacado que ellas desempeñan en el viejo continente y por esa razón todo lo que se vincula con este tipo de empresas siempre será bienvenido. No ignoro que la trama productiva donde ellas se mueven es diferente, tampoco soslayo que no es lo mismo una red de PYMES en un país con empresas nacionales y en otro que las ha ido perdiendo; no desconozco que el acceso al mercado financiero es diferente; y por último no podemos soslayar la brecha tecnológica. Pero aún así nosotros estamos necesitando de ustedes, de vuestra experiencia, de vuestras inversiones, de vuestra cooperación tecnológica y en capacitación de recursos humanos. Como ven aquí tenemos convergencias a pesar de las diferencias.

Otro esfuerzo que en Europa y en América Latina estamos encarando en forma simultánea está asociado al papel del Estado, en particular en el capítulo social.

En mi país el Estado de Bienestar, que fue ejemplo, ha sido virtualmente destruído y en su lugar algunos han buscado sustituirlo por un asistencialismo electoralista, que degrada a nuestra gente y que no soluciona los problemas de fondo.

En Europa el debate responde a las tradiciones nacionales, aquí es más serio, se trata de tener o no tener políticas sociales. El asistencialismo no promueve la responsabilidad individual y deja afuera a una enorme cantidad de gente que no está en condiciones de acceder a los favores políticos o a los sistemas utilizados para practicarlo. De esta forma los que más lejos están de los planes generalmente están más cerca de la indigencia. En este caso la mano del Estado llega a pocos y de mala forma, malgastando recursos que bien administrados tal vez serían suficientes. Por esa razón toda la experencia acumulada por ustedes, todo lo que puedan hacer cuando en los organismos internacionales de crédito se discuten los términos de la ayuda y asistencia que el Estado provee en el sector social, todo eso nosotros lo valoramos y lo necesitamos.

A simple vista puede parecer una agenda no grandilocuente, sin embargo creo que es concreta y hacia ese fin debemos orientarnos. En la medida que logremos avanzar en estos y en otros capítulos terminaremos por darnos cuenta que estamos finalmente soñando juntos.

VII

Una agenda de trabajo común: el mundo.

Somos conscientes de las nuevas realidades y por esa razón muchas veces los latinoamericanos tememos que nuestra referencia cultural por excelencia, que ciertamente es Europa, por motivos ligados a la dinámica de una agenda internacional cada día más autónoma de la voluntad de los actores, termine convertiéndonos en no-prioridad.

Sabemos que Europa está poniendo en marcha una empresa que nos inspira en el Mercosur, como es la creación de una moneda común, y esa empresa exige recursos y cuidados. Estamos al corriente de lo que significará como esfuerzo para ustedes la reconstrución de los Balcanes, una vez terminado el drama de una guerra que tanto nos ha dolido. Permanentemente evaluamos las implicancias del proceso de ampliación europeo ( Polonia, Rep. Checa, Hungría; Eslovenia y Estonia ) que tendrá todo tipo de implicancias, tanto para ustedes como para nosotros. Sabemos cuán importante les resulta la geografía del Mediterráneo que los circunda y los países que integran la Convención de Lomé ( Estados caribeños, africanos y algunos asiáticos ). Sin embargo saben bien que la buscada arquitectura internacional basada en un mundo multipolar en una buena medida depende de la orientación definitiva que adopten nuestros países y en particular el Mercosur. ¡Definitivamente, el multipolarismo estará más lejano en la medida que europeos y latinoamericanos estemos alejados!. Esa es una verdad indiscutible.

Si aceptamos esa premisa, y espero que así sea, estaremos en condiciones de encarar el estimulante ejercicio político e intelectual que consiste en la elaborar la agenda del siglo XXI, para Europa y para nosotros.

Múltiples son los desafíos en el mundo de la post-guerra fría y de la globalización. Pero por encima de todos creo no equivocarme si identifico un tríptico de problemas: paz; desarrollo y medio ambiente. Asumo que otros temas también incluyen la nueva agenda internacional, v.g narcotráfico, terrorismo, proliferación de armas de destrucción masiva, creación de una nueva institucionalidad internacional, en reemplazo de la fundada en Bretton Woods, etc, pero los tres primeros deben consagrar nuestra mayor atención.

De nada valen los discursos y las coincidencias filosóficas si detrás de ellos no ponemos la voluntad de enfrentar estos temas. Sabemos que una de las razones de la descreencia de la gente hacia la política anida en el hecho de no visualizarnos, muchas veces, a los políticos como agentes del cambio. Sino hay cambio, sino podemos ofrecer un futuro distinto y mejor, seguramente los mercados nos terminarán sustituyendo en todos los ordenes de la vida social. Y podríamos especular días, seguramente coincidiendo, acerca de qué terminaría sucediendo en ese mundo: sería el retorno al estado de naturaleza de Hobbes. Negar en definitiva la historia y al hombre que la construye.

Nadie puede dudar de nuestra contribución a la paz y la seguridad internacional. En América Latina, más allá de algún episodio no muy lejano que ahora felizmente se ha superado, (Ecuador/Perú ), los problemas limítrofes casi han dejado de existir. Aquí mismo, hace pocos días, Chile y la Argentina cerramos el capítulo de los hielos continentales. En el Cono Sur establecimos mediadas de confianza y hemos terminado con los planes de construcción de armas de destrucción masiva. También muchos de nuestros países contribuimos activamente en el ámbito de las Naciones Unidas integrando los contingentes de paz. También América Latina manifiesta un sincero compromiso con la paz y la seguridad internacional cuando destacamos la importancia de las Naciones Unidas y de su Consejo de Seguridad. De manera que en esta capítulo del tríptico en líneas generales compartimos ideas y posiciones.

En el capítulo del medio ambiente sin duda existen matices vinculados a problemas y a sensibilidades diferentes. Sin embargo seguramente coincidimos que la humanidad está obligada a frenar el deterioro de las condiciones ambientales y que ésto sólo puede hacerse desde una perspectiva global, es decir ir más allá de la lógica estadual. Para ello debemos cooperar y la mejor manera de hacerlo consiste en asumir el compromiso en torno a la idea de un crecimiento económico sostenido y ambientalmente sustentable. Ha habido sin duda avances significativos, sobre todo a partir de la Cumbre de Río, pero todavía falta mucho para hacer, como quedó demostrado en la agenda pendiente de las reuniones celebradas en Kyoto y en Buenos Aires.

En lo que hace al desarrollo para nosotros el comercio constituye uno de sus pilares. Durante largos años adherimos a un modelo económico cerrado, eran años donde la economía internacional sufría las consecuencias de las crisis y de las guerras, mientras que en nuestro país, como en el resto de América Latina, se trataba de avanzar en la industrialización.

Luego de haber atravesado no pocas vicisitudes, nos hemos abierto al comercio internacional y lo hacemos de buena fe, convencidos en las ventajas del libre comercio. Como todos ustedes saben un gran porcentaje de nuestras exportaciones (más del 60% ) proviene del complejo agro-industrial, un sector históricamente asociado a la economía argentina en virtud de nuestra elevada competitividad. Junto a los países del Grupo Cairns venimos sosteniendo, hace años, la defensa de un comercio agrícola sin distorsiones ni subsidios. No estamos reclamando nada injusto, somos coherentes con las ideas que todos sustentan respecto del comercio internacional.

Confiados acudimos a la formación de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y con esperanza celebramos la inclusión de los temas agrícolas. Sin embargo cuando observamos los datos de la realidad comprobamos que estos compromisos no se están cumpliendo. No ignoramos la complejidad del tema, pero estamos convencidos que es insustentable en el tiempo la práctica de los subsidios. En tal sentido esperamos que se haga honor a la palabra. No es admisible que las tensiones ideológicas y los conflictos geopolíticos, que abundaron en la guerra fría, ahora sean sustituídos por las guerras comerciales y los enfrentamientos geoeconómicos. Así no construiremos el mundo mejor al que todos seguramente aspiramos.

Todo hace pensar que estamos en la antesala de una nueva ronda comercial en el seno de la OMC, la llamada Ronda Milenio. En pocos meses más, luego de la Reunión de noviembre de Seatle, conoceremos con precisión la agenda y los plazos de negociación. Esa fecha coincidirá, prácticamente, con la llegada de la Alianza al gobierno y por esa razón nuestros equipos técnicos han recibido el mandato de seguir atentamente el desarrollo de los acontecimientos ligados a este tema que la para la Argentina es vital, en la medida que se juega gran parte del futuro patrón de inserción internacional de nuestro país.

Podemos tener diferencias, pero en la medida que compartimos una historia de valores que pretendemos mantener y profundizar en el futuro, esas diferencias debemos al menos reducirlas.

Algunos de ustedes marchan a la reunión de Río. Muchas expectativas tenemos depositadas en esa Cumbre, particularmente basadas en la posibilidad de avanzar en un Acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur. Con el correr de los meses advertimos cómo el peso del pasado, en este caso las cuestiones agrícolas, hacía peligrar un camino de futuro. Para nosotros resulta incomprensible no darse cuenta que la suma de lazos históricos políticos y culturales, intereses comerciales, industriales y financieros, no pesen en forma suficiente al momento de evaluar decisiones que los políticos sabemos que deben incluir todos los aspectos involucrados. El discurso que escuchamos en Europa, acerca de la necesidad de trabajar en favor de una estructura de poder internacional multipolar, nosotros no solamente lo compartimos sino que también nos permite encarar otras negociaciones comerciales, por ejemplo las del ALCA, en mejores términos. Pero hace falta para ello un Mercosur reconocido también como socio por Europa.

Cuando observamos y celebramos el nacimiento de una estructura monetaria multipolar, con el advenimieto del EURO; cuando advertimos la importancia que reviste, para quienes creemos que un mundo de horizontalidades es superior y más justo, la reciente decisión europea (reunión de Colonia ) de avanzar hacia una política exterior y de defensa común ( una de las consecuencias de la guerra de Kosovo, donde Europa tuvo que aceptar el liderazgo americano ); no podemos comprender cómo nuestros amigos no le otorgan aún más fuerza a la dimensión latinoamericana de su política exterior.


VIII

Los plazos históricos prescriben. El tipo de estructura de poder internacional del próximo siglo se está decidiendo en las actuales circunstancias. Si nada hacemos, el poder se puede congelar en los términos del presente y eso sería inconducente ya que no estaría garantizado ni el orden, ni la paz, ni la justicia internacional.

Cuando días pasados advertimos que la Unión Europea había dado un mandato para la Reunión de Río que incluye el tema agrícola nos vimos reconfortados. Todavía es más lo que falta que lo recorrido. Debemos hablar de fechas, debemos incluir una agenda de transición. Estamos dispuestos a escuchar, pero queremos ser escuchados.


Siempre he sido optimista. Esta reunión me reconforta como pocas. Nos sorprende en el camino al gobierno y creo que las reflexiones que aquí hacemos nos alimentan política e intelectualmente. En un mundo donde algunos la devalúan, rescato que aquí hemos estado trabajando para hacer realidad una utopía: la que nos conduce al mundo de la libertad, la igualdad, la justicia y la solidaridad.





















Fuente: Discurso del Dr. Fernando de la Rúa en el Congreso de la Internacional Socialista" (1999)

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