Páginas

martes, 8 de julio de 2014

Julian Sancerni Gimenez: "Tambien los politicos saben mandar" (mayo de 1972)

Allí donde Palermo se torna gris, con casas bajas y almacenes, lejos del verdor de los jardines que se pierden en los cuarteles y corralones, vive Julián Sancerni Gimenez. Don Julián es vecino de la calle Bonpland al 2300 desde su infancia: conoce-a los hombres y a las mujeres del barrio como a los adoquines de las calles que recorrió sin apuro, sabe quien es rico y quien es pobre, sabe quien es radical y quien cs peronista.
Contiguo al zaguán tiene su escritorio repleto de papeles; se advierten fotografías de veteranos esplendores radicales y una de ellas dice: "Los muertos mandan". Se trata de la cabeza de Hipólito Yrigoyen en el ataúd. En la calle, los chicos juegan a la pelota y de vez en cuando pegan saltos para mirar a don Julián a través de la ventana sin cortinas. A el no lo molestan porque habla y oye lo que dice, con esa voz grave, rotunda; tampoco parece molestarle que suene el teléfono azul y blanco, que entren y salgan las mucamas. El jueves 4, don Julián converso más de dos horas con Panorama; interesaba conocer su opinión sobre "la interna" del radicalismo, realizada el domingo 7, y también sobre la marcha del proceso político, los militares, Alejandro Lanusse y Juan Perón. Como la lista de temas era amplia, fue quien pregunto:

— ¿Por donde empezamos?

—Por los radicales, si le parece. ¿Gana Balbín o Alfonsín?
—Yo creo que gana Balbín. Pero entre Balbín y Alfonsín no hay diferencias de fondo. Alfonsín ofrece a los sectores jóvenes del partido una alternativa saludable, pero que Balbín no Hable de los problemas de fondo no quiere decir que los olvide; sencillamente espera que se constituyan los organismos partidarios. No hay evasión; hay respeto por la opinión de sus correligionarios.

—Hay quienes dicen que Alfonsín podría llegar a plantear la escisión en el radicalismo. Así como hace varios, la planteo Arturo Frondizi. ¿Puede ser?
—No lo creo. A Frondizi se le planteo una oportunidad muy especial y la aprovecho, pero él no dividió al partido, porque si lo hubiese dividido hoy tendría apoyo de radicales. El hizo el negocio con Perón. Alfonsín no puede estar en eso.

— ¿Frondizi puede volver a ser radical?
—Alguna vez se lo propusieron, pero no quiso. El sabrá lo que hace.

—Usted dice que Frondizi hizo el negocio con Perón; ¿acaso ese negocio podrían hacerlo Balbln, Alfonsín o el mismo partido Radical?
—Ante todo no hay negocio posible con Perón. Los radicales queremos que si los peronistas ganan las elecciones se les entregue el poder, porque la vida política civilizada exige que no se hagan trampas. Ahora, si el radicalismo y el peronismo pueden llegar a un entendimiento mínimo para el cogobierno, eso lo tendrían que decidir las convenciones partidarias por encima de lo que quieren los dirigentes. En síntesis, la mayoría del radicalismo decidiría si hay acuerdo para trabajar con el peronismo.

— ¿Y que es entonces La Hora del Pueblo?
—Bueno, ahí esta el ejemplo. ¿O usted cree que Perón no sabe que La Hora del Pueblo fue el primer paso para la institucionalización del peronismo? Más que eso: Perón sabe que los radicales le dimos al peronismo el escalón para que los militares lo mirasen con otros ojos. Después de todo, como es inteligente, Perón sabe por donde hay que caminar. Lo que sucede cs que a Perón se lo trata como a un rey o como a un leproso. Y no es ni una cosa ni otra. Hay que andar con mucha delicadeza con Perón.

— ¿Y usted sabría tratarlo?
 —Vea, Perón vivía en esta parroquia. ¿Ve ahí en esa casa de enfrente? Allí vivió Aurelia Tizón, la Potota, que fue su primera mujer. Una chica extraordinaria. Fue compañera de colegio y tengo varias fotos de ella. Me acuerdo cuando se casó Perón con la Potota. Eran tan coquetones que se quitaron años. Daban vueltas por aquí cerca, por Zapata, por Godoy Cruz. Eran de familias radicales de Palermo, y usted sabe que yo en eso no me equivoco.

— ¿Que haría con Perón?
—Lo único que se puede hacer: hablar en el idioma que él entienda, porque es un político. El también es militar, pero el partido militar es endeble y habla otro idioma. Rojas Silveyra, por ejemplo, no conoce el idioma de Perón. Entonces todo gira en un círculo vicioso y terminan hablando de perros y manzanas. Fíjese que las cosas están para cambiar rápido.

— ¿Y eso no lo sabe el gobierno?
—Hay generales ilustrados y personas que conocen bien el libreto. Pero a mi no me han llamado para que les diga como se hace el dialogo.

— ¿Quien puede ser el hombre?
—Hay varios hombres. Civiles y militares. No quiero decirlo, no me haga decir cosas que no quiero. Yo no puedo insertar política. Yo hago política y entiendo que hay que dejar cancha a los que saben. Hay que dejarse de embromar.

— ¿Perón puede ser candidato?
—Como poder, puede. La cuestión es saber si quiere. Pero en esa cuestión hay que dejarlo tranquilo. Hay peronistas que les hacen el juego a sus enemigos. ¿O acaso los enemigos del peronismo no están deseando que Perón se proclame candidato?

— ¿Puede ganar el peronismo las elecciones?
—En la provincia de Buenos Aires puede ganarnos, pero en la Capital ganamos nosotros. En las provincias ganaran y perderán, pero allí donde ganen hay que entregarles el poder y ya nos pondremos de acuerdo.

— ¿De que manera?
—Hay muchas maneras, mi amigo. Compartiendo el gobierno, con un gabinete de coalición. Pero el primer paso es la elección limpia. Así llegaremos al plano que alcanzó la Republica con Yrigoyen y Alvear; éramos los primeros de America, no había cordillera de los Andes y Brasil estaba lejos. No se olvide que hay que mirar otra vez hacia el Pacifico, porque allí tenemos aliados.

— ¿Y el fantasma de la izquierda?
—No hay fantasmas. Con la izquierda hay que hablar. A la izquierda hay que respetarla y lograr que se institucionalice como el peronismo. No se puede gobernar con la luz apagada.

— ¿Y la guerrilla?
—No tengo experiencia sobre guerrilleros. Durante los gobiernos radicales no hubo guerrilla. Creo que es cuestión de conversar con algunos muchachos, pero ya le digo que no tengo experiencia.

— ¿Qui piensa de Agustín Tosco?
—Que es un buen dirigente y que no hay razón para tenerlo preso. Este gobierno, el de Lanusse, tuvo aciertos inconmensurables. Uno: la entregó a Perón el cadáver de Evita y se acabo esa porquería de tenerlo escondido: Otro: reconoció a los partidos políticos y a La Hora del Pueblo, que son los pilaras de la salida normalizadora. Un tercer acierto podría ser la liberación de Tosco.

— ¿Como lo ve a Lanusse?
—Mire: Lanusse no es "un libertador", porque eso fueron San Martín y Bolívar, pero yo lo considero "un liberador". Antes se sospecho que yo andaba patrocinando su candidatura, pero ni él pidió algo de eso ni yo me ocupo del asunto. Lanusse puede tener la carta de triunfo, pero eso no quiere decir que lo vea como candidato o como futuro presidente constitucional. El cumplirá con el país si acá hay elecciones limpias y se entrega el poder al que gane. Los militares no pueden seguir sentados en las bayonetas.

— ¿Aceptarían los radicales un candidato militar?
—Eso lo tendrá que decidir el partido. Ahora, si el militar es radical, las cosas podrían caminar.

— ¿Hay militares radicales?
— ¿Y como no puede haberlos? Los hay, y muy ilustrados.

— ¿En actividad?
—En actividad y retiro.

— ¿Y por que perdieron el poder en 1966?
—Vea, ese es un tema muy complicado. Lo dejamos para otra oportunidad.

— ¿Se hará la reforma de la Constitución?
—Es otro tema bravito, A mi juicio, la solución estaría en dejar planteada la reforma para el futuro Congreso.

— ¿Cual fue su mayor satisfacción política?
—Tengo casi 70 años y estoy en el radicalismo desde 1919, siempre en la parroquia 17. Lo dije en una asamblea: tengo todo porque no aspiro a nada.
¿Mi mayor satisfacción? Haber sido presidente del comité de la Capital en el 53. Pero vea, a mi me gusta la política, me gusta hablar con la gente, es mi vida.

— ¿Que les recomendaría a los militares?
—Dos cosas fundamentales: que den elecciones limpias y respeten al que gane; después hay que integrar un gobierno de coalición nacional. No se olvide que los argentinos somos democráticos. El ejemplo que dan los brasileños no nos conviene. Tenemos que volver a nuestro libreto. 



























Fuente: Revista Panorama Año IX N°263 Julian Sancerni Gimenez: "Tambien los politicos saben mandar" (mayo de 1972) alcanzado por el correligionario Mauricio Gianguzzo.

1 comentario: