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lunes, 28 de julio de 2014

Gabriel del Mazo: "Betancourt y la Generación del '28"

Cuando publique en 1927 mi compilación sobre la Reforma Universitaria, prologada y anotada, en 6 tomos, costeada por el Centro Estudiantes de Medicina de Buenos Aires, a iniciativa de su presidente, Horacio Trejo, lo primero que hice fue conseguir fuese enviada a todas las Federaciones de Estudiantes de nuestra America. Y resulto que, cuando en 1945 visite por primera vez Venezuela, invitado por el Ministerio de Educación, con vistas al proyecto de Ciudad Universitaria que tenia entre manos, fui recibido en la Universidad Central, en Caracas, por Jovito Villalba, aquella brillante figura del Movimiento reformista inicial, quien, al saludarme, en nombre de la Universidad, relato que en 1927, Raúl Leoni, actual Presidente de la Republica, y en ese entonces presidente de la Federación de Estudiantes, Federación que en ese 1927 acababa de ser reorganizada, se le allego un día entusiasmado diciéndole:

"Mira este libro de del Mazo sobre la Reforma. Aquí esta todo lo que andamos buscando, y, además, con la experiencia de los ensayos en la Argentina y otros países. Tenemos que asimilar eso conforme a lo que nos es igual y decidir sobre aquello que en nosotros deba ser diferente".

Y expreso a continuación como el clásico movimiento de la generación llamada del 28 (sucesos del 6 a 12 de febrero de 1928), en cuanto a sus ideas sobre la Universidad y el problema de la popularización de la cultura, era hijo del que nació en la Córdoba argentina de 1918. Esa generación venezolana de 1928, puede decirse, es la que inicia la quiebra del feudalismo gubernamental y, correlativamente, del feudalismo universitario.
De los activantes de ese movimiento generacional venezolano, conocí en aquel entonces, por carta, a Rómulo Betancourt, que había sido secretario de la Federación, ya deportado por los mencionados sucesos. Después, en Buenos Aires en 1941, lo conocí personalmente. Venia desde Chile. Lo primero que hizo fue comunicarse conmigo y  quedar en que iría por casa a las 9 de la noche y que cenábamos juntos. A eso de las 8 recibí otro llamado de el, preguntándome si no podía esperarlo un poco después de las 9, pues a las 8 tendría que cenar con el doctor Repetto, que le acababa de invitar para hacerlo en su casa. Así quedamos.
Llego muy poco después de las 9, sin poder ocultar su risa. No nos conocíamos personalmente, como he dicho, pero el hecho fue que no alcanzo a sentarse para exclamar: "Pero dime, ¿esa es la vanguardia política argentina?" "Esa es la que ustedes consideran que es la vanguardia". "Si es así, yo no tengo nada que ver con eso". "Esta sorpresa mía sucede porque en nuestra America no nos conocemos". Y agrego: "Vengo muerto de hambre. Creía arreglarme el doctor con una presita de pollo y una sopita. El seguía su régimen de noche, yo no. Así que, “¿vamos a cenar?". Así lo hicimos. Contó que la entrevista fue para el incomoda, pues el anfitrión estuvo hablándole de la inexistencia entre nosotros del problema imperialista" tal como los jóvenes lo planteaban". Pero mas aun, venia tomándole examen sobre Venezuela, y de pronto, le dijo: — "Pero dígame señor Betancourt, cual es la posición étnica. . . (y según su modalidad fonológica, repitió "étnica") del pueblo venezolano? " "¿Y tu que dijiste?" "Yo considere que había llegado el momento de cortar por lo sano y le conteste: "¡Café con leche, doctor, café con leche; todos somos mulatos!".
Betancourt estaba de buen ánimo y me dijo por que. Habían asumido la tarea de fundar Acción Democrática y querían que Rómulo Gallegos fuese su presidente. Al final de varias negativas, tenia ahora la noticia de que había aceptado. Y me contó una observación políticamente interesante: Gallegos, que para toda la nueva generación era "el maestro", había sido profesor en el Liceo donde estudiaron todos ellos, pero allí se desempeñaba como profesor y ahora se necesitaba un orador político, y don Rómulo Gallegos se acomplejaba en la tribuna mayor por falta de habito; y eso, desde el punto de vista popular, no andaba. Años después, en 1948, estuve en la asunción presidencial de Gallegos. Poco antes se llevo a cabo un acto de homenaje de los escritores y universitarios que concurríamos invitados, acto que se llevo a cabo en el Hotel Ávila. Arciniegas ofreció la demostración y, cuando se dispuso a contestar Gallegos, acreció la expectativa. Pues, señor, estuvimos en presencia de un gran orador, de preciso y precioso lenguaje y de intencionadísimo concepto de circunstancias. Le transmití' esas impresiones días después a Betancourt y, riéndose como a saltos, según su modo, me dijo: " ¡Ah, si, chico! Muy bueno nos resulto en oratoria nuestro maestro, pero ahora me parece que esta hablando muy bien, pero demasiado". El discurso se llamo en los periódicos "De las armas y de las letras. . .". A fin de año, Gallegos caía dignamente por no ceder a las armas.
Betancourt, en sus años mozos, junto con otros jóvenes de la pléyade estudiantil deportada o perseguida, enseño con su vivir y su conducta a los hombres de su generación en todos nuestros países, y dejo un ejemplo para las generaciones sucesivas. Rómulo Betancourt lega en vida, con propias características una actitud moral de luchador que nunca contradijo, un paradigma de cuanto es el deber de la juventud, y hasta un derrotero de comienzos dramáticos, resultante de una generación sin maestros. Esa generación tuvo que encontrar a tropezones y sufriendo, su camino, es decir aquello que los comunistas llamaban despectivamente "la formula criolla de liberación". Pero, la explicable imantación marxista en aquellos jóvenes que salían al exilio, sin relaciones y con solo "la literatura prostituida y genuflexa de los estilizadores de la dictadura”; mas aun cuando ofrecía programas sociales a quienes no los tenían y los deseaban, obro su parte en los años del destierro de Betancourt.
Pero el reacciono inteligentemente, sin duda por su innato sentido nacional, que obligaba a aplicarse a las cosas nuestras, sin anteojeras ideológicas, ni cartabones impuestos. Su espíritu ágil, crítico, libre lo volvió a los cauces autonómicos proclamados desde 1918, o sea, al de aquel Movimiento que señalo a las futuras generaciones continentales, su destino: realizar las grandes aspiraciones colectivas, según nuestros factores históricos, y marcar con claridad las rutas que en consecuencia, correspondía seguir a nuestros países. Los jóvenes enseñarían a concluir con las tendencias de supeditación imitativa y ciega al ejemplo europeo, que significaba nada menos que entregar la dirección mental y, en consecuencia, política, económica y espiritual. Así, Betancourt pudo decir en ese entonces: "Somos demasiado realistas para importar el socialismo marxista con el mismo criterio servil y colonialista de los abuelos del año 10, cuando trasplantaban a America las constituciones jacobinas, sin previamente adaptarlas a nuestra realidad, distinta de la europea".
Rómulo Betancourt recorrió varios países durante su exilio, siguiendo la política afirmativa de "apunar nuestras verdades", como gustaba decir. Puso una subyugante e infatigable capacidad animadora y organizadora. Poco a poco, su figura joven, con la de sus grandes compañeros venezolanos, fue encarnación del pensamiento y acción renovadores, ejemplo tanto mas valioso cuando después sobrevivió en su vida, con admirable continuidad. Cuando en 1941, según relate, me visito en Buenos Aires, ya tenía en su haber las experiencias del Movimiento de Organización Venezolana y del Partido Demócrata Nacional, primeras aunque insuficientes manifestaciones del despertar político de Venezuela. Estaba a punto de entrar nuevamente a su tierra, donde, como dije, se fundaría Acción Democrática.
Venia en lo inmediato de Chile, donde en un gran acto público, acababa de formular el programa americanista que señalo como opuesto "al criterio con que los gobernantes administraban sus fondos, considerando las fronteras alzadas entre una nación y otra como trasuntos de la alambrada latifundista que separa la gran hacienda de la del vecino y enemigo". En ese acto, refirmo nuestro destino político: "Sin desconocer que formamos parte de una comunidad mundial, y que la forma con que se resuelvan los problemas colectivos en otros continentes repercute sobre el porvenir de nuestras 21 patrias, tenemos el deber irrenunciable de afirmar nuestra personería política, económica y cultural, y luchar por que America sea para los americanos, como etapa insoltable hacia el momento de poder actualizar la aspiración del estadista argentino, de que America sea para la humanidad".
Cuando 4 años después viaje a Caracas, pude comprobar el titánico esfuerzo del notable grupo de hombres que rodeaban a Rómulo Betancourt bajo la egida moral del maestro Gallegos, para reconstruir una Nación y levantar un nuevo Estado, sacando fuerzas de la nada, aunque si de sus sueños y de la progresiva conciencia sobre los grandes problemas nacionales. Conocí esa promoción, muchos de los cuales me visitaron ni bien llegue, pero principalmente en las tertulias del diario "El País" dirigido por Valmore Rodríguez, mientras Betancourt escribía el editorial cotidiano, que iba con el clisé de su firma y se caldeaba el comentario político en ese piso alto de Palma a Municipal, con la participación, entre otros, de Andrés Eloy Blanco, Raúl Leoni, Luis Alberto Figueroa, Gonzalo Barrios, Alberto Carnevali, Luis Troconi Guerrero, Luis Lander. . .
Luego, con Betancourt recorrimos el valle hasta Carabobo, pasando por Mérida, y, desde ya, por La Victoria y Maracay. Ahí pude valorizar más el esfuerzo de creación y organización. Solamente un puñado de hombres, aunque esforzados y fervorosos, iban fundando y acreciendo el nuevo partido nacional y social, democrático y revolucionario, en todo el país. Vi con emoción como eran los mismos cuadros de la Reforma, que habían pasado al campo político para cumplir con el deber correlativo, y vi ahora en Venezuela, como esta hermandad en todos nuestros países, nos daba conocimiento personal, sin jamás habernos visto, y como era posible de inmediato comprenderse recíprocamente con medias palabras.
Al pasar por Maracay, de regreso, entramos a la casa que fue del tirano que dirigió por décadas aquel país, —como apunta Picón Salas, "convertido en potrero rural donde engordaban, mordían pasto y procreaban los sementales amansados de la dictadura gomecista". La casi presencia virtual del dueño de casa, y de Venezuela, en medio de sus increíbles cachivaches, chafalonías y otros abalorios de mal gusto, como grandes diplomas que exaltaban su genio benemérito, me produjo repugnancia, pero también una triste impresión rememorativa ahora avivada, de lo que habían sido los sufrimientos de ese gran pueblo. De ese pueblo que, con el nuestro, habían hecho de sus capitales los dos focos irradiantes de la revolución de nuestras naciones por la libertad. Betancourt estaba profundamente impresionado. Nos quedo fuerza, e instados por mi amigo Juan Antonio Cova, que nos acompañaba y políticamente era como nuestra contrapartida, visitamos la  tumba del Tirano Gómez. En el camino, riéndose cordialmente, Cova le dijo a Betancourt: "Va a tener que descubrirse ante la tumba del ultimo de nuestros grandes caudillos". Betancour sonrío y, al descubrirse, nos dijo: "Claro que me descubro porque este ni ordena ni mete miedo...; ¡A los muertos hay que respetarlos...!"
Cuando me dispuse a regresar a Buenos Aires, Betancourt estaba en Carúpano, en plena campaña política. Me escribió una carta (9 de marzo de 1945), despidiéndose. Me decía:

"Mi querido Gabriel: En esta ciudad donde estoy, con sus 25 mil habitantes, puerto importantísimo del oriente, no hay muelles ni agua potable y el hospital es una vieja casa de bahareque. Traigo en estos momentos la angustia clavada en el espíritu después de recorrer sus salas sucias y destartaladas, y en ellas hacinada una humanidad doliente. Los Estados petroleros visitados -Anzoategui, Monagas- han confirmado el juicio que ya tenía sobre ellos. Lo "americano" suplantando a lo criollo. Carreteras negras, como aquí se las llama, asfaltadas, las carreteras de los "americanos", coexistiendo con pésimas vías de trocha construidas por el Ministerio de Obras Públicas. Pueblos de millares de habitantes construidos con los materiales mas precarios -el cartón sirve aquí para hacer paredes- frente a las organizaciones gringas con sus "bungalows" y sus campos verdes y sus escuelas de coqueta arquitectura. Letreros en ingles sobre las paredes de los mabiles (versión venezolana y dantesca del cabaret). Pero frente a esto, lo negativo y adventicio, lo desvenezolanizante y desamericanizante, la gran fe intacta: de este pueblo, el fervor de la juventud, el ánimo valiente de resistir. Regrese a Caracas con ricos reservorios de confianza. El contacto directo con las multitudes desnutridas fisiológicamente, pero con soterradas energías espirituales, me ha hecho mucho bien. Me ayudara a resistir la tentación de callar, eso que acecha a cada paso a quienes hemos asumido una responsabilidad social.
"No te imaginas cuanto lamento que este viaje inevitable mío me ha restado dos semanas de cordializacion contigo. Si antes te estimaba intelectualmente, ahora te valorizo en tu calidad humana. La gente viene a Venezuela y se las gana lo caraqueño, ese ambiente amable de ciudad frívola y confiada que tiene nuestra pequeña versión "porteña".
"Ojala pudieras dejarme con Carmen copia de tus observaciones. Quiero saber los cambios que señalas para afrontar nuestro problema de educación. Ahondar en el, estudiarlo a fondo, es una de mis aspiraciones mas vehementes. Tengo confianza plena que llegaremos a ser gobierno. No importa el tiempo que se requiera para alcanzar el poder; pero lo cierto es que lo tendremos algún día en nuestras manos. Y entonces será hora de realizar todo esto que es hoy un mundo de sueños y de anhelos.
"Recibe un abrazo de quien te estima y quiere, Rómulo".

Ya estaba presente el estadista en formación plena y el animador encendido de un partido, de un pueblo y de la organización del nuevo Estado. La dura realidad formando parte del idealismo, consustanciado y comprometido con ella para elevarla. Pero el estadista, en la transformación de las estructuras feudales, sin ira ni mesianismo, venciendo el colonialismo económico sin separar de la política de sus valores éticos y humanos. Sentido democrático, hondo convencimiento de que para nuestros hombres y para nuestros pueblos, la dignidad es la libertad o la justicia con libertad.
Me he detenido en la figura joven de Betancourt, que surge del halito de la Reforma, con independencia del enriquecimiento posterior de su personalidad, para mostrar el aspecto señero del estudiante que cumplió su parte en el programa común imperativo de las nuevas generaciones universitarias continentales, que no partieron de nuestra supuesta inferioridad, y combatieron aquello que impedía nuestra autentica expresión: las estructuras de dependencia interna e internacional de nuestras naciones. Inclusive, al futuro Presidente, dio el personal ejemplo, hecho de equilibrio y honradez, de liberarse del consabido infantilismo tremendista que busca realizar prontamente los programas que aparecen como perfectos, desviación tan propia de las iniciaciones políticas juveniles que terminan en el escepticismo, en el descastamiento o en lo que no quisieron, el daño social. Tal cosa pudo ser en Betancourt porque hubo en el un pensador centrado en el quicio de su pueblo, y que enseño que la realidad mas opuesta no resiste la voluntad que revoluciona con el pensamiento creador y la acción ordenada y tesonera.
Al final de ese mismo año, octubre de 1945, Betancourt presidía Venezuela como presidente de la Junta Revolucionaria, y en 1947 se realizaron, por primera vez, elecciones libres y universales, y por primera vez en nuestra America, con voto de hombres y mujeres, dictándose la nueva Constitución democrática. Era yo Ministro de Defensa en el Gobierno argentino y fui designado como Embajador Extraordinario a la toma del cargo. Muchos representantes de otras naciones me preguntaron después de la ceremonia, por que el Presidente, fuera del protocolo, me abrazo. En 1964, cinco años después, según los términos constitucionales, asumió el gobierno como Presidente de la Republica, Raúl Leoni (la primera sucesión normal de jefes de Estado en Venezuela en toda su historia), y lo mismo ocurrió cuando también en el acto oficial lo salude. Es que uno y otro eran el secretario y el presidente, respectivamente, de la histórica Federación de Estudiantes reformistas de 1928. 




















Fuente: “Grandes Amigos Americanos” en Vida de un Politico Argentino del Ing. Gabriel del Mazo, Editorial Plus Ultra, 1976

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