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lunes, 2 de junio de 2014

Ricardo Balbín: "Condecoración de Militares Argentinos por la dictadura de Franco" (16 de junio de 1948)

Sr. Presidente (Cámpora). - Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

Sr. Balbín. - Cuando se estaba considerando en general este despacho ha­bía solicitado la palabra. El cierre del debate, prestigiado por el señor presiden­te del sector de la mayoría, impidió que yo hablara. La oportunidad de tratarse en particular me permite fijar el pensamiento de mi sector en el asunto que se considera, las observaciones que formula y las reservas que hace al despacho, en cuanto a la firma de los diputados, de este sector, son conforme a un criterio del mismo en la consideración de este problema.

La forma de votación que he de proponer a la Cámara me permite, en la discusión en particular, contestar al señor miembro informante de la mayoría, porque discrepo en la apreciación de alguno de sus conceptos que son, precisa­mente, los que determinan nuestro voto. Con una opinión que yo respeto, el se­ñor miembro informante manifiesta en su exposición que, al considerar estas cuestiones, debe estarse exclusivamente a las leyes que permiten la aceptación de estas distinciones y al cumplimiento de las disposiciones administrativas, y agrega expresamente que no debe investigarse si los gobiernos de esos países realizaban una política democrática o al margen de las doctrinas que sustentan los gobiernos de nuestra República. Y al final, cuando nuevamente vuelve sobre la cuestión, reafirma el concepto y dice: "Nosotros sólo debemos investigar si al aceptar esos honores se lesiona el ejercicio de los deberes que tiene todo ciudadano". Cumplido ese requisito no debemos ir a hurgar si han sido bien o mal otorgados.

Discrepo en forma fundamental con esos conceptos. Pienso que la facultad de la Cámara va mucho más allá de toda esta mecánica administrativa y que entra al fondo de la cuestión.

Entiendo y participo del criterio que no debemos penetrar en la política de otros países para resolverla. Entiendo y participo, también, que no debemos inmiscuirnos en la solución de los problemas políticos de un país, respetando su soberanía y autodeterminación. Pero sí sostengo que podemos calificar esos gobiernos y determinar en qué medida y proporción nuestro país les otorga solidaridades, aplausos, honores, reconocimientos. Y la Cámara, sin entrar en la consideración prolija de estas cuestiones, participa de la vida de otros Estados.

Muchas veces, con motivo de fechas históricas de determinados países que cuentan con nuestra solidaridad y simpatía, la Cámara se mueve con el sistema de los homenajes, y es tradicional en el Parlamento argentino saludar a otros Parlamentos democráticos, republicanos y austeros, en sus vidas y en sus glorias. No entramos en la solución política de sus problemas, pero marcamos nuestra solidaridad democrática dentro de América y dentro del mundo. No podría decirse, señor presidente, que estos actos magníficos de la democracia puedan significar intromisión en la política de esos Estados.

Pero hay países que no han recibido el homenaje de esta Cámara y que, por el contrario han movido el sentimiento del cuerpo con expresiones de anhelo para que cesen determinados episodios desgraciados. En esta Cámara hemos exaltado la preocupación del recinto, clamando porque en España no se fusilara a los hombres de trabajo, porque eran contrarios a la política del señor Franco. Muchas solicitudes han entrado a este recinto denunciando que allá se estaba matando a sus hijos. Y la Cámara no juzgaba ni resolvía sobre la política de esos Estados; pero marcaba su discrepancia con esa forma de conducir al país, de crear un estado inhumano dentro de ese ambiente; no se inmiscuía en la política de ese Estado, pero repudiaba esa política.

Cuando en el Paraguay se desató la guerra civil, el sentido democrático de este país estaba contra la dictadura, y hubo muchas expresiones del espíritu argentino que se hicieron oír en contra de aquella conducción totalitaria del señor Morínigo, es decir, que el país no veía con satisfacción aquel modo de conducir ese mundo humano que es el pueblo paraguayo. Había en eso una honda discre­pancia.

Quiere decir entonces, señor presidente, que cuando un ciudadano argenti­no es distinguido por un país que cuenta con la adhesión expresa del nuestro, con la expresión republicana de una Cámara que en sus fechas y en sus glorias lo recuerda, lo estimula y lo alienta, debe descontarse que el servicio prestado por ese señor ciudadano argentino, honra al país, porque ya antes el Parlamento había honrado a esa República: y se honra él mismo, porque al servir ese anhelo y ese pensamiento de solidaridad, estaba representando al país en ese servicio que después se traduce en una condecoración.

¿Puede decirse lo mismo cuando una condecoración viene de un Estado que ha determinado nuestro repudio? Yo creo que eso entra en el fuero del distinguido; pero nosotros, que vivimos austeramente la democracia y que estamos contra el gobierno de un país que llamamos de dictadura, creemos que aquel hombre que prestó el servicio, lo hizo a la dictadura y en contra de la democracia. (¡Muy bien, muy bien!)

Ese es el sentido del voto que da la Unión Cívica Radical.

Las apreciaciones de los demás señores diputados hacen a la esencia de la institución: ¿está bien que se condecore? ¿Está mal que se condecore? ¿Pueden los militares aceptar la condecoración? ¿No deben aceptarla? Todo eso permite discrepancia de ideas, pero la firma de los diputados radicales en este despacho tiene el sentido de austera democracia que he explicado.

No podríamos con lealtad votar una condecoración del gobierno del Paraguay -porque la Unión Cívica Radical ha denunciado en el continente americano al señor Morínigo. Se traicionaría a sí misma si aceptara una condecoración para un ciudadano de nuestro país. Ese es el sentido de nuestro voto.

Muchas veces, señores diputados, en este recinto nosotros hemos hostilizado con fuerza, con energía, con vigor, la política del señor Franco. ¿Sería honesto, sería democráticamente austero que nosotros aceptáramos que un ciudadano argentino recibiera condecoración por un servicio prestado a un gobierno que nosotros repudiamos desde el fondo del alma? Esto explica también el sentido del voto del sector radical.

Y así como yo repudio las condecoraciones otorgadas por gobiernos que yo quisiera que no existieran en América, reivindico el honor de los ciudadanos argentinos que han merecido la distinción de austeras democracias americanas, porque han servido a una democracia que tiene lazos permanentes con la democracia argentina.

Ese, señor presidente, es el sentido de nuestro voto, que honra a quien recibe la distinción y que para nosotros, no honra mucho a quienes la aceptan de países a los que combatimos en sus ideas, convicciones y procedimientos.

Pero no fustigamos a la persona; no podríamos hacerlo; no seríamos respetuosos de la convicción de los demás; sería ejercer una dictadura del pensamiento. Allá ellos con la aceptación de estas condecoraciones. Que las reciban y que las disfruten, pero nosotros no podemos otorgar nuestro voto de aceptación, porque no seríamos honrados ni consecuentes con nuestras convicciones.

Nada más. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)







Fuente: Discurso del Diputado Nacional de la Provincia de Buenos Aires, Dr. Ricardo Balbin con motivo de la "Condecoración de Militares Argentinos por la dictadura de Franco" (16 de junio de 1948)

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