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martes, 10 de junio de 2014

EXTRA: Entrevista a Raúl Alfonsín "Un Radical muy Particular" (agosto de 1973)

-¿Cuáles son las razones filosóficas por las que usted se opondría a una eventual fórmula compartida con el peronismo y el radicalismo?
- Tenemos que darnos cuenta todos que aquí en el presente argentino están yuxtapuestos el pasado y el futuro. Hay una crisis que se identifica al mismo tiempo que se identifica la lucha que se libra entre quienes quieren lanzarse al futuro para venir al nuevo orden nacional con una relación del poder político con más relación del poder económico. Esto, desde luego, no es un problema que exista exclusivamente en el seno del peronismo; es un problema del país y se exterioriza en casi todos los partidos políticos populares. Yo creo que en este encuadre hay que tomar el acceso de Cámpora al Gobierno. Cámpora llega al Gobierno y no sólo que es una crisis argentina en el buen sentido de la palabra de la que ha de surgir la nueva organización, desde luego inmersa también en una serie de contradicciones que todavía esto está sintetizado. En el campo del peronismo se advierten también dos zonas que, para clasificarse periodísticamente, rápidamente debemos decir derecha e izquierda o tendríamos que decir una zona más popular, una zona menos popular. Pero comienza a haber un protagonismo popular que a mí, personalmente, me entusiasma pero que por una parte garantiza la licencia democrática dentro del proceso por la participación de importantes sectores y, por otra parte, juega como uno de los factores de la contradicción. Pareciera posible una síntesis que permitiera que el Gobierno desarrollará una etapa del país que consideramos indispensable que produjera el arranque a objetivos que realmente estaban reclamados por la mayoría de los argentinos sin esperar tampoco una gran revolución. Pero luego de Ezeiza esta posibilidad de síntesis, a mi juicio, se extingue y entonces se hacía necesario determinar con uno de los sectores de acuerdo a mi concepción. De inmediato entonces la derecha empieza a intrigar como siempre y esta vez con el propósito de llevar a su ánimo de Perón que estábamos ante un gobierno que estaba a punto de caer prisionero de fuerzas casi militares, por lo menos de ultraizquierda y con el propósito también de llevar a su ánimo de que estábamos ante un vacío de poder, argumento éste que también los radicales conocemos muy bien, y se confunde en su conjunto el desorden de superficie propio de la democracia. En consecuencia, es evidente que en este momento se pretende marginar a los sectores más populares del peronismo y que se ha roto esta posibilidad de diálogo entre estos dos sectores que yo visualizaba anteriormente. Pareciera que a nosotros se nos llama a una fórmula mixta en este tipo de colaboración con el propósito de llenar ese vacío que dejan los sectores populares, es decir, el radicalismo tendría que ir a asumir ahí el rol de fuerza moderadora, de fuerza estática, frenadora de un proceso de cambio garantizadora de otro sector de la acción a desarrollar, rol que desde luego no puede desempeñar de ninguna manera la UCR, por lo menos la UCR que quiere seguir siendo fuerza popular revolucionaria, síntesis de lo que están las afirmaciones permanentes del país en cuanto a las convicciones nacionalistas, populares democráticas, liberadoras. Este es el sentido íntimo de la significación profunda de nuestra determinación.

- Doctor, usted en su momento compartió la filosofía que dio origen a la Hora del Pueblo y, por lo tanto, sus resultados. ¿Es así?
-Así es.

-Posteriormente, a partir del acceso del doctor Cámpora al poder, el radicalismo se manejó con una especie de colaboración crítica desde el Parlamento.
- Yo he manifestado reiteradamente un apoyo crítico. Yo he salido a recorrer el país luego del advenimiento del gobierno del doctor Cámpora para señalar lo que tendría que ser la estrategia de nuestro partido. En este sentido, decía, siempre en primer lugar, defender esta conquista de la civilidad que significa el reconocimiento de la soberanía del pueblo; en segundo lugar, ser motor de un proceso de cambio, no simple espectadores; insertarnos en el proceso de suerte de hacerlo avanzar y, en tercer lugar, defender con sentido crítico o de posición constructiva, como quiera llamársele, la democracia a dos puntas: hacia abajo, en cuanto tenemos que comprometernos a que nuestra lucha por el gobierno ha de conspirar contra el ejercicio del poder y, fundamentalmente, seguir trabajando sobre la base de un concepto de la unidad nacional, porque es indispensable que nos comportemos como una auténtica Nación estableciendo comunes denominadores que vayan más allá de lo que pueden ser nuestras discrepancias partidarias o ideológicas, única forma que podemos operar y, lo he dicho muchas veces, la liberación nacional que significa terminar con el esquema de la dependencia, la liberación social, que significa terminar con la injusticia y el privilegio, y la liberación humana; en cuanto a estos dos objetivos son todos de acuerdo con la concepción de la UCR, que busca el establecimiento de una democracia social sobre la base del respeto cabal a los derechos del hombre.

- En una declaración que usted leyó al periodismo el martes 24 se refirió al proceso que había culminado con las denuncias de los doctores Cámpora y Lima. Dijo que no había sido un proceso voluntario. Si mal no recuerdo, las expresiones de algunos protagonistas así lo confirmaban. ¿Podría aclararme este punto?
-Yo no he dicho de ninguna manera que no hubiera sido un proceso voluntario. ¿De dónde surge su apreciación? No lo he señalado para nada. Yo he dicho que se han impulsado las renuncias, y creo que es así. Por otra parte, conociendo la personalidad del doctor Cámpora, evidentemente por otro lado la candidatura de Perón, había que presumir que a la menor insinuación se produciría la renuncia.

- Doctor, tanto hablan de la posibilidad de la fórmula mixta. Creo que quedó un poco en segundo plano lo que quizás es el tema más importante: ¿es legítimo o no, desde el punto de vista jurídico, el hecho de que Perón reemplace a Cámpora?
- Mire, es evidente que ésta es una aspiración de vastos sectores del país; sobre esto cabalga el episodio. Sobre esta legítima aspiración del pueblo argentino, o de una parte del pueblo argentino, pero a mí se me ocurre, pensando en el futuro político argentino, que todo es lamentable. Habíamos peleado durante muchos años contra la dictadura militar para lograr este reconocimiento de la soberanía del pueblo. Poner en caja nuestras instituciones, empezar a marchar hacia delante y de ninguna manera era concebible que se nos colocara ante un mero proceso electoral cargado de tensiones, de incertidumbres y con una paralización del país como la que estamos viviendo que ya venía de antes. Porque los últimos meses de Lanusse también tuvieron este sentido, ¿verdad? No nos podemos dar estos lujos los argentinos de ninguna manera. Esto parece una burla a la ciudadanía. Cuarenta y cinco días demostraron que todo esto no servía para nada. Hemos aceptado todas las reglas del juego, todos las habíamos aceptado. Lo conveniente es que hubiera seguido este gobierno, que tenía la obligación de durar cuatro años en el país.

- ¿Vale la pena que se haga la elección del 23 de septiembre o cree que hubiera sido mejor para el país que directamente la Asamblea Legislativa, reformando la ley de acefalía, o no, según las interpretaciones que se pudieran hacer, hubiera designado el nuevo presidente?
- Bueno, yo creo que, producido el episodio, me inclino por la elección, que me parece más correcto.

- ¿Y ante la posibilidad de que no se presente ninguna fórmula para enfrentar la candidatura de Perón?
- Yo creo que de todos modos será convocado el pueblo para elegir.

- Doctor, ¿usted coincidiría que en las últimas semanas se ha observado un proceso de confluencia al menos en las apreciaciones y en los anhelos entre la juventud radical y la juventud peronista?
- Es evidente.

-¿A qué lo atribuye?
- A que piensan bastante parecido.

- ¿Esto habla a favor o habla en contra de una posible complementación peronista-radical?
- Nosotros estamos trabajando desde hace tiempo; fue incluso uno de los motivos que dieron origen al Movimiento Renovación y Cambio la necesidad de expresar la idea del seno de nuestro partido, si es necesario trabajar en común con otros sectores populares para afirmar un programa de organización realmente liberadora. Nosotros vemos con mucho agrado que coincidan en los diversos aspectos la juventud del radicalismo con la juventud peronista para afianzar esta revolución reclamada por las grandes mayorías argentinas. Lo que no vemos con agrado es que se piensa cambiar esto, que es natural, que es lo espontáneo, que es lo puro por acuerdos en la cúspide que nada tiene que ver con el proceso de la revolución.

-Si en determinado momento el acuerdo en la cúspide puede responder a un anhelo de una parte o de una buena parte de las bases, ¿podría autenticarse de este modo?
- Pienso que no; en la militancia, por lo menos, no.

- Le pregunto esto por lo que conversábamos recién. Se me ocurre que hay en el fondo en estas coincidencias manifiestas en las juventudes de ambos partidos por lo menos en el gérmen de una posibilidad de trabajo en común.
- Para trabajar en común vamos a estar totalmente de acuerdo, no hay ninguna duda, con el peronismo y con todos los sectores populares que están realmente decididos a operar en la Argentina esta transformación que nos saque de la postración a que nos tiene sometido un régimen de sumisión.

- Doctor, por un momento me pongo en abogado del diablo. Especialmente partiendo de la respuesta del secretario general de la CGT, sobre los conceptos suyos, se ha escuchado a algunas personas que lo acusan de gorila y de izquierda. Yo quisiera que usted responda a esta cosa.
-De ningún modo yo soy gorila. Lo que pasa es que aquí se pretende, por algunos señores, que los que estamos luchando en serio por las reivindicaciones populares tenemos que ser pisoteados, de cualquier manera se nos coloca en casilla, se nos estereotipa y desde luego cuando regresamos, alguna crítica tiene que producir alguna vez alguna crítica personal que nada tiene que ver con nuestra posición. Yo soy un hombre que lucho por mis aspiraciones, mis propias conclusiones; no soy antiperonista simplemente; no soy peronista y estoy dispuesto a trabajar con todos los que puedan coincidir en los aspectos fundamentales con nosotros, preservando desde luego mis propias convicciones.

- ¿A qué cree que responde la diferencia que Rucci se empeña en señalar cuando primero lo ataca a usted y luego con palabras semielogiosas al doctor Balbín?
- No sabría contestarte eso.

- Doctor, creo que sería conveniente escuchar de sus propios labios una definición concreta de las diferencias que lo separan del doctor Ricardo Balbín.
- De eso ya hemos conversado bastante. Yo prefiero que las diferencias surjan de los acontecimientos, de los hechos, por eso se está clarificando todo, de suerte que lo dejo para que usted extraiga las conclusiones. Yo creo en un modelo de país y esto no significa cristalizar esta idea, pero creo en un modelo de país con un área que podríamos llamar socializada, que por extensión podríamos llamar la infraestructura social, para lograr igualdad de trato en materia de salud. El problema de la educación en todo lo que hace a la necesidad fundamental, la democracia pluralista, que se manifiesta solamente en la medida en que se trabaje, eficacia para lograr igualdad de oportunidades. Creo también en una franja ancha en el medio en la que no deben socializarse en los medios de producción que debe estar librada a la iniciativa privada, pero sujeta siempre a un planeamiento de economía para que fije prioridades en su desarrollo a un correcto sistema tributario que opere la distribución de los ingresos y la riqueza a una lucha permanente contra todo lo que sea la concentración del poder económico, por eso contra los monopolios, por eso contra los latifundios y también a vincular la gestión de la empresa en cuanto a trabajo y menos en cuanto a capital.

- Doctor, en todo este proceso que se ha abierto, ¿qué papel le atribuye a las Fuerzas Armadas?
- Yo no le atribuyo ningún papel.






















Fuente: REVISTA EXTRA - AÑO IX - N° 98 - AGOSTO 1973

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