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jueves, 8 de mayo de 2014

Victor Haya de la Torre: "A la Juventud Universitaria" Fragmento (septiembre de 1965)

Con este propósito, nosotros quisimos que la revolución tuviera, pues, una verdadera orientación de tipo cultural. De ahí que la Reforma fue coetánea, coeva y coincidente con nuestro movimiento. Se ha dicho mucho que el movimiento aprista es una consecuencia de la revolución universitaria y de la revolución mexicana. Nosotros llamamos a la Reforma Universitaria, la Revolución de los Espíritus, porque queríamos una renovación de las universidades, no para hacer más fácilmente profesionales. Lo dijimos siempre. No para facilitase al estudiante la manera de conseguir un diploma sin saber mucho. Nosotros quisimos precisamente lo contrario. Darles a las universidades una nueva validez, un nuevo sentido, una nueva proyección. Hacerlas verdaderos centros de cultura. Desprofesionalizarlas, en el sentido de que no solo el diploma fuera el objetivo del universitario. Crear los ámbitos de la investigación desinteresada. Hacer de ellas lo que han sido las universidades del mundo, en el campo científico, la exploración, en las que no es el interés profesional lo que prevalece, sino el amor a la ciencia y la devoción por la cultura. Ese fue el afán de la revolución o Reforma Universitaria. Y así comenzó. Había que sanear, había que limpiar las Cátedras donde permanecían aferrados viejos señores, que eran, sobre todo, viejos por sus ideas, y nosotros lo logramos en esa primera etapa, tendiendo a la democratización universitaria. Porque entonces, cuando nosotros comenzamos el movimiento, era solo una minoría muy reducida la que podría ingresar a la Universidad. Por eso nosotros quisimos que las puertas de la Universidad se abrieran, para que miles y miles de estudiantes pobres que no podían llegar a los claustros universitarios, tuviera la posibilidad de hacerlo. Y así nosotros comenzamos esa etapa de la reforma universitaria, que fue verdaderamente una etapa de democratización institucional, pero también de exaltación de los valores culturales de nuestros centros de educación superior. Allí coincidimos con esta gran acción de la juventud que se expande por todo el continente, que comienza en Córdoba, Argentina, y culmina en 1921 en el Congreso Latinoamericano de Estudiantes de México. Allí queda también establecido el principio de que el estudiante tiene como obligación -por recibir privilegiadamente una enseñanza que el pueblo paga- devolverle al pueblo parte de esa enseñanza que recibe por un azar de la fortuna. Y, entonces, la Universidad popular quedo establecida como una obligación del estudiante, como una responsabilidad. Y esa idea, que había sido sustentada en el Primer Congreso de Estudiantes del Cusco, repercutió aprobada, en el Congreso Latinoamericano de Estudiantes de México de 1921. 




























Fuente: Victor Haya de la Torre: "A la Juventud Universitaria" Fragmento (septiembre de 1965)

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