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martes, 13 de mayo de 2014

Ernesto Sabato: "Homenaje al Dr. Ricardo Balbin" (octubre de 1981)

Cuando la enfermedad lo doblegó y empezaban esos momentos sombríos que anuncian el fin, pudo todavía murmurar: “La sigo peleando”. Cuando supe de esas palabras se me encogió la garganta, sentí que aquel hombre que había combatido durante su vida entera iba a morir en su ley: combatiendo hasta el último momento, con el coraje y el estoicismo que lo habían señalado a lo largo de su existencia. Y así fue.Y luego tuvo que rendir sus armas.
Pero esa rendición fue su último y más memorable triunfo en su largo combate por la libertad: el pueblo argentino fue sacudido por su muerte, un silencio augusto se abatió sobre la Nación, por encima de clases y de opiniones sentimos que alguien que importaba había dejado de ser; alguien que con coraje inalterable, con denuedo ininterrumpido había peleado a lo largo de todos sus días por la libertad.
Esta emoción callada a veces, con lágrimas en muchos ojos de mujer y hasta de hombres, este conmovido recogimiento, demostró que la Argentina, más allá de cualquier otra condición, ama esos valores republicanos estampados en nuestra Carta Magna, esos principios que austera y valientemente estaban encarnados en el último de los caudillos.
Caudillo que nació en cuna humilde y murió en la humildad.
¿Qué elogio más grande puede hacerse de un hombre que tuvo a su alcance todos los bienes materiales? ¿En una crisis moral tan profunda como la que atraviesa la patria, en medio de tanta corrupción, ¿qué más significativo que esta inclinación de las cabezas ante su cadáver?
Sus funerales han sido –quien lo pueden dudar- los funerales del despotismo. Su muerte ha sido la vida de la libertad.






















Fuente: Publicado en la revista “Vigencia” - Ernesto Sabato: "Homenaje al Dr. Ricardo Balbin" (octubre de 1981) 

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