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jueves, 24 de abril de 2014

Oscar Alende: "Debate de Radicación de Capitales Extranjeros" (6 de agosto de 1953)

Sr. Presidente (Benítez). — Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

Sr. Alende. — La elevación de las condiciones económicas de la Nación en general y del nivel medio de vida de la familia argentina en particular, especialmente de los asalariados, de- pende, en su ultimo análisis, del monto de capitales, de la relación capital-hombre en cuanto se refiere a quienes trabajan en la industria y en la producción agropecuaria y, de las aptitudes que revelen el Estado, las empresas y los individuos para llevar a ese capital a su mas alta productividad.
Coincidimos, pues, en la necesidad de capitalizar al país, no porque este se encuentre precisamente en proceso de desarrollo económico, sino porque atraviesa una crisis de descapitalización alarmante y progresiva, que ya no se puede ocultar y nos obliga, en el Congreso de la Nación, a señalar sus causas y sus síntomas para buscar el remedio tendiente a restablecer la salud económica de la Republica.
Esa crisis de descapitalización se encuentra agudizada hoy día por algunas razones que he de esbozar rápidamente.

En primer termino, señalo la disminución de las exportaciones con buenas y malas cosechas, con buen y mal tiempo, lo que produce una merma en los términos del intercambio y, por con- siguiente, una menor posibilidad de conseguir divisas,  no ser que se obtengan, como en el presente a costa de la disminución de las importaciones; es decir, que hay un proceso independiente incluso de la producción agropecuaria. Por otra parte, la disminución del nivel de productividad industrial, a tal punto que afirmo que nuestro país argentino es el único del mundo que, a partir de 1948, revela —y aquí tengo las estadísticas país por país— niveles decrecientes de producción; todo lo cual repercute sobre las; cifras de la renta nacional, lo que es notorio a pesar de la ausencia de publicaciones oficiales y de estudios serios sobre la renta nacional hechos con discriminación de sectores económicos y sectores sociales. Esa limitación se acentúa con el aumento progresivo del numero de habitantes de la Republica, si se relaciona este punto con el importante capitulo de la renta nacional per capita.

¿Que sucede, entonces? Que el país importa laboriosamente los materiales que necesita: el 85 % de- sus importaciones son de combustibles; el país se encuentra atrasado en diez años en lo que respecta a la incorporación de nuevos elementos de progreso y de técnica, a tal punto que para que nuestro país pueda colocarse, según un calculo del ingeniero Llorens, en condiciones de equipararse a los Estados de elevado progreso técnico en materia de producción agropecuaria e industrial, se necesitarían de cuatro mil a cinco mil millones de dólares, es decir, un equivalente en pesos moneda nacional a dos segundos planes quinquenales.

Urge capitalizar al país. Tomo del mismo autor estos índices estadísticos: consumo de acero de 1905 a 1914, 150 kilogramos por habitante; en 1950, 71, kilogramos. Existencia de automotores: habitantes por automotor en 1930, 25, y 40 en 1950. Vagones: habitantes por vagón, 130 y 200 en 1930 y en 1950. Locomotoras: habitantes por locomotora: 2.700 y 4.200 respectivamente. Longitud de vías férreas: 275 y 376 respectivamente, agregando que hay una renovación atrasada de tres millones de durmientes y de parte de los rieles; aparatos telefónicos: habitantes por aparato, 39 y 42, respectivamente, para 1930 y 1950.

¿Como hacer esa capitalización? Rápidamente quiero enunciar el concepto que sobre ello tenemos los radicales. En primer término, pensamos que fundamentalmente la capitalización del país debe hacerse sobre la base del ahorro y de la riqueza nacional. En este sentido tenemos que señalar nuestra profunda discrepancia con la política del gobierno, en cuanto no ha realizado lo necesario en nuestro país para hacer su capitalización, por lo menos primaria, sobre la base del ahorro y de la riqueza nacional.

Sr. Gago. — ¿Me permite una interrupción el señor diputado?

Sr. Alende. — El señor diputado me disculpara que no le admita la interrupción, porque el tiempo de que dispongo es muy limitado y tengo muchas cosas que decir.
Afirmamos nuestra discrepancia con la política del gobierno en lo que se refiere a la producción. Se ha proclamado la consigna «Producir, producir y producir» con poca seriedad...

Sr. Miel Asquia. — No es así, señor diputado.

Sr. Alende. —... como surge a través de los discursos del señor presidente, el de Campo de Mayo, por ejemplo, cuando afirmó que la falta de productividad de los obreros solo podía gravitar en un 20 % sobre la producción, lo que el consideraba de poca significación para la producción argentina. La política demagógica ha descansado en este concepto: ya esta todo hecho. Se ha repetido con motivo de la independencia económica celebrada en su oportunidad en la ciudad de Tucumán; se ha dicho también al sancionarse la Constitución de 1949 y en cada proyecto de ley del Ejecutivo, dando la sensación de que ya estaba resuello el problema del hombre, con la consagración de la doctrina peronista, remitible por eso ya al exterior y que el hombre argentino podía descansar ahora sin preocupaciones en el goce sensual de la vida.

Creemos, por el contrario, que es necesario hablar, con el manejo sincero y honrado de las estadísticas, en este grave momento de la situación argentina, para decir a todo el pueblo con sensatez y con responsabilidad que hoy mas que nunca hay que exaltar las fuerzas del trabajo, que el país para salvar su situación tiene que trabajar y producir, porque en el trabajo, en la producción y en la creación de riqueza están las posibilidades y el futuro destino económico de la Republica.
Hay que establecer en el país un ambiente de seguridad y de estabilidad jurídica, de respeto entre los sectores de opinión, sin rehenes de guerra y sin estado de guerra, para que cada sector pueda decir su palabra patriótica, con inspiración, sin limitaciones, sin ofensas y sin mordazas.

Sr. Astorgano. — ¡Si los señores diputados hablan siempre!

Sr. Alende. —La política que hemos señalado y que consideramos necesaria para conseguir la capitalización tiene como base el trabajo y la riqueza argentina. La política de pleno empleo para la plena producción a la que nos referimos al debatirse en esta Cámara el presupuesto general, sin cuya premisa indispensable, toda la política de plena ocupación que ha señalado el señor presidente de la Nación, es un contrasentido, sin dejar de reconocer que pueda revestir una importancia social determinada.

Igualmente hemos criticado reiteradamente la inflación, porque si bien es cierto que en un primer Estado la inflación produce un estimulo de la ocupación y de la productividad, llega un momento en su marcha evolutiva en que esa ocupación y ese aumento de la producción no sigue el mismo ritmo de la tendencia inflatoria y entonces aparece el desnivel entre la superabundancia de medios de pago y la existencia real de los bienes y servicios con que cuenta la Nación. Es entonces cuando llegamos a situaciones económicas como la presente, que provocan el envío de proyecto de ley del Poder Ejecutivo como el que discute la Cámara

Mucho podría hablarse en esta materia, pero el tiempo urge. Podríamos referirnos al uso improductivo de las divisas, que también hemos señalado. Habrá que averiguar en que medida la superabundancia de divisas, que en cierto tiempo tuvo el país, han disminuido correlativamente a la incorporación de bienes de capital que el país necesitaba y en que medida se habrán importado artículos no esenciales para el usufructo de una determinada clase social, en que medida, incluso, habrán servido las divisas para facilitar las transferencias y hasta que cifra habrán podido evadirse capitales, comparándolos con los saldos que existían al 30 de julio de 1947, de 729.000.000 de dólares depositados en bancos de Estados Unidos como capitales latinoamericanos.

En resumen, esta generación, que ha recibido un saldo de errores del pasado, reclama el derecho de resolver la situación presente de la economía argentina con su propio sacrificio y con su propio esfuerzo, para que esto no repercuta ni gravite, como ha de suceder si se vota este proyecto, sobre las generaciones del futuro, pues los hombres de aquí a veinte años habrán de palpar sus consecuencias En ese sentido reiteramos lo que manifestamos en la primera sesión, cuando tuvo entrada este proyecto de ley, en cuanto se refiere a un cambio de la línea económica del Poder Ejecutivo, como se evidencia con la lectura de documentos o de discursos pronunciados en otra hora. Tengo aquí aquel celebre discurso en que expresaba el señor presidente: «algunos traficantes que existen en el país afirman que no tenemos dólares». Y pregunto a su auditorio: «¿Han visto ustedes alguna vez un dólar?», ignorando que todo el drama de la evolución económica mundial se encuentra en la actualidad provocado porque una sola nación tenia antes de la segunda guerra mundial el 70 por ciento del oro del mundo; y después de la guerra, ya en 1948, tenia el 50 por ciento, cifra que, seguramente, se habrá acrecentado en la fecha; y que la situación de ese país, que importa tan solo el 3 por ciento de sus ingresos nacionales, esta gravitando poderosamente en la evolución económica mundial y en el intercambio de los pueblos.

Decía el señor presidente: 

« ¿En que consiste nuestra independencia económica? En poca cosa, señores: en que no se lleven para otras partes, y se distribuyan los grandes consorcios capitalistas el producto de la riqueza argentina que nuestros trabajadores arrancan a la tierra o aumentan transformándolo con la industria.»

Ahora viene este proyecto de ley de beneficio para los capitales extranjeros. ¡Amarga confesión de derrota de la política del Poder Ejecutivo!

Por nuestra parte, hemos de dar a conocer el concepto con que labora el sector de la Unión Cívica Radical. Ratifica la base fundamental de la capitalización del país sobre el ahorro y la riqueza nacional, porque creemos que la Argentina y Latinoamérica se juegan en la valoración de ese concepto, su propio destino independiente como Nación y como afín comunidad humana.
En cuanto a la acción de los capitales extranjeros, concretamente sostenemos la existencia de tres áreas fundamentales. Una de ellas, de capitalización social, en la que debe actuar exclusivamente —óigase bien— el Estado, ni el capital privado argentino, ni el capital extranjero. Me refiero concretamente al caso del petróleo.

Otra: la de la industria nacional en desarrollo, en la que creemos que no debe permitirse la competencia del capital extranjero.

Por ultimo, la tercera, en la que puede admitirse y considerarse progresista la acción de las inversiones extranjeras, debido al insuficiente desarrollo y a las escasas perspectivas de la industria nacional.

¿Cuales son los hechos doctrinarios que gravitan sobre el pensamiento radical? Al introducir en nuestra plataforma electoral, en su punto 12, la consolidación de la industria, la necesidad de la creación de una industria pesada y el desarrollo de nuevas técnicas y formas industriales, hemos roto, el esquema tradicional de la división del trabajo, es decir, el esquema que establecía la existencia de países en la periferia que debían abastecer de materias primas a los países de elevada industrialización.

Si la humanidad hubiera vivido en un mundo ricardiano, ese principio que es teóricamente exacto, hubiera podido ser efectivo, pero en materia económica a veces las doctrinas vienen rezagadas y esta que tanto privo, ha quedado desvirtuada por los hechos mismos de la economía. La relación entre los precios de los productos primarios y los artículos finales de la industria, contraria, precisamente la tan divulgada teoría.

Los progresos de la técnica, mas posibles en los medios industriales que en los agropecuarios, deberían haber determinado precios menores para los primeros y, sin embargo, fueron mayores, lo que significa en definitiva, que los actuantes en la producción de los artículos finales de la industria, se quedaban no solo con el progreso de la técnica, la esfera a la cual se encontraban vinculados, sino también con el trabajo y con la riqueza de los países que, como el nuestro, producían materias primas.
Hemos roto ese concepto; y por ello afirma el radicalismo la necesidad de consolidar la industria, como sostiene también la democratización industrial con la participación de los técnicos, empleados y obreros en la distribución de las utilidades, la libertad sindical y el derecho de huelga.
En nuestro país, pues, ha habido un desarrollo paralelo de la industria nacional con el de las fuerzas sociales y sindicales, cuya facundia puede sintetizarse en aquel magnifico consuno, tan vinculado a la acción del radicalismo, que se llama la reforma universitaria, la unión de los obreros y estudiantes, ambos elementos forjadores de la grandeza nacional.

Al hablar de la organización de una democracia económica, en el punto 49, señalamos una discrepancia fundamental a la que me he de referir cuando trate algunos aspectos de este proyecto de ley.

¿Cuales son las razones históricas que abonan nuestro concepto? Lo he de decir rápidamente, porque es orgullo y blasón del radicalismo, recordando palabras de Hipólito Yrigoyen al hacerse responsable de la revolución de febrero de 1905, y al referirse a la seguridad de los capitales invertidos en el país: 

«E1 criterio extranjero esta habituado a pasar por alto el concepto de nacionalidad soberana y organizada, a que tenemos derecho, para solo preocuparse de la riqueza del suelo argentino y de seguridad de los capitales invertidos en prestamos a los gobiernos o empresas industriales y de comercio.»

Fustiga la inmoralidad política que no ha sabido rodear de respeto el nombre del país, fustiga a los causantes y beneficiarios de ese desastre del honor y crédito nacional, que carecen de autoridad y titulo para continuar invocando el prestigio argentino en el exterior.

En 1905 hacia cuatro años que terminaba de pagarse el primer empréstito contraído en 1824, que fue aquel con el que se hipotecaron las tierras de la Nación, a fin de construir —y no se construyeron— el puerto de la Capital, ciudades fronterizas, servicios de aguas corrientes en la ciudad de Buenos Aires, por 1.000.000 de libras. Para conseguir 5.000.000 de pesos fuertes se invirtieron 26.000.000, que concluyeron de ser pagados en 1901. Comienza por entonces el primer proceso de infiltración económica en el país. Fue en 1907 se otorga la concesión a la Compañía Alemana de Electricidad, al Anglo Argentino, se sanciona la ley del puerto de Rosario, y se otorgan concesiones —que he tenido oportunidad de estudiar alguna vez— en todos los partidos limítrofes de la Capital Federal a las sociedades subsidiarias del consorcio mundial de la electricidad.

En el lapso 1933/1936 —y señalo que de nuevo acaece con algunos años de anterioridad a la iniciación de otra guerra— se produce una nueva búsqueda de mercados, debido a la necesidad de colocar en medio tranquilo y rendidor los capitales extranjeros, se sancionan las leyes de la Corporation de Transportes relacionada con las concesiones eléctricas, la creación del Banco Central, del Instituto Movilizador y las juntas reguladoras. Anticipándome a las palabras que han de venir, quiero expresar un hecho macizo, grueso e irrefutable, el de que en la Republica, para condenar y criticar estos hechos, hubo una sola voz, la de algunos pocos hombres: siempre hay algunos pocos hombres que salvan; algunas voces surgieron de los hombres de la Unión Cívica Radical, y —a fuerza de adversario leal— otras de integrantes del Partido Socialista, sin dejar de citar especialmente la ciclópea de Lisandro de la Torre. Nada, ni nadie más. Después de ello, todo fue silencio.

En la actualidad estamos sufriendo un nuevo proceso, el de la necesidad de conquistar mercados debido a la saturación de las plazas internas de los grandes países productores.

Con el proyecto de ley cuya sanción se solicita se inicia un tercer proceso de infiltración económica en la Republica. Desearíamos equivocarnos, pero consideramos que el mundo se encuentra en un nuevo proceso de conquista de mercados y de preparación para la guerra.

Yrigoyen tuvo una política clara y definida que no pudo concretarse por la oposición del Senado. Sin embargo, los gobiernos radicales proyectaron la creación del Banco Central, produjeron el veto a la ley de sociedades mixtas de ferrocarriles, la nacionalización de los frigoríficos, y se definió la política del petróleo. También tuvo lugar el pacto D'Abernon, respecto del cual hubiera querido que tuvieran los señores ministros en esas bancas para recordarles que la política de los créditos recíprocos fue iniciada en este país por Hipólito Yrigoyen y no por este Poder Ejecutivo; la posición International; en suma, la defensa de la soberanía y la lucha antiimperialista.

Voy a referirme concretamente al proyecto de ley enviado por el Poder Ejecutivo.

La ley autoriza al Poder Ejecutivo a aprobar las inversiones extranjeras. Aprueba si se instalaran plantas nuevas independientes o si se asociaran a las ya existentes; aprueba si los capitales se dedicaran a la industria o a la minería; aprueba si se incorporaran bajo forma de divisas o de maquinarias, equipos, herramientas y otros bienes, etcétera. Esta autorizado por el articulo 12 —y no he encontrado que se de la misma franquicia al capital de industria nacional— a eximir, total o parcialmente, del pago de los derechos de aduana a los bienes físicos que se incorporen al país; a fijar derechos aduaneros adicionales de tomento para artículos de competencia que fabriquen los capitales extranjeros, derechos aduaneros de defensa superiores al 50 % del valor fijado para el producto en la tarifa de avalúas; a fijar cuotas de importación para artículos de competencia y hasta prohibiciones de importación; a conceder subsidios a la industria de capital extranjero, que, según informes de los señores ministros, llegan, tan solo en lo que se refiere a los frigoríficos, a la suma de 500.000.000 de pesos anuales.

Todo este capitulo de autorizaciones ilimitadas coloca a la ley en las manos exclusivas del Poder Ejecutivo. Ya no es un simple concepto de administración, envuelve toda una idea política vinculada a nuestro concepto de organización de una democracia económica, implica la pugna que existe entre el concepto del absolutismo y el concepto democrático de la economía. No ya porque nosotros podamoi no tener confianza en el Poder Ejecutivo, porque esta ley no se la votaríamos así ni a un gobierno radical; no ya porque recordemos aquella planta de aluminio que el Poder Ejecutivo compro integra y que no existía en Italia; no ya porque hagamos memoria de todo lo dicho sobre la bomba atómica y sobre los descubrimientos de Richter, porque preferimos olvidarlo por ser una desgracia para el país, sino porque entendemos que el control de la economía debe hacerse sobre la base de un planeamiento realizado por los órganos representativos de la voluntad popular, por estos órganos que colocan a la riqueza natural, al crédito, a la producción, a las industrias y al intercambio internacional al servicio del pueblo y no de una minoría, porque deben movilizarse los recursos, no en el limitado beneficio de los poseedores, sino en el desarrollo nacional y del bienestar social.

Porque queremos un proceso a la inversa deseamos que primero se establezcan las necesidades del país y que incluso se fije un plan con los países vecinos para determinar las necesidades de inversión y las industrias donde puedan invertirse los capitales, para recién entonces, sobre el estudio de los distintos sectores económicos y sociales, adoptar las providencias correspondientes.

Sr. Rumbo. — Pero, entonces, para el señor diputado, ¿que significa el segundo Plan Quinquenal?

Sr. Alende. — El Plan Quinquenal esta hecho especialmente con un objeto, y sobre el particular ya he de volver y, entonces, le abre de contestar al señor diputado, porque ahora no quiero perder el hilo de mi exposición.

Con referencia a los capitales han de quedar equiparados a los nacionales, recibirán un tratamiento igual a los de las empresas argentinas similares, y a partir de los dos años el inversor tendrá derecho a transferir al país de origen utilidades liquidas hasta el 8 % del capital registrado, esto es, de la suma de capital originario mas las utilidades, que sobrepasen el 8 % o que no se deseen transferir.
Ya que me he referido a aquel gravoso empréstito, quiero decir unas palabras sin compromiso sobre los empréstitos. La experiencia demuestra que en general los empréstitos han sido onerosos para la Nación y se ha identificado la política de empréstito con la traición al país. Al respecto el señor presidente de la Republica incluso ha prometido cortarse las manos antes de firmarlos.

Sr. Alonso. — Sigue diciéndolo.

Sr. Alende. — La deuda publica externa se ha pagado con un interés fluctuante entre las siguientes cifras: en 1928, con el 5,73 %; en plena crisis de 1930, con el 7,29 %; solo en 1932 llego al 8,31 %, es decir, supero recién entonces el 8 % de utilidades permitidas por este proyecto de ley remitido por el Poder Ejecutivo; en 1935, con el 5,33 %; en 1936, con el 5,54 %; en 1937, con el 4,91 %, en 1938 con el 4,60 %. Y los servicios del capital ferroviario significaban un 4 % a la par, y 3,77 % al cambio.

Sostengo que la forma de empréstito es gravosa y onerosa en la media del producido que se le hace dar a la suma obtenida por el. Pueden comprarse las maquinarias que el gobierno quiera, y una vez pagado se termina el compromiso, sin pedir nada a nadie, porque al fin de cuentas se paga con la suma de los ahorros nacionales. A pesar de que tenemos que admitir que es un hecho desgraciado, como fue desgraciada la situación del país en 1916 cuando, en épocas en que el Estado y el mundo tenían otro sistema crediticio, se vio obligado a concertar empréstitos en el exterior.

Pero no ha de necesitar cortarse las manos el presidente de la Republica, porque esta política que ahora se propugna, desde el punto de vista económico da un interés superior, y a los quince o veinte años no sucede ya que quede cancelado el compromiso, sino que hay que devolver todo el capital. Lo que en realidad ocurre es que la medida de estas operaciones no la da el interés local, puesto que los países prestamistas no desean ya conceder empréstitos, y prefieren realizar este otro tipo de operaciones.

Por eso en la reunión de la Comisión de Presupuesto y Hacienda dije al señor ministro de Comercio Exterior que se manejaban con viejos esquemas, porque la mentalidad colonial, que se refería a la producción de las materias primas por unos países y su absorción por otros, ya no cuenta, y que en definitiva la mentalidad colonial del esquema presente y de este ciclo económico que se inicia esta vinculada al interés del inversor.

Sr. Alonso. — ¿Que le contesto el señor ministro?

Sr. Alende. — La experiencia recogida muestra que hay un cambio de área en lo que se refiere al sentido de las inversiones de los países prestamistas. Ya no quieren invertir más en los servicios públicos porque son de un bajo rendimiento, y buscan estas inversiones directas de extraordinarios rendimientos.

Por eso señalo que incluso la nacionalización de los servicios públicos se ha hecho hasta donde convenía al país vendedor: se ha hecho con los ferrocarriles, que ya próxima la caducidad de la ley Mitre se encontraban en una situación económica ruinosa; pero no se ha hecho con el petróleo, con los frigoríficos. Se han tocado con las nacionalizaciones las esferas de capital donde había interés de vender por parte de los países prestamistas, y cuando no ha sido así, como en el caso de los servicios telefónicos, se ha podido señalar, como han tenido oportunidad de hacerlo los diputados radicales, el fracaso de una política que ha terminado hace pocos meses con el regalo, al cancelarse compromisos por varios millones de dólares a los capitales norteamericanos.

Existe también un cambio en cuanto a la nacionalidad de los capitales. El señor diputado Degreef ha leído las cifras de las inversiones, que pueden controlarse con las remitidas en este informe por el poder Ejecutivo de la Nación, en donde se puede apreciar que Estados Unidos toma la delantera en lo que se refiere a inversiones de capitales extranjeros en la Argentina.

Ya he de señalar mi objeción formal al valor de estas cifras oficiales que para 1940 eran, por ejemplo, en lo que respecta al capital de Alemania, de 35.000.000 de pesos. Sabe el país —no recuerdo exactamente la cifra— que se expropiaron mas de 500.000.000 de pesos cuando el Poder Ejecutivo declaro la guerra en el momento de agonía de Alemania.

Por este proyecto de ley las utilidades que no se transfieren se capitalizan y ganan antigüedad. A los diez anos, el capital comienza a remitirse de vuelta al país de origen en cuotas del diez o veinte por ciento, a tal punto que a los quince o veinte años habrá regresado todo el capital originario.

Se dice que será nacionalizado el capital con las utilidades que excedan del 8 %. No será una nacionalización, sino una seudo nacionalización. Pienso que es ingenuo creer que se trata de un capital nacionalizado cuando los tenedores de los títulos van a residir siempre en el exterior; cuando son los países inversores los que tienen interés en este tipo de operaciones, que pueden ser necesarias con otra estructura mas garantida para la Republica. Así lo demuestra este documento del Departamento de Comercio de Estados Unidos, en el que se hace esta observación con referencia concreta a la Argentina: 

«Pero en cualquier caso es improbable que- haya un apreciable movimiento de capitales hacia la Argentina, hasta que se asegure el envío de utilidades y el retiro del capital principal.

Denuncia, frente a quienes han estado denostando a los argentinos del pasado e incluso han hecho severas condenaciones de entrega en el segundo Plan Quinquenal, que esta operación política es más gravosa para los intereses del pueblo argentino que muchos empréstitos votados en el pasado.
Este capital no podrá identificarse —lo señale en la Comisión de Presupuesto y Hacienda— y con el sistema actual de las sociedades anónimas, luego de la modificación del articulo 5 de la ley de impuesto a los réditos, y de la ley sobre transmisión gratuita de bienes, pues el tributo correspondiente a las acciones no lo paga el tenedor sino la propia sociedad y no figuran dichas acciones en las sucesiones, nunca podrá saberse en manos de quien están las acciones de estos capitales extranjeros.

Celebro que estas palabras pronunciadas en la Comisión de Presupuesto y Hacienda hayan tenido por lo menos alguna respuesta por parte de los señores ministros. Según una noticia que publica la prensa del 3 de agosto, se tratara de actualizar las formulas de los balances de las sociedades anónimas y facilitar la fiscalización de esas personas jurídicas por parte de la Dirección General Impositiva y la Comisión de Valores, para lo cual se designa una comisión integrada por el subsecretario del Ministerio de Hacienda y por funcionarios de distintos ministerios.

Pero entiendo que no podrá identificarse el capital.

Incluso podrán retransmitirse utilidades por el mercado paralelo, con el agravante de que los créditos que se darán en los bancos ampliaran el capital, y ese rendimiento hoy habitual que señala el mensaje, del 16 % sobre el capital invertido, podrá ampliarse mediante el apoyo del ahorro nacional. Más todavía: seguía lo manifestaron los señores ministros, no w fijaran tipos de cambio en lo que se refiere al ingreso y a la remesa de los mencionados capitales extranjeros.

Esos capitales necesitan, señor presidente seguridad y confianza en las inversiones, para que venga el capital de buena fe y no el capital que busca un alto valor especulativo.

Nosotros hacemos de este problema no un acto de agravio para nadie, sino primordial y fundamentalmente un acto de defensa del interés nacional. Y decimos que la seguridad y la confianza la dan el trato inalterable, y que no es posible, por ejemplo, que en un discurso de 19 de mayo, pronunciado en la plaza publica, se hable de los crímenes que se están preparan- do en las vecindades de Chicago, y aparezcan después artículos de «Descartes», de Perón, informando que, gracias a Dios, Estados Unidos tiene un gran presidente.

—Varios señores diputados hablan a la vez.

Sr. Alende. — Voy a traer a colación el articulo 40 de la Constitución, no porque podamos creer nosotros que con el hay un mandato directo, sino para demostrar la ligereza y la irresponsabilidad con que se tratan estos temas de tanta gravedad y trascendencia para la vida económica del país. Dijo el miembro informante que 

«La reforma constitucional convierte en bienes de la Nación todos los minerales, las caídas de agua, los yacimientos de petróleo, de carbón y de gas y cualquier fuente natural de energía, con excepción de los vegetales; los hace bienes públicos, que no se pueden desafectar, enajenar ni conceder a particulares para su explotación.»

Sr. Miel Asquia. — Pero ¿quien dijo que se vayan a dar a particulares...?

Sr. Gomis. — El señor diputado por Buenos Aires esta haciendo un discurso político.

Sr. Alende. — Lo dijo el señor miembro informante de la Convención Nacional Constituyente; que se transferían esos bienes a la categoría de propiedad publica nacional, se establecía el monopolio del Estado para su explotación y se introducía, como consecuencia, un cambio profundo en el régimen jurídico de las minas, respecto del vigente en el Código Civil y en el Código de Minería.
Ya que he mencionado el Código de Minería, quiero recordar que hay un proyecto de ley del Poder Ejecutivo, enviado en 1951, cuyo articulo 91 establece el derecho del Estado para declarar caducas las concesiones mineras por causa de utilidad publica, agregando a continuación que la indemnización al concesionario se establecerá en la forma prescrita por la Constitución Nacional para la expropiación de empresas concesionarias de servicios públicos. En ese mismo proyecto se dispone que queden excluidos de sus normas los yacimientos de petróleo —esto es, justamente lo que más necesita cuidar el país—, así como los de carbón, gas y demás substancias minerales productoras de energía.

Ahora contesto al señor diputado Rumbo, señalando las contradicciones que existen entre lo que se dijo cuando se reformo la Constitución, las disposiciones del proyecto de Código de Minería y las preferencias del segundo Plan Quinquenal, porque los capitales extranjeros que se inviertan en ese orden de preferencias —siderurgia, metalurgia, etcétera— es- taran sometidos, según los informantes de la Convención, al articulo 40 de la Constitución Nacional.

Estas son las rectificaciones de la política del peronismo en materia económica". Tenemos muchos recortes, señor presidente; aseguro que seria un ensañamiento leer y actualizar todo lo que se dijo, en materia de política económica, por parte del Poder Ejecutivo. Baste recordar que nuestro ministro de Hacienda fue a dar conferencias lacrimosas al capital yanqui, asegurándole que no se aplicaría el artículo 40 de la Constitución Nacional y que se darían a los capitales extranjeros las garantías que se proporciona al capital nacional.

¿Como va a funcionar, señor presidente, esta ley? Lo único efectivo será la remesa de utilidades; y en este sentido creemos que el Poder Ejecutivo comete un error al pensar que al capital inversor le interesan solamente las remesas de utilidades.

El exceso del 8 % de utilidades que se nacionalizara —que no podrá ser controlado por el país porque el propio Congreso ha votado el proyecto de ley del Poder Ejecutivo que imposibilita su control— ha de infiltrarse en la economía, ha de ser inversiones en otras industrias, ha de tomar la tierra y aumentar su valor especulativo. Puede suceder, incluso, señor presidente, en lo que se refiere a los bloques imperialistas en pugna, que ese capital este buscando y organizando aquí, en nuestra Argentina, sus propios equipos de conducción. Tenemos la experiencia de lo que ha significado para la deformación geoeconomica del país lo que recordábamos los otros días respecto a la orientación convergente de los ferrocarriles nacionales; la corrupción provocada y demostrada en documentos que hemos pedido que se traigan a esta Cámara y que ha ocultado el peronismo...

Sr. Otero. — El peronismo no ha ocultado nada.

Sr. Alende. —... en lo que respecta a la acción política de infiltración de la CADE, cuyas pruebas venimos pidiendo desde el año 1946 y no se por que razones no llegan a esta Cámara; tenemos esa amarga, triste y dolorosa experiencia de lo que significa el poder de infiltración del capital extranjero.

Nosotros, que hemos coincidido con la política del Poder Ejecutivo en lo que se refiere a los planes hidroeléctricos y de la industria pesada; que hemos disentido permanentemente en materia de política del petróleo; que hemos coincidido en la necesidad de que el país tuviera sus recursos para la administración, .nosotros decimos que en el peso de nuestro voto esta la valoración de esas amplias concesiones al Poder Ejecutivo; que para lograr una legislación real y efectiva es necesario que tengamos un régimen de seguridad jurídica, Constitución y leyes que, aunque no hayamos votado, las hemos acatado siempre, pero que deben cumplirse; que no aparezca la aberración de un estado de guerra interno que si da seguridad a los: capitales extranjeros siembra la discordia, la zozobra, el rencor y el desencuentro de los argentinos. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)

Sr. Miel Asquia. — Ustedes no quieren ponerle fin

Sr. Alende. — El 18 de julio próximo pasado el radicalismo de la provincia de Buenos Aires dio su palabra con respecto a este proyecto de ley.

Sr. Gago. — ¿Cuantos radicalismos hay?

Sr. Alende. — Hay uno solo, honroso y glorioso.

Sr. Miel Asquia. — ¡No parece!

—Varios señores diputados hablan a la vez.

Sr. Alende. — Como he dicho reiteradamente, desde el año 30 el radicalismo esta en el llano, cada vez mas vigorizado por la adversidad; y ustedes no tendrán peronismo al día siguiente de que desaparezca Perón.

Sr. Astorgano. — Esta equivocado.

—Hablan varios señores diputados a la vez.

Sr. Alende. — El radicalismo considera que este proyecto de ley es un acto regresivo destinado a clausurar, quizás por largo tiempo, toda posibilidad de acceso a la emancipación económica. Con ello reafirma su voluntad de combatir por una transformación económica y social de Argentina que cree un nuevo estilo de vida en nuestra patria, mediante la realización de una reforma agraria inmediata y profunda  que este gobierno no hará porque esta aliado a la oligarquía, al latifundio y a los grandes terratenientes del país...

—Hablan varios señores diputados a la vez.

Sr. Alende. —... mediante la consolidación de la industria, la autarquía energética, el establecimiento de una industria pesada que den estilo de vida, sujeto a la exclusiva rectoría de la libertad individual, de la democracia política y social, de la emancipación económica y de la plena autenticidad cultural que nos convierta en magníficos e inobjetables propulsores de la unidad americana.

Frente al falseamiento de la democracia por el fraude, estuvimos solos. Ahora tenemos el fraude ignominioso de la conciencia nacional de trescientos sesenta y cuatro días al año, con el monopolio de la información y la destrucción de toda libertad.

Sr. Diaz de Vivar. — ¿Y cuando se aliaron con Braden...?

Sr. Alende. — ¡Que Braden, si ahora tenemos el connubio con los intereses del capitalismo norteamericano!

—Hablan varios señores diputados a la vez, y suena la campana.

Sr. Alende. — Se quiere hacer cuestión de nombres nada menos que en este sutil asunto de los vínculos económicos que, insensiblemente, sin ser percibidos por los pueblos, manejan y subyugan a las naciones. Es ridículo hacer una cuestión de nombres de la política norteamericana, cuando precisamente el partido del actual presidente de Estados Unidos, con Harding, Coolidge y Hoover, represento, como ningún otro en su hora, la plutocracia y el imperialismo norteamericanos, frente a los cuales estuvo cuadrado Hipólito Yrigoyen.

Algunos hombres amamos de verdad a la America nuestra.

Amamos la América morena que, al Sur del río Grande, vio verter la simiente de los bravos de Castilla en el ánfora prolífica de la indominable raza americana y luego llegar, con la sola exigencia de una buena voluntad, a los parias, a los desesperados, a los náufragos de todas las latitudes de la tierra.

La reivindicación de los pueblos oprimidos por la alianza infernal de aprovechados dictadores y de los intereses del capital privilegiado integra el programa de lucha de toda una generación. Amamos y admiramos al pueblo de Lincoln y de Wilson, como a todos los pueblos de la tierra, por saber lo imbuido de estos mismos ideales y principios, pero sentimos, maguer el enojoso y apasionante desencuentro de los argentinos, la enorme responsabilidad de nuestra patria en el desarrollo del drama americano.

Por eso queremos conservar dignidad y estatura, la reciedumbre interior que da una democracia bien vivida y una economía bien saneada, para ser, así, eficientes ejecutores de la grande tarea argentina y americana y poder mirar a cada una de las naciones de la tierra, a la de mas poderío y a la menos fuerte, de igual a igual, sin arrogancias, pero también, sin sumisiones.

Como ni este momento argentino —por su falta de seguridad jurídica y por su inestabilidad institucional—, ni la estructura de esta ley conforman esas elementales exigencias, decimos, señor presidente, que junto con esas críticas de superior inspiración va la irrevocable decisión de los radicales de votar este proyecto de ley por la negativa. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos. Varios señores diputados rodean y felicitan al orador.)

Sr. Gago. — Hablo el radicalismo de Buenos Aires.

Sr. Nudelman. — El único radicalismo, el radicalismo de toda la Republica.


—Varios señores diputados hablan simultáneamente, y suena la campana.
































Fuente: "Debate de Radicación de Capitales Extranjeros" (6 de agosto de 1953)

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