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domingo, 2 de marzo de 2014

Roque Coulin: "Juicio histórico al Regimen Conservador" (2 de octubre de 1928)

Sr. Coulín: Pido la palabra.
Hasta este momento la Cámara pudo suponer que yo era un diputado mudo. Es la primera vez que hago uso de la palabra en este recinto. Tengo paciencia, como la he tenido yo para oír en silencio las mayores herejías en boca de nuestros adversarios.

Ha oído la Cámara la voz quejumbrosa de la historia triste, de la triste historia política de nuestra patria. Siente la clase conservadora que muere y el canto del cisne lleva a sus representantes, no comprendiendo la hora y el concepto ideológico y humanista de nuestra patria, a darnos consejos que están demás, y que sólo los aceptamos como se aceptan en el hombre anciano la función última, de creer que los tiempos en que ellos vivieron fueron mejores, que la herencia que pueden dar, ya que perdieron tiempo y energía en la hora del bien obrar, es aconsejar a las nuevas generaciones que se porten bien que, miren para atrás para que sea estrella guiadora en la ruta del progreso y de la felicidad de nuestro país.

¿Con que derecho, los representantes del régimen más crudo y desierto, vienen aquí con todo desparpajo a decirnos a los diputados de la Unión Cívica Radical, que estamos poniendo en peligro el porvenir de nuestra nacionalidad, cuando es público y notorio que hemos tenido que aguantar el dolor de tener patria en la fórmula, como lo ha dicho el señor diputado Camaño, refiriendose a la Constitución y a la ley electoral, a las que calificó de simples fórmulas, no teniendo los argentinos en nuestra tierra, durante la larga noche del predominio del régimen, sino el derecho de ser peregrinos y testigos mudos, rabiosamente impotentes para salvar del barranca abajo toda la herencia que nos legaron nuestros constituyentes y los creadores de nuestra patria?

Somos hombres conscientes, serios, con corazón de argentinos bien plantados, con una ideología, una disciplina y una conducta partidaria que las hemos hecho en la escuela del sacrificio y del ideal, no de la prebenda, ni del usufructo del poder publico. ¿Con que derecho vienen a aconsejar? ¿Quiénes son ellos? Es un exceso de audacia, un verdadero cinismo político. Hombres y partidos a quienes tenemos que perdonar sus múltiples faltas, los enormes males que han hecho al país, vienen a aconsejar a los representantes de esta fuerza viva, al pueblo argentino que esta viviendo estas horas de renovación y justicia social y de reparación institucional, que nos cuidemos, que reflexionemos sobre nuestra enorme responsabilidad. ¡Si lo sabemos, señor! Están demás esos consejos. Cuídense ustedes que van en derrota. ¡Examinen, levanten sus puntos de mira: corrijan sus procedimientos, rectifiquen trayectorias: eleven su ideal para superarnos a nosotros, porque hasta ahora vamos probando año tras año, que nuestro ideal es superior en el concepto, en el pensamiento y en el corazón del pueblo argentino!

Sr. Amoedo: ¿No estaba en el país el señor del diputado?
Sr. Coulin: Hasta este momento la Cámara de mi país pudo suponer que soy un diputado. Es la primera vez que hago uso de la palabra en este recinto. Ruego al señor diputado espere a que yo termine y luego contestará. Tenga paciencia como la he tenido yo, para oír en silencio las mayores herejías en boca de nuestros adversarios.

Teme el régimen su desaparición, que yo la conceptúo que será para suerte del porvenir de nuestra democracia, que el auge y el triunfo de la nacionalidad nueva de la vida nueva argentina no sea fiel custodia de nuestras tradiciones sanas nobles y humanas. Y esto dicen ellos; ellos que no supieron cuidarla y que transformaron al país durante cuarenta o cincuenta años en una nueva Francia; ellos que usaron la Constitución y los reglamentos para norma única y exclusiva de la ficción y del engaño de nuestro sistema republicano, representativo y federal.

Ellos que no supieron hacer otra cosa que ampararse en la Constitución libérrima y santa, que nos legaron nuestros abuelos, para mantener engañada la civilidad argentina y que solo pueden ostentar como blasón de poder decir a las generaciones jóvenes, que durante su gobierno la patria se enriqueció, que aumentaron su población, que el dinero entró al país, que la agricultura mejoró, que la ganadería se ha transformado en la gran mente de recursos, ¡como si todo esto fuera obra de los gobiernos que ellos detentaron!

¡Esto se ha conseguido a pesar de ellos!


Es el esfuerzo del pueblo argentino, de la Unión Cívica Radical que desde 1916 en adelante, ha probado y demostrado, con meridiana evidencia, que ya no sólo es el pueblo el que a pesar de los gobiernos enriquece y ennoblece a nuestro país, sino que hoy, pueblo y gobierno se han hecho uno: el pueblo argentino. (¡Muy bien!; ¡Muy bien! Aplausos)


Esos temores, señores diputados conservadores, deséchenlos. Su misión está cumplida, buena, mala o regular, la historia lo dirá. El resultado final y el balance lo estamos haciendo nosotros. El pueblo cree que no han sido todo los buenos que pudieron ser. Por eso los estamos suplantando nosotros, no los diputados de la mayoría, sino el pueblo argentino, que a cada unos nos asigna el lugar que en esta hora debemos ocupar. (¡Muy bien!; ¡Muy bien! Aplausos)

Ha dicho el señor diputado que no se inicie una política inquietante, desconcertante. Cada uno habla de la feria según le va en ella, y según le va en ella, y según el prisma del cristal con que se mira califica los acontecimientos. Están desconcertados, realmente, no lo dudo, pero por su incomprensión.

Durante treinta y tantos años las clases conservadoras del país no comprendieron a la Unión Cívica Radical, y a pesar de todas las pruebas que nuestro partido está dando día a día, insisten, persisten y se obcecan en no querer entendernos --- porque ya no es posible suponer que no tengan la inteligencia para concebir y explicar lo que es, lo que quiere y como lo consiguió la Unión Cívica Radical--- no desean o no quieren interpretarnos, y esa es su desgracia.

¡Qué la política actual de la Unión Cívica Radical es una política inquietante! Si, señores diputados. 

Es una política inquietante. Inquieta dinámica, renovadora la nuestra. ¡Yo lo creo!

Hemos roto los moldes viejos y hemos ampliado los horizontes de la democracia de nuestro país a todas las ideas, a todos los anhelos humanos y hemos hecho nuestra patria lo que quisieron que fuera los fundadores de nuestra nacionalidad y nuestros constituyentes: hogar común para todos los hombres de bien que quieran colaborar en su progreso y en su bienestar. ¡Eso es lo que hemos hecho! (¡Muy bien!; ¡Muy bien! Aplausos)

Claro está que los señores diputados, en su incomprensión de esa política nueva, compárenla con la que ellos desarrollaron, y tratan de rebajarla, o por lo menos de nivelarla. Y ese es por su error y será su desgracia. Pónganse los señores diputados en diapasón con la vida de nuestra patria, en estas horas, y no concretarse a criticarnos, lamentándose y llorando por los bellos tiempos idos y que nunca volverán, para honra y para bien del futuro argentino.

No dejo de comprender que los señores diputados tienen, como argentinos, el sentimiento de patria tan arraigado como nosotros, pero ese sentimiento de patria es en ellos elemental, burdo a ras de piel. 

Por eso los hemos visto en esta Cámara levantarse airados en defensa de las banderas, los tambores y cuatro fusiles de que despojamos en una guerra injusta a un hermano americano. Este es el patriotismo que ellos entienden y practican! No nos comprendieron tan argentinos que ellos, tanto o mas patriotas que ellos, que con esa devolución y con ese gesto nos hacíamos mas argentinos: nos habríamos superado, nos habríamos hechos mejores, porque cumplíamos, con ese acto interpretando y traduciendo lo que fue básico y fundamental en el espíritu de los gestores de nuestra nacionalidad, la humanización de nuestro patriotismo que debe ser argentinismo puro, liso y llano.

Esto que ellos no entienden, es argumento que utilizan para criticarnos, y creen que utilizan para criticarnos, y creen ver el peligro de que los radicales facilitemos la introducción del extranjerismo y de las teorías disolventes, que en países mas viejos han hecho crisis, y crisis respetables, porque son crisis de justicia, de derechos, de amor, de humanidad y de reparación, porque son los pueblos que se levantan contra situaciones de fuerza, de privilegios injustos, en las que espíritus e intereses conservadores, de acuerdo con sus teorías, han pretendido desconocer y ahogar los derechos más elementales y sagrados del hombre del humilde, del trabajador. (¡Muy bien!; ¡Muy bien! Aplausos)

A nosotros no nos asustan las teorías de Moscú, no nos alarma el triunfo de ellas, nos asustan quizás menos que a los socialistas, que en el momento, les pareció que la tercera y la cuarta de Moscú se llevaban por delante destruyendo al superarlas a la tercera y la cuarta internacional de Ámsterdam.

Nosotros los radicales hemos seguido minuto a minuto, los resultados de aquella gran experiencia humana, con todo respeto, con todo dolor y de decir, como argentino y orgullosamente, que con el más intimo temor de que aquella gran experiencia en la que se está desangrando todo un pueblo que es representantito en sus sentimientos y en su dolor, de los sentimientos y de los dolores de todos los pueblos de la tierra. ¡Son hombres los que allí resuelven la gran tragedia humana! Por ese temo que en Moscú fracase aquella magna y solemne experiencia, que como las que se practican en los laboratorios de nuestros institutos científicos con perros, palomas, conejos y demás animales, solo la explican y disculparan de lo sangriento y doloroso de su gestión, si de ella extraemos una ley para abatir una injusticia, para salvar haciendo flamear un derecho o desaparecer un dolor. ¡Ojala acertaran ellos, y los radicales aprovecharíamos, para bien de todos los hombres que habitan nuestro suelo, las excelencias de aquel resultado, sin ceder por eso nada de nuestro profundo y hondo amor y respeto a nuestra patria. (Aplausos)

Ha dicho el señor diputado Camaño, que la unanimidad es peligrosa. Si lo es con el concepto conservador, pues tengo la seguridad que cuando él hablaba tenia el pensamiento fijo en los gobiernos de Juárez Celman, Roca. Claro, la unanimidad de aquella época era un peligro, era algo que había que hacer desaparecer; ¡y no fue con ustedes que desapareció ese peligro, sino con la Unión Cívica Radical, con cuya bandera y cuyos postulados se desangró toda una generación de argentinos en los cantones revolucionarios! (¡Muy bien!; ¡Muy bien! Aplausos) Esa unanimidad que era unanimidad regiminosa de gobernantes incapaces y malos, esa es peligrosa. Pero la unanimidad que da el pueblo argentino, en comicios libres y auténticos, esa es santa y sagrada: ella hará el progreso y el seguro porvenir pacifico y armónico, que deseo para la gloria y grandeza de nuestra patria.

¡Ojala consiguiéramos los diputados representar siempre unanimidades populares, pues entonces no habría peligro sobre el porvenir de la democracia argentina! (¡Muy bien!)

El diputado Camaño, portavoz del sector conservador, por incomprensión de la finalidades humanistas argentinistas, de la Unión Cívica Radical, tiene el temor de que ella haga en esta Cámara mayoría y minoría. Pero el señor diputado, de más edad y actuación que la mía, ha tenido más oportunidades que yo, para observar el panorama de ella. ¿No ve que la Unión Cívica Radical es una, indivisible que no hay divisiones en ella?

Sr. Camaño: ¿No las hay?
Sr. Coulín: ¡No! Las que pueden parecer tales, son las de los apurados los impacientes, los inquietos, los desertores, los tránsfugas, que ya no pertenecen a la Unión Cívica Radical (¡Muy bien!; ¡Muy bien! Aplausos)

Y ella no nos alarma, ni nos preocupan, porque el pueblo argentino sabe dónde está la bandera de la Unión Cívica Radical. Si los acontecimientos políticos actuales hubieran ocurrido en tiempos del régimen, posiblemente, mucho pueblo hubiera mirado y oído como lo han hecho ahora los conservadores en convivencia con los elementos desertores de nuestras filas, no la bandera de nuestro partido, sino la señal y la media palabra de la Casa Rosada y el triunfo hubiera sido gubernista, como sucedia en tiempos del régimen. (¡Muy bien!) Hoy esto es imposible. Pero, si por desgracia, ello aconteciera aun alguna vez que vengan las derrotas, las aceptamos.

Habríamos perdido gobiernos, que no nos preocupan mayormente, sino en cuanto ellos no sirven para obtener nuestras finalidades, pero habríamos salvado nuestros ideales!

Los gobiernos tienen términos fijos, constitucionales, los ideales no, ellos son permanentes. Todos los partidos políticos aspiran alcanzar el gobierno para hacer prácticos los ideales que ellos han proclamado, pero solamente como medio y no como finalidad, la lucha por conseguirlos, es respetable y decorosa. Entre demorar mas o menos tiempo para conseguir el arma noble y limpia, el instrumento nuestro y solo nuestro, para hacer el bien y dar la espalda al bien para entregarse al mal, hay una gran diferencia. Nosotros optamos por la primera.

El señor diputado ha dicho que como resultado del triunfo del radicalismo se avecina una época peligrosa para la vida normal y la paz en nuestra Republica, y que no ve otra solución, par algunos argentinos ---me supongo que son los del régimen--- que el ostracismo.

Pero, señor, ¿Cómo pueden decir eso los señores conservadores, que son el régimen la razón de ser de la existencia misma del radicalismo?

Por lo malo que ellos fueron nació la Unión Cívica Radical. Cuando el año 1916 estaban temerosos de la venganza y del encono con que esta fuerza nueva los iba a tratar, no obtuvieron sino el perdón y el olvido de todo el mal que nos hicieron, de todas las penurias y afrentas que por su culpa tuvo que soportar el pueblo argentino en el largo periodo de más de un cuarto de siglo.

Si de todo esto se hablara con los socialistas, ellos dirían que es por espíritu electoral que lo hacemos.

Ellos siempre suspicaces e intencionados, creen que todas las actitudes de la Unión Cívica Radical son por y para el electoralismo puro. Los del régimen posiblemente no, los conservadores interpretaron aquella magnánima actitud de la primera presidencia radical del año 1916 como maniobra para atraer, para suavizar y tratar de incorporarlos. Gesto y actitud que no la entienden los que no sienten el radicalismo, ¡era por pura y desnuda bondad, característica esencial de la Unión Cívica Radical!

Creo conveniente repetir el concepto, para que lo examinen y también para que a través de él nos examinen en nuestras actitudes posteriores. La Unión Cívica Radical, ya se ha dicho alguna otra vez, no es propiamente un partido político militante, es algo más, es una reparación nacional como lo fue la independencia arrancando desde la revolución de Mayo hasta nuestra organización constitucional. 

Es todo el pueblo, la patria misma, pujando por cumplir, en detalle y en la esencia, con el rol que el destino y el imperativo de nuestros antepasados ha querido señalarnos en el concierto de los pueblos todos de la tierra. Por eso la Unión Cívica Radical, por eso señor, perdona a todos los que yerran, con la recóndita y santa esperanza de que, comprendiendo su error, se encaucen por la buena senda para que sean de los nuestros, no partidariamente, no electoralmente, sino para que sean de los nuestros en el afán y en la obra de bien que tenemos la obligación de hacer a nuestra patria. Por la Unión Cívica Radical adoptó aquella conducta que no esperaban los hombres conservadores, el olvido y el silencio.
Vana esperanza sin embargo fue la nuestra, señor presidente.

Se han considerado derrotados y esperaron morbosamente, malignamente, la revancha, y es así, señor como los vemos atisbando y fomentando la deserción y la apostasía de algunos partidarios nuestros, que a pesar de haber vivido muchos años dentro del hogar partidario no aprendieron nada de radicalismo u olvidaron en pocos minutos lo que tanto amor puso él en enseñarles, y en la primera emergencia creyendo que con gobiernos desleales y prepotentes se ganaban elecciones, abandonaron la vieja bandera tradicional para hacer lo que hacían los conservadores y que tan gráficamente nos ha explicado el señor diputado, hacen los partidos de lacen y sin ideales en las provincias que son pobres y politiqueras, a las primeras de cambio ponerse la escarapela del oficialismo triunfante.

No tema ningún ciudadano que con el triunfo de la Unión Cívica Radical vaya a producirse una situación de gobiernos que obligue, a ningún argentino, así sea el más humilde, a expatriarse del solar común, porque si eso sucediera desde ese mismo momento la Unión Cívica Radical dejaría de ser lo que es, la entidad cívica representativa de nuestra nacionalidad, que no tiene derecho de perder o malograr ni una energía, ni un pensamiento ni una iniciativa bien intencionada para su progreso y bienestar (¡Muy bien!; ¡Muy bien! Aplausos)

No es posible soportar mas sin la condigna protesta por la teatral tarea en que parecen estar empeñados los conservadores y nuestros ex compañeros, los desertores de nuestras filas, en convivencia con los representantes socialistas enrostrándonos de continuo la ingenua cantilena, 

¡Cuidado, fíjense bien que tienen una gran responsabilidad! ¡Reflexionen lo que hacen!

Por eso irán las intervenciones fatalmente, o dejaremos de ser, repito, lo que somos.

En todas las provincias a las que la Unión Cívica Radical va a mandar la representación federal es para amparar libertades y derechos de los pueblos sojuzgados, de acuerdo con la nueva fe de nuestros constituyentes y con el recto y sano espíritu de nuestra Constitución y no se detendrá ante la interpretación casuística, la argucia leguleya y la chicana de procuradores con que han tratado de interpretar los hombres del régimen durante cuarenta años el articulo 5° de la Constitución Nacional, pretendiendo demostrar y probar que él fuera sancionado para uso y provecho de los gobiernos que defraudan la voluntad popular y se apoderan por la fuerza y el fraude de la dirección de la cosa pública y hacen escarnio de la soberanía de los pueblos de las provincias.

Por este concepto básico y elemental breve, sencillo y claro, como se expresan todas las grandes y eternas verdades ---como el “amaos los unos a los otros”, como “no hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti”--- la Constitución dice que las autonomías son para los pueblos y no para los malos gobiernos (¡Muy bien!; ¡Muy bien! Aplausos)

Voy a terminar expresando que un anhelo, prediciendo una sanción cercana, las generaciones nuevas y posiblemente la actual, han de aumentar en uno mas el acervo de sus sanas, rectas y argentinas incitaciones que complementan los grandes postulados de la Unión Cívica Radical, y lo ha de hacer para satisfacción del sano patriotismo de los buenos argentinos, recordando e inspirándose en aquel que fue el lema de toda su vida, limpia y heroica, la del fundador de nuestra nacionalidad del libertador de nuestra patria el general don José de San Martín. La UCR ha de inscribirlo para honra y compromiso de honor todos sus correligionarios: 

“Serás lo que debas ser y si no, no serás nada” (¡Muy bien!; ¡Muy bien! Aplausos. Numerosos señores diputado rodean y felicitan al orador)





























Fuente: Honorable Cámara de Diputados de la Nación

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