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lunes, 10 de febrero de 2014

Luis León: "FF.AA en la Politica de Latinoamerica" (25 de septiembre de 1974)

Señoras y señores:

Latinoamérica tiene en su contradictorio proceso político factores muy diversos y complejos, difíciles de dosar cualitativa o cuantitativamente; pero, evidentemente, seria marginarse de la realidad no aceptar que las Fuerzas Armadas han sido una constante en dicho proceso.

America, nuestra patria continental, tiene en los hombres de armas esa constante que hace imposible soslayar a los sectores militares de un anecdotario que puede ir desde la democracia con participación incierta hasta la dictadura, el caudillismo o los procesos políticos mas contradictorios, frustrantes o no, a los que habrá que juzgar sobre bases sociológicas, comprendiendo nuestro sentir, evaluando calendarios, y tomando a nuestro hombre, con las incidencias, absorbibles o no, de la política exterior del minuto.

Es decir que, nos guste o no, en Latinoamérica estuvieron y están presentes nuestras Fuerzas Armadas. Existe también —y viene desde hace un tiempo— una dependencia que nos preocupa, y un desarrollo que, aunque menos marcado en los países del Cono Sud no deja de sacudirnos, apasionada y angustiosamente, como uno de los desafíos contemporáneos a nuestra permanente voluntad de igualdad.

America Latina hoy sigue sectorizada, y sus hombres viven en gran medida angustiados y entristecidos, por éxitos de algunos o derrotas de otros, por exceso o por falta de imaginación de sus conductores, entre los que incluyo a los sectores militares, de decisión, y, por supuesto, a los políticos.

Se ha dado así —y este es un hecho cierto— la desvirtuación estructural del Estado moderno, que busca la preservación del poder civil. Para el Dr. FAYT, "la intervención o la intromisión exagerada o grosera de los militares en el poder civil, se da en los países que no se han realizado completamente como Estados Nacionales, con bajos coeficientes de modernidad, o en transito a pautas industriales, que se agitar en una permanente inestabilidad económica, política y social". En ellos, las Fuerzas Armadas han operado como grupos de presión o tomaron el poder para realizar un gobierno de facto con muy variados matices y panoramas.

La actitud constitucional de los militares, debe hacerlos inmunes —en nuestra opinión— a la sectorización política, a la presión injusta de los políticos o de los intereses, y a las simples doctrinas partidarias.

La historia de America Latina nos muestra otra actitud, otra comprensión, y los estudios del problema de las interrelaciones entre el Poder Político y las Fuerzas Armadas hacen su interpretación.

Para no fatigar con ejemplos, citare solamente que FINER, en uno de sus libros, dice que la intromisión de los militares en el proceso político depende de las escalas culturales de la Nación, y clasifica o tipifica esta intervención como política, que penetra con in- fluencia, con chantaje, con desplazamiento o simple- mente con reemplazo. GUTERREICH nos habla, en su interpretación de esta intromisión, de las Fuerzas Armadas que sirven al "statu quo", o bien de las Fuerzas Armadas que interpretan un pensamiento revolucionario. GERMANI estima que, al existir penetración militar, el Poder Político muestra falibilidad en las instituciones, de tal modo que solo una descomposición del sistema posibilita la intromisión, pues interpreta que el ambiente no generalizado de la actitud militar no parecería factorear con buenas posibilidades el potencial castrense sin una evidente declinación de los factores de la civilidad.

Lo cierto es que hoy —24 de septiembre de 1974— siguen inconclusos —a mi muy humilde criterio— los sueños de los Libertadores de America Latina.

Esto no significa desconocer que en los últimos años se ha ido creando en sus niveles dirigentes una conciencia integradora que se demuestra en algunos hechos trascendentes. Aquí hay un hombre que presidio moralmente la Argentina y estuvo en la conducción política latinoamericana. El acuerdo, los tratados y la coincidencia de Alta Gracia, constituyeron la etapa fundacional de una nueva idea en el continente, al servicio de una integración libre y generosa. Me refiero al Dr. Arturo Illia.

Luego se produjeron consensos como el de Viña del Mar, que marcaran una política de coincidencia latinoamericana para requerir de la potencia hegemónica del Norte mejores actitudes de comprensión. 

Se han dado también requerimientos de otro tipo, pero, lo cierto, en mi opinión, es que, a esta altura del proceso de nuestra America, a nivel popular, a nivel del pueblo, todavía no se tiene conciencia esclarecida de ello, la que parece advertirse en los sectores dirigentes modernos.

También es cierto que America del Norte ostenta un ingreso "per capita" de 3.500 dólares, lo que de- nota una posición de desarrollo, mientras que Latinoamérica, efectuando cálculos generosos tiene un ingreso "per capita" que oscila entre los 400 y los 500 dólares anuales.

La influencia militar se ha acrecentado, y evidentemente, no siempre interpretando de buena manera al mundo moderno, que vive empequeñeciéndose debido a la revolución tecnológica y presionada por los reclamos de justicia por parte de la revolución contemporánea. También es verdad que las Fuerzas Armadas modificaron algunos aspectos de sus funciones, tratando de yuxtaponerse al poder político, cubriendo cuotas antisubversivas o insurgentes.

De esto surgiría un andamiaje histórico que pondría en relación a los factores militares con los nacionales y políticos. Estos, además —según GERMANI—, estarían factoreados por un cúmulo de otros ingredientes de tipo social, económico y cultural.

Para ser orgánicos, diremos que GERMANI calificaría el proceso latinoamericano —en su aspecto militar— en revoluciones y guerras por la independencia; en caudillismo, anarquía y luchas civiles; en dictaduras unificadoras y democracias con participación avanzada y con participación total. 

Además coloca una participación a través de las revoluciones populares y nacionales o de las ya clásicas revoluciones, algunas de las cuales tienen fundamentalmente un matiz nacionalista.

Las revoluciones y las guerras por la independencia se hicieron en una America inmóvil, con una estructura social marginada de los mercados, con altos porcentajes de analfabetismo, y, principalmente, sin organización. El proceso del caudillismo y sus distintas etapas, se dio un poco también con estos factores.

Sin embargo, había ya un avance en alguna actitud vernácula que tendía —ponderablemente— al cambio y a la afirmación nacional, pero manteniendo, cada país, un molde propio en America.

También aparece esto hoy en algunos países de Asia y África donde, si bien el proceso contemporáneo marca algún tipo de ideología, la estructura colonial también es marginal y habría lanzado a grupos militares a factorear independencia. Tal vez, si pudiéramos invertir los calendarios, 

Moreno hubiera corrido la misma suerte de Lumumba —sin desconocer las diferencias que existen entre la África cuasi tribal de hoy y las naciones emergentes mas homogeneizadas de hace ciento cincuenta años, de nuestra independencia latinoamericana.

Este proceso ha estado preñado de inestabilidad política e institucional, de incoherencia y de fragilidad, que son consecuencia del dinamismo social.

La probabilidad de estabilidad política es alta cuando la inquietud social es baja. A este respecto, LAMBERT sostiene que una de las causas de las perturbaciones es debida a lo que el llama la contracción de la historia, que obliga a efectuar en pocos años cambios que, por ejemplo en Europa, se produjeron en largos y silenciosos siglos.

Comenta el Dr. FAYT que, en tiempos de nuestra emancipación americana, el capitalismo triunfaba ya en Europa y Estados Unidos, mientras que el dominio ibérico y la naturaleza de una sociedad de conquistadores, mantenían el trabajo forzado y la estructura arcaica en America Latina. Desde nuestra independencia, America ha debido soportar un conjunto de revoluciones casi superpuestas: la que había acompañado, en el curso de la Edad Media, la reunificación de las soberanías dispersas por el feudalismo; la burguesa, que en el siglo XVII había arrebatado a la nobleza el monopolio de la función publica; posteriormente, las del siglo XIX, que introdujeron el proletariado en la vida política; y, finalmente, las sociedades del siglo XX. Todo esto fue vivido por America en una historia de contradicción que factoreo nuestra inestabilidad política.

Tal vez en esta inestabilidad política, surgida por la contracción de la historia, de donde deriva un estado de revolución permanente, podríamos encontrar algunas de las falencias en las que esta inserta nuestra America. El tiempo se acorta tanto, que la era de una nueva revolución llega antes que la consumación de la revolución anterior. En America Latina todavía están juntas la Edad Media y el Feudalismo con los desafíos de la revolución contemporánea.

Cuando nosotros todavía estábamos sellando la unificación de tierras, ya el capitalismo ingles hacia el proceso de transformación de la Provincia de Buenos Aires.

Apenas a cuarenta años del predominio de los notables, ya Leandro Alem ponía en marcha la subida al poder del Tercer Estado, gestando la Unión Cívica Radical. El breve paréntesis de una democracia política y de raíz nacional, comenzaba en 1916 con Yrigoyen y terminaba en 1930. Perón armaría luego la revolución proletaria. Pienso que ninguna de las dos esta terminada. Tal vez eso explique que hoy, en America Latina, exista una actitud solidaria en estratos de la burguesía y del proletariado para poner fin —con coincidente sentido nacional— a los restos del feudalismo y a las modernas formas de preservación del privilegio que aun subsiste.

Podrían ser ejemplos democráticos, la Argentina de hoy, con Venezuela o Colombia. Perú anuncia un proceso emergente similar por acción militar directa, para mí, difuso todavía, y con el peligro desintegrante que origina intentar prolongarse sin la legitimidad de la soberanía popular.

Pese a esta inestabilidad, y desde nuestra independencia, es evidente que los pueblos al sur del Río Grande han aspirado permanentemente a su liberación, pero el hombre americano siempre evalúo la libertad, no como una abstracción, sino como una substancia fundamental para su realización. Para nuestros pueblos, la libertad es una "libertad con pan". La pasión por integrarse a los hombres felices de la tierra, sin abandonar sus derechos y dignidad, ha engendrado una historia llena de contradicciones apasionantes.

Lo cierto es que hasta ahora estuvimos caminando entre la arbitrariedad y la ley, o entre la democracia y la dictadura. Lo dicho sintetiza un bosquejo de interpretación del proceso con sus afirmaciones y también con sus graves falencias. Uno de esos errores —y que no puede ser obviado al querer comprender nuestra realidad es la peligrosa actitud de nuestras Fuerzas Armadas, al aparecer como árbitros y jueces no siempre justos. Esto ha gestado una situación que nosotros identificamos como común denominador en America Latina: el militarismo.

El militarismo aparece después de la formación de los ejércitos profesionales, porque antes, más que entre soldados orgánicamente constituidos, las luchas en la etapa del caudillismo y de la organización nacional, se hacían entre generales y/o terratenientes, sin estructuras de ejércitos profesionales. Estos son creados por el estado moderno con dinero del pueblo. Aparecen como las únicas depositarias de armas y constituyen un factor de poder. Su subordinación al poder civil perdura en los países avanzados, pero se hace difícil en los países de menor desarrollo. Habría que analizar si la inestabilidad es creada por el militarismo o si este es producido por la primera. Pienso que estas causas andan juntas.

Los ejércitos aparecen entonces como grupos políticos financiados por el pueblo, coherentes, con cuadros organizados, donde la verticalidad es tal que la orden supera el debate de la democracia plural e indisciplinada, mas respetuosa del pensamiento del hombre desde abajo hacia arriba. Desde su formación, en America, han combatido muy poco. Esto no da un balance favorable y la formación de las elites militares mostró en muchas circunstancias características de una minoría autocrática al servicio del statu quo y del privilegio.

Muchas veces, la disciplina y la voz de mando obligaron al conjunto militar y desprestigiaron groseramente la institución militar. Tal vez el mas grosero caso de ejercicio de abuso de la verticalidad fue el golpe contra la Unión Cívica Radical en 1966, cuando unos pocos generales escribieron una de las paginas mas negras y enlodantes para las instituciones militares que deberían vivir preservando la filosofía sanmartiniana.

Algunos Jefes, sin sonrojarse, enlodan al conjunto, como hizo, por ejemplo, Ongania, cuando se puso contra la historia del proceso contemporáneo denunciando las fronteras ideológicas y faltando después a su palabra cuando en Lima, en 1965, dijo que derrocar a un gobierno constitucional es un crimen de lesa patria; después cometió el crimen de lesa patria de derrocar a un gobierno constitucional y, aparte de eso, de ponerse a tirar del carro de la contrarrevolución.

El General Ghaux, en Colombia, es el caso inverso, porque en circunstancias semejantes sirvió a la preservación del régimen constitucional en su país.

Lo cierto es que, salvo en algunos países con Fuerzas Armadas ciudadanas como Suiza, Austria, Nueva Zelandia, y los países escandinavos, la intervención de las Fuerzas Armadas ha sido creciente y se ha interpuesto en la vigencia civilista de nuestro pueblo. Aun aceptando nuestro propio déficit de estructuras humanas, es un hecho que los militares han substituido exageradamente nuestra democracia representativa y que en los ciento sesenta años que corren desde la independencia, se han producido en America 320 golpes de estado. Los hubo para todos los gustos y todos los intereses.

Los militares no pueden constitucionalmente intervenir en política, como lo dicen casi todas las constituciones de America Latina, pero lo cierto es que gravitan y constantemente. Hoy gobiernan directamente Perú, Panamá, Brasil, Ecuador, Bolivia y tienen injerencia muy directa en El Salvador, Guatemala, Honduras, Paraguay y Republica Dominicana. Se mantienen al margen de la conducción política en Venezuela, Colombia, México, Argentina y Costa Rica. Dos países con muy buena tradición en estas, nuestras ideas fundamentales, como Chile y Uruguay, han claudicado frente a este abuso de las fuerzas militares, que se han transformado en jueces de los pueblos. Chile presenta el primer caso de un presidente marxista elegido por el pueblo. Creo que seria también el primer caso de un presidente marxista que cae en función del pueblo, porque Allende era un demócrata que hubiera dado elecciones correctas a su pueblo. Por supuesto que esto ocurrió con el auxilio de algunas fuerzas que también tienen algo que ver con el proceso latinoamericano. La intervención de la CIA fue reconocida por el propio presidente norteamericano.

La profesionalización militar empieza a fines del siglo pasado con los asesores alemanes en Chile, Bolivia y Perú. Poco después se produce en Argentina. En Brasil, con los asesores franceses. Entran los ejércitos en la etapa "organizacional", que introduce nuevos elementos dentro de esta fuerza de cálculo racional. Se burocratizan y se perfeccionan en busca de una eficiencia que aparece como un factor de colisión con el mundo de la conducción civil. En esta etapa, el militar se va aislando de la sociedad y desde un microclima militar achica su panorama y se desentienden el mando y el orden con la disciplina que significa el debate democrático. Al afirmarse la etapa de la profesionalización, se estructuran las carreras militares y nace una oficialidad que, si bien esta originada en casi toda America Latina, en las clases medias, toma, incorporada a la institución, espíritu de cuerpo, y el concepto de autoridad militar le impide comprender muchas veces la horizontalidad social y el valor moral que significa el hombre votando y eligiendo su propia conducción.

Hay que reconocer que la presencia del político de uniforme en nuestro proceso histórico, tienen también evidentes cuotas de responsabilidad el déficit de nuestra cultura política, la falta del sentido nacional de los grandes intereses y el papel miserable de sensualismos mercenarios de algunas minorías que, en toda America, en épocas y con argumentos distintos, han golpeado las puertas de los cuarteles, unos por el poder mismo, otros en defensa de sus propios intereses. Ello ha hecho aparecer en muchos golpes de Estado a las fuerzas armadas como guardia pretoriana del "statu quo", contra la necesaria dinámica social que signa cualquier tiempo.

Este auge de la penetración del militarismo siempre vendió una imagen definida de los procesos democráticos: cuando se alentaba y se agrandaba el amago de intervención, se vendía la imagen de los partidos corruptos, del Parlamento ineficaz y de los partidos políticos decadentes. La verdad es que el proceso histórico del autoritarismo y su experiencia, no justificaron nunca esta entelequia, sin desconocer con esto que en el espectro de la decisión política se deben maquinar nuevas respuestas al designio de cada uno de los tiempos. También es cierto que hubo algunos regimenes políticos militares de signo progresista.

La típica revolución latinoamericana anterior a la primera guerra mundial, no era un movimiento de masas: era un choque entre jefes militares rivales y sus partidarios. Las llamadas revoluciones eran revueltas palaciegas entre revueltas palaciegas entre grupos de oficiales y sectores de la elite civil. 

Durante la segunda mitad del siglo XIX, los gobiernos latinoamericanos tuvieron bastantes matices políticos. GARCIA CALDERON, siguiendo a SPENCER en la interpretación de las leyes de la evolución histórica, dice con respecto a este periodo: "Invariablemente encontramos las secuencias de dos periodos: uno militar y uno industrial o civil. Realizada la independencia, el dominio militar se establece en casi todas las Republicas. Después de un periodo de duración incierta, el sector militar es expulsado del poder o abdica sin violencia, y los intereses económicos crean supremacía y se restablece en muchas republicas el civilismo".

Tal vez sea un buen ejemplo de esto nuestro país, donde al margen de algunos enfrentamientos entre militares y los hechos mas profundos de intentos cívico - militares de 1890, 1893 y 1905, la Republica adquiere estabilidad democrática, dentro de las pautas no siempre ideales de la democracia latinoamericana, hasta 1930.

Tal vez convenga recordar a esta altura de mi exposición un ingrediente que penetra fundamentalmente en el proceso de realización histórica, que es la presencia de los Estados Unidos, que influirían e influirán poderosamente en el sur del continente. Como otras naciones, los Estados Unidos nacieron de la violencia pero, como dice MILLS en su libro "La elite de poder", en una época en que la guerra no era una razón dominante de la sociedad. Su revolución se hizo contra soldados mercenarios empleados por los ingleses y acuartelados en hogares privados (FAYT). La Constitución de los Estados Unidos estuvo inspirada por el miedo a un instituto militar poderoso. El Presidente fue declarado Jefe Supremo de todas las Fuerzas Armadas e inclusive de las milicias de los propios estados. Solo el Congreso declara la guerra o vota fondos militares. HAMILTON, en el "Federalista", refiriéndose a la condición de Comandante en Jefe del Presidente, dice que en ese sentido su autoridad es semejante a la del Rey de Gran Bretaña, pero esencialmente menor, pues solo equivaldría al Comando de dirección suprema de las fuerzas militares y navales y no tiene el poder de declarar la guerra y reglamentar las flotas o el ejercito. Sin embargo, la historia muestra que después de la revolución de la independencia ocupa la Presidencia un general, Washington, y, más tarde, casi todos los 'oficiales de la Guerra de Secesión, entre ellos Grant. Hasta la Primera Guerra Mundial, las actividades de las Fuerzas Armadas no implicaban la disciplina permanente de la institución militar ni el monopolio de los instrumentos de violencia del gobierno, ni un soldado profesional. En la Guerra Hispano - norteamericana, todavía el ejército se constituye con milicias, pero desde la Segunda Guerra mundial, y ante la posibilidad de una tercera, los Estados Unidos definieron la realidad internacional en términos predominantemente militares. Ello ha originado una estructura en la que el Pentágono es una acechanza permanente para la vigencia democrática de los pueblos de America Latina.

Sabre esto podemos dar algunos ejemplos. En Bolivia, desde 1862 hasta 1930, hubo diez interrupciones militares.

En Chile, sacando el periodo que va desde 1890 hasta 1900, hubo estabilidad política. Inclusive conviene recordar que el Parlamento chileno no había sido clausurado desde la época de O'Higgins hasta ahora, en que lo hizo el Gral. Pinochet.

En México tuvo lugar un proceso en que, desde la época de Porfirio Díaz en adelante, se crearon condiciones en la estructura popular que culminaron con la revolución mexicana de 1910.

Transcurre el tiempo y los militares adquieren conciencia de que ellos pueden ser el cambio y tratan de legitimar su acción con la modernización revolucionaria.

En 1930 cae Dr. Hipólito Yrigoyen en la Republica Argentina, Leguía en Perú y Siles en Bolivia. Desde ese entonces en adelante gobiernan Ibáñez en Chile (1930-31), Perón en Argentina (1946-55), Franco (1936-37) y Estigarribia (1939-40) en Paraguay, Bush (1937-39) y Villaroel (1943-46) en Bolivia, Remon en Panamá (1952-55), Arbenz en Guatemala (1951-54), Osorio en El Salvador (1948-56). Luego se sucedieron los gobiernos de Pérez Jiménez en Venezuela, Rojas Pinilla en Colombia, Trujillo en la Republica Dominicana.

Dentro de los gobiernos -militares mencionados precedentemente, algunos tuvieron sentido reformista.

En la década de 1960 surgen algunos gobiernos militares enrolados en la política del desarrollo, en correspondencia con los requerimientos de la segunda revolución industrial. Esta nueva perspectiva implica una modificación profunda en la función política cumplida hasta el presente por las Fuerzas Armadas en el proceso histórico latinoamericano. Los partidos políticos, y dentro de ellos los lideres civiles, adoptan una nueva mentalidad que exige, además, un cambio de opinión con respecto a los militares; o sea que la comprensión de que la función política ha sido inherente a las Fuerzas Armadas crea, por encima del ordenamiento legal, situaciones de ruptura constitucional.

Las Fuerzas Armadas han actuado, de hecho, como un partido político y, cuando así no lo hicieron, han actuado como un grupo paraestatal. La experiencia histórica muestra el fracaso del "Salvador de la historia". Todos sabemos de los procesos autocráticos sufridos y de la ineptitud de algunos gobiernos militares. Todo constituye una dualidad para crear una perspectiva: la de la supresión de las Fuerzas Armadas—hecho alcanzado por Costa Rica en 1948— o de colocarlas definitivamente dentro del marco profesional, reducida su función a la jerarquía trascendente de custodiar el orden y la Constitución. La realidad impone lo último.

Decía anteriormente que la presencia norteamericana influye en el proceso político latinoamericano, siendo insoslayable su valorización. Durante la primera guerra mundial, los EE.UU. desplazan a la influencia europea, siendo la presencia norteamericana en los países latinoamericanos una constante en la actualidad. El desarrollo del capitalismo y de las empresas multinacionales hace que la estrategia de la seguridad sea un factor inolvidable en nuestra estabilidad. Desde 1960 hasta el presente han viajado a los EE.UU. 31.000 oficiales de los ejércitos latinoamericanos en tareas de adiestramiento y adoctrinamiento.

Con este proceso, fuimos cubriendo las diversas etapas, hasta encontrarnos en la tecnológica, que pone en el ámbito militar mayores esquemas de seguridad y obliga a realizar políticas nacionales de desarrollo que permiten a las Fuerzas Armadas justificar una doctrina de mayor intervención.
En Argentina, el sociólogo militar Rattembach ha propiciado directamente la participación de las Fuerzas Armadas en el poder político. Al mismo tiempo, y estando ligada la seguridad al ejercicio de la política exterior, se utiliza la actitud militar como de soberanía y aspiración de potencia con salsa de ingerencia, muchas veces con muy lamentables resultados.

La carta enviada por Storni a Hull —si mal no recuerdo fue en 1944— fue uno de los grandes papelones de la actitud moral del país en el seno del mundo. Tanbien lo fue la solicitud del Embajador Roca en 1967, en el sentido de formar una fuerza interamericana de defensa, cuando Brasil y Estados Unidos —que antes la habían promovido— dejaban de darle vigencia. Y ello concierne a nuestra politica exterior, y como ejemplo de la pretensión de un modelo de Argentina no interpretativo de la voluntad de la Nación, tenemos el ideario de los que rodearon a Uriburu cuando, en septiembre de 1930, derrocaron a ese ilustre argentino que fue don Hipólito Yrigoyen.
En este aspecto, los militares a veces no han tenido siempre una actitud de entendimiento frente a los requerimientos de la comprensión interna que necesita la circunstancia histórica que se vive.

America Latina necesita eliminar las sospechas entre civiles y militares. Esto exige una comunicación reciproca que no se ha dado fácilmente.

Por ejemplo, Osiris Villegas califica como morales exclusivos a los militares cuando en su libro "Guerra Revolucionaria Comunista" editorial Pleamar, 1963, escribe: "bueno es también recordar que las Fuerzas Armadas constituyen la ultima reserva moral de la nacionalidad".

No es muy moral escribir sectorizando así, como tampoco es buen ejemplo la llegada accidental al gobierno para favorecer parientes, como en el case de una radio de Mendoza.

Con respecto a ello la UCR establece en su programa que la ley de Defensa Nacional atenderá dentro de una convicción democrática los requerimientos de la defensa integral del país y fijara las áreas de participación de las Fuerzas Armadas en este planeamiento.

A través de esta síntesis desorganizada que he hecho sobre la presencia militar en la política de los países Latinoamericanos, descubrimos que los fundamentos de la inestabilidad y de las contradicciones hay que buscarlos en la ingerencia militar en nuestra formación política, en la rigidez y fragilidad de algunas instituciones, en algunas políticas decadentes, en grupos de intereses, criollos y extranjeros. En esto yo digo que la culpa no tienen los gringos que nos compran, sino criollos que nos venden, y que muchas de nuestras frustraciones fueron producto de de la oligarquía nativa que vendió el porvenir soberano de algunas naciones. Para continuar fundamentando la inestabilidad y contradicciones de los pueblos Latinoamericanos, podemos decir que también fue resultado de la estrategia norteamericana de un mayor acercamiento entre los militares y los pueblos, como consecuencia del avance tecnológico y del requerimiento de mayor seguridad, que amplían los planes de ingerencia militar en la vida de la sociedad moderna; de la deficiente formación cultural de nuestros soldados, existiendo planes de estudio no integrados inclusive en importantes institutos militares; de la falta de conciencia nacional de diversos estratos de nuestra sociedad, lo cual alienta la formación de un conformismo frente a la aventura y a la contracción de nuestra historia de que ya hablamos. Tal el caso de la presencia de guerrillas de distinto origen ideológico, lo que a veces obliga a justificar la represión militar, recayendo el control institucional en la esfera castrense.

Todo esto trae a la memoria la violencia que acontece en nuestros días. En mi opinión, la violencia, si no interpreta la multitud, no tiene rumbo; solo sirve para generar opresión. La historia enseña —y en esto tienen mucho que ver los sectores militares Latinoamericanos— que la violencia ha sido mas opresiva que liberadora. Cuando los ejércitos interpretaron al pueblo, sirvieron a su libertad. La violencia no es revolucionaria ni contrarrevolucionaria; pero yo creo que siempre ha servido más a la contrarrevolución.

Entre 1946 y 1964, se produjeron en el mundo 380 golpes de estado, casi siempre militares. Actualmente, se producen 25 a 30 por año. Esta demás decir que seria peregrino pensar que estos golpes interpretan el sentido revolucionario de la hora.

Martín Luther King, Premio Nobel de la Paz —a quien mato la violencia— pudo escribir un día: "El alzamiento es el lenguaje de aquellos a quienes nadie escucha".

Yo considero que el alzamiento contra el gobierno Radical en 1966 fue, seguramente, el más falaz de los alzamientos de los militares en la Republica.

Esta actitud, como secuela del militarismo, engendra el armamentismo, cuyo abuso tanto lesiona los moldes del mejoramiento social de nuestra comunidad.

Cabalgando en la revolución tecnológica y observando las exigencias de seguridad, vemos que America vivió carreras armamentistas que sirvieron para fortalecer los ejércitos y para debilitar a los pueblos. Porque todos comprenden que, a la luz de la estratificación del poder mundial, comprar armas usadas o barcos obsoletos es una carga que hace perder la solidaridad entre el hombre común y el hombre de armas. Ni el pequeño ni el mediano productor, ni el profesional ni el empleado medio, comprenden porque deben pagar aumentos de impuestos todos los anos para ver, luego, que su esfuerzo se inserta en los presupuestos militares, que también se acrecientan cada año.

Todos los militares de los países de Latinoamérica, —también los argentinos— deben emprender que los legisladores y la civilidad han sido siempre generosos con las instituciones armadas. Nos cuesta creer que porque un hombre tenga uniforme no comprenda la realidad de las exigencias y el sentido democrático de los argentinos o latinoamericanos.

En toda America, con excepción de Costa Rica y México, el presupuesto militar supera o iguala al educacional y al de salud publica. Todos los países americanos se han movido en los últimos tiempos al compás de la ley de ayuda exterior.

Cuando se negocio con Europa, la compra de aviones "Mirage" por Perú, Bolivia o Argentina, la recomendación de algún talentoso legislador norteamericano de no vender armas a Latinoamérica si no estaban al servicio del mejoramiento social, fue derrotada por los permanentes negociantes de la guerra de todos los sectores. Podemos dar estadísticas, podemos decir que el gobierno de Estados Unidos pasó por muchos informes, y que son muchas las declaraciones de funcionarios europeos sobre el particular. Pero por encima de todo esto el mundo sigue gastando miles en matar que en vivir.

Tomando la relación entre los presupuestos militares y el producto bruto interno, la Argentina gasta 514 millones de dólares con un PBI de 23.800 millones de dólares en el ano 1970, y un porcentaje de índice de 2,2; México, con un producto bruto interno de 33.000 millones de dólares tuvo 224 millones de dólares de gastos militares y un índice consiguiente de 0,7 para el mismo periodo. Esta relación nos muestra que el índice de la Republica Argentina es el triple del de México. Tal vez habría que agregar que México tiene un presupuesto para educación que supera en cuatro veces el militar, y que la Republica Argentina mejora esta relación últimamente.

En cuanto a los gastos militares Argentina ha sido el país que mas los ha aumentado. En 1967 su presupuesto militar era de 271 millones de dólares; en 1970 de 514 millones, casi el doble, y en 1974, de 600 millones de dólares. Es decir que han aumentado prácticamente en más de un ciento por ciento.

Brasil se ha mantenido bastante estable. En 1967 su presupuesto militar era de 940 millones de dólares. En 1970, de 1.000 millones de dólares y en 1974, de 1.100 millones de dicha moneda. Colombia disminuyo sus gastos militares. En 1967 eran de 85 millones de dólares, y en la actualidad son de 65 millones. Perú y Venezuela los han aumentado pero no en la proporción en que lo ha hecho la Republica Argentina.

En el último debate sobre Presupuesto solicite la inclusión de una partida destinada a los partidos políticos, a fin de permitir una comunicación mas fluida con la ciudadanía y de afirmar el proceso de estabilidad política. Esta partida ascendía a 60 millones de pesos nuevos, 5 pesos por voto, mientras que la destinada a los sectores de seguridad era de 600 millones de dólares. Debemos tener en cuenta que los partidos políticos desempeñan un papel muy importante en el proceso de esclarecimiento, de liberación y de revolución contemporánea.

Con respecto de los países que venden armas a America, figura en primer lugar Gran Bretaña con 35% y le siguen Francia con el 22%, Estados Unidos con el 13%, Alemania Occidental con el 11%, Cañada con el 10%, Australia con el 2% y otros países con el 7%. Al porcentaje de Estados Unidos debe sumarse el agrandamiento de armas y el adiestramiento para su uso.

En el último año, ya se compraron armas a Francia, Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética, que se incorpora así a los países que venden a Latinoamérica.

En el ultimo presupuesto, las partidas destinadas a defensa y seguridad, ascendieron a 784 mil millones de pesos m/n; las destinadas a cultura a 500 mil millones y al Congreso Nacional 8 mil millones. Digo esto porque a veces se dice que los políticos argentinos son quienes despilfarran los dineros del pueblo.

Creo que es imposible, en la realidad internacional, marginal- la presencia de las Fuerzas Armadas en la política Latinoamericana. Los acuerdos de Moscu y de Washington entre las dos superpotencias, marcaron el fin de la guerra fría y engendraron una nueva era en el sistema de estratificación del poder internacional. La distensión de las relaciones internacionales basadas en aquellos acuerdos, como el de Vietnam, y Berlín, ejerce un esfuerzo directo en las políticas militares de las superpotencias, y por supuesto, en los presupuestos militares de todos los países del mundo.

El gasto militar para el año 1972 era de aproximadamente dos billones de dólares, de los cuales el 90 % corresponde a los países industrializados, y el resto a los subdesarrollados.

De este porcentual correspondían 878 mil millones de dólares al gasto de los países que integran la NATO y 600 mil millones a los países del Pacto de Varsovia. Los gastos ocasionados en los Estados Unidos por la guerra de Vietnam entre 1965 y 1972, ascienden a 560 mil millones de dólares, lo que hace en los ocho años, un promedio anual de 70 mil millones de dólares. Este valor del presupuesto de guerra de los Estados Unidos, supera los productos internos de Argentina, Brasil y Chile, y supera el producto bruto interno de los seis países que integran el Pacto Andino.

Frente a esta realidad, ¿como debe America Latina encarar una estrategia global para su liberación? ¿Cómo pueden los militares y los civiles conjuntamente responder a esta nueva situación? ¿No seria correcto, acaso, planificar un nuevo rumbo para nuestras propias fuerzas armadas y soslayar un convencionalismo que agota a la producción nacional? Si la guerra es integral y no solo pelean los soldados, ¿no seria una buena estrategia para Argentina y Latinoamérica toda, orientar nuestro esfuerzo al mejoramiento de la vida del pueblo como conjunto, achicando el presupuesto militar y poniendo un presupuesto al servicio de la búsqueda de un hombre mas sano, mas educado, mas libre y mas feliz? Ese hombre ya esta en el esquema de seguridad y de guerra integral.

Si pensamos que el 95 % del poder de destrucción esta en manos de Rusia y Estados Unidos y que una bomba de un regatón —un millón de T.N.T. —, tiene capacidad para destruir un millón de personas, entonces habría que preguntarse, si no se hace necesario modernizar nuestro ejercito y la política de inversiones militares a fin de adaptarla a la nueva tecnología. Vale la pena señalar que el poder de destrucción del hombre alcanza a toda la humanidad. En estos momentos, en el mundo hay suficiente cantidad de bombas atómicas como para que si explotan todas, solo queden vivas las cucarachas y las polillas, que tienen una gran resistencia a la radiación nuclear. Es decir, que no hay que seguir produciendo más bombas atómicas porque ya alcanzan para destruirnos a todos.

Es un hecho importante, y de moralidad, que los países de America Latina han firmado el Tratado de Tlatelolco estableciendo su desnuclearización. La Argentina todavía no ha ratificado este convenio, por evaluar su propia defensa y posibilidades, pero de todas maneras, su existencia marca un rumbo moral en el ámbito internacional. Porque hay que desnuclearizar al mundo.

Hay que entender que es necesaria una nueva actitud para que los sectores políticos, civiles y militares, comprendan que deben descubrir una complementación ya que ese es el único rumbo para hacer de todo el pueblo el protagonista de la seguridad y esto exige una concordancia continental que nos homogenice en la integración.

Hoy vemos que la dictadura de Chile esta por retirarse del Pacto Andino, porque hay un bosquejo de interpretación de la radicación de capitales extranjeros que lesiona lo pactado en el Acuerdo de Cartagena, y que es ley de Chile. La dicotomía ideológica crea desentendimientos para que America pueda llegar hacia su etapa de reconstrucción. Aspiramos a que la integración Latinoamericana sea cultural, económica y política, ya que tiene raíces que la justifican y posibilitan. El mundo se encamina hacia grandes espacios geo-económicos. En Europa se ha formado la Comunidad Económica Europea, Rusia es por definición la Unión de Republicas Socialistas Soviéticas, Estados Unidos esta formado por los Estados Unidos del Norte. ¿Por que nosotros, que no hemos tenido guerra mundial, que hablamos el mismo idioma, que tenemos historia y libertadores en común, que compartimos una religión tan importante como factor de integración— no hemos conseguido lograr nuestra integración?

Cuando quien les habla ejercía la Presidencia del Parlamento Latinoamericano pidió al Dr. Luis Alberto Sánchez, entonces Rector de la Universidad de Lima, que escribiera una historia latinoamericana cuya enseñanza en las escuelas de cada país fuese obligatoria por disposición de cada Congreso y que mostrara los factores que nos unen y no los que nos separan, a diferencia de la historia puesta al servicio de los grandes intereses y que muestra las cosas que nos dividen permanentemente. Esta integración exige que tengamos un modelo. Nosotros, los radicales argentinos, lo hemos escogido: es el de la democracia social, que sirva a los desafíos contemporáneos y que ponga alas de grandeza al hombre argentino.

Con nuestros conductores talentosos podemos bosquejar actitudes de integración para procurar integrarnos culturalmente con una Universidad Latinoamericana al servicio de nuestra liberacion, y, económicamente, con un mercado común que demuestre que los países con mayor desarrollo relativo pueden ayudar a los países menos avanzados en una actitud de integración.

Podemos crear las condiciones del modelo político que nos integre, pero también es necesario que exista una integración militar que defienda en co junto nuestra producción y evitar el deterioro de los términos del intercambio. La integración tiene sentido en tanto y en cuanto no negocie solo el cobre Chile, sino que lo haga en conjunto con America Latina; y lo mismo vale para el estaño de Bolivia, el petróleo de Venezuela y la carne y trigo argentinos. Mediante la defensa en bloque de nuestros intereses se podrá evitar que el tiburón vaya comiendo lentamente las sardinas.

¿Que integración podemos hacer con rumbo de liberación en America Latina si a pesar de los factores culturales y políticos que nos unen en todos los conjuntos de los países latinoamericanos están las misiones de los Estados Unidos afirmando la conducción militar de seguridad que ellos nos dan? El Tratado de Asistencia Reciproca que engendro estas misiones origino también las Conferencias de los Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas. Toda esta estructura forma parte del sistema militar formado en torno a la seguridad del hemisferio, a partir de los prolegómenos de la segunda guerra mundial, con una filosofía que deriva, tal vez, de la doctrina Monroe. El TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca) fue firmado en Río de Janeiro como resultante de la "guerra fría" y creo una Comisión de Técnicos Militares y Navales nombrados por cada uno de los gobiernos que forman la Junta Interamericana de Defensa. El artículo 44 de la Carta de la OEA de 1948 establece la creación de un Comité Consultivo de Defensa que nunca funciono porque era sustituido por el Organismo recién citado. Finalmente, se crea, por una invitación del Comandante de la región del Caribe, un sistema de reuniones informales. En 1951 el Congreso de los Estados Unidos vota la ley de seguridad que permite la firma con las naciones Latinoamericanas de bases bilaterales denominadas 'Programa de Ayuda Militar" y que a cambio de algunos elementos, permiten a Estados Unidos instalar misiones militares en las comandancias en jefe de las Fuerzas Armadas.

Recuerdo que en 1963 el radicalismo denuncio la presencia de una misión militar norteamericana en Ezeiza que tenían derechos de extraterritorialidad.

Evidentemente, no podemos hablar de integración Latinoamericana teniendo en cuenta este tipo de claudicaciones frente a una nación rectora. Por ello, debo manifestar que es aceptable la solicitud, referida a estas misiones, que hizo oportunamente el General Carcagno, como así también que en el Parlamento hemos expresado nuestra inquietud con respecto al Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca.

Estados Unidos tiene su sistema de seguridad; busca su hegemónica seguridad. Pero mientras el problema de ellos es la seguridad, el nuestro es el desarrollo. Esto pudo decirlo el General Carcagno en una conferencia en Caracas: "En un estado moderno no puede hablarse en términos de defensa nacional pensando solamente en su brazo armado. Un mayor grado de progreso tiene incidencia directa positiva en la defensa nacional". Pienso que no se refería al desarrollo material sino a un equilibrio armónico entre el aumento material y la adecuación espiritual del pueblo. Eso solo es posible cuando el país es enteramente dueño de su destino y esta con capacidad de adoptar las decisiones más convenientes, con exclusión de todo tipo de presiones o ideologías.

El delegado del Perú dijo en esa misma reunión que para los Estados Unidos la seguridad significa el mantenimiento de las potentes fuerzas militares que garanticen su política hegemónica, mientras que para Latinoamérica implica el derecho soberano de disponer de sus recursos naturales, etc., etc. Esto nos lleva a referirnos a que cuando se firmo el TIAR se dijo que nuestro enemigo era el nazismo y el fascismo, mientras que ahora se afirma que es el comunismo.

Mientras los Estados Unidos firman pactos con la nación rectora del comunismo internacional y el señor Rockefeller, vice presidente electo, crea su Chase Manhattan Bank en la Plaza Roja de Moscú, nosotros debemos tener la imaginación suficiente para comprender que este tipo de política de declinación frente a una potencia militar no hace al panorama, que, por lo menos la Unión Cívica Radical quiere para los pueblos de America.

Los partidos políticos tienen que modernizarse para dar respuestas nuevas a una sociedad nueva; los gremios deben modificarse para crear las condiciones sociales indispensables para la clase trabajadora; el empresario tiene que tener los oídos atentos para encontrar soluciones ciertas al problema de la producción en el complejo engranaje económico del país. Si se acepta todo eso, ¿Por que no modernizar la institución armada para que encaje con mayor justicia, en el proceso que nosotros intentamos realizar?

En el Senado de la Nación voy a propiciar un proyecto de reforma militar, porque esta estrategia International hace que no solo peleen los soldados sino también los restantes habitantes de la Republica. Yo pienso que es más importante que un hijo único maneje un tractor sirviendo a la producción, que haga el servicio militar. Este hombre no debe hacer la conscripción más que tres meses.

También debemos crear una mentalidad nueva. En las escuelas militares argentinas se enseña poco derecho o casi nada instrucción cívica. Se enseña mucha matemática y la historia interpretada a veces por un profesor de turno y no por una interpretación de creencia nacional real, o la que sirve a determinados intereses.

Es necesario crear las condiciones de una mayor relación entre las Fuerzas Armadas y los civiles. El militar no debe dejar de ser ciudadano nunca.

Creo que en Francia para llegar al grado de general, hay que poseer algunos títulos de las escuelas politécnicas de Paris. Aquí en Argentina, algunos llegaran a Presidente sin siquiera pasar por la Escuela de Guerra. Con respecto a ella, se podrán estudiar que los profesores de la misma tengan acuerdo del Senado de la Nación, ya que hemos comprobado el hecho de que hay convictos y confesos fascistas influenciando la mentalidad de los jóvenes oficiales de nuestras Fuerzas Armadas.

También es menester revisar el Código de Justicia Militar y sustituirlo por una ley de disciplina militar, como lo intento hacer Alvear al remitir un proyecto al Congreso de la Nación.

De esto podríamos hablar mucho, para ello deberíamos consultar a los propios militares ya que muchos oficiales comprenden la necesidad de una impostergable modernidad.

Los sectores políticos tienen que defender acusas grandes.

El político argentino, y no es falso orgullo, es uno de los mas honestos del mundo, es el único que generalmente muere pobre. Lo que sucede es que las excepciones marcan la regla. Por ello pienso, que esa actitud política sacrificada, honorable y patriota, ya sea desde el Parlamento, desde los partidos o desde cualquier otra parte, tiene que engendrar ideas que contribuyan a colocar a las Fuerzas Armadas en una posición de solidaridad nacional, al servicio del molde que nosotros queremos de Argentina como gran nación continental Latinoamericana. También pienso que los latinoamericanos, militares y civiles, tenemos que hacernos un examen de conciencia, ya que nuestros pueblos se lo merecen.

En nuestro país, hemos tenido regimenes militares y gobiernos de civiles; vivimos democracias y dictaduras. Somos hombres integrantes de niveles de decisión. Algunos fuimos votados, a otros no los eligió nadie, pero igualmente han detentado el poder; unos y otros debemos plantearnos el interrogante de la situación actual de America Latina, ya que, creo yo, ella no responde a los ideales de nuestros Libertadores ni a lo que rostros queremos.

No se trata de analizar quien fracaso, sino de averiguar como han sido conducidos los pueblos, teniendo en cuenta sus esperanzas para solucionar sus grandes problemas.

Quiero aclarar, para aquellos que no sean radicales, que yo soy un hombre del radicalismo argentino, partido político que estuvo junto a Latinoamérica desde su fundación. Por eso, en nuestra plataforma partidaria decimos que el radicalismo es la requisitoria para darle vigencia permanente a nuestra nativa solidaridad nacional. Pertenezco a un partido que nunca prohibió la libertad por miedo a ella, porque sabe que si no existen hombres libres seguirán burlados los pueblos que se juntaron para sellar la emancipación política y general de la Nación.

A fin de año, se reunirán los Presidentes de los países Latinoamericanos, para conmemorar el Sesquicentenario de la Batalla de Ayacucho. Esta batalla es, tal vez, la mas polinacional y por ende integradora. Pero si nos preguntamos si la Batalla de Ayacucho será interpretada tendremos que aceptar que los que vivieron y murieron después de ella, no tienen complementación en el proceso histórico posterior.

Con Ayacucho termino el despotismo español, pero el problema no era terminar con los virreyes o con Pezuela, sino sellar definitivamente en Argentina y en Latinoamérica, el proceso de liberación. EI problema no consiste en cambiar de amos, en reemplazar el despotismo español por los nuevos imperialismos o por las nuevas formas de penetración sino afirmar una actitud en la vertical de la dignidad de todos los pueblos latinoamericanos.

Ello requiere una total solidaridad con los pueblos de America y que la estabilidad política conseguida sea homogénea. Tenemos que unirnos en una democracia tal como la queremos los radicales, de abajo hacia arriba. Creo que todos los que en algún momento tuvimos un mínimo o un importante nivel de conducción, y todos los que integran los sectores sociales, tenemos alguna porción de culpa en nuestra frustración. Algunos por egoístas, otros por indiferentes, otros por exceso de pasión. Si miramos la historia de America descubrimos que hicimos la unidad de America y después la derrotamos; que unirnos en una etapa America y luego la dividimos; que engendramos nacionalismos y nos hemos destrozado por pedazos de tierra. Para que, para marcar una línea imaginaria en el mapa y nada mas. Nosotros mismos engendramos un militarismo que enfrento unos pueblos de America con otros pueblos de America. America incubo soldados mercenarios, gente con sensualidad por el poder. Devastamos el derecho y contemplamos como a cada vuelta de esquina caían las instituciones de la soberanía popular.

Lo que tenemos que hacer es defender estas instituciones y darle forma a nuestra cultura. Debemos prestigiar las instituciones, conocernos mejor y entendernos más entre nosotros.

El militarismo debe quedar atrás en beneficio de una estabilidad que defienda las instituciones y las preserve con imaginación para, en vez de enfrentarnos, fomentar la solidaridad.

Deben también comprender esto los militares del continente. Bolívar y San Martín no fueron civilistas por casualidad.

Hay que aceptar que al prestigiar las instituciones, con una democracia prestigiada, se desalentaran el golpismo y el despotismo. Si no hacemos así, las generaciones venideras seguirán en busca de los grandes culpables pero junto a ellos, debemos ser concientes de entender que las futuras generaciones deberán afrontar las consecuencias de nuestra falta de capacidad para engendrar para siempre y victoriosamente los Estados Unidos del Sud. Este fue el sueño de los Libertadores, que todavía esta impreso en nuestra imaginación. Este será el mejor antídoto contra todas las causales de la frustración Latinoamericana.

Seamos capaces de interpretar a los pueblos. Seamos justos para terminar con la marginación de otros hombres. Si los militares y los civiles somos capaces de vencer la opresión de siempre y gestar libertad de cada hora, para cada hombre, la historia contemporánea nos recogerá como la generación que abrió para siempre el surco de la única revolución permanente y autentica que es la que se hace por y para pueblos liberados. America Latina nos sigue reclamando esta revolución. Para esta revolución todos debemos ser soldados.

Nada más.




Fuente: Honorable Senado de la Nación Argentina

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