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viernes, 10 de enero de 2014

Luis León: "Discurso en el entierro de Balbín" (11 de septiembre de 1981)

"¡Pueblo argentino!: La Nación acaba de estremecer sus esperanzas porque ha caído un prototipo de sus sueños de paz, de sus reclamos solidarios, de sus ilusiones de emancipación.
Ricardo Balbín ha muerto. Nuestra tierra ya no recogerá su paso, pero el tiempo de su existencia queda incorporado a la búsqueda de una historia mejor; a todos los tiempos de nuestras luchas por la libertad.
Edificó en la roca viva de su militancia una concepción republicana. Luchó sin miedos porque nunca apoyó tiranías. En la cárcel fue un hombre libre. En las derrotas, un triunfador.
Combatió el poder de la fuerza torpe porque sólo creía en la autoridad que otorga el Derecho.
Como una bendición moral de reconquista posible desarrolló su esfuerzo en el medio siglo más perverso y pervertido de nuestra historia. Aceptó su destino como una oportunidad y demostró una vez más que los auténticos héroes siempre son humildes.
Su piel gastada por todos los vientos y todos los soles rechazó el totalitarismo como a una alergia que siempre inferioriza a la raza humana. Para él, los derechos humanos no eran asuntos de candilejas o barrotes invisibles, fueron, simplemente, un problema de dignidad del hombre. Sus ojos empalidecían frente a la tortura o la miseria. Sus manos se crispaban ante la violencia de unos hombres contra otros hombres.
Sabía que las dictaduras siempre deben arrancar las hierbas vitales de la conciencia democrática para poder implantar el despotismo. Por eso quisieron denigrarlo, disminuirlo, disfrazarlo. Tan lúcidamente triunfó sobre los fariseos, que algunos de aquellos duendes se acercan hoya su tumba.
En el Comité Nacional de la UCR ahora, en su sillón vacío nos deja el alma, en las calles queda flotando su palabra y en la historia se inserta su mensaje.: ¿Y cuál es su mensaje? Ser leales a nuestros propios ideales. Combatir contra todos los fantasmas del odio. Poner siempre delante del partido a la Nación y vivir custodiando la democracia, pero la democracia con pan, con vivienda, con seguridad, con energía. La democracia es nuestra superior estrategia. La democracia no puede ser el lujo del desarrollo, debe ser el desarrollo. La democracia no ha fracasado en Argentina, fracasaron los hombres. Fracasaron los que impidieron la democracia. El simplismo de los filósofos del "orden" se agota frente a los desafíos que impone la revolución de nuestro tiempo.
Balbín se fue imaginando la democracia como una exigencia cultural de la República. Vivió para afirmar que sólo es soberano el pueblo y única fuente de legitimidad. Hoy ese hombre argentino aquí por millares viene a su tumba a certificar la legalidad de su combate.
Por eso, mientras en nuestros corazones se incuba la tristeza del momento, debemos no caer en la tristeza del tedio. Seguiremos el ruido en el taller de forja republicana. No dejaremos que nadie pulverice nuestra democracia con la melancolía de silencios de angustia. Toca a los radicales y argentinos unirnos en el ataque a las causas que generan nuestra decadencia.
Como Balbín, vamos a elaborar ejemplos y no la dialéctica del sermón. Debemos educar y nutrir. Creemos en una nueva sociedad. Seguiremos pensando que es obligación enseñar a los pueblos a amar la Constitución y las leyes.
Balbín pasó por la sociedad de consumo sin dejarse tentar. Tampoco nosotros debemos entrar al baile de disfraz colonialista ni debemos dejarnos confundir con las serpentinas sensuales de ningún mecanismo oportunista.























Fuente: Luis León: "Discurso en el entierro de Balbín" (11 de septiembre de 1981)

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