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viernes, 24 de enero de 2014

Enrique Barros: "Cachorros de la Reforma" (3 de octubre de 1958)

Hijos nuestros, hijos míos, cachorros de la Reforma, hace cuarenta años tiramos al viento la semilla de la rebeldía, la simiente de la libertad, y el viento rumoroso que ha dialogado en la pampa, se ha estremecido en la selva y ha rugido en el Ande, se encargó de ubicarlo en el surco fecundo de la América virgen. Desde 1918, una estela de sangre, no la de ellos, la vuestra, ha jalonado el camino y va señalando la ruta futura de un gran destino nacional americano. Por los mismos senderos, por los mismos senderos de América, donde cruzaron los ejércitos harapientos de la patria incipiente. Y perdonenmé ahora esta emoción que ahoga la voz y acelera el corazón, cada latido como el eco del casco de la caballería gaucha en el suelo polvoriento y la roca dura de la América. A ciento cincuenta años, justo casi de la Revolución de Mayo, el movimiento de la Reforma, en sus proyecciones civiles, se perfila ya como la segunda Revolución, revolución telúrica, de la Unidad Indoamericana y de la emancipación de la inteligencia, la del surgimiento de las masas y de la reconstrucción social de la América Latina. Toda ella está ya expresa y en germen en el programa inicial de la Reforma, avalado con la sangre de las generaciones sucesivas de la Reforma. Lo que hemos quedado. Los que hemos quedado ya no os contemplaremos en persona en la etapa próxima, pero ya os estoy viendo, como anticipo de la gloria, con la corona de martirio en las sienes y la corona de laureles junto al escudo y a la espada. ¿Que importa, ahora, el ladrido en la noche que quedó atrás, qué importa la sonrisa del Judas, que cobró su afán, que importa un contraste solitario y una escaramuza perdida?
La reacción oscurantista, la servidumbre parlamentaria, el maquiavelismo del hombre público que despedazó a la Nación para dominarla, han apagado una luz en el Senado -este Senado que sigue siendo el Senado de la Decadencia que fustigara Lisandro de la Torre- pero han alumbrado una hoguera y la llama purificadora que se alimenta del alma fervorosa de los pueblos, ya está consumiendo la sombra, que es el cubil de la intolerancia, del fanatismo y del odio.

El clero y el problema universitario
Que el problema traído de los cabellos por un clericalismo cerril y ventajero rebasa lo universitario, lo ha comprendido la Nación desde la primera hora y por eso las muchedumbres argentinas están en el ágora de las grandes decisiones y de los supremos sacrificios.
¿Que es lo que mueve a la jauría dueña de todo y jamás ahíta? Acaso no son incalculables sus recursos, desde la Colonia, con el sudor del indio, que ha labrado en el granito las magníficas catedrales, de donde hoy se ausenta el espíritu de Dios; acaso no les basta yantar del presupuesto, en un país donde la miseria ha trascendido de la clase obrera y va ahogando a una clase media proletarizada ya; es que le falta acaso influencia en los comandos que amenazan la sociedad civil y no le sobra privanza ante el Cesar que trepó el peldaño del poder en la apología de la Reforma, para escarnecerla y venderla en su hora de prueba, él mismo que ha rendido a la CADE la Nación y ha comprometido el petróleo argentino en una operación de media noche. No les ha bastado todo ésto a los promotores de la lucha fratricida que despedaza la república? No les basta la generosidad argentina, la tolerancia habitual, el respeto nuestro para el libre culto de su Dios, que fue el Dios de nuestras madres y el que meció la cuna de sus hijos? Ignoran y tiene el derecho de ignorarla, acaso la Palabra del Maestro, a través del versículo 18-23 del Evangelio de Juan el Apostol, que dijo: “Mi reino no es de este mundo. Si de este mundo fuera, mis servidores pelearían... más ahora mi reino no es de aquí”... Que divinidad siniestra les exige ahora -les diré como el repúblico español- como en los tiempos bárbaros, sacrificios de sangre y les impulsa a arrojar el corrosivo en las pupilas del compañero, como si quisieran simbólicamente cerrar los ojos de toda una generación, abiertas al milagro de la ciencia y a las maravillas del más noble esfuerzo humano?
¿Que es lo que pretende el sectarismo que ha inundado de rencor los corazones argentinos? Voy a decirlo, porque es el secreto público que circula en todas las cancillerías de Europa, de donde regreso. Los amos de Roma no ignoran ya lo precario de su situación. Que la menor conmoción pondrá en peligro la estabilidad material de la sede secular y que le urge una reserva en ultra mar. Esto mismo lo he escuchado de sacerdotes eminentes y amigos el día 14 de Julio en París cuando se esperaba la Tercera Guerra Mundial después de Irak. He aquí que toca a nosotros los liberales no comunistas, que defendemos la libertad de culto doquier y su complemento, la independencia de la Iglesia y del Estado, defender su derecho a adorar su Dios y a organizar su iglesia. Pero nada de ello justifica que reforzada y arbitrariamente, se venga a perturbar la paz espiritual del pueblo argentino en una empresa de predominio y dominación ultramontana, inconcebible en el siglo XX. Si es que se quiere un país amordazado y sin alma, que se recurra para el eventual refugio, a la España sepulcral de Franco, o, si es que se quiere mas remoto asilo que se elija la tierra silenciosa y sumisa de Trujillo en el Caribe. Si es que se ha preferido a la Argentina, es porque la jerarquía eclesiástica ha encontrado en el gobernante taimado y ambicioso la posibilidad de la alianza que se necesita para estas turbias finalidades. Ahora, este plan de una potencia extranjera y de un gobierno claudicante y antipopular, presupone copar las conciencias de la juventud argentina y capacitar para la teocracia a sus futuros elencos gobernantes. He ahí la conjuración. Para su logro hay que pisar el cadáver de la Reforma y emascular a la juventud argentina.

La Enseñanza Libre
Para ésto y por ésto se ha traído a este rincón de América con detrimento de la escuela del Estado, este problema falaz de enseñanza libre, este problema que de ser sinceros, debieron agitarlo, primero en el hogar de las grandes universidades del mundo, en Francia, donde gobierna un católico de prestigio como De Gaulle, o en Alemania donde preside el gobierno un católico ilustre, como Adenauer, al frente de la democracia Cristiana. Violento y sugestivo contraste como si en la maniobra iniciada aquí estuviera implicada la conveniencia del desprestigio de las instituciones democráticas de la República y la siembra del escepticismo de la ciudadanía, que aquí, votó por la paz y la reconciliación de la familia argentina para un futuro mejor.
Hablan los promotores, de lo que llaman despectivamente el monopolio estatal de la enseñanza y disfrazan la enseñanza sectaria de enseñanza libre. Mas, si lo que la jerarquía eclesiástica realmente quiere es liberación de la enseñanza de la del estado, que es la gratuita, común y laica, lo que debe promover, primero, es su propia liberación del Estado, su independencia del Estado, es decir, la separación de la iglesia y el Estado, y esto sin un logrerio financiero, con lo cual, en una nación de creyentes y de agnósticos, la iglesia debe costearse su culto con la humildad de Cristo y cultivar sus escuelas -lamentablemente escuelas ricas para ricos- sin seguir conspirando contra la de las naciones, sin sabotear con sus infiltrados en el gobierno. Porque es por ello que los establecimientos de enseñanza de la Nación son pobres y deficientes, mientras pululan y se enriquecen los de tendencia confesional, y por eso que se contesta todos los años a la solicitud de asientos en las escuelas del Estado, que no tienen disponibles.

Contra el Feudalismo y el Poder Eclesiástico
Esta contienda es, por lo demás, otro episodio de la lucha de todos los Estados modernos, primero, contra el feudalismo, segundo, contra la sujeción al Poder Eclesiástico, la misma que se libró ayer aquí por la secularización de los cementerios, por el matrimonio civil, por la escuela normal, las luchas que ha ganado la civilidad y el progreso del país y en que va involucrada la propia soberanía de la Nación. Un régimen de traidores ha venido a la Nación. Al pueblo argentino, sin distinción de credos, corresponderá ahora impedir los negociados, la represión, la afrenta y la sumisión.
Afrontemos la lucha como la han afrontado todos los Estados soberanos del mundo, y no para hipertrofia del estado, que es solo el cuerpo político de la Nación, ni para menguar el derecho individual, como en los países de organización totalitaria de izquierda. Afrontamos la lucha como exigencia ineludible del progreso y de la independencia de la nación. De nuestra parte, la acción será noble, pero inflexible. Terminada la batalla, extenderemos la mano a los compañeros disidentes. A ellos, si; a los mandatarios felones y venales, sólo nuestro gesto de desprecio y de repudio.

No Tememos al Infierno
Los hombres que estamos aquí no tememos al infierno del otro mundo, que no ha de ser peor que el del pobre en este mundo, y de ahí un punto clave de nuestra programática: que el pobre tenga la misma oportunidades de educación que las otras clases sociales para que de las verdaderas universidades libres, que es decir las del Estado, y con multitud de becas salgan más sabios y más profesionales, y para que surjan los mejores, que superioridad no es condición de nacimiento, sino fruto del esfuerzo y de la inteligencia. Vamos con la Reforma a bregar por la Universidad más amplia y accesible a todos los capaces. Nos interponemos decididamente en los rieles del privilegio, no tenemos -he dicho ya- miedo al infierno, no nos espantamos de la excomunión, no creemos que retornen el sanbenito y la hoguera de la Inquisición que hicieron temblar a los pueblos europeos. Y si del Cielo se tarta, sabemos bien que el Cristo que yo conozco ha de guardar un rincón para los grandes benefactores de la Humanidad, para sus héroes, para sus santos laicos y creyentes, para Gandhi y para Einstein, para Fidel Castro y Francisco de Asís, para Sandino y Jesús de Galindez, para Maria Magdalena, porque perdonados le fueron los pecados a quienes tanto amó, y también para aquel, que nos acompaña aquí, nuestro Domingo Faustino Sarmiento, el sembrador de la Pampa.
Hay tiempos terribles en que el dedo de Dios aparece señalando el derrotero de la historia. Así para castigo, el cautiverio de Babilonia y de Egipto, para el propio pueblo elegido. Toman también el dedo de Dios los que dedatan la torrenta y derramaron a torrentes la sangre de la juventud, la de los niños, ahora en las calles de Tucumán.

Señores: los muertos viven. Y por eso Cristo, no el Cristo de ellos, ni el de los cañones, ni el de las cachiporras, el Cristo del amor fraterno y del perdón, Cristo vive y anda. Si: los muertos viven, los que cayeron por nuestro ideal y los que el tiempo se llevó. Pero están aquí, a nuestro lado, entre los pliegues de nuestras banderas, cantando con nosotros el himno de la redención humana y avanzan ahora al frente de nuestras filas. No puedo enumerarlos, tantos son . Pero marchan, desde la mañana augural del 15 de Julio de 1918 y llegarán con vosotros y no será, entonces, la losa fría que cubre la cara imagen de los que fueron. Una nueva aurora anticipará una nueva jornada. Porque eso, eso es, Señores, en en espíritu del progreso, como el Ashaverus de la leyenda, el Judío Errante, en marcha siempre, sin detenerse nunca, por todas las rutas ascendentes de la Humanidad.
























Fuente: Discurso pronunciado por Enrique Barros, el día 3 de octubre de 1958, cerrando el mitin que organizara la Federación Universitaria de Córdoba contra la ley de Enseñanza Libre luego de aprobada por el Congreso de la Nación durante el Gobierno del Dr. Arturo Frondizi.

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