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viernes, 24 de enero de 2014

Agustín Rodriguez Araya: "Debate de la Ley de Enseñanza Libre" (24 de septiembre de 1958)

Sr. Presidente (Zanni). —Tiene la palabra el señor diputado por Santa Fe.
Sr. Rodríguez Araya. — Señor presidente: debería declararme vencido. Es difícil ya sacar del marasmo a la Cámara. Pero es indispensable que haga sentir mi voz en esta oportunidad, en que estamos haciendo un debate por demás confuso y complejo. No he de ocultar mi pensamiento. El es claro. Tengo necesidad de divulgarlo porque el no ofrece ninguna contradicción con la postura ideológica que he seguido toda mi vida.

Solidario con mi partido y con mi bloque, votare la derogación del artículo 28 de esta ley en discusión. Quiero —eso si— declarar lealmente que las manifestaciones que voy a verter en estos instantes responden exclusivamente a mi pensamiento, y que no me he detenido a dialogar con mis compañeros de sector para saber si comparten -—o no— mi criterio.

He escuchado pacientemente a todos los oradores que me han precedido en el uso de la palabra; y a esta altura del debate no se si estoy mas confundido de lo que estaba en la calle al observar la forma contradictoria en que se desarrollaba esta discusión. Quieren disimularse intenciones. Eso no puede ser. Yo he de decir como veo este problema.

He escuchado con simpatía la palabra del diputado Gutiérrez, y me he sentido emocionado, a pesar de la sencillez de su exposición. Es que el siente la reforma a través de las enseñanzas de Hipólito Yrigoyen y de ese joven maestro que lo fue de todos nosotros, de esa figura hermosa y generosa que fue compañero nuestro en estas bancas y cuya perdida prematura tenemos que sentir doblemente hoy porque podría habernos explicado, como santo laico, que entendía el por universidad estatal y por libertad de enseñanza: me refiero a Luis Dellepiane. Hombre de firmes convicciones, supo vivir y morir leal a sus ideales de la reforma universitaria.

He escuchado también con recelo, con mucha desconfianza, las referencias que se ha hecho al ingeniero Gabriel Del Mazo, porque a lo largo de la vida en que uno va recorriendo el eterno batallar, es permanente el desertar de los hombres que, ya en el pináculo, ruedan olvidando todo lo que hicieron en su juventud, quizas porque no son capaces de aportarse una tranquila vejez.

Sr. Sago. — El señor diputado no debe pre-juzgar.
Sr. Rodríguez Araya. — Los señores diputados creen en Arturo, y yo creo en Risieri. (Risas.)

—Hablan a la vez varios señores diputados.

Sr. Rodríguez Araya. — He escucharlo también una palabra que quería tornarse evangélica en esta sesión: la del diputado Uzal, que pedía mesura en las actitudes. La mesura la piden los hombres sin convicciones.
Sr. Uzal. — A todos menos a usted.
Sr. Rodríguez Araya. — No lo ignoro, pues sabe que no lo escucho...
Sr. Uzal. — A todos menos a usted.
Sr. Rodríguez Araya. —...porque usted la mesura la entiende de distinta manera usted la entiende para servir a los intereses del gobierno, y yo a los intereses de la libertad. En la mesura se disimula la intención y la pasión, la falta o ausencia de la emotividad. De la que ha carecido el señor diputado cuando no ha sido capaz de traer un argumento radical para defender y sostener el despacho de la minoría. Ha invocado el rico espíritu de Julio V. González omitiendo la savia de su proyecto, como se lo ha probado en su brillante e insuperada exposición el diputado Carlos Becerra. No nos ha traído nada radical. Ni Alem, ni Yrigoyen, ni Dellepiane, ni Del Mazo.

Evidentemente vivimos en confusión. Defender mal lo que no se siente es una virtud. Lo grave seria lo contrario. De ahí que no inquiete demasiado.

Se trasluce en este Parlamento los que sienten la reforma. Y me ha emocionado escuchar a la señorita Baigorria. Ha hablado con su corazón. Nos ha dado muestra del alto valor de la mujer argentina.

El diputado Uzal pidió mesura en las actitudes; solicito que este país fuera el de la tolerancia. ¡Ojala fuera el de la tolerancia! Entre nosotros mismos no nos podemos entender y queremos entendernos con clericales, que tanto daño ha hecho al país. Hablaba el señor diputado de que los argentinos no podíamos ser intratables e intolerantes. Pedía una tregua. ¡Magnifica tregua que pide este señor diputado del sector de la mayoría, y no la puede lograr para reconciliar las clases sociales argentinas!

Hablo el señor diputado de que era necesario actuar sin suspicacias, y pronuncio un discurso retorcido, que confundió a todo el mundo, diciendo miles de inexactitudes. Hablo de que no había necesidad de buscar segundas intenciones. Los hombres del Parlamento tenemos la obligación y el derecho de buscar la suspicacia y las malas intenciones que pueda haber en el obrar de muchos sectores de la representación popular.

Sr. Uzal. — ¡El señor diputado nunca puede hablar en serio! Tenga presente el señor diputado que en uno y otro sector se están pronunciando discursos serios sobre este tema, que es serio.
Sr. Rodríguez Araya. — Hablo, señor presidente, de que una vez —y dijo que no sabría precisar bien porque carecía de material informativo al alcance de su mano— acudió a Sarmiento un núcleo de profesores y de doctores que habían salido recientemente graduados de la universidad, y que Sarmiento les planteo el interrogante de como era posible que no tuvieran contacto con el pueblo, que no salieran del pueblo. Sarmiento tenia razón. El requerimiento que significaban esas palabras de Sarmiento se opero en el año 1918, cuando la reforma formo una nueva conciencia en la Republica.

Afirmo que no se va a impartir enseñanza religiosa en el país. Y lo que se va a impartir en la Republica es enseñanza religiosa, que es lo único que se pretende en esta oportunidad. No tiene otro sentido el artículo 28.

Sigue después el señor diputado por Santa Fe, doctor de la Vega, quien se indigna porque el doctor Risieri Frondizi salio a la calle haciéndose participe de esta conmoción popular, de la que todos nos sentimos parte. Y se olvida referir que el obispo Caggiano entro en la Casa Rosada a ver si por forma milagrosa lograba regular el articulo 28. Si ustedes no conocen al cardenal Caggiano, yo si. En un congreso agrario declaro públicamente que si el no fuera pastor de almas seria peronista.

Sr. Carrera. — ¡Hay tantos!
Sr. Rodríguez Araya. — Hay tantos, pero este hombre es de sotana y se debía a Dios.

Dijo el diputado Domingorena, por quien tengo profundo respeto y el sabe que una gran estimación, que pretendemos ahuyentar fantasmas y sombras. Yo no creo en los fantasmas, pero que los hay, señores diputados... (Risas), no creo, pero los hay; y este es el caso del articulo 28 (Risas).

Nosotros no estamos en contra de la universidad privada, como lo vamos a demostrar, pero sentimos una profunda preocupación por la terrible crisis moral por la que pasa la Republica. Tenemos miedo del estado de perturbación que se puede crear en estos momentos en el país, en que los argentinos no nos encontramos fortalecidos moralmente para afrontar tan serio y rudo problema.

Se refiere después el señor diputado Camet a que no se va a deformar la conciencia de la personalidad. Yo creo que no debemos ni podemos correr ese riesgo. El país no se encuentra preparado para esta ni para otras aventuras.

Hablo también de que esto es hacer oposición al Poder Ejecutivo, y esa tesis queda desvirtuada por la elegante participación de un sector de la mayoría, que comparte en este momento nuestro criterio, por una levantada decisión del bloque de dar independencia a cada uno de los legisladores para pronunciarse sobre este tema.

Lo que debemos entender los radicales de uno y otro sector es que estamos frente a una lucha a la que no nos podemos negar. Es la lucha clerical, la revancha del clericalismo contra la reforma. Y la reforma es nuestra, es radical, y tenemos la obligación de defenderla.

¿Como se opera la reforma universitaria en el país? Se produce en la Republica un fenómeno extraordinario; desaparecen las cien familias patricias que gobiernan el país y estalla el milagroso sedimento de Alem y de Yrigoyen, que logra la conquista del gobierno para el pueblo mediante el sufragio secreto. Poco tiempo después se opera ese mismo movimiento en las universidades; y las universidades interrumpen el manejo secular de esas instituciones y acaban con el gobierno de la curia en ellas. No se opera tan solo la liberación de los universitarios, Sino que estos se identifican con la clase popular, con los obreros, como lo documentan las manifestaciones y las decisiones de la época.

La reforma ha llegado al gobierno, la reforma ha llegado a la universidad.

La curia, habilidosa, aprovecha del déficit presupuestario de las naciones que no se encuentran desarrolladas económicamente, para infiltrarse. Lo vemos en el caso de Colombia, de Perú, de Venezuela, de Chile —que tanto se ha mencionado en este debate y a cuya Universidad Católica no tiene acceso el 90 por ciento del pueblo—, de Brasil, de Cuba.

Pregunto a los señores diputados: ¿Que fundamento tiene en este momento la creación de las universidades católicas? Es eslabonar una juventud que estará al servicio del clero, no de la nacionalidad argentina. Eso es evidente, porque se inicia en la escuela primaria y prosigue en la escuela secundaria, bajo un cerrado y fuerte dogmatismo. Permitirlas hoy, es quebrar, anular la reforma, que es lo que se quiere. ¿Podrá funcionar el gobierno tripartito en las universidades privadas? No. Serán sus alumnos, sus graduados, sus profesores, todos, dirigidos. ¿Podemos presumir que serán ejercidas en ellas las libres disposiciones del espíritu? Nada de eso. Recientemente las fuerzas clericales han ganado una batalla logrando una ley que acuerda a los empresarios de establecimientos privados la facultad de despedir a los profesores que no sean leales a la orientación espiritual impuesta a los mismos. Alcanzara, sin duda alguna, a los alumnos. Y en vez de un instituto de cultura nos encontraremos con una organización de dudosa conveniencia para los intereses del país.

Admiten cualquier cosa a cambio de este artículo 28. Se declaran humildes y desprendidos. Nos hablan en nombre de la cultura argentina, cuando no hemos olvidado que desde la época de la colonia han pretendido la ignorancia de todos los pueblos.

Tanto es así, que no quieren subvenciones nuestras. ¿Para que? Ya tienen el trampolín. Las sumas fabulosas que se han acordado para sus establecimientos de enseñanza primaria y media. También para que levanten templos. Si declaran no necesitar, ¿por que no renuncian a esas subvenciones? El Vaticano, señores diputados, es mas rico que nuestro propio país. No tiene déficit. Hasta se dirá que le somos deudores. Puede prestarnos dinero; pero le es mejor infiltrarse en nuestra economía introduciendo sus riquezas en nuestras fábricas y empresas. Ya alguien nos hablara de ello.
Se zarandea el artículo 14 de nuestra Constitución. Nosotros no prohibimos el funcionamiento de universidades privadas. Actualmente las hay. Lo que no habremos de permitir es que ellas otorguen títulos y que actúen en competencia con las estatales para quebrar el espíritu de la reforma, que hace a la vida de la Republica. Porque la reforma, aunque se quiera evitarlo, ira asociada a la propia vida de nuestra nación.           '

Y es eso, precisamente, lo que combate el clero en este instante. Lo disimula. Pero debemos decirlo, y advertir a quienes puedan ser sorprendidos.

¿Queremos, acaso, universidades católicas para que ellas nos produzcan un material humano asentado en el derecho canónico y en la teología, que determina que la explotación del pueblo y la miseria es necesaria e inmutable? Eso esta superado; ha quedado atrás. Los pueblos quieren ganar el cielo; pero también quieren el cielo en la tierra. ¿O va a resultar que los ricos y los privilegiados podrán lograrlo vivos y después de muertos?

Yo quiero para los pobres y los humildes los mismos beneficios que para los poderosos. De esta manera desaparecerán los privilegios. Eso va también en el espíritu de la reforma.

Estos clericales nacionalistas, que tanto abominan de Estados Unidos, nos hablan de: que en ese país funcionan las universidades privadas. Allí, afirman, se ha desarrollado la cultura en grado máximo. 

Es exacto. Pero allí la Iglesia esta separada del Estado. Rige el divorcio. Hay una cultura integral. 

Pero la curia pretende lo que le conviene. Como agacha la cabeza y se conforma con poco, si ese poco le sirve para algo. Ejemplo de ello es la Republica Española; en connivencia con el fascismo y los nazis;, luego la destrozaron. Hablan de los institutos privados en los Estados Unidos. No dicen que en ellos recientemente se ha operado la segregación racial. Como no se pudo concretarla en los institutos estatales, se la hizo en las privadas, con los negros.

Me resulta extraño que los elementos clericales no tengan una orientación definida en todos los países del mundo. ¿Que clase de protección tiene la universidad católica y que diferencia nos ofrece con la Unión Soviética? En la universidad de España quienes no son católicos pueden ser interdictos y ser quemados sus libros; y en las del Soviet todo lo que sea anticomunista esta excluido.

Deseo para la universidad argentina que cada uno predique lo que quiera: los católicos; su doctrina, los comunistas la suya, y los demás la que posean, para ser participes de una cultura que nos sirva para discriminar con libertad que es lo que mas conviene a la vida de la Nación.

A esta curia que ahora encuentra todo totalitario, no le costo nada entenderse con Hitler y después con Mussolini. Ahí esta el Tratado de Letrán. Pocos días después —a la caída del fascismo— se entienden con el comunismo para incorporar la religión católica en la Constitución italiana.

Hay muchas cosas que no me explico. Hasta ahora las academias Pitman no han pedido que se les oficialice sus títulos. ¿Por que se los vamos a oficializar a estos dactilógrafos de la filosofía tomista? (Risas.) Tampoco la Alianza Francesa, ni la Cultural Inglesa, ni las escuelas de nurses de la Standard Oil lo han pedido.

Por ultimo podría referirme a la encíclica de León XIII, pero no lo quiero hacer porque seria repetir conceptos emitidos en este debate y expuestos con mayor elevación que lo que podría hacerlo el diputado que habla. Solo diré que la encíclica Libertas proclama que la libertad es para el bien. Pero no olvida consignar que solo el Papa discrimina lo que es el bien y el mal.

A pesar de que no se quiere que existan suspicacias, este artículo 28 puede tener una intención. ¿No será acaso que el clero paga algo por el? ¿No será posible que el clero pida ese artículo a cambio de radicar capitales clericales en el país, que tienen que evacuarse de España porque este país ya no ofrece garantías ni seguridad? ¿No se tratara de esos capitales clericales que sirvieron para retener una alta porción de acciones del canal de Suez y que poco costo después vender a Moscu? Creo haber dicho bastante. No quiero agregar. Puedo decirlo. Se donde hay capitales clericales.


No quiero, señores diputados, una universidad que en este momento signifique hacer una instrumentación de hombres que habrán de obedecer ciegamente al Papa, produciendo una ciudadanía clerical. No quiero la instrumentación de la conciencia argentina, que la necesitamos para que sirva a nuestras instituciones y para que tienda a su desarrollo y a su dignidad. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos.)






















Fuente: "Debate de la Ley de Enseñanza Libre" (24 de septiembre de 1958)

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