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viernes, 27 de diciembre de 2013

Nélida Baigorria: "Debate de la Ley de Enseñanza Libre" (24 de septiembre de 1958)

Presidente (Zanni). — Tiene la palabra la señorita diputada por la Capital.
Sra. Baigorria. — Señor presidente: indudable mente, hoy es para mi un día muy afortunado, porque faltan cinco minutos para que termine el 24 de septiembre de 1958, y llevados por la gran pasión de este articulo 28, hemos olvidado que en este día se libro la batalla de Tucumán. Un recuerdo para Manuel Belgrano, en este momento en que nosotros también nos aprestamos a librar una gran batalla, porque así pasara este día a la historia del Parlamento argentino.
Voy a poner esta exposición, por otra parte, bajo la advocación de Baltasar Gracian, aquel magnifico estilista del habla castellana que cincelo la expresión que debemos recordar a menudo: «Lo bueno, si breve, dos veces bueno; lo malo, si poco, menos malo».
Por lo tanto, procurare ceñirme a lo estrictamente necesario para aclarar la posición de todos aquellos que votamos el despacho de la mayoría, en el sentido de derogar lisa y llanamente el artículo 28.
En la exposición del señor diputado Domingorera escuche esta alusión: «Se ha hablado, pese a todas las formas de expresión, de laico» y religiosos. Hasta en el Congreso mismo, no solo en la calle, se ha hablado —dijo— del problema clerical. Queremos aventar esos fantasmas».
En ese instante, recordé las palabra de un extraordinario sacerdote Frances, fray Ducatillon, que a poco de terminar la guerra, dio en Buenos Aires una magnifica conferencia. Dijo entonces: «el nacionalismo extremo es al patriotismo lo que el egoísmo es al amor». En una proporción matemática definió un extraordinario pensamiento. Recordé también junto a fray Ducatillon a monseñor De Andrea, el gran sacerdote que valientemente supo luchar por la libertad, y que en otra conferencia aludió al clericalismo y al catolicismo señalándolos como movimientos antagónicos. Remedando, pues, a fray Ducatillon expreso que «el clericalismo es al catolicismo también lo que el egoísmo es al amor», (¡Muy bien!; ¡Muy bien! Aplausos.)
Si hoy se alzan esos fantasmas y si existen, será necesario luchar contra ellos. Se que no será luchar contra un problema religioso; sostener lo contrario es un sofisma, y lo afirmo como católica sincera que defenderá siempre su fe, pero no servirá nunca los intereses políticos que tratan de encubrirse en ella.
Categóricamente, no debe ubicarse este problema en el terreno religioso. Habrá que ubicarlo, si, en el terreno ideológico.
Por eso no voy a hacer el planteo desde ese punto de vista: me referiré exclusivamente al problema educativo y al problema docente en nuestro país.
Hace poco tiempo, con motivo de tratarse el Estatuto del Docente, se dijo en esta Cámara que en el país se padece una grave crisis educativa, y que todo lo que hagamos en el orden económico no tendrá base de sustentación si antes no se afirman los valores de la cultura.
Hemos dicho también que hay en el país una profunda crisis moral, que asimismo tiene su base de sustentación en esa crisis educativa, porque la educación no encaminada a formar al hombre determina que en la frustración del sistema estén las desgracias del pueblo.
El señor diputado Domingorena también ha dicho que en este recinto se ha hablado exclusivamente de la parte negativa del problema y no se ha traído la solución. Los que son cos legisladores, y somos docentes, y hemos escuchado algo el problema pedagógico que hoy afecta a nuestra patria, vamos a enunciar la parte constructiva.
El problema educativo en si, y todo lo que se haga en ese terreno, sin saber mucho de anatomía, podemos considerarlo como una célula nerviosa. Todos sabemos que las células del organismo pueden destruirse y renacer, pero la célula nerviosa que se toca, se destruye para siempre y no puede restituirse; por lo tanto, todo enfoque desviado, toda orientación mal dirigida puede determinar largos años de caos.
De allí la penetración, la honda delicadeza del problema. De allí que una solución educativa no pueda ser jamás obra de un artículo injertado en una ley sobre un problema de tan grande envergadura como es la instauración de la universidad privada. Esto importa una gran transformación en el orden pedagógico, en el orden docente y en el orden formativo integral del país. De ninguna manera un docente o pedagogo legislador podrá propiciarla insertando un artículo en una ley. Esto deberá ser objeto de un amplio debate.
Por ello consideramos que no solo desde el punto de vista de la responsabilidad legislativa, sino también de la responsabilidad docente, en este momento de la vida argentina lo que corresponde es la derogación lisa y llana del artículo. Que venga luego el gran debate. ¡Cómo no vamos a exigirlo para lo que concierne a la esencia de la formación de los pueblos!
Si nosotros mismos en este Congreso estamos confundiendo los términos y colocándonos en planos distintos, ¿Como no se va a confundir el hombre de la calle? ¿Como no va a hacer una extraña mezcla de enseñanza laica y de enseñanza libre, de universidad estatal y universidad privada?
¿Acaso se ha hecho la gran campaña esclarecedora? ¿Se ha salido a la calle para la amplia discusión de este problema con profundidad? ¿Se ha llegado a los hogares a través de todos los elementos de difusión para clarificar al pueblo y para que este, llegado el instante, pueda manifestarse hasta mediante un plebiscito nacional? No se ha hecho eso.
Y llega el gobierno constitucional. Asumimos la responsabilidad del gobierno y encontramos como herencia el artículo 28 del decreto 6.403.
Desde el punto de vista lógico, ¿que corresponde hacer en la emergencia? ¿Reglamentar un solo artículo de una ley para encauzar la universidad privada? ¿Es posible que pensemos que con unos cuantos agregados a ese articulo se podrá hacer algo tan amplio que contemple todas las posibilidades?
-De ninguna manera. Desde el punto de vista pedagógico, desde el punto de lo que esto significa .para el país, será incurrir en profundo error.
Deróguese entonces este articulo que ha traído la división en el pueblo argentino, que ha traído tantas desinteligencias, y luego, con un Congreso de la Nación integrado con gente responsable, que hallara la solución del problema después de compulsar todas las opiniones, díctese la gran ley universitaria, no solo para contemplar el caso de las universidades privadas, sino también para remover desde la base la estructura de la universidad estatal e infundirle el autentico contenido popular con que siempre sonó la reforma. (¡Muy bien! ¡Muy bien!)
Tal es nuestra posición, solidamente constructiva. Queremos la mejor solución; queremos dar al país la ley universitaria que reclama desde tantos años. Jamás, quienes hemos militado en la reforma, quienes seguimos militando en sus filas, quienes para informarnos tenemos solo el texto de Gabriel Del Mazo... (Aplausos.) . . .que ha sido nuestro maestro, jamás podemos poner en igualdad de condiciones así arbitrariamente a la universidad estatal con la universidad privada, en lo que atañe al otorgamiento del titulo habilitante.
Se dijo tanbien como argumento que lo que nosotros habíamos admitido para las escuelas primarias y secundarias, lo negamos ahora en el terreno universitario. Contesto rotundamente que no, porque los colegios primarios y secundarios adscritos están sometidos a los planes de estudio de las escuelas oficiales. A fin de año, sus alumnos deben rendir exámenes ante tribunales examinadores constituidos con el profesor del establecimiento adscrito y los de los establecimientos oficiales. Tanta filosofía, tanta historia patria, tanta geografía argentina y tanta instrucción cívica sabe el alumno de la escuela estatal como el de la adscrita. Es una escuela incorporada, asimilada totalmente a los planes de estudio de la enseñanza oficial. En cambio, la universidad privada, si bien se manifiesta que habrá de ceñirse a un plan mínimo de formación nacional, dará libertad para que el estudiantado reciba la orientación que quiera elegir, y esta nueva realidad debe ser resultado de un prolijo estudio.
Asimismo es preciso un análisis medular para salvaguardar esa universidad estatal cuya reforma a fondo habremos de iniciar, porque es el compromiso contraído con el pueblo y que por otra parte, hace a nuestro honor de radicales intransigentes, continuar con esa bandera enhiesta en lo alto del mástil. Lo hemos prometido al pueblo, y lo hemos de realizar. (Aplausos.)
A un partido político se puede llegar  racionalmente o por intuición, pero siempre porque en el se encuentra la consubstanciación con las propias esencias del espíritu. El intelectual racionalista dirá que llega a ese partido por el camino de la razón; el exclusivamente sensitivo dirá que llega por el camino de la intuición. Pero en la doctrina de ese partido habrá cuatro o cinco principios fundamentales, que informan su contenido y le dan el valor ético que le hace poner en su defensa toda la rigidez, la severidad y la firmeza de que es capaz. Se puede ser muy plástico en cuanto a las formas, pero se debe ser apasionadamente intransigente en cuanto a principios y uno de nuestros principios fundamentales, fue sostener paladinamente la reforma universitaria.
Leyendo a Del Mazo, al que hemos repasado mucho en estos últimos tiempos, cuando habla de manera muy emocionada de aquello» episodios que ocurrieron en America después del primer decenio de la reforma, dice mas o menos así: “Allá esta esa juventud argentina; alla esta esa juventud americana. Son los pueblos de America que sintieron el llamado de la reforma. Y comienzan las dictaduras a enseñorearse al suelo americano y cae la sangre de los estudiantes fertilizando a America. Allí, en Trujillo del Perú, son fusilados jovenes reformistas; mas allá, en Cuba, caen también asesinados. Y yo agrego, en Buenos Aires, en 1945, con la heroica generación de estudiantes reformistas que llevaba dentro de si el calor de la reforma y el ansia de transformación popular de la universidad argentina, con la sangre de dos jóvenes que recuerdo: Sulkin, muerto frente al paredón del Once, y Andrada, el joven químico caído también cuando la dictadura comenzaba a invadir las calles de Buenos Aires, se repite aquello de Arcienagas: «siempre estudiantes conduciendo el verbo y el brazo de la emancipación.
Esa fue sangre de mártires de la reforma, de juventud que nosotros, los radicales, no la llamamos de derecha ni de izquierda, porque no caemos en el tremendo confusionismo que desvirtúa la palabra reforma, adjudicándole un color y una ubicación política extranjerizante de tipo marxista. La reforma es argentina, pero es auténticamente radical, y los radicales no estamos ni a la izquierda ni a la derecha: los radicales estamos con la esencias de la patria en plena exaltación espiritual. (¡Muy bien! ¡Muy bien!)
Sr. Gutiérrez (V. H. B.). — ¿Me permite una interrupción, señorita diputada?
Sra. Baigorria. — Con mucho gusto.
Sr. Gutiérrez (V. H. B.). — La señora diputada Baigorria se refirió a la misión de la reforma respecto de la universidad argentina y americana, según el pensamiento de Del Mazo. Quiero ratificar, por la profunda emoción que me producen sus palabras, que nosotros somos de una tierra nueva donde, precisamente, con sentido actual, el mismo maestro Del Mazo dio la concepción moderna de la universidad en su Mensaje a las cuatro provincias ■—Chaco, Misiones, Formosa y Corrientes— cuando se creaba la Universidad del Noroeste. Dijo que «la Universidad del Noroeste debe partir del hombre, del pueblo y de la tierra, tal como aquí se dan. Universidad moderna y típica, adaptada no solo por la naturaleza de sus estudios, sino por las particularidades de su implantación en varias ciudades. . . ». Y terminaba diciendo en aquel mensaje: «Debemos buscar la integración nacional en la libre personalidad de sus regiones, así como el ideal de la solidaridad americana -esta en la libre soberanía de sus naciones. Hay que construir el país con todos sus hombres, habilitando bases institucionales, culturales y económicas nuevas que entreguen a las provincias, a sus pueblos y a las regiones la realización de sus propios destinos dentro de la vida nacional solidaria.» Este es el concepto más moderno de la reforma. Muchas gracias.
Sra. Baigorria. — Continuo, señor presidente.
"Todos los que hemos pasado por las aulas universitarias sabemos bien que en ellas había predominio de camarillas. Así las llamábamos: «camarillas gobernantes». Había formas anquilosadas; alguna vez, quizá, hubo planes de estudio negadores de la realidad nacional Pero los que hemos salido de esas aulas, por cierta afinidad con principios o por inclinaciones naturales, tuvimos en ellas nuestra formación. No vamos a ser negadores absolutos, como parece serlo el señor diputado Domingorena, de la universidad del Estado. Nos dio ella la libertad de optar por lo que cada uno quiso, contribuyendo a formarnos y, admito también, en alguna faz quizá, a deformarnos. Pero no podemos negar que esa universidad nos dio, en cambio, un espíritu de lucha. Ansiábamos reformarla, porque sabíamos que había en ella formas caducas y viejas estructuras. Para eso llego al gobierno precisamente esta fuera revolucionaria que representamos. Debemos romper los viejos cánones y debemos realizar en el Estado democrático la integración nacional de la universidad.
Del Mazo explica esa integración nacional de la universidad de la siguiente manera: una universidad formada en primer término por su material humano, por los estudiantes, profesores y egresados. Pero —dice el maestro — esa universidad no seria completa por el hecho de dar junto con la formación científica la formación humanística que corresponde para elevar la jerarquía humana. Y aun, tampoco seria completa si en ella estuvieran representados todos los grupos sociales. La universidad lo será íntegramente en el sentido nacional cuando este al servicio del ser nacional.
Por eso, decía del Mazo, cada universitario tendrá que ser un combatiente y no podrá soslayar los problemas del mundo que lo rodea. No podrá soslayar los problemas nacionales y tendrá que ser un factor activo de la verdadera emancipación de la patria.
Esa será la reforma: esa integración nacional de la universidad argentina. Y debemos hacer la en nuestro joven país que no tiene substrato étnico definido. Porque no podemos engañarnos: en la Republica Argentina no existe substrato étnico ni existe tampoco una unidad espiritual. Sabemos perfectamente; que muchos hijos de extranjeros se sienten mas extranjeros que argentinos.
Por eso, no comparemos con los nuestros los sistemas educativos de Europa. No comparemos Francia o Inglaterra con la Argentina, porque el francés lo es incluso por atavismo y porque el ingles lo será en Inglaterra y en cualquier lugar del mundo. Y así lo serán sus hijos, sus nietos y todas las generaciones que les sigan.
Cuando el hombre argentino este así, impregnado de sus esencias, perfectamente plasmado, arraigado en el suelo, sintiendo la vibración de la tierra como algo telúrico y teniendo en su alma la concepción plena y absoluta de lo que es el ser nacional, entonces si podremos poner en un pie de igualdad a la universidad privada con la universidad estatal, con respecto a títulos. Entonces si ese hombre será indeformable y podrá venir el imperialismo a instalar sus grandes escuelas técnicas, porque en los corazones de la juventud argentina que vaya a esas grandes escuelas seguirá palpitando el ser nacional, que no habrá de matar ningún propósito extranjerizante.
En defensa de lo que es verdaderamente argentino es que temo a la desintegración espiritual del pueblo, porque si hay alguna integración que realmente vale la pena realizar y que es verdaderamente valiosa es la integración espiritual del pueblo argentino. (¡Muy bien! ¡Muy bien!) Eso es lo que debemos conquistar y eso es lo que conquistaremos por el camino de la educación y perfeccionaremos por el camino de la cultura.
Llegara entonces el momento de la universidad privada, porque con la liberalidad con que se da en Europa, por ejemplo, no queremos encerrarnos en ningún sectarismo. Dijo el señor diputado Uzal que habláramos sin obnubilarnos, sin dejarnos avasallar por sectarismos. Puedo decir que nunca nuestro cerebro estuvo más frío, pero que nunca nuestra pasión argentina estuvo tampoco más encendida; sin embargo, esa pasión no altera la fría lógica que nos lleva a hacer estas reflexiones.
Después de ese gran debate, después de esa gran ley universitaria de la que participaran todas las fuerzas y para la que pediremos la colaboración de todos los que estén interesados, con buena voluntad, en este gran problema, junto con la instauración de las universidades privadas llegara también la remoción de la universidad estatal, para que todo sea casi perfecto, porque no estamos llevando nuestro pensamiento hacia un terreno de abstracciones. Yo creo que estas cosas son sumamente complejas; pero que con voluntad sana, con tesón, con afán de perfeccionamiento, esto que ha escrito del Mazo, esto que es substancia de nuestra doctrina, esto que es principio esencial de nuestra vida radical, podrá ser realizado dentro del Estado democrático.
Los que luchamos por la reforma en anos duros, sin saber quizá definitivamente por que, pero con un afán revolucionario de juventud, nos afiliamos a los centros reformistas de las facultades donde estudiábamos. Después, egresados, seguimos militando en los colegios de graduados reformistas, ya con conciencia plena de lo que es la reforma en el sentido auténticamente nacional y de contenido popular Hoy, en esta hora de la patria, en esta hora de incertidumbre, de pasiones, de luchas, cuando tantas cosas se han descolocado, cuando tantos términos se han confundido, cuando, desgraciadamente, en lugar de fe parece haber escepticismo en muchos corazones jóvenes, estamos; de pie. Y así como nosotros hemos tenido grandes maestros, el primero de los cuales fue Yrigoyen y el segundo en este terreno fue Gabriel del Mazo, con toda modestia, los diputados reformistas aspiramos desde estas banca ser maestros de la juventud argentina a través de una conducta fiel a la doctrina.
Sepan que seguimos firmemente adheridos a esos principios que ostenta nuestra bandera radical intransigente. Sepan que habremos de luchar con pasión honda y sentida por los principios de la reforma, que somos respetuosísimos del principio de la libertad de enseñanza, pero que esa libertad, que tendrá su plena manifestación a través de la ley que habrá de sancionar este Congreso, hasta que ese ser nacional este integrado no habrá de poner en paridad de condiciones a la universidad nacional con las privadas en lo único que provoca disensiones: el titulo habilitante. Seguiremos luchando por esto aunque tengamos que luchar solos el compromiso que hemos contraído en el momento de enrolarnos en la militancia política
Sepa también la juventud argentina que ha llegado el momento de la construcción y que en esa construcción no pueden dejarnos en orfandad, porque restaurado el clima de paz y de trabajo empezaremos todos la gran marcha. Que no se derrame más la sangre de los estudiantes argentinos en las calles; que sean aquellos, episodios del pasado. Que cuando vuelva a escribirse la historia se diga con la honda emoción de siempre: la sangre de la juventud americana fue el brazo armado de la emancipación. Ahora, el vigor y la pujanza de la juventud estudiosa es también el brazo armado para la redención nacional.Llegaremos así por ese gran camino de la reforma a lo que fuera el sueño de Hipólito Yrigoyen: a la integración latinoamericana, a la fusión de los obreros y de los estudiantes, no demagógicamente, como quiso hacerse alguna vez, sino con absoluta compenetración de ideales, marchando por las rutas de America, para lograr esa autentica integración de las esencias americanas. No para enquistarnos en este suelo, sino para abrirnos generosamente a todo el mundo y para que ese mundo se vuelque a su vez hacia nosotros en un fraterno mensaje de humanidad. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos. Varios señores diputados rodean y felicitan a la oradora.)

























Fuente: "Debate de la Ley de Enseñanza Libre" (24 de septiembre de 1958)

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