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sábado, 21 de diciembre de 2013

Arturo Illia: "Mensaje en el Día de la Raza" (12 de octubre de 1964)

Compatriotas: Hay en el acontecimiento que recordamos hoy en día un denso contenido, inaprensible por el discurso y sobrante aun para la misma historia. Es que se trata de la hazaña de una nación, de una cultura, de una ciencia; pero también de la hazaña del hombre, de su fe y su coraje.
Indudablemente cierto que es una fecha universal porque señala el maravilloso hallazgo que para el mundo todo, constituyo el Nuevo Mundo. Pero para nosotros los americanos tienen, además el sentido imborrable y honroso de la maternidad española. Casi a quinientos años del acontecimiento, nuestra filiación, no obstante su aglutinación con los fuertes rasgos indígenas hallados por el descubrimiento y los aportes sobrevenidos desde otras procedencias, subsiste en la creencia común, en el mismo idioma y en la amistad fraternal que nos mantiene vinculados por encima de las tribulaciones e interferencias padecidas.
Que España recoja de este alborozado encuentro, que se lleva a cabo de frente a la estatua inmortal del almirante, nuestro cariñoso homenaje y el mas puro anhelo de cuidar “la inmensa heredad en que hoy florecen las naciones a las cuales ha dado, con la levadura de su sangre y con la armonía de su lengua, una herencia inmortal”, tal como lo ordena el decreto del presidente Yrigoyen.
Pero esta fecha de las fechas no se agota en el siempre debido homenaje a la Madre Patria. La Republica Argentina ---bien lo cantó Darío--- es la hazaña de muchas gentes de muchos orígenes que al amparo de nuestra Constitución acudieron a la magna empresa de edificar un país. Ellas no lo sabían: eran en su mayoría gentes humildes, pequeñas, laboriosas, sufridas, empeñadas en la búsqueda de lo que el solar nativo les había negado: igualdad y oportunidad, paz y trabajo.
¡Es que no hay sangre, no hay raza, no hay religión que no haya tenido lugar en nuestro suelo! Nadie se agravie por ello; nadie sienta lesionado la pureza de la sangre criolla, nadie sostenga que el país no puede amalgamar a tanta gente diversa ¡Si puede! ¡Nuestra Republica ostenta un claro perfil nacional! Nuestra diversidad es nuestra mayor riqueza.
Contemplados por esa historia y por tantos buenos amigos que nos acompañan esta tarde, hablemos limpiamente del presente argentino.
Dios ha dado a nuestra patria todo cuanto es necesario para que ella, sus hijos y quienes quieran habitarla sean felices. Tierras aptas para cualquier clase de cultivo, climas apacibles, minerales, recursos energéticos inconmensurables, maderas, ríos litoral marítimo. Ni la más estricta división internacional del trabajo podría desconocer a nuestro país la máxima posibilidad de una economía agraria e industria de considerable magnitud.
Por otra parte constituimos un pueblo sano, creyente con probadas condiciones para asimilar los valores de la cultura y aplicar los conocimientos técnicos. Ninguna de las corrientes materialistas que se han ventilado en el mundo ha podido erosionar la formación espiritual de nuestra nacionalidad. Indudablemente es cierto para nosotros lo que un filosofo español señala como algo que esta ocurriendo en el mundo de que “el hombre vuelve sentirse en la posibilidad de vivir instalado a la vez en su tiempo y en la fe religiosa.
Sin embargo nos encontramos con que nuestro sistema político ha venido siendo objeto de alteraciones por unos y recriminaciones por otros.
Esa lucha ha esterilizado la extraordinaria posibilidad creadora del país. Y con ello se han acumulado decepciones, desconfianzas y necesidades.  Por eso es que desde diversos sectores llegan quejas, reclamos y petitorios casi siempre justificados.
Pero debemos empezar a comprender que la felicidad que los pueblos han conocido no ha sido tanto por haber obtenido lo que deseaban como por haberse decidido a conseguirlo con la confianza de lograrlo. Es la lucha con fe lo que hace dichoso al ciudadano y al país. Es la lucha con fe que hace que el soldado se sacrifique por su patria, es la lucha con fe que hace que el obrero sienta satisfacción cuando se da cuenta que su esfuerzo está logrando realizar la obra en que empeñado.
Lo que el país necesita no lo vamos a encontrar afuera ni esperándolo de un milagro, ni de la acción de uno o de unos pocos. Lo vamos a encontrar en cada uno de nosotros, porque lo que nos hace falta únicamente es confianza y responsabilidad en cada cual.
En tal sentido, el ciudadano debe comprender que el esta contenido en la Nación y que no podrá ser libre si ella no es libre ni podrá lograr justicia si ella no cuenta con los medios para darla. Es inútil; solo cabe pensar con patriotismo.
Estamos dispuestos a corregir toda injusta o inconveniente distribución de la riqueza. En nuestra larga lucha nadie nos conoció defendiendo al privilegio. La ganancia no puede ser incompatible con el salario justo.
La mejor distribución de los ingresos se logra cuando es mejor la producción de bienes y servicios. Así como es evidente que no puede haber producción si no hay consumo, no puede haber consumo si no hay producción.
Hemos recibido el encargo de una democracia. Y digo el encargo porque una democracia no consiste solamente con tener Constitución y leyes democráticas, sino en tener comportamiento democrático.
La democracia es una comunidad de cooperación. A diferencia de un régimen de fuerza, donde aquella es impuesta o controlada directamente en la democracia depende en gran medida de la conducta de cada ciudadano. En efecto, tanto daño puede causar el abuso del poder por el gobierno como el abuso del derecho por el ciudadano.
El gobierno ha procurado en todo sentido actuar democráticamente. No ha abusado de ningún poder: ha garantizado a todos los ciudadanos los derechos que la Constitución establece. Ha excluido de sus métodos todo tipo de persecución política.
Pretende superar toda suerte de extremismos y de enfrentamientos estériles y perturbadores. La democracia permite y requiere la existencia de opiniones dispares, pero todos en unión de miras y conformadas al orden constitucional. La democracia solo vive en paz y armonía.
El gobierno cuenta con todas las facultades constitucionales y los medios de poder para gobernar. Pero fundamentalmente, cuenta el gobierno con la dignidad para no permitir que nadie lo reemplace en el cumplimiento de sus deberes.
Por su deber de comprensión el gobierno tiene paciencia para tolerar, pero no tiene debilidad para ceder. Seria mucho más fácil mandar que persuadir, pero estamos convencidos de que lo que se hace solo por obediencia o temor se olvida más pronto que lo que se hace por convencimiento.
Estamos resueltamente luchando para la paz entre los argentinos y contra el miedo entre los argentinos. Queremos hacer una democracia para todos y con todos, pero todos tienen que contribuir a hacer la democracia. A nadie le es dable el derecho de destruir la libertad que otros están afirmando respetuosamente. Si algo puede prometer el gobierno con solemnidad y seguridad es que a nadie permitiremos destruir la democracia ni a nadie  dejaremos llevar el propósito de dividir a los argentinos.
No se trata de hacer creer en falsas ilusiones, ni de realizar proclamaciones de consentimientos demagógicos. Se trata de un llamado directo de hermano a hermano a compartir la responsabilidad que se amasa en la forja concreta de la lucha diaria, donde nadie tiene derecho a enjuagarse las manos ni a retirarse a la montaña y corriendo todo el riesgo, inseparable de la acción creadora y destruir el nihilismo o el cinismo que humilla a los seres humanos.
Tampoco se trata de un predicado a la resignación ni a la conformidad con las condiciones de todo orden en que vive el pueblo. Lejos de querer detener, estamos siempre decididos a impulsar el proceso argentino de permanente progreso. Siempre inspirados en la visión de perfectibilidad nutrida por el cristianismo, estamos en la evolución y en la revolución creadora.
Digamos, en fin que el mundo necesita de América, de su fe, de su unidad, de su vocación por la libertad y la justicia. América es un continente sin prevenciones.  No tiene rencores retroactivos ni xenofobias actuales.
No envidia la grandeza de nadie.
Quiere solamente que haga justicia y la espera con confianza. Por eso mismo, América constituye una vasta zona de reconciliación de la humanidad. Sin perder su integración regional, debe estar siempre ligada a su visión ecuménica. Y América, integra el mundo, no es el mundo.En este 12 de octubre de 1964, a orillas del río de la Plata, que según la crónica, Américo Vespucio llamara el río Jordan, los argentinos nos sentimos dichosos junto a los descendientes de todos los pueblos del mundo festejando el día de nuestra raza, que se une a todas las razas del universo para luchar por una humanidad pacificada, liberada para libertad y la justicia.















Fuente: "Discurso del Señor Pte. de la  República Dr. Arturo Umberto Illia en plaza Colón de la Capital Federal con motivo del Día de la Raza" (12 de octubre de 1964) 

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