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lunes, 11 de noviembre de 2013

Raúl Alfonsín: "Homenaje al Dr. Ricardo Balbín" (9 de septiembre de 1984)

"Venimos a encontrarnos con nuestros muertos; con nuestros magníficos muertos; no porque ellos lo necesiten; no porque ellos precisen de nuestros homenajes; venimos porque nosotros los necesitamos. Somos nosotros los que sentimos la imperiosa necesidad de acercarnos a ellos para que nos muestren el derrotero a seguir; porque los muertos han dejado consignas y esas consignas deben hacerse realidad en el país para ventura de la Republica." 

Hace casi dos décadas que Ricardo Balbín dijo estas conmovedoras y luminosas palabras al honrar la memoria del doctor Honorio Pueyrredón. Yo las cito ahora al cumplirse tres años de su muerte, porque es cierto y muy cierto que nuestros magníficos muertos no necesitan de nosotros: nosotros necesitamos de ellos; nosotros necesitamos de Balbín. Por eso estamos aquí, para que nos muestre el derrotero a seguir, para renovar nuestra fe con sus consignas de libertad y de paz, de justicia y de solidaridad: esos valores por los cuales bregó durante mas de medio siglo; para expresarle también que trabajamos con todos los argentinos en la maravillosa empresa de hacer realidad esas consignas de lograr y afianzar la ventura de la Republica. No son tiempos felices y lo sabe Balbín que no abandonara nunca este mundo.

Pero ¿que tiempos han sido fáciles?, ¿que tiempos han sido fáciles para la democracia? Yo lo estoy viendo, no por haberlo visto claro, sino porque me acuerdo de su relato.

Lo estoy viendo llegar una mañana de abril de 1932 a una casa de Lomas del Mirador en el partido de La Matanza; un año antes lo habían elegido diputado provincial, en aquellos comicios que anulo la dictadura que los convocara al advertir que el pueblo, ese pueblo tan despreciado por ella, volvía por sus fueros, por sus derechos, por sus bienes, por la democracia. Ahí en la casa de Lomas del Mirador están los veinte senadores provinciales del radicalismo, constituyendo el Senado de la única legislatura legitima, dicen, frente a la legislatura ilegal que se ha reunido en esta ciudad de La Plata, y que ha emanado por la abstención radical del treinta y cinco por ciento apenas de la ciudadanía y, es obvio, bajo el fraude y la violencia; y después el y los otros treinta diputados provinciales del radicalismo designados por el voto popular en los , gloriosos comicios del 5 de abril del 31 constituyen la Cámara de Diputados, nombrándolo secretario junto Crisologo Larralde. Era un muchacho entonces, pero ya era también un luchador decidido, un defensor de la democracia. Por eso vivió aquella mañana, aquella mañana del treinta y dos en, la casa de Lomas del Mirador como algo mas que un acto solemne y debido al pueblo; como algo mas que una quijotada de la que se burlaron los antiquijotes que habían puesto el país a su servicio para expoliarlo desde la cima del poder. Balbín y los radicales que lo acompañaban vivieron aquel momento, aquel acto, aquella quijotada como un desafío lanzado a los mandones a los autoritarios a los violentos. El desafío de presentar batalla cívica, política, moral batalla de ideas cada vez que la Argentina fuese escarnecida por el oscurantismo: cada vez que la Argentina dejara de serlo; cada vez que la Argentina dejase de ser lo que tenia que ser, lo que quisieron sus fundadores, los que queremos quienes la amamos, una Argentina libre soberana, equitativa, independiente, patrimonio de todos los argentinos.

Y también vigilia y destino de todos los argentinos, vinculo indisoluble de todos los argentinos.
Así fue Balbín así que y así es. Por el y por su obra el partido al que entregó sus días sin regatear horas, su voluntad, su esfuerzo y su espíritu indomable.

En otras elecciones, en el año 1942, obtuvo un nuevo mandato de diputado provincial, pero lo renuncio enseguida como prometiera hacerlo si los comicios resultaban una farsa mas, un ataque mas.

Entro en 1946 a la Cámara de Diputados de la Nación, de donde lo expulsaron tres años mas tarde. No lo echaron de la Cámara, ni lo encarcelaron, ni le dieron cinco años de prisión, ni lo enlodaron diarios y radios por haberse sustraído a sus deberes y derechos de ciudadano y legislador democrático sino por haber satisfecho largamente esos deberes y por haber ejercido sin desmedro esos derechos.
La historia siguió adelante en otras nuevas tormentas.

Yo no he venido a contar esa historia pero si a recordar que Balbín protagonista de esa historia anduvo el país entero se movilizó una y otra vez, actuó sin descanso para evitar las tormentas y las calamidades para afirmar la constitución que es la patria viviente la patria tangible, la patria verdadera, la única patria de los argentinos.

Tuve el honor y la fortuna de marchar junto a él por aquellos caminos, por aquellos derroteros a los que aludía en su homenaje a Honorio Pueyrredón.

Confirme entonces en esos años de política lo que ya sabia y esa confirmación por venir de él era además un altísimo ejemplo una comprobación fructífera, un testimonio imperecedero. Confirme que si los electores nos llevan al poder nos debemos a ellos pero también a quienes no nos votaron y que si nuestros conciudadanos no nos otorgan el mandato que les solicitamos también hemos de seguir velando por ellos sin abjurar de la democracia como hicieron tantos compatriotas.

Confirme que la libertad política no es un fin en si misma, un hecho autónomo, sino un elemento indisociable de la justicia social. Confirme que el desenvolvimiento económico sin libertad política ni justicia social es una nueva forma de la esclavitud. Confirme que la autodeterminación del pueblo esta en la base misma de la condición humana.

Confirme que el respeto entre las naciones y la igualdad de las naciones esta en la base de la paz mundial; esa paz siempre amenazada por pretensiones hegemónicas, esa paz que también viene de la imprescindible concordia interna de cada una do las naciones. Confirme, en suma que no hay civilización autentica si no esplende la dignidad humana y confirme también que las disidencias y la expresión de las disidencias son propias de la dignidad humana, de la democracia y de los partidos democráticos. A Balbín le debemos el haber fortalecido en la UCR continuando el empeño de los fundadores la expresión de distintas ideas porque el libre debate de ellas propende a la unidad no a la disolución o al divisionismo.

No lo arredraron a Balbín. Como iban a arredrarlo las vicisitudes de la política, porque la política era para él lo único que debe y puede ser un servicio civil por excelencia; la devoción por la patria entendida como una empresa común para todos sus hijos.

Perdió en 1951 y no desertó de la trinchera. Perdió en 1958 y se mantuvo en su puesto, porque nunca tomo una derrota en las urnas como una ofensa, pues en las urnas no hay derrotas particulares si se ha sufragado en plenitud; hay una victoria general, un triunfo de la convivencia y de la democracia.
Derrocado el gobierno en 1962, fue el primero en salir a buscar la reunión de partidos y las fuerzas sociales y económicas para que se encontraran los comunes denominadores capaces do sacar a la Argentina del nuevo atolladero.

La asamblea de la civilidad tuvo en el su inspirador y su artífice. Los grandes hombres pagan alto precio por sus virtudes. Se olvidaron de tan magna obra para inventar que había dado un paso atrás en la candidatura radical del 63 porque no creía en la realización de las elecciones prometidas por el régimen y porque en caso de haberlas no avizoraba el triunfo del radicalismo.

Nadie le pregunto por que se habla desvelado entonces para alcanzar las coincidencias de la asamblea de la civilidad, porque movió cielo y tierra para que se celebraran los comicios; y nadie se detuvo a pensar que apenas convocadas las elecciones renuncio a toda candidatura. Sin duda le interesaba la victoria de su partido, pero le interesaba mucho más la victoria de las instituciones. Balbín procuro siempre la victoria de las instituciones. Eso fue lo que hizo cuando asumió el gobierno Arturo Illia en 1963,

Pero no todos los argentinos oyeron su predica, ni la de don Arturo; ni todos los argentinos respondieron al llamado que en aquel año formula la UCR practicando una democracia nueva. Otra vez se impuso el desastre de junio de 1966. Otra vez reemprendió Balbín la búsqueda de coincidencias; la recuperación de las libertades y los derechos suprimidos sin fatiga ni desanimo, con pasión y energía. Y así llego a la "hora del pueblo" y después al dialogo con el general Perón que le fue reprochado como si el buscara dividendos. Balbín, que nunca pretendió más dividendos que el bienestar de su pueblo. Pero en 1976 caía otro gobierno.

Había hablado una semana antes del golpe invitando a sus compatriotas a fusionarse para salvar el sistema constitucional. Lo hizo con su modestia habitual, con tanta modestia que enuncio las soluciones a la crisis, como un ciudadano mas, no como un Salvador iluminado. No se lo perdonaron las minorías, esas minorías que usufructuaron el Estado y el trabajo del pueblo y que perturbaron y perturban la unión nacional. Para ellas no tenia soluciones. Ellos si las tenían, y así nos fue a los argentinos en la larga noche despótica inaugurada en 1976.

Pero en esa larga noche despótica tornó don Ricardo de nuevo al combate por el restablecimiento de la soberanía popular y la ley; a la batalla contra la ignominia económica y la opresión social; a la defensa de la vida contra los secuaces de la muerte y por tercera vez en menos de 20 años, logró darnos a los argentinos con la Multipartidaria una herramienta para la unidad, un centro de convergencia para la reconquista en común del orden democrático. Fue su ultimo servicio a la patria y al radicalismo; un servicio que le agradecieron decenas y decenas de miles de argentinos sin distinción de colores políticos acompañándolo dolidos pero íntegros hasta la tumba el 11 de septiembre de 1981 cuando aun nos faltaba conocer el amargo sabor de la guerra de las Malvinas. Aquel último servicio rindió sus frutos hace un año, el 30 de octubre de 1983.

A Balbín lo hubiera gustado estar presente en aquella victoria del pueblo; pero todos sabemos que estuvo presente; porque esa victoria fue inocultablemente suya, y no solo porque obtuvo la mayoría nuestro partido.

Si, Balbín triunfó el 30 de octubre de 1983 porque triunfaron sus conciudadanos, sus ideales, porque triunfaron sus deseos, porque triunfaron los grandes valores de la libertad y la justicia social, porque triunfó la democracia, porque triunfó la unión nacional.

Balbín no ignora nada de eso y quizás sonríe con esa sonrisa bondadosa con una pizca de suficiencia al escucharme decir lo que el bien sabe.

Pero no esta de mas proclamarlo, no esta de mas asegurarle que mantenemos en alto sus banderas que son de las mayorías y que mantendremos en alto sin declinarlas jamás.

Empecé con una cita suya y debo terminar con otra que hiciera en momentos de aguda crisis, cuando dijo que "si no vencemos esta instancia es porque seremos ineptos todos". Hay una voluntad nacional, una fuerza nacional, un pueblo y cada vez que uno se aproxima a los amigos porque son los amigos de siempre también se acerca uno a los adversarios que fueron los adversarios de siempre, y no los dice que piensan en lo económico, ni que piensan de la apertura de los mercados en el mundo, sino que le preguntan si podemos vivir en paz los argentinos. Podemos gracias a Balbín que nos regale su vida como ejemplo.
























Fuente: Discurso del Sr. Pte. de la Nación Raúl Ricardo Alfonsín en el acto homenaje al Dr. Ricardo Balbín en la Ciudad de la Plata, 9 de septiembre de 1984.

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