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miércoles, 6 de noviembre de 2013

Crisólogo Larralde: "No soy golpista" (23 de julio de 1959)

En el discurso que pronunció los otros días aquí en Santa Fe. Ud. Dijo con énfasis que no era golpista.
No soy golpista, según esta expresión de origen comunista.

¿Por qué lo expreso ante sus correligionarios? ¿Había necesidad de una definición entre ustedes?
De ninguna manera. El radicalismo es una fuerza democrática en consecuencia antigolpista.

Supusimos que había una abierta definición personal.
Soy antigolpista. Así se lo exprese a Vitolo cuando sin medias tintas, le manifesté que era necesaria la renuncia del presidente.

¿De Frondizi?...
De Frondizi.

¿Dejar acéfalo el gobierno no es golpismo?
Lo mismo me manifestó Vitolo. El gran golpista que tiene el país para nosotros es el propio presidente de la República.
La renuncia del vicepresidente fue un golpe de estado. El viraje total hacia las concepciones económicas conservadoras, efectivizadas sin tapujos con la llegada de Alsogaray a la función gubernativa, ha sido otro golpe de estado. Y todo ese confuso panorama de las fuerzas armadas, asimismo, lo han originado reiterados golpes emanados desde la Presidencia de la República. El país sucesivamente ha venido soportando asonadas contra el espíritu político que lo alienta, contra el orden institucional y económico ¿no es así?

¿Y una vez sin presidente?
Pues los tiempos son extremadamente dificultosos para el país, y se ha de requerir de la coalición nacional. Una vez en el gobierno, los militares no deberán llamar a elecciones hasta que los partidos políticos concreten su acuerdo en los candidatos que la ciudadanía ha de autorizar posteriormente para el ejercicio del gobierno. Son tiempos para las coincidencias democráticas.

¿Qué nos puede decir acerca del futuro del radicalismo del Pueblo?
Lo presiento brillante a condición de que se mantenga unido y establezca una firme e inequívoca línea de acción en servicio de lo popular. A mediados de agosto se constituirá el nuevo Comité Nacional y estará a cargo de sus nuevas autoridades la tarea de orientación y de lucha.

¿Qué nos puede decir acerca de la orientación económica de este gobierno?
Recién acabo de expresar que el radicalismo andará bien a condición de servir con devoción los intereses de todo el pueblo. Servirlos es trabajar por la estructuración de una economía al servicio del hombre a cambio de la regimentación de la clase trabajadora para alentar una economía al servicio de las empresas y de sus titulares.
Muy a menudo escucho las preocupaciones de hombres pertenecientes a los sectores sociales pudientes, acerca de la notoria infiltración de ideas calificadas como de izquierda en los gremios, en la universidad y en los cuadros administrativos o de función pública. Naturalmente a estos hombres alarmados no se les ocurre combatir las causas de estos procesos políticos suprimiendo de raíz la injusticia económica, las penurias sociales.

¿Puede afirmarse que para usted el comunismo no constituye un peligro?
Para mí, el comunismo es una fuerza de derecha profundamente conservadora. Los gobiernos constituidos por el, en cuanto han liquidado al individuo, sus derechos y sus libertades, en cuanto han abolido la libertad de acción sindical y han dirigido todas absolutamente todas las actividades del hombre a la creación y sustentamiento de un partido monolítico y único, han realizado el Estado ideal de los conservadores mas cavernarios. La supresión de la propiedad privada ni es un hecho revolucionario ni la estatización de las actividades agrarias e industriales constituye un ideal para la clase trabajadora dispuesta a luchar por si misma. Máxime cuando esta política se corona como la supresión de las libertades humanas. No hablar, no publicar, no deliberar, no reunirse, como no sea para servir a los designios del Estado totalitario.

¿Qué nos puede decir de los planes enunciados por el señor Alsogaray?
El nuevo ministro ha pedido un plazo de dos o tres meses para ofrecer resultados concretos y fructuosos.
Con todo gusto yo acuerdo ese plazo y si fuera menester uno mayor. Pero creo que al cabo de tres o de seis meses estaremos en lo mismo. Lo creo así porque sus primeras recetas, fundadas en la colaboración de los almaceneros minoristas, no tienen la profundidad ni el alcance necesario para cubrir el déficit de mantenimiento de cada hogar. Vender al costo, cuando el costo aumenta semana tras semana es forzar al pueblo a pagar precios mayores aun cuando el almacenero no gane un centavo. Por otra parte no me explico como el pequeño comerciante o el mayorista, podrán vender al costo cuando las tarifas eléctricas y telefónicas se han multiplicado como los impuestos municipales, provinciales y nacionales, dos, tres o cuatro veces; cuando debe aumentar el sueldo de su personal, sostener su propia familia, realizar su ganancia –ideal remoto– y se encuentra en dificultades cada vez mayores para obtener créditos bancarios o de sus proveedores.

¿Y la receta para emplear sus términos, señor Larralde, de trabajar en otros empleos o en changas para pasarlo como mejor se pueda?
Tengo experiencia personal. Yo he sido hombre de trabajar en dos medios diferentes para poder vivir. Uno de ellos era el periodístico en la época famosa en que nuestras retribuciones eran para el café con leche. Actualmente un hermano mío, obrero gráfico, tiene dos tareas a cumplir para sostener su familia. Y las tiene desde mucho que el señor Alsogaray diera su consejo.

¿Soluciones?
Esta es la pregunta que exhibe el drama en toda su dimensión. Yo admito que existe una crisis económica, pero también la crisis alcanza a todo lo que no es económico estrictamente hablando.
No se cree en el gobierno y quienes no creen son, precisamente y en primer termino, los contingentes ciudadanos que actuando como electores llevaron al actual presidente a la Casa de Gobierno.
De nosotros no se hable.
Para afirmar una política de sacrificio, que nos lleva a admitir la desocupación como un mal inevitable que nos lleve a admitir la desocupación como un mal inevitable debe el país despojarse de sus sentimientos humanos y de solidaridad entre todas las clases sociales. Nadie aceptara que una parte de los argentinos quede desprovista de sus medios de vida o tan malamente desprovista que la perspectiva de hambre sea una seguridad desde este mismo instante.

¿Qué pueden hacer los partidos políticos?
Considero pertinente esta pregunta. Pero los partidos políticos tienen muy poca cosa que hacer en las actuales circunstancias. Opino que una de las causas del desconcierto actual esta en la falta de representación de los partidos en el gobierno en las legislaturas y en el Congreso de la Nación.
Pienso que debemos ir a la reforma de la ley electoral y asegurar la representación proporcional. No debe quedar fuera de los cuerpos colegiados la mayor parte, por no decir casi la totalidad de los agrupamientos políticos. Creo que todas las formas del pensamiento social y económico deben tener su representación, la oportunidad de expresarse, exponer sus ideas, ofrecerlas par el mejor gobierno de la colectividad y convertirse en fuerzas de sustentación del orden constitucional. Y esta es solamente una parte de mi pensamiento ciudadano.
Debe saberse que en la actualidad he dejado de ser el presidente del Comité Nacional por expiración del plazo de mi mandato. Permanezco no obstante en la función para convocar la reunión próxima de los delegados nacionales y entregar el organismo a sus nuevas autoridades.




                                                                                                






Fuente: Diario El Litoral (23 de julio de 1959)


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