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viernes, 23 de agosto de 2013

Fernando de la Rúa: "Illia un gobierno coherente" (1992)

Para el país, que venia de grandes convulsiones, la figura de Arturo Umberto Illia surgió como una esperanza. La campaña electoral se hizo bajo esta consigna: «Déle una mano a Illia.-. Y en la imagen del limpio gesto el pueblo sentía que un hombre honrado venia a darle su mano. Eran, en efecto, tiempos difíciles. En 1955 era derrocado Perón. En 1962, Frondizi. Al cabo de un complicado proceso electoral en que fue vetada la formula Solano Lima-Sylvestre Begnis y retiro su candidatura Raúl Matera, triunfo la formula radical Illia-Perette. Segundo resulto Oscar Alende, y tercero Pedro Eugenio Aramburu en la suma de sus dos formulas, una con Thedy, la otra con Etchevere. En el Colegio Electoral, Illia alcanzó la mayoría absoluta y se preparo a gobernar un país donde la actuación política de las Fuerzas Armadas había sido protagónica, aunque parecían encaminarse a un nuevo profesionalismo encarnado por Juan Carlos Ongania. Por otra parte, el peronismo, todavía proscripto, pugnaba por recuperar presencia institucional.
Illia quiso un gobierno coherente antes que un gobierno de coalición. Nombro un gabinete todo de extracción radical. Los nombres de sus ministros, por el prestigio con que se proyectaron al juicio histórico, resumen la jerarquía de aquel gobierno.
Esa mañana del 12 de octubre de 1963 dos vehículos militares llegaron al hotel Savoy para trasladar desde allí hasta el Congreso a los mandatarios electos,Illia en uno, acompañado por el general Ongania y el almirante Benigno Varela, y Perette en el otro, junto con el brigadier Conrado Armanini. Ese día a las 10:45 presto juramento como presidente constitucional de la Nación. Recuerdo de ese acto solemne cuando en su mensaje anuncio el comienzo de «una nueva etapa (...) Si nos esforzamos en formar una conciencia nacional, con justo sentido moral, no nos desesperaremos nunca ni nos agotar cualquier encarnizada adversidad.» Su vocación democrática, su pensamiento humanista y su sentido moral darían el perfil de su gobierno.
Arregló la deuda externa, elevo como nadie antes el presupuesto educativo, logró la resolución 2065 de Naciones Unidas sobre las Malvinas y dejó encaminado el Concordato con la Santa Sede. Dio al país el Plan Nacional de Desarrollo, que ha sido el principal programa orgánico de nuestros tiempos, frustrado por el golpe de 1966.
Ricardo Balbín, su amigo de siempre, que impulso su candidatura y anunció su triunfo en la campaña, no ocupo ningún cargo. Quedó al cuidado de la UCR. Partido y gobierno tuvieron que afrontar la más despiadada campaña opositora.
Horas funestas se avecinaban para la Republica. Atraso económico, aparición de la violencia. Habría que volver a insistir en que la democracia es nuestro destino histórico. Arturo Illia ha dejado la ejemplaridad de su conducta como paradigma para servirla.























Fuente: Historia de la Argentina "El Retorno a la Constitución", Editorial Hyspamerica.

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