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miércoles, 3 de julio de 2013

Ricardo Balbín: "Yrigoyen sigue triunfando desde la historia" (1965)

Yrigoyen sigue triunfando desde la historia. Su larga lucha esplende cada vez más en la grandeza de sus objetivos y en la fuerza moral que el animó.

Vive su muerte, de la misma manera que murió su vida. Esta fue erguida presencia de limpia civilidad, al lado del pueblo, reclaman- dolo presente en el proceso de construcción del destino nacional, lección permanente y constante que no hay que olvidar cada vez que quiera presentarse al país un ejemplo de conducta.

Para el hombre del llano es reclamo permanente de justicia y de legalidad. Al poder que niega la democracia, que no deja elegir, lo enfrenta sin cansancios y sin miedo. Busca por el camino de la revolución, el sufragio; sacude en la rebelión las caducas estructuras del régimen y no hay sacrificio que no haga.

Cuando su esfuerzo triunfa, dice que su lucha no fue para ser gobernante; pero tiene que serlo, porque así lo impone la voluntad popular que había encontrado su líder leal y puro.

Entonces se pone a hacer y demuestra que el político es más que definición: es acción. Arde en la pasión de recuperar los tiempos perdidos; inaugura en el país la justicia social; el sufragio cobra la jerarquía anhelada y la soberanía popular impera.

Acento distinto y tónica nueva le dan al país la dinámica creadora que es posible cuando el pueblo actúa, cuando no se le margina, cuando vive en la libertad, cuando puede pensar y decir, cuando puede trabajar.

Todo es distinto en la Nación. Las fuerzas negadoras del sufragio se asombran: han empezado a comprender pero, claro, no han de sentir el espíritu ni el mensaje de la hora.

Yrigoyen desplaza al núcleo del privilegio y arrolla al poder de la fuerza para ofrecer el vigor de la justicia, la vigencia de los derechos y la plenitud de las garantías constitucionales.

El hombre ya no esta marginado, es protagonista vigoroso de la historia, se exhibe alto en la escena, piensa, trabaja y decide: no es el ausente de antes sino el autentico realizador del momento.

Yrigoyen esta cumpliendo con las postulaciones de su larga lucha. Los acostumbrados a prometer y que nunca habían cumplido, se encuentran con que se ha quebrado la antigua norma del engaño y entonces cierran filas para cavar los cimientos de la construcción en marcha, en procura de la recuperación de los privilegios perdidos. Y vendrá lo que la nación conoce. Y lo que es más, lo que el pueblo ha padecido.

Una generación que sintió en el instante de la quiebra institucional el fervor que el redo caudillo había puesto en la lucha, para alcanzar las metas postergadas; recogió sus banderas y reinicio sin cansancios y con fe la pelea por la reconquista.

A esa generación pertenece Silvano Santander, que cumple ahora el antiguo deseo de publicar un libro sobre Hipólito Yrigoyen. Aquí está. Avatares diversos fueron prorrogando la fecha de su satisfacción, todo eso que el país ha vivido y sufrido, que no dejo tiempo para las meditaciones, que unas veces fue cárcel y otras exilio, y siempre vigilia acuciada de zozobras y ansiedades.

El quería situarlo a Yrigoyen en la realidad, tal como era, como lo conoció, como lo vio, en sus virtudes y en sus sentimientos, en su obra, en su pasión argentina de progreso, en sus hechos democráticos, en sus hondas preocupaciones;, en su sensibilidad, y en su visión histórica, condición esencial del hombre político que el gran caudillo tuvo como pocos.

No entra pues en la alabanza exagerada. Aporta hechos, exhibe la gravitación del gran líder, del hombre que une sus postulaciones del llano con la realidad del gobierno; que siente y defiende el destino del hombre, que busca compartir con el la responsabilidad del quehacer.

Como por sobre todas las cosas, Silvano Santander es periodista, hace síntesis y narra bien. Por eso, en algunos pasajes de este libro, logra una emoción que fluye limpia y ubica a Yrigoyen en la grandeza de sus sentimientos y en la preocupación del país. El espíritu de su tiempo aparece sin deformaciones y el mensaje a la generación que habrá de recoger sus banderas, tiene vibración de proclama.

El libro, construido dentro de la línea de su tradición polémica, por cuanto Santander, siempre combatiente, no puede eludir de ningún modo la fluencia de su fervor democrático de todas las horas, es tan justo homenaje a quien tanto hizo por Argentina. En largos días densos de acontecimientos plenos de angustia en la Republica, que fueron la  consecuencia de la quiebra institucional de 1930, ha ido el autor viviendo, pensando y haciendo sus páginas. Viviéndolas sobre todos; par eso han surgido así, con vibración de acontecimiento.

Ricardo Balbín






















Fuente: Ricardo Balbín Prólogo "Yrigoyen" de Silvano Santander, 1965.

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