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viernes, 5 de julio de 2013

Luis León: "Debate de Derogación de Autoamnistía" (22 de diciembre de 1983)


Sr. Presidente. — Tiene la palabra el señor senador por el Chaco.
Sr. León, — Señor presidente: seguramente el Senado de la Nación esta enfocando una de las razones morales mas importantes para justificar su existencia.
Yo no era senador cuando leí el texto de esta ley; era un ciudadano argentino que creía en una nación que, con la aplicación de esta disposición, desaparecía definitivamente.
Todos los argentinos alguna vez tuvimos la creencia de que éramos una nación, que teníamos estabilidad, conciencia nacional y una ideo logia que nos hacia solidarios. Nunca pensamos que podíamos llegar a ser una tribu en una selva. Pensábamos que nuestra Constitución era para siempre y que nuestro prestigio exterior estaría custodiado por nuestra propia presencia interior, un día, como un relámpago infernal, aparecieron en nombre de la fuerza, siempre infecunda, una especie de dioses de la Acrópolis que representaban todas las perversiones. Entonces, aquella nación que nosotros habíamos sonado y aquel país que queríamos custodiar se nos escapó, cayó la república y se desintegró nuestra solidaridad.
¿Quien de nosotros hubiera pensado alguna vez que un comandante podía designar al presidente de la Nación? Así la inmoralidad fue creciendo. En 1930 fueron el presidente provisional y los interventores federales, luego, como esas fieras que se van acostumbrando al festín, se deformó cada vez mas el mandato de nuestras costumbres políticas y republicanas y, finalmente, la fuerza se apropio del poder del pueblo.
Esta verticalidad de los mandos destruyó las estructuras de nuestra sociedad, y por ende el país entro en una etapa de crisis total.
Esta ley que vamos a derogar y que no necesita ya mas comentarios —por eso voy a tratar de ser muy breve en mi exposición—, constituye tal vez el ultimo acto de la farsa más grosera de todas las deformaciones de la historia de nuestro tiempo, y quizá esta derogación sea la encargada de dar vuelta la pagina.
Existe una historia sucia, mezquina, perversa y saturada de miedo que tenemos que dejar atrás con la votación que realizará el Senado de la Nación. Pero hay un sentido moral que tiene que empalmarse con la ética que exige la sociedad de nuestro tiempo y nuestra presencia, porque hay una escala de valores argentinos que obliga a que todo representante del pueblo, con los matices de su propio pensamiento expresados aquí talentosamente por todos los bloques, custodie esta axiología: somos una democracia que tiene que vivir éticamente y nuestras fuerzas armadas deben comprender que no están para custodiar el rabo de una oligarquía miserable e insaciable sino para resguardar el derecho y la libertad de los argentinos.
La ley que vamos a sancionar tiene ese sentido ético. La Argentina tiene que salir de sus miedos. Los señores senadores Menem y de la Rua hablaron de la noche de la dictadura y yo quiero decir que tal vez esta sanción signifique que no podemos escapar del espíritu de Poncio Pilatos Pilatos era un juez correcto, noble e inteligente. Un día tomó una moneda y sobre ella dio un fallo perverso, en función de su decadencia ética. Otro día tuvo miedo, y sin darse cuenta condenó a Jesucristo mientras ponía en libertad al ladrón. La ley que queremos derogar es algo parecido: ellos tomaron las monedas y, en el plano de su decadencia para custodiarlas, agregaron más dependencia a la patria ya declinante de los argentinos. Hasta hubo una rendición incondicional, y otro día también tuvieron miedo y entonces trataron de escapar como los ladrones, dejando enterrada la conciencia ética, moral, liberadora, honorable, decente y docente de Jesucristo,
El señor senador Brasesco dijo en su brillante discurso que quería votar con una idea casi intima. A mí, mi propia intimidad me obliga a decir que muy pocas veces en mi vida parlamentaria voté con tanto apasionamiento como lo voy a hacer ahora. Creo que esta derogación significa la apertura necesaria de un mundo que vamos a tener que recrear, porque tenemos la esperanza de que terminen las dos violencias: la invisible que mata de hambre y la visible que mata por un tiro en la nuca.
La democracia que buscamos esta en el camino de esta sanción, Las fuerzas armadas tienen que comprender que nosotros buscamos una estrategia de seguridad que no pasa por la seguridad de los militares sino por la de la Nación.
Y la seguridad de la Nación no pasa por los actos necios de rendición sino por los actos generosos y casi heroicos de la custodia de nuestra propia Republica.
Había pensado pronunciar un discurso más extenso y quería recordar a Pellegrini cuando hablaba de la revolución de 1905 preguntando en el Parlamento cómo era posible que quienes usurpaban el poder pudieran perdonar a alguien, ¿Quien nos perdona ahora a nosotros? Tal vez ese podría ser el agregado que le hago a la pretensión del señor senador Brasesco de que se inserte en el campo de nuestras tuerzas armadas, porque esto fue hecho por un sector y yo ahora voy a votar esta ley para custodiar el prestigio de nuestras instituciones militares. Por eso que era hacerlo en nombre de una humilde actitud: el problema del país ya no es decidir quien fue el mis sinvergüenza sino dar nosotros mismos las mejores respuestas. Por eso tenemos que hacerlo sin rencores.
Si a mi me proscriben y llega el minuto de mi victoria y yo proscribo, no sirve. Si a mi me torturan y llega el minuto de mi victoria y yo torturo, tampoco sirve, porque el país seguirán en una especie de calesita infernal, justificando otra vez todas nuestras deformaciones.
Por eso el voto que hago al apoyar el despacho de la mayoría consiste en que esta sanción tenga el animo de una semilla capaz de generar una respuesta que entierre para siempre el canibalismo de los argentinos, que soslaye para siempre en el camino de nuestra historia a todos los diablos que han jugado con el fuego de un infierno que consumió la esperanza de dos generaciones de argentinos.
Este es el sentido que le quiero dar a mi voto. Jurídicamente ya esta explicado, pero debe ser alentado desde un punto de vista moral.
La primera ley de amnistía del país tuvo lugar en 1811; fue también perversa; fue cuando lo echaron a Moreno. Desde entonces hasta ahora hubo más de treinta o cuarenta, algunas generosas y otras egoístas. La que estamos derogando es la más egoísta de todas.
Seguiremos viviendo en el campo de las amnistías si definitivamente los argentinos no nos abrazamos todos juntos, civiles y militares, dispuestos a vivir en el marco de nuestras leyes y de la Constitución.
Este es mi voto y este es mi anhelo y mi fervor. Amo a mi Nación e intento servirla desde el instrumento de mi militancia en un partido histórico como el radicalismo. Voto, entonces, en nombre del Partido Radical, que custodia la paz y pretende hacerlo poniendo permanentemente  resguardo a los inocentes, sin olvidar que la justicia debe poner en marcha el castigo a los culpables, a los responsables.
Una nación como la nuestra no puede haber caído tanto Por eso el acto que realiza el Senado esta tarde lleva en si la aspiración de poner un cimiento a la posibilidad de que algunos bajen de su soberbia para que la fuerza desaparezca como argumento político, para que nosotros, los políticos, seamos decentes y docentes y para que nunca mas una amnistía vuelva a violar el sentido ético de nuestra Constitución.



















Fuente: Honorable Cámara de Senadores de la Nación Argentina.

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