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martes, 4 de junio de 2013

Canciller Dante Caputo: "Discurso ante la Organización de los Estados Americanos" (15 de Mayo de 1985)


Consejo Permanente
Presencia militar
El 12 de mayo pasado el gobierno británico inauguró con gran pompa y amplio despliegue periodístico, el aeropuerto de Monte Agradable (Mount Pleasant) en las islas Malvinas.
De este modo culmina la primera fase de la instalación de miles de soldados y una flota y una aviación militar considerables, así es como hoy existe en las islas Malvinas una poderosa base militar perteneciente a una gran potencia internacional, hecho absolutamente inédito en el Atlántico Sur.
El gobierno de la República Argentina denuncia que este hecho constituye una grave amenaza a la "seguridad de nuestra Nación, a la paz y tranquilidad de nuestra región y, por consiguiente, a la paz y la tranquilidad en el mundo.
El gobierno británico ha tratado de justificar la creación de esta base militar con diversos argumentos.
El más explícito y habitual es el de que, de esta manera, se trata de prevenir cualquier intento futuro de la Argentina para recuperar por la fuerza las islas que el Reino Unido le arrebatara por la fuerza en 1833.
Este argumento no es admisible por varias razones. Ante todo, porque desde el 10 de diciembre de 1983 el gobierno democrático argentino ha declarado enfática y permanentemente que sólo apelará a la vía diplomática y pacífica para reivindicar y obtener la recuperación de la soberanía legítima de nuestro país sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, así como para resolver toda otra controversia internacional en la que estuviera involucrada la República Argentina.
Esta voluntad del gobierno argentino, que también expresa la voluntad del pueblo argentino, ha sido verificada en los hechos con la reciente conclusión del tratado de paz y amistad con la República de Chile, tratado que puso fin a un secular diferendo que hace pocos años estuvo a punto de desatar una guerra entre ambas naciones.
Por consiguiente, no existe manifiestamente desde ellO de diciembre de 1983, y no existirá en el futuro, la amenaza militar que el gobierno británico atribuye a la República Argentina. Lamentablemente, el propósito de nuestro gobierno de tratar pacíficamente la disputa de soberanía sobre las islas con el Reino Unido, así como las exhortaciones de la comunidad internacional en ese sentido, han sido respondidas negativamente por el gobierno británico. Más aún, el Reino Unido no suspendió ni retardó las obras de fortificación -ahora innecesarias- en las Malvinas, sino que las prosiguió a ritmo intenso, tal como hoy lo comprobamos y como fuera destacado ante el periodismo en el momento de la inauguración del aeropuerto de Monte Agradable (Mount Pleasant).
Conviene subrayar que las obras de construcción de ese aeropuerto comenzaron en el terreno, precisamente en el momento en que el gobierno democrático argentino iniciaba su gestión y declaraba su vocación pacífica, pese a lo cual se aceleraron los trabajos, y hoy se manifiesta con orgullo que se realizó en 16 meses lo que normalmente se hace en cuatro años.
De acuerdo con las últimas cifras publicadas por el propio gobierno británico, entre 1982 y 1986 se dedicarían 2.520 millones de libras para fortificar las islas Malvinas.
Otras fuentes británicas no gubernamentales estiman que los gastos podrían ser bastantes mayores, opinión que tienden a confirmar, por ejemplo, los incrementos verificados en el costo del aeropuerto inaugurado. Lo cierto es que el presupuesto militar asignado anualmente a las Malvinas es significativo dentro del presupuesto de guerra británico y resulta impresionante cuando se lo confronta con los gastos militares de Dinamarca y Noruega, países integrantes de la Organización del Atlántico Norte. Si se comparan estas cifras con el tamaño de la población residente en las islas, o se piensa que el nuevo aeropuerto sólo permitirá ahorrar 25 millones de libras en los gastos de mantenimiento de la guarnición, cabe legítimamente preguntarse si es posible que se realice tamaño esfuerzo sólo para protegerse de una inexistente amenaza de invasión por parte de la Argentina.
Aprestos bélicos
Los aprestos bélicos británicos frente a una amenaza inexistente, resultan aún más extraños cuando se verifica la desproporción de los medios militares instalados en las islas respecto de la presunta y potencial invasión argentina.
Según análisis de fuentes británicas examinadas en la Cámara de los Comunes, durante los últimos meses, se encuentran estacionados de manera permanente en el área entre cuatro y seis fragatas y destructores. Teniendo en cuenta los datos técnicos sobre disponibilidad operativa, rotaciones y tiempos de navegación entre Gran Bretaña y las islas, se ha estimado que, en definitiva, es al menos una docena de ese tipo de naves las que quedan asignadas a las Malvinas, lo cual implica cerca de un cuarto de todas las fragatas y destructores británicos en servicio. Debe señalarse asimismo que de acuerdo a las mismas fuentes, varias de esas fragatas y destructores dedicados al área, están dotados de los más modernos sistemas de armamentos y detección disponibles en la flota británica.
Además de dichos buques, también se encuentra operando permanentemente en la zona una dotación de submarinos, algunos de ellos nucleares, a lo que debe añadirse la presencia de buques auxiliares y contingentes de helicópteros navales.
Con respecto al poder aéreo, se estima que hay en las Malvinas un número preciable de aviones de combate Phantom y Harrier, de helicópteros pesados Chinook -junto a otros tipos de helicópteros de combate- y alrededor de media docena de aviones Hércules de transporte.
Por último, sumando a las fuerzas terrestres los demás contingentes de las otras fuerzas, se calcula que en las Malvinas hay más de 4.000 militares frente.
a una población civil estable de 1.600 a 1.800 personas. El Ministerio de Defensa británico ha indicado recientemente que el tamaño de la guarnición no disminuirá demasiado en el futuro, contradiciendo las expectativas que se habían creado con motivo de la inauguración del aeropuerto.
De hecho, la magnitud de las fuerzas terrestres, marítimas y aéreas desplegadas por el Reino Unido, es varias veces superior a la que se necesitaría para repeler o contener un ataque de nuestras fuerzas armadas en su dimensión actual, excediendo con amplitud los límites de seguridad técnicos que se puedan estimar, si ésa fuera simplemente la intención del Reino Unido. Un hecho adicional significativo es que el aeropuerto que acaba de inaugurarse, según algunos análisis realizados en el mismo Reino Unido, podría ser fácilmente inutilizado por la Argentina si eventualmente tomara la iniciativa de atacar las islas.
Capacidad ofensiva
La única explicación coherente frente a estos datos, aparentemente contradictorios, es que el propósito del Reino Unido no tiene nada que ver con la defensa de las islas Malvinas frente a una amenaza de invasión de la Argentina que, por otra parte, repetimos, no existe.
Por el contrario, el conjunto de aprestos británicos indica que la intención es disponer de capacidad ofensiva, al menos en el territorio continental argentino. Ese aeropuerto es indispensable para el caso de que el Reino Unido tome la iniciativa de atacar a la Argentina y ocupar en pocas horas puntos estratégicos de nuestro territorio continental. Del mismo modo, la magnitud de los medios terrestres, marítimos y aéreos desplegados en las Malvinas por el Reino Unido, desproporcionados para contener o rechazar simplemente una invasión argentina a las islas, no lo son si de lo que se trata es de dominar zonas seleccionadas en nuestro territorio continental.
En síntesis, a lo que estamos asistiendo no es a la inauguración de una base defensiva, cuya guarnición resulta sorprendentemente tres a cuatro veces superior a la población total de las islas, sino a un dispositivo militar destinado a desencadenar con rapidez operaciones ofensivas sobre la parte sur de nuestro continente.
La justificación de estas posibilidades y el enfoque en el que se asentarían, es que la base construida en las Malvinas cumpliría un papel estratégico dentro del sistema militar occidental en el mundo. Así lo afirmó el ministro de Defensa británico, Michael Heseltine, en su intervención del 14 de septiembre de 1983 en el Cosmos Club de esta ciudad de Washington, cuando dijo (cito): "Y por último, mantenemos la capacidad para intervenir solos o con nuestros aliados, ya sea para proteger nuestros intereses nacionales, o en respuesta a un pedido de ayuda de nuestros amigos.. .".
"Es esta capacidad la que hemos puesto de manifiesto en la campaña de las Malvinas. Y a la luz de ella estamos adoptando las medidas necesarias para mejorar nuestra movilidad estratégica, y nuestra capacidad para operaciones aéreas fuera del área de la OTAN." (Fin de la. cita.)
Lo mismo surge del discurso pronunciado por la primer ministro Margaret Thatcher ante el Congreso de los Estados Unidos el 20 de febrero último cuando afirmó (cito): "Tenemos tropas en Chipre y en el Atlántico Sur y un reducido contingente militar en el Sinaí a vuestra solicitud.
"Soldados británicos están prestados a 30 países. Estamos a vuestro lado en Beirut. Trabajamos con ustedes en los océanos Atlántico e Indico. Nuestra marina está de guardia en el mundo.
"Gran Bretaña cumple con su responsabilidad para defender la libertad en el mundo y lo continuará haciendo". O cuando el 12 de julio de 1984 expuso ante el Grupo Euroatlántico (cito): "Pese a que la OTAN establece un limite arbitrario, muchos de sus miembros están dispuestos a enfrentar un desafío a problemas fuera del área de la OTAN. Tropas británicas están presentes alrededor del mundo desde Belice a Zimbabwe, desde las Malvinas a Gibraltar, trabajando para el hemisferio occidental.
"Esto representa nuestra determinación en Gran Bretaña de apuntalar en lo que creemos, de defender todo aquello que nos es querido." (Fin de la cita.)
Aun cuando el gobierno británico hasta el momento no manifestó formalmente esta intención (limitándose a realizar declaraciones contradictorias al respecto), el propósito resulta evidente cuando se examinan las características de las instalaciones militares ya construidas y de las que se prevé construir en las islas Malvinas, es decir, cuando se examinan los hechos, que son mucho más contundentes que cualquier declaración.
Diversas fuentes de información técnica, todas ellas de origen británico, demuestran acabadamente que el aeropuerto recién inaugurado en las islas Malvinas, constituye una unidad estratégica en el más cabal sentido de este vocablo. En efecto, el propio tercer informe del Comité de Defensa de la Cámara de los Comunes contiene claras referencias que exhiben la voluntad del gobierno británico de utilizar el aeropuerto, más allá de la defensa de las islas y en relación con eventos que puedan producirse en el propio hemisferio norte. El "Survey of Current Affairs' del mes de diciembre de 1983, se refiere al propósito británico de "aumentar la capacidad de desplegar fuerzas rápidamente entre los teatros de Europa y el Atlántico Sur".
Ahora, con aeronaves de transporte de gran alcance (por ejemplo Super VC 10 o Boeing 747) se podrá unir Londres con Malvinas, vía islas Ascensión, sin necesidad de reabastecimiento aéreo.
Para ejemplificar esta capacidad, considerando un empleo de solamente 5 Boeing 747 y 5 Super VC 10, el Reino Unido está en condiciones de reforzar su dotación en Malvinas con 3.000 hombres o 630 toneladas de carga, en menos de 24 horas.
Al mismo tiempo y operando a partir de las islas Malvinas, cabe mencionar también la capacidad de ejecución de lanzamiento de tropas aerotransportadas desde aeronaves C-130.
Empleando 12 de estas aeronaves pueden desembarcar sobre el territorio argentino en particular un total de 3.600 hombres en 24 horas.
Asimismo, la capacidad ofensiva desde las Malvinas estará materializada por la aptitud para operar con aeronaves Tornado, Buccaneer y/o Phantom, en un número que podría variar entre 3 a 6 escuadrones aéreos, dependiendo de las facilidades de estacionamiento y dispersión que se implementen, ya sea en forma permanente o con empleo de módulos transportables.
El Tornado constituye la mayor amenaza, tomando en consideración que su equipamiento electrónico le confiere capacidad de penetrar hasta el objetivo y descargar su armamento sobre él con gran precisión, cualquiera sea la meteorología reinante, y se trate de día o de noche.
Este avión puede transportar armamento nuclear () convencional y su radio de acción -con una carga promedio de 2.000 kg de bombas convencionales o un artefacto nuclear- sería el siguiente:
1) Sin reabastecimiento: 850 millas náuticas (1.570 km).
2) Con un reabastecimiento: 1.360 millas náuticas (2.520 km).
3) Con dos reabastecimientos: 2.560 millas náuticas (4.740 km).
Estas cifras evidencian que Gran Bretaña podrá proyectar su capacidad aérea estratégica desde Malvinas sobre el subcontinente sudamericano, abarcando totalmente los territorios de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia, el sur de Brasil y Perú.
En síntesis, la nueva plataforma aérea emplazada dentro de la región de vigencia del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) posibilita, desde ella, el empleo sin limitaciones de todo tipo. de material aéreo ofensivo, defensivo, de exploración, reconocimiento y transporte con que cuenta el Reino Unido, en operaciones sobre gran parte del subcontinente sudamericano y las líneas de comunicaciones marítimas del Pacífico y Atlántico Sur.
La posibilidad de despliegue de estos medios al área es inmediata, aprovechando la base aérea emplazada en la isla Ascensión como escala técnica y procedimientos de reabastecimiento en vuelo para el material aéreo de combate.
Es claro también que, en esta perspectiva, no sólo se afecta la seguridad y la paz de la República Argentina sino también al conjunto de los países hermanos y vecinos de la América del Sur.
La construcción de una base estratégica próxima al continente americano en el Atlántico Sur hará que esta zona, hasta ahora preservada de las tensiones internacionales a escala mundial, se convierta en campo de preparativos y aprestos bélicos de las grandes potencias. Corremos el riesgo, una vez más, de presenciar profecías autocumplidas: en este caso, el peligro de verificar cómo, al definir una región como ámbito probable de conflicto y tomar medidas que se califican de índole precautoria, se termina por inducir la aparición del conflicto allí donde antes no existía.
Estas acciones harán desvanecer ingentes esfuerzos para preservar la paz y la tranquilidad en la región. Iniciativas fundamentales y ejemplares en el mundo, como por ejemplo la de crear en América latina la primera zona efectivamente desnuclearizada del planeta, quedarán destruidas en un instante por obra del gobierno británico, ya que habrá colocado al Atlántico Sur y a toda América del Sur en el campo de batalla nuclear al instalar esta base estratégica.
Pero también se engendrarán de este modo otros efectos más inmediatos y concretos.
La pretensión de cumplir un papel estratégico dentro de un esquema militar a escala mundial, dejará al arbitrio de las grandes potencias, y en primer lugar al arbitrio del Reino Unido, la definición de supuestas amenazas de ruptura de equilibrios preexistentes, abriendo la posibilidad de emprender intervenciones militares calificadas de preventivas para evitar presuntos riesgos. Esto resulta muy claro para nosotros en la Argentina: ¿Qué impedirá al Reino Unido, por ejemplo, lanzar una operación militar sobre puntos claves del territorio continental argentino con el pretexto de neutralizar una imaginaria amenaza de invasión a las islas Malvinas? ¿En qué medida el nuevo papel militar asignado a las islas, gracias a la base, servirá para justificar una acción ofensiva como la que indicamos, a partir de motivos muy endebles o discutibles, ya que ahora se pretendería proteger un punto sensible de un dispositivo militar de alcance mundial?
Pero este tipo de razonamientos, que por desgracia se ha aplicado con frecuencia en otras regiones, no amenaza sólo a la Argentina sino también a otros países del área.
¿Qué consecuencias, en definitiva, acarreará con su sentido estratégico a nivel mundial, la fortificación de las islas Malvinas por parte del gobierno británico?
Desde ya, implica una escalada en las tensiones mundiales, al extender el campo potencial de enfrentamiento a una zona que hasta ahora se encontraba alejada de tales riesgos.
Pero también obligará a nuestros países a tomar medidas para defenderse de posibles intervenciones que se pretendan preventivas, distrayendo valiosos esfuerzos y recursos que se podrían emplear de manera más útil y productiva en la satisfacción de necesidades imperiosas en un momento sumamente crítico desde el punto de vista económico-social para todo el continente.
Hay, desgraciadamente, una profunda insensatez en la construcción de todas estas instalaciones militares del Reino Unido en las Malvinas.
Y la insensatez de lo que está haciendo el gobierno británico resulta aún más palmaria, cuando contemplamos la alternativa de lo que se podría hacer.
Frente a los centenares de millones de dólares que se han gastado en instalaciones militares y a los centenares de millones de dólares que se gastarán en el futuro, bastaba y basta una mesa y unas sillas a su alrededor, para que algunos hombres de buena voluntad se reúnan, dispuestos a discutir y a negociar.
Frente al riesgo de intervenciones militares injustificadas; frente a la extensión de las tensiones mundiales a nuevas zonas del mundo; frente a la terrible posibilidad de crear una nueva área geográfica de confrontación nuclear, es mucho más sencillo y racional optar por preservar la paz, la seguridad y la tranquilidad de la región.
Una pequeña fracción de lo que el gobierno británico ya gastó para fortificar las islas Malvinas, hubiera sido suficiente para asegurar el bienestar y la prosperidad de los habitantes de las islas que dice querer proteger.
Una fracción de la voluntad, el esfuerzo y el ingenio que el gobierno británico dedica a los preparativos bélicos, hubiera bastado, y aun basta, para encontrar una solución pacífica, honorable y razonable a la controversia que separa al Reino Unido de la Argentina.
La Argentina entera ve con dolor cómo, en un territorio que legítimamente le pertenece y del cual fuera despojada por la fuerza, el Reino Unido está creando una amenaza a su seguridad, y está poniendo en grave riesgo la paz y la tranquilidad de la región toda.
El gobierno argentino tiene la obligación de denunciar este hecho que lo afecta, que afectará también a los países hermanos del continente y que compromete a la comunidad internacional. El gobierno argentino sabe que la única alternativa real a los riesgos que está provocando el Reino Unido consiste en persistir en la búsqueda de una solución pacífica de la controversia por la vía diplomática, aun cuando se siente obligado a tomar medidas indispensables para proteger su seguridad, que nada tiene que ver, ni cualitativa ni cuantitativamente, con las que acaba de tomar.
Deseo finalmente recordar que, el 20 de marzo pasado, al hablar ante este Honorable Consejo Permanente, el presidente Raúl Alfonsín mencionó la reivindicación de nuestro país sobre las islas Malvinas, Sandwich del Sur y Georgias del Sur, y subrayó que (cito): "Los reclamos argentinos no disminuirán con el paso del tiempo, como tampoco se alterará la decisión de resolver la cuestión de soberanía mediante un diálogo franco y completo con el gobierno del Reino Unido" (fin de la cita).
El gobierno del Reino Unido está generando tensión regional. El gobierno del Reino Unido ha hecho retroceder aún más la posibilidad de la negociación. El gobierno del Reino Unido está convirtiendo a nuestras Malvinas en un imán bélico para el conflicto Este-Oeste. El gobierno del Reino Unido está amenazando la seguridad, la paz y el bienestar de los pueblos latinoamericanos.
Por ello, el gobierno argentino espera que la comunidad internacional, y en particular la Organización de los Estados Americanos, realicen una acción positiva para que el gobierno británico cese definitivamente con la fortificación de las islas Malvinas y empiece, en cambio, una negociación pacífica con el gobierno argentino, en beneficio de todos los países de la región, y en beneficio moral y también material de toda la comunidad internacional.
Mientras tanto, el gobierno y el pueblo argentinos seguirán luchando con esperanza por la paz, el bienestar y la seguridad continental.


















Fuente: Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la Nación Argentina.

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