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domingo, 21 de abril de 2013

José P. Tamborini: "Discurso en Plaza España, Ciudad de Santa Fe" (2 de febrero de 1946)

Compatriotas santafesinos:

Pesan demasiado sobre la responsabilidad de este pueblo sus glorias pasadas. Y así me explico que me haya saludado desde los carteles con esas expresiones reveladores del espíritu del pueblo santafesino: 

“Defended la Constitución, garantía de concordia”; 
“Reverenciemos la ley”; “Aborrecemos la tiranía”.


Con mayor autoridad ningún pueblo podía repetir esas consignas, Sola vosotros la cuna de nuestro federalismo. Desde nuestro pacto federal señalasteis el camino del Acuerdo de San Nicolás hasta el día luminoso de la Constituyente reunida en esta histórica ciudad de Santa Fe, que determinó la organización nacional.

¡Constitución Nacional cancelada de hecho y que es, en ultima síntesis, la razón de esta cruzada que realizamos por todo los caminos de la República  Porque advertidlo compatriotas, nuestra campaña no es de proselitismo electoral ni en pos de una candidatura; es para reintegrar a la Argentina al goce de sus instituciones republicanas. (Aplausos)

Hasta hoy había eludido las referencias personales, pero estoy en Santa Fe y quiero en su ciudad natal, saludar a mi compañero de fórmula, ejemplo de austeridad republicana, de coraje cívico y a quien el país debe en último instancia, esta movilización de la opinión pública argentina (¡Muy Bien! Aplausos)

Yo lo saludo desde esta tribuna con la misma emoción partidaria traducirlo, a veces elocuentísima palabra, como en el famoso discurso desde esa alta cátedra del Dr. Josué Gollán, cuya palabra repercutió en la conciencia civil argentina, constituyéndose en  uno de los antecedentes mas luminosos de este magnifico movimiento de emancipación nacional, que me ha sido dado presenciar desde el limite geográfico de la República hasta mi propia Buenos Aires, cartaginense a veces, pero que ha despertado al fin, respondiéndole también a sus tradiciones gloriosas. (Aplausos)

De vuelta de mi gira anterior, algunas señoras del Movimiento Democrático de Buenos Aires me dijeron: 

“Le estamos agradecidas porque en ninguna tribuna olvidó mencionar el concurso de la mujer”. 

Yo le dije que hubiera sido imposible tal olvido.

En las primeras filas, en todas las ciudades de provincia, estaban la mujer poniendo todo su fervor su ardimiento cívico, dando ejemplo a los hombres y, en alguna capital yo dije que eso me determinaba en el convencimiento irrebatible de que estábamos triunfantes porque la mujer a mas de instinto del amor y de la belleza tiene el de la verdad y la justicia. (¡Muy Bien!)

Compatriotas: 

Si las circunstancias del país no fueran tan excepcionales y la causa por la que estamos luchando no rebalsara los límites de la cuestión partidaria, acaso fuera mi deber detenerme a estudiar, así fuera someramente los problemas económicos y sociales de la provincia.

Pero todo está reflejado en nuestra plataforma electoral y será a su debido tiempo, expuesta con detención.

Sin embargo, en esta provincia cerealista, la segunda en importancia del país, yo quiero deciros una sola cosa, que es hora de que termine este intervencionismo estatal y este variar a cada rato de criterio y que el trabajo del colono este a tiro de decretos – leyes especiales discrecionales que como lo dije en Rosario, en ultima esencia se reducen a esto; cuando la cosecha es buena, quitarle algo del sobreprecio, y cuando sea mala, darle alguna cosa como la limosna. (Aplausos)

En materia de justicia social, a mí partido ni ninguno de los que integran la Unión Democrática ha dejado de establecer su claro criterio y quiero decirlo con claridad meridiana; en esta materia lo primero que deseamos es respetar por la dignidad del trabajador que no se conviertan sus sindicatos en rebaños electorales. (Aplausos)

Compatriotas: 

Podéis afirmar que en todo el país la opinión publica esta de pie y que ha dicho por la vos multitudinaria de asambleas que nunca antes se reunieron  con ningún otro motivo como la de hace días en la ciudad de Rosario, que quiere poner punto final a esta malhadado aventura que no ha llenado vergüenza a los argentinos.

No abrigamos rencores ni queremos para el país multitudes resentidos sociales. Queremos una cosa sencilla y simple; queremos gobernarnos nosotros mismos; queremos elegir nuestros gobiernos y no que este se sucedan misteriosamente y en combinaciones palaciegas. (Aplausos)

Compatriotas: Es posible que vosotros seáis exigentes con vuestro candidato a la presidencia de la República  pero yo puedo asegurar que nunca seréis mas exigentes que yo mismo en el cumplimiento del deber. Comprendo que sobre las espaldas de ningún argentino se cargó una responsabilidad mayor, así sea grandísimo el honor, y estoy dispuesto afrontarla con espíritu de abnegación y de sacrificio mas allá de toda vanidad y de todo espíritu de soberbia, puesto mi corazón y el deseo de servir honradamente a mi patria. (Aplausos prolongados)  





















Fuente:  Diario EL LITORAL, Domingo 3 de Febrero de 1946

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