Páginas

viernes, 8 de marzo de 2013

Ernesto Sammartino: "Debate sobre los Derechos Politicos de la Mujer" (9 de septiembre de 1947)

Sr. Sammartino. — La circunstancia de haber sido autor del proyecto de sufragio femenino y de haber presentado una iniciativa análoga en la convención constituyente de Entre Ríos en el año 1932 —como lo recordara esta tarde el señor diputado López Serrot con su elocuente exposición—, me determina a dar los fundamentos de mi voto.
Tratare de ser breve porque la lista de oradores es extensa. No incursionare en la historia, ni en la filosofía, ni en la literatura, ni en la biología; tratare de permanecer en la tierra y prefiriendo quedar en mi propio país.
Todos los oradores han coincidido en que las repercusiones sociales, políticas e institucionales de la aprobación del sufragio femenino serán de profunda trascendencia en la vida pública de la Nación. Un enorme continente de mujeres, apreciado en casi 4.000.000, se incorporara a la acción pública y gravitara en forma directa, porque indirectamente ha gravitado siempre en las actividades de los partidos y de los gobiernos, en los destinos del país v de sus instituciones.
Esa incorporación de tan enorme masa de votantes a la acción pública modificara, sin duda, el panorama político y el cuadro de los gobernantes. A pesar de las perturbaciones que provocara ese hecho en este momento caótico de nuestra vida constitucional, en un futuro mediato sus beneficios serán indiscutibles para el mejoramiento de nuestras costumbres políticas y para el restablecimiento del equilibrio espiritual de la ciudadanía

—Ocupa la Presidencia el señor vicepresidente 1°
de la Honorable Cámara, don Silverio Pontieri.


Hay, señor presidente, dos clases de partidarios del voto femenino: los demagogos, que consideran su aporte electoral y por eso apoyan la reforma; y quienes están convencidos que la bondad de ese principio, sin consideración alguna de los factores electorales. Los primeros no nos dirán la verdad; hablaran de los derechos de la mujer y omitirán hablar de sus obligaciones; dirán que el voto llega en buena hora; harán vibrar las cuerdas de la sensiblería, tan gratas a ciertos auditorios regimentados, para arrancar aplausos, que ojala mañana no se conviertan en lamentos. Los segundos preferirán, señor presidente, la verdad al aplauso y dirán, como decimos nosotros, que hubieran deseado que el voto femenino llegara en un momento de normalidad constitucional y de paz de los espíritus.
Dirán que el sufragio crea a la mujer pesados deberes, entre los que señalamos como uno de los primeros combatir la violencia y la dictadura, que son la negación del espíritu y del pensamiento libre, sin los cuales el sufragio femenino seria una conquista estéril o una mentira mas.
Esta no es, señor presidente, la hora del homenaje a la mujer, que obtiene en estricta justicia el derecho de sufragio. El sufragio femenino no llega en el mejor momento político de la vida del país. Vivimos sobre un volcán de pasiones, de rencillas y de odios.
Los partidos políticos no han logrado todavía, en pleno periodo de reorganización, su ley orgánica, el estatuto respectivo, a pesar de los constantes reclamos que hemos hecho desde estas bancas.
Se ha recordado reiteradamente en esta sesión que centenares de miles de ciudadanos de los territorios, que dan su aporte material y moral a la grandeza de la Republica, carecen también del derecho de sufragio, que hemos reclamado en nuestros proyectos de provincializacion de los territorios nacionales.
No se puede tampoco, señor presidente, hablar de liberación política de la mujer o del hombre, sin una autentica liberación económica. Hubiera sido previo a la sanción del sufragio femenino, la aprobación de los proyectos presentados por este sector, sobre a igualdad de trabajo, igualdad de salario, reforma do la ley de maternidad, estatuto del servicio domestico y participación en las ganancias; hubiera sido previo al otorgamiento del voto, dar a la mujer el instrumento de su liberación económica y ofrecerle el clima propicio de los regímenes democráticos y civiles.
En este momento, señor presidente. en que ha sido suprimida en el país la libertad de pensamiento, se agita el problema del sufragio femenino. ¿Que les ocurrirá a las mujeres opositoras, pregunto, cuando dirijan un diario, cuando ocupen una tribuna, en una asamblea publica, para hacer la critica severa de los actos del Poder Ejecutivo, cuando reclamen el derecho de hablar desde la radio, cuando lleguen a una de estas bancas y se vean coartadas en el uso de la palabra, o cuando lleguen a una gobernación como la de la provincia de Corrientes? Porque otorgarle hoy el derecho del sufragio para negarle mañana el ejercicio de esos derechos fundamentales, seria una patraña y una indignidad. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos.)
A pesar de todos esos factores adversos, nosotros no vamos a dilatar ni un minuto la aprobación de este proyecto, cuyo principio fundamental compartimos y venimos sosteniendo desde hace anos como uno de los motivos substanciales de nuestra predica política. Tenemos confianza en que la mujer habrá de superar este transitorio eclipse de nuestras instituciones libres. No olvidemos tampoco la dolorosa experiencia de España, donde el voto de la mujer, que en su mayoría no estaba capacitada para el ejercicio de esos derechos cívicos, dio el triunfo a las derechas. Había vivido en el obscurantismo de la monarquía y del clericalismo sectario y preparo con su voto la caída de la Republica y el triunfo de la tiranía de escapulario y espuela, que oprime a la España inmortal y heroica, a la que la argentinidad venera y respeta. (¡Muy bien! ¡Muy bien!)
Aun en la hipótesis de que en esta época do confusión moral y política el voto a la mujer diera el triunfo a la derecha, a la reacción oligárquica, nosotros votaremos por su aprobación, porque sabemos que no tardaría en decidir el triunfo de la democracia orgánica y de los ideales civilistas que representamos y defendemos. Porque discernimos a la mujer mas que un derecho, una grave responsabilidad, creemos que la mujer debe capacitarse para asumirla y para ejercitarla en el estudio, en las disciplinas cívicas, en la profundización de los problemas vinculados a sus necesidades y a su situación en la sociedad en que actúa. Los problemas de la niñez, de la educación, del régimen carcelario, de la higiene social, de las relaciones de familia y tantos otros conexos con su especialización profesional o con su vocación espontánea, deben ser estudiados y abordados por la mujer como su mejor contribución a la solución do los problemas del Estado.
La intervención de la mujer en la vida pública debe contribuir a la pacificación de los espíritus, a restablecer la verdad y a afianzar la paz internacional amenazada en este momento por la trágica disputa de los imperialismos. La mujer debe combatir todas las formas de imperialismo, porque todos conducen a la esclavitud económica y a la guerra.
En esta terrible contienda entre dos mundos enloquecidos que amenazan chocar como dos astros que hubieran perdido su centro de gravedad en el espacio, en esta dramática disputa entre dos civilizaciones materialistas y cartaginesas que ocultan sus propósitos de hegemonía material en el oropel de las palabras sonoras, la mujer argentina, como la mujer de todos los países de la tierra, debe ser la fuerza de equilibrio espiritual, y debe ser la conciencia despierta de una humanidad que no quiere hundirse en el fango y en la sangre de la ultima matanza universal. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos.) Para ello la mujer debe combatir al militarismo prusiano que como una hidra de mil cabezas, después de la caída de Hitler, reaparece en diversos países de Europa y de America. En este momento en que los imperialistas del Norte propugnan solapadamente el establecimiento de regimenes militaristas en el continente para quo respondan a la conducción uniforme de una guerra extracontinental. La mujer debe luchar al lado del hombre para el restablecimiento de los gobiernos civiles en America.
La mujer en el ejercicio del sufragio debe estar también contra el clericalismo falangista, que es la negación del cristianismo, doctrina de amor, de fraternidad y de tolerancia, que proclama por boca de uno de los discípulos de Cristo: 
«Bienaventurados los pacificadores, porque de ellos será el reino de los cielos», y dice por boca del Maestro: «Solamente la verdad nos hará libres. (¡Muy bien! ¡Muy bien!)
No queremos darle el voto a la mujer, señor presidente, para que mañana vote por ella el cura sectario, o el marido despótico, o el demagogo sin escrúpulos. Tenemos fe en la formación de la conciencia libre de la mujer, pero queremos señalar los peligros que la acechan y que la amenazan.
La mujer debe también dar ejemplo de austeridad en el ejercicio de sus derechos cívicos No podrá hacer vida lujosa, vida de ostentación deslumbrante de pieles y de joyas y de enriquecimiento ilegitimo, para engañar después a las mujeres del pueblo, crédulas e ingenuas predicando un ideario de redención social que no siente ni practica. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos.)
Deben ser las autenticas mujeres del pueblo las que promuevan y las que dirijan este movimiento de liberación política de la mujer. Si las mujeres salen en cambio de los salones palaciegos; si salen de las oficinas alfombradas de los oficialismos, entonces se habrá substituido el fraude de ayer, el fraude de la vieja oligarquía del régimen, por el fraude de la burocracia gobernante, y la mujer habrá cambiado solamente de amo, pero no habrá conquistado su libertad política, ni su autonomía moral.
El viejo vicio del nepotismo debe ser combatido enérgicamente por las mujeres y por la ciudadanía femenina, si no quieren que los familiares de los gobernantes usurpen mañana las funciones públicas y posterguen a las mujeres capacitadas en el ejercicio de las representaciones populares.
He querido señalar, para fundar mi voto, algunas de las responsabilidades inmediatas' que le creara a la mujer la obtención del sufragio. Otros hablaran de sus derechos y le entonaron himnos propicios que siempre merece la mujer y que siempre enaltecen al hombre. Yo he escogido la parte más dolorosa y más ingrata. Ese sacrificio es mi mejor homenaje a la mujer. Decir la verdad a tiempo es menos lucido pero es mas útil que pronunciar grandes discursos en los funerales de la libertad. (¡Muy bien! ¡Muy bien!. Aplausos.)































Fuente: Honorable Cámara de Diputados de la Nación Argentina

No hay comentarios:

Publicar un comentario