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sábado, 23 de febrero de 2013

José P. Tamborini: "Discurso en la Plaza de los dos Congresos" (8 de diciembre de 1945)

Un partido político por mucho que se quiera limitárselo su doctrina desborda su formación ideológica porque contribuye a darle fisonomías, tradiciones lejanas y recuerdos recientes. La Unión Cívica Radical como ningún otro partido se arraiga en su tradición, en el culto de sus grandes conductores, Alem, Yrigoyen y Alvear, y al integrar la Unión Democrática, generosa conjunción de patrióticos afanes. Entiende afirmar su propia vigorosa personalidad al servir los ideales que le dieron origen hace más de medio siglo. El sentimiento que nos une, el impulso que nos congrega, la pasión que nos trae a confundimos en la misma consigna lo da esta magnifica asamblea el carácter de esas manifestaciones con que la opinión pública expresa su innegable decisión. La vuestra es de recobrar para la Republica la vigencia de su Constitución y de sus leyes sin cuales seremos un pueblo, pero no la gloriosa nación de la gesta sanmartiniana.

La experiencia dictatorial ha sido aleccionadora. Los pueblos pierden su actitud moral fuera de la ley. Cuando despierte el país de esta pesadilla que dura desde hace dos años y medio, causaran asombro las devastaciones producidas en el orden jurídico, social, administrativo y financiero. En la vida argentina han ocurrido hechos que consideramos imposibles que acontecieran como los actos de hostilidad a la Universidad., el ataque a las bibliotecas, la injuria a las estatuas de los próceres que se caracterizaron por su amor a la libertad o su culto por la enseñanza y por ultimo el grito desaforado contra el libro, eco lejano y tardío que oyeron en días de esclavitud pueblos que hoy lloran en medio de las ruinas de sus ciudades su tremenda culpa.

Como un acto de justicia reconozcamos que superando a los partidos en su lucha contra la dictadura, entidades profesionales y culturales lo arriesgaron todo en defensa de las instituciones y la juventud universitaria sufrió estoicamente el peso de brutales aversiones que identifican y definen un régimen de gobierno. Si hoy, compatriotas, percibimos alguna luz de esperanza en horizonte cercanos, es porque la juventud universitaria la ha defendido en heroicas jornadas de resistencia. La generación de 1945 será recordada con honor en nuestra historia, porque cuando los ciudadanos parecían haber perdido la capacidad de indignarse ante el oprobio, la juventud universitaria hizo oír su grito de protesta por la abolición de los derechos y garantías que desde el articulo 14 iluminan con su espíritu las sabias letras de nuestra nunca suficiente reverenciada Constitución Nacional.

Con aguda visión percibieron los universitarios que el problema argentino estaba planteando entre la democracia y la antidemocracia y lo estaba en términos claros e ineludibles como lo prueban las exteriorizaciones publicas de un nazifascismo que no acierta a disimularse tan reveladoras algunas como las bárbaras persecuciones oficiales de inconfundible situación totalitaria. Y, que pese a las invocadas características propias de los gobiernos de facto continentales, no se logra disipar claramente toda posibilidad de identificación con los regimenes dictatoriales que en Europa sacrificaron al individuo y al Estado que le educaron para la muerte e hicieron de la guerra de conquista una necesidad patriótica.


Las esperanzadas declaraciones de imparcialidad del ministro del Interior y sus promesas de comicios puros, limpios y cristalinos han sido recogidas con benévola expectativa, pero sobre sus posibilidades conspiran el estado de sitio, parcialidad política, interventores embanderados y reparticiones como la Secretaria de Trabajo y Previsión Social armadas en pie de guerra electoral con 50 millones de pesos anuales de presupuesto.

Nos complace declarar que no somos exclusivamente un país agropecuario condenado al estancamiento. La industrialización del país no debe detenerse. Hace un siglo el 70 por ciento de la población residía en la campaña y el 30 por ciento en la ciudad. Hoy los términos se han invertido con matemática exactitud. La vida rural se empobrece y el trabajador del campo vive en un desamparo mucho mas pronunciado que el obrero de la ciudad. El programa de la tierra el éxodo de los colonos sigue siendo un drama silencioso que nadie ignora. Estos tópicos no son para ser expuestos a la ligera en la plaza pública, pero deben preocuparnos y queremos que la política se dignifique elevándose por encima de efímeros personalismos que ensucian las paredes de la ciudad con sus gritos y sus mueras como en la Italia de la era orgullosa del sepultado fascismo.

Conciudadanos:

Nadie puede estar ausente en esta lucha que la ciudadanía libra a favor de la Nación, de su espíritu Inmortal para rescatarla de los que no han comprendido que en tierra argentina la libertad no es mercancía de trueque con ninguna ventaja material. Ha pesado la Republica muchos días afrentosos que no hubiéramos soñado en la peor de las imaginaciones, sin garantías individuales sin libertad de prensa, y su recuerdo debe ser acicate para la acción a que estamos convocados por la libertad y contra el nazismo. Es menester decirlo con ajustada verdad; ¿Cómo no habremos de superarnos en la acción si las mujeres no están dando ejemplos con su presencia en todos los actos de protesta contra la dictadura? ¿O es que los militantes de los partidos políticos vamos a ser cobardes espectadores de la acción de los jóvenes universitarios y de las mujeres?

No se disputa en esta contienda un triunfo electoral. Lo que se persigue es el gobierno de la Constitución y la caducidad del gobierno de facto mudable por decretos o sorpresivos cambios nocturnos determinados por misteriosas conspiraciones de palacio. Cualesquiera sean las garantías electorales no debemos desertar de la lucha ni resignarnos como si fuese para los argentinos una fatalidad inexorable la privación de la libertad.

Con solo quererlo y con la voluntad decidida lo conseguiremos. El pueblo argentino tiene exigencias interminables, y reclama cada vez con más imperio el gobierno de ley y no de fuerza, de justicia y no de favores,  de principio y no de hombres de solidaridad y no de odios. Es la voz de la patria la que nos convoca, y como en los grandes días de la nacionalidad nos habla en el lenguaje sin palabras de las mas puras emociones.




























Fuente: Diario EL LITORAL, Sábado 8 de Diciembre de 1945.

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