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miércoles, 16 de enero de 2013

Ricardo Rojas: "El Comicio Cerrado" (27 de octubre de 1931)

El gobierno de hecho ha comunicado a la Unión Cívica Radical, que efectuara las próximas elecciones de noviembre con prescindencia de la Ley para darse un sucesor por medio de la fuerza. 

No significa otra cosa la nota que, en nombre del Poder Ejecutivo firma el señor ministro del Interior, al contestar la que esta mesa le enviara pidiendo comicios limpios para elegir autoridades legales. Al negar la derogación de decretos violatorios de las garantías cívicas, el gobierno cierra los comicios a nuestro partido. Necesitamos, pues, explicar a la Nación lo que significa para las instituciones este acto insólito. La Unión Cívica Radical había desmontado antes de ahora la maquina dialéctica del gobierno de hecho, descubriendo las citas falsas, los textos truncos, las doctrinas sofisticas, con que aquel pretendía justificar sus decretos contrarios a la Constitución Nacional, a la Ley Sáenz Peña y a la moral política.


Nuestras demostraciones quedaron sin replica, y entonces fue cuando solicitamos garantías fundadas en la ley, en la libertad y en la justicia, demostrando una vez mas nuestro deseo de concurrir a la urnas, seguros de la razón histórica que nos asiste y de la fuerza civil que nos sostiene. El señor ministro, al responder a nuestro petitorio, ensaya una ironía: "el partido que ustedes dicen representar", escribe, refiriéndose a esta mesa del comité nacional, frase que repite complacido. Sin embargo, nosotros obramos por mandato unánime de la convención nacional, en la que estuvieron representadas la capital y las catorce provincias. El partido se ha reorganizado en todos los distritos, con programa de principios, carta orgánica, libros visados por la justicia y voto directo de los afiliados. El gobierno lo sabe, pero finge ignorarlo. Nosotros representamos, pues, a la Unión Cívica Radical reorganizada en toda la Republica, al verdadero radicalismo, y no al de otros que toman nuestro nombre.

En otro pasaje de su nota, el señor ministro nos atribuye propósitos de conspiración, lo que seria absurdo en quienes están bregando con paciencia patriótica por concurrir a comicios legales.
A nuestro petitorio, de fundamentos exclusivamente jurídicos, el gobierno de hecho ha respondido sin embozo: "El partido de ustedes procura la contrarrevolución en los comicios, intentando una reacción que no será tolerada por el pueblo ni permitida en modo alguno por el gobierno revolucionario".
Si el gobierno de hecho cree que el pueblo lo acompaña, ¿por que no da comicios libres y legales? Pero esto es solo una burda contradicción. A quien teme realmente es a la Unión Cívica Radical interprete, hoy mis que nunca, de los eternos ideales del pueblo argentino, y por eso dice con franqueza que el gobierno de hecho no permitirá de modo alguno nuestra victoria en las urnas.

Como si no bastara esa declaración, de por si tan grave para la dignidad nacional, la nota del ministro del Interior, por única replica a nuestra sólida argumentación jurídica, responde con lacónico desenfado: "No corresponden alegatos forenses ni citas legales que no hacen al caso". Así queríamos oír hablar al gobierno de hecho: Nada de alegatos forenses, y nada de citas legales, porque la ley es una invalida cuando se opone al que tiene o cree tener la fuerza física. Así debió haber hablado desde el principio a los incautos estudiantes y a los medrosos políticos a quienes la conspiración de septiembre sedujo con promesas de patriotismo y con palabras de legalidad. Estas palabras de ahora son mejores, porque siempre es mejor la verdad, y nos congratulamos de haberlas provocado. Ahora la Nación y la opinión internacional saben a que atenerse sobre el actual gobierno y sobre el que esta incubándose oficialmente. Nada de que el pueblo exprese su voluntad en comicios limpios, nada de alegatos forenses, nada de citas legales.

Desde el 6 de septiembre de 1930, el gobierno de hecho empezó a descender por una pendiente que esta protocolizada en decretos, comunicaciones y discursos que la historia recogerá como documentos excepcionales de la evolución argentina.

Fueron primero declamaciones sobre la patria, zalamerías al pueblo, solemnes juramentos de respeto a la Constitución. El 6 de septiembre era un segundo 25 de mayo y el jefe del gobierno de facto un nuevo San Martín. Todo se prometía entonces, en una atmosfera de gloria inmarcesible, con estremecimiento de clarines marciales. Después vinieron los rencores banderizos, los pujos oligárquicos, los nepotismos provechosos, los prejuicios de casta, los intentos de regresión, las tortuosas burlas al derecho, las persecuciones crueles a una parte de los argentinos, el salto atrás a las peores épocas de nuestro pasado; pero aun se invocaba a la ley para cubrirse con ella. Mas, ahora, después de la nota del señor ministro del Interior, hemos llegado al momento en que el gobierno de hecho arrinconado por la fuerza civil del radicalismo, rehúye el combate en el terreno de la razón publica y de las instituciones patrias, despojándose del manto de ficción legal con que durante un año se cubriera.

Eso es, precisamente, lo que la Unión Cívica Radical necesitaba para mostrar al pueblo argentino, en toda su horrible desnudez, la verdad de la hora política en que vivimos, y para que los demás partidos y todos los ciudadanos sepan a que especie se los convoca. La nota ministerial se ocupa también de lo que ahora se llama "estado de sitio" por eufemismo. No se rectifica la definición constitucional que de este régimen hemos dado. Afirma simplemente -y esta es otra ironía- que, a pesar del "estado de sitio", la más completa libertad reina en toda la Republica. Pero nosotros debemos atenemos al testimonio de innumerables comités cerrados, de reuniones prohibidas de libretas secuestradas, de diarios clausurados, de ciudadanos inhabilitados, presos, procesados, desterrados, injuriados y perseguidos. Contando con la obsecuencia de agrupaciones accidentales complacientes y complacidas, el gobierno se propone formar un congreso "ad hoc", con mayoría genuinamente reaccionaria. Mire bien el pueblo quienes son los verdaderos defensores de su derecho en esta emergencia.

Ahora comprenderá la Nación lo que vale todo este aparato legalista con que desde hace un año se pretende desacreditar al radicalismo, mediante investigaciones administrativas, "descubrimientos" policiales, vetos y procesos, "citas legales" y "alegatos forenses" que el gobierno de hecho menosprecia, según propia confesión, aunque usa de todo ello para infamar a nuestro partido.

El "veto" a las candidaturas radicales pertenece a la misma especie de las "citas legales" que no hacen al caso, como dice el señor ministro. Se trunca la Constitución, se abusa de ella, se arroga el P E. facultades extralegales de inhabilitación, y se aducen argucias morales, cuando nada es peor que dos generales llegando juntos en automóvil a la Casa Rosada en un momento de acefalía, y que después de posesionarse el uno del gobierno conquistado sin comicios y sin batalla, un año mas tarde, al sentirse agotado, entrega al otro general el comando. Nada hay en ello que demuestre respeto al espíritu ni a la letra de la Constitución, a todo lo que fue el ideal del pueblo argentino durante un siglo de contiendas por la democracia.

No procedieron así los prohombres de Mayo, con quienes los hombres de septiembre, en la primera embriaguez del fácil triunfo, dijeron emular; ni procedió de esa manera aquel general San Martín cuya virtud se olvida en los días actuales.

Una vez fundada la libertad del Perú, San Martín se alejo de America para no usar de su espada en las luchas internas. Cuando volvió de Europa cinco años después, las provincias argentinas hallábanse desgarradas por la contienda fanática de unitarios y federales; los combatientes le ofrecieron la dictadura, pero San Martín se negó a aceptarla y nuevamente se alejo de su patria con el corazón atribulado por los odios fraticidas, para morir 20 años después, en voluntaria expatriación. Fue en 1829, cuando dijo al coronel Olazábal: "Mi sable, ¡No! Jamás se desenvainara en guerra civil"

El puesto que San Martín repudio, Rosas habría de tomarlo mas tarde; Rosas, que no participo en la guerra de la independencia nacional y cuya memoria es execrada en su patria.

Solamente los que han olvidado los puros ejemplos de nuestro patriciado pueden hoy ponerse fuera de la mejor tradición argentina y de lo que sigue siendo nuestro destino manifiesto como Nación.
No es en la tradición de Mayo y de la Constituyente, no es en los paladines militares de la magna epopeya, no es en el pensamiento civil de Moreno, de Echeverria, de Alberdi, de Sarmiento, de Sáenz Peña, en donde se hallan los hontanares de las fuerzas regresivas predominantes en la Argentina oficialista de hoy.

Ni siquiera creemos que lo fraudes y coacciones de la oligarquita electora anterior a 1912, puedan ser comparados a los que ahora ocurren. La oligarquía perpetuaba entonces un sistema que venia pereciendo por la creciente aptitud cívica del pueblo en el progreso general de la Republica y la Unión Cívica Radical luchaba entonces en todos los terrenos para obtener la ley que proyecto Sáenz Peña y que los postreros congresales de un régimen agonizante refrendaron con sus firmas.

Hoy se da un salto atrás; la Constitución ha sido abolida; la ley Sáenz Pena esta derogada por decreto; no hay Congreso, no hay justicia, no hay prensa libre, la cárceles hállanse colmadas de presos políticos; la fuerza impera como una espada desnuda. Así los próximos comicios serán una simulación innecesaria.

La libertad de sufragio conquistada por la Unión Cívica Radical, para el pueblo argentino, desalojo del gobierno a una oligarquía ya caduca. La nueva Argentina, que llego al gobierno con la Unión Cívica Radical, impuso orientaciones populares, que hirieron otros intereses de casta o de gremio solidarizados hoy con la resucitada oligarquía. Los sucesos del 6 de septiembre han conducido a sus autores, de la agresión contra el partido que los venció en lucha leal, a una agresión contra el pueblo y sus instituciones civiles.

El espíritu del radicalismo, que es el espíritu de Mayo y de la Constituyente, palpita no solo en la reforma electoral, contra la oligarquía política, sino también en la reforma universitaria, contra la oligarquía doctoral, y en la reforma obrera, contra la oligarquía económica. Esas tres fuerzas reaccionarias, de filiación exótica o anacrónica, son las que se han unido contra la Unión Cívica Radical, apoyándose en prejuicios virreinales y en ambiciones entorchadas. Las líneas están así tendidas, y el pueblo lo sabe.

Por eso la Unión Cívica Radical se siente hoy mas fuerte que nunca; fortaleza del numero para el comicios del que se la excluye, y fortaleza del espíritu para la historia de la que nadie podrá excluirla.

Los hombres libres y los partidos que se dicen democráticos, se hallan en una encrucijada decisiva: o se pondrán a nuestro lado para defender los derechos del pueblo, o se resignaran a participar en una parodia. El gobierno de septiembre juro el año pasado que respetaría la Constitución y las leyes; lo juro solemnemente ante la pirámide de Mayo, a pocos pasos de la Catedral de Buenos Aires que guarda las cenizas del general San Martín. El pueblo que le recibió ese juramento, hoy ha abandonado al gobierno, y diremos por que. El gobierno de septiembre ha suprimido las instituciones republicanas y hace caso omiso de las leyes, en la Municipalidad, en los Estados federales, en la aduana, en la Universidad, en la prensa, en las cárceles, en la magistratura judicial.

El gobierno de septiembre dijo en un decreto de abril de1931, que jamás desacataría el sufragio popular ni anularla los escrutinios de la provincia de Buenos Aires; pero ese mismo gobierno ha desacatado el sufragio popular y ha anulado los escrutinios de la provincia de Buenos Aires.

El gobierno de septiembre dijo que reajustaría la administración y equilibrarla el presupuesto; pero ese mismo gobierno mantiene el presupuesto que dejo el radicalismo, se maneja por duodécimos, se debate en el déficit, aumenta los gastos militares y policiales, retarda el pago de deudas y sueldos, expulsa empleados que reemplaza por adictos sin que pueda culpar de su conducta al Congreso que no existe ni a las presiones de la opinión publica ahogada en todas las tribunas. Y, entretanto, el agio prospera en medio de la crisis que ya asoma con los primeros síntomas del hambre.

El gobierno de septiembre dijo que venia con propósitos de solidaridad patriótica y que, como después de Caseros, no habría vencedores ni vencidos; pero ese mismo gobierno destierra e inhabilitada a ciudadanos honorables, encarcela sin proceso, allana domicilios sin orden judicial, prohíbe reuniones, y se restauran las torturas abolidas por la asamblea de 1813.

El gobierno de septiembre dijo que apelaría al sufragio para consultar la voluntad nacional y que, si esa le era adversa, el presidente provisional se retiraría tranquilo como Washington, a su casa; pero el mismo gobierno provisional declara, bajo la firma de su ministro del Interior, lo que dice en aquella nota, que será memorable. Son estas razones por la cuales la Unión Cívica Radical, interpretando como otras veces el sentimiento del pueblo argentino, no ha debido someterse a la arbitrariedad; y estas son también las razones por la cuáles los hombres libres sienten atacados los fundamentos de la nacionalidad y el honor de la ciudadanía.

En tales condiciones la Unión Cívica Radical declara ante la Nación y ante el mundo que un gobierno de hecho le ha cerrado el comicio. La Unión Cívica Radical comprueba el caso y procede de acuerdo con el. No se trata de una abstención deliberada y voluntaria, sino de una coacción. La responsabilidad de este acto de fuerza recaerá sobre sus autores.

En torno de la enseña radical, enseña amada de nuestro pueblo, los viejos y los nuevos radicales se aprietan hoy como nunca unidos en haz indestructible. Proscriptos de la ciudadanía, la Nación a quien servimos, estará una vez más con nosotros. La historia nuestra y la ajena ofrecen ejemplos confortadores de luchas como la actual. Desde nuestra forzada proscripción, el espíritu vencerá a la materia. 

Levanten sus corazones todos los ciudadanos porque nuestra causa es hoy la causa de la ciudadanía argentina.


Donde se reúnan tres radicales enciendan la antigua fe del partido y de la patria indestructible. 

Mantengan su confianza en la dirección partidaria y conserven la magnifica disciplina con que han sabido mostrarse en estos días de adversidad. Los errores del gobierno que pesa sobre la Republica, han dado a la Unión Cívica Radical remozamiento y misión para otros cuarenta años. La Nueva Argentina ha de reincorporarse por nuestro esfuerzo, porque somos el único partido nacionalista de índole popular. Acaso la presente crisis sea necesaria para la obra de reedificación que preparamos. 

Los manes fundadores de la libertad inspiran la nueva empresa y alumbran los caminos del porvenir.
Cuando cantemos el Himno que dice: "Libertad, Libertad, Libertad"; cuando leamos el preámbulo de la Constitución que proclama:" Afianzar la justicia, asegurar la paz interior y promover el bienestar general"; cuando enarbolemos la bandera nacional con el sol para todos; cuando contemplemos el escudo de la patria, blasón de la argentinidad, con las manos anudadas de los hermanos sosteniendo el gorro frigio entre laureles y olivos, en esos símbolos y palabras seculares hallemos la fuerza espiritual de nuestra inmolación presente y de nuestra futura victoria. Todo eso ha sido olvidado por otros; pero la Unión Cívica Radical no podrá olvidarlo.

De un lado lo efímero, del otro lo perenne; de un lado lo de algunos, del otro lo de todos; de un lado el capricho, del otro la ley; de un lado la oligarquía gozadora, del otro el pueblo sufrido; de un lado el exitismo, del otro la esperanza, y con nosotros la voluntad resuelta a seguir combatiendo por los ideales de nuestra nacionalidad. 

En la iniquidad que denunciamos, el radicalismo se exalta y purifica como un leño en su llama. La prueba a que se nos somete es nuestra justificación ante la historia. La Unión Cívica Radical no vive de anécdotas electorales ni de días burocráticos, sino de ideales heroicos y de lustros históricos. Nuestro es el porvenir, porque la juventud y el pueblo están con nosotros.

Firman:
Adolfo Guemes, José Luis Cantilo, Roque Suárez, Raúl Rodríguez de la Torre, Enrique Mosca, Eudoro Ardoz, Roberto J Parry, Martín Noel, Ricardo Rojas, Juan A. O' Farrell, Félix Ramírez García, Diógenes Hernández, José Rafael Guerrero, David Luna, Emilio Cipoletti, Osvaldo Tuculet, Francisco Emparanza, Alberto J. Paz, Julio C. Borda, Miguel A. Critto, Modesto Quiroga, A. Garcia Quiroga, Simon Avellaneda, Aristóbulo Murua, Raúl Bertres, Domingo Fernández Bestchedt, Carlos Arias Aranda.





























Fuente: Radicalismo "Un Siglo Al Servicio de la Patria, de Carlos Giacabone y Edith Gallo, 1991.

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